Actualizado: 20/09/2017 13:35
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Eclipse, Sol, EEUU

«The Dark Side of the Moon»

El eclipse total de Sol sobre Estados Unidos y una experiencia personal

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Siempre he creído en aquellos sucesos, o momentos de singular comunicación con los más íntimo de nuestro ser y con el infinito, una nevada, la lluvia cayendo en el patio de la niñez, el momento tras la Eucaristía, el orgasmo del sagrado amor humano, el traer al mundo una vida, la mirada asombrada de los niños cuando descubren el mundo, el rielar de la luz en el mar al atardecer, el canto de las ballenas, ese sonido único e irrepetible que es la sílaba Ohm, como se la escuché a unos monjes tibetanos cuando estudiaba en la Universidad de Arkansas. Es un sonido primario y de todo el tiempo, cuya semivocal nadie la puede reproducir, y con una reverberación que le pone a una los pelos de punta; de ahí que me sonría cuando oigo a las personas creyendo que están diciendo Ohm; me imagino que en Stonehenge sienta algo similar multiplicado a la enésima potencia, de lo que he sentido en el silencio de un bosque.

Los eclipses totales de Sol (tuve la suerte de ver uno anteriormente en México D.F., donde en Chapultepec las llamitas se iban a dormir) siempre han despertado la imaginación humana, desde un terrible suceso en el oscurantismo, hasta el humor sin par de Mark Twain. No es de dudar los pavorosos sentimientos cuando la Humanidad era joven; sin la explicación científica no se puede entender qué está sucediendo tan en silencio.

¡Ahora Missouri estaba en la “faja de la totalidad”! No veían el día en que llegara el lunes 21 de agosto, 2017… pero la realidad superó mi imaginación.

Comenzó con un concierto en la capital, Jefferson City, de Pink Floyd, a los que el misterio de la Luna “les conmovió la lira”. Los conciertos en los jardines del Capitolio estuvieron a la altura del misterio natural. Pensaba yo que el público iba a ser como un círculo de abuelos, pero para mi sorpresa había espectadores de todas edades, coreando las etéreas melodías como generadas por la música de las Estrellas de Platón. Afortunadamente, yo no soy de hacer colas, había una inmensa pantalla transmitiendo el concierto e imágenes sicodélicas de mi juventud; ya comenzaba a rodearme La Maravilla.

Me levanté como cuando era chiquita a punto de un viaje interesante.

En el día de hoy comencé a seguir online, a través de NASA. Gov la aventura que comenzó en Oregón. Estaba inquieta y dubitativa:

—Tú vas a ver que esto es como el Halley. Mi tía nació un año después de su último paso por la Tierra y toda su vida estuvo escuchando los cuentos de mi abuela de esa maravilla, maravilla de más larga duración, cómo el cielo había permanecido iluminado durante noches, la luz tal particular que se generó, etc. El día del supuesto paso del Halley por la Tierra mi hijo (un niñito en aquel entonces), mi tía y yo nos preparamos como se preparaban los cubanos ante un ciclón. Café (o similá, estábamos en Cuba) y cualquier chuchería que consiguiéramos y nos encaramamos en el tanque de agua de mi edificio a esperar EL EVENTO. Por cierto, mi tía debe haber tenido la edad que yo tengo ahora; a mí no me costaría ningún trabajo subir las escaleras hasta el tanque, pero con Tata mi hijo y yo por poco necesitamos un guinche…a las 5 a.m. ET nos bajamos desilusionados sin Halley y con el trasero doliendo de la piedra dura del tanque. Ya estaba pensando en que tendría que conformarme con mi eclipse mexicano cuando la luz tornose, diríamos, como del fin de los tiempos. No, no veo agoreros desastres en un eclipse, pero así es como único puedo describir aquella luz moribunda y diáfana: el eclipse había comenzado. Salí a una noche muy breve pero mágica, porque la oscuridad flotaba y era absolutamente silenciosa; comenzó a transformarse la luz otra vez en algo liminal o apocalíptico, e hizo su entrada el gran espectáculo de la corona de fuego. La seguí todo lo que mi región lumbar me lo permitió; cuando me quité los espejuelos ad hoc volvía la luz extraña, amniótica; mis vecinos estaban a mi lado, pero no los escuchaba porque la atmósfera no era gaseosa; no oía lo que sucedía a mi lado sino como debo haber escuchado el mundo exterior en el útero de mi madre. Mis gatos y mi perro también estaban muy quedos; algo que no entendían estaba sucediendo.

No soy creacionista, ¡qué ni lo mande Dios! Pero hay una inmensa e ignota Voluntad Creadora tras la Naturaleza,

“…and everything under the sun is in tune

but the sun is eclipsed by the moon.

There is no dark side of the moon really. Matter of fact it's all dark.”

Pink Floyd


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