¡Gracias, exilio! ¡Es tu aniversario!
Jorge Ferrer | 31/12/2008 2:38
Veo que ETECSA, la compañía de teléfonos de los hermanos Castro más tándem de accionistas mayoritariamente italianos, felicita al exilio cubano con motivo del año nuevo. Lo ha hecho sin nombrarnos expresamente, es cierto, pero lo ha hecho sin duda alguna.
Una hermosa felicitación que les agradezco en mi condición de exiliado. Me doy por felicitado, aunque voy a ser tacaño y no les voy a devolver el gesto con mucho entusiasmo.
Pero ha sido hermoso, a fin de cuentas, y estará arrancando lágrimas en Hialeah, New Jersey, el D.F., o Madrid, que ETECSA, y desde La Habana, haya hecho públicos esos datos que se refieren a nuestros bolsillos en el exilio. Un poco feo lo de hablar de las cuentas privadas de ajenos, pero valga porque ha sido para felicitarnos.
330.000 clientes de telefonía celular tienen en Cuba, declararon orondos.
Brindaremos hoy por ETECSA en mi casa, porque entre las ocho personas que esperaremos juntos el 2009 pagamos, directa o indirectamente, otras tantas líneas de teléfonos celulares de esa compañía que presta servicio a tantos kilómetros de Barcelona. Así somos, oye: “internacionalistas”. No tengo apadrinado a niño alguno en África, pero, mira, una empresa del gobierno cubano me agradece desde lejos la felicidad que le produce mi generosidad con sus cuentas anuales.
No lo declaran explícitamente, no. Pero ellos lo saben y lo sabe el exilio. Y no se me ocurre ni por un instante que en días que transcurren entre la Misa del Gallo y el alba del año que comienza lo hagan en son de burla. Que nos estén recordando, como quien clava una púa, que Cuba todavía funciona gracias al trabajo que cada mañana se levantan a hacer los exiliados en medio mundo. ¡Qué va, tú! ¡Cómo nos iba a hacer tamaño feo empresa que vive de nuestro dinero!
Lo malo, digo yo, es que la conspicua felicitación de ETECSA ha puesto en evidencia a tantas otras empresas cubanas que no nos ha extendido felicitación alguna. A las que venden alimentos a precios desorbitados –tanto que los diplomáticos acreditados en Cuba lucharon y ganaron comprar con descuento en las tiendas del régimen: no son tan ricos ellos como los cubanos, ya se sabe. O las cadenas de hoteles que admiten a cubanos que alojan los exiliados pagando con su dinero. (Me ahorro el et cetera que hoy será día largo y me espera mi rito étnico predilecto: asar la pierna’e’puerco.)
Pero bien pensado, lo correcto sería que mañana, 1 de enero, cuando el gobierno cubano celebre el cincuentenario de la revolución, nos digan desde la plaza, la mesa redonda o el sanatorio donde reposa Castro I, y bien alto:
¡Gracias, exilio! ¡Este aniversario es, en realidad, tu aniversario!
Porque somos nosotros los que mantenemos viva la idea de que se puede vivir en Cuba, que por difícil que ello resulte siempre se puede soñar con reunírsenos en Miami, Madrid o Barcelona. En definitiva, que se puede esperar y hay alternativa.
Porque nosotros somos los garantes y animadores de esa espera.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 01/01/2009 17:11
¡Pum! y ¡Plaf!
Jorge Ferrer | 30/12/2008 17:21
Es como una obsesión. Tengo que llegar a la página donde fusilan al protagonista. Llegar a ese punto. Leer cómo lo fusilan. Traducirlo del ruso al español. Fusilarlo. ¡Pum! Y el tipo caerá sobre la nieve, ¡plaf!
Avanzo párrafo a párrafo. Sé que lo van a fusilar, porque leí el libro antes de comenzar a trabajar en la traducción. Sé más. Que es un falso protagonista, porque el verdadero emergerá después del ¡pum! y el ¡plaf! Ya se ve venir, aunque espera disparo y desplome.
Pero ahora me domina una sola idea: fusilarlo antes de que acabe el año. Poníamos el árbol de Navidad, veíamos ayer a Perez Hilton y su desternillante selección de videos del año para MTV, discutíamos esta tarde el primer plato de la cena de Nochevieja… pero yo a lo mío: tengo que fusilar a ese tipo antes de que acabe el año.
