El golpe de los huracanes
Segundas intenciones
¿Por qué resulta sospechosa una carta que pide a Washington y La Habana el cese temporal de ciertas restricciones?
La mayoría de los cubanos parecemos convencidos de que la sospecha es la máxima expresión de la inteligencia, cuando no el único modo de observar la realidad. Dadas nuestras circunstancias, tal tendencia es comprensible, aunque a veces se exagere. Preferimos —es un decir— a Ramiro Valdés ("porque con ése uno sabe a qué atenerse") a una Madre Teresa de Calcuta; simplemente no acabamos de entender cuáles son las intenciones que se esconden detrás de su aparente bondad.
Por eso no me extraña que la carta que en estos días ha hecho circular el poeta Jorge Salcedo —sobre quien no hay pendiente ningún trámite de canonización— resulte más sospechosa que una oferta de ayuda de la Madre Teresa.
En este contexto, pedir al gobierno norteamericano un cese temporal de las restricciones que limitan el envío de dinero y los viajes de los cubanos a la Isla y, al mismo tiempo, solicitar que el gobierno cubano que elimine las restricciones a la entrada de nacionales al país y los gravámenes de las remesas y envíos de paquetes, parece obra de una perversión sin límites o de la idiotez más irredenta.
Mientras unos aseguran que se trata de un plan de La Habana para desmontar el embargo, otros asumen que se trata de un proyecto de la CIA y la mafia de Miami para deponer al gobierno cubano, mientras el resto sospecha que se pretende conseguir ambos objetivos a la vez.
Intenciones políticas…
Como entre tanta sospecha a nadie le bastará con las primeras intenciones (esto es: buscar la manera más directa y eficaz de ayudar a nuestras familias y al resto de nuestros compatriotas tras la catástrofe natural más terrible que haya azotado a Cuba en las últimas seis décadas), me concentraré en las segundas.
La carta, por supuesto, tiene segundas intenciones. O si no es la carta —porque no puedo hablar por su redactor—, al menos las tuve yo al firmarla. A la urgencia que supone el auxilio a los damnificados, hay que sumarle la necesidad que tenemos los cubanos que vivimos en el exterior de ponernos de acuerdo para, de algún modo, ayudar a nuestros compatriotas, y junto con la ayuda incidir, hasta donde sea posible, en el modo en que se gestione.
La intensidad de la catástrofe, unida a un sistema productivo y de asistencia social que colapsó hace mucho tiempo, nos da suficientes razones para pensar que de no poder hacer llegar la ayuda con la mayor eficacia posible, todo el esfuerzo que hagamos será inútil.
La carta —es obvio— también tiene intenciones políticas, aunque no en el sentido que usualmente se le atribuye a la palabra. Conociendo la relación secuestrador-secuestrado que el régimen mantiene con sus habitantes, la carta intenta interrumpir, al menos temporalmente, esa dinámica.
Anticipando la campaña que lanzaría el régimen para sacarle el mayor partido político a la deplorable situación en que ha quedado el país, la carta buscó situarse en el centro del diferendo entre los gobiernos norteamericano y cubano, no tomando otro partido que el de los propios cubanos, los que quieren prestar ayuda y los que la necesitan.
Por un lado, la carta reconoce que las disposiciones impuestas desde 2004 por Washington, para limitar los viajes y el envío de dinero por parte de los cubanoamericanos, afectan el flujo de ayuda que ahora se necesita con toda urgencia. Por otro, se recuerda que las limitaciones que impone La Habana a los cubanos que residen en todas partes del mundo —y no sólo en territorio norteamericano— dificultan esa ayuda tanto o más que las disposiciones norteamericanas, algo que ignora el resto de las iniciativas que se han puesto en marcha en estos días.
Asunto de supervivencia
Mostrar una voluntad propia como cubanos, con independencia de las dos razones de Estado en pugna, nos da fuerza y peso específico a los que hemos suscrito la misiva sin comprometer nuestras convicciones más profundas sobre la realidad nacional. Tanto el gestor de la petición, como aquellos que hemos colaborado en su redacción y difusión, nunca hemos ocultado nuestro deseo de que Cuba transite hacia la democracia y se convierta en un país habitable para todos.
Las circunstancias actuales, esas que han convertido la Isla en un sitio literalmente inhabitable, obligan a intentar resolver un asunto que es ahora mismo de mera supervivencia, aunque sea por el detalle de que cualquier solución futura a la situación pasa por mantener vivos a los habitantes de la Isla.
