Instrucciones (con orientales)
Jorge Ferrer | 30/10/2008 14:27
Para desesperados en EE.UU.
1) Distribúyanse copias de Understanding Marx, que cantaba el grupo Red Shadow (The Economics Rock & Roll Band) en los años setenta, a todos los periódicos y estaciones de radio y televisión.
2) Hágase envío masivo a los bloggers rabiosamente anti-Obama. Insístaseles en que han de reflexionar sobre la mención de Mao, un déspota oriental.
3) Móntese blog –hay plataformas asequibles hasta para los más desesperados en Radio Mambí- y sugiérase que Barack Obama –y sobre todo Michelle, ¡sobre todo Michelle!- se proponen rescatar esta canción que escuchaban en su juventud e instituirla como nuevo himno nacional de los EE.UU.
4) Rastréese cualquier relación de los animadores de Red Shadow con Barack Obama o alguno de sus amigos terroristas, musulmanes, etc. Alguna habrá. Basta buscarla. Encuentro furtivo, fiestecita privada, y hasta va y endorsement y colecta de fondos. El que busca, encuentra.
5) No se garantiza el éxito de la operación, pero sí a lot of fun. Y, encima, la banda no suena tan mal y recomienda un par de libros de lectura provechosa...
Understanding Marx
(Del album Live At The Panacea Hilton,1975)
Understanding Marx will straighten out your head (oh yes it will)
More than anything that you have read
Freud's a fraud, and [B.F.] Skinner's of no use,
Read Marx and Lenin - it will really turn you loose.
When I was in highschool, I sat in the back row and I thought to myself:
This is really for shit.
I just couldn't wait to get out and do something on my own.
So I quit school and went out to look for a job.
First I waited tables,
Then I worked at Woolworths,
Then I emptied bedpans at the hospital.
But no matter where I worked - it was all the same,
And I got so I just couldn't take it anymore.
One day I went home and I found my Ma sitting there.
She'd been fired by the phone company cos they said she was too old.
And I saw a book in her lap, and I asked her what it was.
She said, "Baby, that's Capital Volume I, you know, by Karl Marx."
And I said, "Huh?"
And she said, "That's right - here, take a look."
And I read that book, and now I've come to realise:
That as long as I have to sell my labour power to the Boss, I work for his profit - and not for myself and my fellow humankind!
(Chorus)
You know, I had me a nice lookin' job,
And it paid pretty good, you know.
And I got myself a swimming pool, a Wide-Track Pontiac,
Even a SnowMobile - one of the Jap makes.
But the more I spent, the more I'd end up owing,
And I had to work overtime at the goddamn job!
Well, I'm in the locker room one night, after the shift,
And the janitor comes in, and he says:
"Fellow worker, you look mighty unhappy."
And I said, "Huh?"
He said, "Read this," and he gives me a book.
So I said, "What's this?"
And he said, "It's State and Revolution. It's by Lenin."
Well, I'm not a man who reads many books,
But I read that book, and now I know:
That as long as you sell yourself, you cannot be yourself!
And you cannot SnowMobile your way down the forest trail to Inner Peace!
(Chorus)
I graduated Magna Cum Laude/Phi Betta Kappa
And I thought I had a responsibility to help out people who didn't know how to help themselves.
So I went into the Peace Corps, and I taught Nigerians how to fix cars and run hotels,
Then I came back home and went to D.C.
I doled out money for minority businesses,
You know: Black Capitalism.
Well, one day, some Congressman came to see one of my best projects.
I couldn't believe my eyes!
The workers were on strike!
So I said, "What's going on here?"
And they said, "Prices are high! Wages are low! And working conditions are terrible!"
And I said, "But... you're working for one of your own kind!"
And they answered, "He's not one of us! Here, read this!"
It was a little book called: On The Correct Handling Of Contradictions Among The People by Mao Tze-Tung.
