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Actualizado: 08/11/2009 2:10
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Opinión

Un Chernobil tropical

Después del Ike y Gustav, la sociedad será muy diferente a la que el PCC esperaba pastorear en la fase de consolidación del raulismo.

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Residentes que esperaban por el transporte, bajo la lluvia del huracán Ike

Residentes que esperaban por el transporte, bajo la lluvia del huracán Ike, en Herradura, Pinar del Río. (AP)

Los estragos causados en Cuba por los ciclones Gustav e Ike y las repercusiones que ya van perfilándose son comparables al efecto que tuvo en la Unión Soviética la explosión de la central nuclear de Chernobil en 1986.

Sin duda, el costo en vidas humanas ha sido menor en la Isla que en Ucrania: los huracanes son hoy fenómenos muy previsibles y la militarización de la sociedad cubana permite la evacuación en gran escala de las zonas más peligrosas. Pero la magnitud de la destrucción es algo nunca visto en la historia del país.

Ni siquiera en 1898, al final de las guerras de independencia, tras las secuelas de la reconcentración, los combates y las epidemias, la población tuvo que enfrentarse a una devastación comparable. Se calcula que, como mínimo, hay medio millón de personas sin hogar y buena parte de la infraestructura —carreteras, puentes, tendidos eléctricos, escuelas y hospitales— yace en el suelo.

Las cuantiosas pérdidas del sector agropecuario quizá nunca lleguen a evaluarse totalmente. La industria del níquel y el dispositivo turístico —dos de los pilares de la economía, junto con el petróleo que envía Hugo Chávez y las remesas de los cubanos del exterior— también sufrieron daños importantes.

A plazo medio, esta situación puede tener consecuencias económicas y sociales tan radioactivas como los isótopos que se escaparon del reactor ucraniano. Las catástrofes de esa envergadura suelen operar como un revulsivo sobre las sociedades cerradas y semitotalitarias, ya sean de perfil nacional-revolucionario (caso cubano) o de tipo imperial-burocrático (caso soviético).

La crudeza de los mecanismos de control, la ineficacia del centralismo económico, la inepcia de la administración, la inadecuación de las decisiones en materia de infraestructura, vivienda y defensa, y el despilfarro en actividades suntuarias o propagandísticas se ven súbitamente bajo una luz nueva, inusual: la ayuda prometida no llega, el gobierno sube los precios en medio de la crisis, el presidente no aparece por las zonas afectadas y la prensa sigue repitiendo las consignas gastadas y el triunfalismo bobo de siempre.

La gente empieza a preguntarse si no hubiera sido más sensato emplear en la reparación de casas y puentes una parte del cemento que se malgastó en refugios antiaéreos y si los éxitos olímpicos justifican los enormes recursos gastados en alimentar, vestir, calzar y entrenar durante medio siglo a decenas de miles de atletas en centros especializados.

Además, las repercusiones van a dejarse sentir durante un período muy prolongado y a incidir en aspectos particularmente sensibles de la realidad cotidiana. La emigración, la crisis demográfica, la escasa productividad y la carestía de la vida se verán agravadas tanto por la devastación que causaron las aguas y el viento como por la incapacidad del sistema para gestionar apropiadamente la crisis.

Dos opciones

Ante esta destrucción sin precedentes, el gobierno de Raúl Castro tiene dos opciones. La primera consiste en seguir como hasta ahora y afrontar con sus propios medios y métodos habituales la tarea de la reconstrucción. En el mejor de los casos, al cabo de incalculables sufrimientos, esa estrategia permitirá acoger en albergues colectivos a los cientos de miles de damnificados y darles de comer malamente dos veces al día. Pero el PIB disminuirá mucho y las condiciones de vida de la mayoría retrocederán a lo que eran a principios de los años de 1990, tras el naufragio del mundo soviético, o incluso a niveles inferiores.

Ese camino lleva al deterioro económico continuo, al "Mariel en cámara lenta" y, con toda probabilidad, al estallido social.

