Adiós al ex lanzador cubano Trompoloco Rodríguez
Fernando Vilá | 23/06/2009 2:00
Tags: Angel Torres
Adiós al ex lanzador cubano Trompoloco Rodríguez
Por Angel Torres
El legendario ex receptor cubano, Andrés Fleitas, me llamó desde Miami, para darme la mala noticia del fallecimiento en esa ciudad floridana, del ex serpentinero cubano de Grandes Ligas, Fernando Pedro “Trompoloco” Rodríguez Borrego, el pasado jueves 11 de junio a los 81 años de edad, de cáncer en la próstata. Rodríguez nació en La Habana el 29 de abril de 1928.
La leyenda dice que “Trompoloco” como su sobrenombre lo indica, se distinguió más por su descontrol que por su labor en la extinta Liga Cubana de Béisbol Profesional con el Almendares, Cienfuegos, Marianao y Habana, pero su récord indica lo contrario.
Comenzó en los circuitos criollos en 1947-48 con los Azules del Almendares comandados por Fermín Guerra, cuando se celebró un doble campeonato en Cuba, provocado por el éxodo de los jugadores proscriptos del béisbol organizado, que se fueron a probar fortuna con los Hernanos Pasquel en México.
Tras de dejar de participar en dos campeonatos, reapareció en 1951-52, dividiendo su actuación con el Cienfuegos y el Marianao. Se ausentó nuevamente de 1953 a 1955, pero regresó vistiendo la franela de los Alacranes por tres torneos entre 1956-57 y 1958-59. Finalizó su actuación en la Liga Invernal Cubana, lanzando los bultos postales con los Rojos del Habana en los dos últimas justas en 1959-60 y 1960-61.
Durante esos siete años, ganó 12 partidos y perdió 10 en 110 encuentros y 225 entradas actuadas, donde ponchó a 147 bateadores y regaló 120 transferencias.
En dos de sus primeras campañas en 1951-52 y 1956-57, su promedio de ponches contra bases por bolas fue de 7-11 y 7-15 respectivamente, ofreciendo la impresión que se trataba de un lanzador descontrolado.
Sin embargo, su fama se acrecentó en 1951, cuando salió a relevar contra el Tampa de la Liga Internacional de la Florida, usando el uniforme de los Havana Cubans, quienes tenían como manager al inmortal Adolfo Luque y se puso tan nervioso al momento de iniciar los disparos reglamentarios, que tiró el guante para el plato y se quedó con la pelota en su mano de fildear. Todo eso me hace pensar que Trompoloco era un tipo más “alocado” que “descontrolado”.
Rodríguez se mantuvo cuatro años con los Cubans con récord de 32-36 y 2.88 de efectividad. Para que no queden dudas acerca de su control les informó que eliminó por la vía de los tres strikes a 472 peloteros frente a solamente 310 caminatas.
Su mejor actuación con los Cubans y posiblemente de su carrera, la logró el 12 de mayo de 1946, cuando dejó sin hit ni carreras a los Sun Sox de Miami, que actuaban como locales, en el segundo juego de una doble cartelera señalado a siete episodios. Trompoloco que llevó como compañero de batería a Tango Suárez, blanqueó a los floridanos 4-0, que utilizaron en el montículo a Larry Baldwin. Armando Valdés con un jonrón y Lilo Fano impulsaron las carreras por los habaneros.
Freddy como fue conocido en las Ligas Mayores, lanzó con los Cachorros de Chicago en 1958 con récord de 0-0 en siete partidos, con cinco ponches propinados e igual número de bases por bolas. En 1959 lo hizo con los Filis de Filadelfia con marca de 0-0 en una solitaria presentación y un par de episodios actuados. En esa breve actuación caminó a un bateador.
Eran otros tiempos cuando poder lanzar en las Grandes Ligas era un sueño más difícil de alcanzar. Solamente participaban 16 novenas y por lo tanto una friolera de 150 menos serpentineros que ahora tenían la oportunidad de lograrlo.
Ocupó el montículo en la Liga Mexicana por tres años, donde acumuló promedio de 5-9, compartiendo su labor en 1956 con Nuevo Laredo (1-0), Rojos de México (0-4) en 1961 y dividiendo la justa de 1962 con México y Puebla (4-5). En la pelota mexicana estuvo algo descontrolado, pues concedió 61 transferencias y dejó como la sota de bastos a 36 bateadores.
