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Trenbeso

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El beso es lo que decide. Si la mujer no aprueba de ese primer beso, olvídate del tango y canta un bolero.

En mi desinformada y, probablemente ante otros ojos, inexperta opinión, el peor de los besos, aunque por muy poco porque los mojados con lengua de lagarto son definitivamente finalistas en este relato, es ese que además de ser beso mojado con lengua de lagarto, viene hacia una disparado como un proyectil, y cuando hace toque se estrella en la delicada boca de una mujer, sin brújula alguna, sin guía más que un desenfreno físico que se extiende hasta la lengua opuesta convirtiéndose en un ejercicio bucal monótono de poca o ninguna originalidad; y para colmo pincha y viene mojadito mojadito. Hay que tener dirección caballero, un poco de dirección y paciencia que esto no es una carrera corta.

Existe una gran diferencia entre la pasión que es como un furor, un arrebato gozoso, y el trenbeso que es más bien una práctica robótica, sin contenido, carente de sinceras emociones, que ataca una boca con desespero, y un tanto de desprecio también, como para demostrar que puede besar, pero eso no es un beso.

Está también el factor saliva, esa incontrolable y excesiva producción de secreción. No se puede evitar, ya lo sé, que un beso nace de un lugar húmedo, pero es obligatorio aspirar, succionar ese arroyo que brota de las glándulas salivales que se encuentran en el piso de la boca y que no tienen por qué terminar en su totalidad directamente en esa rendija que intentamos besar. A nadie le place un espumarajo epiléptico chorreándole por las esquinas de los labios.

Mis relaciones se han decidido siempre después de ese beso inicial. No después de hacer el amor por primera vez, sino después de ese irrepetible beso. De hecho un beso soso nunca llegó a hacer el amor conmigo. Puedo decir firmemente que todas las personas con las que he hecho el amor han sido como mínimo, besantes promedio. En la cama todo tiene arreglo, en la boca, la situación es muy otra. Deben existir dos paralelos entre los besantes, química y armonía bucal, sin ambos, lo aconsejable es abandonar la causa por completo porque el acto de besar no se puede forzar y menos enseñar.

En el curso de mi vida han sido varios los trenbesos que me han pillado, pero hubo uno en particular que simplemente no me lo esperaba. Al menos hasta ese momento creía que un trenbeso nunca llegaba inadvertido, que uno siempre lo podía divisar tanto en la oscuridad como en la distancia, pero este me comprobó todo lo contrario.

Fue con un chico. Eramos compañeros de trabajo y compartíamos una oficina y, en ese espacio nos habíamos hecho también amigos. Nos gustábamos a morir, pero no nos lo dijimos por varios meses. Y mientras disfrutábamos de ese silencioso y mórbido juego entre dos personas que se encuentran irresistibles pero que por motivos inciertos no dejan avanzar lo infrenable, algo de una cierta intangibilidad nos unía cada vez más. Llegamos a un punto que no podíamos aguantar el deseo de entregarnos a algo distinto a esa rutina que crecía en insuficiencia al final de cada día laboral que compartíamos juntos, arrojándonos al vacío durante las noches y los fines de semana. Ya de sólo mirarnos nos reíamos confabulando el final de nuestra historia, y cada roce se triplicaba en sentido. El era un chico suave, lento, no de mente, sino de esos que se toma su tiempo para todo, que uno no se los puede imaginar en el acto de por ejemplo, correr o siquiera caminar de prisa o brincar un muro si se viera en la urgencia. El caso es que eso me atraía mucho, un hombre que fuera como una nube pasajera, que aunque no parecía que se estaba moviendo, se estaba moviendo. De esa gente que sin aparentar que está haciendo algo, al final del día ha completado sus deberes, mientras yo que me movía al paso de un rayo, permanecía perennemente retrasada en todos mis proyectos.

