• Registrarse
  • Iniciar sesión

    Buscar en este blog

    Sobre este blog

    Política, literatura, medios

    Autor: Jorge Ferrer

    Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

    Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

    Foto: © Laura Ceccacci

    Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

     

    Enlaces Patrocinados

    Editorial Colibrí

    Calendario

    lunmarmiéjueviesábdom
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Libros

    Tristán de Jesús Medina

    Tristán de Jesús Medina

    Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

     
    Cubierta Minimal Bildung

    Minimal Bildung

    Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

     

    Sindicación

    Agregador para sindicación en XML

    La palabra "cuba"

    14 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

    Uno podría dejarse tentar por el chauvinismo ante la irrupción de la palabra “cuba” en los discursos previos a la visita de Condoleezza Rice a Madrid.

    Después de tres años de divorcio, tras el vergonzante irrespeto que mostró el hoy presidente de España a la bandera de los EE.UU. y la cobarde e inconsulta retirada de las tropas españolas de Irak, hay reunión de alto nivel en Madrid, y Cuba se cuela en ella, como si el pobre destino de la isla de los hermanos Castro interesara de veras en La Moncloa o la Casa Blanca. Como si “cuba” fuera algo más que “cuba”. Como si “cuba” fuera lo mismo que Cuba.

    Uno, decía, podría dejarse tentar por el chauvinismo, si no fuera porque ha visto ya una y cien veces que la palabra “cuba”, en alarde saussureano, no tiene significado unívoco. Ni siquiera uno pactado por todos los hablantes o sancionado por el hábito.

    Mañana se reúnen la primera y la octava economías del mundo. Hace poco más de un siglo guerrearon precisamente por Cuba, y en Cuba. Hoy, la nueva Roma mantiene sobre la isla un embargo que sólo justifica la moral –una democracia no puede tratar como parigual a una dictadura-, a la vez que impone restricciones a la libertad de los cubanos que viven en EE.UU., como si el hecho de provenir de un régimen dictatorial avalara perpetuar el sometimiento a la tutela de un estado omnisciente.

    Entretanto, el gobierno de España abre al gobierno de La Habana las puertas que puede, desde la genuflexa postura del que descree de la democracia y no ve obstáculo al cantinfleo con un dictador. O dos. Para ello genera herramienta que sirva de coartada. Ese diálogo sobre derechos humanos. Que sirva sólo de coartada. Como quien compra un sable para hacerse la raya al medio mirándose en su hoja.

    Ahora mismo, hay manifestantes frente a la embajada norteamericana en Madrid gritando a favor de Castro I y en contra de Posada Carriles. Si se les pidiera la documentación, se constataría que ninguno de los alborotadores es cubano. No obstante, creo que son ellos los únicos que merecen ese gentilicio simbólico derivado de la palabra “cuba” que manosean Rice y Bush o Zapatero y Moratinos.

     

    UPDATE:

    En primera plana de El País de mañana:

    UPDATE:

    Comunicado emitido por las cancillerías española y cubana a propósito de la “herramienta”.

    Dice: “Otro tema abordado fue el relativo a los sistemas penitenciarios en todos sus aspectos, tanto institucionales como humanos.”

    ¡Hablaron de Bentham y Foucault?

    No. Del presidio político cubano, pero los delegados de Castro II no admiten tales términos en documentos que firman.

    Así que de los presos se escribe aquí como en el s. XIX. Y vaya si España sabe de presos cubanos en el s. XIX.

    PRIMER ENCUENTRO DEL DIÁLOGO DE DERECHOS HUMANOS EN EL MARCO DEL MECANISMO BILATERAL DE CONSULTAS POLÍTICAS DEL REINO DE ESPAÑA Y LA REPÚBLICA DE CUBA.

    Durante los días 29 y 30 de mayo de 2007 ha tenido lugar en La Habana la primera sesión del Diálogo sobre Derechos Humanos entre España y Cuba en aplicación de lo acordado el pasado 3 de abril entre el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque y el Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, Miguel Ángel Moratinos, durante la visita a Cuba de este último.

    Las delegaciones han estado presididas por el Viceministro de Asuntos Multilaterales cubano, Abelardo Moreno y por el Director General de Política Exterior español, Rafael Dezcallar.

    En las sesiones de trabajo se ha discutido el disfrute individual y colectivo de todos los derechos humanos para todos, así como el marco jurídico e institucional para la promoción y protección de los mismos. Ambas delegaciones decidieron que, en sus discusiones ulteriores en el marco de este diálogo, profundizarán en el examen de las cuestiones jurídicas vinculadas a estos derechos.

    Se ha discutido sobre la cooperación internacional en materia de derechos humanos, la pena de muerte y el respeto de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo internacional. Se debatió también la cuestión del empleo de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

    Otro tema abordado fue el relativo a los sistemas penitenciarios en todos sus aspectos, tanto institucionales como humanos.

    Respecto a los temas anteriores, las partes intercambiaron información y opiniones, y examinaron vías para avanzar en todos ellos.

