Manipedi
Grettel J. Singer | 16/11/2009 3:29
Los chinos son muy ágiles y multifacéticos. Eso ya lo sabíamos.
Hace un mes o algo así fui a un salón para que me devoraran las uñas de las manos y las de los pies. Y es más o menos lo que sucedió, porque cuando el manicurista terminó se podía mezclar aquel kilo de pellejos y cutículas y empanizar por lo menos una docena de croquetas.
Me indispuse apenas llegué y descubrí que mi chica estaba ocupada y tenía una cola de clientes esperándola. Esos sitios de atención rápida que no requieren cita, pueden causar más daño que una devolución civilizada de dedos presentables, y ella, mi chinita, es la única en quien confío. Inútilmente esperé tres cuartos de hora hasta que el encargado/manicurista/recepcionista/depilador/facialista/masajista/cajero se ofreció a atenderme.
Me desconcertaba la idea de que fuera un hombre quien me hiciera las manos. Supuse que no era el oficio apropiado, sin mencionar las desventajas de las que consideré sus manoplas rígidas no se escaparían. Porque en sus manos fue en lo primero que me fijé. Pero ya había esperado demasiado y no me atrevía a irme sin el servicio. Además, mis quejas eran meras suposiciones porque nunca un hombre me había realizado un mani/pedi. Pero él no se dejó intimidar e impetuosamente me tomó de un brazo y me sentó frente a su mesa, y no voy a decir que me hizo el amor, pero casi.
Mientras me tocaba las manos con sus dedos blandos y esponjosos, yo me negaba a cerrar los ojos por miedo a caer en un trance sexual, en público. No sólo me agradaba su tacto, pero también su habilidad y capacidad de realizar tantas tareas simultáneamente. Creo que podría enamorarme de un hombre así. Las mujeres abogamos tremendamente por hombres que saben complacernos con tantos servicios y tanta disposición, pero es especialmente erótico ver a un hombre hacer más de una cosa a la vez con destreza y resolución.
Le pedí que no me aplicara pintura, que prefería las uñas naturales y de ser posible que me les sacara brillo. Me ignoró y abrió bruscamente un menú para que escogiera el diseño:
Uñas en 3D con varios tipos de texturas: metales, piel de víbora, telas, etc.
Papel y uñas encapsuladas: arena de mar, flores de naturaleza muerta, cintilla, listón, concha nácar, logos, stickers, tabaco, cascarón de huevo, tatuajes.
Clásicos del arte en miniatura.
Perforaciones, burbujas…
Inquieta por su reacción, tranco el libro de las espantosas sentencias y tartamudeo un no escurridizo, respiro hondo y le digo decidida que sólo me apetece un brillo. Pero él no aceptó que me saliera con la mía y en su lengua nativa me mandó a buscar un color. Escogí un rosadito pálido. Eso tampoco le hizo gracia y de su bolsillo sacó un pomito que parecía una poción mágica y comenzó a pintarme con o sin mi aprobación, no sin antes guiñarme un ojo. Era un color indefinido, a mí me parecía negro, pero luego otras personas confirmaron que era rojo. El color en boga para el otoño, me dijo el chino en un inglés improbable.
Luego me agarró las piernas y me dio un masaje delicioso que duró por lo menos diez minutos por pierna. Pensé que tal vez sus manos iban demasiado lejos, pero no me atreví a interrumpir y menos a provocar que estallara una revuelta de atención colectiva enfocada en una terapia inocente que conseguía descoserme hasta las caderas y mermar los dolores de la semana. Con los nudillos dedicó unos toques entre los dedos y luego me fue aplastando con precisión cada yemita. Me enganchó unas agujas en el dedo gordo y otras alrededor del empeine y el talón. Supuse que se pasaba de fresco, aunque acepté su iniciativa, que es otra cosa que tanto añoramos las mujeres.
Complacida, relajada, embellecida, en boga y un tanto confundida, pagué apenas $28 por aquel tratamiento de reina que me acaban de dar. Y ahora creo que odio al chino del salón porque pienso que ya nunca más una mujer me podrá complacer de la misma forma.
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 16/11/2009 4:04
Vaginoplastia y otras cirugías adyacentes…
Grettel J. Singer | 02/11/2009 4:22
Las chicas también nos comparamos el sexo.
Claro, así es como una aprende e intercambia informaciones y datos acerca de otras vaginas, porque serán muy parecidas, pero siempre hay algo nuevo que aprender.
La última vez que me bajé el blúmer para enseñarle la mía a otra mujer me mandaron con el cirujano y me sugirieron una vaginoplastia y una labioplastia, sin descartar también una posible himenoplastia, argumento que encontré sensible porque ya si una se va a abandonar a los oficios de la navaja, pues qué más da rejuvenecer esa área completica.
Inútilmente argumenté que cuando una da a luz y especialmente cuando una se pone grande “la zona” se transforma en una nueva composición, y me gustaría pensar que los atractivos son diferentes pero no indeseables. El tamaño y el color varían, las cortinas se comienzan a arrastrar, y repito, es que me parece que ese envejecimiento tiene su encanto. Pero no, me dice una amiga, cuya vagina es un primor, un instrumento realmente noble y virgenesco, si no te gusta algo en tu cuerpo debes ser proactiva y modificarlo. Bueno, pero es que me gusta mi cuerpo. No es cierto, me dice ella tan confiada, que su testarudez me resulta una chulería, además ella sí se ha sometido a infinitas operaciones estéticas para mejorar su look vaginal y general, así que acepto con humildad la improbabilidad de otro consejo menos riesgoso.
Entra otra amiga y nos coge en medio de las comparaciones, mientras mi amiga agachada repara en todos mis defectos, parten las dos a reírse en lo que me parecieron desdichadas y crueles carcajadas. ¿De qué se ríen?, digo a punto de crisparme. De ti, me contestan muy sagazotas las dos. Mientras la morena que acaba de entrar al baño me aprieta los senos y me entierra sus puyas en la espalda me dice que para operarme el pipi primero me tengo que realzar el busto. Es cierto, agrega la que tengo escarbándome la poca dignidad que me queda, debes empezar de arriba para abajo.
Al carajo las dos, digo obstinada. Y nos desvanecemos las tres de la risa. Porque las amigas aunque nos critiquemos a muerte nos queremos muy a pesar de las diferencias vaginales.
Pero me pregunto, ¿es tan inquietante ese rechazo a la vejez?
Nada, sencillo, si su problema es ensanchamiento labial, tejidos de poca firmeza, cortinas tamaño king, vulva salida o paredes caídas, ahora existe la solución, un innovador proceso quirúrgico que rehabilita y realza el desconchinfle que proporcionan las circunstancias del diario vivir. Un procedimiento donde te reconstruyen la superficie y afirman los tejidos para recuperar la función y el aspecto joven de la zona íntima. En otras palabras, un “lifting” vaginal que corrige el desmadre que deja el parto y la vida misma. Una verdadera tentación para mujeres a partir de los dieciocho años.
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 02/11/2009 16:25





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