domingo 23 de noviembre de 2008 10:02
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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III. Desigualdades y divisiones

Morales se suma al criterio —conservador y reaccionario— asumido tanto por comunistas como por muchos de sus opositores, que explica las desventajas de los negros respecto al resto de la sociedad como "resultado de los diferentes puntos de partida históricos con que arribaron a 1959 los diferentes grupos raciales". Es decir, que aun con las políticas universalistas de la Revolución, los negros siempre formarán un grupo subordinado, debido a que su punto de partida —a la hora de apropiarse de los accesos universales brindados por la revolución— era inferior. En esa lógica, los negros —no importa cuánto avancen— serían siempre subordinados, parafraseando la aporía de Aquiles y la Tortuga.

Más que un luchador por la igualdad, Morales se convierte en un teórico en desigualdades cuasi naturales. Tanto él como el poder que lo emplea, han olvidado que la llamada Revolución se anunció bajo la consigna de la igualdad y la libertad. En el proceso, presuntamente la segunda fue sacrificada en beneficio de la primera. Pues bien, resulta que ahora la única desigualdad tolerable —por razón de la historia—, en un régimen que presume de ser igualitarista, es la que ubica a los negros en la peor situación económica y social en el conjunto de la ciudadanía.

El argumento —típicamente racista— es añejo, y pervive a pesar de la diferencia de ideología política de los grupos en el poder y sus voceros intelectuales. Ya Mañach — escuela a la que tanto el Dr. Morales como los hermanos Castro pueden suscribirse— argumentaba que la solución del problema racial había que dejársela "al tiempo" y que no era conveniente fomentar las ideologías de los "particularismos" al respecto. En Cuba, hasta los que se llaman revolucionarios son conservadores —y coinciden con ellos— cuando se trata del problema racial.

En círculos del exilio se dice que el racismo, como práctica y propaganda, comenzó con el régimen de Fidel Castro y —a partir de las diferencias entre el modelo de racismo anglo (de exclusión) respecto al latino (de convivencia)— consideran que los racistas propiamente son "los americanos". El régimen, en la voz de Morales, ve ahora también el racismo y la discriminación como fenómenos propios de "los americanos" y de "la republiqueta" del Miami blanco cubano.

Ambos bandos expulsan hacia el otro —los yanquis o el castrismo— el fantasma de su mal interior y signan al adversario político como discriminador y racista, mientras se perciben envueltos en las sedas neutras de la inocencia. Ya tienen algo en común: el síndrome de la negación respecto al tema negro. Por cierto, en el necesario y útil discurso de la reconciliación, a ninguno de sus ponentes en el exilio le he escuchado incluir el tema negro, a pesar de que cincuenta años de división nacional pesan —histórica, social y políticamente— menos que cuatrocientos de división racial. ¿O no es la discriminación racial un problema nacional para ellos?

Si nos atenemos al Programa del Moncada, expuesto por Castro en La Historia me Absolverá, el problema racial no ocupó ni una línea en su "alegato de defensa". Nunca en el Movimiento 26 de Julio, ni en el Directorio, ese fue un tema de preocupación. El problema, al parecer, era visto "como una costumbre" acaso tan folclórica como arroyar en los carnavales o pelear gallos. Morales reconoce que el tema, "después de ser fuertemente abordado por el máximo líder de la Revolución en 1959, no fue consecuentemente seguido después y pernoctó desde entonces en el silencio". ¿En el silencio de quién?

En verdad, el líder apeló al tema negro cuando, al darle a la Revolución un viraje ideológico hacia un sistema totalitario, parte de la clase media —fundamentalmente blanca, que era la base del Movimiento 26 de Julio— se apartó de sus filas sintiéndose traicionada. En ese momento, para reconstituir su base política, la Revolución apeló al único grupo social que siempre había sido preterido. Luego de afianzarse en el poder, los negros dejaron de ser necesarios, para convertirse en un grupo molesto si eran capaces de articular su voz y abogar por sus reivindicaciones.