    La reunión ha tenido lugar en un ambiente cordial, franco y constructivo que ha permitido abordar todos los temas que cada parte ha considerado de interés.

    Ambas delegaciones decidieron continuar sus contactos y discusiones más adelante en el año, en particular en el contexto del diálogo político entre ambos países que debe tener lugar en la ciudad de Nueva York en el marco del 62 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

    La Habana, 30 de mayo de 2007


    Tres poemas visuales

    Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

    Newsmap, de Marcos Weskamp. Poema vivo, espero con ansias su desparrame luctuoso el día que muera Ubú.

     

    La temporada de Ubú, de Lázaro Barredo y poetas asociados.

     

    IWM 2007, de IPligence.

     

    UPDATE:

    Sobre “Error humano”, episodio de House, M.D., anoche en FOX.

    Por Ariana Hernández-Reguant, desde San Diego, California.

    La información que dio FOX, según la comentabas ayer en el blog, no tiene nada que ver con lo que se ha visto. Dejando a un lado que la serie es insufrible, todos la cagan de mala manera y nadie da pie con bola, con el resultado de que, básicamente, acaban matando a la cubana.

    Más que contradecir el documental de Michael Moore, lo que hacen es confirmarlo. La moraleja: si estás enfermo y te meten mano en un hospital norteamericano, lo único que se puede hacer es encomendarse al "Altísimo", que es precisamente lo que hacen tanto los cubanos como el Dr. House.

    Es gracias a las plegarias que la cubana resucita. Antes la matan, o más bien la dejan morir por incompetencia, algo que en Cuba no hubiera sucedido, porque estos eran balseros que viajaban en alta mar con su completo historial médico, toda vez que, como dice House, "si algo sabe hacer Castro es formar médicos".

    Al rescatarlos en medio de una tormenta atroz, los náufragos se quejan de sus problemas de salud, a lo que los brutos de los guardacostas replican que si tan pachuchos estaban ¿por qué no se quedaron en su casa? Esos mismos socorristas les impiden subir a bordo la elefantiásica historia clínica, con lo que la enfermedad de la náufraga resulta un misterio.

    Sí es cierto que los guardacostas acceden a llevar a la pareja (ambos blancos: él de ojos azules, una especie de Che Guevara güerito) ante el Dr. House, como también lo es que el susodicho prefiere tocar la guitarra e ignorarlos. A partir de ahí es un desaguisado tras otro, hasta que como digo, la mujer muere.

    Pero la fe mueve montañas y las plegarias la devuelven a la vida. Y ahí por fin los médicos yanquis se ponen las pilas y averiguan lo que tiene (una malformación congénita de una vena, según creo haber entendido) y finalmente la curan, al menos por un rato.

    Así que la enferma revive, pregunta si está en el cielo y le dicen que no, que en Nueva Jersey, mientras el Dr. House y el marido se solazan en el propio cuarto de la enferma fumando sendos cigarros "auténticos norteamericanos" y brindando con ron, dejando la estancia contaminada de un humo casi impenetrable (hay que recordar que la convaleciente padece del corazón).

    Más tarde, el Dr. House se va a su casa, sus asistentes presentan cartas de dimisión debido a que nada funciona, y él se queda practicando con su nueva guitarra, porque como él mismo dice, lo que le pase a la enferma le importa un carajo.

    Conclusión: el episodio final de esta serie muestra un sistema médico norteamericano totalmente patético, incapaz, e inhumano, con unos médicos egocéntricos y perezosos. Ponerse en sus manos es morir. Ponerse en las de dios, resucitar.


    Error humano

    Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

    La tercera temporada de la serie House, M.D. concluye esta noche en los EE.UU. con un capítulo titulado “Error humano”. No soy precisamente amigo de la serie de David Shore, flamante invitado a la última edición de Kosmópolis, pero no me perdería el episodio de hoy, que ofrece rotundo mentís a Sicko, de Michael Moore, a un mes de su estreno.

    El argumento de esta última entrega, según informaciones de la cadena FOX, se centra en la historia de Esteban y Marina Hernández, dos cubanos que huyen de la isla con destino a la clínica del Dr. House, incapaces de recibir la debida atención médica en los hospitales de la potencia médica. Tras un difícil rescate, los balseros son conducidos a Princeton-Plainsboro. Llegan sin la historia clínica de la Hernández, perdida cuando zozobró la balsa…

    ¿Que qué dirá Michael Moore? Pues, que los de la FOX son unos panfletarios.

     

    Policía, policía: ¿tú eres mi amigo? Parece que al menos uno podría llegar a serlo. El que se topó hace unos días Piotr Romanov, periodista ruso, en una playa cubana. Un uniformado que sabe más de política que los jóvenes aprendices de intelectuales cómplices que chillaban ayer bajo las banderolas negras del Malecón.