Lo curioso fue que en 1956 el Nuevo Laredo tuvo tres dirigentes distintos durante la temporada: los cubanos Antonio “Tony” Castaño, Ramón Bragaña y el norteamericano Edrick Kellman. Con los Rojos de México en 1961, le tocó lanzar la bajo la batuta de Héctor Mayer y su compatriota Wilfredo Calviño. En 1962, cuando dividió la campaña con los Rojos y los Pericos de Puebla, trabajó bajo la batuta de Calviño y Manuel Arroyo en México y obedeciendo las órdenes de Luis Montes de Oca y José Guerrero en Puebla. Traigo todo esto a colación, para demostrar que en la pelota latina, los managers duran lo que un merengue en la puerta de un colegio.
Lanzó para los Azules de Almendares en la Serie del Caribe de 1959, celebrada en el Estadio Universitario de Venezuela, después de finalizar el campeonato de la Liga Invernal con récord de 2-1 y 1.09 carreras limpias permitidas.
Los Alacranes ganaron la serie con 5 victorias y una solitaria derrota. A Trompoloco le tocó trabajar como relevista en el noveno desafío del torneo, donde el Almendares superó 5-2 a Panamá, con la actuación monticular de los zurdos Tom Lasorda, Miguel Cuéllar y los derechos Rodríguez y Art Fowler con Dick Brown detrás de la máscara. Cuéllar se llevó el triunfo lanzando desde la cuarta entrada hasta la séptima, cuando fue sustituido por Trompoloco. Durante su corta actuación, Trompoloco le hizo bailar el trompo a los bateadores panameños.
Enlace permanente | Publicado en: Palmar de Junco | Actualizado 23/06/2009 2:04
La odisea de Euclides Rojas
Fernando Vilá | 27/08/2009 4:19
Tags: Euclides Rojas, Angel Torres
El Mundo del Béisbol: de Ángel Torres.
LA ODISEA DE EUCLIDES ROJAS
Por: Angel Torres
Recientemente en “La Estufa Caliente” y “Terreno de Pelota”, publicaron una entrevista que Fernando Vilá le hizo al ex lanzador cubano Euclides Rojas, para su blog Palmar del Junco, que desató una verdadera controversia con relación con sus opiniones.
De inmediato me comuniqué con Vilá para decirle si sería de su agrado que yo publicara acerca de las vicisitudes que pasó Rojas para escapar a tierras de libertad y sus experiencias iniciales en el exilio sobre un terreno de pelota.
Parte del artículo lo reproduzco de mi quinto y último libro “El Legado Deportivo de Angel Torres”.
Así tenemos, que el lunes 2 de diciembre de 2002, se produjo la noticia que Euclides Rojas de 35 años, líder en juegos salvados de la Serie Nacional en Cuba con 90, había sido firmado por las Medias Rojas de Boston como su nuevo entrenador de lanzadores relevistas (bullpen coach).
Rojas se había desempeñado como instructor en la organización de los Marlins de Florida en 1996, actuando posteriormente en 12 encuentros como instructor de taponeros de los Peces en 1999, cuando tuve la oportunidad de saludarlo nuevamente durante uno de mis viajes a Miami. Todo un triunfo para el joven que escapó de Cuba a bordo de una balsa en agosto de 1994.
Cuando el ex jonronero cubano José Canseco visitó la Base Aeronaval de Guantánamo en octubre de 1994, relató que entre los miles de cubanos presentes se encontraba Rojas en compañía de su esposa María y de su hijo Euclides de dos años de edad. Al respecto Canseco exclamó emocionado: “El pudo haber sido el que salió de la Isla esclava y yo el que me encontrara ahora en su lugar”.
Euclides recuerda y agradece la visita de Canseco, al igual que la de su amigo René Arocha, Rubén Sierra, Alex Rodríguez, Willie Chirino, Gloria Estefan y otros que fueron a brindar un poco de alegría a los balseros.
Desde entonces la situación cambió notablemente para Rojas, quien gracias a su pequeño hijo pudo viajar a los Estados Unidos junto a su esposa, donde su ex compañero de equipo en Cuba, René Arocha, de los Cardenales de San Luis en aquel momento, se convirtió en su patrocinador.
