Opinión
Padecimientos estructurales (I)
Si la economía cubana recibió más dinero que Europa con el Plan Marshall, ¿por qué hoy es un auténtico desastre?
Cualquiera que intente desenredar el nudo gordiano de la economía cubana, con el objetivo de encontrar una cura efectiva para sus padecimientos estructurales, es decir, los amarres que frenan su desarrollo, no tendrá más remedio que deshacerse de dos dogmas fundamentales que rigen la posición del gobierno y la burocracia, con respecto a cómo se maneja la economía: el dogma de la superioridad de la propiedad estatal sobre la privada y el de la superioridad de la centralización burocrática como una forma más racional que la del mecanismo de mercado para organizar la distribución de recursos.
Quien quiera encontrar una cura, tendrá que deshacerse de ellos, ya que las probabilidades de éxito de todo lo que se haga después, dependerá de que estos dogmas sean reemplazados por otros que sean compatibles con el avance hacia la modernidad.
Estado sobredimensionado
Cualquier neófito con "Economía 101" sabe que la manía de estatizar produce ineficiencia productiva, mala calidad de los productos y servicios, baja productividad, inflación de nóminas, pésima administración empresarial, insuficiente crecimiento de los salarios y de su poder adquisitivo, mínima capacidad de la industria y el comercio para generar valor agregado, y constante dependencia del subsidio exterior. Lo anterior, como el perro que se muerde su propio rabo, tiende a perpetuar y agravar la crisis estructural a medida que la economía se hace cada vez menos autosostenible.
No obstante, el totalitarismo cubano nacionalizó y estatizó en un momento en que existía una fiebre internacional en ese sentido. Se creía que el control de los sectores estratégicos de la economía era conducente a la creación de una economía planificada mucho más racional y menos propensa a los vaivenes del ciclo económico que una economía de mercado con un sector privado predominante. Lo anterior ocurrió en Gran Bretaña e India, no sólo en la URSS y el campo socialista, en parte por el éxito del keynesianismo en Occidente para disminuir los vaivenes del ciclo económico y gracias a los avances en la ciencia matemática y la estadística económica, que hicieron posible la planificación centralizada indirecta o indicativa en los primeros, y directa en los segundos.
La diferencia entre unos y otros procesos de nacionalización, consiste en que casi todos los gobiernos que nacionalizaron y estatizaron las "alturas dominantes" o sectores estratégicos de sus economías, como el energético y el de las comunicaciones, se fueron desprendiendo poco a poco del lastre financiero causado por la conversión del Estado en dueño y administrador de unas empresas que, en su gran mayoría, devinieron ineficientes y muy mal administradas por gerentes enchufados, como sanguijuelas causantes de déficit al presupuesto estatal.
Mientras que el totalitarismo cubano, que fue mucho más lejos en su afán de estatizar (cometió el gran error de echarse encima todo el sector productivo y de servicios durante la ofensiva revolucionaria de 1968), sólo ha permitido la inversión extranjera minoritaria en algunos sectores claves, como el turismo y el níquel. Retiene su posición dominante en la mayoría de los sectores y se opone, al mismo tiempo, a que los potenciales empresarios cubanos puedan ser dueños de sus propias empresas.
De ahí que aún será muy largo el camino por recorrer en el proceso de reestructuración y contracción del papel del Estado en la economía, una vez que La Habana rectifique su error y comience a privatizar, ya sea con este gobierno o con el que venga después de la transición. Lamentablemente, los cubanos somos unas de las pocas víctimas que quedan de esa gran primera ola mundial de estatización, que ahora renace a menor escala con el llamado "socialismo del siglo XXI" y la nueva ola de nacionalizaciones en Venezuela y Bolivia.
Ignorando la evidencia
Lamentablemente, en su persistencia por mantener el dogma de la supremacía de la propiedad estatal sobre la privada, la élite totalitaria ignora la evidencia empírica que demuestra que, con muy raras excepciones, la inversión privada logra generar un mayor efecto multiplicador sobre el crecimiento del empleo, el ingreso y la demanda agregada, que cuando la misma inversión tiene lugar bajo la administración del sector estatal. Esa diferencia de resultados, justifica, sin la necesidad de otros argumentos, la transferencia de todas las actividades productivas y gran parte de los servicios al sector privado.
La gran ventaja de la eficiencia de la inversión privada implica que la salida a la crisis estructural tiene que pasar por la redefinición del papel del Estado en la economía, ya que ello ayudaría a disminuir el lastre financiero y aumentaría la base impositiva.
Para recuperarse de sus padecimientos estructurales, la economía nacional necesita un Estado redimensionado y concentrado en funciones como la defensa del interés nacional y el orden público, uno que retenga su capacidad de control mediante la política fiscal y monetaria, pero sin compromiso alguno en la producción de bienes y servicios, ya que la propiedad estatal en casi todas sus modalidades constituye un freno al crecimiento y una fuente de despilfarro de recursos hasta en las economías más avanzadas.
Por ejemplo, algunos gobiernos locales en Estados Unidos, tras el traspaso de casi todas sus actividades al sector privado, han logrado mejorar la calidad de sus servicios a un menor costo y la disminución de la carga fiscal sobre los ciudadanos, sin afectar el grado de la cobertura de los mismos. En realidad, existen muy pocas actividades y funciones que no pueda hacer el sector privado de forma más eficiente y a un menor costo que el sector público. ¿Se imaginan cuán grande es la oportunidad de mejoría para una economía como la cubana, donde el gobierno controla desde la recogida de basura hasta la distribución del pan?