Enviaba hace unos días la felicitación de Navidad con la magnífica foto de EP a mis corresponsales, revoloteaba por Facebook anoche antes de ir a la cama, pedía una copa de Chardonnay en Shams Lounge unas horas antes, atravesaba el barrio pasada la medianoche después de acompañar a amiga que cenó en casa, y yo en las mismas: ¡a fusilar a ese tipo! ¡Tengo que fusilarlo antes de que suenen las doce campanadas!
Hoy amanece el día treinta. Otros tantos párrafos, más o menos, me separan del ¡pum! y el ¡plaf! El tipo acaba de asomarse a la certeza de su muerte. Lo hizo en ruso y ya lo puse en español. Mi teclado escribió la palabra “fusil” justo antes de entretenerme en estas líneas.
¡Tengo que fusilar a ese ruso ya!: llegar al ¡pum! y al ¡plaf!
Acabar el año tan satisfecho como un verdugo.
De contra:
Oye, ¿y de Cuba qué? ¿Ni una palabra?
Para la solución, dos, siempre y desde hace rato: ¡pum! y ¡plaf!
Y esta mañana me desperté creyendo que ya hubo ¡plaf!, aunque, por desgracia, sin previo ¡pum!
UPDATE:
La revolución y sus (primeros) días. The Miami Herald trae hoy el testimonio de un piloto norteamericano que estaba en Santa Clara el 5 de enero de 1959.
"After landing in Santa Clara, they drove more than 100 miles in a borrowed convertible trying to find him (Castro).
They wound up at a military outpost, where the international press was gathered to cover the executions of Batista loyalists. Gianelloni remembers legendary photographer Robert Capa handing him a Leica and telling him to shoot.
''The walls were stained in blood and chipped at just about shoulder height,'' Gianelloni remembers. 'A priest came out to say that the executions were going to be postponed, because Fidel Castro was coming. All the international reporters started shouting, `Bring them out! Shoot them!' They wanted to take the picture!
'The priest was saying, `These men are innocent!'''
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/12/2008 20:02
L Aniversario
Jorge Ferrer | 29/12/2008 13:53
Los cubanos, esa gente entre la que me cuento cuando cuento gente, se apresta a adentrarse en año de aniversario redondo del castrismo. El quincuagésimo, el “cincuenta”, el “L”. ¡Tremendo!
Los cubanos, yo mismo, escriben y publican artículos sobre la efeméride, la repudian y denuncian. ¡Tremendos nosotros los cubanos!
Pero, oigan, aparte de que los números redondos tienen cierta gracia -por abofada que resulte-, ¿importa algo más el quincuagésimo aniversario que el cuadragésimo nono o el quincuagésimo primero? ¿No somos igualmente expósitos del castrismo, celebremos el aniversario IL, L o LI de, digámoslo con Severo Sarduy, “la llegada del Cristo a La Habana”? Esa L, ¿cambia algo?
Con todo, periódicos y revistas de todo el mundo arman expediente tras otro en estos días. “¡El 50 Aniversario!” “¡Cuba celebra…!” ¡Todo un alud de lugares comunes! ¡Una incesante feria de la babosada en todas las lenguas!
¿Un consejo? Olvídense de lo que arman en las redacciones de esos periódicos y revistas, huyan de sus galerías fotográficas y sus “opinadores” a destajo. Corran a la librería más cercana, o a Amazon, compren un ejemplar de El año mil, de Georges Duby, y tiéndase en el sofá a leer sobre número más redondo que cincuenta y otros temores fin-del-mundistas, igualmente infundados pero dueños, al menos, de iconografía más lucida.
De contra:
¿Qué pasa con los comentarios en El Tono de la Voz? ¿Acaso alguien conspira a favor de que los modere? ¿De veras alguien me quiere tan mal que busca robarle tiempo de trabajo a quien no le alcanza? Ayer me salió hasta un detractor, ¡no sabía que tuviera alguno!
Gozar de la libertad de reaccionar de manera inmediata y sin filtro alguno a lo que escribe un servidor ¿no les parece algo que agradecer? ¿Tan difícil es, si es que se quiere leer los comentarios, algo que no hace más que un modesto por ciento de los lectores de este blog, saltarse la lectura de los comentarios que no interesan? ¿No les parece que resulta más fácil, y económico, que cada uno gestione su propia lectura en lugar de encargarme a mí gestionar la de todos?
