Susan Boyle: un ángel encandilado
Grettel J. Singer | 16/04/2009 0:18
Britain´s Got Talent, un concurso más de talento que yo ni siquiera sabía que existía, pero que he descubierto a raíz de un correo electrónico adjuntando un video que mi amigo Eric, mi boletín informativo privado, me envió hace unos días y que ahora me doy cuenta es la cotilla de oriente a occidente.
Por lo general todos buscamos pasar a mejor vida en vida propia, realizar los sueños que nos quitan el sueño, y aunque nos duelan los huesos, habita permanentemente en nuestro sistema la esperanza de lograr lo inalcanzable, que irremediablemente es parte de nuestras miserias, porque quien pueda declarar honestamente sin titubeo que ya no le interesa nada en este mundo, no está vivo.
Entonces llega Susan Boyle, una mujer con cara de luna, pelo enjambrado, cejas pobladas hasta un punto que habíamos olvidado era posible, aspecto provinciano, mirada tierna e inocente, físico robusto, espalda encorvada, piernas sólidas e incomodas por culpa de esa maldita aunque necesaria elevación que producen los tacones y que en un escenario ayudan a sentirse grande. Su apariencia descuidada llega a causar la burla de la audiencia e incluso de los jueces. Risotadas y abucheos componen un estruendo vergonzoso que no logra empañar el candor de esta dama obrera que copiosamente angustiada se dirige a hacer lo único que pude hacer en ese bochornoso instante, cantar y tratar de deslumbrar sin encanto alguno a esos que ya la están rechazando y juzgando de antemano. Ahí va, serena y desafiante, causando una modesta primera impresión. Lo que no era previsto es que Susan Boyle está a punto de rectificar cualquier noción descabellada que se haya comprendido acerca de su talento, por más imponente que pueda haber sido.
Tienen en frente al esperpento humano, cuarenta y siete u ocho años (la prensa no se decide), consumidos por el deseo de brillar. Sin embargo, se lanza con total desenvoltura, demasiado osada para los que consideran que su presunción es vana y ridícula, como ha sucedió en más de una ocasión cuando concursantes carecen de talento y debutan a payasear y robar un poco de cámara para sentirse en una gloria falsa y premeditada, que en realidad es un exhibicionismo desmotivado. Susan Boyle no se deja intimidar fácilmente, y con su imagen que no encaja en este mundo obsesionado con pelos lisos, maquillajes exóticos y cuerpos sospechosos, se decide a dejar magulladuras emocionales en este público impaciente. Ahí viene Susan Boyle, sin maldad alguna, como un extraterrestre recién llegado que se encuentra cara a cara con una manada de ruines infelices que no conocen otra cosa que su mundillo de humanos.
Susan Boyle vive con su gato Pebbles, y nunca ha tenido un novio, y lo que es peor, nunca ha sido besada. ¿Cómo? Entonces, sus labios vírgenes se destierran de aquella incómoda situación, porque ese es el momento que han esperado para cumplir con su destino, como todo lo que aquí vive y se deja manipular por la labor que se le ha asignado cumplir antes de que llegue el gran día que nos aguarda perdido en el tiempo y sin ningún tipo de duda nos arrastrará en su debido momento.
Esos temblorosos labios se entreabren nerviosamente, permitiendo dar luz a esa fuerza melódica que por fin, como genio liberado, se esparce y se va incorporando en un nubarrón acaparador que va aflojando hasta los pilares de hierro que sostienen aquel salón que ha sido testigo de tanto fracaso. Todos los presentes se mantienen boquiabiertos, atónitos e idiotizados, mientras ella súbitamente venerada canta como quien ha nacido para una sola cosa, el canto.
¡Bravo Susan Boyle!, celebro tu valentía y tu perseverancia, eso te hace la mujer hermosa que pocos conocían. Tu sueño ha sido sencillo, cantar en musicales. Tu fracaso hasta el momento, también ha sido sencillo, no habías tenido la oportunidad. Ahora, el mundo te escuchará atentamente auque seas la estrella menos deseada de todos los tiempos.