“Jamás podré pagarle a René todo lo que ha hecho por mí”, me dijo Rojas en una entrevista que le hice el viernes 24 de marzo de 1995 en Palm Springs, California. “Inclusive él me recomendó a sus agentes en aquel momento, Gus Domínguez, al ex tercera base de los Dodger Ron “El Pingüino” Cey y al abogado Steve Schneider, quienes se encargaron de conseguir mi primer contrato profesional con los Soles de Palm Spring de la Western Baseball League”, finalizó diciéndome Euclides.
Ese día Rojas fue presentado durante una conferencia de prensa en el estadio de Palm Springs por el copropietario del equipo Don Di Carlo, con la ausencia por estar enfermo del gerente general de la novena Al Campanis, quien había ocupado igual cargo con los Dodgers de Los Angeles y dirigido a los Elefantes de Cienfuegos de la extinta Liga Cubana de Béisbol durante el campeonato de 1953-54.
Rojas con 6 pies de estatura y 190 libras de peso, nació el 25 de agosto de 1964 en La Habana y comenzó a destacarse como “apaga-fuegos” de los Industriales en 1983, cuando contaba solamente 16 años de edad. En 1987 pasó a formar parte de la Selección Nacional Cubana de Béisbol y con ella lanzó en los Juegos de Buena Voluntad de Seattle en 1990. Impuso una marca en los torneos cubanos de 60 partidos con 15 salvados en 1993. Hasta el momento de su huida, mantenía marca de 90 juegos salvados, 68 victorias, 31 derrotas y 2.39 carreras limpias permitidas en 342 salidas al montículo.
Desde su visita a Seattle, el serpentinero cubano había decidido escapar del sistema oprobioso que desgobierna a Cuba, pero los compromisos familiares se lo impedían. El hecho de que su madre, esposa e hijo no pudieran salir, lo ataron hasta que su mamá le recomendó que no desaprovechara una nueva oportunidad.
Esta se presentó cuando el gobierno cubano autorizó construir balsas y a los descontentos lanzarse al mar a raíz de los acontecimientos acaecidos en el Malecón de La Habana, donde miles de manifestantes protestaron por las calles de la capital cubana, provocando que el tirano comprendiera la necesidad de crear una válvula de escape para aliviar su precaria situación.
Pronto miles de cubanos se lanzaron al mar, poniendo en peligro sus vidas en busca de libertad, pero confrontaron la desagradable sorpresa de ir a carenar a la Base de Guantánamo, de donde poco a poco lograron salir todos cumpliendo sus ansias de independencia.
La odisea de la familia se inició en agosto de 1994, cuando navegando en una frágil embarcación con 17 personas a bordo, el motor dejó de funcionar a solamente cinco millas de la costa cubana. Los cuatro hombres a bordo incluyendo a Rojas, comenzaron a remar el resto del camino, hasta que fueron recogidos cinco días después por un guardacostas norteamericano a 23 millas de la Florida.
Durante el trayecto vieron muchas balsas a la deriva o volcadas y se produjo un increíble acontecimiento, cuando se enfermó uno de los niños a bordo de la improvisada nave, quien fue atendido por un médico que viajaba en otra de las docenas de balsas que les acompañaban. El doctor al momento de su viaje aprovechó para llevar consigo algunos antibióticos que posiblemente le salvaron la vida al pequeño.
Su actuación como serpentinero en los estados Unidos fue efímera, pues tras su actuación en la Liga Independiente de Palm Springs, actuó para el sistema de sucursales de los Marlins de 1995 a junio 2 de 1996.
Rojas no pudo lograr su sueño de llegar a las Grandes Ligas como lanzador, no sé si debido a que el nivel fue muy alto para él, pues siempre recuerdo las palabras de José Contreras, quien me dijo que los bateadores de las Ligas Mayores eran mucho más fuertes que a los que él se enfrentaba en Cuba, siendo sus palabras textuales las siguientes: “Si no pones la bola donde debes: PUM va para afuera”.
Igualmente existe la posibilidad, que se haya arruinado su brazo de lanzar mientras remaba hacia la libertad, tal como le había ocurrido con anterioridad, “según se dice”, al zurdo Amorós Hernández.