Nos habíamos escapado a la terraza del primer piso a fumar un cigarro, algo que hacíamos un promedio de cinco veces por día. En esa época yo aún fumaba. El, como se demoraba más que yo para todo, no quiso subir conmigo de vuelta a la oficina sino que se quedó conectando un segundo cigarro, también hacía eso un promedio de cinco veces por día. Cuando se comenzaron a cerrar las puertas del elevador, un brazo esquelético pero de una fuerza inverosímil e imprevisible, detuvo el proceso e inmediatamente se coló por completo en la cabina, brazo y cuerpo, claro. Oprimí el botón del piso adonde íbamos y cuando me volteé a mirarlo, porque ya me había fijado que era el hombre lento, ahí venía un trenbeso a aporrarme, a tragarme de un bocado, a dejarme moretones y magulladuras, a arrollarme con su velocidad y a aplastarme con su peso, sin hacer el más mínimo contacto íntimo con mi cuerpo o con la entrada que de súbito intentaba violar. Su lengua se defendía como podía, sin un plan oficial, sin una meditación acertada acerca del territorio que se disponía a conquistar. Sus manos espaguetitosas también rondaban por el litoral con gran despiste y no menos enardecido rumbo. Lo mismo me estrujaba los pezones que me apretuscaba la cara sin permitirme al menos respirar. Yo por supuesto estaba en shock, además invalidada, sin poder demostrar mis deseos o por lo menos mis conocimientos. Me había hecho mucha idea con este beso, había imaginado que me exploraría al paso de las nubes, que me pondría en pausa como los vídeos, al borde de la realidad y tal vez otra dimensión. Bueno, y todas esas cosas que uno siente a raíz de un buen beso. Además, en ese primer beso que sabía nos estaba por sorprender, mi cincuenta por ciento de labor bucal tenía un plan de ejecución a la perfecta medida, porque sí, al dar un beso sólo te toca una parte, la otra no es tuya sino de quien te besa, y de lo contrario, entonces el besado se convierte en la presa del besante, que es lo que fui esa tarde en sus brazos.
El hombre lento fue muy veloz. Al momento cuando se abrieron las puertas del elevador, el trenbeso siguió su desdichado camino, sin atinar ni por un segundo al desastre que dejaba atrás.

¿Cómo defino entonces un elevado primer beso? Es un tema de cada cual, un acto impredecible que, o funciona o no funciona. Para mí puede ser de varias maneras: lento, apresurado, apasionado, tímido, fugaz y en lo que se pueda, sequito, sin mucho desparpajo. Debe haber por ambas partes unas ganas incontrolables y una esmerada concentración y paciencia, mucha paciencia. También exijo una búsqueda informada y calculada porque nadie jamás conquistó grandes territorios sin antes lograr adueñarse de por los menos un archipiélago. Pero además, el beso para mí ha de ser una orden obedecida por el deseo, no un deseo obedecido por una orden.



Nina Simone: I Wish I Knew How It Would Feel To Be Free

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La última vez que casi vi a Nina Simone en concierto pensé que por seguro esa vez se me haría realidad un seño frustrado de ya tantos años. En varias ocasiones casi casi llegué a verla, pero algo normalmente ocurría que me lo impedía.

Ya lo tenía decidido, quería verla en vivo, pasar a ser parte de su historia, muy a pesar de que siempre he preferido quedarme en casa y escuchar el cd en la comodidad de mi sofá cien millones de veces antes de caer en medio de la conglomeración humana y despistada que asiste a conciertos. Entonces comencé a seguir más o menos sus giras para ver si podía sumarme a una de las funciones.

A principios de Julio del 1999 tenía planificado un viaje de trabajo a Londres, ciudad en la que Nina daría un recital alrededor de las mismas fechas en las que visitaría, pero un súbito cambio de plan me arrojó a San Francisco.

