domingo 23 de noviembre de 2008 10:56
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Opinión

Nuevos estudiantes

Arriban a la universidad los nacidos durante el derrumbe socialista, la generación 'demencial' que empezó a estudiar en el período especial.

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Primer día de clases en una escuela primaria de La Habana. (AP)

Primer día de clases en una escuela primaria de La Habana. (AP)

Los nuevos ingresos en las universidades cubanas nacieron después de la caída del Muro de Berlín, después del desmembramiento y fin del "campo socialista" y la URSS. Tienen 18 ó 19 años, arribaron al planeta alrededor de 1988. Sus padres sólo han conocido la "revolución", un gobernante, un partido...

Acaba de iniciar sus clases la promoción "especial", popularmente conocida por "demencial", en alusión a los sucesos de los balseros en 1994, al giro hacia la sobrevivencia donde "escapando" sustituyó a "inventando".

¿Podría desconocerse esta emergente promoción cuando se valora la situación cubana de ahora mismo? Sí, desgraciadamente. Los disparates comienzan cuando se ignora o soslaya el almanaque, algo común entre "cubanólogos", sobre todo entre viejos y maduros que han "envejecido", sin redundancia, aunque con delicadas comillas irónicas.

Por las ruinas del socialismo real, entre reggaeton, rap y hip hop, los adolescentes caminan y tropiezan hacia un título en la precaria educación terciaria que padece el país.

Los lugares comunes podríamos soslayarlos. Ya se conocen abrumadora, trágicamente. Aunque el miedo —allá dentro— siga disfrazándose con nuevas caretas, incapaces de justificar las evidencias de que la cobardía prima entre las vergüenzas cubanas.

Porque quizás lo más desolador en las universidades, todas controladas por el Ministerio de Educación Superior, no es la escasez de claustros capaces o bibliografía actualizada, de dinámicas de grupo efectivas o pedagogía interactiva... Tampoco las precarias condiciones materiales que forman el ámbito cotidiano.

Hipotecas al Alma Máter

Por encima de tales tópicos, se halla lo peor: una derivación del miedo. La parálisis, he ahí el axis. Estatismo finisecular o estatalismo de casi medio siglo: inercia, acrecentada por la "ausencia" del Comandante desde julio de 2006, que para los jóvenes sólo significa una vaga conversación de sobremesa con padres y abuelos.

Pero tal indiferencia —lógico, natural mecanismo de defensa— no elimina el fenómeno, como el almirante japonés que quiso tapar la flota enemiga abriendo un abanico. Ahí siguen los buques, las hipotecas al Alma Máter. Ya aprendieron —tienen cierto entrenamiento del Preuniversitario, de la Secundaria Básica y de la Primaria— que ninguna autoridad docente se atreve a cambiar ni una pizarra, muchísimo menos un plan de estudio o la subordinación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Quizás ahora el gerundio sea "esperando"... En cualquier caso ese verbo es lo único que se mueve en el país. Esperar radicaliza el inmovilismo. Y ellos lo saben mejor que nadie. La "trova" que le "bajan" padres y abuelos revolotea en torno —parecida a las auras tiñosas sobre un cadáver— al no hacer nada que altere la calma chicha, tan temida como los huracanes por los navegantes de la colonización.

Observan la resignación como un fenómeno tan normal como la tienda en chavitos —16 CUC es el salario mensual promedio— o la guagua fantasma. Sobre ella apenas algunos logran sacudirse el marasmo, casi siempre mirando el mar. No hay opción, y la propaganda no cesa de repetir que cualquier cambio puede ser peor.

Cambio: dudar... El adoctrinamiento ideológico a la nueva matrícula universitaria ha tratado de extirparle la duda, no ya metódica, no ya ni marxista. Las excepciones son tan raras como el por ciento de disidentes activos. La certeza de que el Poder es omnímodo y de que su estructura siempre es piramidal, se la han inculcado con saña de poeta inédito.

Trágica farsa nacional

Un amigo, profesor de una de las antiuniversidades en la zona occidental de la Isla, al que le pregunté por las peculiaridades de sus alumnos, me comenta que "les da igual", que los "no vale la pena" abundan más que "la culpa es del bloqueo yanqui". Me dice que de aquellos jóvenes rebeldes de los primeros sesenta —los Cinco Picos que subían el Turquino o que se movilizaron cuando Girón— si acaso sobrevive la misma pasión, pero por emigrar.