Sin embargo, Rojas, llegó a las Grandes Ligas como entrenador a base de trabajar muy duro y en la actualidad como coordinador de escuchas para los Piratas de Pittsburgh, con la satisfacción de no haber arriesgado en vano su vida y la de su familia, cruzando el Estrecho de la Florida, infestado de tiburones y tormentas tropicales, que han cercenado la vida de muchos de nuestros compatriotas.
Enlace permanente | Publicado en: Palmar de Junco | Actualizado 28/08/2009 16:30
Supersticiones en el béisbol
Fernando Vilá | 20/10/2009 20:11
Tags: Angel Torres
Tomado del libro "Tres Siglos de Béisbol Cubano “ del periodista habanero Angel Torres.
Incluí al camarero norteamericano Forrest Jacobs pues es uno de los peloteros extranjeros mas conocidos de la desaparecida liga profesional cubana.
Supersticiones en el béisbol
Mike Cuellar y Luis Tiant, les pedían a sus respectivos managers que no los pusieran a lanzar el uno contra el otro, porque ambos eran amigos y devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre. Tiant iba al estadio fumándose un tabaco, vestido de blanco de pies a cabeza, con una cadena de oro puro de la Virgen y un relicario.
Por su parte, Cuellar no dejaba que nadie tocara la bola cuando iba a lanzar.
Tony Taylor se persignaba antes de batear, para no ser golpeado por un lanzamiento y además conseguir un hit.
Cuando el lanzador Caridad Poey se encontraba en el montículo en México, el bateador Rogelio “Mantecado” Linares, lo hacía temblar al sacar un pañuelo rojo del bolsillo.
Minnie Miñoso, uno de los mejores jugadores y mas pintorescos cubanos que han desfilado por las Grandes ligas acostumbraba a bañarse uniformado incluyendo los “spikes”, cuando estaba en una mala racha.
Tito Fuentes llevaba hasta 17 cadenas de oro debajo del uniforme y cada una tenía que estar alienada perfectamente. Se embadurnaba el cuerpo con tiza y grasa antes de cada partido.
El norteamericano Forrest “Spook” Jacobs, quien jugó en las GL y defendió la segunda base del; Almendares en Cuba, siempre rociaba su bate con un líquido misterioso antes de cada partido. Al pedírsele una explicación, dijo que le estaba aplicando “Murine” para que su bate viera bien la bola.
Enlace permanente | Publicado en: Palmar de Junco | Actualizado 20/10/2009 20:51
Willy Miranda, el mejor torpedero defensivo del béisbol cubano
Fernando Vilá | 11/10/2009 16:35
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Willy Miranda, el mejor torpedero defensivo del béisbol cubano
Por Ángel Torres
El 24 de mayo de 1926 en Velasco, provincia de Oriente en la Cuba inolvidable del ayer, nació Guillermo “Willie” o “Willy” Miranda Pérez, uno de los mejores jugadores defensivos que han desfilado por las Grandes Ligas y sin excepción el mejor de todos los tiempos entre los nacidos en la ahora Isla esclava.
Su padre según sus propias palabras, le regaló un guante y se preocupó tanto por enseñarlo a fildear en los terrenos del Central Velasco, que nunca pudo aprender a darle en el centro a la pelota, por tanto su mérito es aún mayor, porque se mantuvo durante nueve temporadas en el Gran Circo, solamente por sus grandes dotes de fildeador.
Al respecto en una ocasión cuando fue entrevistado por Joe E. Brown (Bocaza), para un programa radial, el comediante le preguntó: “¿Y tu padre nunca te regaló un bate?”.
Hace años Tom Lasorda y Al Campanis, respectivamente ex manager y ejecutivo de Los Angeles Dodgers y Gene Mauch, ex timonero de varios equipos de Liga Mayor, declararon que Willie había sido “el mejor de todos los torpederos a la defensiva en los anales de las Grandes Ligas”. Posteriormente, Lasorda aclaró que no sabía a quien escoger entre Miranda y Ozzie Smith, el famoso “Mago de Oz”, de quien Lasorda dijo que era más acrobático, aunque reconoció que la potencia en el brazo de Willy era muy superior.
En las Ligas Mayores han participado defensores del campo corto con un potente brazo, como el de Shawon Dunston de los Cachorros de Chicago en la década de los 80 y 90, pero según los expertos no como el de Willie.