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 03/06/2009 16:19
Una Orgía de Besos
Grettel J. Singer | 13/04/2009 0:19
Cuando yo tenía 16 años vivía en un mundo mucho más pequeño que el mundo de los adolescentes de hoy en día. Es cierto que cuando me interesaba por el más insignificante misterio del universo, las historias de nuestros antepasados o la dirección de los museos en Paris, la gestión no era realizable al toque de una teclita diminuta; y aunque toda información de una forma u otra se manifestaba disponible, carecía de las diversas posibilidades de esa maravillosa conexión global con la que en su ausencia el mundo actual sin duda sería obsoleto e inoperante.
Me deslumbra ver la tecnología apoderarse con el totalitarismo de un ingenioso dictador. Ya conversar en realidad es chatear, los correos electrónicos, que era la forma más informal de comunicarse hasta hace un tiempo, es ahora una formalidad utilizada en casos específicos con datos importantes o enlaces a gigantescos documentos, y en cambio nos enviamos mensajes de texto hasta para terminar con una relación amorosa. Si no tienes un perfil en Facebook o en Twitter, comienzas a perder oportunidades de trabajo, el contacto con las amistades, porque obvio, es mucho más conveniente mantener un diario de tu existencia y asumir que todo el que te conoce lo está leyendo. Así es el mundo virtual, si no tienes una identidad la gente que te rodea te va arrojando al abandono, te dejan de enviar fotos de sus bebés, de sus viajes, ya no te enteras de las fiestas sorpresas entre tus amigos, ni lo que sucede alrededor de la ciudad los viernes en la noche. Es agotante seguirle los pasos a la tecnología, y por su culpa dependo tanto de ella como de las personas que me facilitan desenvolverme en tanto adelanto, porque por desgracia pertenezco al grupo de ineptos que sin la tecnología se desploma, y sin embargo no tengo la más mínima capacidad de resolver los problemas básicos que surgen en mi computadora, en la pantalla de mi carro, en mi ipod, en mi celular, y la lista continúa...
Para los adolescentes este es el mundo real, y no conocen ni conciben otra forma de llevar a cabo un día de principio a fin sin ayuda robótica, y de sólo imaginarlo consiguen asociarse con la prehistoria. En cierta medida me considero afortunada de haber vivo antes y después de la explosión tecnológica, y aunque ya soy parte de este nuevo mundo, recuerdo con nostalgia aquella sencillez en la que se desenvolvían los sucesos de mi vida. Era una joven sobreprotegida por mis padres, encarcelada en una burbuja llena del inevitable pánico que produce el exilio. Mis aburridas rutinas consistían en ir a la escuela y después al trabajo, pues había que ayudar a la familia a salir adelante. Luego regresaba a casa de noche y me ponía a estudiar o acabar mis tareas o proyectos escolares o caseros. De vez en cuando llamaba a una amiga o zigzagueaba por los canales del televisor para distraerme. Fuera de eso, mi vida era simple y predecible e increíblemente manual. Me perdía en libros y cintas de casetes o inventando con hilos y estambres por las horas de las horas. Los fines de semana también trabajaba, mayormente los sábados, y mejor ni menciono lo que hacía para ganarme la vida, ahora que por fin lo he suprimido de mis memorias. A veces, luego de mucho rogar, mi padre me dejaba en el cine y a las tres horas, como un agente policial, me recogía en la entrada. Mis padres me concedían permiso para ir a muy pocas fiestas, y normalmente consistían en tomar el té de cuatro a ocho de la noche en casa de una amiga. A los conciertos sólo podía asistir en compañía de mi hermano, quien odiaba chaperonearme y me resentía cantidad cada vez que llegaba Bon Jovi o Mötley Crüe en concierto.
Seguramente los tiempos siguen siendo iguales y las modas recurrentes, pero para mí han cambiado con soberbio rigor. La juventud de hoy en día tiene una acceso desmedido y exagerado a la información que me desconcierta por completo, y me asusta también.