UPDATE:
Sí, sí, ya sé que recomendé no leer lo que traen los periódicos sobre el "L", pero uno tiene que hacerlo, ya saben... Y el "alimentador" trae de todo...
De pronto, el castigo tiene recompensa: la suerte de encontrarme en la Tribune de Genéve a albañil -cuánto supo y escribió Duby sobre los maçons medievales- que lo dice con claridad suprema: ¡no hay académico que parlotee con Mauricio Vicent capaz de poner más claras las cosas!:
"Osvaldo, un maçon de 50 ans, affiche clairement son opposition: «Même si vous voyez peu de policiers dans la rue et pas de militaires, Cuba est une dictature! Le simple fait qu’il y ait un parti unique et qu’un seul homme ait dirigé le pays pendant presque cinquante ans avant de passer le pouvoir à son propre frère prouve qu’il s’agit d’une dictature."
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/12/2008 1:43
Yusneri Montes de Oca: ¡Abajo Fidel! ¡Métanse la contraloría!
Jorge Ferrer | 28/12/2008 17:46
Cuando Yusneri Montes de Oca, la valiente diputada por Las Tunas que es hoy la heroína de todos los cubanos de bien, gritó anoche “¡¡¡Abajo Fidel!!!” y “¡Métanse la contraloría por el c.!” en medio del discurso de Raúl Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular se acabó el castrismo.
No importa que todavía Castro II siga al mando, nada dice que la hayan silenciado a golpes, como se vio por unos instantes en Cubavisión: Yusneri Montes de Oca demostró que se puede. Yes, they can!
¡Qué emoción, por Dios! Que una muchacha criada en ese sistema y crecida en él fuera capaz de gritar en el Palacio de las Convenciones lo que tantos cubanos quieren gritar es una esperanza que admiraron todos los cubanos que veían a esa hora el mediocre discurso de Raúl. Televisión Española retransmite una y otra vez hoy lo que CNN se niega a reproducir. Inexplicablemente en Miami apenas aparecen las imágenes, una prueba adicional de cómo los elementos afines al gobierno cubano se han adueñado de los canales de televisión en la “Capital del Exilio”...
En Las Tunas y Puerto Padre, según Jeff Franks para Reuters, hubo movimientos de tropas durante toda la noche y han aparecido pintadas. En el enorme panel frontal del hotel Las Tunas se podía leer: “No queremos pasta de oca. ¡Queremos a Yusneri Montes de Oca!” El resto de corresponsales extranjeros en La Habana ha optado por callar la noticia, porque como afirmó esta mañana a la Cadena Ser Mauricio Vicent, corresponsal de El País, “gritar ¡Viva Fidel! no es noticia, porque el presidente es ahora Raúl Castro y la diputada por Las Tunas no lo mencionó”.
El exilio debe respaldar a esa diputada, sobrina de un preso político, con todos los medios a su alcance. Exigir que sea puesta en libertad y recupere su escaño en la Asamblea. Fue el pueblo quién la eligió y fue el pueblo quien gritó anoche a Raúl Castro lo que le recomienda hacer con la contraloría.
Tal vez la única decisión de calado hasta el momento sea el anuncio del traslado de la Oficina del Gobierno Constitucional de Cuba que preside Nodal Tarafa a la región de Murcia en España. El hecho de que la ciudad de Murcia esté hermanada con Las Tunas, según fuentes del gobierno cubano en el exilio, permitirá una actuación más decidida ante la Comisión Europea a favor de la pronta liberación de Yusneri Montes de Oca, cuyo paradero se desconoce, aunque sus palabras son ya el eco que recorre toda Cuba en vísperas del 50 Aniversario de la revolución.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 28/12/2008 17:59
50 años: Cultura y revolución
Jorge Ferrer | 27/12/2008 13:58
Tags: En El Nuevo Herald
Una cultura partida en dos
JORGE FERRER
El 9 de enero de 1959, al día siguiente de la entrada de Fidel Castro en La Habana, el Diario de la Marina publicó un emocionado editorial que tituló "El deber de todos los cubanos''. En él, y en términos rotundamente entusiastas, el centenario periódico brindaba su respaldo al "caudillo'' y saludaba la afirmación hecha por éste la víspera de que "la libertad de expresión no volverá a ser mancillada en Cuba''.