Cuando WILLY MIRANDA debutó con los Yanquis de Nueva York en 1954, se convirtió en un magnífico embajador de la pelota cubana, ante el público más exigente del mundo en el Yankee Stadium, entregándole una bandera cubana al torpedero, PHIL RIZZUTO, con quien compartió la defensa del campo corto. (Foto proporcionada por Amaury Pi-González).
En Cuba existieron torpederos más completos porque bateaban mucho más que Willie, pero a la defensiva a pesar de ser astros de la posición no alcanzaron la estatura de Willy, como Silvio García, Luis (Anguilla) Bustamante, Leonardo Cárdenas, Zoilo Versalles, Humberto Fernández, Bert Campaneris, Rey Ordoñez en el deporte de paga y Quilla Valdés en la verdadera pelota amateur.
En el supuesto béisbol de aficionados que se juega ahora en Cuba, el mejor ha sido Germán Mesa, extraordinario a la defensiva, pero según los scouts veteranos que trataron de firmarlo, sin la rapidez en las manos, colocación, fortaleza y precisión en los tiros de Willie.
Desafortunadamente, Mesa al igual que otros jugadores de su época, no pudo probarse en la pelota profesional y mucho menos en un nivel superior como lo constituyen las Ligas Mayores.
Pudiéramos resumirlo, diciendo, que en Cuba han nacido una notable cantidad de cantantes y defensores del campo corto, pero ninguno como Benny Moré, Celia Cruz y Willie.
Miranda, cuyo hermano Fausto Miranda fue un connotado periodista, comenzó a jugar a la pelota en 1940, con el Club Juvenil del Parque José Martí en La Habana, haciéndolo al año siguiente con los Hermanos Maristas. De 1942 a 1947, participó con el Club Teléfonos en la Liga Nacional de Amateurs de Cuba.
Ingresó en la pelota organizada en 1948 con el Sherman de la Big State League, una localidad a menos de 100 millas de Dallas. Los aficionados del lugar no querían dar crédito a sus ojos, cuando vieron fildear a Willie y llegaron a la conclusión que estaba fuera de grupo. En 1949 estuvo con el Chattanooga (Choo Choo) de la Southern League, con idénticos resultados.
Debutó en la ahora extinta Liga Profesional Cubana en 1948-49 con el Almendares, siendo seleccionado el Novato del Año, a pesar de promediar solamente .220 de average, así es que ya saben la impresión que causó con su guante, comparado con otros debutantes que le pegaron más duro a la pelota.
Se inició en la Liga Americana en 1951 con los Senadores de Washington y se mantuvo en las Ligas Mayores por nueve temporadas hasta 1959, vistiendo los uniformes de los Senadores, Medias Blancas de Chicago, Carmelitas de San Luis, Yanquis de Nueva York y Orioles de Baltimore.
En esos nueve años, participó en 821 encuentros y en 1914 veces al bate, conectó 413 hits, acompañado de 50 dobles, 14 triples, 6 jonrones y 132 carreras impulsadas, 13 bases robadas y un average de .221. Y sobre todo retiró a muchos bateadores que conectaban la bola en el hueco entre la tercera base y el campo corto, acudiendo a la potencia de su brazo y al hecho que sacaba tan rápido la pelota de su guante, que nadie en su sano juicio se explicaba como podía hacerlo.
Al respecto, durante una entrevista televisada, el ex dirigente de los Orioles, Paul Richards, declaró: “Cuando el Baltimore adquirió la franquicia de los Cafés de San Luis en 1954, no tenían nada con que interesar a los fanáticos. Pero la suerte nos favoreció y adquirimos a Miranda de los Yanquis en 1955, a quien los Mulos de Manhattan se daban el lujo de pagarle, para jugar los últimos episodios por Phil Rizzuto, con el objeto de prolongar su carrera.
Willie no bateaba… “pero que manera de fildear”. Sus atrapadas eran espectaculares, cubría un terreno enorme, poseía un brazo de privilegio y sacaba la bola del guante con más rapidez que un mago saca la carta de la manga del saco”.