Comenta —ahora no sé si con razón— que son más vulgares, que la urbanidad es un recuerdo, ahora preñada de malas palabras que forman su escaso léxico cotidiano, tanto de varones como de hembras, en un ambiente donde la promiscuidad y ciertas drogas blandas —cocimientos de flor de campana— no necesitan de turistas o remesas, de hijos de generales o de altos gerentes.

Hay en ellos —según datos empíricos, necesitados de una investigación científica interdisciplinaria— una mezcla de fatalismo geopolítico con desplazamiento de culpas hacia las generaciones precedentes. Víctimas de un fenómeno mundial donde la globalización tiene mucho de escepticismo, de recalentamiento y contaminación ambiental, parece que sólo esperan "existir", no vivir.

Triste panorama, inmerecido. Son víctimas de la hipocresía que los rodea. Desde ella se mueven con natural simulación, en la trágica farsa nacional. Saben ponerse de pie, aplaudir, hacer como que leen las "reflexiones" del convaleciente caudillo. Levantan los hombros, comparten una sonrisa de confabulación, y a lo suyo. Encontrar un cínico entre ellos es poco probable, tan escaso como el acceso a internet y a los blogs juveniles.

Ahora que Encuentro en la Red ha tenido la feliz y democrática iniciativa de incorporar comentarios de lectores a los textos, parece saludable concluir esta breve reflexión con un haz de preguntas, de invitaciones a ahondar en el incandescente tema:

¿En qué se distingue la generación universitaria emergente de sus antecesoras? ¿Cómo corre su vida diaria? ¿A qué aspiran mientras transcurran los años de estudio? ¿Cómo valoran a sus padres y abuelos? ¿Cuál nivel real de conocimientos obtendrán? ¿Cuál inserción en la vida laboral imaginan para dentro de cinco años, cuando se gradúen? ¿Qué piensan del exilio y de Cuba? ¿Cuántos actúan por inercia, al saber que sus salarios de egresados serán, de no cambiar el sistema, tan miserables como los que sus padres perciben ahora mismo? ¿No les dará asco el miedo nacional a la élite gobernante?

Mi escepticismo, sin embargo, deja la esperanza de una última pregunta: ¿Cuántos de ellos ya no empiezan a incorporarse a los movimientos de resistencia contra el quietismo?

11 Comentarios


6 por Peter, el superpepillo (Usuario no autenticado) 18/09/2007 0:30

Hola profesor Sariol.

Saludos y recuerdos de los buenos tiempos vividos en aquella facultad inquieta que alguna vez fue Periodismo. ?Recuerda el nombre Alexis Triana y su grupito? Entonces los jóvenes que estábamos en la universidad, eramos bastante responsables, queríamos pensar y cambiar -quizás románticamente- el mundo. Creíamos en el futuro aunque muy distante de ese que nos pintaban y hasta hicimos lo que otros tantos otros no se atrevieron. ?Recuerda usted el encontronazo con el DOR del entonces intocable Carlos Aldana? Estábamos en plena perestroika y creímos que la libertad al fin había llegado al Caribe rojo. De aquella generación. Apenas queda una sombra. Y entonces recuerdo que usted se quejaba de que algunos(as) de los nuestros(as) eran unos diletantes. Los de hoy no son ni siquiera eso. !Qué pena de generación! pero también que suerte tienen porque serán aún jóvenes para ver -y aún más vivir- los cambios que se avecinan. Para ellos son será un drama. Ya lo han soñado más de una vez, sólo que lamentablemente (y ojalá me equivoque)serán huecos e inertes actores de ese momento importante para la patria. Saludos desde la vieja Europa, ?desde que otro lugar podría ser? Ha pasado el tiempo y aún siento el mismo respeto y aprecio por usted. !Cuídese maestro! que de los buenos no nos quedan tantos.

5 por Sincero Cencerro Sin Cerro (Usuario no autenticado) 17/09/2007 13:40

Trataré de responder algunas de sus preguntas:

¿En qué se distingue la generación universitaria emergente de sus antecesoras? A éstos les enseñaron explícitamente la doble moral... desde la cuna. No tuvieron que descubrirla como nosotros.

