lunes 7 de julio de 2008 1:18
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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Vejez

I. Cuba y los negros, los negros y Cuba

Recientemente, La Jiribilla, publicación cultural online del régimen, publicó el artículo "El tema racial y la subversión", firmado por el Dr. Esteban Morales. Más allá de las omisiones, mentiras y descalificaciones (entre ellas, la demonización de quien escribe), resulta interesante el intento de re-abordar ¡por fin! el tema racial, aunque sea desde los paradigmas de las ya desgastadas ideología y práctica "revolucionarias". El reconocimiento, leve y tangencial, de los descalabros del régimen a la hora de lidiar con la tradición racista y discriminatoria indica la dificultad del poder para seguir negando la existencia de semejante flagelo en el seno del llamado régimen "socialista".

Se trata de un problema central a la hora de valorar hasta qué grado la sociedad y los regímenes políticos cubanos de cualquier época son democráticos o no. Por suerte para los estudiosos de Cuba, aunque no para los negros cubanos, estos se han convertido en el vector que permite medir hasta qué punto las libertades, los derechos civiles, la movilidad social, la dignidad de todas las personas y la impartición de la justicia son iguales para todos los cubanos. Hasta qué punto un grupo social puede agruparse, discutir libremente sus problemas, crear una agenda al respecto y llevarla libremente al foro, al parlamento y a los medios de prensa, hasta convertirlas en agendas políticas, normativas jurídicas y acciones de poder.

Y, por último, hasta qué punto la élite en el poder ha rebasado, respecto a los negros, la ideología esclavista de hacerles creer que le deben sus logros a una entidad superior a sí mismos (entendida como la Revolución, la Iglesia, el Rey, el "buen amo" o el líder máximo, a la cual deben estar agradecidos), mientras que la responsabilidad de su desventaja se le achaque a algo tan impreciso como "la herencia histórica" o a su intrínseco desarrollo menor como grupo social —¿o biológico?— respecto al resto de la sociedad blanca, sea ésta revolucionaria o desafecta al régimen, burguesa o comunista.

Los negros cubanos constituyen el único grupo social en Occidente que, en los últimos dos siglos, ha pasado por la experiencia histórica de la esclavitud, la libertad bajo las condiciones de la segregación colonial, la racista seudodemocracia de la República y, en otra vertiente no menos racista, del socialismo caudillista de Estado. Es desde esa perspectiva que analizo el artículo del Dr. Morales.

Considero alentador que un autor vinculado a la oficialidad académica del régimen y, más aún, a sus organismos de inteligencia —el CESEU, del cual Morales es o fue director—, decida abordar el tema racial en una publicación como La Jiribilla. A su vez, resulta lastimoso que (cuando la mayoría de la población negra sigue viviendo mayoritariamente en barrios marginales, detentando los peores empleos y constituyendo la mayoría de la población penal del país) el racismo, en lugar de abordarse como el motivo central que explica las causas internas de tales condiciones, se asuma como una preocupación tangencial, sólo para hacerle frente a la opinión de "grupos subalternos" de la política norteamericana, entre los que se me ubica.

Si ese fuese el precio a pagar, con tal de que un intelectual negro subalterno pueda abordar y desarrollar en Cuba una estrategia sobre un problema al que hasta hace poco le tenían puesta la mordaza, asumiría el intento de linchamiento mediático como moneda de cambio, en aras del avance de la discusión pública del tema dentro de la Isla; pero Morales, carente de independencia intelectual y política, ni siquiera cumple ese objetivo.

II. Anticubanías

El articulista de marras asume que el hecho de ser opositor y crítico del régimen convierte ipso facto a tal sujeto en miembro de una "subversión anticubana". Su posición es "tan independiente y democrática", que no concibe una posición "cubana" que no sea a la vez seguidora fiel de las políticas y despropósitos del gobierno castrista. Que quien se presenta como un académico identifique al pueblo y al país con el gobierno, carece del más elemental rigor conceptual. Acaso sea semejante limitación la que le impide vislumbrar otras opciones para los negros cubanos, que no sean las de repetir desgastadas consignas y obedecer a los amos de turno.