“Los aficionados iban al parque para verlo recoger pelotas”, continuó explicando Richards, “y puedo asegurarles que Willie ayudó a que el cambio de franquicia no fuera un rotundo fracaso. Sin dudas que Rizzuto y Luis Aparicio eran más completos, pero no lograban hacer sobre un terreno de pelota lo que Miranda podía”.
Cuando jugó en Venezuela los fanáticos se asombraron de ver a un defensor del campo corto superior defensivamente al ídolo Aparicio, que era muy superior con el bate y corriendo las bases que Willy, al extremo que al igual que Rizzuto, ingresó al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown.
Willie jugó 12 años en Cuba con el Almendares, con la excepción de su última campaña en 1959-60, la que dividió vistiendo las franelas de los Alacranes y los Rojos del Habana. En total bateó para un promedio de .236 en los torneos cubanos, el producto de 523 hits en 2214 veces al bate, con 224 anotadas, 145 remolcadas, 57 dobles, 26 triples, tres cuadrangulares y 15 estafas. En sus mejores temporadas bateó para .304 en 1953-54 y .294 en 1950-51.
Ingresó en 1983 al Salón de la Fama de la pelota cubana en el exilio.
Participó en cinco Series del Caribe con el Almendares bajo la dirección de Fermín Guerra en 1949 y 1950, Bobby Bragan (1954 y 1955) y Oscar Rodríguez en 1959.
Miranda falleció el sábado 7 de septiembre de 1996 en Baltimore, de un enfisema pulmonar, como consecuencia en parte a que diez años antes, al salvarle la vida a cuatro de sus vecinos en un incendio, tuvo que ser ingresado en un hospital, por causa de las inhalaciones de humo, lo que afectó su salud por el resto de su vida.
Los servicios fúnebres se realizaron en Rucks Funeral Home, Baltimore, y el entierro el martes 10 de septiembre en el Garden of Faith Cemetery de esa ciudad.
Willy fue “Capitán’ de los Azules en la extinta Liga Cubana de Béisbol y “General” en cualquier terreno a la hora de fildear una pelota.
Enlace permanente | Publicado en: Palmar de Junco | Actualizado 11/10/2009 16:45
El 20 de mayo y la herencia cubana en el béisbol
Fernando Vilá | 20/05/2009 3:53
Tags: Angel Torres.
El 20 de mayo y la herencia cubana en el béisbol
Por Angel Torres
Siempre que se acerca una fecha patriótica como el 20 de Mayo, pensamos en el aporte que el béisbol cubano hizo con relación a la lucha por la libertad de Cuba. Debido a la guerra por la independencia, no se celebraron varios campeonatos y muchos peloteros cambiaron el bate por un machete para ayudar en la lucha armada. El ex manager y jugador Emilio Sabourín, murió deportado en las misiones españolas de Ceuta y al iniciarse los combates, casi todos los hijos de cubanos que jugaban béisbol en Cayo Hueso, embarcaron rumbo a la isla a pelear, como miembros de la expedición del General Nuñez, quien desembarcó en Palo Alto.
Mucho antes de producirse la libertad de Cuba y cuando aún nadie conocía la existencia del béisbol, Esteban Bellán se convirtió en 1871, en el primer pelotero extranjero, cubano y latinoamericano en jugar en las Grandes Ligas con los Troy Haymakers de la Asociación Nacional, que después cambió su nombre a la Liga Nacional en 1876 y desde ese momento le demostró al mundo quienes fueron los pioneros. Los Haymakers posteriormente se convirtieron en los New York Gothams en 1883, Gigantes de Nueva York (1885-1957) y Gigantes de San Francisco de 1958 a la fecha. A Bellán le siguió Sandy Nava con el Providence de la Liga Nacional en 1882.
Aunque ustedes no lo crean, en el mundo deportivo aún existen cronistas deportivos, que por desconocimiento se mantienen diciendo que el colombiano Luís Castro (quien muchos aseguran era en realidad venezolano), fue el primer latinoamericano en jugar en los circuitos grandes, aunque si lo fue en la era moderna del béisbol.
Entre fines del siglo 19 y principio del 20, los cubanos enseñaron el deporte de las bolas y los strikes en México y en todo el Caribe, incluyendo a Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico, con la excepción de Panamá. Ahora estaremos de capa caída a causa de nuestro problema político, pero lo que nadie nos puede quitar es que fuimos los primeros en casi todos los renglones del juego.
