A debate
Racismo, totalitarismo y democracia
Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.
III. Desigualdades y divisiones
Morales se suma al criterio —conservador y reaccionario— asumido tanto por comunistas como por muchos de sus opositores, que explica las desventajas de los negros respecto al resto de la sociedad como "resultado de los diferentes puntos de partida históricos con que arribaron a 1959 los diferentes grupos raciales". Es decir, que aun con las políticas universalistas de la Revolución, los negros siempre formarán un grupo subordinado, debido a que su punto de partida —a la hora de apropiarse de los accesos universales brindados por la revolución— era inferior. En esa lógica, los negros —no importa cuánto avancen— serían siempre subordinados, parafraseando la aporía de Aquiles y la Tortuga.
Más que un luchador por la igualdad, Morales se convierte en un teórico en desigualdades cuasi naturales. Tanto él como el poder que lo emplea, han olvidado que la llamada Revolución se anunció bajo la consigna de la igualdad y la libertad. En el proceso, presuntamente la segunda fue sacrificada en beneficio de la primera. Pues bien, resulta que ahora la única desigualdad tolerable —por razón de la historia—, en un régimen que presume de ser igualitarista, es la que ubica a los negros en la peor situación económica y social en el conjunto de la ciudadanía.
El argumento —típicamente racista— es añejo, y pervive a pesar de la diferencia de ideología política de los grupos en el poder y sus voceros intelectuales. Ya Mañach — escuela a la que tanto el Dr. Morales como los hermanos Castro pueden suscribirse— argumentaba que la solución del problema racial había que dejársela "al tiempo" y que no era conveniente fomentar las ideologías de los "particularismos" al respecto. En Cuba, hasta los que se llaman revolucionarios son conservadores —y coinciden con ellos— cuando se trata del problema racial.
En círculos del exilio se dice que el racismo, como práctica y propaganda, comenzó con el régimen de Fidel Castro y —a partir de las diferencias entre el modelo de racismo anglo (de exclusión) respecto al latino (de convivencia)— consideran que los racistas propiamente son "los americanos". El régimen, en la voz de Morales, ve ahora también el racismo y la discriminación como fenómenos propios de "los americanos" y de "la republiqueta" del Miami blanco cubano.
Ambos bandos expulsan hacia el otro —los yanquis o el castrismo— el fantasma de su mal interior y signan al adversario político como discriminador y racista, mientras se perciben envueltos en las sedas neutras de la inocencia. Ya tienen algo en común: el síndrome de la negación respecto al tema negro. Por cierto, en el necesario y útil discurso de la reconciliación, a ninguno de sus ponentes en el exilio le he escuchado incluir el tema negro, a pesar de que cincuenta años de división nacional pesan —histórica, social y políticamente— menos que cuatrocientos de división racial. ¿O no es la discriminación racial un problema nacional para ellos?
Si nos atenemos al Programa del Moncada, expuesto por Castro en La Historia me Absolverá, el problema racial no ocupó ni una línea en su "alegato de defensa". Nunca en el Movimiento 26 de Julio, ni en el Directorio, ese fue un tema de preocupación. El problema, al parecer, era visto "como una costumbre" acaso tan folclórica como arroyar en los carnavales o pelear gallos. Morales reconoce que el tema, "después de ser fuertemente abordado por el máximo líder de la Revolución en 1959, no fue consecuentemente seguido después y pernoctó desde entonces en el silencio". ¿En el silencio de quién?
En verdad, el líder apeló al tema negro cuando, al darle a la Revolución un viraje ideológico hacia un sistema totalitario, parte de la clase media —fundamentalmente blanca, que era la base del Movimiento 26 de Julio— se apartó de sus filas sintiéndose traicionada. En ese momento, para reconstituir su base política, la Revolución apeló al único grupo social que siempre había sido preterido. Luego de afianzarse en el poder, los negros dejaron de ser necesarios, para convertirse en un grupo molesto si eran capaces de articular su voz y abogar por sus reivindicaciones.
El silencio del líder se identifica con el silencio voluntario de los interesados, pero no fue así. El silencio del líder estuvo acompañado por la represión de los intelectuales negros que creyeron que, en la Revolución, tenían derecho a una voz independiente. Creencia por la cual enloquecieron al teórico marxista Walterio Carbonell. Menos ingenuo, el sociólogo marxista René Betancourt emigró a Norteamérica. El etnólogo Carlos Moore —que se dirigió personalmente a Castro, señalándole el problema en los años sesenta, y después fue internado en una granja de reeducación y trabajo forzado— tuvo que exiliarse en la Embajada de Guinea para salvar la vida o la razón.
