domingo 6 de julio de 2008 23:41
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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Vejez

I. Cuba y los negros, los negros y Cuba

Recientemente, La Jiribilla, publicación cultural online del régimen, publicó el artículo "El tema racial y la subversión", firmado por el Dr. Esteban Morales. Más allá de las omisiones, mentiras y descalificaciones (entre ellas, la demonización de quien escribe), resulta interesante el intento de re-abordar ¡por fin! el tema racial, aunque sea desde los paradigmas de las ya desgastadas ideología y práctica "revolucionarias". El reconocimiento, leve y tangencial, de los descalabros del régimen a la hora de lidiar con la tradición racista y discriminatoria indica la dificultad del poder para seguir negando la existencia de semejante flagelo en el seno del llamado régimen "socialista".

Se trata de un problema central a la hora de valorar hasta qué grado la sociedad y los regímenes políticos cubanos de cualquier época son democráticos o no. Por suerte para los estudiosos de Cuba, aunque no para los negros cubanos, estos se han convertido en el vector que permite medir hasta qué punto las libertades, los derechos civiles, la movilidad social, la dignidad de todas las personas y la impartición de la justicia son iguales para todos los cubanos. Hasta qué punto un grupo social puede agruparse, discutir libremente sus problemas, crear una agenda al respecto y llevarla libremente al foro, al parlamento y a los medios de prensa, hasta convertirlas en agendas políticas, normativas jurídicas y acciones de poder.

Y, por último, hasta qué punto la élite en el poder ha rebasado, respecto a los negros, la ideología esclavista de hacerles creer que le deben sus logros a una entidad superior a sí mismos (entendida como la Revolución, la Iglesia, el Rey, el "buen amo" o el líder máximo, a la cual deben estar agradecidos), mientras que la responsabilidad de su desventaja se le achaque a algo tan impreciso como "la herencia histórica" o a su intrínseco desarrollo menor como grupo social —¿o biológico?— respecto al resto de la sociedad blanca, sea ésta revolucionaria o desafecta al régimen, burguesa o comunista.

Los negros cubanos constituyen el único grupo social en Occidente que, en los últimos dos siglos, ha pasado por la experiencia histórica de la esclavitud, la libertad bajo las condiciones de la segregación colonial, la racista seudodemocracia de la República y, en otra vertiente no menos racista, del socialismo caudillista de Estado. Es desde esa perspectiva que analizo el artículo del Dr. Morales.

Considero alentador que un autor vinculado a la oficialidad académica del régimen y, más aún, a sus organismos de inteligencia —el CESEU, del cual Morales es o fue director—, decida abordar el tema racial en una publicación como La Jiribilla. A su vez, resulta lastimoso que (cuando la mayoría de la población negra sigue viviendo mayoritariamente en barrios marginales, detentando los peores empleos y constituyendo la mayoría de la población penal del país) el racismo, en lugar de abordarse como el motivo central que explica las causas internas de tales condiciones, se asuma como una preocupación tangencial, sólo para hacerle frente a la opinión de "grupos subalternos" de la política norteamericana, entre los que se me ubica.

Si ese fuese el precio a pagar, con tal de que un intelectual negro subalterno pueda abordar y desarrollar en Cuba una estrategia sobre un problema al que hasta hace poco le tenían puesta la mordaza, asumiría el intento de linchamiento mediático como moneda de cambio, en aras del avance de la discusión pública del tema dentro de la Isla; pero Morales, carente de independencia intelectual y política, ni siquiera cumple ese objetivo.

II. Anticubanías

El articulista de marras asume que el hecho de ser opositor y crítico del régimen convierte ipso facto a tal sujeto en miembro de una "subversión anticubana". Su posición es "tan independiente y democrática", que no concibe una posición "cubana" que no sea a la vez seguidora fiel de las políticas y despropósitos del gobierno castrista. Que quien se presenta como un académico identifique al pueblo y al país con el gobierno, carece del más elemental rigor conceptual. Acaso sea semejante limitación la que le impide vislumbrar otras opciones para los negros cubanos, que no sean las de repetir desgastadas consignas y obedecer a los amos de turno.