La segunda sería la de abrir de manera total y sincera el país a la ayuda exterior, principalmente a la de Estados Unidos y la comunidad cubana exiliada/emigrada. Esta política no sólo facilitaría el auxilio de emergencia a los damnificados, sino que permitiría la entrada de los recursos y capitales indispensables para la reconstrucción ulterior. Por desgracia, los síntomas vigentes indican que por ahora prevalecerá la política numantina del búnker, la policía política y la propaganda rimbombante.

Pero cualquiera que sea la decisión del gobierno cubano, la sociedad que saldrá de esta etapa será muy diferente de la que existió hasta agosto pasado y, desde luego, muy distinta también de la que los jerarcas del Partido Comunista esperaban pastorear en la fase de consolidación del raulismo. Dentro de algunos años, quizá se verá con más claridad que el parto del postcastrismo en Cuba no comenzó con la enfermedad que casi mató al Comandante en Jefe en 2006, ni con la sucesión dinástica a favor de su hermano menor, sino con el par de ciclones de nombre escandinavo que arrasaron la Isla este verano.

Al ex presidente Ramón Grau San Martín se le atribuye un comentario rotundo sobre una frase que Fidel Castro tomó prestada del Mein Kampf de Adolfo Hitler —sin citar jamás la fuente, por supuesto. Cuando en 1959 el caudillo victorioso repetía en la televisión su latiguillo favorito de "la Historia me absolverá", cuentan que Grau dijo ante sus amigos: "Sí, la Historia te absolverá, pero la Geografía te condena".

Sin duda el anciano político pensaba más en la cercanía de Estados Unidos que en la condición tropical de la Isla. Pero, en cualquier caso, su observación adquiere hoy un sentido terriblemente profético. La conjunción del mesianismo totalitario y el fátum geográfico está a punto de cancelar toda esperanza de que un día Cuba logre recuperar la libertad y la prosperidad que conoció en la era republicana.


51 Comentarios



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51 por Humberto Herrera Carles para Arteaga (Usuario no autenticado) 22/09/2008 10:20

Ya estas delirando, estas calculando mal y decir disparates hasta tus antiguos aliados ya estan en contra tuya, ni hablar que vengas a Cuba con esos tontos discursos, fuera de contexto. Los cambios en Cuba vendran, no de la forma y la direccion que tu quieres y deseas. Despues de la tormenta viene la calma , los oportunistas creen que es el momento, pero no saben lo mucho que puede defender su pueblo la revolucion.

50 por Eugenio Rastrignac (Usuario no autenticado) 21/09/2008 21:00

Quiero reiterar la propuesta del 44, para que Frank Calzon entregue a las victimas del huracan los 500 000 dolares perdidos. De lo contrario seria bueno que Mario Faz o Julian Sorel explicaran donde se metio esa plata.

49 por Pepe Gotero (Usuario no autenticado) 18/09/2008 14:40

Lo único que puede acabar con el castrismo es un "megamaleconazo" sin posibilidad de mandar el excedente a los Estados Unidos. El día que los matones no reciban su jabita, se acabó.