I've read a lot of books, but when I read that book, well, now I understand:
That the only way to bring about social change is to organise a united mass movement based on the class interest of the Proletariat!
(Chorus x 3 - then fade out!)
Para desesperados en Cuba
1) Búsquese acceso a fotocopiadora.
2) Reprodúzcanse miles de copias del texto que sigue: un casi exhaustivo rastreo de la fundamentación jurídica para asesinar a tiranos y dictadores.
3) Establézcanse puntos en toda la capital para repartir las fotocopias. (Una caja de cartón y una sillita plegable bastarán para calificar como “punto de distribución”.)
4) Repártase.
5) Cuando aparezca el policía –“ciudadano, carné; carné, ciudadano”- hágasele notar el origen del texto repartido y la firma al pie.
6) Disfrútese entonces de una breve performance sobre el tema “Reflexiones de otro oriental”
Reflexiones de un oriental
“El derecho de rebelión contra el despotismo, señores magistrados, ha sido reconocido, desde la más lejana antigüedad hasta el presente, por hombres de todas las doctrinas, de todas las ideas y todas las creencias.
En las monarquías teocráticas de las más remota antigüedad china, era prácticamente un principio constitucional que cuando el rey gobernase torpe y despóticamente, fuese depuesto y reemplazado por un príncipe virtuoso.
Los pensadores de la antigua India ampararon la resistencia activa frente a las arbitrariedades de la autoridad. Justificaron la revolución y llevaron muchas veces sus teorías a la práctica. Uno de sus guías espirituales decía que "una opinión sostenida por muchos es más fuerte que el mismo rey. La soga tejida por muchas fibras es suficiente para arrastrar a un león."
Las ciudades estados de Grecia y la República Romana, no sólo admitían sino que apologetizaban la muerte violenta de los tiranos.
En la Edad Media, Juan de Salisbury en su Libro de hombre de Estado, dice que cuando un príncipe no gobierna con arreglo a derecho y degenera en tirano, es lícita y está justificada su deposición violenta. Recomienda que contra el tirano se use el puñal aunque no el veneno.
Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologíca, rechazó la doctrina del tiranicidio, pero sostuvo, sin embargo, la tesis de que los tiranos debían ser depuestos por el pueblo.
Martín Lutero proclamó que cuando un gobierno degenera en tirano vulnerando las leyes, los súbditos quedaban librados del deber de obediencia. Su discípulo Felipe Melanchton sostiene el derecho de resistencia cuando los gobiernos se convierten en tirano. Calvino, el pensador más notable de la Reforma desde el punto de vista de las ideas políticas, postula que el pueblo tiene derecho a tomar las armas para oponerse a cualquier usurpación.
Nada menos que un jesuita español de la época de Felipe II, Juan Mariana, en su libro De Rege et Regis Institutione, afirma que cuando el gobernante usurpa el poder, o cuando, elegido, rige la vida pública de manera tiránica, es lícito el asesinato por un simple particular, directamente, o valiéndose del engaño, con el menor disturbio posible.
El escritor francés Francisco Hotman sostuvo que entre gobernantes y súbditos existe el vínculo de un contrato, y que el pueblo puede alzarse en rebelión frente a la tiranía de los gobiernos cuando éstos violan aquel pacto.
Por esa misma época aparece también un folleto que fue muy leído, titulado Vindiciae Contra Tyrannos, firmado bajo el seudónimo de Stephanus Junius Brutus, donde se proclama abiertamente que es legítima la resistencia a los gobiernos cuando oprimen al pueblo y que era deber de los magistrados honorables encabezar la lucha.
Los reformadores escoceses Juan Knox y Juan Poynet sostuvieron este mismo punto de vista, y en el libro más importante de ese movimiento, escrito por Jorge Buchnam, se dice que si el gobierno logra el poder sin contar con el consentimiento del pueblo o rige los destinos de éste de una manera injusta y arbitraria, se convierte en tirano y puede ser destituido o privado de la vida en el último caso.