¿A qué aspiran mientras transcurran los años de estudio? La gran mayoría: A divertirse; y en éso no se distinguen de los estudiantes de otras partes del mundo. Luego a irse, y en eso sí nos distinguimos!

¿Cuál nivel real de conocimientos obtendrán? Muy bajo, en línea con sus estudios secundarios y preuniversitarios

¿Cuál inserción en la vida laboral imaginan para dentro de cinco años, cuando se gradúen? No creo que piensen en eso. Unos esperan el cambio, otros ya tienen un plan para abandonar el país.

¿Qué piensan del exilio y de Cuba? Poco que tenga que ver con política y más con el contenido de un refrigerador; creo.

¿Cuántos actúan por inercia, al saber que sus salarios de egresados serán, de no cambiar el sistema, tan miserables como los que sus padres perciben ahora mismo? Para ser cuantitativos... no sé... ¿99%?

¿No les dará asco el miedo nacional a la élite gobernante? No creo. El miedo al "sistema" tiene para ellos más bien cara de policía oriental (carámba si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo); no de "élite gobernante". Contra esa élite más bien sienten la jiña basal, casi sana, que en algún momento se ha promovido contra los "burgueses", "macetas" y otras gentes.

¿Cuántos de ellos ya no empiezan a incorporarse a los movimientos de resistencia contra el quietismo?
¿Movimiento de resistencia !!??? No, no creo... ¿seré demasiado escéptico?

4 por Pedro Perez Arteaga (Usuario no autenticado) 17/09/2007 12:40

Cuba es un "gran embalse de agua"; durante estos 50 años no ha hecho más que llover y aunque se han buscado como aliviar ese exceso de agua,(llámese Camarioca; llamese Mariel, llámese 20 mil visas anuales negociadas, etc, etc, toda la seguridad de que no se desborde se ha dirigido a mantener "una poderosa cortina de hormigón donde el pilar más grande de esta cortina se llama Fidel Castro. Este pilar finalmente con el tiempo empieza a ceder con peligro de "romperse", aún hoy hace alardes de pequeños remendos con sus "Reflexiones", su sustitución es harto complicada, empezarán las pequeñas fisura y la gran presión de agua acumulada convertirá los hilillos de agua en modestos chorros; después en torrentes y finalmente nadie podrá impedir la avalancha.
Esta metáfora se puede llevar exactamente a la realidad; más intensa, menos intensa, pero todo ha dependido durante estos años de ese pilar que por paradojas del destino ha tenido la fortaleza para aguantar durante años presiones y más presiones de una gigantesca presa ansiosa por aliviarse.

3 por EL OBSERVADOR (Usuario no autenticado) 17/09/2007 12:40

Soy de la generación que estaba en la enseñanza secundaria superior cuando la universidad tenía autonomía y los estudiantes se podían reunir allí para discutir y conspirar contra la dictadura de Batista. Después, viví el espejismo de trabajar y estudiar por el curso dirigido en la universidad pensando que podríamos construir una sociedad mejor,,, hasta que llegó el desengaño y partí sin retorno para tierras europeas,, este artículo es conmovedor, pero muestra que la transición en nuestra isla pasará por todo el proceso de recuperación del tejido social, casi enseñar a pensar con cabeza propia a algunas generaciones,,, esta que ahora entra en la universidad es de las más calamitosas, pero será con ellos que habrá que construir el futuro.

2 por Respuesta al columnista (Usuario no autenticado) 17/09/2007 12:10

-que seguro Ud. sabe- Otras generaciones de cubanos tenían la esperanza y la ilusión de una vida mejor. Creían que ir a la Universidad y estudiar una carrera era algo importante, digno, un paso hacia adelante y hacia arriba. Es evidente que el terremoto constante que durante casi cincuenta años derrumba a Cuba, no solo ha tirado los edificios al suelo, también el afán de superación y la creencia de que convirtiéndose en un profesional universitario se puede ir a alguna parte, cuando se sabe, que una jinetera en unas horas de trabajo, pese a todos los riesgos, ganará mas que un Dr. en un mes, o en varios, o que un taxista ganará mas que un dentista. Que todos los puestos directivos o administrativos de importancia serán ocupados por los hijos de los que hoy están en ellos, etc, etc, etc

Es casi hasta deprimente hablar de esto


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