sábado 11 de octubre de 2008 20:40
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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Vejez

I. Cuba y los negros, los negros y Cuba

Recientemente, La Jiribilla, publicación cultural online del régimen, publicó el artículo "El tema racial y la subversión", firmado por el Dr. Esteban Morales. Más allá de las omisiones, mentiras y descalificaciones (entre ellas, la demonización de quien escribe), resulta interesante el intento de re-abordar ¡por fin! el tema racial, aunque sea desde los paradigmas de las ya desgastadas ideología y práctica "revolucionarias". El reconocimiento, leve y tangencial, de los descalabros del régimen a la hora de lidiar con la tradición racista y discriminatoria indica la dificultad del poder para seguir negando la existencia de semejante flagelo en el seno del llamado régimen "socialista".

Se trata de un problema central a la hora de valorar hasta qué grado la sociedad y los regímenes políticos cubanos de cualquier época son democráticos o no. Por suerte para los estudiosos de Cuba, aunque no para los negros cubanos, estos se han convertido en el vector que permite medir hasta qué punto las libertades, los derechos civiles, la movilidad social, la dignidad de todas las personas y la impartición de la justicia son iguales para todos los cubanos. Hasta qué punto un grupo social puede agruparse, discutir libremente sus problemas, crear una agenda al respecto y llevarla libremente al foro, al parlamento y a los medios de prensa, hasta convertirlas en agendas políticas, normativas jurídicas y acciones de poder.

Y, por último, hasta qué punto la élite en el poder ha rebasado, respecto a los negros, la ideología esclavista de hacerles creer que le deben sus logros a una entidad superior a sí mismos (entendida como la Revolución, la Iglesia, el Rey, el "buen amo" o el líder máximo, a la cual deben estar agradecidos), mientras que la responsabilidad de su desventaja se le achaque a algo tan impreciso como "la herencia histórica" o a su intrínseco desarrollo menor como grupo social —¿o biológico?— respecto al resto de la sociedad blanca, sea ésta revolucionaria o desafecta al régimen, burguesa o comunista.

Los negros cubanos constituyen el único grupo social en Occidente que, en los últimos dos siglos, ha pasado por la experiencia histórica de la esclavitud, la libertad bajo las condiciones de la segregación colonial, la racista seudodemocracia de la República y, en otra vertiente no menos racista, del socialismo caudillista de Estado. Es desde esa perspectiva que analizo el artículo del Dr. Morales.

Considero alentador que un autor vinculado a la oficialidad académica del régimen y, más aún, a sus organismos de inteligencia —el CESEU, del cual Morales es o fue director—, decida abordar el tema racial en una publicación como La Jiribilla. A su vez, resulta lastimoso que (cuando la mayoría de la población negra sigue viviendo mayoritariamente en barrios marginales, detentando los peores empleos y constituyendo la mayoría de la población penal del país) el racismo, en lugar de abordarse como el motivo central que explica las causas internas de tales condiciones, se asuma como una preocupación tangencial, sólo para hacerle frente a la opinión de "grupos subalternos" de la política norteamericana, entre los que se me ubica.

Si ese fuese el precio a pagar, con tal de que un intelectual negro subalterno pueda abordar y desarrollar en Cuba una estrategia sobre un problema al que hasta hace poco le tenían puesta la mordaza, asumiría el intento de linchamiento mediático como moneda de cambio, en aras del avance de la discusión pública del tema dentro de la Isla; pero Morales, carente de independencia intelectual y política, ni siquiera cumple ese objetivo.

II. Anticubanías

El articulista de marras asume que el hecho de ser opositor y crítico del régimen convierte ipso facto a tal sujeto en miembro de una "subversión anticubana". Su posición es "tan independiente y democrática", que no concibe una posición "cubana" que no sea a la vez seguidora fiel de las políticas y despropósitos del gobierno castrista. Que quien se presenta como un académico identifique al pueblo y al país con el gobierno, carece del más elemental rigor conceptual. Acaso sea semejante limitación la que le impide vislumbrar otras opciones para los negros cubanos, que no sean las de repetir desgastadas consignas y obedecer a los amos de turno.

Morales, repetidor de las políticas y discursos, me niega la independencia intelectual y política para no quedarse solo en su impuesta militancia subordinada. Cubanía y anticubanía habitan a ambos lados del Estrecho de la Florida, tanto en el poder como en la oposición. Puedo catalogar de pro cubanos, aunque con limitaciones, los programas educativos, de salud pública y servicios sociales gratuitos para todos. Y como anticubano, el deterioro de esos servicios, en aras de una política exterior tendiente a lograr de otros pueblos el agradecimiento que ya el cubano no les tiene.

En la misma dirección, son anticubanas las políticas confiscatorias que niegan a los ciudadanos el derecho a conservar sus propiedades cuando salen del país y les exige —como si fueran extranjeros— un visado para regresar a su tierra, como aquellas políticas que implementan mejores servicios de salud para los extranjeros que para sus propios ciudadanos.