Se me va acumulando la lectura, y a veces leo cualquier tarde el periódico de hace ya un tiempo considerable. Eso fue lo que me ocurrió la semana pasada con un artículo que encontré en el New York Times de hace unos meses que me llamó mucho la atención. Y es que la juventud de este milenio se expresa sentimental y sexualmente mucho más desinhibida que en mi época. No quiero decir que los jóvenes de antes fueran más inocentes o menos promiscuos, pero al menos con los que yo me crié no se veía lo que se ve ahora. Precisamente en ese artículo se hablaba de la sexualidad entre los adolescentes, y pone por ejemplo a Chile, país que a mi parecer era del más elevado recato sexual. Resulta que se ha puesto de moda un club para adolescentes de 14 a 18 años, exclusivamente para besarse. En la barra piden refrescos y chicharritas porque no es legal consumir alcohol a esa edad, pero en público es pasable que se aprieten y se besen hasta la sien. Ya no es suficiente con esos métodos de internet que se marketean mediante formulas diseñadas de modo irresistible y alcanzable para atrapar a los más inocentes, sino que existe además el lugar donde físicamente se pueden entregar a las exigencias del cuerpo adolescente. Esta desmesurada explosión de contenido explícito en portales y networks sociales que abundan en la internet, están modificando la forma en cómo vivimos y cómo nos comunicamos, e inevitablemente cómo nos enamoramos.
En estos clubs también organizan unos juegos, por lo que el informe dio a entender, macabros, donde los muchacho se dejan cubrir los ojos por un pañuelo y se paran uno por uno en el centro del escenario a esperar a que todo el que quiera lo abofetee, hasta el mismo dj, quien da por terminada la prueba del beso. A continuación ese muchacho podrá elegir para besar a la muchacha que le guste, y ésta no se puede negar, sea quien sea, es el pacto que se hace al cruzar por el umbral del antro. Estos locales se han diseñado para conocer gente mediante besos. En la pista, mientras brincan al ritmo de esos ruidos musicales, se echan un sofocante vistazo y si surge un mínimo chispazo ahí mismo se entrelazan en un extraño beso, luego se determinan las próximas bases y la posibilidad de una relación. Como todo lo moderno, gratificación instantánea, y si ese beso no es de un agrado mortal, no pretendan una segunda oportunidad.
Los chicos entrevistados consideran que este proceso innovador ha de convertirse en un modelo para otras sociedades, pues facilita el contacto con la gente de su edad sin tener que rendir cortejos a nadie. Me imagino a estos chicos viendo los vídeos de Sandro, Nino Bravo, Dúo Dinámico, se morirían por lo menos de la risa con tanta cursilería romántica. En mi opinión, no es que no comprenda que los tiempos cambian y la forma en que la gente se conecta también, pero ese primer beso para mí es un instante memorable que resume el misterio que hasta ese momento sentía por esa persona. Habría que probar, meterse en una orgía de besos y ver el efecto, tal vez hay algo ahí que me estoy perdiendo.
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 03/06/2009 16:14
The Very Thought Of You: Billy Holiday
Grettel J. Singer | 06/04/2009 0:19
Billy Holiday ha sido uno de mis grandes amores. Como se puede amar a alguien que jamás se ha conocido, pero que aún así te marca de por vida, y no podría encontrar una mejor definición para expresar lo que siento por ella que un noble y ciego amor. Ya hace más de veinte años que la descubrí. Algunos dirán que veinte años no es nada, pero para mí es más de la mitad de mi vida, y sí, su música ha hecho la travesía conmigo durante un largo camino de buenas y malas épocas, pero de dichosa compañía musical.
Hace ya casi diez años, durante la semana de mi cumpleaños, recibí un regalo anónimo por correo. Sabía por la envoltura que se trataba de una pieza de arte o fotográfica. Cuando abrí la caja encontré una litografía de serie de un retrato de mujer, una mujer que enseguida la identifiqué como a mí misma. Siempre he sido así de tonta, sin motivo ni justificación más que un mínimo detalle o un impulso emocional, me creo algo que de pronto se fija en mi mente y a mover todas las vacas en esa dirección. Me pasé el día atareada, tratando de desenmascarar el misterio del cuadro. No comprendía la broma de mal gusto, no recordaba haber posado para esa pintura, pero cada vez me parecía más a la mujer del retrato. El misterio continuó hasta que mi esposo llegó a casa, ansioso por ver el cuadro para apreciar el increíble parecido. Sin embargo en cuanto le echó un vistazo inmediatamente sentenció que en nada nos parecíamos esa mujer y yo. Para empezar la del cuadro casi me doblaba en edad, además era negra, y fíjate en los labios, me dijo, “son mucho más carnosos que los tuyos”. Era cierto todo lo que me decía, pero yo aún le encontraba el parecido conmigo misma, aunque su hallazgo hizo inevitable que tomara en cuenta lo torpe que estaba actuando, y claro de que esa mujer no era yo sino Billy Holiday. Después me enteré que había sido mi suegro el que me lo enviara, un hombre reservado que normalmente no creía en los regalos, a no ser cuando era el regalo quien escogía al regalador. Un misterio indefinido nos unía a esta mujer, a la pasión que sentimos por su música. Además, él consideraba que sí nos parecíamos, por eso cuando vio el cuadro no dudó en enviármelo por mi cumpleaños. Presente que por el resto de mi vida guardaré en mi memoria y en alguna pared de mi casa con vasto y entrañable cariño.
