domingo 23 de noviembre de 2008 10:07
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A debate

Racismo, totalitarismo y democracia

Respuesta al artículo de Esteban Morales publicado en el semanario castrista 'La Jiribilla', sobre el problema racial en la Cuba revolucionaria.

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VI. Supuestas sintonías

Morales me ubica, ideológica y políticamente, en la misma línea del señor Ramón Colás, quien, dice, "lidera en Mississipi un Proyecto de Relaciones Raciales". Quien escribe colaboró, efectivamente, con ese proyecto en sus inicios. Luego me desvinculé, tras llegar al convencimiento de que no iba en la misma dirección de mis principios o ideas.

Antes de la creación de dicho centro, fui invitado varias veces a Misisipi por la Dra. Ally Mack (quien además de su posición de decana, lidera un consorcio dedicado a la solución de conflictos), para que les diera asesoramiento respecto a la situación de los negros en Cuba y evaluar qué ayudas prácticas se les podía ofrecer desde Norteamérica. Se manejaron ideas y proyectos dirigidos a entrenar a negros cubanos en desarrollo empresarial y otorgar pequeños préstamos para crear negocios familiares, cooperativas, etcétera. La idea me pareció excelente.

La pequeña apertura económica del gobierno cubano fue más beneficiosa para aquel sector de la población que recibía dólares desde el exterior y los negros no pertenecen en general a ese sector. Me pareció que un grupo influyente de afronorteamericanos interesados en fomentar la independencia económica para los negros cubanos era mucho más útil estratégicamente que la ayuda de Pastores por la Paz, completamente alineada con la política gubernamental.

Todo aquel que tenga un proyecto tendiente a mejorar el nivel de vida y fomentar la independencia de los negros cubanos tiene y tendrá mi apoyo, sea norteamericano, ruso o aleutino. Si nadie se asombra cuando los proyectos se dirigen a la población indígena, no alcanzo a comprender el resquemor cuando semejantes acciones se dirigen al desarrollo e independencia de los negros. Diseñé para ese centro un proyecto que incluía programa radial, revista, periódico online, cursos de entrenamiento, etcétera. Se suponía que el centro dispondría de fondos. Al menos se me dijo que de eso no tenía que preocuparme. El diseño del programa radial era para ser trasmitido desde emisoras comerciales, de modo que pudiera escucharlo la población de EE UU y no sólo la de la Isla, como ocurriría si se transmitía desde una emisora gubernamental como Radio Martí.

Hubo un momento que se me propuso dejar mis actividades profesionales en Miami y mudarme a Misisipi para participar en dicho proyecto, proposición que rechacé —no así el señor Colás—, pues en ello comprometía mi independencia. Colás fue nombrado director del Centro y entre sus funciones estaba conseguir los fondos que, dicho sea de paso, no son difíciles de obtener de las fundaciones privadas que financian proyectos de desarrollo dirigidos a grupos desfavorecidos en el mundo. Desgraciadamente, los fondos que consiguió el director fueron gubernamentales, no los más apropiados en este caso.

Durante un año dirigí la revista radial Café Palenque. No fue mi decisión que dicho programa saliera por las ondas de Radio Martí y mi proyecto especificaba la conveniencia de trasmitirlo a través de la radio comercial. El uso de fondos gubernamentales para un tema central como el que nos ocupa, puede conducir a que el interés político de quien los aporta predomine sobre el interés del grupo a quien se dirige el mensaje.

Siempre estuve consciente de ese problema y me mantuve haciéndolo por tres razones: mi interés en dirigir el mensaje hacia un grupo social al que no se le había dirigido nada en específico desde los primeros años de la década del sesenta; el mensaje era elaborado por miembros cubanos de ese grupo social, con experiencias tanto de la sociedad cubana como de la norteamericana; y, finalmente, por la esperanza de que la dirección del centro pudiera obtener fondos de fundaciones privadas. Lamentablemente, no sucedió así. Asumo la responsabilidad política de mi participación en ese proyecto.

