A debate
Los caminos trillados
La crítica dominante ha pasado página en muchos aspectos controvertidos de la obra de Martí.
Un ejemplo clásico de este planteamiento es el libro de Edward Tylor, Primitive Culture: Researches into the development of mythology, philosophy, religion, language, art and custom (1871). Las ideas de Darwin y Herbert Spencer sobre la evolución de estas "culturas primitivas" estaban tan afincadas en este texto del antropólogo británico, que como dice en el prólogo del libro, una mención a ellos era casi innecesaria.
Ortiz —como he dicho en otro artículo— es un seguidor de Tylor y Lubbock, los padres del "evolucionismo-sociocultural" al que parece apuntarse Martí a finales del siglo XIX. En su libro Los negros Brujos, Ortiz menciona a ambos autores más de 17 veces, junto con Cesare Lombroso y otras perlas más gastadas del siglo XIX. Pero luego Ortiz cambia de opinión, y con ese cambio, se lleva a Martí lejos del siglo XIX, lejos de la biología, la herencia y el medio. Lejos de los ideólogos de la Alemania fascista. Sin embargo, Lubbock y Tylor son dos fuentes indispensables para entender la concepción racial en José Martí y el Fernando Ortiz de Los negros brujos, un libro del cual el propio autor se sintió luego avergonzado.
Martí elabora pues su visión racial dentro de las corrientes científicas del "evolucionismo" del siglo XIX. Esto, por un lado, le permite escapar del "determinismo" duro, del "racismo" que podían implicar sus argumentos de la década de 1880, pero el evolucionismo no borra totalmente las diferencias, sino que las mantiene en estados jerárquicos, en lo que llamaba "grados sociales" de desarrollo, y como dice Foucault, este evolucionismo fue la base sobre la cual el Estado moderno diseñó una política de control, justificación del poder y "dejó morir" a quienes se salían de la norma.
Por eso, el optimismo de Martí sólo era posible si se podía vislumbrar un "remedio". Este "remedio" consistía en educar y reformar a los negros y los indígenas dentro de los valores de la cultura occidental (el credo del positivismo y el liberalismo de su época). En una palabra, implicaba "aculturar" al otro, incentivar la mezcla racial, e imponerle desde su óptica etnocéntrica de la cultura, una forma de vivir sus vidas.
Por eso me parece muy pertinente discutir la concepción racial de Martí (y de toda la elite blanca criolla de entresiglos) en relación con el poder, con las formas de sujeción que impuso la sociedad de fines de siglo a través de sus discursos sexuales y biológicos.
No es suficiente decir que hay en Martí apuntes que luego desaparecen, o de los que se libera una vez que llega a la madurez. No es suficiente levantar las cejas y dar una opinión de un fragmento sin analizar las implicaciones y el desarrollo de esta idea en Cuba y dentro del "corpus martiano". Hay mucho, muchísimo, en Martí que hace levantar las cejas, o taparse la nariz, y sin embargo, lo que ha hecho la crítica dominante hasta ahora es correr la página.
Silencio cómplice
Yo no creo en "certezas ridículas" y no me importa salirme de los caminos trillados. Quien quiera puede justificar frases como las que he mencionado más arriba. Yo no las justifico. No creo en ese Martí de perfil —como las monedas—, devoto de los negros y los indígenas. Sí creo que hay muchos textos suyos que permanecen "cautivos" o que la crítica ha preferido ignorar, o leer a la conveniencia de la ideología del gobierno y la Academia. Esa ignorancia, ese silencio cómplice, tiene que acabar, y hace falta mucho "salfumán" para echar toda esa costra al vertedero.
Si Miguel Cabrea Peña y Duanel Díaz quieren seguir discutiendo sobre estos temas, les pediría dos cosas para poder entendernos: Primero, que dejen de repetir la lección de la escuelita y segundo, que traten de dar una explicación coherente de la concepción racial en Martí. Que se expliquen por qué ese temor a lo que el negro trae del "África salvaje", o esa racialización de las diferencias que en el caso de Martí y muchos otros sirvió para justificar la expropiación de la tierra, y la pobreza de millones de personas.