Pasemos a un ejemplo más que ilustrativo: cuando en 1962 el gobierno cubano —de acuerdo con la ex Unión Soviética— introdujo cohetes nucleares de alcance medio en nuestro país, provocando la "Crisis de los Misiles", la Isla estuvo a punto de desaparecer. La dirigencia revolucionaria se oponía a la retirada de los misiles y hasta era partidaria de lanzarlos contra Estados Unidos en caso necesario. Los norteamericanos hubieran sobrevivido a ataque semejante; pero los cubanos, como pueblo, habríamos desaparecido. En tal contexto, los extremismos suicidas de la llamada "política de principios" del gobierno castrista —en tanto implicaban nuestra desaparición— eran totalmente anticubanos.

En esa época, el gobierno cubano calificó de traición el acuerdo entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética para retirar los cohetes. Hay que concluir que la URSS —que, además, obtuvo el compromiso norteamericano de que Cuba no sería agredida— adoptó una posición a favor de la preservación de Cuba como entidad nacional y humana, posición más pro cubana que la del gobierno de Fidel Castro, atrincherado en posiciones lesivas a la propia supervivencia de la nación.

Profundizando en anticubanismos, y sin tocar siquiera la naturaleza del sistema político vigente en la Isla, es evidente que una política económica que impide a los cubanos desarrollar mejores niveles de vida y los hace miserablemente dependientes del Estado, es más anticubana que el propio embargo norteamericano. En definitiva, el embargo externo es la política de un país históricamente en conflicto con el nuestro, mientras que el interno es resultado de las prácticas de un gobierno que, además, en el extremo del delirio, dice representar y defender nuestros intereses.

La población negra es la más afectada por esa política económica. En una economía que no genera riqueza —y dada la herencia histórica de 450 años de colonialismo y neocolonialismo a que se refiere Morales—, las élites en el poder se atrincheran aún más en la tradición de percibir a los negros como accionistas minoritarios a la hora de repartir el poder y la riqueza. Eso explica, en parte, el porqué, a cincuenta años de un proceso que ya es más conservador que revolucionario, los negros constituyen el grupo poblacional de peor nivel de vida en el país, cuya presencia es mayoritaria en las "justas" y "humanas" prisiones de la Cuba "revolucionaria" y "antirracista".

No me molesta coincidir con el señor Morales en el criterio de que las políticas sociales de acceso a la educación y la salud (beneficiadoras de la población negra, tanto como del resto de la ciudadanía) son y fueron medidas pro cubanas; pero, a su vez, el articulista de La Jiribilla carece de la independencia o el valor para concluir conmigo que la situación actual de los negros en Cuba y la ideología racista que aún es, no por inconsciente, menos común y central en el imaginario nacional —e, incluso, en actos del gobierno—, es responsabilidad, por omisión o acción, del grupo que detenta no sólo el poder político sino también la propiedad de todos los medios de producción.

Es el grupo que cuenta con un parlamento unánime y que, por lo tanto, es capaz de legislar la aplicación de políticas específicas para problemas específicos, como la discriminación racial y el racismo, con la misma celeridad con la que —a la luz del Proyecto Varela— legislaron el carácter irreversible del desorden social imperante.

No hacerlo —a pesar de tener todo el poder y los medios a su alcance— se debe, primero, a una cultura racista que la dirigencia revolucionaria, heredera de la ideología de la época colonial, no ha podido ni querido superar, y, segundo, no quiere hacerlo debido a que, con la aparente desaparición de las clases sociales en Cuba —al margen de las que se alientan mediante el usufructo del poder estatal—, el único grupo social que aún mantiene consistencia —ya que su constitución no se reduce a la posición económica, como creía la ortodoxia marxista— es el de los negros.

Resulta claro que un Estado totalitario no puede enarbolar y legislar la práctica de las reivindicaciones específicas de un grupo social cuando la filosofía política y jurídica del poder se basa en la discriminación de la ciudadanía por criterios ideológicos, políticos, económicos y hasta religiosos. En consecuencia, abrir la discusión del problema negro, permitirles organizarse para abogar por sí mismos, resquebrajaría la estructura del sistema totalitario. Otros grupos sociales podrían emerger al escenario político, al menos al civil.

Por eso, la incapacidad del sistema político cubano actual para resolver consecuentemente el problema negro, lo convierte en antinegro, más allá de las declaraciones o deseos de su dirigencia política. El reconocimiento de esa imposibilidad explica que la dirigencia cubana apoye, fuera de Cuba, las agendas que no le permiten defender a los negros en su país. En la nación cubana, por la importancia de los negros en la conformación de la identidad nacional y la independencia del país, es imposible ser antinegro y procubano.