Morales, repetidor de las políticas y discursos, me niega la independencia intelectual y política para no quedarse solo en su impuesta militancia subordinada. Cubanía y anticubanía habitan a ambos lados del Estrecho de la Florida, tanto en el poder como en la oposición. Puedo catalogar de pro cubanos, aunque con limitaciones, los programas educativos, de salud pública y servicios sociales gratuitos para todos. Y como anticubano, el deterioro de esos servicios, en aras de una política exterior tendiente a lograr de otros pueblos el agradecimiento que ya el cubano no les tiene.

En la misma dirección, son anticubanas las políticas confiscatorias que niegan a los ciudadanos el derecho a conservar sus propiedades cuando salen del país y les exige —como si fueran extranjeros— un visado para regresar a su tierra, como aquellas políticas que implementan mejores servicios de salud para los extranjeros que para sus propios ciudadanos.

Pasemos a un ejemplo más que ilustrativo: cuando en 1962 el gobierno cubano —de acuerdo con la ex Unión Soviética— introdujo cohetes nucleares de alcance medio en nuestro país, provocando la "Crisis de los Misiles", la Isla estuvo a punto de desaparecer. La dirigencia revolucionaria se oponía a la retirada de los misiles y hasta era partidaria de lanzarlos contra Estados Unidos en caso necesario. Los norteamericanos hubieran sobrevivido a ataque semejante; pero los cubanos, como pueblo, habríamos desaparecido. En tal contexto, los extremismos suicidas de la llamada "política de principios" del gobierno castrista —en tanto implicaban nuestra desaparición— eran totalmente anticubanos.

En esa época, el gobierno cubano calificó de traición el acuerdo entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética para retirar los cohetes. Hay que concluir que la URSS —que, además, obtuvo el compromiso norteamericano de que Cuba no sería agredida— adoptó una posición a favor de la preservación de Cuba como entidad nacional y humana, posición más pro cubana que la del gobierno de Fidel Castro, atrincherado en posiciones lesivas a la propia supervivencia de la nación.

Profundizando en anticubanismos, y sin tocar siquiera la naturaleza del sistema político vigente en la Isla, es evidente que una política económica que impide a los cubanos desarrollar mejores niveles de vida y los hace miserablemente dependientes del Estado, es más anticubana que el propio embargo norteamericano. En definitiva, el embargo externo es la política de un país históricamente en conflicto con el nuestro, mientras que el interno es resultado de las prácticas de un gobierno que, además, en el extremo del delirio, dice representar y defender nuestros intereses.

La población negra es la más afectada por esa política económica. En una economía que no genera riqueza —y dada la herencia histórica de 450 años de colonialismo y neocolonialismo a que se refiere Morales—, las élites en el poder se atrincheran aún más en la tradición de percibir a los negros como accionistas minoritarios a la hora de repartir el poder y la riqueza. Eso explica, en parte, el porqué, a cincuenta años de un proceso que ya es más conservador que revolucionario, los negros constituyen el grupo poblacional de peor nivel de vida en el país, cuya presencia es mayoritaria en las "justas" y "humanas" prisiones de la Cuba "revolucionaria" y "antirracista".

No me molesta coincidir con el señor Morales en el criterio de que las políticas sociales de acceso a la educación y la salud (beneficiadoras de la población negra, tanto como del resto de la ciudadanía) son y fueron medidas pro cubanas; pero, a su vez, el articulista de La Jiribilla carece de la independencia o el valor para concluir conmigo que la situación actual de los negros en Cuba y la ideología racista que aún es, no por inconsciente, menos común y central en el imaginario nacional —e, incluso, en actos del gobierno—, es responsabilidad, por omisión o acción, del grupo que detenta no sólo el poder político sino también la propiedad de todos los medios de producción.

Es el grupo que cuenta con un parlamento unánime y que, por lo tanto, es capaz de legislar la aplicación de políticas específicas para problemas específicos, como la discriminación racial y el racismo, con la misma celeridad con la que —a la luz del Proyecto Varela— legislaron el carácter irreversible del desorden social imperante.

No hacerlo —a pesar de tener todo el poder y los medios a su alcance— se debe, primero, a una cultura racista que la dirigencia revolucionaria, heredera de la ideología de la época colonial, no ha podido ni querido superar, y, segundo, no quiere hacerlo debido a que, con la aparente desaparición de las clases sociales en Cuba —al margen de las que se alientan mediante el usufructo del poder estatal—, el único grupo social que aún mantiene consistencia —ya que su constitución no se reduce a la posición económica, como creía la ortodoxia marxista— es el de los negros.

