• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • > Mujerongas

Marita

16 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Marita salió una mañana hace ya siete años y nunca más regresó. Iba camino a una cita con el doctor, pero su suerte estaba comprometida con delincuentes sin compasión y no llegó más lejos que a la esquina de su casa. ¿Dónde estarás Marita, dónde? Se pregunta una madre desesperada.

La vida se ha partido en mil pedazos para esta familia. Y la niña pequeña que ha quedado al cuidado de su abuela porque a su madre se la han llevado a un lugar improbable, en contra de su voluntad, se pregunta si algún día la volverá a ver. ¿Mala suerte? Es posible que nunca lo sepamos, pero sabemos por ejemplo que según los informes el tráfico sexual de mujeres y niñas es el cuarto negocio clandestino en el mundo por su rentabilidad.

El dolor ajeno duele menos y si se percibe es de manera mínima, más bien como la referencia de un abismo incierto y muy lejano. Si uno intenta figurarlo en su propio pellejo tal vez logre rociarse ligeramente de esa desgracia desconocida, pero nunca empaparse pues es sólo cuando nos atrapa que somos capaces de realmente comprenderlo del todo. Tal vez por este motivo a veces es difícil entender por qué algunos individuos se apasionan por causas extrañas. Y es que en nuestra vida no concebimos la posibilidad de que nos sucedan cosas tan anormales como las que ocurren a diario en el mundo. Pero basta con que uno se encuentre en el lugar preciso para que ese porcentaje de uno entre cientos de miles se convierta en un cien por ciento de yo en esos cientos de miles.

Días después de la tragedia de la desaparición se supo que alguien dijo que alguien vio a alguien montar a la fuerza a Marita en el asiento trasero de un carro. Con el tiempo también se ha sabido por terceras y cuartas personas que Marita lleva años martirizada, violada, forzada a permanecer en prostíbulos y hasta hay ciertas evidencias que indican que Marita fue vendida y revendida en tierras extranjeras y continúa siendo sexualmente esclavizada, bajo una nueva identidad, pasaporte, y todas esas cosas que requieren ayuda de personas de algún rango en el gobierno.

Ya han pasado más de siete años y las pistas han conseguido frustrar al más riguroso explorador, pero en aquel momento cuando apenas habían transcurrido un par de semanas, cuando el crimen era fresco y Marita aún rondaba por áreas más cercanas, perdieron una pista importante, tal vez reveladora. Marita estaba en un prostíbulo a unas horas de Tucumán, Argentina, donde vivía con su familia. Por razones más bien turbias decidieron esperar a la mañana siguiente. Cuando por fin llegó la policía ya Marita no estaba en el recinto. Los agentes habían ido a otro lugar primero, para hacer tiempo o porque aparecieron pistas más concretas aún, tampoco lo sabremos en este insensato rompecabezas.

Más adelante se supo que esa misma noche que Susana llamó a la policía para informarles sobre el posible paradero de su hija, a Marita la habían sacado por la puerta de atrás. Sólo un juez sabía lo que estaba a punto de ocurrir y Susana está segura que fue él quien les avisó a los del local de prostitución. Luego Susana, al rescatar a varias chicas en la misma situación de su hija, supo que esa noche alguien vio a Marita, que en efecto, la habían sacado por la puerta de atrás.

En la incesable búsqueda de Marita, Susana Verón ha logrado realizar más de setenta allanamientos que han conseguido apaciguar los crímenes de estos horribles captores, ha liberando a casi trescientas mujeres y jóvenes menores de edad que se encontraban esclavizadas y en condiciones semejantes a las de Marita. Sin embargo, Marita sigue en manos de gente impune, crueles violadores, depravados que por dinero o por placer raptan, venden, golpean, drogan y violan sin clemencia esos cuerpos ya casi sin vida, desaparecidos y en su mayoría olvidados, de mujeres que caen en estas redes infernales.

Algunas mujeres son el blanco perfecto, vienen de familias pobres que no tienen los recursos para reclamarlas y buscarlas exaustivamente, otras como Marita tal vez por puro azar. Marita, dondequiera que estés, la búsqueda continúa. La gente te espera tanto en Argentina como en el recoveco más enrevesado del mundo porque sobre ti cae la esperanza de mermar y en un futuro exterminar este siniestro monopolio.
Las estadísticas son aterradoras. Además, el tráfico de mujeres y niñas para la explotación sexual genera más de $7 billones al año.