Juan Altusio, jurista alemán de principios del siglo XVII, en su Tratado de política, dice que la soberanía en cuanto autoridad suprema del Estado nace del concurso voluntario de todos sus miembros; que la autoridad suprema del Estado nace del concurso voluntario del gobierno arranca del pueblo y que su ejercicio injusto, extralegal o tiránico exime al pueblo del deber de obediencia y justifica la resistencia y la rebelión.
Hasta aquí, señores magistrados, he mencionado ejemplos de la Antigüedad, la Edad Media y de los primeros tiempos de la Edad Moderna: escritores de todas las ideas y todas las creencias. Más, como veréis, este derecho está en la raíz misma de nuestra existencia política, gracias a él vosotros podéis vestir hoy esas togas de magistrados cubanos que ojalá fueran para la justicia.
Sabido es que en Inglaterra, en el siglo XVII, fueron destronados dos reyes, Carlos I y Jacobo II, por actos de despotismo. Estos hechos coincidieron con el nacimiento de la filosofía política liberal, esencia ideológica de una nueva clase social que pugnaba entonces por romper las cadenas del feudalismo. Frente a las tiranías de derecho divino esa filosofía opuso el principio del contrato social y el consentimiento de los gobernados, y sirvió de fundamento a la revolución inglesa de 1688, y a las revoluciones americana y francesa de 1775 y 1789. Estos grandes acontecimientos revolucionarios abrieron el proceso de liberación de las colonias españolas en América, cuyo último eslabón fue Cuba. En esta filosofía se alimentó nuestro pensamiento político y constitucional que fue desarrollándose desde la primera Constitución de Guáimaro hasta la del 1940, influida esta última ya por las corrientes socialistas del mundo actual que consagraron en ella el principio de la función social de la propiedad y el derecho inalienable del hombre a una existencia decorosa, cuya plena vigencia han impedido los grandes intereses creados.
El derecho de insurrección contra la tiranía recibió entonces su consagración definitiva y se convirtió en postulado esencial de la libertad política.
Ya en 1649 Juan Milton escribe que el poder político reside en el pueblo, quien puede nombrar y destituir reyes, y tiene el deber de separar a los tiranos.
Juan Locke en su Tratado de gobierno sostiene que cuando se violan los derechos naturales del hombre, el pueblo tiene el derecho y el deber de suprimir o cambiar de gobierno. "El único remedio contra la fuerza sin autoridad está en oponerle la fuerza."
Juan Jacobo Rousseau dice con mucha elocuencia en su Contrato Social: "Mientras un pueblo se ve forzado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo y lo sacude, hace mejor, recuperando su libertad por el mismo derecho que se la han quitado." "El más fuerte no es nunca suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma la fuerza en derecho y la obediencia en deber. [...] La fuerza es un poder físico; no veo qué moralidad pueda derivarse de sus efectos. Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad; todo lo más es un de prudencia. ¿En qué sentido podrá ser esto un deber?" "Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad del hombre, a los derechos de la Humanidad, incluso a sus deberes. No hay recompensa posible para aquel que renuncia a todo. Tal renuncia es incomparable con la naturaleza del hombre, y quitar toda la libertad a la voluntad es quitar toda la moralidad a las acciones. En fin, es una convicción vana y contradictoria estipular por una parte con una autoridad absoluta y por otra con una obediencia sin límites..."
Thomas Paine dijo que "un hombre justo es más digno de respeto que un rufián coronado".
Sólo escritores reaccionarios se opusieron a este derecho de los pueblos, como aquel clérigo de Virginia, Jonathan Boucher, quien dijo que "El derecho a la revolución era una doctrina condenable derivada de Lucifer, el padre de las rebeliones".
