Opinión
Paisaje después de la batalla
De los discursos y consignas a la 'eliminación de prohibiciones' del gobierno de Raúl Castro.
La Batalla de Ideas ha terminado. Las tropas que ayer se destacaron en aguerridos actos de repudio, heroicas mesas redondas y gloriosas marchas del pueblo combatiente, hoy regresan al hogar con la ilusión de comprar algún día una olla arrocera o un teléfono móvil y, quién sabe, hasta de llegar a pasar un fin de semana en un hotel de Varadero.
Las medidas que en las últimas semanas ha tomado el Gobierno Revoluseptuagenario de Castro II equivalen en la práctica a una proclama unilateral de cesación de hostilidades. Lo curioso de esta tregua es que la presunta ofensiva de Washington no ha variado ni un ápice en los últimos doce años.
Si en 1996 hubo un sobresalto retórico tras el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, en 2000, el enemigo, en un acto de sospechosa generosidad, decidió venderle al gobierno alimentos y medicinas. Siempre y cuando éste pagara en dólares contantes y sonantes, porque tampoco era cuestión de financiar a crédito su ineficiencia productiva. Pero si se exceptúan esas dos fintas —una de cal, otra de pollo congelado—, la estrategia del Goliat imperialista sigue igual.
Esto no ha sido óbice para que el David socialista deponga de hecho su actitud numantina —aunque todavía no lo ha reconocido— y empiece a desmovilizar los efectivos que hasta hace poco combatían encarnizadamente en todos los frentes internos. Claro que entre esos combatientes alguno habrá que se pregunte cómo es posible declarar una tregua que preludia una paz inminente cuando el enemigo ataca todavía por todos los flancos.
¿No será un error del alto mando, que ve un gesto amistoso en lo que sólo es una transacción filistea de lentejas por divisas arduamente ganadas? ¿O acaso la amenaza desapareció hace ya muchos años y toda la gesticulación de marchas, protestas, maniobras, excavación de trincheras y preparación combativa no ha sido sino un sainete, una broma de mal gusto, una gigantesca tomadura de pelo?
En cualquier caso, las huestes agradecen el respiro y se aprestan al bíblico empeño de convertir las espadas en arados —y en ventiladores y en casetes de DVD. Aparcar la paranoia de la fortaleza sitiada y el discurso ampuloso de la resistencia numantina no será tarea sencilla. Todavía se reproducirán esporádicamente algunas escaramuzas, más simbólicas que reales. Modestas maniobras de opereta, para no complicarle con el síndrome de abstinencia la agonía al Estratega en Jefe.
Pero en el ánimo de la tropa —sobre todo de los conscriptos más jóvenes que padecen una evidente falta de espíritu bélico— la guerra es asunto concluso. Allá los abuelos, ministros o generales, con sus batallitas anacrónicas y sus polvorientos manuales de marxismo-leninismo. El hombre nuevo socialista no quiere saber nada de la honda de David. La suya no lleva hache: es la onda del reguetón, el hip-hop, las motos, los blogs, las películas de acción y toda la panoplia de instrumentos del siglo XXI que los adultos, tan serios ellos, no alcanzan a entender y mucho menos a ofrecerles.
Porque el panorama que los desmovilizados encuentran al volver es desolador. Las casas se desmoronan, los puentes se hunden y los campos están en barbecho. El dinero no alcanza para gran cosa; la comida es cara; el agua, escasa; el transporte, pésimo, y muchos servicios han dejado de existir. Las guerras son así, incluso las de mentirita. Hay víctimas, damnificados y múltiples secuelas materiales.
La súbita liberalidad con la que el Gobierno Revoluseptuagenario devuelve ahora prerrogativas y derechos que nadie sabe muy bien por qué confiscó alguna vez, suscita más interrogantes que respuestas. Hasta los más lerdos empiezan a sospechar que la defensa de la soberanía nacional quizá fue la coartada que impidió la soberanía personal. Que la dictadura era sobre —y no de— el proletariado y que los campesinos actuaron con una lógica impecable cuando dejaron que los prados se llenaran de marabú.
En 1945, cuando la infantería norteamericana desembarcó en las Filipinas, algunos soldados japoneses se refugiaron en las montañas para continuar la lucha. Perdido todo contacto con sus superiores, erraron en la selva durante largo tiempo. Dos o tres décadas después bajaron a rendirse, sin saber que la guerra había terminado y nadie se acordaba de ellos.