Para más información acerca del caso de Marita Verón oprima en el enlace:
http://www.casoveron.org.ar/
Para más información sobre el tráfico sexual de mujeres y niñas oprima en los enlaces a continuación:
http://www.sagesf.org/
http://www.mnadvocates.org/Women_s_Human_Rights_Speaker_Series_Sex_Trafficking_and_Human_Rights_in_Minnesota.html
http://www.womankind.org.uk/statistics.html

Cita de Susana Verón sobre el caso de su hija Marita:
“esto no se trata de negligencia judicial o policial, sino de un engranaje de complicidades y encubrimientos que involucra a la Justicia, a la policía y al poder político riojano, que no pueden ni quieren descubrir una red de trata y tráfico de mujeres y niñas que desde hace años funciona aquí con contactos fluidos en provincias vecinas, aunque algunos cabecillas estén presos. Son negocios mafiosos que mueven muchísimo dinero y no pueden dejar de funcionar (…) haciendo crecer esa mina de oro construida en base a vejaciones, sometimientos, tormentos, esclavitud y hasta muertes”.



Un menú variado

29 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

El cáncer se ha convertido en una cola de espera. Una amiga me lo decía el otro día, que todas las mujeres escondemos un número y aguardamos pacientemente –como en la carnicería- a que nos llamen por turno. Sí, buenas tardes estimada señora o señorita, aquí le presento el folleto, dígame usted qué tipo de cáncer le gustaría padecer. Le voy a sugerir estos de la derecha, que son los que no sólo puede usted recibir tratamientos tanto naturales como químicos, sino que las probabilidades de sobrevivirlos son bastante generosas.

Prácticamente hoy en día toda mujer conoce a alguien que ha sido victima de esta enfermedad. Ya sea vencida por este silencioso enemigo o que en el mejor de los casos lo ha batallado y se encuentra en remisión, que no es otra cosa que retornar a la cola de espera, excepto que ya el carnicero te conoce y a veces te llama antes, mucho antes de lo que te imaginabas.

El año pasado alrededor de estos días una gran amiga terminó el tratamiento de las doce sesiones de quimioterapia que le recomendó el oncólogo para reducir las posibilidades de que quedaran células dispersas que pudieran convertirse en un tumor maligno como los que le tuvieron que extraer en una doble mastectomía que puso en riesgo su vida, y su espíritu ni hablar. En aquel momento se acababa de divorciar meses antes y su hija tenía apenas seis años. Nos juntamos una tarde calurosa -así tan vengativa como las de estos últimos días- para celebrar el triunfo y la oportunidad de un nuevo comienzo. Había terminado el tratamiento, lo peor quedaba atrás, pero ella se echó a llorar sobre mi hombro, y cada segundo que pasaba triplicaba su angustia, como si de golpe la agasajara una realidad con la que no contaba, haber superado el cáncer.

No supe bien cómo consolar a alguien que a pesar de saberse relativamente sana se desmoronaba en mis brazos como una pirámide de arena. Pero al rato, entre sollozos y varios lapsos de silencios dinamitados de intensas declaraciones, caí en cuenta que a veces la información no te hace más fuerte sino más cobarde, como cuando una se lleva un susto épico y no es en ese momento sino al superarte, que se pierde el control por completo. Cualquier mujer que tiene hijos pequeños, o grandes, pero en especial de cierta edad en la que una es para ellos el mundo en su totalidad, se atormenta de tan sólo pensar que algún día podríamos faltarles.

La semana pasada acompañé al oncólogo a otra mujer muy allegada a mí con el fin de recibir los resultados de patología del tumor que le sacaron hace unas semanas. En el salón de espera encontré sólo mujeres, supongo que si hay más mujeres en el mundo es lógico que las cifras no cambien en cuento al cáncer, pero de eso no estoy segura. Algunas estaban acompañadas y otras solitas, como si fueran a sacarse sangre o a subirse en la pesa y hablar de una jaqueca que no sede. En lo que esperábamos me puse a detallar el ambiente nefasto donde una sabe perfectamente bien que todas se están muriendo. Sin embargo, tropecé con una serenidad tan inverosímil como alentadora, y no miento cuando digo que aquellas mujeres con las cabezas empañueladas, listas para enfrentarse al monstruo, proyectaban no sólo en la mirada pero también en todo su espacio físico, una paz que me dejó desconcertada. De momento pensé que sentía pena por ellas, pero me di cuenta que realmente se trataba de otra cosa, no se bien si fue orgullo o admiración, pero automáticamente me solidaricé a la causa, que tampoco sé del todo cuál es, me imagino que la de vivir.