El silencio del líder se identifica con el silencio voluntario de los interesados, pero no fue así. El silencio del líder estuvo acompañado por la represión de los intelectuales negros que creyeron que, en la Revolución, tenían derecho a una voz independiente. Creencia por la cual enloquecieron al teórico marxista Walterio Carbonell. Menos ingenuo, el sociólogo marxista René Betancourt emigró a Norteamérica. El etnólogo Carlos Moore —que se dirigió personalmente a Castro, señalándole el problema en los años sesenta, y después fue internado en una granja de reeducación y trabajo forzado— tuvo que exiliarse en la Embajada de Guinea para salvar la vida o la razón.

El acceso gratuito a la educación y la ya deficiente cobertura universal de salud se les ha querido cobrar a los negros con una cuota extra de un agradecimiento que no se corresponde con la actitud de un ciudadano digno y libre. Como si en lugar de derechos, fueran dádivas inmerecidas, dada su condición de ciudadanos de segunda. Nunca he escuchado al gobierno sueco exigirle semejante actitud a los lapones, ni he visto lapones con actitudes genuflexas hacia el poder y la corona sueca, como las del Dr. Morales hacia el poder castrista.

Morales nos explica parcialmente a qué se debió esa política de ruidos (1959) y silencios (casi hasta hoy) respecto al problema racial. Para la dirigencia de la Revolución, "el tema racial pasó a ser considerado como algo que podía dividir a las fuerzas revolucionarias ante las difíciles batallas que se debían enfrentar" (el subrayado es mío). O lo que es lo mismo, que ante los retos que la Revolución debía enfrentar, el problema de la desigualdad racial podía pasar —como siempre— a un segundo plano. La desigualdad racial sólo podía ser tratada en los términos en que la nueva élite la entendía. Al cerrar la dirigencia dicha discusión, los negros no tenían el derecho ni la autonomía para plantearlo con sus términos. De nuevo, las necesidades de la "unidad nacional" y la estabilidad del régimen se daban sobre la base de sacrificar los intereses de la parte más explotada y/o preterida de la población.

La justificación o la comprensión de un intelectual negro acerca de semejante política lo convierte ipso facto en un despreciable "subalterno". En mi opinión, tal concesión no debemos hacérsela ni a la "republiqueta" miamense, ni al castrismo, ni a los extraterrestres o a los norteamericanos. La subordinación de los problemas de la población negra cubana a una supuesta unidad nacional que los ubica en la categoría subalterna, fue la política de las élites desde antes de la constitución de la República nacida en 1902, que sin el concurso de los negros en tres guerras independentistas, no habría visto la luz.

La única diferencia entre la situación prerrevolucionaria y la actual radica en que la limitada democracia racista surgida en 1902, si bien impidió —por la vía legislativa y las masacres genocidas de 1912— la creación de partidos políticos negros, aún les permitía la expresión de sus intereses en la arena pública, mientras que el nuevo poder revolucionario, más antidemocrático, lo prohibió.

Los mismos argumentos de Morales describen un patrón de comportamiento de las élites blancas en el poder o que aspiran a estarlo: convocar y utilizar a los negros con el discurso abstracto de la igualdad y la integración, si son necesarios para llevar a cabo una agenda política, para luego subordinarlos y/o silenciarlos cuando se logran esos objetivos.