Morales, repetidor de las políticas y discursos, me niega la independencia intelectual y política para no quedarse solo en su impuesta militancia subordinada. Cubanía y anticubanía habitan a ambos lados del Estrecho de la Florida, tanto en el poder como en la oposición. Puedo catalogar de pro cubanos, aunque con limitaciones, los programas educativos, de salud pública y servicios sociales gratuitos para todos. Y como anticubano, el deterioro de esos servicios, en aras de una política exterior tendiente a lograr de otros pueblos el agradecimiento que ya el cubano no les tiene.

En la misma dirección, son anticubanas las políticas confiscatorias que niegan a los ciudadanos el derecho a conservar sus propiedades cuando salen del país y les exige —como si fueran extranjeros— un visado para regresar a su tierra, como aquellas políticas que implementan mejores servicios de salud para los extranjeros que para sus propios ciudadanos.

Pasemos a un ejemplo más que ilustrativo: cuando en 1962 el gobierno cubano —de acuerdo con la ex Unión Soviética— introdujo cohetes nucleares de alcance medio en nuestro país, provocando la "Crisis de los Misiles", la Isla estuvo a punto de desaparecer. La dirigencia revolucionaria se oponía a la retirada de los misiles y hasta era partidaria de lanzarlos contra Estados Unidos en caso necesario. Los norteamericanos hubieran sobrevivido a ataque semejante; pero los cubanos, como pueblo, habríamos desaparecido. En tal contexto, los extremismos suicidas de la llamada "política de principios" del gobierno castrista —en tanto implicaban nuestra desaparición— eran totalmente anticubanos.

En esa época, el gobierno cubano calificó de traición el acuerdo entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética para retirar los cohetes. Hay que concluir que la URSS —que, además, obtuvo el compromiso norteamericano de que Cuba no sería agredida— adoptó una posición a favor de la preservación de Cuba como entidad nacional y humana, posición más pro cubana que la del gobierno de Fidel Castro, atrincherado en posiciones lesivas a la propia supervivencia de la nación.

Profundizando en anticubanismos, y sin tocar siquiera la naturaleza del sistema político vigente en la Isla, es evidente que una política económica que impide a los cubanos desarrollar mejores niveles de vida y los hace miserablemente dependientes del Estado, es más anticubana que el propio embargo norteamericano. En definitiva, el embargo externo es la política de un país históricamente en conflicto con el nuestro, mientras que el interno es resultado de las prácticas de un gobierno que, además, en el extremo del delirio, dice representar y defender nuestros intereses.

La población negra es la más afectada por esa política económica. En una economía que no genera riqueza —y dada la herencia histórica de 450 años de colonialismo y neocolonialismo a que se refiere Morales—, las élites en el poder se atrincheran aún más en la tradición de percibir a los negros como accionistas minoritarios a la hora de repartir el poder y la riqueza. Eso explica, en parte, el porqué, a cincuenta años de un proceso que ya es más conservador que revolucionario, los negros constituyen el grupo poblacional de peor nivel de vida en el país, cuya presencia es mayoritaria en las "justas" y "humanas" prisiones de la Cuba "revolucionaria" y "antirracista".

No me molesta coincidir con el señor Morales en el criterio de que las políticas sociales de acceso a la educación y la salud (beneficiadoras de la población negra, tanto como del resto de la ciudadanía) son y fueron medidas pro cubanas; pero, a su vez, el articulista de La Jiribilla carece de la independencia o el valor para concluir conmigo que la situación actual de los negros en Cuba y la ideología racista que aún es, no por inconsciente, menos común y central en el imaginario nacional —e, incluso, en actos del gobierno—, es responsabilidad, por omisión o acción, del grupo que detenta no sólo el poder político sino también la propiedad de todos los medios de producción.