El acceso gratuito a la educación y la ya deficiente cobertura universal de salud se les ha querido cobrar a los negros con una cuota extra de un agradecimiento que no se corresponde con la actitud de un ciudadano digno y libre. Como si en lugar de derechos, fueran dádivas inmerecidas, dada su condición de ciudadanos de segunda. Nunca he escuchado al gobierno sueco exigirle semejante actitud a los lapones, ni he visto lapones con actitudes genuflexas hacia el poder y la corona sueca, como las del Dr. Morales hacia el poder castrista.
Morales nos explica parcialmente a qué se debió esa política de ruidos (1959) y silencios (casi hasta hoy) respecto al problema racial. Para la dirigencia de la Revolución, "el tema racial pasó a ser considerado como algo que podía dividir a las fuerzas revolucionarias ante las difíciles batallas que se debían enfrentar" (el subrayado es mío). O lo que es lo mismo, que ante los retos que la Revolución debía enfrentar, el problema de la desigualdad racial podía pasar —como siempre— a un segundo plano. La desigualdad racial sólo podía ser tratada en los términos en que la nueva élite la entendía. Al cerrar la dirigencia dicha discusión, los negros no tenían el derecho ni la autonomía para plantearlo con sus términos. De nuevo, las necesidades de la "unidad nacional" y la estabilidad del régimen se daban sobre la base de sacrificar los intereses de la parte más explotada y/o preterida de la población.
La justificación o la comprensión de un intelectual negro acerca de semejante política lo convierte ipso facto en un despreciable "subalterno". En mi opinión, tal concesión no debemos hacérsela ni a la "republiqueta" miamense, ni al castrismo, ni a los extraterrestres o a los norteamericanos. La subordinación de los problemas de la población negra cubana a una supuesta unidad nacional que los ubica en la categoría subalterna, fue la política de las élites desde antes de la constitución de la República nacida en 1902, que sin el concurso de los negros en tres guerras independentistas, no habría visto la luz.
La única diferencia entre la situación prerrevolucionaria y la actual radica en que la limitada democracia racista surgida en 1902, si bien impidió —por la vía legislativa y las masacres genocidas de 1912— la creación de partidos políticos negros, aún les permitía la expresión de sus intereses en la arena pública, mientras que el nuevo poder revolucionario, más antidemocrático, lo prohibió.
Los mismos argumentos de Morales describen un patrón de comportamiento de las élites blancas en el poder o que aspiran a estarlo: convocar y utilizar a los negros con el discurso abstracto de la igualdad y la integración, si son necesarios para llevar a cabo una agenda política, para luego subordinarlos y/o silenciarlos cuando se logran esos objetivos.
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123 Comentarios
108 por Corazón mestizo (Usuario no autenticado) 10/12/2007 9:20
Pero Franelo acabemos de una vez hombre, si los blancos cubanos no son puros, entonces no son blancos y no hay mayoría blanca en Cuba. Ser blanco, como se entiende en el norte de Europa, que es a quienes pretenden copiar los españoles arrepenti'os, significa ser anglosajón, vikingo o ario, en otras palabras rubios y de ojos azules chico. Cuba, como buena parte de España y el Sur de Europa debe acabar de abrazar su mezcla y quitarse ese tonto complejo de culpa sobre si son más o menos blancos.
La civilización occidental nació de la mezcla y fue esa mezcla la que le abrió los caminos hacia el resto del mundo. Los cubanos tienen que madurar y entender que para los racistas, no importan los argumentos históricos, genéticos o de cualquier otro tipo, para ellos Cuba será siempre una isla contaminada racialmente porque ese argumento los hace sentir mejor y les da seguridad. Como hispano-cubano viviendo en Sevilla les digo que no sacaremos nada autoengañándonos con respecto a nuestras herencias; como bien dices España ya estaba mezclada antes de 1492 y no sólo de árabes y judíos, sino de negros también, que ya los había en estas tierras, esclavos y libres.
Si bien es cierto que fuera de La Habana se ven más "blancos", también lo es que es en las ciudades donde se concentra la mayor parte de la población ¿y me vas a decir que Santiago de Cuba tiene mayoría "blanca, o Matanzas e incluso Villa Clara y Pinar del Río? Si es así entonces estamos hablando de dos Cubas diferentes porque hasta en ciudades como Holguín, famosa por su racismo, la población mezclada es bastante visible, lo mismo en Cienfuegos y Camaguey que son territorios "blancos".
Aquí el asunto es sí, llamar la atención sobre el racismo existente en Cuba, pero hacerlo sobre la base de la realidad social para que lejos de perpetuarlo se supere y produzca bienestar colectivo en vez de manías de grandeza y rencor.
