domingo 7 de septiembre de 2008 11:18
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A debate

Los caminos trillados

La crítica dominante ha pasado página en muchos aspectos controvertidos de la obra de Martí.

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Después de leer las respuestas de Duanel Díaz y Miguel Cabrera Peña a mi artículo Vigilar, temer y reformar, sobre Martí y los negros, me temo que tendría que escribir mucho, demasiado, para convencerlos.

Díaz, como era de esperar, se empeña (todavía hoy —dios santo—) en ver a Martí como nos lo recetó Roberto Fernández Retamar en Calibán y otros ensayos. Esto es, enfrentado en un duelo mortal con Sarmiento. Martí es el bueno, Sarmiento es el malo. "Martí invierte la perspectiva civilizadora de Sarmiento", dice Díaz en ese despliegue multicolor de oposiciones maniqueas tan típicas de los estudiantes. A esta pareja, Díaz agrega, con gusto, otras como las de Martí vs. Casal, Martí vs. Figueras, Martí vs. Darío, etcétera.

En cuanto a los negros, Duanel Díaz se apunta a la tesis de la "fraternidad racial" (una frase que saca de mi artículo y la suelta así, como quien se defiende en retirada), a la que alude igualmente Cabrera Peña en el suyo. La tesis de la "fraternidad racial" es la que Martí expone en su artículo de Patria, "Mi raza" (para mencionar el más conocido), donde el cubano se declara en contra del racismo y afirma que no hay razas.

Esta tesis, sin embargo, tiene un lado oscuro que a pocos investigadores les ha interesado aclarar. Según Aline Helg, la república se apoyó en la prédica martiana del mito de la "igualdad racial" para evitar la escisión política y racial del país, cuando ocurrió la guerrita de 1912, para disputarle a los negros su derecho a cuestionar el gobierno, formar un partido político independiente y reclamar "lo que les pertenecía". Helg, sin mencionar a Michel Foucault pero seguramente conociéndolo, habla de esa duplicidad del discurso republicano, que esconde sus verdaderos motivos cuando esgrime otros.

A lo que me refería en mi primer artículo (que elaboro en otro lugar con más detenimiento, por si a Cabrera Peña le interesa "enterarse" de la totalidad del "corpus martiano") es a ese otro Martí que hay que diferenciar del que conocemos, ya que hay dos momentos en la prédica racial del cubano: uno que va hasta 1886 (o alrededor de esa época en que publica su crónica del terremoto de Charleston), y otro bien marcado y distinto, de la época de Patria.

El apunte, fragmento o como quieran llamarlo, que mencioné sobre los negros, yo lo ubico alrededor de 1886 (el año que el gobierno español le da la libertad a los esclavos en Cuba, y no a principios de década de 1880, como hace Rojas), y muestro, por un lado, los discursos deterministas y biológicos de finales de siglo, su relación con el liberalismo y los miedos del poder (blanco y burgués) en Cuba. Por esto menciono el énfasis que Martí pone en la sangre y lo que el negro traería heredado del "África salvaje".

Pero sobre todo, llamo la atención en que si bien es cierto que en su prédica independentista Martí recurre una y otra vez a lo que podemos llamar el discurso de la "fraternidad racial" (lo que podría entenderse como una "superación" del racismo), no es menos cierto que este momento coincide con la organización de la guerra y, por tanto, cualquier opinión "antirracista" de Martí en estos años no puede verse desligada de la pragmática de la lucha, de la necesidad imperiosa de hacer una revolución "con todos y para el bien de todos".

Para decirlo más claro: si Martí hubiera mantenido esta retórica dura en sus artículos de Patria, difícilmente hubiera recibido el apoyo de los negros. ¿Realmente entonces cambió de opinión?

Si nos empeñamos en la tesis del Martí que afirma que "no hay razas", deberíamos explicar también este otro apunte suyo: "con los calores, que pueden en la sangre negra más que en la blanca, se les ha encendido la fe a las negradas de Georgia" (OC XII, 293). Esto lo escribe Martí en su crónica del 15 de agosto de 1889, tres años después de escribir sobre los negros y el terremoto de Charleston, en cuyas reacciones violentas Martí creyó ver nuevamente "en lo heredado de su sangre lo que traen en ella de viento de selva" (OC XI, 73).

La idea de raza

Poniendo a un lado el carácter despectivo de la palabra "negrada", que es típica del lenguaje esclavista del siglo XIX, mi tesis es que habría que preguntarse qué significaba en el siglo XIX que el sol "pueda en la sangre del negro" y de los indígenas, más que en la blanca. Para respondernos esta pregunta, hay que comenzar por la idea de raza que se tenía entonces.

Según George Stocking, para esta época, "las características de las civilizaciones se transmitían de una generación a otra ambas en y con la sangre de los ciudadanos". En efecto, según Bernard Seeman en The River of Life: The Store of Man's Blood from Magic to Science, ésta ha sido una idea muy común en la historia de la humanidad que alcanza tintes verdaderamente escalofriantes en el siglo XX.

Se creía que dado algún tipo de propiedad la sangre transmitía la esencia del individuo, la familia, la raza e incluso la religión, de ahí que muchas personas hablaran de sangre negra, blanca, judía y hasta de sangre católica. Agrega Seeman, como un dato importante a tener en cuenta en la historia de esta creencia, que los nobles de Castilla pensaban que tenían "sangre azul" y se enorgullecían de su "limpieza de sangre".