Durante el año que la revista estuvo en el aire, no permití que nadie me impusiera puntos de vista, qué hacer, qué decir y qué no decir en el programa. Fui totalmente soberano en la elaboración de los mensajes. Por primera vez hicimos un programa producido por y dirigido a afrodescendientes. Cuando no se dieron las condiciones para continuar el programa bajo dichos criterios, dejé de hacerlo.

Puede que el señor Morales objete que el señor Colás tenga como único medio de vida la dirección de un proyecto en el que ya casi no hay negros cubanos trabajando y cuyos fondos dependen de donaciones gubernamentales. Acaso, con el mismo énfasis, el señor Colás puede cuestionarle a Morales su independencia, por el hecho de ser él, también, un empleado no común del régimen cubano. Pero ese es un asunto a resolver entre ellos, cado uno colado y dependiente de la voluntad o la comprensión de los gobiernos respectivos que les financian. Les deseo suerte e independencia en sus quehaceres.

VII. Cosillas tangenciales, aunque no menores

Denomino así las afirmaciones del Dr. Morales sobre mi conducta política, que alcanzan la dimensión de la ficción. Dicho autor escribió lo siguiente: "…abandonó el país en 1990 y reapareció poco después en el congreso de LASA, en Washington, haciéndose acompañar de dos funcionarios, al parecer, del Departamento de Estado. No resultando difícil inferir quién pagaba sus gastos y con qué propósitos lo habían llevado al congreso [El subrayado es mío]. Ahora vive en Miami y se dedica a escribir sobre la problemática racial en Cuba, con una línea de pensamiento que lo vincula directamente a los propósitos del Gobierno Norteamericano".

Algunas salvedades son necesarias:

-Contrario a lo ocurrido con el Dr. Morales, jamás viajé fuera de Cuba antes de mi salida al exilio, en junio 1992. ¿Cómo es posible que el Dr. Morales viera — digo— mi cuerpo astral en Washington DC, en la conferencia de LASA en 1990, cuando en ese año sobrevivía yo en La Habana haciendo zapatos clandestinos? Se trata de una mentira.

-Llegue a Estados Unidos, a San Francisco, en junio de 1992. Antes de salir de Cuba había escrito un trabajo titulado Teoría y Práctica de la Revolución Cubana, que fue sacado de la Isla por un académico norteamericano casado con una profesora universitaria que había sido mi alumna de Historia de la Filosofía (nunca enseñé marxismo, como afirma Morales en su artículo). Fue así como el trabajo se inscribió en LASA, antes de mi llegada a Estados Unidos, pero aún no bajo mi nombre.

-A mi llegada a San Francisco como refugiado, comencé a ahorrar de los cheques de la ayuda y limpiando un cine para poder asistir al congreso de LASA. Los ahorros no fueron suficientes, y una funcionaria de Caridades Católicas consiguió un préstamo de 300 dólares para que pudiera completar los gastos de viaje (préstamo que saldé a mi regreso). Según Morales, no era "difícil inferir quién pagaba (mis) gastos".

-Allí siempre me acompañaba mi colega y amiga Marisela Fleites, y su esposo. Pero hablé con mucha gente, muchas más que con las que habló Morales, al parecer porque yo traía cosas nuevas que ninguno de los miembros de la delegación oficial cubana, financiados como estaban, podían decir. Pero no dudo que entre muchas de las personas con las que hablé hubiera gente del Departamento de Estado. Por la naturaleza de sus filiaciones, las fuentes de información de que podía disponer Morales eran más precisas que las mías.

