La crepera eléctrica (mujeres only)
Grettel J. Singer | 28/09/2009 3:05
Sólo existe un hombre en el mundo entero con el que cada vez que tengo cita me encuentra desnuda cuando mínimo de la cintura para abajo, y regularmente para arriba también. Desde el año pasado había quedado por avisada, que este año me tenía que hacer por primera vez una mamografía. Le tengo pavor a las mamografías, en parte porque mi madre me asusta con frecuencia y me dice una de horrores año tras año que por consecuencia ha conseguido cundirme de pánico cada vez que pienso en la crepera eléctrica. Por otro lodo porque hoy en día una mamografía sin irregularidades es inusual y hay que llenarse de auténtico coraje para enfrentar los resultados.
Si hay algo que odio es ir al ginecólogo y que me introduzcan un aparato para realizar el papanicolau. Es que a decir verdad ya debería de existir otro procedimiento menos íntimo. Parecerá una exageración, pero cuando esas tenazas del espéculo se despegan y esos palitos algodonados me rozan el cuello del útero y luego con una espátula me arrancan una muestra de células, que no es otra cosa que un trozo de mis entrañas, me invade una fatiga espeluznante y una incomodidad terrible que lo único que consiguen es erizarme y petrificarme en vez de relajarme como debería. ¡Qué impotencia! Me estreso tanto y me pongo tan nerviosa que no sigo las instrucciones del doctor y a menudo me tiene que repetir mil y una vez que abra más las piernas y que me acerque más porque poco a poco me voy alejando de la lamparita que me enfoca. Cierro los ojos y aprieto los dientes, y en lo único que se me ocurre pensar es en algo que dice una amiga, que todos los ginecólogos son unos pervertidos.
Mientras siento el manoseo y el tibio de su respiración concentrada allí en mi sexo, escucho un estruendo en su voz.
—¿Qué pasó aquí? —o Dios, pienso en estado de pánico.
—¿Qué es? —digo angustiada. El doctor me pasa un espejo y me lo pone en frente para que lo sujete y tras alcanzarme un guante me pide que ingrese la otra mano, la disponible, e investigue hasta que dé con el hilito de la Mirena, el DIU que me colocó hace un par de años.
—No lo encuentro —protesto resignada.
—Busca bien —me responde, ya también a punto de tirar la toalla.
—¿Desde cuando no te revisas?
—Desde nunca.
—Mija, esto es por tu bien. ¿Tú no sabes que a veces la Mirena se desprende y ni te das cuenta? No te puedes confiar así como así. Después no vengas llorando…
—¡Ya lo tengo! —anuncio con entusiasmo aunque mintiendo descaradamente—. ¿Qué hago ahora?
—Nada, dormir tranquila y revisarte de vez en cuando, una vez por semana o cada vez que tengas intimidad. Mira que lo tenías bien echadito para atrás y me pegaste un susto.
Durante mi primer embarazo mi doctor se quejaba cantidad y se preocupaba por mi falta de valentía y poca voluntad, teniendo en cuenta en todo momento un gran enigma: ¿por dónde saldría la bebé si yo me comportaba tan majadera con simples chequeos de rutina? Una cosa no tiene nada que ver con otra, le explicaba un poco insegura. Cuando llegó el día, el parto fue fácil (digo, así lo recuerdo pero no dudo sea una amnesia impostora lo que me disponga a construir buenas memorias). En serio, fue rápido y extenso de acontecimientos notables (excepto al final cuando me entregaron una personita completica), y de contra, me porté requetebien. Porque suele ocurrirme algo similar en cuestiones decisivas: desastre, desastre y de repente una lucidez insospechada se apropia de mí en el momento más preciso. Bueno, a veces.
Una se piensa que después de los embarazos rebasas lo peor, y resulta que es de hecho lo contrario. Así es, a medida que pasan los años nada se vuele más fácil. Después de más o menos tres meses evitando llamar para hacer cita, infinitos gritos de mi doctor dictaminando que mi terquedad no conocía límites y que mi necedad le resultaba torpe, me decidí a enfrentar la crepera eléctrica y los ultrasonidos pélvicos (intravaginal y transabdominal) que me exigió para salirse de las dudas sobre unos análisis que me habían dado anormales. Nada que lo que me esperaba era una violación total.
