viernes 8 de agosto de 2008 23:11
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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Vejez

I. Cuba y los negros, los negros y Cuba

Recientemente, La Jiribilla, publicación cultural online del régimen, publicó el artículo "El tema racial y la subversión", firmado por el Dr. Esteban Morales. Más allá de las omisiones, mentiras y descalificaciones (entre ellas, la demonización de quien escribe), resulta interesante el intento de re-abordar ¡por fin! el tema racial, aunque sea desde los paradigmas de las ya desgastadas ideología y práctica "revolucionarias". El reconocimiento, leve y tangencial, de los descalabros del régimen a la hora de lidiar con la tradición racista y discriminatoria indica la dificultad del poder para seguir negando la existencia de semejante flagelo en el seno del llamado régimen "socialista".

Se trata de un problema central a la hora de valorar hasta qué grado la sociedad y los regímenes políticos cubanos de cualquier época son democráticos o no. Por suerte para los estudiosos de Cuba, aunque no para los negros cubanos, estos se han convertido en el vector que permite medir hasta qué punto las libertades, los derechos civiles, la movilidad social, la dignidad de todas las personas y la impartición de la justicia son iguales para todos los cubanos. Hasta qué punto un grupo social puede agruparse, discutir libremente sus problemas, crear una agenda al respecto y llevarla libremente al foro, al parlamento y a los medios de prensa, hasta convertirlas en agendas políticas, normativas jurídicas y acciones de poder.

Y, por último, hasta qué punto la élite en el poder ha rebasado, respecto a los negros, la ideología esclavista de hacerles creer que le deben sus logros a una entidad superior a sí mismos (entendida como la Revolución, la Iglesia, el Rey, el "buen amo" o el líder máximo, a la cual deben estar agradecidos), mientras que la responsabilidad de su desventaja se le achaque a algo tan impreciso como "la herencia histórica" o a su intrínseco desarrollo menor como grupo social —¿o biológico?— respecto al resto de la sociedad blanca, sea ésta revolucionaria o desafecta al régimen, burguesa o comunista.

Los negros cubanos constituyen el único grupo social en Occidente que, en los últimos dos siglos, ha pasado por la experiencia histórica de la esclavitud, la libertad bajo las condiciones de la segregación colonial, la racista seudodemocracia de la República y, en otra vertiente no menos racista, del socialismo caudillista de Estado. Es desde esa perspectiva que analizo el artículo del Dr. Morales.

Considero alentador que un autor vinculado a la oficialidad académica del régimen y, más aún, a sus organismos de inteligencia —el CESEU, del cual Morales es o fue director—, decida abordar el tema racial en una publicación como La Jiribilla. A su vez, resulta lastimoso que (cuando la mayoría de la población negra sigue viviendo mayoritariamente en barrios marginales, detentando los peores empleos y constituyendo la mayoría de la población penal del país) el racismo, en lugar de abordarse como el motivo central que explica las causas internas de tales condiciones, se asuma como una preocupación tangencial, sólo para hacerle frente a la opinión de "grupos subalternos" de la política norteamericana, entre los que se me ubica.

Si ese fuese el precio a pagar, con tal de que un intelectual negro subalterno pueda abordar y desarrollar en Cuba una estrategia sobre un problema al que hasta hace poco le tenían puesta la mordaza, asumiría el intento de linchamiento mediático como moneda de cambio, en aras del avance de la discusión pública del tema dentro de la Isla; pero Morales, carente de independencia intelectual y política, ni siquiera cumple ese objetivo.

II. Anticubanías

El articulista de marras asume que el hecho de ser opositor y crítico del régimen convierte ipso facto a tal sujeto en miembro de una "subversión anticubana". Su posición es "tan independiente y democrática", que no concibe una posición "cubana" que no sea a la vez seguidora fiel de las políticas y despropósitos del gobierno castrista. Que quien se presenta como un académico identifique al pueblo y al país con el gobierno, carece del más elemental rigor conceptual. Acaso sea semejante limitación la que le impide vislumbrar otras opciones para los negros cubanos, que no sean las de repetir desgastadas consignas y obedecer a los amos de turno.

Morales, repetidor de las políticas y discursos, me niega la independencia intelectual y política para no quedarse solo en su impuesta militancia subordinada. Cubanía y anticubanía habitan a ambos lados del Estrecho de la Florida, tanto en el poder como en la oposición. Puedo catalogar de pro cubanos, aunque con limitaciones, los programas educativos, de salud pública y servicios sociales gratuitos para todos. Y como anticubano, el deterioro de esos servicios, en aras de una política exterior tendiente a lograr de otros pueblos el agradecimiento que ya el cubano no les tiene.

En la misma dirección, son anticubanas las políticas confiscatorias que niegan a los ciudadanos el derecho a conservar sus propiedades cuando salen del país y les exige —como si fueran extranjeros— un visado para regresar a su tierra, como aquellas políticas que implementan mejores servicios de salud para los extranjeros que para sus propios ciudadanos.

