domingo 7 de septiembre de 2008 20:26
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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IV. La democracia

Más que interesado en la situación de sus hermanos negros, el texto de Morales aparece centrado en la defensa —no sé si por vocación o por encargo— del discurso y las prácticas antidemocráticas del régimen castrista. En su criterio, un régimen democrático sólo sería beneficioso "para los racistas de Miami y Washington". Con semejante lógica podríamos afirmar que un régimen totalitario como el cubano sólo es beneficioso para los racistas que, como los capitanes generales del siglo XIX, gobiernan el país como una finca particular.

Respecto a la democracia, Morales tiene un punto que no voy a negarle. A saber: la democracia no es una condición suficiente para acabar con el racismo y la discriminación. Por eso, extendería el calificativo de "republiqueta" —pues eso fue para los negros, a pesar de haber sido los hacedores de la República— tanto a la Cuba anterior como a la actual. El racismo y la discriminación racial no surgieron a causa de la democracia, sino por su ausencia desde el momento histórico de la colonización. Cargar sobre la democracia semejante responsabilidad sólo se le ocurre más a un defensor de dictaduras que a un intelectual preocupado por la situación de los miembros de su grupo socio-racial. La "republiqueta" era caricaturesca no por sus rasgos democráticos, sino por no ser lo suficientemente democrática.

Si no una condición suficiente, la experiencia histórica muestra que la democracia constituye también una condición necesaria para combatir los flagelos del racismo y la discriminación, los cuales no pueden eliminarse a partir de la voluntad de poder de un tirano. En el sistema democrático, por naturaleza siempre perceptible, la solución depende del tramado institucional, la presión ciudadana y la voluntad de los sujetos políticos en juego.

Porque estoy abiertamente a favor de un régimen democrático para mi país, Morales me percibe como un intelectual subalterno de un proyecto pronorteamericano y anticubano. El subconsciente lo traiciona hasta el punto de que, cada vez que alguien habla de régimen democrático, piensa en Estados Unidos y no en el régimen al cual sirve. El gobierno cubano se hace muy poco favor ocupándose en reconocer públicamente las opiniones de los intelectuales negros si se expresan desde el exilio, mientras las ignora, encarcela o silencia cuando se vierten dentro de la Isla. Así, mientras en las élites prerrevolucionarias en el poder, el racismo y la discriminación racial funcionaron como un freno al ejercicio de la democracia; en las actuales, su antidemocratismo las obliga a frenar y silenciar las reivindicaciones antirracistas y antidiscriminatorias.

V. La mirada del enemigo. Agentes del imperio

Según Morales, los "llamados documentos de la transición" de 2004 y 2006 se han propuesto una crítica sin límites de todos los procesos que tienen lugar en la Isla, con el objetivo de ofrecer la peor imagen de Cuba en todos los aspectos de la vida nacional". Agrega que "algunos negros del otro lado del estrecho de la Florida [yo entre ellos] tratan de situar a los negros y mestizos en Cuba como víctimas en su propia tierra". El autor trata de demostrar que mis críticas al régimen se deben a la intención de ponerme a tono con los citados documentos norteamericanos sobre "la transición".

La preocupación sobre la condición de los negros en Cuba, antes y durante la Revolución, ha sido una constante de la intelectualidad negra y, en mi caso, viene desde la década del setenta, cuando aún jóvenes nos reuníamos para discutir estos problemas que, en aquel entonces, pensábamos erróneamente (antes lo hicieron figuras como Walterio Carbonell y Carlos Moore) podían solucionarse en el seno de la Revolución.

