viernes 5 de septiembre de 2008 6:28
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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III. Desigualdades y divisiones

Morales se suma al criterio —conservador y reaccionario— asumido tanto por comunistas como por muchos de sus opositores, que explica las desventajas de los negros respecto al resto de la sociedad como "resultado de los diferentes puntos de partida históricos con que arribaron a 1959 los diferentes grupos raciales". Es decir, que aun con las políticas universalistas de la Revolución, los negros siempre formarán un grupo subordinado, debido a que su punto de partida —a la hora de apropiarse de los accesos universales brindados por la revolución— era inferior. En esa lógica, los negros —no importa cuánto avancen— serían siempre subordinados, parafraseando la aporía de Aquiles y la Tortuga.

Más que un luchador por la igualdad, Morales se convierte en un teórico en desigualdades cuasi naturales. Tanto él como el poder que lo emplea, han olvidado que la llamada Revolución se anunció bajo la consigna de la igualdad y la libertad. En el proceso, presuntamente la segunda fue sacrificada en beneficio de la primera. Pues bien, resulta que ahora la única desigualdad tolerable —por razón de la historia—, en un régimen que presume de ser igualitarista, es la que ubica a los negros en la peor situación económica y social en el conjunto de la ciudadanía.

El argumento —típicamente racista— es añejo, y pervive a pesar de la diferencia de ideología política de los grupos en el poder y sus voceros intelectuales. Ya Mañach — escuela a la que tanto el Dr. Morales como los hermanos Castro pueden suscribirse— argumentaba que la solución del problema racial había que dejársela "al tiempo" y que no era conveniente fomentar las ideologías de los "particularismos" al respecto. En Cuba, hasta los que se llaman revolucionarios son conservadores —y coinciden con ellos— cuando se trata del problema racial.

En círculos del exilio se dice que el racismo, como práctica y propaganda, comenzó con el régimen de Fidel Castro y —a partir de las diferencias entre el modelo de racismo anglo (de exclusión) respecto al latino (de convivencia)— consideran que los racistas propiamente son "los americanos". El régimen, en la voz de Morales, ve ahora también el racismo y la discriminación como fenómenos propios de "los americanos" y de "la republiqueta" del Miami blanco cubano.

Ambos bandos expulsan hacia el otro —los yanquis o el castrismo— el fantasma de su mal interior y signan al adversario político como discriminador y racista, mientras se perciben envueltos en las sedas neutras de la inocencia. Ya tienen algo en común: el síndrome de la negación respecto al tema negro. Por cierto, en el necesario y útil discurso de la reconciliación, a ninguno de sus ponentes en el exilio le he escuchado incluir el tema negro, a pesar de que cincuenta años de división nacional pesan —histórica, social y políticamente— menos que cuatrocientos de división racial. ¿O no es la discriminación racial un problema nacional para ellos?

Si nos atenemos al Programa del Moncada, expuesto por Castro en La Historia me Absolverá, el problema racial no ocupó ni una línea en su "alegato de defensa". Nunca en el Movimiento 26 de Julio, ni en el Directorio, ese fue un tema de preocupación. El problema, al parecer, era visto "como una costumbre" acaso tan folclórica como arroyar en los carnavales o pelear gallos. Morales reconoce que el tema, "después de ser fuertemente abordado por el máximo líder de la Revolución en 1959, no fue consecuentemente seguido después y pernoctó desde entonces en el silencio". ¿En el silencio de quién?

En verdad, el líder apeló al tema negro cuando, al darle a la Revolución un viraje ideológico hacia un sistema totalitario, parte de la clase media —fundamentalmente blanca, que era la base del Movimiento 26 de Julio— se apartó de sus filas sintiéndose traicionada. En ese momento, para reconstituir su base política, la Revolución apeló al único grupo social que siempre había sido preterido. Luego de afianzarse en el poder, los negros dejaron de ser necesarios, para convertirse en un grupo molesto si eran capaces de articular su voz y abogar por sus reivindicaciones.