Simultáneamente llamaron a una muchacha que estaba sentada frente a mí. Ésta cogió su bolso y antes de dirigirse hacia la puerta donde la esperaba la enfermera, me preguntó si me interesaba la revista que ella estaba leyendo minutos antes, a lo cual yo acepté en despiste y algo aterrada porque su mirada profunda e inquisitiva me causó un cierto temblor. Abrí rápidamente la revista para desviar lo que a mi entender eran miles de ojos con miradas lacerantes que atacaban la pusilanimidad de la mía, y me quedé atónita cuando leí el título de un artículo sobre los misterios de la vida: Comenzamos a morir el mismo día en que nacemos. No pude menos que reírme, porque todas las mujeres que estaban allí esperando su turno ya sabían eso que yo acababa de leer, que obviamente también lo sabía, mas lo tenía por olvidado.



Cómo te extraño

47 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

A veces las amigas se van por un tiempo determinado o para no volver, ya sea a causa de un mal entendido o porque siempre terminarían yéndose.

Hace unas noches tuve un sueño con una amiga que perdí, ahora en agosto se cumplirán cuatro años. En el sueño se veía radiante. Íbamos caminando por un campo recién parido, bajo un cielo tibio y acogedor, rodeadas de una naturaleza tan hermosa y vulnerable, de una complexión tan nítida y unos olores tan abrumadores y peculiares, que me parecía estar fuera de este mundo. Las dos teníamos puesto pantalones de mezclilla, sandalias de cuero, yo un pulóver de algodón blanco y ella una blusita floreada de una tela vaporosa y sedosa que me hacía gracia ver sus vuelos estremecerse con el roce de cualquier vientecito pasajero. Las dos llevábamos el pelo suelto y largo, como la última vez que nos vimos. De golpe, ella me tomó por la cintura con sus escuetos brazos y me dijo en secreto que estaba encinta. Me pareció extraño que me susurrara en medio de aquel espacio donde no había más testigos que los arbustos, unas nubes perezosas y yo. Seguimos caminando abrazadas hasta perdernos en la tupición de la maleza y recuerdo que me sentí feliz por ella porque había conseguido lo que tanto había deseado, un segundo embarazo.

Cuando desperté todavía podía ver su cara celestial. Recuerdo que su cara transmitía un je ne sais quoi angelical que daba gusto mirarla, observarla en sus quehaceres por más ordinarios que fueran. Sus colmillos montaditos por las esquinas encima de los dos incisivos laterales le daban un aspecto jovial, de perpetua inocencia. Su mirada insondable y melancólica arrastraba hasta con las partículas más elementales. Su cuerpo largo y delgado, tan escurridizo como una sombra en la noche, como mismo uno se imagina que son los cuerpos de las hadas, desfilaba con una soltura sutil y parsimoniosa, tan adorable que entretenía y encantaba a todos sus observadores y por supuesto, a sus admiradores que no esquematizaban a la hora de deslumbrarse.

Pero como cualquier sueño, desperté. Ya en mi casa se había formado la habitual algarabía matinal, mientras yo permanecía echada en mi cama tratando de regresar a aquel lugar campestre, lleno de árboles frondosos, aún sentía mi cintura ahorcada por ese abrazo esperanzado y saludable, desbordado de dicha y cariño que mi amiga me daba en el sueño. Quise llamarla inmediatamente, escuchar el delicado y dulce tono de su voz, saber de su vida, de sus hijos si los hubiese tenido, pero no lo hice, su partida me impedía hacerlo.

A veces las amigas te dejan, y una no se lo puede explicar. Un momento antes estábamos hablando de estupideces, de lo irremediablemente cruel que es este mundo, de los libros que hemos leído y todos los que nos faltan por leer, de las discordias finalmente superadas con nuestros maridos, de lo cursi que termina siendo el tul a partir de los 24 años, de la batalla contra la pesa y la celulitis, del trago en boga en los bares de Nueva York, de por qué no existe una ley que prohíba perfumarse en lugares públicos, especialmente en cabinas encerradas, de lo maravilloso que sería si las mujeres nos quisiéramos y apoyáramos más, y de repente, caigo en cuenta que ya no hablamos de esos temas o de ninguno en particular porque de hecho, se ha ido.

