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Actualizado: 25/11/2014 21:30
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| Internacional

Energía, EEUU, Petróleo

Estados Unidos hacia la autosuficiencia energética

Con el triunfo tecnológico en la extracción de gas y petróleo a partir de las rocas de esquisto, Estados Unidos ha promovido una nueva revolución tecnológica

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Un chiste recorre el mundo. ¿Estados Unidos de América o Saudí América? Se trata de las fabulosas perspectivas de ese país en la extracción de gas y petróleo, gracias al desarrollo de tecnologías para llegar a tan valiosos combustibles que yacen en el fondo del mar enterrados en rocas de esquisto (shale beds), donde antes era muy difícil por problemas técnicos y altos costos que impedían conseguirlo en condiciones comercialmente ventajosas.

Así, Estados Unidos ya es prácticamente autosuficiente para cubrir sus necesidades de gas, con enormes ganancias para su economía pues cesan las importaciones, dando lugar además a la posibilidad de electricidad más barata, lo cual incidirá positivamente en la industria; sobre todo en la producción de aluminio, acero y vidrio y otras ramas de la economía que son grandes consumidoras de tan importante fluido, como ha apuntado The Economist en interesantes reportajes publicados en su edición del 17 de noviembre. Asimismo, el gas relativamente menos costoso puede beneficiar a la industria petroquímica para la elaboración de plásticos y otros productos. En cuanto al petróleo, el futuro se torna muy promisorio, tanto que la Agencia Internacional de Energía (IEA) predice que podría convertirse en el mayor productor de petróleo en el mundo para el 2020, sobrepasando a Arabia Saudí y Rusia, y en autosuficiente y probable exportador en el 2035 —aunque analistas más optimistas auguran que esto ocurrirá antes—, lo cual tendrá también extraordinaria repercusión económica y eliminará la alta dependencia actual en materias tan estratégicas como los hidrocarburos.

Según datos brindados por la citada revista británica, Estados Unidos consume alrededor de 19 millones de barriles de petróleo diarios, una gran parte provenientes del exterior, fundamentalmente del Medio Oriente y Venezuela, lo cual ha constituido uno de los factores promotores de sus continuados desbalances comerciales en los últimos años. Téngase en cuenta que hoy los precios del petróleo rondan los 100 dólares por barril, y la perspectiva de reducir paulatinamente las importaciones aportará enormes beneficios a la economía norteamericana. Por supuesto que el camino a la autosuficiencia energética y a convertirse a más largo plazo en un exportador neto, traerá consecuencias importantes para todo el planeta, pues muchos países exportadores al coloso del norte, tendrán que reorientar el destino de su petróleo, asi como plantearse estrategias para desarrollar otras fuentes de riquezas ante la nueva coyuntura, ya en marcha, de la disminución paulatina de las importaciones norteamericanas de hidrocarburos. En la práctica, por la incidencia del gas estadounidense los precios de este rubro han empezado a bajar en el mercado internacional. En el petróleo, el descenso de las cotizaciones quizás no siga el patrón del gas, por las altas tasas de aumento del consumo y la inestabilidad existente en prominentes zonas productoras. De manera que China y la India se tornarán en superiores objetivos para los exportadores, al ser grandes consumidores que podrían constituir el destino de las cantidades que los norteamericanos dejarán de adquirir.

Paralelamente, Estados Unidos está avanzando en la utilización de fuentes de energía renovable, como la solar y la eólica, que ya comienzan a tener un relativo peso en el total de la producción energética, pero aún con costos relativamente elevados. Sin embargo, existe una dinámica hacia el abaratamiento de los componentes básicos para la explotación de esos inagotables recursos, lo cual motivará una mayor participación de esas fuentes que además poseen la ventaja de no ser contaminantes.

Asimismo, se empieza a ofertar masivamente autos consumidores de energía eléctrica o los llamados híbridos, que combinan la utilización de la electricidad con hidrocarburos, con un notable incremento de la eficiencia en el consumo de combustibles. La limitación para la amplia utilización de esos vehículos son sus precios, elevados al salir como producto novedoso en el mercado; inconveniente que se solucionará con el aumento de las escalas de producción en consonancia con la demanda, el abaratamiento de las tecnologías utilizadas, asi como una competencia mayor.

Con el triunfo tecnológico en la extracción de gas y petróleo a partir de las rocas de esquisto, Estados Unidos ha promovido una nueva revolución tecnológica, comparable a lo sucedido en el campo de las comunicaciones con el avance en la informática y la utilización de Internet. Con ello refuerza su posición cimera mundial en el campo científico y técnico, y cuestiona nuevamente los pesimistas vaticinios sobre su declive y la pérdida de su primacía económica a favor de China. No por casualidad, los Premios Nobel obtenidos en economía, medicina, química y física son abrumadoramente superiores sobre otros países (el 41,2% de los premios Nobel otorgados en esas materias en el período 1901-2009). Tampoco es fortuito que de las 20 mejores universidades del planeta 14 sean estadounidenses. Así hasta la hija del recién elegido secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, estudia en Harvard, mientras un ejército de decenas de miles de sus jóvenes compatriotas están repartidos por diversos centros de estudios norteamericanos.

Indudablemente Estados Unidos en modo alguno es una sociedad perfecta. Tiene complejos retos que resolver en el futuro, como la situación de millones de personas indocumentadas que debe ser resuelta en el espíritu de acogida históricamente presente en esa sociedad. Sin embargo, quienes se frotaban las manos por su seguro declive o retroceso como nación, tendrán que aceptar su pujanza, que asentada en principios democráticos constituyen una sólida base para el amplio desarrollo de las potencialidades humanas.


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