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123 Comentarios


38 por Humberto Perez (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pienso que aunque los hechos puedan mostrar que aun existen divisiones raciales no solo en Cuba sino en muchos otros lugares creo que teoricamente cuando un intelectual se arma y artrinchera desde un grupo social, mucho mas si es signado por la raza, yerra y se convierte tambien en uno de los factores que alimentan la llama de la segregacion. Cualquier intento de agruparce o investigar desde un determinado y estrecho margen racial, sexual, etnico, o de naturaleza semejante, por mas que parezca justo y que se haga con la intencion de "enderezar entuertos", no hace mas que engendrar mas division y seguir el mismo camino segregacionista que trata de criticar. No creo que nadie pueda hacerme teorizar sobre las ventajas o desventajas de mi raza, mi sexo o mi etnia. En el mundo proliferan todo tipo de movimientos "reivindicadores" sexistas o raciales que junto a los "verdes" y vejetarianos,(que dicho sea de paso no quieren la carne pero si arrancan de raiz a las zanahorias y como Pamela A. se hacen ropa interior de lechugas o repoyos), no hacen otra cosa que repetir el mismo viejo patron de separarce y exigir exclusividades que son las mismas que tratan ingenuamente de criticar.
Yo no soy consciente de mi raza, no voy con estigma alguno por la vida y veo que eso mismo pasa con muchos hombres en cualquier cultura. Que puede lograr el hacernos conscientes de de algo asi? Creanme que nada, cuando mas agrandar las diferencias. Cuando al escritor W. Soyinka le preguntaron sobre su origen racial y lo que habia de el en su literatura, el hombre sin raza y de gran inteligencia respodio que "el tigre no muestra su tigritud, salta".

37 por Leonardo Gamboa (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Muy bueno el artículo o respuesta de Patterson. Ha puesto los puntos sobre las íes. Todo lo que ha dicho es la pura verdad. En Cuba, donde el gobierno es omnipotente y dueño de todo, los negros son excluidos de los hoteles, como dependientes de las tiendas en divisas, de todo lo que sea trato con extranjeros y moneda dura. ¿Es que acaso no hay afrodescendietes calificados para esas posiciones? ¿Será acaso que ninguno de ellos tenga "buena presencia"? Nadie me lo contó, lo vi con mis propios ojos. En USA, un país con un largo historial racista, hay muy buena representación de la población negra tanto en lo público como en lo privado: desde trabajos gubernamentales hasta hoteles etc. Y Brasil, otro país latinoamericano con una historia similar a la de Cuba, hoy hace esfuerzos por que la población negra y mulata estén bien representadas en las universidades. En fin, como dijo alguien por ahí, todo eso que se ha tratado de esconder debajo de la alfombra, por así decirlo, saldrá a la superficie en la Cuba del futuro. No va a ser fácil. Ojalá se reconozcan los justos reclamos de todos los cubanos y todos pongamos de nuestra parte para que Cuba sea un país mucho mejor de lo que ha sido hasta ahora. Así todos, blancos, negros y entreveraos tendremos más orgullo de nuestra nación y habrá más armonía, factores indispensables para el verdadero progreso.

36 por Para el Seboruco de Dario (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Pero que pedazo de imbecil este Dario Machado! Es que no tendran las gentes de Linea y A a nadie mejor para ripostar? Coño, la verdad que el picadillo de soya ha hecho mella en "intelectulidad" oficialista en la isla......

35 por Neo-cimarrón (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:50

Hallo interesante el artículo de Enrique Patterson, aun cuando haya puntos no suficientemente esclarecidos.

Es comprensible el racismo reactivo (a la defensiva) del profesor Patterson. Pero creo que EP se centra demasiado en el hecho anecdótico de la pigmentación de la piel.

A mi juicio --- sin pretender tampoco tener toda la verdad en la mano---, la etiqueta de "negro" (entendida en sentido sociológico) se ajusta a la mayor parte de la población cubana.

Negros, mulatos, jabaos, capirros, blancos, blancuzos y empercudidos se apiñan por igual en el mismo barracón castrista. En esa Habana casi totalmente favelizada, todo el mundo anda bajo la vigilancia del mismo mayoral. Y todo el mundo (o casi) anda buscando la forma de huir a la primera para escapar del cepo y los grilletes.

Montarse en una balsa es la nueva forma de coger el monte como esclavo fugitivo. Te lo asegura un neo-cimarrón.

34 por Jose Rojas (Usuario no autenticado) 11/11/2007 2:40

Estimado Colega E. Patterson,

Te felicito por tu artículo, me hubiera gustado que te refirieras a cómo el gobierno de Fidel Castro privó a los boxeadores cubanos Rigondeaux y Lara
del derecho a escoger libremente su destino,o el país que quieran ir a competir, como personas libres que son.

Saludos de José Rojas
Profesor de Ciencias y Matematicas
Miami, Florida


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