Debí imaginarme que cuando (por un pelo) me la perdí en el 2000, ya nunca se me volvería a dar otra oportunidad. Las entradas se habían agotado y yo acababa de llegar de un largo viaje y no me había enterado de que Nina estaba haciendo una gira de conciertos por los Estados Unidos, y menos que venía a Miami. Pero hay cosas que están escritas y el universo por algún motivo conspiraba, siempre nos acercaba, sin embargo nunca me dejaba llegar frente a ella. Uno de mis mejores amigos tenía dos entradas para ir a verla aquí en Miami, en el Gusman Center, a diez minutos de mi casa, pero otro amigo que le había pagado por la otra entrada semanas antes, sería su acompañante. Algo repentino ocurrió el 8 de Noviembre del 2000, el padre de mi amigo falleció inesperadamente. Al día siguiente mi amigo tan generoso y siempre pendiente de los detalles, hasta en medio de su tragedia, me llamó para ofrecerme las entradas porque esa noche iban a velar a su padre y como era de esperar él no podría ir a ver a Nina. Yo con mucha pena acepté, aunque hubiese preferido hacerle compañía a mi amigo, no obstante él no me lo permitió y me rogó que fuera al recital, sino se perderían las entradas. No le podíamos hacer esa mierda a Nina Simone. Me decidí a ir con mi esposo, además le avisé a mi amiga Diana, también seguidora de Nina. Ella enseguida se sumó al plan y fue al Gusman para tratar de conseguir entradas tal vez de alguien que estuviera vendiéndolas en la puerta. Para su sorpresa consiguió una en la taquilla.

Llegamos al Gusman, la acomodadora nos llevó a mi esposo y a mí a nuestras sillas, estaban muy bien situadas. Por fin coincidía con Nina Simone, no lo podía creer, en sólo momentos aparecería mi diosa, de carne y hueso, e iba a abrir la boca y expulsar su avalancha de melancolías sobre mí, y sobre todos los que estábamos presentes. Me pareció extraño el público que allí se reunía, gente joven de rasa negra. Por un lado porque Nina era de todos los colores, y me sorprendió que en esta ciudad sólo existieran tres blancos que la fueran a ver. Por otro lado encontré chocante la juventud que atraía una mujer de tanta historia. En fin, nos sentamos y esperamos pacientemente unos cuarenta y cinco minutos de una presentación teatral de lo que parecía pertenecer a una escuela, que dedujimos era el primer show en la cartelera; como una especie de banda telonera, excepto que la música no comenzaba. De pronto a mi esposo ya mí nos agarró la sospecha y salimos del salón a averiguar qué sucedía con Nina. Justo en ese instante en que llegábamos al lobby divisamos a Diana quien se disponía a hacer lo mismo, ella tan perdida como nosotros. Al investigar lo ocurrido nos enteramos que el recital de Nina se había efectuado la noche anterior. Miramos la entrada y en efecto, databa para el día 8 y estábamos a 9. En la entrada de Diana ni siquiera aparecía el nombre di Nina ¡Qué frustración!, casi, pero casi, la llegué a ver.

Luego en el 2001 surgió una oportunidad nuevamente. Nina en París el 8 de Junio. Yo tenía planes de pasar ese verano en Europa, comenzando mi excursión por supuesto en París. Pero ese año el mundo entero parecía que iba a Paris a veranear, y el pasaje más cercano al día del recital que conseguí fue para el 10 de Junio. Excepto una vía con un montón de escalas que me dejaba en Paris el mismo 8 de Junio, pero ya tarde en la noche. Como siempre una vez más en convergencia Nina y yo. Ese mismo mes Nina estuvo en Nueva York en un festival de Jazz, mientras yo aún permanecía en Europa.

Cuando me enteré en el 2003 que la Simone había fallecido me agasajó inmediatamente una angustia por ese deseo reprimido, una zozobra excesiva, una desilusión desproporcionada por ese imposible que se imponía para el resto de mi vida, y bueno, también sentía que algo mío se había ido con ella.