La discusión aparecía como un eterno ritornelo en privado, cada vez que intelectuales y profesionales negros de distintas esferas nos encontrábamos a solas, pero nunca podía convertirse en pública debido a las experiencias de represión que sufrieron todos los que en algún momento trataron de hacerlo. Mi llegada al exilio me permitió articular el tema en la esfera pública, no sin una enorme resistencia de parte de sectores del exilio, pero lejos de convertirse en represión política. Mis textos al respecto en Norteamérica son anteriores y posteriores a los años 2004 y 2006. La atención hacia dicho discurso, por parte de sectores del exilio histórico, se debió a muchos factores:

a) La tradicional actitud de rechazo, propia de quienes se dedican a negar el fenómeno de la discriminación racial en la cultura cubana y que, como hace ahora Morales, se dedicaban a criticar mis posiciones.

b) La experiencia norteamericana y del movimiento de los derechos civiles de muchos exiliados los abría a escuchar las visiones que los negros tienen del fenómeno en la cultura cubana.

c) En otros, el oportunismo político de utilizarlo como parte del discurso anticastrista, en un área en la que Castro se ganaba más reconocimiento en la comunidad afroamericana que entre los negros de Cuba.

Mi enfoque al respecto ha sido, y es, no excluir al exilio y a las élites prerrevolucionarias de una práctica que han compartido y comparten con la élite actual cubana. Es lógico que Estados Unidos, en la posición del adversario o enemigo que el castrismo siempre ha deseado tener, trate de criticar y combatir el castrismo en aquellos temas donde realmente ha fallado, a pesar de que la propaganda castrista proclame lo contrario. No es que yo, u otros intelectuales negros en el exterior, me incorpore al discurso norteamericano, sino que el discurso norteamericano ha tomado nota de un tema en el que el castrismo, después de un prolongado ejercicio en el poder, no tiene cómo defenderse a cabalidad.

El enemigo usará las debilidades del castrismo con la misma destreza con que éste usa, en contra de Estados Unidos, los problemas que afronta con el sistema de salud. Sin embargo, sería estúpido pensar que cuando los que aquí vivimos abogamos por reformar el sistema de salud, se debe a que nos incorporamos a la campaña castrista de propaganda antinorteamericana. Tanto un caso como el otro, son realidades que cada quien puede analizar y usar sin necesidad de ponerse en función de intereses ajenos. Las realidades no tienen ideología ni agendas políticas, pertenecen a eso que Lenin llamaba "la terquedad de los hechos". No voy a silenciar mi crítica porque los norteamericanos hayan tomado nota del problema racial en la Isla.

Más allá de que sea una buena o mala política, EE UU puede tener todo el derecho a comerciar o no con Cuba, hacerle préstamos o negárselos; pero no tiene ningún derecho a establecer cuándo el sistema cubano es democrático, ni a decidir los tiempos y las formas en que la democracia tiene que establecerse en Cuba. Puedo coincidir con el doctor Morales en esos temas. Él sí está totalmente incapacitado para coincidir conmigo en cualquier tema crítico hacia el régimen castrista.

123 Comentarios


43 por Fray Franelo (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:20

Lo que afirma Patterson yo lo suscribiría sin la menor vacilación, de no estar viciado su texto por un fuerte resentimiento racial que a nada bueno conduce. Es decir, lo apruebo por su letra pero no por su espíritu. Al racismo del blanco no debe contraponerse el racismo del negro, como desafortunadamente está sucediendo en Estados Unidos. Luego de la admirable lucha por los derechos civiles, no pocos afroamericanos se escudan defensivamente en la discriminación y resultan igualmente racistas. Patterson, como potencial líder racial de la Cuba futura, debe tomar lo mucho de positivo que tuvo --y tiene-- el ejemplar movimiento liderado por Martin Luther King, i.a., pero debe descartar lo negativo que hay en el racismo contra el blanco fruto del resentimiento secular. Extrapolar mecánicamente a la situación cubana esquemas procedentes de otras realidades puede resultar contraproducente.

42 por Dario L Machado (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:20

El señor patterson se fue de Cuba por su propia decision. En cuba hay espacio para las discrepancias dentro de la ley, como ent todos los lugares. Nadie encarcelo jamas a Patterson, y mucho menos por hacer zapatos. Y seguramente puede volver a Cuba, siempre que el gobierno de George W Bush lo deje. Cuba es el pais con menos discrimacion racial en el mundo, consustancial con su sistema democratico. Y por supuesto, quienes no esten de acuerdo con el pueden quedarse y aceptar la decision de las mayorias o simplementre emigrar adonde consideren. Pero no me digan ahora que emigrar porque son negros!