La Declaración de Independencia del Congreso de Filadelfia el 4 de julio de 1776, consagró este derecho en un hermoso párrafo que dice: "Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su Creador ciertos derechos inalienables entre los cuales se cuentan la vida, la libertad y la consecución de la felicidad; que para asegurar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno tienda a destruir esos fines, al pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios y organice sus poderes en la forma que a su juicio garantice mejor su seguridad y felicidad."
La famosa Declaración Francesa de los Derechos del Hombre legó a las generaciones venideras este principio: "Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para éste el más sagrado de los derechos y el más imperioso de los deberes." "Cuando una persona se apodera de la soberanía debe ser condenada a muerte por los hombres libres."
Tomado de Fidel Castro, La historia me absolverá (1953).
UPDATE:
Cundo Bermúdez ha muerto.
En paz descanse, Maestro.
Cundo Bermúdez, Mujer peinando a su amante, Oil on Canvas, 75.6 x 60.3, 1945.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/10/2008 20:53
Obama aprende... de Zapatero
Jorge Ferrer | 29/10/2008 11:38
Barack Obama ha venido a pasar un curso de aprendizaje con José Luis Rodríguez Zapatero. ¡Con bueno ha venido a aprender!
Advertencia para los "analistas" de La Nueva Cuba: se trata de una broma de The Onion.
H/T: Ariana Hernández-Reguant
UPDATE:
Anoche, en la apertura del festival que celebrará el 60 aniversario del Ballet Nacional de Cuba.
Difícil elegir un pie de foto. Alguien que no conozca la identidad de los personajes pero a quien el gesto de la Alonso sugiera que está entonando un aria, podría proponer, por ejemplo, "La soprano y el mafioso". O "La Soprano y The Sopranos".
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 29/10/2008 12:33
¿Obama o McCain? ¿Por quién votaría yo?
Jorge Ferrer | 27/10/2008 20:20
Importa poco. No soy norteamericano y no voto en esas elecciones. Importa nada, más bien.
Pero escribir a diario sobre tantas cosas, también las elecciones en los Estados Unidos, hace que algunos amigos, que son también lectores, me pregunten. Me reten. “Oye, ¿por quién votarías? ¿Por qué no lo dices?”
Y no vale que me disculpe con que el voto es secreto. “Si el tuyo no vale, ¿por qué no dices a quién preferirías?”, insisten. Además, me reprochaban ayer: “Juegas a ganar tú, gane quien gane. Le tiras a la Palin, a Obama y a McCain. Como si te guardaras las espaldas para apuntarte después al ganador, sea quien sea.”
Lo malo es que con lo que sigue no podré complacerlos, como no lo hice de palabra, pero aquí va.
Alguien que no vota en las elecciones norteamericanas del 4 de noviembre, ni paga impuestos en los EEUU, ni educa allí a sus hijos o tiene allí a su médico, su contable, y sus obligaciones bancarias, se puede dar el lujo de mirar el asunto con cierta distancia. Alejarse así de ese frenético entusiasmo a favor o en contra de Barack Hussein Obama, responsable, por “sospechoso”, de las pasiones que sacuden a Norteamérica a poco más de una semana de la jornada electoral.
Yo podría votar por John McCain, cuya estrategia de campaña me disgusta y cuya compañera de ticket, esa Sarah Palin, me parece una redomada imbécil. Una de esas americanas brutas que asocio siempre con la primera vez que me subí a un vuelo interno en los EEUU y sufrí a una azafata rubia -rebuena que estaba, por cierto- que prodigaba una locuacidad y una falsa amabilidad que me habrían hecho pedir bajarme si hubiera viajado en una guagua. No es el caso de la Palin, en lo que a amabilidad se refiere, pero sí hay en su mirada y sus palabras ese antiintelectualismo feroz, ese provincianismo del espíritu que es el peor enemigo social de la inteligencia.