Hay que tratar de salirse, como sugería Foucault, de los discursos restrictivos que han impuesto la revolución y la Academia, de esos valores "comunes, sagrados, y positivos" que les inculcaron desde niño. Si realmente Martí hubiera creído que no existían razas, nunca hubiera hablado de las características biológicas o hubiera mencionado, justamente en un artículo de Patria sobre la revolución haitiana, los "grados sociales y funestos de las razas". Hay matices en esa diferenciación de las razas que no puedo como es natural en un artículo tan breve, desglosar. Pero estoy consciente que mis diferencias no son con ustedes, sino con los discursos que ustedes reproducen de una forma acrítica (entre los que destacan los de Retamar, Ortiz, Marinello y Ramos). Espero entonces que los haya satisfecho con esta respuesta, pero si no, la próxima vez trataré de explicarles la relación de Martí con el liberalismo y las injusticias sociales, tanto en Cuba como en Latinoamérica, donde la élite industrial que dirigía el país, (contrario a lo que dijo Duanel Díaz) sí creó leyes para obligar a las gentes a trabajar, en especial a los indígenas, sí se penalizó el ocio. En Cuba no necesitaban hacerlo porque tenían la esclavitud además de otras circunstancias que podemos debatir.
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7 Comentarios
7 por Pedro Dupre (Usuario no autenticado) 28/06/2008 12:20
Esa frase que dice " Cubano es mas que....." Ha sido el bastion de la negacion de los derechos a los descendientes de Africanos en Cuba hace mas de un siglo. El trabajo de exponer las ideas de Marti en este contexto nos indica claramente que lo mas importante era la independencia de Cuba. La misma independencia comprometida por Cisneros Betancourt y Winston Churchill, en uno por negar pertrechos y apoyo a Maceo y una actitud traidora y mesquina y el otro por levantar el espectro de la Revolucion Haitiana e incitar asi la invasion a Cuba cuando la guerra estaba a su fin. Si Sarmiento y Marti compartian en su interior el desprecio por otras razas es importante saberlo, Lloyd Garrison y John Brown existieron antes y tenian ideas distintas.
6 por SOCRATES (Usuario no autenticado) 12/06/2008 11:20
En cita o en referencia indirecta: Fernández Retamar, Sarmiento, Held, Rojas, Stocking, Seeman, Taine, Buckle, Entralgo, Ortiz, Martínez-Echezabal, Nina Rodríguez, Jackson, Weidman, Darwin, Spencer, Tylor, Lubbock, Marinello, Ramos y, por supuesto, Martí y Foucault (además de D. Díaz y M. Cabrera, adversarios de la controversia). Todo eso en dos cuartillas para decir que Martí compartía algunas ideas y prejuicios de su época, que vistos desde 2008 no nos parecen muy "politically correct".
¿Alguien habló de "tesis manidas y pretensiosas"?
Bendita Wikipedia.
5 por Gratamente Sorprendido (Usuario no autenticado) 11/06/2008 20:20
Tanto tiempo esperando a leer comentarios dignos del tema o el artículo al que se refieren (y de buen nivel lingüístico y cívico), y al fin mi sueño se ha hecho realidad.
Hasta ahora: tres buenos comentarios, cero choteo. ¿¿¿Estaremos mejorando???
4 por Pirote (Usuario no autenticado) 11/06/2008 9:20
Confieso que el tema me parece muy interesante. Y a diferencia de otras personas creo que el tópico racial es siempre importante de discutir, como otros tantos tópicos. El pasado siempre está lleno de violencias cuando lo vemos desde el presente, y creo que una de las formas de la libertad intelectual está siempre en cuestionarlo, revisitarlo y repensarlo. Hay sin embargo ciertos elementos que me resultan algo chocantes en el texto de Camacho. Primero su tono emancipatorio, que al final se acrecienta en las críticas a quienes no ven lo que él sí ve (una herencia religiosa de cierto progresismo). Segundo, la presencia de ciertos puntos ciegos sobre Martí y su relación con el liberalismo y, sobre todo, su republicanismo radical, que Duanel bien explica. Tercero, la estrecha y confusa relación que establece entre un cuestionamiento personal (Martí) y un cuestionamiento de las ideas de su tiempo.
3 por Miguel Cabrera Peña (Usuario no autenticado) 10/06/2008 19:40
No respondo críticas viscerales.
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