Opinión
Las meigas y los heptarcas
El proyecto de la 'revolución' consiste en sobrevivir. Eso es todo.
Las reformas en Cuba son como las meigas en Galicia: de haberlas, haylas. Lo que está por ver es el alcance y las repercusiones que van a tener. Porque todo apunta a que Raúl Castro y los miembros de la heptarquía que designó recientemente han elaborado un plan de supervivencia que, en el fondo, se parece mucho al de la orquesta del Titanic.
Después de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, alrededor del 95% de la economía quedó en manos del Estado. La propiedad privada sólo subsistió, muy menguada, en algunos sectores —fincas particulares, unos pocos pescadores y algunos taxistas— a los que el régimen atribuía una importancia mínima. El dominio casi absoluto de la vida económica, posible gracias a los subsidios soviéticos, le facilitó al gobierno el control casi total de la vida, a secas.
La crisis terminal del sistema soviético, iniciada en 1989, obligó a Fidel Castro a echar mano de medidas capitalistas para "salvar el socialismo". Al igual que hicieron Lenin —con la NEP en los años de 1920— y Janos Kádar —en Hungría, después de la insurrección de 1956—, el mercado fue el remedio para compensar la ineficacia productiva del Estado y la escasez y mala calidad de los bienes y servicios que la gestión estatal proporcionaba a la sociedad.
Cuestión de aquí y ahora
En Cuba se recurrió al capitalismo extranjero, en forma de inversiones y empresas mixtas; y, lo que resulta aun más sorprendente, al capitalismo nacional, tanto en su variante exiliada, en forma de remesas de dólares que todavía hoy constituyen un capítulo considerable del PIB, como en su variante interna, en forma de pequeñas empresas agrarias, restaurantes privados, artesanos y proveedores de los más diversos servicios.
Agotadas las posibilidades del estatismo, que ya se exploró casi hasta sus últimas —y trágicas— consecuencias, a partir de ahora toda reforma económica irá en el sentido del mercado, es decir, de seguir inyectando dosis mayores o menores de capitalismo para aliviar los males crónicos del sistema comunista. Los voceros del régimen pueden llamarle a eso como quieran —"perfeccionar el socialismo", "instaurar una economía social de mercado", "fomentar la autogestión" o "erradicar las tendencias negativas"—, pero la etiqueta ideológica no cambiará la naturaleza del asunto.
Porque la única manera de aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida de la población —objetivos que ha proclamado el nuevo/viejo gobierno de Castro II— consiste en avanzar por el camino de la modernización capitalista, lo que equivaldrá a reducir proporcionalmente el grado de socialismo que prevalece en la economía de la Isla. Eso es lo que Raúl Castro viene haciendo desde febrero pasado con cautela y lentitud sumas, para no suscitar expectativas que puedan exceder el horizonte económico y desbordarse hacia otros ámbitos.
El problema de todas esas medidas parciales es que son arbitrios, paliativos cuyos límites se conocen ya de sobra. Trucos de supervivencia que no alcanzan para conformar un plan racional de desarrollo económico a plazo medio, y mucho menos una estrategia de largo alcance.
Por eso la pregunta que un estudiante universitario le planteó recientemente al presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón ("La revolución tiene un proyecto. ¿Queremos saber cuál es?"), es un interrogante sin respuesta. El proyecto de la "revolución" —es decir, de la cúpula del Partido Comunista que domina el gobierno y administra el Estado— consiste en sobrevivir. Eso es todo. Y la supervivencia no es asunto de largo plazo, ni siquiera del año próximo. La supervivencia es cuestión de aquí y ahora.
En el plano individual, es buscarse la vida y ver cómo se "resuelven" unas libras de carne o un poco de arroz para ir "escapando" y llegar a fin de mes. Esa mentalidad de "resolver" y "escapar", de ir tirando hasta ver qué pasa, es la del cubano de a pie sometido a las penurias de un sistema absurdo, porque es también, a escala del país, la del régimen que lo oprime. Ni plan quinquenal, ni desarrollismo, ni amaneceres gloriosos: insolidaridad, rapiña, grosería y neurosis colectiva es lo que predomina en el país real, ese que apenas comienza a asomar en las páginas de Granma.
Un puro milagro histórico
Cierta izquierda occidental solía vituperar al capitalismo emergente de los países en desarrollo añadiéndole el adjetivo de "salvaje", epíteto que llevaba implícita, por contraste, la índole científica y civilizada del socialismo. Hoy resulta fácil comprobar que es este último, el comunismo en su versión tardocastrista, el que merece el calificativo de salvaje, como empiezan a reconocer hasta los medios de comunicación del régimen, que suelen ser los últimos en enterarse de todo lo que ocurre.
