A debate
Racismo, totalitarismo y democracia
Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.
IV. La democracia
Más que interesado en la situación de sus hermanos negros, el texto de Morales aparece centrado en la defensa —no sé si por vocación o por encargo— del discurso y las prácticas antidemocráticas del régimen castrista. En su criterio, un régimen democrático sólo sería beneficioso "para los racistas de Miami y Washington". Con semejante lógica podríamos afirmar que un régimen totalitario como el cubano sólo es beneficioso para los racistas que, como los capitanes generales del siglo XIX, gobiernan el país como una finca particular.
Respecto a la democracia, Morales tiene un punto que no voy a negarle. A saber: la democracia no es una condición suficiente para acabar con el racismo y la discriminación. Por eso, extendería el calificativo de "republiqueta" —pues eso fue para los negros, a pesar de haber sido los hacedores de la República— tanto a la Cuba anterior como a la actual. El racismo y la discriminación racial no surgieron a causa de la democracia, sino por su ausencia desde el momento histórico de la colonización. Cargar sobre la democracia semejante responsabilidad sólo se le ocurre más a un defensor de dictaduras que a un intelectual preocupado por la situación de los miembros de su grupo socio-racial. La "republiqueta" era caricaturesca no por sus rasgos democráticos, sino por no ser lo suficientemente democrática.
Si no una condición suficiente, la experiencia histórica muestra que la democracia constituye también una condición necesaria para combatir los flagelos del racismo y la discriminación, los cuales no pueden eliminarse a partir de la voluntad de poder de un tirano. En el sistema democrático, por naturaleza siempre perceptible, la solución depende del tramado institucional, la presión ciudadana y la voluntad de los sujetos políticos en juego.
Porque estoy abiertamente a favor de un régimen democrático para mi país, Morales me percibe como un intelectual subalterno de un proyecto pronorteamericano y anticubano. El subconsciente lo traiciona hasta el punto de que, cada vez que alguien habla de régimen democrático, piensa en Estados Unidos y no en el régimen al cual sirve. El gobierno cubano se hace muy poco favor ocupándose en reconocer públicamente las opiniones de los intelectuales negros si se expresan desde el exilio, mientras las ignora, encarcela o silencia cuando se vierten dentro de la Isla. Así, mientras en las élites prerrevolucionarias en el poder, el racismo y la discriminación racial funcionaron como un freno al ejercicio de la democracia; en las actuales, su antidemocratismo las obliga a frenar y silenciar las reivindicaciones antirracistas y antidiscriminatorias.
V. La mirada del enemigo. Agentes del imperio
Según Morales, los "llamados documentos de la transición" de 2004 y 2006 se han propuesto una crítica sin límites de todos los procesos que tienen lugar en la Isla, con el objetivo de ofrecer la peor imagen de Cuba en todos los aspectos de la vida nacional". Agrega que "algunos negros del otro lado del estrecho de la Florida [yo entre ellos] tratan de situar a los negros y mestizos en Cuba como víctimas en su propia tierra". El autor trata de demostrar que mis críticas al régimen se deben a la intención de ponerme a tono con los citados documentos norteamericanos sobre "la transición".
La preocupación sobre la condición de los negros en Cuba, antes y durante la Revolución, ha sido una constante de la intelectualidad negra y, en mi caso, viene desde la década del setenta, cuando aún jóvenes nos reuníamos para discutir estos problemas que, en aquel entonces, pensábamos erróneamente (antes lo hicieron figuras como Walterio Carbonell y Carlos Moore) podían solucionarse en el seno de la Revolución.
La discusión aparecía como un eterno ritornelo en privado, cada vez que intelectuales y profesionales negros de distintas esferas nos encontrábamos a solas, pero nunca podía convertirse en pública debido a las experiencias de represión que sufrieron todos los que en algún momento trataron de hacerlo. Mi llegada al exilio me permitió articular el tema en la esfera pública, no sin una enorme resistencia de parte de sectores del exilio, pero lejos de convertirse en represión política. Mis textos al respecto en Norteamérica son anteriores y posteriores a los años 2004 y 2006. La atención hacia dicho discurso, por parte de sectores del exilio histórico, se debió a muchos factores:
a) La tradicional actitud de rechazo, propia de quienes se dedican a negar el fenómeno de la discriminación racial en la cultura cubana y que, como hace ahora Morales, se dedicaban a criticar mis posiciones.
b) La experiencia norteamericana y del movimiento de los derechos civiles de muchos exiliados los abría a escuchar las visiones que los negros tienen del fenómeno en la cultura cubana.
c) En otros, el oportunismo político de utilizarlo como parte del discurso anticastrista, en un área en la que Castro se ganaba más reconocimiento en la comunidad afroamericana que entre los negros de Cuba.