Ni Cuba ni los cubanos de la colonia eran ajenos a esta creencia, muy frecuente además en las disputas de las cortes matrimoniales. ¿Por qué entonces pasar por alto esta suposición y hacerse los de la vista gorda? ¿Será porque la teoría de las diferencias biológicas llegó a su desarrollo más perverso con la Alemania fascista, donde los ideólogos de la superioridad racial justificaron el exterminio de millones de personas basándose en el mito de la "sangre Aria"?

Sugiero que en el caso de Martí la alusión a las particularidades de la sangre de ambos grupos se presenta de esta forma: cada raza tiene ciertas características que le son propias, visibles unas y otras no, que se transmiten de generación en generación. Y a esto se suma la influencia del clima y el medio. Esto, nuevamente, es típico de los discursos científicos del siglo XIX, uno de los más repetidos por teóricos como Taine, Buckle y compañía.

En su artículo, Cabrera Peña afirma que cuando Martí habla de la sangre y la herencia "no habla aquí de sociología, sino de identidad cultural". Y en efecto, esta es una de las tesis más manidas y pretensiosas que ha usado la crítica martiana para justificar al cubano.

Su origen es Fernando Ortiz, quien señaló que el Apóstol manejaba un concepto de raza que nada tenía que ver con la biología ni la herencia, sino con la cultura. Lo repitió Elías Entralgo al sugerir que Martí se había adelantado a otros pensadores que desarrollaron el concepto de la "pluralidad coexistente de las culturas" y, más recientemente, Lourdes Martínez-Echázabal, al afirmar que en los textos del cubano se hace patente ya "el cambio de paradigma" que luego va a efectuarse con Nina Rodrígues y Fernando Ortiz, amén de tantos otros.

El optimismo de Martí

Pero rectifiquemos de una vez el entuerto: Martí nunca mencionó en estos artículos y apuntes la palabra "cultura" e incluso, si lo hubiera hecho, la idea de "cultura" que se manejaba en su tiempo no estaba desligada de la cuestión racial. Como afirman John Jackson y Nadine Weidman en Race, Racism and Science, en aquella época "race and culture were yoked together because one created the other" [la raza y la cultura estaban enyuntados porque una creaba la otra].

La ciencia del siglo XIX no hacía distinción entre ambas categorías. Unos veían la raza-cultura como algo fijo, y otros estimaban, siguiendo a Darwin y a Spencer, que el ser humano iba "evolucionando". La evolución se daba a través de la historia y con ella las razas y las culturas iban pasando de un estado menos desarrollado a otro más moderno.

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7 Comentarios


7 por Pedro Dupre (Usuario no autenticado) 28/06/2008 12:20

Esa frase que dice " Cubano es mas que....." Ha sido el bastion de la negacion de los derechos a los descendientes de Africanos en Cuba hace mas de un siglo. El trabajo de exponer las ideas de Marti en este contexto nos indica claramente que lo mas importante era la independencia de Cuba. La misma independencia comprometida por Cisneros Betancourt y Winston Churchill, en uno por negar pertrechos y apoyo a Maceo y una actitud traidora y mesquina y el otro por levantar el espectro de la Revolucion Haitiana e incitar asi la invasion a Cuba cuando la guerra estaba a su fin. Si Sarmiento y Marti compartian en su interior el desprecio por otras razas es importante saberlo, Lloyd Garrison y John Brown existieron antes y tenian ideas distintas.

6 por SOCRATES (Usuario no autenticado) 12/06/2008 11:20

En cita o en referencia indirecta: Fernández Retamar, Sarmiento, Held, Rojas, Stocking, Seeman, Taine, Buckle, Entralgo, Ortiz, Martínez-Echezabal, Nina Rodríguez, Jackson, Weidman, Darwin, Spencer, Tylor, Lubbock, Marinello, Ramos y, por supuesto, Martí y Foucault (además de D. Díaz y M. Cabrera, adversarios de la controversia). Todo eso en dos cuartillas para decir que Martí compartía algunas ideas y prejuicios de su época, que vistos desde 2008 no nos parecen muy "politically correct".
¿Alguien habló de "tesis manidas y pretensiosas"?
Bendita Wikipedia.

5 por Gratamente Sorprendido (Usuario no autenticado) 11/06/2008 20:20

Tanto tiempo esperando a leer comentarios dignos del tema o el artículo al que se refieren (y de buen nivel lingüístico y cívico), y al fin mi sueño se ha hecho realidad.

Hasta ahora: tres buenos comentarios, cero choteo. ¿¿¿Estaremos mejorando???

4 por Pirote (Usuario no autenticado) 11/06/2008 9:20

Confieso que el tema me parece muy interesante. Y a diferencia de otras personas creo que el tópico racial es siempre importante de discutir, como otros tantos tópicos. El pasado siempre está lleno de violencias cuando lo vemos desde el presente, y creo que una de las formas de la libertad intelectual está siempre en cuestionarlo, revisitarlo y repensarlo. Hay sin embargo ciertos elementos que me resultan algo chocantes en el texto de Camacho. Primero su tono emancipatorio, que al final se acrecienta en las críticas a quienes no ven lo que él sí ve (una herencia religiosa de cierto progresismo). Segundo, la presencia de ciertos puntos ciegos sobre Martí y su relación con el liberalismo y, sobre todo, su republicanismo radical, que Duanel bien explica. Tercero, la estrecha y confusa relación que establece entre un cuestionamiento personal (Martí) y un cuestionamiento de las ideas de su tiempo.

3 por Miguel Cabrera Peña (Usuario no autenticado) 10/06/2008 19:40

No respondo críticas viscerales.


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