La gran Nina, con su voz desnuda, zalamera, directa, ecléctica, nostálgica, con esa piel tan púrpura, tan hermosa y tan llamativa, era una mujer sin etiquetas, de todos y para todos. Su música era como ella, experimental, de todos los géneros, de todas las situaciones. Nina Simone fue sin duda una de las mejores vocalistas del siglo veinte. Es imposible escucharla y no saber que es ella quien canta, jadea, grita y se calla a la vez, dejándonos en el cuerpo una emoción y una experiencia irrepetible. Además de su maravillosa música, Nina dejó una pronunciada huella en el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos, siendo una activista con desmesurada pasión desde niña cuando a sus padres, por el color de la piel, les negaron el derecho de estar en la primera fila del primer concierto musical de su hija. Luego se trasladó a Filadelfia donde intentó conseguir una beca en el Instituto Curtis, pero por ser negra no fue aceptada. Su poca tolerancia por el rasismo se reflejaba en sus canciones protesta, y mediante éstas Nina Simone demostraba su rebeldía y su compromiso por un cambio. Ante el rechazo a su raza que encaraba constantemente en Norteamérica, se vio obligada a exiliarse en otros países; primero en Barbados y luego en diferentes lugares en Europa. Murió en el sur de Francia, país donde llevaba viviendo ya varios años.

Nina Simone era una mujer misteriosa, controversial, de un talento titánico, de fuertes convicciones, defensora de la libertad, de los derechos de las mujeres, activa en el movimiento feminista y el lésbico gay. Era una mujer valiente, que decía lo que sentía valiéndose de su música. Era sabido que en sus conciertos hacía sentir que ella estaba allí cantándole a cada persona de la audiencia por individual. Algo que nunca llegué a comprobar, pero que de todos modos siento cada vez que escucho sus discos.

El 21 de Febrero se celebra su natalicio. Nina, ese día en tu nombre me beberé una copa de vino y en tu honor te escucharé cantar y tocar tu prodigioso piano, pues no me queda duda que es como más deseabas ser recordada.

Aquí dejo algunas imágenes de Nina Simone, desde muy joven hasta ya entrada en la tercera edad. Hermosa en todas sus etapas.



Desajuste Mujeril

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Encontrar un balance en nuestra vida es posiblemente una de la operaciones más difíciles que nos podemos imponer. En primera instancia porque el balance sólo se logra a través de la constancia, que es más o menos la misma rutina que mediante una existencia equilibrada intentamos evitar y que se logra solamente con esos pequeños actos espontáneos del diario vivir, siempre y cuando nada exceda o supere otros actos, los indispensables.

Digamos que la vida es como una maqueta abundada por todo lo bueno y lo malo, y una debe elegir a qué le va a dar importancia de manera eficaz y con cierta precisión para que al final del día o de la semana o cuando quiera que se saque el balance, la caja cuadre. Se debe llevar una dieta saludable pero saber cuánto de lo dañino se puede comer. Conviene hacer ejercidos para estar sanas y duras. Debemos pasar con la familia un tiempo adecuado que se pueda considerar como calidad y no necesariamente cantidad, aunque eso también es fundamental. Es esencial mantener la relación activa entre pareja, no ser ni muy vanidosa ni muy desaliñada, dedicarnos tiempo a nosotras mismas, terminar algunos de los proyectos que hemos comenzado, ser buenas amigas pero aprender a decir no de vez en cuando, en especial si de verdad no podemos acceder a cierto caprichos.

¿Será posible que la moderación no sea otra cosa que un producto de la inconformidad?

Las mujeres somos: o muy gordas o muy flacas, o muy bajitas o muy altas, o muy blancas o muy oscuras o muy verdes o muy amarillas. Tenemos el pelo o muy rizado o muy lacio, o muy oscuro o muy claro, o muy corto o muy largo, o muy grasiento o muy seco. Normalmente queremos cambiar de pareja o hacer que nuestra pareja cambie. Si estamos solteras añoramos estar en pareja, casada y con hijos, o si tenemos todo eso sentimos envidia por las solteras que pueden hacer lo que les venga en gana. Hasta que llegamos a los treinta años no soñamos con tener diez de más, pero sí actuar como tal. Después de los treinta todas deseamos tener (o como mínimo aparentar) diez años de menos. Si tenemos experiencia es porque ya hemos perdido la inocencia. Pero la inocencia no es tampoco el mejor de los atributos, pues con ella también viene la torpeza. Además, a la inocente ya después de cierta edad se le empieza a dar otro nombre; la problemática, la solterona, la tonta, que en realidad quiere decir la idota.