¿Cómo podría explicar la música de Billy? Es una experiencia, un extracto de vida, un indestructible pilar de la más exigente sonoridad y armonía. Se destacó como una de las jazzistas de más influencia con un estilo vocal realmente único y definido con el cual tantos hemos caído en profundos embelesos. Su voz es, cómo decirlo, la voz más conmovedora de todos los tiempos, la más hermosa que he escuchado en mi vida, simplemente inconfundible, refrescante, intoxicante, melancólica, expresiva, profunda, bondadosa, de una rara y exquisita belleza. Escucharla es caer en un estado glorioso y delirante a la vez, es saltar de nube en nube, y también arrojarse al precipicio.
Su dificultosa vida había comenzado desde pequeña. Hija de madre soltera, a los nueve años había ido a parar a un orfanato de afroamericanas, donde había sido sexualmente abusada en más de una ocasión. A los quince se mudó a Harlem, Nueva York, en búsqueda de su madre a quien encontró trabajando en un prostíbulo. Su vida cambió en pocos años, y esa hada musical por fin fue descubierta en un club de jazz a los dieciocho años para deleitar al mundo, para dosificar un poco el trabajo arduo que puede resultar la cotidianidad de toda existencia humana.
Sus relaciones amorosas fueron mayormente destructivas y abusivas, y la transparencia con la que cantaba sus canciones lo reflejaban. Sus casamientos terminaban en divorcios. Billy Holiday además de abusar del alcohol, comenzó a fumar opio, y luego a darle diversos usos en desmedida a la heroína. Cuando su madre falleció, Billy apenas tenía treinta años, pero fue entonces cuando escaló el abuso de drogas y alcohol para adormecer el dolor y la congoja que le había dejado la muerte de su madre.
Más adelante Billy fue detenida y encarcelada un año por posesión de narcóticos. Su abuso con las drogas y el alcohol no tuvo límite hasta que desgraciadamente en 1959, cuando aún yo no nacía, perdimos a una de las voces más magistrales, adorable, conmovedora y capaz de trasportar a una intensidad emocional de la más elevada, mediante la más sublime entonación.
Nada podía detenerla, sin embargo nadie dejaba de adorarla aún cuando su imagen se volvía tan turbia y su voz se perjudicaba, o a mi entender se transformaba, porque continúo apreciando todas sus facetas vocales. Pero ella no estaba bien, no encontraba la paz para sobrevivir decentemente en este desafío que es la vida.
Sería imposible recomendar algún disco en particular, pues toda su obra musical, todas sus grabaciones, todo lo que su distinguida voz tocó se convirtió en magia y dulce armonía, especialmente durante los primeros años de su carrera. Con el pasar del tiempo, sus cuerdas se fueron añejando, como un gran brandy, con las desdichas, las tristezas y las miserias de la vida, pero manteniendo siempre un espíritu desenfadado, un carácter alado, tierno, reconfortante. Su atolondrado existir se reflejaba en esa voz sagrada, dispuesta a siempre traducir el sentimiento con exactitud, con la calidad más nítida que una voz pueda expresarse. Desde la inocencia de sus comienzos hasta su agonizante final, su voz era la voz de todos los tiempos.
Cada vez que dejo de creer en la pureza, en la inocencia, nada más regreso a sus primeras grabaciones e inmediatamente me dejo abrazar por la colcha tibia que se vuelve mi entrono, y soy sólo oídos para el hechizo enigmático que me agasaja intima y sutilmente.