No sabemos a ciencia cierta por qué alguna gente se va, desaparece como el humo de las chozas, como si el haber estado careciera de verdadera realidad. Así es, la gente se va, se cuelga de una soga, se toma un pomo de pastillas, se arroja frente a un tren o se tira por el balcón de una amiga, porque estar vivo no es para todos, y a veces hay que irse a otro lugar donde no sea tan difícil aceptar la condición más importante que nos impone esta vida, que es estar, por supuesto.

Cuando ella se fue, algunos amigos y desconocidos se empeñaron en acusarla, en juzgarla. Cobarde, egoísta, mala madre y otros insultos más o menos tan desinformados e insolentes como los ya mencionados fueron otorgados a este ser frágil y herido. Pero no se sabe lo que es sentirse atrapado por demonios tan exigentes como torturadores, ni lo que es vivir en una pesadilla que sólo puede terminar con un último suspiro. Sólo lo saben los que se han ido, en silencio, reservadamente, muy a pesar de lo que opinamos o aceptamos los que nos quedamos, muy a pesar del estado de confusión, enigma y vacío que nos dejan y en el que a veces sentimos ahogarnos.



El Fenómeno Del Feminismo

73 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

En realidad en este artículo debería de hacer una reseña acerca del fenómeno del machismo, que es más o menos lo que viene sucediendo en este portal desde hace tiempo con referencia a la increíblemente silenciada voz de la mujer en cuanto a los blogs que aquí se alojan. Pero ya eso es cosa del pasado, y hay algo que recurre en los medios y en todas partes que me llama la atención más aún que la falta de un tono femenino, y es el exceso del feminismo, o como dicen por ahí, el movimiento feminista, que a menudo encuentro hasta en la sopa, y que a través de los años se ha convertido en una doctrina de teorías y prácticas tan confusa como obsoleta.

Alguien me acusó el otro día con cierta arbitrariedad de que mi bitácora era feminista hasta morir, que nada más trataba temas de mujeres y que a los hombres los pisoteaba injustamente. Bueno, lo primero es cierto, sólo trato asuntos de mujeres, pero no únicamente dirigidos a mujeres, de hecho gran parte de mis lectores son hombres. Se me quedó incrustado en la cabeza ese insólito reproche, y ahora me pregunto si alguna gente realmente sabe lo que es el feminismo. Para empezar amo al hombre, no lo desprecio ni intento castigarlo o abochornarlo y menos que menos pisarlo. Por el contrario, para mí el hombre es el complemento perfecto. Me refiero más bien a esa generación de feministas que se han propuesto acabar con el género masculino y por lo cual tantas mujeres de innovadoras ideas tratan de desasociarse con el término, aún cuando los intereses son los mismos. Además, tengo otro tipo de ideas acerca de ese lugar que debe ocupar la mujer en nuestra sociedad, y por seguro es más elevado aún que el llamado de la igualdad que tanto se promueve hoy en día. Porque la mujer siempre ha estado y siempre estará por encima del hombre. Y esto no lo digo con roña ni con autosuficiencia, pero vamos, es así, y quien no lo quiera aceptar es porque se esconde dentro de una bóveda llena de mentiras y miedos, o simplemente se hace el de la vista gorda.

Sin exageraciones, creo que no me equivoco cuando me refiero a la mujer como entidad principal en la existencia humana. Digamos que tenemos ciertas ventajas por encima de los hombre que simplemente nos dan la delantera. En lo personal nunca he deseado estar a la par de un hombre, así como se le dice igualdad entre géneros, no creo en eso. Nunca he sentido que para que me respeten debo dejar de ser femenina y parecerme más a ellos, por el contrario, pienso que nosotras las mujeres podemos usar nuestra gracia y astucia, como también nuestras virtudes junto con nuestros dones para cualquier propósito, sea cual sea. La igualdad está mejor diseñada para las razas, no para los géneros.

Sería inútil negar que a través de la historia la mujer ha dado más que el hombre. La mujer arriesgaba la vida en tiempos que no todas sobrevivían un parto, y todavía hoy por hoy en muchos países siguen arriesgándose por falta de atención y cuidados médicos. Mientras los hombres se iban a la guerra y se mataban como animales, las mujeres se encargaban de levantar la moral de la miseria que restaba diluida en la vida de aquellos que dependían de ellas, y la prioridad que acaecía sobre ellas era mayormente proteger y sustentar a esos pocos que formaban la familia. La mujer además es el símbolo de la belleza, y sin la belleza sería imposible sobrevivir. Las mujeres no tenemos ningún problema con aprender de los hombres, de las labores que ellos desempeñan. Sin embargo, la mayoría de los hombres son incapaces de ponerse en los zapatos de una mujer porque en efecto, no es tan fácil.

