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Actualizado: 01/09/2014 11:14
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| Internacional

Netanyahu, Israel, Miami

La sorpresa israelí

Aunque Benjamín Netanyahu logró una apretada victoria, los electores castigaron su gestión y auparon un partido de centro, que ha hecho del laicismo su bandera

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Por décadas, el exilio cubano de Miami se ha comparado con la situación israelí, lo que ocurrió a los hebreos durante la Segunda Guerra Mundial y el poder de cabildeo de los judíos en Estados Unidos, así como la lucha contra la difamación al pueblo de Israel, todo de acuerdo a las circunstancias.

No es una comparación que, desde cierto punto y luego de mencionar más de una diferencia, carezca de sentido, sobre todo en cuanto a la existencia de un gran poder, desproporcionado para algunos, a la hora de influir en las decisiones de la política internacional estadounidense.

En el caso de los cubanos, las comparaciones cuentan también con el apoyo de un historial con altas y bajas, y una comunidad judía asentada en la Isla que por años se redujo producto de una política hostil del régimen cubano, pero que en la actualidad atraviesa por unas circunstancias muy peculiares, en las que por una parte se suman una actitud lenitiva, algunos pueden considerarla “amistosa” hacia esa reducida comunidad, unido a una serie de negocios de Cuba con israelíes, y por la otra no hay que olvidar que el más conocido extranjero cumpliendo condena en la Isla es un judío.

Es por estas dos caras de la misma situación, isla-exilio, que nada de lo que ocurre en ese pequeño y poderoso país del Levante es ajeno al sur de la Florida, donde, por otra parte, hay una extensa comunidad hebrea en Miami Beach, independiente por completo de los cubanos de Miami.

En muchas ocasiones esta identificación entre el exilio cubano, por un lado, e Israel y el pueblo judío, por otro, no ha estado libre de tergiversaciones, falsas ilusiones y desconocimiento.

A todo esto se une que, en los últimos años, las tendencias políticas determinantes en Israel han mostrado cada vez mayores afinidades con el sector de línea dura de la comunidad exiliada cubana.

El Israel que por décadas había sido un estado progresista, incluso con aspectos cercanos a lo que podría considerarse un socialismo antitotalitario, que representaba la esperanza democrática en medio de reinados retrógrados y corruptos, se ha ido transformando cada vez más en un Estado dominado por la ideología y la religión, donde al parecer solo tienen cabida los extremos. Como ocurre siempre que se habla de Israel, no se trata solo de lo que ocurre en el país, sino también de lo que pasa alrededor del país. Es la nación y su circunstancia, y ésta ha estado dominada por una amenaza terrorista que no parece disminuir, sino todo lo contrario, complicarse hasta la posibilidad nuclear, con Irán desarrollando un programa sin tregua de enriquecimiento de uranio y en el que todo parece indicar que el verdadero objetivo es la fabricación de armas de exterminio masivo.

Apenas unas semanas atrás, un artículo en The Nation señalaba como cada vez más se imponía el pensamiento ultraderechista en Israel, y que incluso una figura de línea dura como Benjamín Netanyahu, al frente de un gobierno dominado por derechistas y religiosos, enfrentaba dificultades a la hora de lograr alianzas con grupos más extremistas aún que el suyo, los cuales habían logrado un avance sustancial en la política israelí.

La revista destacaba fundamentalmente dos factores como responsables de ese cambio. La inmigración, procedente primero de la Unión Soviética y luego de Rusia, y el afianzamiento de los partidarios de crear nuevos asentamientos. Así, rusos y colonos, con el apoyo de los hebreos que viven en Estados Unidos, estaban imponiéndose como una fuerza política determinante en el país.

Por supuesto que otros factores, que no entraba a analizar la revista, también habían jugado un papel fundamental para el surgimiento de esta situación, desde el fundamentalismo islámico hasta las políticas erróneas del gobierno de George W. Bush, pero la realidad, según The Nation, era que Israel avanzaba cada día con más fuerza hacia el radicalismo religioso.

En este sentido, se daba por descontada la victoria electoral de Netanyahu y el ascenso de la derecha religiosa. Netanyahu triunfaba, y el único problema que tenía que resolver era el mostrarse lo más extremista posible.

Acaba de ocurrir, de acuerdo a los primeros resultados electorales, pero no de la forma en que se esperaba.

El resultado de las elecciones celebradas en Israel indica que de nuevo se han equivocado los partidarios de las conclusiones en blanco y negro.

Como señala el diario español El País, Netanyahu venció en las urnas, pero no convenció. Los electores castigaron su gestión y auparon a Yesh Atid (Hay Futuro), un partido de centro liderado por un experiodista sin pedigrí político y que ha hecho del laicismo su bandera.

Si bien la extrema derecha logró consolidar su ascenso, al conseguir un cuarto puesto, el llamado bloque de centroizquierda protagonizó un alza inesperada, agracias a Yesh Atid, que, seguido por los laboristas, consiguió hacer sombra al conjunto de partidos de derecha y religiosos.

Con este avance, al primer ministro le resultará difícil prescindir de ellos.

Para conseguir la mayoría necesaria, Netanyahu tendrá que tejer nuevas alianzas.

Sin ningún partido capaz de alcanzar la mayoría absoluta, la cuestión ahora es qué coalición de Gobierno se formará en las próximas semanas.

Con 33 escaños —9 menos que los que tenía hasta ahora—, de acuerdo con el escrutinio del 50% de los votos, Netanyahu tendrá que decidir si quiere formar una gran coalición de Gobierno con los partidos de centro —Yesh Atid obtendría 19— o si opta por una combinación de fuerzas más extremistas y menos dispuestas a sentarse a negociar con los palestinos.

De haber presentado un bloque unido desde el principio, los partidos laicos y progresistas habrían tenido mayores posibilidades de triunfar, explicaron de forma reiterada los expertos. Ahora, deben ponerse de acuerdo y seducir incluso a los partidos religiosos para formar una coalición capaz de rivalizar con la de la derecha y extrema derecha.

“No decimos no a nada. Tenemos que sentarnos con el resto de partidos y ver cuáles están dispuestos a aceptar nuestros principios”, dijo Karin Elharhar, de Yesh Atid.

Por su parte, y de acuerdo a lo divulgado en el diario Público, Yair Lapid, líder del partido Yesh Atid aseguró que “los ciudadanos de Israel han dicho no a la política del miedo y el odio, no al radicalismo y a la anti-democracia”.


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