El origen de esa quiebra económica, social y cultural habría que buscarlo en la mezcla de ignorancia, voluntarismo, soberbia y prejuicio antiliberal que condicionó las decisiones de Fidel Castro durante casi medio siglo: el desconocimiento supino de cómo opera la creación de bienes y servicios en una sociedad moderna; la fe en la primacía de la política y la ideología —de donde se derivaron boberías como aquella de "vamos a crear riqueza con la conciencia y no conciencia con la riqueza" y otras consignas del mismo jaez—; la necesidad de aplastar la autonomía del ciudadano para hacerlo más vulnerable y dependiente del Estado, y la presunta superioridad moral de quienes desprecian el dinero, el interés y otros instrumentos del capitalismo en aras de "ideales" más elevados, que casi siempre terminan generando nuevas modalidades de servidumbre.
Para quienes comparten esa cosmovisión, basta con elaborar un proyecto grandioso, capaz de ilusionar a las masas, y los recursos para llevarlo a cabo aparecerán luego como por arte de magia. Lo asombroso es que en Cuba así fue, por lo menos hasta 1991, gracias a los subsidios soviéticos. Y ha vuelto a serlo, aunque en menor cuantía, desde 1998, con la entrada en escena de Chávez y su revolución bolivariana. En ese sentido, cabe afirmar que la supervivencia del modelo castrista ha sido un puro milagro histórico.
Consciente del carácter sobrenatural y chiripesco de esa sobrevida, Raúl Castro intenta asentar su poder sobre bases económicas y sociales menos azarosas. Aunque sea a costa de dejar a su hermano en el (mal) papel de Casandra granmense, que cada tres días repite advertencias y sombríos vaticinios sobre la marcha de los acontecimientos.
En el contexto de socialismo salvaje que hoy prevalece en la Isla —corrupción, prebendas, latrocinio, restricciones arbitrarias y quistes monopolísticos al servicio de las 200 familias que detentan la autoridad y usufructúan la riqueza del país—, las reformas adoptadas hasta el momento tienen por único objetivo preservar la configuración actual del poder político y económico. Ese criterio dictará su alcance y limitará sus efectos.
Porque al contrario de lo que parecen creer los miembros de la heptarquía que desde finales de abril manda allí, la cuestión esencial de Cuba no es la escasa productividad ni los bajos salarios ni la mala calidad de la comida, la educación, la medicina, el transporte o la vivienda. Esos rasgos del socialismo cubano son meras consecuencias del problema fundamental, que es la falta de libertad y de garantías para la vida y hacienda del ciudadano.
Sin el derecho a ejercer las libertades fundamentales —de expresión, asociación, movimiento y participación política—, sin el amparo jurídico para la vida y la familia, y sin la protección explícita de la propiedad privada, todas las reformas seguirán siendo un intento de paliar los efectos sin modificar las causas. O, como dirían en Galicia, gaitas y cuentos de meigas.
© cubaencuentro

27 Comentarios
7 por cubano-xyz (Usuario no autenticado) 08/05/2008 19:00
Sr Sorel:
FELICITACIONES !
Es de lo mejor que se ha escrito.
6 por Rodolfo Monteblanco (Usuario no autenticado) 08/05/2008 16:29
Articulo fino, enhebrado y preciso. Pienso que irrebatible. La imagen de la orquesta del Titanic es perfecta, solo que muy tragica porque este hundimiento dura cinco decadas y la mayoria de los que escucharon los primeros acordes de este concierto sin sentido se han marchado sin remedio.
5 por Romulo Aspergas (Usuario no autenticado) 08/05/2008 16:29
Esto es de lo mejor, de lo mejor que se ha escrito en este espacio. Contrasta con los enrevesados y seudo-filosoficos articulos de otros colaboradores que parecen temer decir las cosas en un lenguaje directo, conciso, que entendamos todos, sin que sea necesario que procedamos de las aulas de Harvard, Oxford o cualquier otra universidad de elite. Felicitaciones a Sorel.
4 por Pedro Perez Arteaga (Usuario no autenticado) 08/05/2008 15:20
Para mi este artículo ha sido uno de los más lúcidos aparecidos en esta web; de los que quizás haya que leerse un par de veces, se introduce muy bien en el meollo de lo que hoy vive Cuba, felicitaciones.
De todas maneras creo que el señor Sorel interpreta con bastante benevolencia y optimismo los pasos que viene dando la Dictadura en la persona de Raúl Castro, difíciles pasos sobretodo por estar a la sombra maligna del Todopoderoso.
Cuba vive un momento histórico donde aquellos que han secuestrado al país durante 50 años, al menos tienen la oportunidad de realizar los cambios pertinentes y enmendar un apice el daño provocado a Cuba; cambios que aunque sean lentos, lleven al país a una democracia, a un Estado de Derecho, EVITANDO ASÍ UN POSIBLE COLAPSO CON CONSECUENCIAS IMPREVISIBLES PARA TODOS. En mi modesta opinión no parece avisorarse nada parecido a esto y para todos el tiempo es oro, a no ser que se descubra el gen de la longevidad y nos devuelvan estos 50 años perdidos.
Muchos opinamos que se necesitará el arribar a una DEMOCRACIA, a un ESTADO DE DERECHO; INTRODUCIR LA ECONOMÍA DE MERCADO:
PERO NO A UNA DEMOCRACIA para los ricos; no a una democracia y a un Estado de Derecho donde se cambie al Tirano que nos oprime hoy por LOS TIRANOS DEL DINERO.