En mi desenfadada y tal vez ingenua opinión, la mujer siempre ha estado por encima del hombre, y quien discuta eso, bueno, me parece que se aferra a un punto de vista bastante rígido y de ninguna forma lógico. No intento despertar polémica, ni me refiero a un reto o a una idea desquiciada ni mucho menos se trata de una burla, simplemente es la verdad. La mujer es la madre, es la elegida, es la que nos ha dado vida, la matriz de todos los comienzos. La mujer bajo ningún concepto ha de igualarse a un hombre, por el contrario, ha de elevarse con toda naturalidad, como debe ser. Nuestro deber consiste en luchar por nuestros derechos, claro está, pero no por la igualdad de géneros sino por la igualdad de carreras y ganancias, para estar a la par económicamente con los hombres, pero física y espiritualmente siempre estaremos por encima del género masculino.

Defender, promover y conseguir los derechos de la mujer es fundamental, eso no tiene ciencia. Es imperativo que todas las mujeres tengamos las mismas oportunidades para estudiar y para ejercer carreras tanto en el teatro como en la política como en cualquier campo profesional. Además, debemos luchar por asegurarnos un futuro sin depender de nadie, pero no a costa de abandonar a nuestros recién nacidos para que sean otros los que nos los cuiden y nos los críen ya que de otro modo sería imposible alcanzar las mismas posiciones y oportunidades otorgadas a los hombre. Pero, conjuntamente con la batalla de la igualdad de derechos, debemos luchar por conseguir leyes en ciertas esferas de la sociedad que nos protejan por el simple hecho de ser mujer. ¿Por qué habríamos nosotras de merecernos esas leyes? Pues bien, somos como los hombres en el sentido que desde pequeñas lo hacemos todo por igual. Asistimos a la escuela primaria, luego a la universidad con la libertad de elegir cualquier carrera. Después empezamos a trabajar y somos capaces de desarrollarnos en cualquier campo, igual que ellos, pero cuando comenzamos una familia se nos acaba la gracia, y de repente nos vemos obligadas a elegir, carrera o familia. Sin embargo, los hombres no titubean en este tipo de vicisitudes porque la madre es socialmente la encargada por la crianza de los hijos y el cuidado del hogar, cuando en realidad esas obligaciones deberían repartirse en equipo y con justicia, contando con el apoyo del padre y el social, al cien por ciento; por supuesto, con leyes de por medio.

Pero la mujer es tan ingeniosa que a veces aún con el mundo en los hombros y sin el apoyo necesario, logra tener éxito en su hogar y en su carrera. Claro que no es fácil y no es justo, e imposible para muchas, por eso es fundamental que las leyes cambien a nuestro favor, y que el modo de paternidad se modifique para beneficio de la mujer, siendo la familia el componente principal de los pilares que sostienen nuestra sociedad. Si alguien tiene que igualarse a alguien, ha de ser el hombre, nunca la mujer.

Está en nosotras lograr un cambio. Siempre ha sido así, el grupo en cuestión es el que debe actuar, arriesgarse, dar la piel si es preciso para conseguir lo que se propone, que aunque parezca difícil, es muy pero muy fácil. ¿Cómo? Como único se puede lograr un verdadero cambio, por el principio, de la manera más básica. Mediante nuestros hijos, hermanos, maridos, padres y amigos, que luego ellos se encargarán de promover la justicia de aquellas mujeres que quieren y que consideran importantes. No podemos ser feministas de boca para afuera en el trabajo, en el tren o en una manifestación, y luego llegar a casa tras un largo día laboral para continuar con la faena que según algunos nos merecemos por aspirar a tener una carrera. Los hombres no son tontos, y los que quieren de verdad también pueden aprender, como mismo aprendimos nosotras a trabajar en la calle y a balancear el hogar, a planchar, a cocinar, a dedicarle tiempo a los hijos, etc., etc., etc., ya que nosotras tampoco nacemos sabiendo.

Nota: El hombre podría aprender y actualizarse en cuanto a este asunto que involucra a tantas mujeres que pasan por la vida de cada uno, pero sería una falta no reconocer que ya hay muchos que han comenzado a pensar diferente, y hay otros, de la más infrecuente sutileza, que desde siempre han apoyado y elevado a la mujer, como debe ser.