Todo esto sin contar que crearon toda la terminología en el deporte de los guantes y pelotas. El nombre de béisbol es un derivado del baseball, el tubey del two base hit, el tribey del three base hit, las bolas de las balls, el jonrón del home run, jardineros por outfielders etc. Insertamos palabras nuevas como torpedero para el short stop y camarero para el segunda base o intermedista.
Aún se desconocía la existencia del juego de pelota en el mundo, con la excepción de los Estados Unidos y Cuba, cuando ya se usaban esos vocablos para latinizarlos de la fraseología americana relativa al béisbol. Pero no siempre es así, porque un strike sigue siendo un strike y un hit es todavía un hit.
El indio Guanín fue el primer jonronero criollo en la época primitiva de los siboneyes y taínos. El Palmer del Junco en la provincia de Matanzas, fue el primer terreno donde se jugó pelota profesional en Cuba y en Latinoamérica. Adolfo Luque fue el primero en participar y obtener un triunfo en un Clásico Otoñal y reinamos en las Series Mundiales Amateurs y las Series del Caribe, donde ganamos las últimas cinco consecutivamente.
De no ser por el régimen que desgobierna a la isla esclava, estaríamos desde hace años en las Ligas Mayores, pues los Cubanos Reyes del Azúcar (Cubans Sugar Kings) de la Liga Internacional en la Triple A, estaban señalados para integrar las Grandes Ligas antes que Montreal y Toronto, bajo el lema: “UN PASO MAS Y LLEGAMOS”. Han transcurrido 51 años y ningún otro país latinoamericano ha logrado tener un equipo de clasificación Triple A.
Los cubanos que han desfilado por los circuitos mayores a través de la historia, no han sido el producto de ningún sistema político, sino que constituyen la HERENCIA de los peloteros de antaño como Luque, que ganó 27 encuentros en la temporada de 1923 con los Rojos de Cincinnati, la mayor cantidad jamás alcanzada por un serpentinero latinoamericano, además de ser el primer hispano en vestir el uniforme de los Dodgers de Brooklyn. José de la Caridad Méndez, que le colgó 25 ceros a los Rojos de Cincinnati, Eustaquio “Bombín” Pedroso, quien lanzó un juego sin hit de diez entradas contra los Tigres de Detroit en 1909; Juanito Decall y Juan Eckelson, quienes siendo verdaderos amateurs vencieron a los Medias Rojas de Boston y Gigantes de Nueva York respectivamente. Rodolfo Fernández que derrotó a los tres equipos de Grandes Ligas a los que se enfrentó, al igual que hizo el zurdo Agapito Mayor en dos oportunidades. Ramón Bragaña, Basilio “El Brujo” Rosell, Julio “El Jiquí” Moreno, Conrado “El Premier” Marrero, Silvino Ruiz y otros, vencieron a novenas de los circuitos mayores en Cuba.
Miguel Angel González (provisionalmente) y Preston Gómez (oficialmente), fueron los primeros latinoamericanos en dirigir conjuntos de Grandes Ligas; Minnie Miñoso y Marrero, los primeros junto al venezolano Alfonso “Chico” Carrasquel, en participar en un Juego de Estrellas; Sandalio “Potrerillo” Consuegra el primer campeón de los lanzadores en la Liga Americana; tal como lo fue Luque en la Nacional, Camilo Pascual, el primero en ponchar a 15 bateadores en un desafío y ganar 20 partidos en dos años seguidos; Tony Oliva, el primero en conquistar la corona de los bateadores en sus dos primeras campañas; Bert Campaneris el primero en jugar las nueve posiciones en un partido; Zoilo Versalles el primero en ser seleccionado el Jugador Más Valioso de la Liga Americana y además integrar junto a Tony Oliva y otros tres peloteros de los Mellizos de Minnesota, el primer quinteto en anotarse cinco cuadrangulares en una entrada; Luís Tiant el primero en ponchar a 19 bateadores en un choque, además de anotarse la primera blanqueada en un Clásico Otoñal frente a la Gran Máquina Roja del Cincinnati y ganar junto al zurdo Mike Cuéllar, la friolera de 20 encuentros en cuatro oportunidades distintas; Tony Pérez, primero en conectar tres jonrones en una Serie Mundial; Martín Dihigo, único en ser elegido a los Salones de la Fama de tres países: (Cuba, México y Estados Unidos); José Canseco, primero en conectar 40 bambinazos y robarse 40 bases, además de ser el primer extranjero en llegar a las 400 películas de cuatro esquinas. Todo esto por solamente mencionar algunas hazañas.
