jueves 16 de octubre de 2008 0:13
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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IV. La democracia

Más que interesado en la situación de sus hermanos negros, el texto de Morales aparece centrado en la defensa —no sé si por vocación o por encargo— del discurso y las prácticas antidemocráticas del régimen castrista. En su criterio, un régimen democrático sólo sería beneficioso "para los racistas de Miami y Washington". Con semejante lógica podríamos afirmar que un régimen totalitario como el cubano sólo es beneficioso para los racistas que, como los capitanes generales del siglo XIX, gobiernan el país como una finca particular.

Respecto a la democracia, Morales tiene un punto que no voy a negarle. A saber: la democracia no es una condición suficiente para acabar con el racismo y la discriminación. Por eso, extendería el calificativo de "republiqueta" —pues eso fue para los negros, a pesar de haber sido los hacedores de la República— tanto a la Cuba anterior como a la actual. El racismo y la discriminación racial no surgieron a causa de la democracia, sino por su ausencia desde el momento histórico de la colonización. Cargar sobre la democracia semejante responsabilidad sólo se le ocurre más a un defensor de dictaduras que a un intelectual preocupado por la situación de los miembros de su grupo socio-racial. La "republiqueta" era caricaturesca no por sus rasgos democráticos, sino por no ser lo suficientemente democrática.

Si no una condición suficiente, la experiencia histórica muestra que la democracia constituye también una condición necesaria para combatir los flagelos del racismo y la discriminación, los cuales no pueden eliminarse a partir de la voluntad de poder de un tirano. En el sistema democrático, por naturaleza siempre perceptible, la solución depende del tramado institucional, la presión ciudadana y la voluntad de los sujetos políticos en juego.

Porque estoy abiertamente a favor de un régimen democrático para mi país, Morales me percibe como un intelectual subalterno de un proyecto pronorteamericano y anticubano. El subconsciente lo traiciona hasta el punto de que, cada vez que alguien habla de régimen democrático, piensa en Estados Unidos y no en el régimen al cual sirve. El gobierno cubano se hace muy poco favor ocupándose en reconocer públicamente las opiniones de los intelectuales negros si se expresan desde el exilio, mientras las ignora, encarcela o silencia cuando se vierten dentro de la Isla. Así, mientras en las élites prerrevolucionarias en el poder, el racismo y la discriminación racial funcionaron como un freno al ejercicio de la democracia; en las actuales, su antidemocratismo las obliga a frenar y silenciar las reivindicaciones antirracistas y antidiscriminatorias.

V. La mirada del enemigo. Agentes del imperio

Según Morales, los "llamados documentos de la transición" de 2004 y 2006 se han propuesto una crítica sin límites de todos los procesos que tienen lugar en la Isla, con el objetivo de ofrecer la peor imagen de Cuba en todos los aspectos de la vida nacional". Agrega que "algunos negros del otro lado del estrecho de la Florida [yo entre ellos] tratan de situar a los negros y mestizos en Cuba como víctimas en su propia tierra". El autor trata de demostrar que mis críticas al régimen se deben a la intención de ponerme a tono con los citados documentos norteamericanos sobre "la transición".

La preocupación sobre la condición de los negros en Cuba, antes y durante la Revolución, ha sido una constante de la intelectualidad negra y, en mi caso, viene desde la década del setenta, cuando aún jóvenes nos reuníamos para discutir estos problemas que, en aquel entonces, pensábamos erróneamente (antes lo hicieron figuras como Walterio Carbonell y Carlos Moore) podían solucionarse en el seno de la Revolución.

La discusión aparecía como un eterno ritornelo en privado, cada vez que intelectuales y profesionales negros de distintas esferas nos encontrábamos a solas, pero nunca podía convertirse en pública debido a las experiencias de represión que sufrieron todos los que en algún momento trataron de hacerlo. Mi llegada al exilio me permitió articular el tema en la esfera pública, no sin una enorme resistencia de parte de sectores del exilio, pero lejos de convertirse en represión política. Mis textos al respecto en Norteamérica son anteriores y posteriores a los años 2004 y 2006. La atención hacia dicho discurso, por parte de sectores del exilio histórico, se debió a muchos factores:

a) La tradicional actitud de rechazo, propia de quienes se dedican a negar el fenómeno de la discriminación racial en la cultura cubana y que, como hace ahora Morales, se dedicaban a criticar mis posiciones.

b) La experiencia norteamericana y del movimiento de los derechos civiles de muchos exiliados los abría a escuchar las visiones que los negros tienen del fenómeno en la cultura cubana.

c) En otros, el oportunismo político de utilizarlo como parte del discurso anticastrista, en un área en la que Castro se ganaba más reconocimiento en la comunidad afroamericana que entre los negros de Cuba.