41 por cubano47 (Usuario no autenticado) 11/11/2007 16:10

Les dire algo porque parece que muchos de los que aqui han comentado perecen no haber vivido en Cuba.
En Cuba todos tienen las mismas oportunidades de estudiar TODOS
yo soy blanco y nacido y criado en un barrio de mayoria negros de todos mis conocidos negros (que eran muchisimos) solo dos siguieron estudios y se hicieron de carreras universitarias, el resto no llego a terminar la secundaria les motivaba mas la vida del solar, la guaperia, criminalidad y otras cosas de donde se podia "vivir" facil al final todos eran "huespedes" habituales de las carceles cubanas.
Esto lo escuchaba yo muy a menudo: resulta que sentado en la esquina donde nos reuniamos a veces el unico blanquito era yo, cuando pasaba un negro amigo con una muchacha blanquita todos decian que el tipo era un barbaro, pero cuando veian a Mercedita con su novio(blanco) mira la negra cochina esta con el "blanquito
sucio" este. Para mi que vivi todo esto que tuve mis mejores amigos negros les dire que los negros son mas racistas que los blancos(por lo menos en Cuba) no vengan con la historia de que tienen resagos de cuando la esclavitud, ese es el cuento para justificar lo que no se puede justificar. Tambien me "mordio" el dicho de " los negros si no la hacen cuando entran, la hacen a la salida".

40 por Comentario (Usuario no autenticado) 11/11/2007 8:00

Leí el artículo de Patterson y, por supuesto, el de Morales. Y aunque no concuerdo con la respuesta demasiado segregacionista de Patterson, digo también que hay que tener gandinga para darle la razón a Morales, sobre todo en eso de que los negros estadounidenses no tienen espacio en esta sociedad. Pero, ¿cree el doctor Morales que los cubanos son tan socotrocos que no se dan cuenta que la doctora Condoleezza Rice, por sólo citar un ejemplo de inteligencia, aristocracia y elegancia, no es blanca y de ojos azules? Y si no es presidenta de los EE.UU. no es por su melanina, sino por el machismo que aún pervive en esta sociedad. Por cierto, me hubiera gustado que el señor Patterson hubiese hablado de este asunto para que hubiera rebatido más a Morales, pues sólo se defendió de sus ataques lo cual convirtió su largo, demasiado, discurso en una defensa personal. A mí, en lo personal, ni me va ni me viene. Desde que tengo uso de razón no soy racista y he amado tanto a blancos que a negros. Y cuando digo amar digo haberme casado. La raza está determinada por unos pigmentos que se llama melanina. Todo lo demás es historia. Y hay que ser muy ignorante para perder tiempo, energía y salud en discusiones que no llevan a nada. Tiempo al tiempo. Y las aguas cogen sus curso se oponga quien se oponga. Y sino midan la segregación homosexual. Su liberación no la para nadie: ni iglesia, ni comunismo –que son el mismo perro con diferente collar- ni ideas patriarcales ni nada. Lo mismo pasará con la negritud y la blanquitud porque el racismo no es sólo del blanco contra el negro. Y vamos a estar aquí.

39 por Precisa Mente (Usuario no autenticado) 11/11/2007 8:00

Hallo lamentable que un hombre con el calibre intelectual del profesor Enrique Patterson cometa errores de gramática y estilo de mucho bulto, impropios de un profesional de las letras. Sobre todo me ha chocado ver escrito en su artículo el siguiente sintagma: "detentando los peores empleos". Una falta imperdonable incluso en un alumno de secundaria.

Los hay quienes piensan que "detentar el poder" es una forma más elegante de dcir "tener el poder", sin darse cuenta de la carga negativa que marca al verbo "detentar". Sólo se dice que un gobernante detenta el poder cuando éste es ilegítimo.

Ese afán de creer que el verbo "tener" es demasiado plebeyo para ser usado por un académico conduce lamentablemente al preciosismo ridículo en que ha caído el admirado profesor. Los empleos no se detentan, mi estimado Patterson. Saludos afectuosos, Precisa Mente


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