Es el grupo que cuenta con un parlamento unánime y que, por lo tanto, es capaz de legislar la aplicación de políticas específicas para problemas específicos, como la discriminación racial y el racismo, con la misma celeridad con la que —a la luz del Proyecto Varela— legislaron el carácter irreversible del desorden social imperante.

No hacerlo —a pesar de tener todo el poder y los medios a su alcance— se debe, primero, a una cultura racista que la dirigencia revolucionaria, heredera de la ideología de la época colonial, no ha podido ni querido superar, y, segundo, no quiere hacerlo debido a que, con la aparente desaparición de las clases sociales en Cuba —al margen de las que se alientan mediante el usufructo del poder estatal—, el único grupo social que aún mantiene consistencia —ya que su constitución no se reduce a la posición económica, como creía la ortodoxia marxista— es el de los negros.

Resulta claro que un Estado totalitario no puede enarbolar y legislar la práctica de las reivindicaciones específicas de un grupo social cuando la filosofía política y jurídica del poder se basa en la discriminación de la ciudadanía por criterios ideológicos, políticos, económicos y hasta religiosos. En consecuencia, abrir la discusión del problema negro, permitirles organizarse para abogar por sí mismos, resquebrajaría la estructura del sistema totalitario. Otros grupos sociales podrían emerger al escenario político, al menos al civil.

Por eso, la incapacidad del sistema político cubano actual para resolver consecuentemente el problema negro, lo convierte en antinegro, más allá de las declaraciones o deseos de su dirigencia política. El reconocimiento de esa imposibilidad explica que la dirigencia cubana apoye, fuera de Cuba, las agendas que no le permiten defender a los negros en su país. En la nación cubana, por la importancia de los negros en la conformación de la identidad nacional y la independencia del país, es imposible ser antinegro y procubano.

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122 Comentarios


87 por jesus perez (Usuario no autenticado) 23/11/2007 0:40

los blancos cubanos son peores que los sudafricanos

86 por Paideia Negra (Usuario no autenticado) 22/11/2007 23:08

Nubia, por fin vi tu pagina en myspace y me parecio muy entretenida. Coincido en los elogios que has recibido aqui y ojala que avances pronto en tus objetivos profesionales.
Tambien vi que estas interesada en cuestiones de conciencia negra, lo cual imagino hara tu pagina bastante radical para alguna gente. En lo particular, no creo que la educacion tenga otro color que aquel que el de persona que se educa. Pero si reconozco que los programas eurocentristas disminuyen, o cuando menos blanquean, la importancia de Africa y sus descendientes en las Americas. Eso es parte de un atavismo cultural que, por ejemplo, ha llevado al presidente frances a decir que el hombre africano no ha entrado en la historia, cuando en realidad la historia descansa en buena parte en las espaldas africanas, y al Rey de Espana a mandar a callar a Hugo Chavez cuando todos sabemos lo parlanchin que son los espanoles. Ni el presidente frances ni el rey de Espana tienen mas "educacion" que los hombres africanos ni que Chavez respectivamente.
Por mi parte, yo mismo me he estado adentrando en el tema, tan complejo como cualquier otro, y mi recomendacion es que empieces a leer a los autores negros de la isla. En este sitio tendras una introduccion a lo africano en Cuba, ya despues tu haz tus propias elecciones: http://www.afrocubaweb.com/

85 por Web-OS (Usuario no autenticado) 22/11/2007 23:08

Gracias a todos, especialmente a Nubia, el que pegó el alegato de Martí, al Cubano Escéptico y a Bicho Pelú, y evidentemente al maestro Patterson que fue quien inició este debate, y como dice la canción: "Welcome to the Jungle", espero que todos lo seamos, y no a la jungla en la que todo el mundo trata de joder al otro sino a la de la mezcla "sabrosa" de razas; dicho sea de paso, "La Jungla" se llama el cuadro más famoso de uno de nuestros mejores pintores, Wifredo Lam, quien a su vez era hijo de negra y chino y se casó primeramente con una española y luego con una sueca.
¡ABAJO EL RACISMO! ¡VIVA LA DIVERSIDAD RACIAL Y CULTURAL!