Llegué temprano al consultorio, con dos teteras en la vejiga, una de rooibos y la otra de hebras de jazmín. Un paraíso de mujeres a punto de ser analizadas y toqueteadas me recibieron en el saloncito que parecía situado en el Polo Norte. Al momento me llevaron a otro saloncito más frío todavía y con un cambiador, me pidieron que me desnudara y me cambiara para la bata de baño y me sentara a esperar por la técnica. Como las señora está acostumbrada a tomar infinitas foticos pélvicas, me hace esperar lo que parecen horas porque está liada en el teléfono resolviendo cualquier asunto que no me interesa ya casi no me aguanto. Cuando voy a quejarme me dice que orine un poquito para aliviarme, pero eso tampoco termina bien. Tortura de principio a fin. Deja que le toque a ella, ojalá la hagan esperar para que ella sepa lo que es bueno.
Por fin viene a buscarme y me hace primero el ultrasonido transabdominal, relatándome con premeditado esmero el motivo de su tardanza. Yo quejándome y maldiciéndola mientras ella hablaba con una mujer desdichada, de esas que recibió resultados escalofriantes. Apenas termina me deja ir al baño y por fin dejo abrir la llave que encerraba tanto martirio. Cuando regreso me hace el otro ultrasonido y al culminar me lleva hasta otro salón a esperar un poco más. Varias mujeres se conglomeran allí en pequeños grupos alrededor del salón, hablando de cosas que verdaderamente sólo se escuchan en una clínica atestada de vaginas. Mientras unas esperaban a ser llamadas por la doctora para repasar los resultados, otras como yo, esperábamos pacientemente por el chequeo de las mamas.
Sra. Singer, llama una venezolana con un cantaito chulísimo, notablemente de Maracaibo. Y de hecho, ya soy una señora, pero mira que me cuesta creerlo. La chica me guía hacia una habitación de gigantes máquinas blancas, me hace desnudar de la cintura para arriba y tras acomodar parte de mi cuerpo en una posición medio que impensada, comienza a apretarme los senos con ganas, mientras me relata en los próximos diez minutos la historia de su vida. Me pregunté cuántas veces había contado la misma historia, casada, dos niños, bla, bla, bla… Y no me vino mal, eso consiguió distraerme unos minutos, pero de golpe me entró la curiosidad y bajé la vista y bueno, para qué describir lo que vi si ya con llamarle al sitio la crepera uno se hace la idea súper clara.
Me volví a vestir y me pasaron al mismo salón. Al momento vino la doctora por mí y por algún motivo me repitió el ultrasonido intravaginal. Cuando terminó me dijo que la mala noticia era que antes de irme tenía que hacerme la mamografía del lado izquierdo nuevamente porque parece que me había corrido de lugar. La buena noticia era que me había encontrado las mamas y el útero limpiecito y que no me preocupara demasiado y siguiera la misma dieta que sigo y que continuara practicando yoga y que tratara en lo posible de no estresarme, porque según ella es el estrés el causante de todos los cánceres que andan a rienda suelta.
Por fin me marcho del consultorio, a las cuatro horas de haber llegado. See you next year, me susurra una voz justo cuando se cerraba la puerta. Y me quedo pensando si acaso en los tiempos de antes la gente no se estresaba como nos estresamos en estos tiempos. Debo tomar medidas para no estresarme tanto, pero ya eso es un estrés en sí, el esfuerzo para evitarlo.
Publicado en: Mujerongas | Actualizado 28/09/2009 3:33




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32 Comentarios
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32 por Adrianina (Usuario no autenticado) 10/10/2009 4:39
Hola Grettel. Tengo ginecóloga, y detesto ir por los controles y demás, pero bueno, es necesario para evitar lamentos a futuro, Muy visual y real tu relato. Como estar ahí. Bsotes linda, nos seguimos leyendo.:-)
31 por Grettel J. Singer 05/10/2009 19:48
gracias amigos por las visitas y los comentarios, mucho trabajo en estos días. retorno el próximo lunes.
les deseo una bonita semana
30 por Armienne López (Usuario no autenticado) 05/10/2009 15:10
Magnífica descripción de una tortura necesaria.
29 por silvia mónica zappia 03/10/2009 4:09
Totalmente de acuerdo!
besitos
28 por Cuba Noticias (Usuario no autenticado) 02/10/2009 6:42
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