Todas las mujeres nos formamos una idea distorsionada de la belleza y sólo puede regir en aquella que no encontramos en nostras mismas, sino en las que tienen piernas tulliditas o largas infinitas, o las flacas desnutridas que desfilan por las pasarelas, las que son culonas o tetonas ,o ambas, culonas y tetonas. Debemos tener labios carnosos, ojos expresivos, pezones rosaditos y pequeñitos, un cutis formidable, muslos duros y lisos. Jamás encontramos el balance sino la inconformidad, o nos sentimos muy lindas o muy pero muy feas. En el bar debemos beber alcohol medidamente. Está bien que un hombre nos compre un trago, pero también hay que tener en cuenta cuándo nos toca pagar. No debemos entregarlo todo en una relación. Es necesario luchar por nuestros derechos, y a su vez evitar consumirnos por ello. Tenemos que conducir al máximo de lo que permite la ley, de lo contrario te llamarán Miss Daisy. Es esencial demostrar cualidades de aventurera, con límites para que no te tomen por irresponsable. Es decir, vivir con pasión pero sin obsesión, encontrar un balance o si parece más fácil, evitar la conformidad.

En conclusión, cuando escucho aquello de la moderación siempre pienso que ese concepto se ha inventado para evitar los extremos, pero que en sí es quimera imposible de realizar, y que la ecuanimidad no es otra cosa que la decadencia de tanto la pasión como el abandono a toda causa, pues si hay una equilibrista por ahí que todo lo tiene bajo control, que tire la primera piedra.



28 Días De Amor y Frenesí

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Celebrar el día de los enamorados me parece una tontería. En especial si sólo se celebra ese día en todo el año; único en ser marketizado como representación del afecto y la pasión entre parejas. El amor no es cuestión de un día, pero claro, todos necesitamos un recordatorio de vez en cuando. Sin embargo, podría resultar mucho más atractivo si en cambio se festejaran diversos días de sostenida veneración, semanas y meses, temporadas completas de ilimitada adoración.

Por ser tan cínica, práctica, poco romántica y nada creyente, este año voy a cambiar mis propias reglas, voy a desafiar el sistema calculador y aburrido que representa el día de San Valentín donde el hombre es el sujeto responsable de infestar el destinado día de acciones románticas, y la mujer es quien se encarga de destapar la pasión erótica en las horas nocturnas. Mis actos serán en respuesta y por protesta a algo que leí el otro día acerca de el amor y el enamoramiento. El artículo decía que el enamoramiento era realizable debido a la ausencia del amor, y el amor era la etapa posterior al enamoramiento, pero que era improbable que ambos coincidieran. También decía que los seres humanos estamos predispuestos químicamente a salivar por alguien por un tiempo determinado y de ahí en adelante el hechizo se disfuma por completo. No puedo con esos asuntos mundanos de profunda ordinariez. Propongo desmantelar el turbio resultado que predomina sobre ese tema. ¿Quién dice que no se puede amar estando aún enamorado?

Propongo que febrero esté desbordado de amor y más amor, hasta empalagarnos, porque de alguna manera hay que justificar esos meses de ineludible cotidianidad, que digan lo que digan ninguna pareja se escapa.

Con máximo ímpetu elaboraré deliciosos platos afrodisíacos por lo menos una vez por semana. Me haré el propósito de servir las tres comidas del día en forma de corazón o en platos con forma de corazón porque ese es el signo del amor. Con esa misma forma hornearé galleticas y las decoraré y se las enviaré a mi marido de sorpresa. También le enviaré globos, flores y chocolates; no hay que ser mujer para sentirse especial cuando tu pareja te sorprende infraganti, aún cuando es de manera convencional. Colgaré luces rojas en nuestro dormitorio y en la cocina, siguiendo el formato de la Navidad que aunque es el día 25, la decoración comienza mucho antes, supongo que para mantener vivo el espíritu, que es lo que intento lograr.