La Belleza

5 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Últimamente me siento como poseída por un mal maravilloso. Se trata de una enfermedad que me ha cegado de todo lo feo. Da risa, ya lo sé, y hasta me da vergüenza reconocerlo, pero no lo puedo evitar, sentir la belleza en su plenitud, desbordada como una lava que se abre camino sin anunciarse y ya nada ni nadie logra escaparla.

Salgo a pasear y me encuentro con tanta belleza, pero tanta, que regreso a casa además de depauperada, frustrada, como si en mí se hubiese evaporado la capacidad de encontrar el espanto en nada de lo que veo, y hasta los más ordinario se vuelve en mis ojos extraordinario. Por ejemplo, desde la ventana del baño de la sala de mi casa hay una vista generosa de dos árboles que están sembrados en la casa de en frente. Dos árboles que en efecto, podrían ser muy regulares, pero no lo son. Hace más o menos dos semanas noté que prácticamente en un día se habían despojado de sus hojas y frutos, y en cambio se exponía un gran hueco en el cielo que me apuntaba descaradamente, con aires de dueño y señor, y una luz exagerada y por supuesto bella se apoderaba de mi baño. Ahora me doy cuenta que de golpe los dos árboles se han copado de vida nuevamente, y ese verdor lo encuentro tan hermoso como la luz del vacío que hasta hace unos días representaba el cuerpo frondoso de estos dos troncos.

No se trata de una belleza feliz sino de un hecho, de un sinónimo de la naturaleza. Se podría decir que hasta me siento ultrajada, abrumada por el mundo que veo y pienso que es bello y luminoso y que me incapacita a sentir una pizca de desagrado. Me ha asaltado una sensación inagotable, y es que me parece que todo es perfectamente hermoso, esa forma, esa acción, esa mirada tonta, un color ya olvidado, una carcajada ridícula, absolutamente todo ha sido concebido con tanta precisión que automáticamente se hace bello, bellísimo.

Me dirán que soy una idiota. Bien, me lo merezco. Es una conducta irrazonable, lo tengo claro, clarísimo. No podría hacer otra cosa que sostener mi argumento, que realmente es irrebatible porque todo es bello, como tiene que ser.

Se trata de un mal inevitable, como lo es la muerte y como los es el escepticismo para algunos.

Ya sé que hay desdichados que sufren y mueren diariamente de la forma más injusta, y normalmente esos y otros crueles asuntos me recuerdan la fealdad de los humanos, pero en estos días estoy condenada a mirar a mi alrededor para encontrar la belleza pura, noble y sana. Y no es fácil padecer de este extraño aunque inocuo síntoma, no cuando en mi entorno siento que soy juzgada por mi condición, como se sospecha de la gente buena y de las grandes historias.

Y que no se atreva un cínico a parárseme delante intentando apuntar hacia lo feo de esta vida, que para eso tengo mi conciencia y mis recuerdos. Vengo de un país mutilado, que nos ha separado y nos ha enfrentado. Además, sufro con mis chicas de la casa amarilla cada vez que me entero que una se ha dado por vencida, y lloro con mis hijas cuando se sienten adoloridas a causa de un tropiezo o desilusionadas y asustadas por aquellos monstruos que ya es en vano seguir escondiéndoles, o cuando accidentalmente le paso por encima a un ciempiés culminando en el acto con su destino, como lo haría Dios. Pero la belleza es más grande que todo eso, es la vastedad de un cielo abarcando un pequeño monte, está esparcida en infinitas direcciones, y es misteriosa como el universo que apenas comenzamos a escarbar por arribita. La belleza está en la intención de cada día que aportamos en el mundo, en nuestras vidas y en las vidas de los demás.

Lo he leído y me lo han dicho siempre, la belleza la llevamos por dentro, si es que tenemos ese don. Pero últimamente he descubierto que eso no es del todo cierto. La belleza es mucho más que un don embotellado, es una magnitud expuesta, se manifiesta en el espacio excesivamente sin detenerse un instante, con una certeza magistral, es así de fértil e inextinguible, y de redundantemente bella. La belleza se refleja en los confines del espacio, hasta en lo grotesco y lo irregular, ya que para adquirir una fórmula perfecta que describa lo feo, ésta debe ser armónicamente bella.

Será lamentable y hasta ridículo, no me queda duda, pero es así de sencillo, me he contagiado con el mal de la belleza.



Buscar en este blog

Sobre este blog

Literatura, Sociedad, Mujer

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Grettel J. Singer

Grettel J. SInger

Escritora. Reside en Miami, Florida.

 

Archivo

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30      

Lotus House Thrift

Lotus House Shelter

Mujerongas en Facebook