84 por bicho_pelu (Usuario no autenticado) 22/11/2007 9:00

la verdad que la discusion ya esta demasiado larga y desvirtuada (discusion de cubanos al fin y al cabo) ahora, si en usa un piropo es acoso sexual... estan muy jodios los vecinos del norte... yo no soy de estar piropeando a las mujeres, pero me parece enfermizo pensar que decir un piropo o mirar a una mujer hermosa es acoso sexual. y hablando de acoso sexual... nubia mijita, que te voy a decir... todavia estoy recogiendo la quijá que andaba regá por el piso cuando vi tu myspace... en 2 palabras: im presionante... por dentro y por fuera.

en cuanto al racismo... buee... ya se ha dicho mucho. pa mi, la gracia es que hay de todo, negros, blancos, indios, chinos, etc, y que todos seamos diferentes. que gracia tiene ser todos iguales?

83 por Un Cubano Escéptico (Usuario no autenticado) 22/11/2007 9:00

Gracias al anónimo lector que subió “Mi Raza” de nuestro apóstol, José Martí, el mejor cubano de todos los tiempos. Este texto nos da la formula para la reconstrucción una nueva Cuba, exenta de racismo, y de discriminación de cualquier tipo. Las palabras sabias del apóstol, salidas del túnel del tiempo, son contundentes y demoledoras para todos los racistas, ya sean negros, blancos, mestizos, asiáticos, o de cualquier absurda clasificación racial creada por el hombre.

La prosa martiana una vez mas salta de la oscuridad de la que ha sido sometida por todos los regimenes cubanos desde 1895 (desde los interventores norteamericanos hasta Castro) para recordarnos como debe ser construida una nación: sin diferencias de hecho y de derecho entre las razas, donde el proyecto integrador de nación abarque a todos y todas por igual sin distinción de la melanina de nuestras pieles.

Es una lástima que la primera república cubana haya sido construida por blancos racistas, quienes no sólo hicieron caso omiso de las enseñanzas martianas, sino que mal copiaron el esquema segregacionista norteamericano, dejando a un lado en la construcción de la nueva república a los líderes independentistas negros. Es una lástima que los discursos oficiales, tanto de la Cuba pre-Castro, como de la Cuba actual, hayan estado plagados de hipocresía racial, donde la igualdad de las razas se dan como un hecho consumado.

Cubanos somos todos, como lo recalcaba Martí, blancos y negros, y todos y todas tenemos una tarea descomunal en el corto y mediano plazo, la reconstrucción de una república, que nació y se desarrolló de manera errada. No repitamos los errores de nuestros antecesores y dejemos a un lado las diferenciaciones raciales, de genero e identidad sexual. No copiemos esquemas, que como el norteamericano, crean naciones divididas, racistas, y xenofobitas.

Recordemos, que a diferencia de otras naciones, nosotros, los cubanos, no somos puros racialmente, ni los blancos, ni los negros, ni los chinos, ni los indígenas (si, porque también tenemos sangre india). Todos, todos, somos, como se ha dicho aquí, “semi-blancos”, “semi-negros”, “semi-chinos”, o “semi-indios”.

Si algo une a Patterson, Morales, Nubia y a su racista ex suegra, a pesar de sus colores de pieles: negro, color café con leche o blanco, es que todos, sin exención son mezclados, porque eso es la Cuba actual, un crisol de razas y culturas. No perdamos en tiempo en separaciones absurdas, y busquemos como erradicar, de tajo, todo vestigio de discriminación de nuestras Cuba futura. Si lo logramos, seremos la mejor nación del planeta. Y si tenemos dudas, por favor, releamos a Martí.


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