Pero podría votar por John McCain, porque en el fondo soy un conservador que detesta el entusiasmo de masas, el mismo que describe Ronald K. Knox a propósito de la historia de las religiones. Y sabe cuán pèligroso es ese entusiasmo y cuán vano. No se trata de que podría votar por John McCain porque me tema que Barack Hussein Obama sea musulmán o comunista. De hecho, los rotundamente imbéciles artículos que recibo a diario con tales acusaciones llevadas a la caricatura casi me empujarían a votar por Obama. (Hay uno de Armando Valladares que es de lo más bobo que he leído en lo que llevo leyendo. ¡Y mira que yo me soplé hasta al Zane Grey de mi abuela!) Pero, reparos aparte, podría votar a McCain porque caben pocas dudas de que sabría hacer valer la primacía de los valores que definen el modelo de civilización occidental. Son los valores en que los que yo creo por encima de los hipócritas llamamientos a la tolerancia que vocean los valedores del relativismo cultural. Son mis valores y él los comparte sin complejos, ni dobleces.
También podría votar por Barack Obama, un norteamericano como otros muchos que conozco. Norteamericanos que se avergüenzan de su país, porque les disgusta ser ciudadanos de un imperio. Norteamericanos que arrastran un historial de rechazo al sistema, porque entretenidos en detectar sus fallas, son incapaces de comprender el rol que juegan los EEUU en el mundo. Otra forma del provincianismo, pues, la de quienes querrían que su país fuera uno más, uno cualquiera, y por eso han coqueteado con ideas antiimperiales, que no “antinorteamericanas”. Se trata de pulsiones legítimas, aunque yo las considere perniciosas. Obama... Es cierto que por mucho que yo coincida con tanta gente que quiere ver reconducida la proyección de la primera democracia del mundo, y asista desolado al descrédito de los valores democrñaticos que cunde por Europa y más allá, me costaría jugármela por un presidente que, tal es mi impresión, no valora en su justa medida el rol que le cabe al imperio en la vindicación y, sí, la imposición de los valores democráticos en el mundo. Pero podría votar por él, sin embargo, porque sí confío, he escrito aquí sobre eso, en que la fuerza del sistema es superior a la tentación antiimperialista que pudiera abrigar aún Barack Obama. Y porque el conservador que soy no es ciego a la posibilidad de que los demócratas impulsen unos EEUU más fuertes, menos atados a fundamentalismos del mercado y la banca de la iglesia. Que sepan resituar al imperio en la geopolítica actual, algo que requiere audacia y riesgos. En ese sentido, votar por Barack Omaba sería un riesgo que yo podría asumir.
Cabría también la opción de no votar, pero esa la descarto. Voto siempre, desde que puedo hacerlo en libertad.
La aparente paradoja que entraña la posibilidad de poder votar por uno o por el otro no es tal. Tan sólo se lo parece a quienes prefieren la comodidad de la intransigencia, sea de izquierdas o de derechas. Tiene esa paradoja aparente su origen en fármaco que recomiendo: huir de la pasión en política -excepto cuando se trata de oponerse a una dictadura-, por razón tan sencilla como que los políticos profesionales carecen de ella. Y si alguno la tuviera, mi recomendación es que se huya de él como de la peste. McCain u Obama, Zapatero o Rajoy: la clave está en que a nadie pueden gustarle tipos como esos: bípedos movidos por la ambición de poder y dotados de una capacidad extraordinaria para engañar a las masas, movilizarlas, ponerlas a chillar, aplaudir, mentir, hacerse ilusiones... Por lo menos a mí, tales sujetos no me producen más que una atenta cautela.
Por otra parte, el carisma de Obama y la experiencia de McCain son dos invenciones ñoñas, que no deberían pesar sobre el voto de nadie. Basta atender a las poses estudiadas del primero para descubrir que su carisma no es más que una máscara estudiada largamente ante el espejo -¡y no en Indonesia, malpensados!-, como basta escuchar hablar a McCain sobre política internacional para descubrir que por largas que sean las millas que ha recorrido no le sirven para proponer ni una sola idea interesante, compleja. Es tan básico como mi vecina de arriba (por la que voté, por cierto, en las últimas elecciones para presidente de la escalera.)