107 por NUBIA (Usuario no autenticado) 10/12/2007 9:20
En Cuba existe mucha confusion con respecto a las razas, como dije anteriormente mi abuela es negra y mi abuelo blanco descendiente de espanol, mi madre nacio con el pelo lacio y la tez blanca, tan blanca que nadie creia que fuese la hija de mi abuela negra, ella la pobre estaba muy orgullosa de que mi madre pasase por blanca y asi no sufriese la discriminacion que ella habia sentido, en el censo nacional la registraba como blanca Porque?. La respuesta es bien sencilla, cuando eres blanco en Cuba la vida te es mas facil, nadie te dice, Tenia que ser blanco!, la policia no te hostiga al no ser que muestres una posicion politica diferente a la del gobierno. Ademas ser blanco significa tomar credito por mucho de los logros cientificos asociados a la raza blanca. En la escuela en Cuba escuchas expresiones como: Los blancos lo hemos inventado todo! Que han inventado los blancos cubanos? Se han inventado el mito de que son mayoria blanca y lo mas triste es que se lo creen. Cuba es famosa en el mundo por su musica que es de origen afrocubano y si existe un blanco famoso e inventor es Castro, famoso por haber destruido un pais y deberian darle un premio nobel de mejor alquimista por convertir una isla tan bella en porqueria. Por eso estoy de acuerdo con la nomenclatura que se utiliza aqui en los EEUU donde al llamado "blanco cubano" lo definen como "latino" o "hispano" al igual que los mexicanos y todos los descendientes de los espanoles. Como se explica el hecho de que una persona sea blanca en Cuba y en Europa lo confundan con "Gitanos, Arabes o Turcos?. Eso demuestra el gran fraude racial del cual habla el afrocubano en su escrito, no existe ningun principio cientifico que pruebe que un cambio de pais puede provocar tal mutacion. Yo en Cuba era negra o mulata y aqui sigo siendo negra.
Hace unos meses hablaba por telefono con mi madre en Cuba y le decia que tenia novio, su primera pregunta fue, Es blanco? NO le conteste. A ella no le interesaba si era ingeniero, medico o por lo menos un buen ser humano. Tuve que explicarle que aqui en los EEUU lo mas importante es el dinero y que a diferencia de Cuba aqui los negros han tenido muchos logros en la politica y la economia, pero lo mas ironico de todo esto es que mi padre, su esposo es negro. Mi madre todavia es victima de esa mentalidad mediocre y eurocentrista que provoca que en Cuba todos quieran ser blanco y pertenecer a ese "62.7%"
Saludos
Nubia
www.myspace.com/princesanubia
106 por Aurelio Frometa (Usuario no autenticado) 09/12/2007 11:00
El comentario del nick Franelo es muy razonable,por supuesto que la mayoría de la población de Cuba,no es negra, aunque hay diversas etnias, por ejemplo en las zonas orientales hay muchas personas que le dicen "el chino" o la "china" y son personas con rasgos de los indocubanos decendientes de siboneyes y tainos que se fueron integrando como dice el verso de Nicolás Guillén "Todo mezclado.."
La diversidad racial tiene un espectro amplio.Apruebo los señalamientos de Patterson pero no estoy de acuerdo con el linchamiento contra el profesor Morales.Una cosa son los debates interesantes sobre estos temas y otro es denostar a un maestro destacado porque no es miamero.
Aurelio Frometa
105 por El Chacal Negro (Usuario no autenticado) 07/12/2007 20:20
Primeramente mis saludos sr Patterson.
como todos sus temas, siempre llenos de dolorosas, verdades que duelen, es una pena que los negros cubanos de la isla no se enteren de todo esto que se esta debatiendo en la red por la falta de comunicacion. Espero seguir escuchando verdades.
El comentario del ING. Juan Lawton : De los nuestro
104 por Fray Franelo (Usuario no autenticado) 06/12/2007 14:00
Los que conocen solamente La Habana piensan que negros y mulatos constituyen mayoría. Falso de toda falsedad. Cuba es mucho más que La Habana. Aunque la capital tenga dos millones de habitantes, en el resto del país viven unos diez millones mayoritariamente blancos. Digo esto no porque sea bueno o malo, sino porque es la verdadera realidad demoscópica. Que el blanco cubano no sea blanco puro, eso es otra cosa. ¿Pero dónde existe raza pura? Menos aún, en la cultura hispana. La población española ya iba bastante mezclada cuando se trasladó a América. Lo cual a mí me parece excelente. La España medieval era un crisol de razas: árabes y judíos se abrazaron y procrearon con celtíberos y carpetovetónicos. Cierto que venimos de lejos y andamos de dos en dos. Y el que no tiene de congo, ya se sabe. Pero coincido con Luis Cino. La solución de Patterson es apagar el fuego con más petróleo. Es una propuesta incendiaria que debe rechazarse.
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