Imágenes de Billy Holiday a través de su carrera musical:
Esta semana es el cumpleaños de Billy Holiday. Quisiera que el mundo entero la recordara como la diosa que era. Aquí dejo dos minutos y cuarenta y tres segundos de la más grata y pura expresión musical. La canción que me atrapó para siempre. "The Very Thought Of Yo".
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 09/06/2009 16:12
Violaciones: Si es que no te matan, te curan… ¡ja!
Grettel J. Singer | 29/03/2009 0:19
Hace un par de semanas leí un espeluznante artículo y vi su respectivo vídeo, el cual me aterrorizó por completo. El artículo del diario The Guardian, del Reino Unido, contaba la historia de Eudy Simelane, la famosa futbolista sudafricana que fue raptada y brutalmente asesinada el año pasado, y como resultado, el aumento de estos crímenes con el mismo propósito. Su perturbadora muerte hasta el momento no ha modificado absolutamente nada en las leyes que podrían, o más bien deberían, proteger a las lesbianas, y las autoridades continúan haciéndose los de la vista gorda cada vez que aparece una nueva víctima muerta o violada, aún cuando la evidencia más clara, imposible.
Simelane era una joven valiente, la primera mujer lesbiana que había decidido vivir abiertamente en Kwa Thema. Además se había convertido en una activista voraz, abogando por la justicia e igualdad para las mujeres homosexuales de su país, que hasta el momento no cuentan con la protección necesaria, al parecer ni para ir tranquilamente al mercado de compras.
La madre de Simelane no comprende cómo es que alguien ha podido matar a su hija de ese modo, con 25 puñaladas por la cara, el pecho, incluso debajo de los pies. Una deportista con la vida por delante, sin vicios, generosa, entregada a la mejoría de su comunidad, que simplemente decidió tomar el único camino que para ella era posible, el de la verdad. Las lesbianas viven intimidades con sus parejas, se quieren como se quieren todas las parejas del mundo, sin involucrar a nadie en sus asuntos, y eso en Sudáfrica es considerado para cierta parte de la sociedad un crimen que ha de ser castigado cruelmente para eliminarlo, o como bien lo justifican ellos mismos, crímenes que reforman. Sin embargo estos virulentos asesinos siguen sueltos violando y matando a mujeres inocentes que ellos consideren se desvían de la orientación sexual que toda mujer debe seguir. ¿Cuál es el resultado de tanta desfachatez? Que a estos grupos de hombres se les consideren como doctores que curan a pacientes enfermas, mientras la legislatura judicial se cruza de brazos.
Se sabe que el mundo no se puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, y menos en zonas de tanta pobreza y poca educación e información. Tal vez la muerte de Simelane era el punto de foco que el mundo necesitaba, eso es lo que uno pensaría, pero su muerte hasta la fecha es injustificada, tanto en las calles como en las cortes de Sudáfrica, como lo son todas las que le han seguido. Es incomprensible apoyar un crimen de esta magnitud, pero aparentemente allí nadie está pagando por las barbaries que han cometido y se siguen cometiendo al menos diez veces por semana, ni por las tragedias que continúan causándole a tantas familias. ¿A dónde vamos a parar entonces si cada cual decide el bien y el mal?
Es inútil tratar de explicar por qué hay lesbianas en este mundo, tan inútil como explicar las razones por la cual existimos todos. Pero de algo podemos estar seguros, y es que estos crímenes jamás conseguirán convertir a una lesbiana en heterosexual. Es decir, que ni siquiera dan el resultado que tantos buscan. Estas mujeres continúan viviendo con su verdad, aún cuando las amenazan y las martirizan, porque el lesbianismo, muy a pesar de lo que ciertos grupos garantizan, no es una enfermedad, por el contrario, para estas mujeres es un hecho incambiable, un tema de vida o muerte, un destino del cual no están dispuestas a darle la espalda, así les cueste el último buche de aire.