Pasemos a un ejemplo más que ilustrativo: cuando en 1962 el gobierno cubano —de acuerdo con la ex Unión Soviética— introdujo cohetes nucleares de alcance medio en nuestro país, provocando la "Crisis de los Misiles", la Isla estuvo a punto de desaparecer. La dirigencia revolucionaria se oponía a la retirada de los misiles y hasta era partidaria de lanzarlos contra Estados Unidos en caso necesario. Los norteamericanos hubieran sobrevivido a ataque semejante; pero los cubanos, como pueblo, habríamos desaparecido. En tal contexto, los extremismos suicidas de la llamada "política de principios" del gobierno castrista —en tanto implicaban nuestra desaparición— eran totalmente anticubanos.

En esa época, el gobierno cubano calificó de traición el acuerdo entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética para retirar los cohetes. Hay que concluir que la URSS —que, además, obtuvo el compromiso norteamericano de que Cuba no sería agredida— adoptó una posición a favor de la preservación de Cuba como entidad nacional y humana, posición más pro cubana que la del gobierno de Fidel Castro, atrincherado en posiciones lesivas a la propia supervivencia de la nación.

Profundizando en anticubanismos, y sin tocar siquiera la naturaleza del sistema político vigente en la Isla, es evidente que una política económica que impide a los cubanos desarrollar mejores niveles de vida y los hace miserablemente dependientes del Estado, es más anticubana que el propio embargo norteamericano. En definitiva, el embargo externo es la política de un país históricamente en conflicto con el nuestro, mientras que el interno es resultado de las prácticas de un gobierno que, además, en el extremo del delirio, dice representar y defender nuestros intereses.

La población negra es la más afectada por esa política económica. En una economía que no genera riqueza —y dada la herencia histórica de 450 años de colonialismo y neocolonialismo a que se refiere Morales—, las élites en el poder se atrincheran aún más en la tradición de percibir a los negros como accionistas minoritarios a la hora de repartir el poder y la riqueza. Eso explica, en parte, el porqué, a cincuenta años de un proceso que ya es más conservador que revolucionario, los negros constituyen el grupo poblacional de peor nivel de vida en el país, cuya presencia es mayoritaria en las "justas" y "humanas" prisiones de la Cuba "revolucionaria" y "antirracista".

No me molesta coincidir con el señor Morales en el criterio de que las políticas sociales de acceso a la educación y la salud (beneficiadoras de la población negra, tanto como del resto de la ciudadanía) son y fueron medidas pro cubanas; pero, a su vez, el articulista de La Jiribilla carece de la independencia o el valor para concluir conmigo que la situación actual de los negros en Cuba y la ideología racista que aún es, no por inconsciente, menos común y central en el imaginario nacional —e, incluso, en actos del gobierno—, es responsabilidad, por omisión o acción, del grupo que detenta no sólo el poder político sino también la propiedad de todos los medios de producción.

Es el grupo que cuenta con un parlamento unánime y que, por lo tanto, es capaz de legislar la aplicación de políticas específicas para problemas específicos, como la discriminación racial y el racismo, con la misma celeridad con la que —a la luz del Proyecto Varela— legislaron el carácter irreversible del desorden social imperante.

No hacerlo —a pesar de tener todo el poder y los medios a su alcance— se debe, primero, a una cultura racista que la dirigencia revolucionaria, heredera de la ideología de la época colonial, no ha podido ni querido superar, y, segundo, no quiere hacerlo debido a que, con la aparente desaparición de las clases sociales en Cuba —al margen de las que se alientan mediante el usufructo del poder estatal—, el único grupo social que aún mantiene consistencia —ya que su constitución no se reduce a la posición económica, como creía la ortodoxia marxista— es el de los negros.

Resulta claro que un Estado totalitario no puede enarbolar y legislar la práctica de las reivindicaciones específicas de un grupo social cuando la filosofía política y jurídica del poder se basa en la discriminación de la ciudadanía por criterios ideológicos, políticos, económicos y hasta religiosos. En consecuencia, abrir la discusión del problema negro, permitirles organizarse para abogar por sí mismos, resquebrajaría la estructura del sistema totalitario. Otros grupos sociales podrían emerger al escenario político, al menos al civil.

Por eso, la incapacidad del sistema político cubano actual para resolver consecuentemente el problema negro, lo convierte en antinegro, más allá de las declaraciones o deseos de su dirigencia política. El reconocimiento de esa imposibilidad explica que la dirigencia cubana apoye, fuera de Cuba, las agendas que no le permiten defender a los negros en su país. En la nación cubana, por la importancia de los negros en la conformación de la identidad nacional y la independencia del país, es imposible ser antinegro y procubano.

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123 Comentarios


43 por Fray Franelo (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:20

Lo que afirma Patterson yo lo suscribiría sin la menor vacilación, de no estar viciado su texto por un fuerte resentimiento racial que a nada bueno conduce. Es decir, lo apruebo por su letra pero no por su espíritu. Al racismo del blanco no debe contraponerse el racismo del negro, como desafortunadamente está sucediendo en Estados Unidos. Luego de la admirable lucha por los derechos civiles, no pocos afroamericanos se escudan defensivamente en la discriminación y resultan igualmente racistas. Patterson, como potencial líder racial de la Cuba futura, debe tomar lo mucho de positivo que tuvo --y tiene-- el ejemplar movimiento liderado por Martin Luther King, i.a., pero debe descartar lo negativo que hay en el racismo contra el blanco fruto del resentimiento secular. Extrapolar mecánicamente a la situación cubana esquemas procedentes de otras realidades puede resultar contraproducente.