La política, para el votante, ha de ser un mero trasiego de intereses personales y globales, de convicciones íntimas y de exposición de los valores propios. Todo ello, cuando se trata de confrontarlo con las urnas no pasa de ser, para mí, el ejercicio de un mecánico disgusto: votar por quien más se adecue a lo que uno espera de su desempeño en el cargo teniendo en cuenta los principales retos que le tocará encarar.
Y en estas elecciones, Barack Obama lo tiene jodido conmigo, porque las dudas que me plantean su falso intelectualismo y sus reticencias a la condición imperial del país que podría presidir superan la muy probable incapacidad del par McCain/Palin, torpones y carentes de imaginación global, para encarar los retos que los EEUU y Occidente todo tienen por delante.
También lo tiene jodido McCain: me repugna su campaña basada en sus penurias en Vietnam y su presunta condición de republicano disidente. Y carga con esa Palin que, para recordar sólo una, prefiere dar el dinero, dijo, a las familias con niños minusválidos antes que a las universidades que investigan con moscas, en “Paris, France”. ¡Ay, señor!
¿Que a quién votaría yo el 4 de noviembre, si votara, y dicho lo dicho? Muy probablemente a John McCain, porque soy un conservador, porque me gusta la inercia y porque descreo de los iluminados jaleados por las masas.
Aunque quién sabe, en este caso sí que hay "interacción" y puede que la inercia, que en el colegio definíamos como "la propiedad que tienen los cuerpos de conservar su velocidad si no hay interacción", le convenga menos al Imperio que una leve sacudida... Y, oye, también los conservadores echamos una canita al aire (de la urna) de vez en cuando… (Y siempre acabamos arrepentidos, por cierto.)
Lo bueno, lo único bueno, es que la victoria de ninguno de los dos me va a torcer el gesto, o me lo torcerán los dos por igual. Y espero con ganas los próximos cuatro años de política norteamericana. Serán, con Obama o McCain, de lo mejor que se haya visto en política americana en años. Al menos, desde Ronald Reagan, que a mi edad es lo mejor que yo recuerdo.
De contra:
Si votara pensando en mi condición añadida de cubano, votaría, ahí sí, por Barack Obama sin duda alguna. También eso quede dicho.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 27/10/2008 20:45
KnocKoutKuba: boxeo revolucionario
Jorge Ferrer | 26/10/2008 4:50
Resultado de muchas horas de entrevistas a viejos boxeadores cubanos, en poco más de un mes estará terminado el documental KnocKoutKuba: El precio de la lealtad. Se trata de un proyecto de Manuel Benito de Valle y el conocido opositor Darsi Ferrer.
A partir de entonces comenzará a pasearse por festivales del género donde cabe esperar que impacten los testimonios que recoge de viejas glorias del boxeo que viven hoy en la pobreza, cuando no en la miseria revolucionaria.
Benito de Valle me ha adelantado la fuerza de muchas de esas entrevistas, la tristeza de tantos boxeadores bajados de la cima del éxito al abismo del olvido. Hombres sencillos, cuyo talento sobre el ring se juntó un día con ese proyecto que llaman “deporte revolucionario”, arma propagandística del castrismo, y fueron devueltos después a la misma vida de la que probablemente habrían podido escapar de haber peleado como boxeadores profesionales, dueños de sí mismos.
Siguen el trailer de KnocKoutKuba y un texto escrito por Benito del Valle para los lectores de El Tono de la Voz, donde narra las circunstancias del rodaje en Cuba. Gracias, Manuel.
Breve historia de KnocKoutKuba
Por Manuel Benito de Valle
Todo empezó cuando Darsi Ferrer me dejó leer un artículo en el que trabajaba, titulado “El Ocaso de las estrellas deportivas de la Revolución”. Aquello no era un simple artículo de denuncia. Era el ensayo de una tragedia grecolatina. El borrador perfecto de un guión cinematográfico -con su presentación, nudo y fatal desenlace.