Mientras que esos grupos de hombres bestializados, obviamente frustrados, acobardados por la vida, se toman la libertad de desquitarse, de sacarse toda la roña que llevan por dentro por razones muy otras a las que dan a conocer, convirtiendo sus motivaciones en supuestos crímenes de corrección, mujer tras mujer se ve fatalmente atrapada una vez más por la injusticia y la inclemencia, en las malvadas garras de fieras enloquecidas. Pues bien, si cada cual va a tomar represalias contra quien le parezca que no hace su voluntad, entonces arrojemos por los balcones a los bebés llorones para que se callen de una vez por todas, peguémosle a los perros cuando nos desobedecen para corregirlos, droguemos a las abuelas que ya no pueden caminar deprisa para que se apuren, castiguemos a los jóvenes con acné para no ver tanta asquerosidad, matemos a los ejecutivos que hacen promesas que no cumplirán, encarcelemos a quien se atreva a poner un cuerno para que no lo vuelvan a hacer. Violemos a esos hombres que han de violar para corregir, así también ellos corrigen su incontrolable malicia. ¡Libre albedrío para todos!
Lo más triste, indígnate y escalofriante en cuanto a este tema es que no hay que ir a Sudáfrica para encontrar tanta gente necia; que los racistas, los predadores sexuales, los ignorantes que prejuzgan y diabólicamente matan a homosexuales y a lesbianas por su simple orientación sexual, están regados por todos lados, aquí mismo bajo mis narices. Cómo alguien puede dedicar todo su esfuerzo y su atención a un tema que no le afecta en lo absoluto, jamás lo entenderé. Pero lo que sí sé es que no está bien, no, no y no. NOT OK. La ley, si va a tener el mando sobre la justicia y la injusticia, ha de tomar las medidas necesarias para acabar con el libre albedrío con el que ciertos grupos mangonean como más les conviene, aquí, en África y en la conchinchina.
Dejo el enlace de artículo y el vídeo de las entrevistas a algunas de las mujeres víctimas de estos asesinos, locos de atar que siguen sueltos, lucubrando otros ataques a mujeres inocentes.
http://www.guardian.co.uk/world/video/2009/mar/12/south-africa-corrective-rape
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 03/06/2009 14:07
Desdicha Para Quienes Se Quedan
Grettel J. Singer | 22/03/2009 0:19
Acabo de terminar una novela que me ha encantado, de la francesa Anna Gavalda, Jel’aimais, y que me dejó sustraída en pensamientos de una cristalina cronología en cuanto a los amores y sus (en algunos casos, imprevistos) finales que me han tocado tan duro como suave. Trata sobre una mujer de veintiocho años, guapa e inteligente que está atravesando por una separación devastadora, en el momento en que menos se lo esperaba. Todo parecía irle bien, tenía una familia extraordinaria, dos hermosas hijas pequeñas que la colmaban de armonía y estabilidad, mientras se sostenía hipnotizada por un marido infiel que de repente la deja por otra mujer más joven aún. La trama se desarrolla en una casa en las afueras de Paris, donde el padre del marido conduce negocios y pasa temporadas indefinidas, y la ha invitado a pasarse unos días con las niñas para despejar un poco.
El suegro es un hombre de pocas palabras, estoico, que no opina a menudo, silencia cualquier comentario que le venga a la mente, y se da vuelta en forma ecuánime cuando alguien le acecha una mirada inquisitoria. Pero lo verdaderamente fascinante de la historia es que precisamente se trata del suegro, sobre su vida y la profundidad de sus sentimientos aparentemente inexistentes, que la novela nos revela poco a poco y nos vamos dando cuenta no son para nada moldeados de acero, como él se esmera en aparentar. Se llama Pierre y tiene 65 años si mal no recuerdo. Su intención, no queda claro si fue planeada o se produce espontáneamente, es contarle a Chloé, la mujer que su hijo ha abandonado, la saga de su vida, del hombre cobarde que decidió quedarse, en comparación con lo que él considera el coraje de su hijo que ha tomado la decisión de marcharse sin mirar atrás.
Pierre se había casado aún siendo muy joven con una muchacha de quien estaba enamorado, como se puede amar a esa edad. Se entregó a su esposa, a su familia y a su empresa y vivió de manera robótica con una imagen intachable hasta que un día al cumplir 42 años conoce a una mujer que le tuerce la vida, que despierta en él sensaciones nunca antes experimentadas, y a quien le causa un enorme sufrimiento mediante promesas insustanciales por varios años hasta perderla para siempre por no atreverse a dejar a su esposa Suzanne, una mujer con quien tenía una relación estable, aunque lejos de manosear aquella inevitable e inagotable felicidad que sentía junto a su amante, Matilde.