De ahí que hayamos tenido el cuidado de incluir en la carta el compromiso de "mantener el espíritu humanitario de esta iniciativa […], poniendo a un lado nuestras diferencias políticas, rechazando cualquier ánimo de lucro comercial, partidista o ideológico", compromiso que soy el primero en suscribir.
Teniendo en cuenta que la eliminación transitoria de estas trabas beneficiarían a todos los cubanos residentes en el exterior, independientemente de su posición política, tanto en la redacción de la carta como en su gestión se ha tratado de librarla de todo tinte partidista. Conseguir, aunque sea de manera temporal, que los cubanos nos ayudemos unos a otros en estos momentos de crisis puede parecer absurdo dada la naturaleza de nuestros interlocutores, pero perfectamente aceptable en un marco más o menos racional, justo ése que la carta invoca.
Justificaciones peregrinas
Cuando se le solicita a La Habana y Washington que por un rato dejen de tirar de los brazos de la Isla, más que a los sentimientos se apela a sus respectivos intereses. De seguir el actual estado de cosas, la Casa Blanca se arriesga a una crisis migratoria; la Plaza de la Revolución, a estallidos sociales que tendría que contener a sangre y fuego (capacidad de las que nadie duda, pero que pensamos que preferiría evitar).
Hasta ahora, los miembros de la administración norteamericana han respondido a la propuesta con justificaciones bastante peregrinas.
Por parte del gobierno cubano, lo más cercano a una respuesta ha sido una contracarta puesta a circular por la Unión Nacional de Escritores y Artistas (UNEAC) exigiendo el cese del embargo; así como un artículo del ex gobernante en la prensa oficial, donde dijo: "Los que reciben las remesas de dinero de Estados Unidos, después de pagar el impuesto correspondiente, pueden comprar las cuotas normales a bajísimo precio y también adquirir productos en las tiendas de divisas, que hoy ofrecen mercancías cuyos costos en el exterior se han elevado considerablemente".
Aun en el caso de que la carta sea definitivamente desatendida por los gobiernos de ambos países, ésta servirá para medir la (poca, mucha o nula) disposición de dichos ejecutivos para asistir a la población, responder a sus necesidades más urgentes y escuchar las voces de aquellos que pueden hacerla oír.
Si alguien necesitaba pruebas de algún tipo, esta sería la señal definitiva de que no debemos contar con más fuerzas que las nuestras.
* Ver el texto de la iniciativa 'Levanten las restricciones a la ayuda humanitaria'
© cubaencuentro

21 Comentarios
21 por Terceras Intenciones (Usuario no autenticado) 25/09/2008 9:20
Cualquiera diria que al autor del articulo y firmante de la carta le ha quedado un mal sabor en el gaznate y necesita aclararse la carraspera con el explicoteo. Pero los argumentos huelgan tanto como sobreabundan. Los firmantes hicieron uso de su derecho a la libertad de expresion y los que no estuvieron de acuerdo, pues tambien.
El problema que soslayaron fue que la politica exterior de un pais como USA no esta sujeta a las coyunturas humanitarias y sentimentales que puedan acaecernos a los cubanos de aqui o de aculla. Y que la postura de Washington evoluciona y se flexibiliza un poco, mientras el Coma y sus secuaces se envuelven en la bandera y se atrincheran en la "dignidad". Medirlos a ambos con el mismo rasero para destacar nuestro acendrado humanismo y buen corazon me parece un error garrafal.
Una medida como la propuesta seria pan para hoy y hambre para medio siglo mas. Ya veran -y mas pronto de lo que pudiera suponerse- que el gobierno de La Habana va abrir las puertas a la ayuda extranjera. Mientras mas empeore la situacion, mas rapido aceptaran. Sobre todo si saben que no hay ni la mas remota posibilidad de sacarle lasca politica al asunto (lease: obtener un aflojamiento del embargo que seria sin duda el principio de su anulacion definitiva).