En 1950 cuando Witto Alomá, Sandalio Consuegra, Conrado Marrero, Limonar Martínez, Julio Moreno y Patato Pascual llegaron al Gran Circo, el núcleo de cubanos desde 1871 hasta esa fecha ascendió a 51, contra solamente 10 peloteros de otros países: combinados, un colombiano (Luís Castro), tres venezolanos (Alejandro “Patón” Carrasquel, Jesús “Chucho” Ramos y Alfonso “Chico” Carrasquel), cuatro mexicanos (Melo Almada, José Luís “Chile” Gómez, Jesse “El Güero” Flores y Beto Avila), dos puertorriqueños (Hiram Bithorn y Luís Rodríguez Olmo). Todo sin contar a las estrellas cubanas negras que no pudieron jugar como José Méndez, Alejandro Oms, Silvio García, Cocaína García y docenas más, que hubieran duplicado o triplicado la cantidad.
Para que se den una idea del dominio criollo, les diré que cuando el primer dominicano, Ozzie Virgil en 1956 (casi un siglo después que Bellán) debutó en la Gran Carpa, ya habían desfilado 71 peloteros cubanos por las Ligas Mayores, cuando era difícil que le dieran oportunidades a jugadores extranjeros, sobre todo porque solamente existían 16 equipos y no 30 como ocurre ahora.
En 1967 se produjo la primera gran invasión de jugadores latinoamericanos en las Grandes Ligas, 37 en la Nacional y 36 en la Americana, debido a que ya no podían salir peloteros de Cuba. A pesar de haber transcurrido ocho años del arribo al poder de la tiranía castrista, los cubanos aún dominaban el panorama con 30, seguidos por Puerto Rico con 11, República Dominicana y Venezuela (9), Panamá (8) y México con 6.
Los cubanos lideran con cuatro de los nueve integrantes del Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown (Martín Dihigo, Tony Pérez, José Méndez, Cristóbal Torriente), a pesar de la injusticia que se ha cometido con Luque, Oliva, Tiant, Miñoso y Silvio García, quien fue escogido antes que Jackie Robinson, para romper la barrera racial con los Dodgers de Brooklyn, pero que fue eliminado por su intolerante temperamento latino.
Si no fuera por el sistema totalitario que ha tiranizado a Cuba durante 50 años, los jugadores cubanos seguirían dominando, como siempre lo hicieron desde 1871. A los daños irreparables que ha sufrido la Isla esclava, hay que sumarle el béisbol.
¿Se imaginan ustedes el talento que se hubiera desarrollado en Cuba desde 1961, de haber contado con academias de béisbol, como la creada por el cubano Rafael Avila en la República Dominicana en vez de su patria?.
Recuerden que los cubanos llevamos el béisbol en la sangre, algo que ni el comunismo ateo nos pudo arrebatar y hay que dejar bien claro que en la Cuba de antes siempre se jugó la mejor pelota, como sucede en Brasil con el fútbol, aclarando que el deporte no es un invento del presente. Por el contrario, debido a la falta de competencia y enseñanza, a los actuales jugadores que escapan de la isla, les cuesta trabajo imponerse en el mejor béisbol del mundo, con honorables excepciones como Liván y Orlando “El Duque” Hernández, René Arocha, Rolando Arrojo, Rey Ordoñez, Yuniesky Betancourt y Kendry Morales, que parece estarse consolidando durante la presente temporada 2009.
No contamos a los hijos de cubanos, que por cuestiones políticas nacieron en el exilio, como lo es el caso de Raúl Ibañez, quien al momento está destrozando a los serpentineros de la Liga Nacional y se encuentra luchando por la triple corona de bateo.
Cuando los españoles querían inculcarnos el amor por el balompié, parodiando a las carreras de caballos, decían que era el “deporte de los reyes”, pero los cubanos respondían diciendo que el “béisbol era el rey de los deportes”.
Enlace permanente | Publicado en: Palmar de Junco | Actualizado 20/05/2009 4:05