Mi enfoque al respecto ha sido, y es, no excluir al exilio y a las élites prerrevolucionarias de una práctica que han compartido y comparten con la élite actual cubana. Es lógico que Estados Unidos, en la posición del adversario o enemigo que el castrismo siempre ha deseado tener, trate de criticar y combatir el castrismo en aquellos temas donde realmente ha fallado, a pesar de que la propaganda castrista proclame lo contrario. No es que yo, u otros intelectuales negros en el exterior, me incorpore al discurso norteamericano, sino que el discurso norteamericano ha tomado nota de un tema en el que el castrismo, después de un prolongado ejercicio en el poder, no tiene cómo defenderse a cabalidad.
El enemigo usará las debilidades del castrismo con la misma destreza con que éste usa, en contra de Estados Unidos, los problemas que afronta con el sistema de salud. Sin embargo, sería estúpido pensar que cuando los que aquí vivimos abogamos por reformar el sistema de salud, se debe a que nos incorporamos a la campaña castrista de propaganda antinorteamericana. Tanto un caso como el otro, son realidades que cada quien puede analizar y usar sin necesidad de ponerse en función de intereses ajenos. Las realidades no tienen ideología ni agendas políticas, pertenecen a eso que Lenin llamaba "la terquedad de los hechos". No voy a silenciar mi crítica porque los norteamericanos hayan tomado nota del problema racial en la Isla.
Más allá de que sea una buena o mala política, EE UU puede tener todo el derecho a comerciar o no con Cuba, hacerle préstamos o negárselos; pero no tiene ningún derecho a establecer cuándo el sistema cubano es democrático, ni a decidir los tiempos y las formas en que la democracia tiene que establecerse en Cuba. Puedo coincidir con el doctor Morales en esos temas. Él sí está totalmente incapacitado para coincidir conmigo en cualquier tema crítico hacia el régimen castrista.
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123 Comentarios
78 por De acuerdo con el afrocubano (Usuario no autenticado) 21/11/2007 1:30
No estoy seguro de si pierdo mi tiempo y mis energías escribiendo mensajes que luego me censuran como me pasó hace algunos días en esta misma sección. Amo la ironía. Estoy de acuerdo con el afrocubano, ciento por ciento. Los blancos con los blancos, los negros con los negros, los chinos con los chinos, cada uno a los suyo segregando a los demás. La idea fue impuesta por Nubia que la tomó de un negro norteamericano. Entre más segregados estemos más separada estará la nación. ¡Miran que son racistas! Desde Patterson a Nubia que no hay un comentario que haga donde no diga horrores de los blancos cubanos. Con gentes como ustedes Cuba está perdida. Para Nubia, lo que quiso el estadounidense, creo que afro norteamericano es un apelativo racista, fue cogerle las nalgas. La embaucó pues se ve que está deseosa de que le digan que está buena. No le importa ser fuerte intelectualmente, buena y culta bailarina, no, continúa en el cliché que tanto critica. Bueno sigo, una vez, hace muchos años trabajaba en un hospital de los Estados Unidos. Tenía una enfermera negra con la cual aparentemente nos llevábamos bien. Al menos lo era de mi parte que nunca la vi de ningún color. Pues no hay color en los ojos de mi conciencia social, que conste. Pues bien, la señora tenía una hermosísima hija que había estudiado periodismo y que no encontraba un novio que la llevara al altar. Un día supe que mi mejor amigo cubano había llegado a Canadá e inmediatamente había revalidado su título de ingeniero y ya