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123 Comentarios


38 por Humberto Perez (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pienso que aunque los hechos puedan mostrar que aun existen divisiones raciales no solo en Cuba sino en muchos otros lugares creo que teoricamente cuando un intelectual se arma y artrinchera desde un grupo social, mucho mas si es signado por la raza, yerra y se convierte tambien en uno de los factores que alimentan la llama de la segregacion. Cualquier intento de agruparce o investigar desde un determinado y estrecho margen racial, sexual, etnico, o de naturaleza semejante, por mas que parezca justo y que se haga con la intencion de "enderezar entuertos", no hace mas que engendrar mas division y seguir el mismo camino segregacionista que trata de criticar. No creo que nadie pueda hacerme teorizar sobre las ventajas o desventajas de mi raza, mi sexo o mi etnia. En el mundo proliferan todo tipo de movimientos "reivindicadores" sexistas o raciales que junto a los "verdes" y vejetarianos,(que dicho sea de paso no quieren la carne pero si arrancan de raiz a las zanahorias y como Pamela A. se hacen ropa interior de lechugas o repoyos), no hacen otra cosa que repetir el mismo viejo patron de separarce y exigir exclusividades que son las mismas que tratan ingenuamente de criticar.
Yo no soy consciente de mi raza, no voy con estigma alguno por la vida y veo que eso mismo pasa con muchos hombres en cualquier cultura. Que puede lograr el hacernos conscientes de de algo asi? Creanme que nada, cuando mas agrandar las diferencias. Cuando al escritor W. Soyinka le preguntaron sobre su origen racial y lo que habia de el en su literatura, el hombre sin raza y de gran inteligencia respodio que "el tigre no muestra su tigritud, salta".

37 por Leonardo Gamboa (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Muy bueno el artículo o respuesta de Patterson. Ha puesto los puntos sobre las íes. Todo lo que ha dicho es la pura verdad. En Cuba, donde el gobierno es omnipotente y dueño de todo, los negros son excluidos de los hoteles, como dependientes de las tiendas en divisas, de todo lo que sea trato con extranjeros y moneda dura. ¿Es que acaso no hay afrodescendietes calificados para esas posiciones? ¿Será acaso que ninguno de ellos tenga "buena presencia"? Nadie me lo contó, lo vi con mis propios ojos. En USA, un país con un largo historial racista, hay muy buena representación de la población negra tanto en lo público como en lo privado: desde trabajos gubernamentales hasta hoteles etc. Y Brasil, otro país latinoamericano con una historia similar a la de Cuba, hoy hace esfuerzos por que la población negra y mulata estén bien representadas en las universidades. En fin, como dijo alguien por ahí, todo eso que se ha tratado de esconder debajo de la alfombra, por así decirlo, saldrá a la superficie en la Cuba del futuro. No va a ser fácil. Ojalá se reconozcan los justos reclamos de todos los cubanos y todos pongamos de nuestra parte para que Cuba sea un país mucho mejor de lo que ha sido hasta ahora. Así todos, blancos, negros y entreveraos tendremos más orgullo de nuestra nación y habrá más armonía, factores indispensables para el verdadero progreso.

36 por Para el Seboruco de Dario (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pero que pedazo de imbecil este Dario Machado! Es que no tendran las gentes de Linea y A a nadie mejor para ripostar? Coño, la verdad que el picadillo de soya ha hecho mella en "intelectulidad" oficialista en la isla......

35 por Neo-cimarrón (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Hallo interesante el artículo de Enrique Patterson, aun cuando haya puntos no suficientemente esclarecidos.

Es comprensible el racismo reactivo (a la defensiva) del profesor Patterson. Pero creo que EP se centra demasiado en el hecho anecdótico de la pigmentación de la piel.

A mi juicio --- sin pretender tampoco tener toda la verdad en la mano---, la etiqueta de "negro" (entendida en sentido sociológico) se ajusta a la mayor parte de la población cubana.

Negros, mulatos, jabaos, capirros, blancos, blancuzos y empercudidos se apiñan por igual en el mismo barracón castrista. En esa Habana casi totalmente favelizada, todo el mundo anda bajo la vigilancia del mismo mayoral. Y todo el mundo (o casi) anda buscando la forma de huir a la primera para escapar del cepo y los grilletes.

Montarse en una balsa es la nueva forma de coger el monte como esclavo fugitivo. Te lo asegura un neo-cimarrón.

34 por Jose Rojas (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

Estimado Colega E. Patterson,

Te felicito por tu artículo, me hubiera gustado que te refirieras a cómo el gobierno de Fidel Castro privó a los boxeadores cubanos Rigondeaux y Lara
del derecho a escoger libremente su destino,o el país que quieran ir a competir, como personas libres que son.

Saludos de José Rojas
Profesor de Ciencias y Matematicas
Miami, Florida


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