Actualizado: 24/04/2017 10:07
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EEUU, Elecciones, Trump

“Trump no es mi Presidente”

La historia demuestra que estas sacudidas, si son en buena lid, acarrean resultados positivos

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Con este lema se están manifestando en diversas ciudades de Estados Unidos no pocos adversarios del recientemente elegido Presidente, Donald Trump.

Bueno, lo cierto es que ningún presidente es el Presidente de todo un pueblo si acaso tomamos en cuenta solamente a quienes lo favorecieron con su voto.

Pero no es así: por ley, el elegido por la mayoría resulta justamente el Presidente de la nación.

Contra todo pronóstico, contra contrincantes que en muchos casos eran de la élite de su propio partido político, contra el ataque sistemático de los medios de comunicación nacionales e internacionales, Donald Trump resultó elegido. Obtuvo mayoría en 30 de los 50 estados del país, mientras que su contendiente resultó favorecida en 20 estados y en Washington DC.

Así, sus partidarios —es decir, quienes votaron por él, porque una elección presidencial no es una competencia deportiva, de modo que quienes ganan son quienes votan por el candidato y no el candidato en sí— le propinaron un portentoso ridículo a los medios antes citados y sus pitonisos y pitonisas que, sin mucho escarbe en sus estrías cerebrales, situaban a Trump tan lejano de su oponente que algunos vaticinaron que ante derrota tan soberbia, quizás el partido de Trump, el Republicano, demoraría décadas en reponerse; recuperar prestigio.

“Trump no es mi presidente”, se lee y se escucha —rabia mediante— por doquier, y en muchos sitios los manifestantes van más allá de las palabras: se pueden observar videos de personas anti-Trump golpeando a quienes votaron por este.

Es decir, el odio que se asegura sembró el candidato republicano, ahora va de vuelta contra sus simpatizantes.

Tiembla Troya con el resultado de las elecciones generales.

Troya y más allá. Por ejemplo, en México se ha reunido varias veces el ejecutivo en las últimas 72 horas. Y el Presidente de este país ha dado a conocer una idea brillante: si Donald Trump, como prometió, al fin embarca de regreso a los 10 millones o 12 millones (no hay consenso aún en la cifra) de indocumentados mexicanos que se hallan en EEUU, estos no tendrán problema: con solo presentar en su país la orden de deportación, ya tendrán un trabajo asegurado.

El Presidente Enrique Peña Nieto es un hombre de suma imaginación —lo cual quedó demostrado cuando plagió su tesis para graduarse de Derecho—. Oh..., qué clase de pelotera se formaría, si lo anterior se lleva a cabo, entre los 2 millones de desempleados actuales que hay en México y los repatriados privilegiados.

La pregunta que da vueltas hace más de 100 años en el caso de México es: ¿Por qué un país rico de nacimiento se halla tan empobrecido, de modo que sus habitantes deben buscar su sustento y el de su familia adonde los tan por ellos odiados “gringos”?

Creo que la mayoría de los opinantes darían su razón de que Donald Trump es el causante de los desmanes que hoy vemos; sembró los vientos que hoy nos meten en estas tempestades.

Pero la historia demuestra que estas sacudidas, si son en buena lid, acarrean resultados positivos.

Esperemos. Donald Trump no podrá llevar a cabo, en una nación de leyes, en un país donde las instituciones tienen mucho poder y tradición, varias de sus improvisaciones más peregrinas.

Ya, por ejemplo, debió dar marcha atrás a su firme resolución de suprimir de una vez el plan de seguro médico establecido por el actual Presidente —conocido como ObamaCare—: para arrasar con esta ley necesitaría 60 votos de un Senado donde solo hay 52 republicanos.

Y así irá el magnate inmobiliario recapacitando ahora que tiene el poder, desde el cual ya no le será posible decir cualquier cosa y mucho menos hacer cualquier cosa.

Mientras, continúan las protestas y no pocos medios audiovisuales locales —que sin dudas siguen decididos a golpear a Trump— hacen su agosto entrevistando a llorosas mujeres indocumentadas que ruegan para no ser deportadas y a niños indocumentados con ataques de llanto ante la posibilidad de que a sus “papás” los deporten. En fin, una telenovela que se agrega a las ya lamentablemente existentes.

Pero calma. Calma. Denle suave. Esperemos.


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