En fin, para estimular la oferta de bienes y servicios y mejorar su calidad, la economía nacional necesita un reordenamiento de las relaciones de propiedad a favor de otras modalidades, ya sea privada o de cooperativas con verdadera autonomía de gestión. Esto tendría un estímulo muy positivo sobre la productividad, la capacidad para generar valor agregado, los estímulos al trabajo, a favor del sector formal y en la disminución de la escasez y la corrupción concomitantes, ya que la libertad de agencia ocupa el meollo de la problemática en cualquier economía, mucho más cuando, como en Cuba, se suprime esa libertad.
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28 Comentarios
28 por Jesús González (Usuario no autenticado) 21/03/2008 16:40
Señor 22,que opina sobre mi nivel educativo,mis clases de español en la Isla,etc,etc,,es UD,con todo respeto,un imbécil,amarrado a su creencia anexionista de Cuba.No vale la pena esto,,,lo siento,pero tenía que contestarle,,energumedo.
27 por Desde donde estoy en el exilio (Usuario no autenticado) 20/03/2008 9:40
Ataque al Blog:
Es irrelevante que la mayoría de la nación sea de menos de 60 años de edad. La constitución no es un código personal, sino nacional. No depende de la vida de 1 persona, sino de la vida nacional y esta se manifiesta en otra escala de tiempo. Si la edad de la mayoría de población fuese determinante, tendríamos que cambiarla 2 veces por siglo, no en honor a la verdad sino a la moda.
Usted piensa al revés. La 'sangre y las separaciones' a las que usted alude no fueron causadas por nuestra constitución, sino por la violación de ella por Batista y Castro. Esa fue la ´mala experiencia´ que usted menciona, tanto en 1952 como en 1959. Sin embargo, usted prtende, con sospechosa insistencia, atribuirle la tragedia nuestra a la causa equivocada, es decir, a la Constitucion de 1940.
Lo siento mucho si a usted no le gusta nuestra constitución por ser, según usted caracteriza, 'social democráta'. Castro quería una marxista, Batista quería una acomodada a su dictadura, y usted quiere una fundada en su teoría económica predilecta. Sin embargo, tanto a ellos, como a usted solo le corrreeponde 1 voto, no más. Si usted interesa que se cambie tiene el derecho a proceder, pero solo democráticamente, convocando un referendo y preguntárselo a toda la nación, cuando esto sea posible. Lo siento, pero por muy importante que usted crea que usted sea, su mero deseo personal que la abandonemos es irremediablemente insuficiente, como lo sería el mío o el de cualquier otro cubano.
Usted termina como de costumbre con uno de sus habituales insultos. No sorprende entonces que tampoco respete nuestro deber ante nuestra constitución. Deje de prestar importancia a como 'luce' ante otros, y atienda a su deber, cubano.
26 por ATAQUE AL BLOG (Usuario no autenticado) 19/03/2008 17:00
ES QUE SU CONSTITUCION SOCIAL DEMOCRATA DE 1940 ES UNA PIEZA DE MUSEO QUE EL 95% DE LOS CUBANOS QUE EXISTIMOS NUNCA VIVIMOS BAJO SU "INFLUENCIA" DIRECTA. ASI ES LA VIDA
La poblacion cubana en un 95% es menor de 60 anos. Ud no lo sabe. Ademas puede ser una buena obra para la Isla en 1940 pero despues de eso ha habido mucha sangre, lagrimas, separaciones y sobre todo descubrimientos basados en las malas experiencias de esas politicas.
Lo que es de esa epoca tambien y mucho mas actual es la Declaracion Universal de los Derechos Humanos donde algunos cubanos constitucionalistas participaron con honra.
En serio, respeto su tenacidad, pero cambie el chucho que no luce bien y es ademas poco practico. Perdone que le de un consejo lleno de buena voluntad, se lo aseguro.
Lo ultimo que podriamos hacer los cubanos despues de un hipotetico cambio seria volver a las doctrinas social democratas que estan tan desacreditadas y gastadas. De verdad amigo.
25 por Desde donde estoy en el exilio (Usuario no autenticado) 18/03/2008 18:20
Aquí hay cubanos que desestiman la Constitución de 1940.
Estos son los cubanos que hunden la nación y que la seguirán hundiendo por los siglos de los siglos, si se los permitimos.
Estos quieren engañarnos haciéndonos pensar que simplemente hay escribir otra constitución, e ignorar la ya acordada.
No importa cuantos constituciones escriban o acuerden, con ellos solo es posible un acuerdo nulo, pues están dispuestos a romperlo desde que se suscriben a ellos.
Se disfrazan con diferentes nombres y modelos económicos, pero son todos la misma cosa.
Son Machado, Batista, Castro con otros nombres pero con el mismo afán de inponer no democráticamente, y de ignorar nuestro compromiso constitucional democrático vigente.
A estos solo les interesa enriquecerse y apoderarse de lo más de Cuba posible, a costo nuestro.
Si no son ingenuos son traidores.
24 por Sospecha razonable (Usuario no autenticado) 18/03/2008 16:40
Hay infiltrados.
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