El silencio del líder se identifica con el silencio voluntario de los interesados, pero no fue así. El silencio del líder estuvo acompañado por la represión de los intelectuales negros que creyeron que, en la Revolución, tenían derecho a una voz independiente. Creencia por la cual enloquecieron al teórico marxista Walterio Carbonell. Menos ingenuo, el sociólogo marxista René Betancourt emigró a Norteamérica. El etnólogo Carlos Moore —que se dirigió personalmente a Castro, señalándole el problema en los años sesenta, y después fue internado en una granja de reeducación y trabajo forzado— tuvo que exiliarse en la Embajada de Guinea para salvar la vida o la razón.

El acceso gratuito a la educación y la ya deficiente cobertura universal de salud se les ha querido cobrar a los negros con una cuota extra de un agradecimiento que no se corresponde con la actitud de un ciudadano digno y libre. Como si en lugar de derechos, fueran dádivas inmerecidas, dada su condición de ciudadanos de segunda. Nunca he escuchado al gobierno sueco exigirle semejante actitud a los lapones, ni he visto lapones con actitudes genuflexas hacia el poder y la corona sueca, como las del Dr. Morales hacia el poder castrista.

Morales nos explica parcialmente a qué se debió esa política de ruidos (1959) y silencios (casi hasta hoy) respecto al problema racial. Para la dirigencia de la Revolución, "el tema racial pasó a ser considerado como algo que podía dividir a las fuerzas revolucionarias ante las difíciles batallas que se debían enfrentar" (el subrayado es mío). O lo que es lo mismo, que ante los retos que la Revolución debía enfrentar, el problema de la desigualdad racial podía pasar —como siempre— a un segundo plano. La desigualdad racial sólo podía ser tratada en los términos en que la nueva élite la entendía. Al cerrar la dirigencia dicha discusión, los negros no tenían el derecho ni la autonomía para plantearlo con sus términos. De nuevo, las necesidades de la "unidad nacional" y la estabilidad del régimen se daban sobre la base de sacrificar los intereses de la parte más explotada y/o preterida de la población.

La justificación o la comprensión de un intelectual negro acerca de semejante política lo convierte ipso facto en un despreciable "subalterno". En mi opinión, tal concesión no debemos hacérsela ni a la "republiqueta" miamense, ni al castrismo, ni a los extraterrestres o a los norteamericanos. La subordinación de los problemas de la población negra cubana a una supuesta unidad nacional que los ubica en la categoría subalterna, fue la política de las élites desde antes de la constitución de la República nacida en 1902, que sin el concurso de los negros en tres guerras independentistas, no habría visto la luz.

La única diferencia entre la situación prerrevolucionaria y la actual radica en que la limitada democracia racista surgida en 1902, si bien impidió —por la vía legislativa y las masacres genocidas de 1912— la creación de partidos políticos negros, aún les permitía la expresión de sus intereses en la arena pública, mientras que el nuevo poder revolucionario, más antidemocrático, lo prohibió.

Los mismos argumentos de Morales describen un patrón de comportamiento de las élites blancas en el poder o que aspiran a estarlo: convocar y utilizar a los negros con el discurso abstracto de la igualdad y la integración, si son necesarios para llevar a cabo una agenda política, para luego subordinarlos y/o silenciarlos cuando se logran esos objetivos.

123 Comentarios


63 por Mario Fab (Usuario no autenticado) 17/11/2007 22:30

Claro berebere que los cambio. Si tengo a patterson lo doy a cambio de Nubia. De verdad que de negritud a negritud me quedo con Nubia y su racismo que con Patterson hablando y hablando. Viva Nubia, una creacion divina! Comandante Nubia, ordene!