NO A UNA DEMOCRACIA donde con el cuento de la necesidad de inversiones extranjeras se venda el país y EL PUEBLO CUBANO no la vea pasar, y "Salga de Guatemala para entrar en Guatepeor"
NO A UNA DEMOCRACIA donde las grandes empresas, las grandes transnacionales lo monopolicen todo, ofreciendo como progreso, empleo con salarios de risas a cuatro cubanos y que el dinero se marche fuera.
!DICTADURA DE LOS QUE TIENEN DINERO NO!
!ECONOMÍA DE MERCADO PARA TODOS, PARA EL PUEBLO CUBANO!
Nada de "grandes superficies" que absorban toda posibilidad a los nuevos emprendedores que conformarán las estructuras económicas del país.
Competencia, creatividad, economía de mercado:
PERO EN BUENA LID Y PARA TODOS; lo he dicho otras veces señores; !PARA TODOS!
Nadie tiene derecho a amasar GRANDES FORTUNAS a costa de malpagar a otros, a costa de explotarlos; nadie tiene derecho a APROPIARSE DEL MERCADO; DEBEMOS GARANTIZAR UN ESPACIO ECONÓMICO PARA QUE todos tengan las posibilidades de desarrollarse. Un pueblo de hombres emprendedores, con empresas en todos los sectores de la economía con niveles justos y equidistantes entre ellos, con garantías, CON MUCHO EMPLEO, será un país rico y saludable con un Estado que de garantías y promueva la libre empresa.
DEBEMOS EVITAR LA ACUMULACIÓN DE RIQUEZAS DE UNOS POCOS EN DETRIMENTO DE LAS MAYORÍAS; y esto es lo que está sucediendo hoy en los países capitalistas desarrollados, los que tienen dinero ven aumentar tranquilamente su capital a partir de monopolizar el mercado; LA INMENSA MAYORÍA trata de sacar cabeza desesperadamente en un mercado donde es imposible competir y solo queda la opción de la ECONOMÍA DE MERCADO del "menudeo", La frustración de una ECONOMÍA DE MERCADO CON "LAS MIGAJAS QUE QUEDEN DE UN PASTEL QUE HACE MUCHO RATO ESTÁ REPARTIDO ENTRE LOS MISMOS DE SIEMPRE".
NO PODEMOS CAMBIAR EL VIVIR DE LAS MIGAJAS DE UNA TIRANIA A VIVIR DE LAS MIGAJAS DE LOS QUE TIENEN DINERO EN UNA PRESUNTA ECONOMÍA DE MERCADO.
DIRÉ TAMBIÉN NO A LOS GRANDES BANCOS "SANGUIJUELAS"; que esperan por el "festín de los grandes animales y como buitres terminan con lo poco que queda" de miles de victimas de la maquinaria económica donde el que no tiene mucho dinero no tiene nada que hacer.
Como cubano no es eso lo que quiero para mi país. Quiero un país de millones de pequeños empresarios, a un país con tres o cuatro empresas monopolistas "tiranizando" a todos económicamente; "EL MISMO PERRO CON DIFERENTE COLLAR".
Esta es mi modesta opinión.
3 por Plutarco Tuero (Usuario no autenticado) 08/05/2008 14:20
Gracias, Sr. Sorel, por su lucido y conciso articulo.
Solo me quedaría preguntarle: Dentro de tanto absurdo cubano como enrumbar la nave nacional a playas mas prometedoras? Un 25% de la población permanece desperdigada por todo el mundo y el 75% restante que mal vive en la Isla ha incorporado valores nuevos a su quehacer diario donde aprovechan, abusan y disfrutan de todos lo problemas por Ud. señalados. Entonces que hacer, comenzar una labor de enseñanza, desmontaje y aprovisionamiento de nuevos hábitos de vida comenzando por la escuela primaria? Que tiempo llevara eso; 5, 10 o 20 años? Considere además que hay un grupo grande de fundamentalistas en La Habana y Miami, que lo que le interesa es sobrevivir también y que no quieren dejar que nada pase. Las condiciones de partidas son malas y no aparecen figuras políticas que encaucen y den alternativas serias de solución. Los cubanos quedamos atónitos como críticos permanentes de la situación y confiados que con unos o dos funerales de estado en Cuba todo se arreglara, lo cual es otra tontería mayor. Para mi el tema trasciende a los hermanos Castros y radica en la medula de las inconsistencias sociales que arrastra desde la colonia el pueblo cubano, no obstante no todo es negativo incluso en la etapa actual, el tema es que hay que buscar formas de comenzar a cambiar las cosas y rápido. El castrismo logro casi borrar 500 años de acumulación de riqueza material y cultural y temo que tengamos un nuevo Haití, que paso de la colonia mas rica de Francia a lo que es hoy después de su gloriosa revolución. Como se dice: Después de un punto determinado no hay regreso, (cuan cerca estamos de el???)
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