A la tropa de los hermanos Castro le ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. La Batalla de Ideas ha concluido. En la Isla, los supervivientes cantan victoria porque ningún general enemigo los esperaba, cuando salieron de la jungla de discursos, consignas y estupideces donde andaban extraviados, para exigirles la rendición. Apenas empiezan a darse cuenta de que la Guerra Fría concluyó hace casi 20 años, el día en que un puñado de jóvenes derribaron un trozo del Muro de Berlín y la libertad se coló por la brecha, como un irresistible vendaval de alegría y esperanza.
© cubaencuentro

72 Comentarios
7 por Amalia, D.N. (Usuario no autenticado) 25/04/2008 15:00
Mis felicitaciones al autor. Muy buen articulo.
6 por regimen totalitario (Usuario no autenticado) 25/04/2008 15:00
Venceremos, Dario? Pero cuando, compadre?
5 por ¡Fidel Castro está Muerto! (Usuario no autenticado) 25/04/2008 15:00
¡Fidel Castro está Muerto!
Sería casi imposible exponer con hechos o datos exactos todas las violaciones y crímenes cometidos por el régimen de cuba durante más de cuatro décadas de dictadura. No mal interpreten lo que digo porque si debajo de la sombra de un árbol se asolapa una comadreja, el sol no puede denunciar su presencia si no sale de allí. Y como expresó nuestro prócer José Martí: “Del tirano di todo o di mas,” yo comprometo lo que pienso y exponiendo otro pensamiento de un gran hombre, exclamo sincero: “De los tiranos aprenderás dos cosas: a odiar a los traidores y respetar al enemigo.”
Hoy a través de los medios de difusión escuché la noticia de la renuncia del gobernante Fidel Castro al poder vitalicio. Luego de una breve reflexión llena de melancolías del pasado, comencé a redactar este artículo. Esta noticia que proviene de la Habana distorsionando la verdad de la renuncia del Dictador cubano y llena de matices oscuros, me rebeló con su verbo de falacia lo que puede esconderse detrás de todo esto o qué en están tramando en la isla los secuaces que controlan aún el gobierno. ¡Vaya, qué grotesco! ¡Vaya! ¡Qué descaro o estulticia carente de lógica en la palestra de la política del mundo contemporáneo! Bueno, estos señores que sostienen el poder, (que no me importa mencionar sus nombres, fueran los que fuesen), que ardid más incoherente y sucio están empleando para ocultar la verdadera realidad de los acontecimientos que en la actualidad suceden dentro del panorama político de Cuba. En primer lugar un cadáver no puede renunciar a nada, un hombre muerto no puede renunciar a nada y valga la redundancia, un occiso no puede renunciar a nada. El que no entiende lo que está acaeciendo dentro de las esferas del llamado gobierno revolucionario es porque no es cubano o porque es un ignorante o un apolítico acérrimo. Pensando del mismo modo en que piensan las mentes de los hombres malvados y diabólicos que tratan de apuntalar el régimen de Fidel Castro, llego a conclusiones claras y precisas. ¿Cuál es el juego pueril o la obra de teatro real-absurda que intentan demostrar a la opinión publica mundial ocultando el fallecimiento De Fidel Castro? Tratando de dar respuesta a esta interrogante, desde Raúl Castro, hasta el último dirigente cubano saben que su único líder y puntar de la revolución ya no existe, como también sabe la cúspide de los personajes que nutren el poder que las declaraciones del mismo Fidel Castro antes de morir fueron muy claras y contundentes: “Nadie, ni nuestro pueblo tiene que enterarse de mi muerte, de lo contrario esta revolución se derrumbará como un castillo de naipes.” Así lo han tramado tratando de revivir al difunto de Fidel Castro.
Imagino el vacío de poder, la rebatiña, el descontento, el temor y la intriga que pulula en las altas esferas del régimen moribundo imperante en la isla. ¿Quién será el próximo hombre fuerte que prosiga apretándole los cinturones del hambre y la carestía a tantos millones de cubanos? ¿Alarcón, Raúl? No lo creo, hay alguien y es un militar con rostro inédito. La talla de Fidel Castro es irreemplazable: su carisma mefítico, su orgullo, la animadversión que utilizó como táctica en contra de un enemigo imaginario para autoprotegerse, su dialéctica maquiavélica y su constante quehacer en un universo de subversión lo hicieron sui generis entre sus acólitos opresores de un pueblo pacifico. Por eso el temor que en la actualidad se respira entre los culpables y serviles traidores de una patria que no es libre, es el caldo que destila corrupción y blasfemia. Sin embargo, algún día se conocerá en los anales de la historia el final humillante y bochornoso que tubo la revolución de Fidel Castro.