Le propuse filmarlo y él prometió, con bastante escepticismo, “tirarme un cabo con el asunto” –aún no éramos hermanos como ahora. De este modo fuimos a por nuestro primer y más accesible boxeador, pues vivía en el mismo barrio: Félix “la panterita oriental” Betancourt.
Como si de una novela de espionaje se tratara, parqueé el carro a unas cuadras, vestí algunas ropas viejas y oculté mi cámara de video casera en una saca de cemento. Por suerte, físicamente podía pasar por cubano si no abría la boca, luego en principio no levantábamos sospechas.
La impresión que nos causó aquella primera entrevista nos cautivó de tal forma que pasamos de la duda a la maravillosa euforia del que sabe que se ha topado con algo realmente grande. Allí teníamos a una antigua gloria del boxeo, buque insignia de la Revolución, trágicamente olvidada –si no traicionada- por su propio país.
Este entusiasmo nos llevó desenfrenadamente a entrevistar a otras estrellas: campeones mundiales, oros olímpicos, enormes gladiadores caídos en desgracia que en su momento escribieron parte de la historia de Cuba. Por supuesto teníamos que hacerlo en la máxima clandestinidad: llamando a puerta fría, sin previo aviso, sin saber con qué nos podíamos encontrar…
El factor sorpresa era la clave pues si contactábamos con antelación, amén de permitir al entrevistado pensárselo dos veces antes de arriesgarse a hablar, hubiésemos dado tiempo a la Seguridad del Estado para que descubriese en lo que estábamos metidos. Hay que tener en cuenta que Darsi es un disidente político vigiladísimo y yo trabajaba en ese momento para la Embajada de España.
Nuestra extrema precaución y, sobretodo, una benevolente providencia, nos permitió entrevistar a un total de once boxeadores –incluyendo a tres en Santiago de Cuba, en cuyo aeropuerto no nos arrestaron por una serie de coincidencias increíbles. Las amistades que me visitaban desde España iban sacando del país y poniendo a buen recaudo las cintas de video.
Aventuras aparte, lo que nunca podremos olvidar fue la lección que aprendimos durante las filmaciones. Quisimos hacer un documental y fue el documental el que nos hizo a nosotros. Nuestra primera intención –más bien de denuncia política- se transformó mágicamente en un homenaje a esos bravos guerreros, a su triste lealtad, a su callado desengaño, a su digno orgullo y a su íntima tragedia.
Más adelante Darsi y yo hicimos otras cosas juntos de las que me enorgulleceré de por vida, como la marcha del Diez de diciembre o varias iniciativas humanitarias, pero nunca creo que vuelva a sentir lo que sentí con este documental.
Sólo espero que la edición del mismo, que ha intentado sintetizar en sesenta minutos más de quince horas filmadas, trasmita un poco de este sentimiento al espectador.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 26/10/2008 4:52
Felipe Pérez Roque: «empleado del mes»
Jorge Ferrer | 24/10/2008 16:01
¿Ya leyeron el texto de la «Declaración sobre la reanudación de la cooperación entre la Comisión Europea y la República de Cuba»? ¿Y la entrevista a Felipe Pérez Roque sobre los acuerdos con México?
De ese Felipe Pérez Roque se ha dicho y se dice de todo. Que si bruto, que si perro, que si gorilesco…
Lo cierto, sin embargo, es que Pérez Roque puede blasonar de ser un funcionario con una carrera colmada de éxitos: ¡las gana todas! ¡Una tras otra! ¡No falla!
¿Que cómo lo consigue? Facilito.