Resulta claro que un Estado totalitario no puede enarbolar y legislar la práctica de las reivindicaciones específicas de un grupo social cuando la filosofía política y jurídica del poder se basa en la discriminación de la ciudadanía por criterios ideológicos, políticos, económicos y hasta religiosos. En consecuencia, abrir la discusión del problema negro, permitirles organizarse para abogar por sí mismos, resquebrajaría la estructura del sistema totalitario. Otros grupos sociales podrían emerger al escenario político, al menos al civil.

Por eso, la incapacidad del sistema político cubano actual para resolver consecuentemente el problema negro, lo convierte en antinegro, más allá de las declaraciones o deseos de su dirigencia política. El reconocimiento de esa imposibilidad explica que la dirigencia cubana apoye, fuera de Cuba, las agendas que no le permiten defender a los negros en su país. En la nación cubana, por la importancia de los negros en la conformación de la identidad nacional y la independencia del país, es imposible ser antinegro y procubano.

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122 Comentarios


112 por Cimarron (Usuario no autenticado) 12/12/2007 19:40

Inesita se solto la chancleta, blanca parece, vaya Ud a saber de donde...
Pero mi comentario no es sobre lo que ella, sino sobre el sarcasmo de los de encuentro al anunciar hoy, justo al lado del articulo de Patterson y de este debate, una expo de aristide donde se ridiculiza a los negros (bembones, jaraneros, poco serios), presentandolos como caricaturas y personajes.
Diran que el genero artistico explota eso, pero ni el momento ni el lugar para promover esa ex son los apropiados. Los de encuentro han usado su poder de organziar el discurso para reproducir el esteriotipo. Para estos ultimos siempre se usan aquellos famosos que encajan en los prejuicios racistas.
Por que los de encuentro no promueven un evento historico sobre Maceo o Quintin Banderas o anuncia a una pagina web o blog relacionado con el tema que se discute? Ellos, los que deciden y disenan la presentacion de materiales en esta pagina, escogieron a proposito esa imagen de negros bembones y jaraneros con la ilusion de comunicarse con aquellos que piensan asi y envairles el mensaje de que, bueno, tenemos que poner aceptar este debate, pero nosotros en realidad pesamos que si, los negros seran asi toda la vida. BS! somo se dieria en ingles.
Ese tipo de metodos encuentro lo esta copiando de el pais, el nytimes y muchos otros medios que usan su poder de alcance para promover odio y resentimiento contra la comunidad afrocubana.
Ellos creen que enganan a alguien, pero se equivocan.

111 por Nancy Marilyn Morejón Bobes (Usuario no autenticado) 12/12/2007 18:20

Descubro con asombro que sigue el tema del debate el la portada de este portal. Me pregunto qué se busca con esta extensión forzada del tema de disputa racial para los cubanos. He leído comentarios bien argumentados y otros que no son más que anuncios comerciales sobre las personas que se involucran en ellos. Unos pocos han señalado la verdad incuestionable de que no tiene fundamento el odio de razas porque no hay razas, y hasta los ha habido agrediendo con su "negritud", como si ella los pusiera en un escalón preferente por marginados en el presente y como redimibles en el futuro. En ningún momento ni lugar en el mundo ha habido opinión unánime que sea genuina. Todas han sido impuestas por la fuerza, ajenas a la condición humana. El ideal de justicia racial que se añora en este trabajo del Sr Patterson no se logrará dividiendo a los cubanos en blancos y negros, como no será bueno dividirnos en ricos y pobres, o de adentro y de afuera. La tiranía castrista engañó por igual a blancos y negros. Robó la libertad a unos y otros y nos dejó a todos, sin distinción de color, como esclavos de un tirano. No se prohibe en Cuba a un negro ir a la universidad como no se le impide a un blanco. Raíces mucho más profundas que racismo institucional o cultural de los blancos hacia los negros es lo que hace que los negros en las universidades sean menos que los blancos, así como hace que sean más los negros en las cárceles que los blancos. La cerencia de conciencia de responsabilidad individual con la propia vida, con nuestro futuro, al amparo de un gobierno paternalista, mesiánico, es lo que ha retardado el reconocimiento de amplios sectores sociales en Cuba de su papel como decisivos en su futuro, en sus aspiraciones. No hemos acabado de una vez de entender que nos toca a nosotros, como entes sociales activos, marcar el camino que habremos de recorrer. Nos hemos acomodado a la idea de que del estado vendrá todo lo que necesitamos, empezando por la equidad racial, y a su arbitrio hemos dejado nuestro destino, nuestro futuro. Nada nos dará el Estado que no redunde en mayor beneficio para sí mismo, y la prueba la tenemos en este debate. Blancos y negros, mulatos y casi blancos contendiendo sobre la base de la incomprensión y la intolerancia, agrediéndonos unos a otros y hasta proponiendo separarnos por grupos. Así nos quiere el dictador. Cuba es una sola, plural y abierta. Vamos a preservarla y enriquecerla con el aporte de todos para hacerla libre y democrática.