terminaba la maestría, para seguir al doctorado. Mi amigo era un negro bellísimo, un Adonis de ébano y muy inteligente. Le dije a mi enfermera que se lo presentaría. Me hizo dos preguntas. La primera, ¿es negro? Sí, le contesté. La segunda. ¿Y es canadiense? No, le respondí, cubano. Entonces me dijo sin sonrojarse: pues si es un negro cubano no vale lo que mi hija que es negra americana. Un cubano no vale lo que nosotros. De nada me valió explicarle que habían venido en los mismos navíos, que habían sufrido la misma esclavitud. Mi amigo maravilloso era un negro cubano y, por tanto, no tenía valor alguno en esta sociedad. Juro por Dios que esta historia es real. Me ocurrió a finales de los ochenta. Estoy en contra de toda segregación. No a las separaciones de razas. Cubanos somos todos, desde María Teresa, la gran condesa de Luxemburgo hasta el último habitante de un solar de Marianao. Todos somos uno. Unirnos Nubia. Unirnos Patterson. Unirnos en el amor a Cuba y a nosotros mismos. Ser mejores seres humanos y enfrentarnos al futuro. Ni soy mejor que ustedes por ser blanco de ascendencia española, no andaluza sino judía, ni son ustedes mejores por ser negros puros. Somos cubanos. Más o menos melanina no importa. Luchemos, carajo, por ser un sólo pueblo, una nación con raíces universales. Y seamos hermosos por nuestra inteligencia. He ahí el poder. Todo lo demás, venga de negros, blancos, amarillos, verdes o rosados, es racismo puro e irracional. Acabemos de una vez con él desde nosotros mismos. Para mí el racismo es ignorancia. Y no se puede nadie vanagloriar de inteligente si segrega. Segregar es característico de los animales. Y nosotros tenemos un cerebro que razona. Y nos diferencia.
77 por El convencido (Usuario no autenticado) 20/11/2007 19:10
Curioso y sintomático, el hecho de que, las nalgas de Nubia, terminaran imponiéndose y robándose el show mediático que comenzó con un debate estéril sobre las razas. Que viva la pachanga y las mulatas cubanas.
76 por EL AFROCUBANO (Usuario no autenticado) 20/11/2007 15:10
ESTOY MUY DE ACUERDO CON NUBIA EN LA IDEA DE QUE LOS NEGROS CUBANOS CONTROLEN SUS MEDIOS DE DIFUSION, ME PARECE UNA IDEA BRILLANTE Y LA UNICA MANERA DE ACABAR CON ESA SUPUESTA SUPREMACIA DEL BLANCO CUBANO. EN MIAMI AL IGUAL QUE EN CUBA ESTOS MEDIOS ESTAN CONTROLADOS POR LOS BLANCOS CUBANOS Y LOS NEGROS NO TIENEN NINGUNA REPRESENTACION. CONOZCO EL CASO DE UN ARTISTA BLANCO CUBANO (DON DINERO) QUE PRESENTO SU VIDEO MUSICAL EN UNIVISION Y LAS AUTORIDADES DE ESTE NETWORK LE DIJERON ABIERTAMENTE QUE NO PONDRIAN EL VIDEO MIENTRAS EXISTIERAN IMAGENES DE NEGROS, AQUI LES ENVIO EL ENLACE PARA QUE ESCUCHEN SU TESTIMONIO http://www.youtube.com/watc...-3rj6JDU2c&feature=related. YO NO CREO QUE EL ABOGAR POR LA INDEPENDENCIA ECONOMICA Y POLITICA DE LOS NEGROS CUBANOS AYUDE A INCREMENTAR EL RACISMO QUE YA EXISTE EN CUBA COMO PLANTEAN ALGUNOS, POR LO CONTRARIO LES DARIA A LOS NEGROS CUBANOS LA OPORTUNIDAD DE EXPONER SUS PUNTOS DE VISTAS, COMPETIR CON LOS CANALES Y REVISTAS DE BLANCOS QUE YA EXISTEN EN LA ACTUALIDAD EN AMBOS LADOS DEL ESTRECHO DE LA FLORIDA, CAMBIAR ESA ANAMORFOSIS QUE SE TIENE DEL NEGRO Y GANARSE ASI EL RESPETO QUE NO SE HAN GANADO DE LOS BLANCOS QUE COMO BIEN DICE EL SR PATTERSON SIEMPRE PIENSAN QUE LOS NEGROS DEBEN SUS LOGROS A UNA ENTIDAD SUPERIOR. AQUI EN LOS EEUU LOS NEGROS AMERICANOS HAN AVANZADO POLITICA Y ECONOMICAMENTE MAS QUE LOS BLANCOS CUBANOS DEMOSTRANDO ASI QUE EN UNA ECONOMIA LIBRE DE MERCADO EN IGUALES CONDICIONES LOS NEGROS PUEDEN PROSPERAR IGUAL O MAS QUE LOS BLANCOS.