Mi enfoque al respecto ha sido, y es, no excluir al exilio y a las élites prerrevolucionarias de una práctica que han compartido y comparten con la élite actual cubana. Es lógico que Estados Unidos, en la posición del adversario o enemigo que el castrismo siempre ha deseado tener, trate de criticar y combatir el castrismo en aquellos temas donde realmente ha fallado, a pesar de que la propaganda castrista proclame lo contrario. No es que yo, u otros intelectuales negros en el exterior, me incorpore al discurso norteamericano, sino que el discurso norteamericano ha tomado nota de un tema en el que el castrismo, después de un prolongado ejercicio en el poder, no tiene cómo defenderse a cabalidad.

El enemigo usará las debilidades del castrismo con la misma destreza con que éste usa, en contra de Estados Unidos, los problemas que afronta con el sistema de salud. Sin embargo, sería estúpido pensar que cuando los que aquí vivimos abogamos por reformar el sistema de salud, se debe a que nos incorporamos a la campaña castrista de propaganda antinorteamericana. Tanto un caso como el otro, son realidades que cada quien puede analizar y usar sin necesidad de ponerse en función de intereses ajenos. Las realidades no tienen ideología ni agendas políticas, pertenecen a eso que Lenin llamaba "la terquedad de los hechos". No voy a silenciar mi crítica porque los norteamericanos hayan tomado nota del problema racial en la Isla.

Más allá de que sea una buena o mala política, EE UU puede tener todo el derecho a comerciar o no con Cuba, hacerle préstamos o negárselos; pero no tiene ningún derecho a establecer cuándo el sistema cubano es democrático, ni a decidir los tiempos y las formas en que la democracia tiene que establecerse en Cuba. Puedo coincidir con el doctor Morales en esos temas. Él sí está totalmente incapacitado para coincidir conmigo en cualquier tema crítico hacia el régimen castrista.

123 Comentarios


33 por Barbaro Sotolongo (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

El maestro Esteban Morales es una persona muy respetada aqui, en la universidad y todo. No hay que descalificarlo ni denostarlo. Aparte el trabajo de Patterson también es ineteresante, con puntos de vista muy válidos. Es algo complementario diria yo.Este es un tema muy importante desde hace siglos.Soy negro, ¡pá que se sepa¡
Barbaro Sotolongo

32 por Oscar Benitez (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

El racismo es algo presente en todo el mundo.Yo como negro me he sentido víctima aquí en los Estados Unidos, en oportunidades de empleo y estudio. En algunos estados es mas fuerte que en otros. Existe también la automarginación pero es algo que va cediendo con el tiempo.
Oscar Benitez

31 por Racismo (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

Yo veo también un sentimiento racista en el largo, demasiado largo, discurso de Patterson. Me opongo, por ejemplo en los EE.UU. que haya revistas que enfaticen la condición negra. Si usted les cambia el nombre y los pone blancos se diría que son racistas. Es mi opinión sobre el extenso escrito del señor Patterson. Cuba es mulata, nadie lo niega, como es india y china, aunque en menor porcentaje y de otras nacionalidades que aportan a nuestra sociedad, historia y cultura. Pero el discurso de Patterson es tan racista como el de un blanco que rechace nuestra negritud. Su racismo que yo veo de trasfondo es al revés. Ahora todo lo que se ha logrado en Cuba se debe a nuestra ascendencia africana. NO, señor Patterson. Se debe a todos ni a negros ni a blancos ni a verdes ni a violetas. Se debe a todos, itero, y mientras haya gente como usted, que desgraciadamente abunda, no terminará el racismo en Cuba. Este artículo me pareció tan racista como el de un miembro de la supremacía blanca estadounidense del KKK.

30 por CUBANO 100% (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:30

ARISVEL, COINCIDO CONTIGO EN TODO, YO ESTUDIE EN LA UNIVERSIDAD EN LOS 90, Y POR CADA 15 ESTUDIANTES BLANCOS HABIA UNO NEGRO. Y LA OPORTUNIDAD PARA ENTRAR EN LA UNIVERSIDAD ERA PAREJA PARA TODOS...SENCILLAMENTE ALGUNOS NO QUERIAN SACRIFICARSE.
LAS CAUSAS...SE LA DEJAMOS A LOS POLITOLOGOS, PERO NO LE HECHEMOS TODA LA CULPA AL REGIMEN...ELLOS TAMBIEN TIENEN CULPA.
ME IMAGINO QUE LA CAUSA RAIZ ESTA DESDE LOS ESCLAVITUD.

29 por Cristales (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:30

Este texto es lo mas digno y sensato que he leido sobre esta polémica. Creo que es hora de reflexionar sobre estos asuntos con animo de solucionar lo que siempre hemos postergado. Para Cuba, un mensaje: recuerden como Martí se sintió hermanado a los negros, miren esa hermosa foto de él en Jamaica... A Gualterio Carbonell lo anularon como intelectual y persona, lo conoci gracias a que fuimos vecinos. Otro amigo, Leonardo Garcia Monterrey, casi le cuesta la vida ser un hombre digno. Y que hubiera sido de Patterson, de quedarse en Cuba? Sé que hacia zapatos, lo cual no es un demerito pero eso tambien hubiese sido un pretexto para llevarlo a prisión. Nuestra patria no debe ser mas carcel sino un hermoso altar donde ofrendar al bien comun nuestro sencillo pero limpio obrar.


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