48 por Pedro Pérez Pérez (Usuario no autenticado) 18/09/2008 14:20

Estoy muy de acuerdo con el 33 y siempre he pensado muy parecido. Además, hablen lo que hablen de Fidel, el chico supo ser muy inteligente y supo preparar su entorno desde el círculo más cercano hasta lo más lejano. Así es que coincido, con otros también en afirmar que eso no va a cambiar como quieren los de Miami u otro lugar, y como pretenden algunos de adentro. Eso está muy bien preparado por todos los lados, incluso aquellos que no están de acuerdo con el sistema, o con las cosas que hace, pero viven de "él". Recuerdo reuniones a las que iba y el que las dirigía decía una "sarta de bobería" a veces hasta increibles, y allí en los asientos de atrás había quienes se atrevían a hacer comentarios en contra, pero nadie se paraba a decir: "Eso no es así". Incluso recuerdo a alguien una vez que se paró y dijo algo en contra del "discursante" y cuando este último lo tildó de contrarevolucionario, porque según él: "los revolucionarios no piden más de lo que tienen", pues simplemente la plebe se quedó tranquilita, tranquilita y a la hora de votar a favor, sólo el que hizo el planteamiento estaba de acuero. Bueno, eso era de esperar, al menos el que lo dijo tenía que estar. Recuerdo a una abuela que cambió a Cristo por Fidel al principio de la revolución y luchó incansablemente por lo que creía justo y cuando entonces a ella le hizo falta que por los que ella luchó la ayudaran la dejaron así, sin más ni más, sin ningún tipo de ayuda. Y sólo necesitaba un par de sacos de cemento, y tal vez unas 30 tejas para arreglar el techo de su casa. Digan lo que digan del comunismo, del socialismo y de su base filosófica: El Marxismo, las leyes que lo rigen y los principios son los que podrán las cosas en su lugar de nuevo, pues es así que se mueve la historia. ¿Cuánto duró el Imperio Romano? y ¿Cómo llegó a su fin? No estoy de acuerdo por esta vez con Pedro Pérez Arteaga, acerca del cambio. Es necesario que haya un cambio, pero de haberlo brusco, rápido, repentino, pues sería un mayor desastre para Cuba. No creo que la velocidad que lleve ahora los cambios sea la debida, pero uno de repente, pues volvería a Cuba en un "caos" que no tendría solución hasta por lo menos 50 años más. Hay muchos conceptos, ideas y principios perdidos en Cuba y en sus cubanos, los de dentro y los de afuera y si ocurriera un cambio así de rápido, pues entonces se quedaría perdida la gente y para arriba iría a parar los "más inteligentes" y no por ello los que tendrían la razón. Revise usted en los comentarios de los que escriben aquí y vea cuanta falta de información tienen mucho de los de adentro, cuánto odio ya no sólo los de adentro, sino también los de afuera. A veces no es para menos, con las cosas como las hacen los que están de jefes adentro, para después "emigrar" a los EE UU y salir en los programas de América TV y decir que "ellos no hicieron nada" y que eran un instrumento del poder. Duele ver que un país que pudiera estar a un nivel mayor, no digamos nunca como EE UU, ni como otros países del primer mundo que llevan construyendo su economía desde hace muchos años, sino más bien mejor, mucho mejor que otros países de la región y por los indicadores económicos, pues estamos muy por debajo. El Fulanito se equivocó de medio a medio pensando que al invertir la pirámide (ingenieros - técnicos - obreros) iba a hacer de Cuba un país competidor con las grandes potencias y lo que hizo fue un desastre desde todos los puntos de vista. "Municipalización de la Universidad" mire usted qué término??? Maestros Emergentes??? Pobre Varela !!! Y así con miles de cosas más, que han hecho de Cuba un país cuesta abajo. Eso va a cambiar si, pero por si sólo, se va a caer por su propio peso, pero ahora no va a suceder. Yo le vaticino unos 15 años más. 10 años más para los que ahora mismo están en el poder y que la naturaleza se encargue de ellos y los más allegados y 5 después para empezar a ver el cambio. Ojalá me equivoque para bien de los cubanos y de Cuba, pero, pero, pero.... sin creerme profeta, todo parece indicar que es así... Cuando la patria sea de todos, cuando todos seamos libres de expresar lo que pensamos, sentimos y deseamos para nuestro país y que no sea un fulano el que decida si podemos ser cubanos o no, si podemos entrar/salir de nuestro país o no, entonces Cuba será un verdadero país. "La práctica es el criterio valorativo de la verdad", así reza el Marxismo.

47 por Precisa Mente (Usuario no autenticado) 18/09/2008 8:00

Estimado Sorel, le aclaro que las tormentas tropicales del Caribe / Atlántico llevan nombres de las lenguas propias del área, y no suecos o noruegos. Gustav es ciertamente un nombre de origen escandinavo, pero se usa también en otros idiomas. Por otro lado, Ike es un diminutivo de Isaac que se uasa en Estados Unidos (puede que en otros países también, aunque no me consta). Ike fue, además, el sobrenombre de Eisenhower pero por otra razón, o sea, por la primera sílaba del apellido, que se pronuncia /ai/. Saludos PM


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