123 Comentarios


38 por Humberto Perez (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pienso que aunque los hechos puedan mostrar que aun existen divisiones raciales no solo en Cuba sino en muchos otros lugares creo que teoricamente cuando un intelectual se arma y artrinchera desde un grupo social, mucho mas si es signado por la raza, yerra y se convierte tambien en uno de los factores que alimentan la llama de la segregacion. Cualquier intento de agruparce o investigar desde un determinado y estrecho margen racial, sexual, etnico, o de naturaleza semejante, por mas que parezca justo y que se haga con la intencion de "enderezar entuertos", no hace mas que engendrar mas division y seguir el mismo camino segregacionista que trata de criticar. No creo que nadie pueda hacerme teorizar sobre las ventajas o desventajas de mi raza, mi sexo o mi etnia. En el mundo proliferan todo tipo de movimientos "reivindicadores" sexistas o raciales que junto a los "verdes" y vejetarianos,(que dicho sea de paso no quieren la carne pero si arrancan de raiz a las zanahorias y como Pamela A. se hacen ropa interior de lechugas o repoyos), no hacen otra cosa que repetir el mismo viejo patron de separarce y exigir exclusividades que son las mismas que tratan ingenuamente de criticar.
Yo no soy consciente de mi raza, no voy con estigma alguno por la vida y veo que eso mismo pasa con muchos hombres en cualquier cultura. Que puede lograr el hacernos conscientes de de algo asi? Creanme que nada, cuando mas agrandar las diferencias. Cuando al escritor W. Soyinka le preguntaron sobre su origen racial y lo que habia de el en su literatura, el hombre sin raza y de gran inteligencia respodio que "el tigre no muestra su tigritud, salta".

37 por Leonardo Gamboa (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Muy bueno el artículo o respuesta de Patterson. Ha puesto los puntos sobre las íes. Todo lo que ha dicho es la pura verdad. En Cuba, donde el gobierno es omnipotente y dueño de todo, los negros son excluidos de los hoteles, como dependientes de las tiendas en divisas, de todo lo que sea trato con extranjeros y moneda dura. ¿Es que acaso no hay afrodescendietes calificados para esas posiciones? ¿Será acaso que ninguno de ellos tenga "buena presencia"? Nadie me lo contó, lo vi con mis propios ojos. En USA, un país con un largo historial racista, hay muy buena representación de la población negra tanto en lo público como en lo privado: desde trabajos gubernamentales hasta hoteles etc. Y Brasil, otro país latinoamericano con una historia similar a la de Cuba, hoy hace esfuerzos por que la población negra y mulata estén bien representadas en las universidades. En fin, como dijo alguien por ahí, todo eso que se ha tratado de esconder debajo de la alfombra, por así decirlo, saldrá a la superficie en la Cuba del futuro. No va a ser fácil. Ojalá se reconozcan los justos reclamos de todos los cubanos y todos pongamos de nuestra parte para que Cuba sea un país mucho mejor de lo que ha sido hasta ahora. Así todos, blancos, negros y entreveraos tendremos más orgullo de nuestra nación y habrá más armonía, factores indispensables para el verdadero progreso.

36 por Para el Seboruco de Dario (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pero que pedazo de imbecil este Dario Machado! Es que no tendran las gentes de Linea y A a nadie mejor para ripostar? Coño, la verdad que el picadillo de soya ha hecho mella en "intelectulidad" oficialista en la isla......

35 por Neo-cimarrón (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Hallo interesante el artículo de Enrique Patterson, aun cuando haya puntos no suficientemente esclarecidos.

Es comprensible el racismo reactivo (a la defensiva) del profesor Patterson. Pero creo que EP se centra demasiado en el hecho anecdótico de la pigmentación de la piel.

A mi juicio --- sin pretender tampoco tener toda la verdad en la mano---, la etiqueta de "negro" (entendida en sentido sociológico) se ajusta a la mayor parte de la población cubana.

Negros, mulatos, jabaos, capirros, blancos, blancuzos y empercudidos se apiñan por igual en el mismo barracón castrista. En esa Habana casi totalmente favelizada, todo el mundo anda bajo la vigilancia del mismo mayoral. Y todo el mundo (o casi) anda buscando la forma de huir a la primera para escapar del cepo y los grilletes.

Montarse en una balsa es la nueva forma de coger el monte como esclavo fugitivo. Te lo asegura un neo-cimarrón.

34 por Jose Rojas (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

Estimado Colega E. Patterson,

Te felicito por tu artículo, me hubiera gustado que te refirieras a cómo el gobierno de Fidel Castro privó a los boxeadores cubanos Rigondeaux y Lara
del derecho a escoger libremente su destino,o el país que quieran ir a competir, como personas libres que son.

Saludos de José Rojas
Profesor de Ciencias y Matematicas
Miami, Florida


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