    “Literally, all residents of Havana under 35 I talked with are dreaming of change. They were very open when talking to me, a foreigner. Needless to say, this is not a sociological study but an indicative phenomenon, all the more so since I talked to people from different walks of life - students, an architect, a musician, an economist, an engineer, a building worker, a house owner, a housewife, a cabbie and even a policeman who approached me on the beach. The policeman was a young guy. He warned me not to leave my belongings unattended and on learning that I was from Russia asked me how things were. He listened attentively to my answer and then said that something similar must take place in Cuba. When I asked him about Fidel's health, he shrugged a skeptical shoulder: "He's better, but what does that change? As it has transpired, we have many Fidels. It's not about him. We have a system that needs to be changed."

    Traduzco a este singular representante de La Monada: "(Fidel) está mejor, pero ¿qué cambia eso? Ya hemos visto que aquí hay muchos Fidel. Asi que no se trata de él. Lo que hay que cambiar es el sistema que tenemos."

     

    En 1966, Paradiso de José Lezama Lima. Pero también la carta de Coppelia que incorpora El Archivo de Connie. Un blog al que ya propuse se le conceda el premio "Joaquín Llaverías".

    Esa revolución que se va colando en el reino de los placeres fríos para acabar aboliéndolos.

    Veintiséis sabores, claro, porque Siempre es 26. Esas especialidades “4 de abril” y Agricultura”. Ay de esas spécialités patrióticas.

    Esas palabras que después se asilaron en la Alianza Francesa o la Lincoln: Chantilly, Parfait, Crème de Vie, Marshmallow…


    Las tardes de los jueves

    Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

    La semana pasada en el Parlamento Europeo se votó una resolución condenatoria del cierre de Radio Caracas Televisión. La Cámara está compuesta por 732 diputados. Pero esa votación, que se produjo la tarde de un jueves -las tardes de los jueves la Eurocámara suele estar desierta- convocó a apenas 65 parlamentarios.

    Al menos 65 voces europeas rebelándose contra el atropello, dirá alguno.

    Pues, ni eso. Veintidós de los presentes votaron en contra de la Resolución.

    He ahí la prueba palmaria de lo que importa la libertad de expresión a esos tipos elegidos para legislar desde el asiento de las convicciones democráticas europeas. Lo que les importan Cuba, Venezuela o Darfur. Lo que les importa todo lo que no sea gestionar subvenciones para los países donde nacieron y alcanzar mayores cuotas de poder que se traduzcan en más subvenciones.

    Para tipos como esos pago yo los impuestos que esta mañana me anotó la Agencia Tributaria española corresponden al ejercicio pasado. Un año entero esquilmándome, pero hoy me recuerdan que quieren todavía más.

    Supongo que para sufragar esas tardes de los jueves en Bruselas o Estrasburgo.

     

    El Fiscal general de Venezuela, Isaías Rodríguez, dijo que los incidentes se fomentaron a través de internet y anunció que mandó abrir una investigación para hallar a los responsables.

    Los bloggers. Siempre los bloggers.


    Sufragio

    Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

    UPDATE:

    Esta magnífica portada hoy de El Periódico de Cataluña. Preocupado este diario socialista por la posible abstención, recuerda a sus lectores que hay países donde no se puede votar en libertad. Castro I al servicio de Jordi Hereu...

    Si tomamos en cuenta que El Periódico de Cataluña tiene una distribución de unos 180.000 ejemplares de media diaria, estamos ante la performance anticastrista más importante realizada en toda la historia de Cataluña.

     

    Aquí en España, hoy me toca votar en las elecciones municipales. En Barcelona, todo quedará tal como está, escaño arriba, escaño abajo. Del resto del país, me preocupa, como a todos, lo que suceda en Navarra y en la Comunidad Autónoma Vasca.

    Y me divertirá Madrid, con ese Miguel Sebastián desautorizado hasta por Pepe Blanco. No me puedo perder su primera aparición tras el escrutinio. Y recordaré a Trinidad Jiménez, digna y hermosa perdedora de las pasadas municipales en la capital.

    De manera que tendré noche saltando de Televisió de Catalunya a Telemadrid, con alguna incursión a Euskal Telebista, si es que los últimos condescienden a hablarnos hoy en español.

    Ayer repasábamos con mis queridos J. y M. la pragmática de eso que políticos y periodistas llaman, con eufórico alarde, “la fiesta de la democracia”. Esa hermosa componenda, cuyos ritos y argucias, regidos por cenagoso nomos, deciden buena parte de la suerte que acabará corriendo un país, una ciudad, uno mismo.

    De vuelta a casa, me tropiezo con Winston Churchill y su afirmación de que el mejor argumento contra la democracia lo provee una conversación de cinco minutos con un votante medio.

    Como siempre, iré a votar a última hora, justo antes del cierre del colegio electoral. Y, como siempre, no hablaré con nadie.

     

    Lectura dominical:

    Julio Cortázar

    La casa tomada

    Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

    Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

    Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

    Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pulóver está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

    Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

    Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

    Cortesía de Literaberinto.com. Continúa aquí.