Dos años más tarde, cerrado ya el "decano de la prensa de Cuba'' donde tantos prominentes intelectuales cubanos de los más diversos extremos del espectro político encontraron espacio y lectores, los artistas cubanos se reunían con Fidel Castro en la Biblioteca Nacional para escuchar a Virgilio Piñera decir que había un miedo "virtual'' motivado por el rumor de que "el gobierno va a dirigir la cultura''. En la última de las tres sesiones celebradas en aquel edificio heredado del antiguo régimen se escuchó el célebre dictum "Con la Revolución, todo; contra la revolución, nada'', que todavía hoy rige los destinos de la cultura insular.
El escaso tiempo que le tomó a la revolución transitar desde el apoyo mayoritario de la intelectualidad cubana hasta la aparición del "miedo'' que se atrevió a insinuar Piñera y la evidencia de que no se trataba de un miedo infundado, sino más bien de uno cuyo verdadero alcance muchos no podían siquiera imaginar en aquel momento, constituye el testimonio más rotundo de la centralidad que la revolución concedió al control sobre la cultura. En ella, el gobierno de Fidel Castro encontró una de las armas que han oscurecido los perfiles del horror totalitario padecido por los cubanos a lo largo de medio siglo. También un recurso para la proyección internacional de la revolución, una herramienta para dibujar una Cuba atractiva a la izquierda mundial. Dos propósitos éstos --represión y oronda máscara-- en los que la eficacia de la revolución, vale decirlo, ha sido notable.
Imaginar el legado de la cultura cubana del último medio siglo requiere tomar en cuenta, el menos, dos circunstancias. Primero, que toda comparación entre el estado de la cultura nacional antes y después de 1959 es improcedente. La revolución de 1959 es un hecho total que trastocó de raíz la vida del país también en el ámbito de la cultura, estableció una política cultural regida por el estado y un entramado institucional para ordenarla. Casi medio siglo después de establecida esa pragmática, son sus aciertos e iniquidades los que conforman ese saldo.
En segundo lugar, se ha de atender a una circunstancia generada por esa misma política cultural: prácticamente desde los primeros meses del triunfo de la revolución, la cultura cubana se partió en dos, como toda Cuba. La revolución creo una doble Cuba, la de "quienes se fueron'' y "quienes se quedaron''. De ahí que la cultura cubana, aun en manifestaciones menos atentas a la política, sea hoy una cultura bífida. Las muchas tentativas de reunión, sean patrocinadas desde La Habana o desde el exilio, no hacen más que poner en evidencia esa dualidad, si bien es cierto que el común trasiego de afectos y la hábil mediación del mercado han conseguido escenas memorables. Quienes han tenido la suerte de asistir a alguno de los conciertos de Bebo y Chucho Valdés, exiliado el primero desde principios de los sesenta y renuente a visitar Cuba mientras no sea una democracia y prominente artista residente en la isla el segundo, habrán gozado de esa reunión entre los dos extremos escindidos.
Por último, conviene atender aun a otra circunstancia. Todo proyecto sociocultural que se define como revolucionario, y especialmente si se ha mantenido en el poder durante medio siglo, requiere ser juzgado a partir de la correlación entre las fuerzas que despertó o desató y la manera en que éstas encontraron en la nueva sociedad el cauce para desarrollarse plenamente. Desde esa perspectiva, la historia de la cultura ‘‘revolucionaria'' cubana del último medio siglo es la historia de la permanente negociación entre los artistas y el Estado de los márgenes de libertad que pueden permitirse los primeros. Una historia, pues, de mecanismos de censura y represión a la libertad artística en un vaivén que, como bajo toda dictadura totalitaria, ha conocido períodos de relativo "deshielo'' y episodios de la más feroz represión.
Sin una estrategia cultural definida a la fecha del triunfo revolucionario, la política que el gobierno revolucionario acabaría implementando se desarrolló durante los primeros meses en un ambiente de relativa anarquía, y marcado por el entusiasmo que sacudía a buena parte de los artistas cubanos.