Pierre frustrado, herido y derrotado decide quedarse para no tornarse en un canalla que abandona a su familia. A medida que van pasando los años se va convirtiendo en un ermitaño, en un hombre despreciable y malhumorado, que demuestra poco o ningún interés más que el que se le exige, por sus hijos o su esposa, mientras por dentro se consume por un amor tronchado. Se descubre el motivo de su pasiva crueldad a partir de esos años que decide darle la espalda a la mujer que amaba, y quien lo había marcado como nadie en su redundante existir, que le había dado a probar de un brebaje deliciosamente adictivo provocando en él una insospechada felicidad que en el corriente de sus días, semanas y años había desconocido o ignorado por completo. Con ella había descubierto un sentimiento de paz, un orgullo de ser quien era. En Matilde, Pierre había encontrado el hechizo que le devolvía el deseo de amar cada vez que la tenía cerca. Pero eso amor estaba destinado a ser atropellado por la costumbre, y Pierre renunció a su amante para cumplir con las reglas de la sociedad, con la promesa que le había hecho a Suzanne de hasta que la muerte nos separare, y desde ese momento en adelante se desata una depresión incurable.
Meditando sobre ese tema no pude menos que sentir rabia por la decisión que Pierre había tomado, pues a veces nos cuesta más ser felices que llevar una vida tranquila y aburrida. Tal vez si Pierre se hubiese dejado llevar por sus emociones habría hecho a su familia más feliz, ya que el pago por quedarse fue convertirse en su peor versión, en el hombre déspota, en vez de arrojarse a esa oportunidad que tanto lo estremecía y dejar que los detalles a su alrededor cayeran en su sitio a medida que caminara el tiempo, acoplándose como es habitual con todo en esta vida, siempre y cuando cumpliera con sus obligaciones de padre. Sin embargo, cuando su esposa Suzanne lo confronta, lo maldice y lo amenaza con destruirlo, aún cuando él acepta su culpabilidad y ofrece ayudarla monetaria y emocionalmente, ella termina rogándole que no la deje, para así continuar con su vida sin cambiar el más mínimo detalle cotidiano, por aburrimiento o por rutina, es difícil distinguir sus motivos, pero definitivamente no por amor y menos por pasión.
Me pregunto ¿hasta qué costo estamos dispuestos a mantener una relación así nos triture por dentro?, y si ¿valdrá la pena quedarse en una relación para no separar o herir a la familia? Creo que mucho depende de la situación, supongo que si uno se va a quedar para ser completamente infeliz y transmitir esa agonía a los seres que ama, quizás no valga la pena. O si vas a permitirle a alguien que se quede para reprocharle el resto de la vida qué hizo o dejó de hacer, ¿cuál es el placer? Por mi parte lo que tengo bien claro, esa responsabilidad no la quiero encima ni loca. Si bien es verdad que prácticamente hablando no creo en el divorcio, mucho menos en las personas que se quedan en una relación para no causar dolor, cuando en cuerpo y en alma se entregan a otra persona por años y años, hasta que esa relación también se destruye, y en un final tantas personas terminan perdiendo.
El orgullo de una mujer es más fuerte que esos pilares invisibles que sostienen la tierra dentro del universo, y el mío no varía mucho, pero si alguien me dejó para ser verdaderamente feliz, me enorgullezco de esa persona, de haber tenido la sabiduría de comprender el valor entre un sentimiento leve y uno más profundo, digno de arriesgarlo todo. Y si mi pareja actual llegara conocer a una mujer que le haga sentir en distancia de años luz sensaciones que no soy capaz de ofrecerle, seré la primera en facilitarle la libertad de elegir el camino a esa dicha que pocos encontramos y más de uno dejamos escapar.
Enlace permanente | Publicado en: Mujerongas | Actualizado 03/06/2009 14:05













![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.lotushouseshelter.org/thrift.html]](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/mujerongas/menu/lotus-house/1974236-1-esl-ES/lotus-house_menu.jpg)