42 por Dario L Machado (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:20

El señor patterson se fue de Cuba por su propia decision. En cuba hay espacio para las discrepancias dentro de la ley, como ent todos los lugares. Nadie encarcelo jamas a Patterson, y mucho menos por hacer zapatos. Y seguramente puede volver a Cuba, siempre que el gobierno de George W Bush lo deje. Cuba es el pais con menos discrimacion racial en el mundo, consustancial con su sistema democratico. Y por supuesto, quienes no esten de acuerdo con el pueden quedarse y aceptar la decision de las mayorias o simplementre emigrar adonde consideren. Pero no me digan ahora que emigrar porque son negros!

41 por cubano47 (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:10

Les dire algo porque parece que muchos de los que aqui han comentado perecen no haber vivido en Cuba.
En Cuba todos tienen las mismas oportunidades de estudiar TODOS
yo soy blanco y nacido y criado en un barrio de mayoria negros de todos mis conocidos negros (que eran muchisimos) solo dos siguieron estudios y se hicieron de carreras universitarias, el resto no llego a terminar la secundaria les motivaba mas la vida del solar, la guaperia, criminalidad y otras cosas de donde se podia "vivir" facil al final todos eran "huespedes" habituales de las carceles cubanas.
Esto lo escuchaba yo muy a menudo: resulta que sentado en la esquina donde nos reuniamos a veces el unico blanquito era yo, cuando pasaba un negro amigo con una muchacha blanquita todos decian que el tipo era un barbaro, pero cuando veian a Mercedita con su novio(blanco) mira la negra cochina esta con el "blanquito
sucio" este. Para mi que vivi todo esto que tuve mis mejores amigos negros les dire que los negros son mas racistas que los blancos(por lo menos en Cuba) no vengan con la historia de que tienen resagos de cuando la esclavitud, ese es el cuento para justificar lo que no se puede justificar. Tambien me "mordio" el dicho de " los negros si no la hacen cuando entran, la hacen a la salida".

40 por Comentario (Usuario no autenticado) 11/11/2007 8:00

Leí el artículo de Patterson y, por supuesto, el de Morales. Y aunque no concuerdo con la respuesta demasiado segregacionista de Patterson, digo también que hay que tener gandinga para darle la razón a Morales, sobre todo en eso de que los negros estadounidenses no tienen espacio en esta sociedad. Pero, ¿cree el doctor Morales que los cubanos son tan socotrocos que no se dan cuenta que la doctora Condoleezza Rice, por sólo citar un ejemplo de inteligencia, aristocracia y elegancia, no es blanca y de ojos azules? Y si no es presidenta de los EE.UU. no es por su melanina, sino por el machismo que aún pervive en esta sociedad. Por cierto, me hubiera gustado que el señor Patterson hubiese hablado de este asunto para que hubiera rebatido más a Morales, pues sólo se defendió de sus ataques lo cual convirtió su largo, demasiado, discurso en una defensa personal. A mí, en lo personal, ni me va ni me viene. Desde que tengo uso de razón no soy racista y he amado tanto a blancos que a negros. Y cuando digo amar digo haberme casado. La raza está determinada por unos pigmentos que se llama melanina. Todo lo demás es historia. Y hay que ser muy ignorante para perder tiempo, energía y salud en discusiones que no llevan a nada. Tiempo al tiempo. Y las aguas cogen sus curso se oponga quien se oponga. Y sino midan la segregación homosexual. Su liberación no la para nadie: ni iglesia, ni comunismo –que son el mismo perro con diferente collar- ni ideas patriarcales ni nada. Lo mismo pasará con la negritud y la blanquitud porque el racismo no es sólo del blanco contra el negro. Y vamos a estar aquí.

39 por Precisa Mente (Usuario no autenticado) 11/11/2007 8:00

Hallo lamentable que un hombre con el calibre intelectual del profesor Enrique Patterson cometa errores de gramática y estilo de mucho bulto, impropios de un profesional de las letras. Sobre todo me ha chocado ver escrito en su artículo el siguiente sintagma: "detentando los peores empleos". Una falta imperdonable incluso en un alumno de secundaria.

Los hay quienes piensan que "detentar el poder" es una forma más elegante de dcir "tener el poder", sin darse cuenta de la carga negativa que marca al verbo "detentar". Sólo se dice que un gobernante detenta el poder cuando éste es ilegítimo.

Ese afán de creer que el verbo "tener" es demasiado plebeyo para ser usado por un académico conduce lamentablemente al preciosismo ridículo en que ha caído el admirado profesor. Los empleos no se detentan, mi estimado Patterson. Saludos afectuosos, Precisa Mente


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