110 por Inesita Correcalle (Usuario no autenticado) 12/12/2007 10:00

Me encanta todo lo que hablan, tanto blancos como negros o mulatos... Los blancos, tratando de ser "políticamente correctos", y los negros, comenzando por Patterson, destilando odio hacia los blancos y rencor por el pasado histórico.
Déjense de tanta jodienda que en Cuba el negro que no adelanta es porque no quiere. Si había una beca para Islandia, se la daban al negro "porque el compañero provenía de una familia humilde"... ¿Y a mí qué?
¿Por qué no tienen "testículos" y reconocen que para lo único que están preparados, masivamente, es para el deporte? ¿Por qué entonces no hablan de discriminación contra los blancos en los equipos de boxeo, de básquet, de campo y pista, etc, etc.? ¿Por qué el 90 por ciento de las jineteras son negras o mulatas y no blancas? ¿Las obligan? Please... que todos nos conocemos. Ah! Y me importa un comino lo que me contesten.

109 por Amaury Urgellez (Usuario no autenticado) 12/12/2007 9:40

Quisiera hacerle una pregunta a Enrique Paterson y Esteban Morales. En la ley Helms-Burton se dice que ningun gobierno cubano post-castrista va a ser considerado de transicion hasta que no resuelva el tema de las propiedades perdidas por los ricachones de antes de la revolucion. Si se acepta esa logica: ?No seria correcto decir que ningun gobierno cubano sea considerado legitimo hasta que no pague las compensaciones por la esclavitud? ?Por que cuando le quitan algo a los blanquitos hay que resolver el tema antes que se vuelva a poner la musica, mientras que cuando se trata de los negros, no hay tanta urgencia? ?Que fue peor las propiedades confiscadas o la esclavitud? En mi opinion lo digo bien claro, la esclavitud.

108 por Corazón mestizo (Usuario no autenticado) 10/12/2007 9:20

Pero Franelo acabemos de una vez hombre, si los blancos cubanos no son puros, entonces no son blancos y no hay mayoría blanca en Cuba. Ser blanco, como se entiende en el norte de Europa, que es a quienes pretenden copiar los españoles arrepenti'os, significa ser anglosajón, vikingo o ario, en otras palabras rubios y de ojos azules chico. Cuba, como buena parte de España y el Sur de Europa debe acabar de abrazar su mezcla y quitarse ese tonto complejo de culpa sobre si son más o menos blancos.
La civilización occidental nació de la mezcla y fue esa mezcla la que le abrió los caminos hacia el resto del mundo. Los cubanos tienen que madurar y entender que para los racistas, no importan los argumentos históricos, genéticos o de cualquier otro tipo, para ellos Cuba será siempre una isla contaminada racialmente porque ese argumento los hace sentir mejor y les da seguridad. Como hispano-cubano viviendo en Sevilla les digo que no sacaremos nada autoengañándonos con respecto a nuestras herencias; como bien dices España ya estaba mezclada antes de 1492 y no sólo de árabes y judíos, sino de negros también, que ya los había en estas tierras, esclavos y libres.
Si bien es cierto que fuera de La Habana se ven más "blancos", también lo es que es en las ciudades donde se concentra la mayor parte de la población ¿y me vas a decir que Santiago de Cuba tiene mayoría "blanca, o Matanzas e incluso Villa Clara y Pinar del Río? Si es así entonces estamos hablando de dos Cubas diferentes porque hasta en ciudades como Holguín, famosa por su racismo, la población mezclada es bastante visible, lo mismo en Cienfuegos y Camaguey que son territorios "blancos".
Aquí el asunto es sí, llamar la atención sobre el racismo existente en Cuba, pero hacerlo sobre la base de la realidad social para que lejos de perpetuarlo se supere y produzca bienestar colectivo en vez de manías de grandeza y rencor.



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