62 por Mulato blanconazo (Usuario no autenticado) 17/11/2007 9:00

Las premisas raciales de Paterson y Morales están equivocadas, luego sus planteamientos, aunque con aciertos momentaneos por aquí y por allá, están fundamentalmente errados. Cuba nunca ha sido una nación pura racialmente, como tampoco lo fue España, ni el Sur de Europa en su conjunto. Cualquiera que haya leído el ensayo ¿Qué es una nación? de Renan lo sabe. Como alguien dijo aquí antes, la superioridad racial es una invención moderna creada para perpetuar el control y dominio sobre vastas riquezas económicas.
Después que los españoles se dieron cuenta de que los indígenas no iban a ser cristianizados como ellos querían, comenzaron a usar la raza como medidor social, lo cual pronto se convirtió en otra falacia cultural. Hubo más hombres que mujeres en la colonización, lo cual hizo que los conquistadores de todos los estratos se mezclaran con las poblaciones indígeneas. En Cuba, en las montañas de Baracoa, existen leyendas de poblaciones fundadas por españoles y mujeres indígenas, cuyos descendientes todavía existen en esa zona. En México, Hernán Cortés dejo su herencia a todos sus hijos, varios de ellos meztizos tenidos con mujeres indígenas. Y leyendo al Inca Garcilaso encontraremos el mismo tipo de información sobre el Perú. Ni hablar de lo que sucedió en el Caribe con la entrada de los esclavos africanos.
Cuba debería celebrar sin complejos su "corazón mestizo" y enfrentar la realidad genética e histórica de que la condición humana no se mide por el color de la piel, sino por el contenido del carácter. Debajo del pellejo los humanos tenemos una misma raíz biológica, las mismas abilidades, y ubicados en el contexto justo, podemos alcanzar el mismo conocimiento que cualquiera sobre cualquier tema. Si alguien quiere creer una cosa diferente, ya sea para sentirse superior o inferior, es un asunto privado y como tal debe ser considerado.

61 por Para Nubia y Patterson (Usuario no autenticado) 17/11/2007 8:50

Qué lástima Nubia, que siendo una mujer tan joven, hermosa y talentosa, seas tan racista y tengas tantos complejos de inferioridad. Son tan bellos nuestros negros como nuestros blancos, no todos son mestizos, ni los negros ni los blancos. No hay que ser alto para ser puro. Y sino échale así como quien no quiere la cosa un vistazo a los parisinos. Joder. Te gustan los blancos que te han maltratado, como a mí un negro a quien amé con locura. Pero eso no me llena de odios ni rencores porque una golondrina no compone un verano. Nuestros cubanos todos son hermosos. Y es una lástima el mal que nos ha caído a todos. Cuando Cuba se libere, lo que habrá entre todos, negros, blancos, chinos, mulatos, judíos y árabes, que también los hay, es amor Nubia. Amor. Esas palabras peyorativas que has puesto sólo caben en un corazón lleno de envidias, inquinas y odios. No, Nubia, no será como dices porque estás equivocada. El tema del racismo es feo y agrio. Y lo veo en ti. Igual que veo paz y afecto en mis hermanos cubanos de todos los colores. En Patterson, como en ti, desgraciadamente, aún hay un racismo que tienen que sacarse del alma. Es triste. Pero son ustedes los segregacionistas. Sus comentarios son los más racistas que he visto en los últimos diez años entre cubanos.

60 por Escep Tico (Usuario no autenticado) 17/11/2007 8:40

Me parece que falta algo muy importante en esta larga discusión: las estadísticas. Hay muy pocas para comparar. No hay ni siquiera estadísticas sobre el número de presos comunes, mucho menos de la raza a la que pertenecen. O las hay, pero son secreto de estado. El pueblo se informa "a ojo de buen cubero", con aproximaciones y conclusiones impresionistas. El gobierno cubano no quiere dar estadísticas sobre este tema porque sería muy peligroso. Aquí en EEUU, cada clase de médicos que se gradúa o que son aceptados a la carrera lleva una retahíla de estadísticas con las que se puede trabajar. Entonces, hay comparaciones. No así en Cuba.

59 por Berebere (Usuario no autenticado) 17/11/2007 8:40

El pobre Patterson logro su objetivo de manera record: ha sido leido esta semana mas que nunca en su vida, y que lo que sera leido en lo que le queda. Fue un choque de trenes del hersey: Esteban Morales contra Enrique Patterson. Un choque de trenes matumbos, sin energia, sin nada, sin ideas. Dos trenes decadentes. Lo mejor de todo ha sido la foto de Nubia. Saludos desde la Habana, princesa! Diganme en serio: alguno de Udsd cambiarian a Nubia por Patterson?


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