Por Luan Vidad
4 por Juan Alvarez (Usuario no autenticado) 25/04/2008 15:00
A Pedro Perez Arteaga:
Entre los dictadores se ha olvidado a Fulgencio Batista (enemigo perpetuo de Castro) que si bien tuvo actitudes condenables es cierto que desde que llego al poder facilito las inversiones y el comercio colocando a Cuba entre los paises mas estables de America Latina.
3 por Pedro Perez Arteaga (Usuario no autenticado) 25/04/2008 12:40
Muy buen artículo, me ha gustado mucho, sobretodo el simil que hace con aquellos japoneses que bajaron a rendirse mucho después que la guerra hubiese terminado. Nuestro "Japonés con Barba" se sube con una metralleta de juguete encima de su cama, con sus desvaríos; pensando que aún está en el Pico Turquino.
EN CUBA TODO ES ANACRÓNICO; para turismo EXTRAVAGANTE, o de exotismo-político no tiene precio, por llamarle de alguna forma. Me entero, por lo que me cuentan mis amigos, que las agencias de viaje en el extranjero, insisten en conocer a Cuba ahora, como una rareza en el mundo en que está insertada.¿Esto nos debe alegrar o abochornar?
Esta Tiranía desaparecerá, y empezaremos a conocer poco a poco los entresijos de este andamiaje tan descabellado.
¿Como un hombre con tanta capacidad e inteligencia puede desbarrancar un país a estos extremos? Esto lo sabemos todos, sobretodo los de adentro.
Por supuesto que me refiero al Dictador, el se sigue ocupando MILIMÉTRICAMENTE de todo lo que sucede en el país.
¿Me pregunto otra vez como un hombre, que puede aparentar tanto disernimiento como este, ha podido llevar a la ruina; como digo yo otras veces, hasta a las hormigas de Güines?¿Como pudo provocar, ante todo, tanto desgaste ético-moral en la sociedad?
Hitler fue un Dictador despiadado y puso al mundo al borde de un colapso; pero en Alemania no dejó de desarrollarse la economía y ser un país poderoso, por supuesto, puesto en función de avasallar al mundo, puesto en función de desarrollar una tecnología de guerra inusual para la época.
Pinochet, otro nefasto ejemplo, arrasó con la democracia e impuso un estado de sitio causando unos estragos en su pueblo que no serán olvidados; pero entregó un Chile, que hoy, destaca por su estabilidad económica.
Franco; ejemplo de dictadura pura y rancia; allí no se movía nadie sin que te acusaran de comunista; pero todos reconocen que construyó mucho y no llevó a España al desastre económicamente.
¿PERO QUE HA HECHO ESTE DICTADOR NUESTRO? Por tener mala suerte, ni siquiera hemos tenido un Dictador, que después de habernos machacado 50 años, nos deje un país que solo habría que conducir a la democracia, como sucedió en España, o Chile.
Le tiene que molestar mucho que nos entrege un país absolutamente dependiente; más que nunca. Si al sicópata venezolano, le echan del poder, lo más seguro por sus locuras y excentricidades; ¿Que pasaría con nuestra patria?, Estaríamos ante un nuevo colapso. No duden de que Cuba vive sostenida por la "tubería" de petrodólares del aprendíz de Dictador Hugo Chávez !Que vergüenza!
Claro está, la Revolución tiene sus logros, yo lo creo así; PERO LO APUNTO EN EL HABER DEL PUEBLO CUBANO, a este sufrido pueblo pertenece la hazaña de tener una cultura, en toda su amplitud, muy distante, no solo de países de América Latina, si no de países del primer mundo. Pero no toquen fanfarrias, las cosas buenas de la Revolución Cubana, repito, están apuntadas en el haber del pueblo cubano, el verdadero hacedor y el único traicionado por esta pandilla de locos que ni siquiera supo enrrumbar tímidamente, la economía de nuestro país.
Aquí hay un solo MERCENARIO; se llama Fidel Castro. En otros tiempos no duden de que, con la situación de desamparo actual, podíamos haber sido victimas de las acciones hegemonistas de E.U.
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