Felipe Pérez Roque es un empresario que ostenta la exclusiva de un producto caro y apetecido por todos. «Cuba» es la marca, que es también, por cierto, el nombre de un país. Un bien suntuario, cuyo valor de uso es dudoso, pero con un elevado valor de cambio simbólico. El precio es altísimo y los clientes son apenas un puñado. La estrategia de venta de Felipe, entretanto, es todo lo agresiva que puede ser. Jamás ofrece descuentos. Todo lo contrario: sube el precio una y otra vez. A cada gesto desdeñoso de los clientes, una subida; a cada solicitud de rebaja, duplicación del precio.
Un negocio ruinoso, se diría. ¿Acaso no tiene accionistas la empresa de la que es Felipe el jefe de ventas? ¿No exigen esos resultados, dividendos? Socios la empresa tiene pocos, aunque de ella comen varios millones de familias. ¿Y no se quejan? ¿No piden que se replantee la política de ventas? Apenas lo hacen. Tal vez porque están siempre entretenidos en actuar en la campaña de publicidad del producto que transcurre permanentemente y se transmite urbi et orbi: son un ejército de extras.
Es en ese último detalle donde radica la clave del éxito de Felipe Pérez Roque: no tiene ninguna prisa por vender. Puede pasar años deambulando por los pasillos del Minrex y tarareando aquello de «fumando espero…» Él sabe que los compradores acabarán por pagar el precio. Él vende «Cuba», ese enigmático sueño.
Y, en efecto, en estas últimas semanas, España, la Unión Europea y México han comprado de lo que vende Felipe. ¡El precio por las nubes, porque a alguno se le ocurrió pedir rebajas! «Derechos humanos», dijo un comprador, y ahí mismo le duplicaron el precio… y compró.
Título de «empleado del mes» para Felipe, pues.
UPDATE:
Tan contento estaba en México el trabajador del mes, que le pidió a uno de los fotógrafos, Daniel Aguilar, de Reuters, cambiar los roles y hacerle él las fotos.
Daniel Aguilar cuenta la anécdota en detalle en Reuters Photographers Blog.
Sigue la secuencia de fotografías: la última es la que tomó el trabajador del mes, ay, desenfocada.
De contra:
Zapatero anda mendigando en Pekín que lo inviten a la cumbre del sábado en Washington. Quiere compartir reunión con Sarkozy, Merkel y Gordon Brown. Y con Bush, claro.
Su mejor argumento es la tan cacareada salud de la banca española, una salud, presunta, por la que ese mismo Zapatero no ha hecho nada jamás. Quien negó que hubiera una crisis con esa tozudez tan zapateril, una tozudez infantil, risible y siempre perniciosa, nada tiene que decir ni sobre la reforma de los mecanismos reguladores del mercado ni sobre nada. Si se afana ahora por apuntarse es porque el debate ha derivado hacia una crítica feroz del liberalismo y el muchacho quiere estar ahí para apalear al muerto. «El mundo va mal», dijo hoy Sarkozy allá en China y Zapatero aplaudió satisfecho.
Y puede que vuelva a aplaudirlo en Washington porque la capacidad de sumisión de estos tipos, cuando se trata de repartir su sonsera es inagotable. Véase la política española hacia Cuba, por ejemplo.
De recontra:
De España, a la Cumbre de marras, habría que llevar a la heroína, en Gijón, que está sirviendo el menú que sigue a un euro.
Sopa de marisco, arroz con costillas, bocartes con ensalada o pollo campero con patatas, flan, pan y vino. Precio: un euro.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 24/10/2008 17:31











![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Tristan-Medina-Retrato-apostata-canonico/dp/8493231150/ref=pd_bbs_2/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177366006&sr=1-2] Tristán de Jesús Medina](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/tristan-de-jesus-medina/326352-2-esl-ES/tristan_de_jesus_medina_small.jpg)
![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Minimal-Bildung-Jorge-Ferrer/dp/0970307918/ref=pd_bbs_sr_1/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177365089&sr=8-1] Cubierta Minimal Bildung](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/minimal-bildung/326325-1-esl-ES/minimal_bildung_small.jpg)