Bajo la almohada y en el refrigerador esconderé notas cargadas de pasión, poesías de Neruda, versos de Rumi. Insistiré en un beso con lengua diario a las 8pm, con alarma y todo, que dure diez minutos, por lo menos. Eso lo aconseja una sexóloga que fue invitada al programa de Oprah hace unos meses y que no recuerdo su nombre (aunque no tiene que ser a las 8pm, puede ser a cualquier hora). Además voy a intentar, aunque esto va a costar un poco de trabajo, hacer cita con mi pareja bajo la ducha por lo menos dos veces por semana. Usaré creyón labial rojo todos los días, ropa más ajustada, inusitados escotes, sólo para él. Le enviaré cartas por correo, invitaciones privadas. Lo volveré loco, de amor o de atar, no lo sé. Pero lo que sé es que no habrá rutina que se imponga o que me aleje de estos actos de sincera y desproporcionada latría.

Me tomaré el tiempo para explicar las cosas sin verme en la necesidad de alzar el tono de la voz. Trataré por todos los medios de no asumir que el sentido común es garantizado en cada ser humano. Trataré por todos los medios de ni siquiera mencionar el tema del sentido común. Cuando me encuentre sus zapatos tirados al lado de la puerta de la entrada, no los botaré en la basura, sino que con cariño los regresaré al closet. Si el perro se escapa porque mágicamente alguien dejó la puerta del patio abierta, aprovecharé la ocasión para emprender una búsqueda amorosa y armoniosa bifurcándome por las calles del reparto donde vivo de la mano con mi hombre, y cada vez que pronuncie el nombre de mi perro le daré a ese hombre una mirada seductora, de fuego puro, que sea el inicio de lo que luego elaboraremos en un ambiente más privado. Beberé cerveza y miraré, para hacerle compañía, todos los partidos de cualquier deporte que se le antoje ver, y por este mes estaré del lado de su equipo, sin desearle fracturas a nadie, sólo victorias.

Pensaré que los inodoros con tapa subida son nuevas expresiones artísticas de mucho agrado. Borraré de mi mente cosas feas, como por ejemplo cuando me encuentro con una toalla que es de secarse el cuerpo siendo utilizada como alfombra de baño, o un paño de secar platos absorbiendo un líquido derramado en el piso de la cocina, cuando en realidad hay toallas para el cuerpo y toallas para apoyar los pies, paños para la meseta y paños para el piso. Remplazaré el rollo de papel higiénico sin papel cada vez que me toque sin decírselo a nadie. No pondré cara de monstruo cada vez que me encuentre el pomo de la leche vacío, o lo que es peor, con un tilín que no alcanzará ni para acompañar un té. Llenaré el tanque de gasolina que cada lunes me sorprende en cero. No diré ni esta boca es mía al descubrir unas galleticas zocatas porque nadie las cerró como es debido. Guardaré silencio cada vez que me azote una gaveta en la cadera porque en casa sólo se abren gavetas, nunca se cierran.

Desde las 9pm en adelante me despojaré de toda la ropa, aunque tenga frío, para que me den calor. Prepararé brebajes capaces de causar vigorosos encantamientos a la hora de amar. Me tatuaré en las nalgas (de mentirita) esa forma del órgano del amor. Intoxicaré mi cuerpo entero de un perfume con propiedades mágicas cuya fragancia recurre en el subconsciente y desconcentra aún cuando se ausencia el ser amado.

Estoy determinada, voy a hacer todo lo que antes, al principio, cuando no existía una historia, una queja, un disgusto, las parejas no encontraban otra forma que la de adularse sin el menor reparo en la venganza que luego abarca la cotidianidad, cotidianidad que venceremos no sólo un día al año, sino como mínimo veintiocho.



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Literatura, Sociedad, Mujer

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Autor: Grettel J. Singer

Grettel J. SInger

Escritora. Reside en Miami, Florida.

 

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