20 por Joel Rojas (Usuario no autenticado) 25/09/2008 9:00
Mas alla de los chistes de Enrisco esta una realidad que lo supera. Incluir en una carta un pedido similar a los gobiernos de Cuba y EUA es terminar llevando, citando a un amigo, agua al molino de la dictadura. Es curioso que primero se le pide al gobierno de EUA. Nosotros los cubanos no deberiamos pedirle nada a nadie que no fuera al gobierno que ha destruido nuestro pais. El hecho mismo de hacer una carta asi entra en el juego de otras cartas desde la UNEAC y de muchisimos mas equivocos supuestamente de izquierdas. Lo cierto es como, ya alguien dijo, que desde aqui se manda lo que se quiere y cada cual puede y que se viaja mucho a Cuba todo el tiempo. Error la carta. Ya se ha visto como rechazan ayuda y piden creditos en la ONU a empresas privadas de EUA haciendo politica para afuera. Pero nosotros los cubanos sabemos que el empresario privado de la otra parte no existe, es el gobierno, no hay ningun cubano que pueda pedir un credito en un banco en Cuba para hacer un negocio o emprender un proyecto, el gobierno que esta pidiendo creditos, que nunca paga, niega eso mismo hacia adentro, a los cubanos. La dictadura no juega, va a lo suyo, aun no nos deja entrar y salir libremente de nuestro pais, y no nos deja tantas cosas que por sabidas ya cae hasta pesado mensionarlas. Si solo dejara que entraramos y salieramos y si nos dejara invertir a todos los de dentro y fuera ese seria el fin del verdadero embargo.
Carece de importancia para mi la politica que tenga cualquier otro pais, lo mio es con la dictadura.
19 por The Reader (Usuario no autenticado) 25/09/2008 9:00
Que se acabe el refugio de los cubanos a los Estados Unidos. Especialmente de quienes fueron miembros del Partido Comunista.
18 por Vanito (Usuario no autenticado) 24/09/2008 23:40
Esta la firmo también. Gracias Enrisco.
17 por El Conde (Usuario no autenticado) 24/09/2008 20:00
En ocasiones, la forma en que nos aproximamos a alguien está dada fuertemente en función o, de sus posibles reacciones. Por ejemplo, pasa cuando tratamos (o nos vemos obligados a tratar) con alguna chusma de barrio; cuidamos no irritarla para no pasar la vergüenza de un escándalo. O en el hipotético y extremo caso en que nos viéramos obligados a tratar, estando indefensos, con un sicópata asesino; mucho cuidado con lo que se dice porque nos va la vida en ello. Pues esto viene a cuento por el asunto de la carta. El situarse en el punto de medio del segmento Habana-Washington, está dado por la posible reacción del régimen de La Habana. Noten que no está dada por la posible reacción de Washington y esto por su puesto que todos lo sabemos; en Washington hay tres o cuatro personas que a lo más una vez al día hablan o piensan en la tragedia cubana, los otros, pues como debe ser, están inmersos en las cosas de su país: crisis financiera, próximas elecciones, perforamos o no perforamos …,etc.
Así que como yo lo entiendo y creo que como lo explica Enrisco en su artículo, este posicionamiento tiene el objetivo de tratar de apaciguar a la dictadura cubana, quitarle argumentos que la descalifiquen y lograr que se cumpla el objetivo último y único de ayudar a las víctimas del desastre . El problema que yo veo es que este enfoque ha sido usado extensivamente y sin éxito desde hace mucho. Por ejemplo, recomendar la presencia de un relator especial para observar la situación de los derechos humanos en Cuba, es para el régimen de la Habana una intolerable aproximación al extremo del segmento La Habana-? así que, para no irritar al régimen demasiado, para evitar el escándalo de la chusma del barrio, algunos países incluyen una condena al “bloqueo” y así se sitúan en el punto medio. A veces incluso se condena el trato a los prisioneros de Guantánamo para situarse un tantito más lejos. Y todos conocemos el resultado. Cierto es que el actual gobierno de Washington impuso unas restricciones que inciden negativamente en el flujo de la ayuda, pero ya algunas organizaciones exiliadas han conseguido permisos para el envío de ayuda. Y de parte del gobierno, se ha ofrecido ayuda tres veces y tres negativas han sido las respuestas. Pero nunca dejará de sorprenderme como Cuba se define por su relación con otro país (USA). Por lo menos después del 59, en la definición de Cuba, aparece “Estados Unidos” y si en la definición aparece, pues también lo hace en sus problemas y en la solución de estos . Y muchos ven esto como la cosa más natural del mundo. Creo que deberíamos “deswashingtonizar” el “problema cubano”.
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