Hay tres sucesos que tuvieron lugar en fecha tan cercana al triunfo como la primavera de 1959 que muestran la ambición que tenían los intelectuales afines a la revolución y dan testimonio de la manera en que el nuevo gobierno se mostraba dispuesto a satisfacerlas. El 23 de marzo de 1959 los lectores cubanos se encontraron con la primera edición del tabloide Lunes de Revolución, un suplemento cultural llamado a ‘‘revolucionar'' la propia revolución que lo auspiciaba. Al día siguiente, 24 de marzo, un decreto del Gobierno revolucionario establecía el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). Un mes más tarde, el 28 de abril, se creó, por ley, la Casa de las Américas.
Lo que esas tres instituciones representaban y la suerte que corrieron sirve para detectar tres apetencias que la revolución despertó y abrigó desde sus albores. También define, como en una foto fija, el curso de la cultura en la revolución. Por una parte, Lunes mostró el anhelo de una generación que buscaba acceder al vórtice de la historia nacional e internacional con un nuevo discurso afín a las ideas filosóficas y artísticas que dominaban los debates intelectuales de la década que se cerraba y romper, a la vez, con una idea de la cultura cubana que repudiaban. Por otra, en el caso del ICAIC, la voluntad de algunos gremios artísticos de instituirse en entidades autónomas que, aun cuando fieles a la revolución o capaces de cohabitar con ella, pudieran mantener cierto margen de independencia. Por último, la Casa de las Américas era --y lo continúa siendo aunque ya en forma severamente devaluada-- una institución en la que encarnaba la que ha sido una estrategia permanente del régimen castrista: la conversión de la cultura en una herramienta de la proyección internacional de la revolución cubana.
Aquellos mimbres con que se tejió el fundamento de la relación entre cultura y poder revolucionario crearon un cesto donde no todos cabían. Un marco que se fue estrechando cada vez más a partir de la institucionalización de la cultura y el decisivo avance hacia la sovietización del milieu intelectual. La serie es harto conocida y, por fuerza, breve el recuento que anoto: la censura a P.M., el documental auspiciado por Lunes de Revolución; el cierre de aquel suplemento y el exilio de Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante, sus principales animadores; la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la conversión de la disidencia literaria en disidencia política; la progresiva desaparición de manifestaciones de la cultura popular asociadas al catolicismo o los ritos afrocubanos; el llamado "Caso Padilla", puerta de entrada al llamado "Quinquenio gris"; el ostracismo al que se condenó a los intelectuales que no comulgaban con el régimen unipersonal establecido en Cuba; la noción de "espacio experimental'' surgida en los ochenta para enfrentar a artistas nacidos después de 1959 y renuentes a participar de la lógica institucional propuesta por el régimen; la extorsión, a partir de los noventa, a los artistas cubanos que trabajan fuera de Cuba, aunque continúan viviendo allí. En definitiva, medio siglo de censura y de sometimiento de la cultura cubana a una revolución que creyó regalar al país el cumplimiento de su destino.
La sujeción al férreo control del estado y la realidad de una nación dividida, con la consiguiente dificultad de acceso a la totalidad de la cultura producida en la isla y el exilio que ello implica, han dejado una impronta decisiva en la evolución de la cultura cubana del último medio siglo. Las tres variables ya presentes desde los primeros meses y que anotaba antes --diversidad y cosmopolitismo, autonomía desde la fidelidad y utilización de la cultura para ensalzar la revolución-- han continuado marcando el juego cultural dentro de la Cuba revolucionaria. Y como desde aquellos momentos inaugurales, la diversidad ha sido sinónimo de disidencia y ha sido aplastada con regularidad. Desde el exilio, libres de la sujeción a la política cultural del castrismo, decenas de miles de cubanos han trabajado a favor de la cultura cubana. Lo han hecho creando revistas y editoriales, actuando o bailando sobre las tablas de teatros de medio mundo, componiendo y ejecutando música, escribiendo libros donde Cuba ha estado más o menos presente, mostrando, en definitiva, que la cultura cubana no es la "cultura revolucionaria".
La cultura cubana, en la isla y el exilio, ha viajado durante el último medio siglo en buque cuya singladura marcó el triunfo de la revolución de 1959. A pesar de aquel ‘‘miedo'' que denunció Virgilio Piñera y de la formidable maquinaria de la cultura oficial, los cubanos han demostrado que el talento y el amor por la cultura escapan al feroz abrazo de la coerción.
El artículo "Una cultura partida en dos" aparece en la edición de hoy de El Nuevo Herald.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 23/01/2009 21:49
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