75 por Pablo Cifuentes (Usuario no autenticado) 20/11/2007 9:00
No hay dudas que el racismo persiste en Cuba. Pero no es producto de la Revolución sino que es una herencia que viene desde la etapa esclavista y colonial. Pero, admito que hay que criticar esa injusticia.Tampoco es justo, que se descalifiquen a todos los intelectuales y profesores que permanecen en Cuba, como el Dr. Esteban Morales. Hay una tendencia a desautorizar a todo el que escribe dentro del país y a sobrevalorar a los del exilio.
Pablo Cifuentes
UH.
74 por Gonzalo Valdés-Busto de Iznaga (Usuario no autenticado) 20/11/2007 8:20
Personalmente nunca he entendido el racismo. Ni de niño. Afortunadamente tengo una madre maravillosa que desde niño me enseñó a no hacer diferencias de ninguna clase cuando se trata de seres humanos. De niño, me sentó en las piernas de Bola de Nieve, a quien quise desde que le ví, y le oí tocar su piano y cantar, maravillado. De niño, me rodeó de seres humanos de todos los colores, clases, virtudes y defectos. Nunca escuché a mi madre decir una frase malsonante en referencia al color o la clase de nadie y me enseñó a ver en el interior de las personas como son, sin prejuicio alguno. En mi misma familia, mi bisabuela, blanca, se casó dos veces: con blanco y negro. Tengo una familia muy armónica, donde blancos, negros, mulatos, en fin, seres humanos, nos reuníamos alrededor de una mesa a compartir animadamente una agradable velada. Cuando iba a dormir, lo mismo me arrullaba mi abuela blanca, que mi tía-abuela negra. Nunca hice distinción, y adoraba a ambas por igual.
A Cuba le queda mucho camino. Tanto para abolir el racismo, como el machismo, además de la misoginia y la homofobia, la hijas mayores de este último. El igualitarismo gubernamental, pese a su vocación de distribuir la riqueza (¿pobreza?) por igual, y sus logros sociales, no ha logrado mermar estos tres males nacionales, quizá por no tener vocación ni visión política para ello, o por estar demasiado ocupado en controlarlo todo. Y esa debe ser una de las tareas primordiales de la democracia cubana, cuando ésta sea viable.
En los Estados Unidos hay canales de televisión por y para los negros, u otros grupos humanos, entre otras muchas cosas, porque tampoco han solucionado el problema y porque la televisión estadounidense no ha querido reflejar la diversidad del país por igual en todos los medios. Que conste, no me opongo a que los negros, o las mujeres o los homosexuales, o los grupos humanos que así lo deseen tengan sus propios medios. Me parece, además, sano y positivo, pero que se haga extensivo y exclusivo, divide a la sociedad y agrava el problema, pues no habría un diálogo que incluya o acoja a toda la sociedad cubana, que es una sola.
Siempre he pensado que lo que nos une es que todos somos hijos de esta hermosa isla en medio del Caribe. A nivel personal es poco importante que el cubano que me cruzo en la calle tenga más o menos melanina en su piel, sea mujer, hombre, y si esta mujer u hombre son, o no, homosexuales. Cuando me encuentro a un/a cubano/a en la calle, y nos reconocemos, siempre hay una sonrisa, un "hola" y una complicidad a prueba de bala.
Cuba tiene una diversidad envidiable que yo no cambiaría por nada del mundo: descendientes de españoles, africanos, franceses, italianos, árabes, chinos, polacos, judíos, ingleses, jamaicanos, haitianos, yucatecos, y hasta de la madre del cordero. Somos un maravilloso crisol, y me cago en la pureza de las razas, que me parecen de lo más aburrido, monótono y soso. Y nuestro problema racial, machista y homofóbico debe comenzar a solucionarse desde nosotros mismos, desde nuestros hogares, inculcándo a nuestros hijos una educación humana y cabal, y luego podremos llevarlo a los gobiernos que constituyamos, como ciudadanos de una Cuba democrática, con plena y total responsabilidad. Os conmino a reflexionar.
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