Los sueños de los cubanos
Jorge Ferrer | 30/11/2007 13:42
Mañana comienza a correr diciembre. Se cumplirán catorce meses desde que los cubanos dejaron de soñar con el día en que Fidel Castro abandonara el poder. Aquel sueño se les ha ido convirtiendo en pesadilla. Ahora ya no saben exactamente con qué sueñan. En lo que a Cuba se refiere, que de otros sueños cada uno tendrá los suyos.
¿Se acuerdan de aquellos tiempos cuando uno imaginaba que muerto el perro, se acababa la rabia? Aquellos tiempos venturosos en los que bastaba imaginárselo muerto para que uno se llenara la boca con que si prosperidad o con que si libertad.
Esos tiempos se acabaron ya irremisiblemente.
«¿Cómo que acabaron?», preguntará todavía alguno. «Todavía no ha muerto, pero en cuanto muera…» y se le enredará la lengua con que si libertad y con que si prosperidad. Pero ya van siendo los menos quienes alimenten tal ridícula, aunque conmovedora, esperanza.
La muerte definitiva de Fidel Castro será su segunda, tercera o cuarta muerte. Ya nos es igual. Por no darnos, no nos dio ni una buena muerte que celebrar. Por darnos, nos dio hasta el extenuante desasosiego de su sobrevida.
La historia, que ya antes lo había colmado de regalos, le regaló todavía otro: asistir al después de su muerte. Disfrutar de los desfiles y discursos en largo espectáculo fúnebre.
Comienza diciembre y casi se les acaba a los cubanos un año entero que se juraron sería el último con tirano, desde aquella noche luminosa de 2006 cuando «Carlitos» Valenciaga salió a dar parte.
Y se deslizan hacia el next-year-in-Jerusalem los exiliados cubanos –sin Castro pero con castrismo, y resignados ya- con el mismo olvido con que aquellas apetitosas señoras republicanas se dejaban caer por el tobogán del Parque de Palatino hacia los brazos del gallardo muchacho que las recogía.
¿Con qué podrían soñar hoy los cubanos?
Pues, con un tobogán. Una «canal», que se dice en los parques de Cuba. Un gran tobogán al que encaramarse después del sofoco de la montaña rusa.
Parque de Palatino (1906), de Enrique Díaz Quesada, pasa por ser la primera película filmada por un cubano.
De contra:
«Marea humana en Caracas contra la reforma constitucional», dice al pie de esta foto distribuida por Reuters.
Mi estimado José Antonio Parra me envía desde Caracas enlace a Esdata. Por el derecho a elegir en Venezuela, una magnífica página para revisar en vísperas del Referéndum.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/11/2007 21:29
Trini tiene una ovejita…
Jorge Ferrer | 29/11/2007 13:15
Canturreó Trinidad Jiménez en viaje hacia Miami:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Zzzzzz. Mira que jode el zumbido de los aviones, pero ella:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Después, repitió la cancioncilla en pase privado al que se accedió con la cara oculta. Gustó. Desde allí, se transmitió la buena nueva a los candidatos demócratas:
Mary had a little lamb
Whose fleece as white as snow.
And everywhere that Mary went,
The lamb was sure to go!
En La Habana, leyeron los cables y salmodiaron:
Mery tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Espantando de Annapolis, Moratinos recibió la llamada de Trini y se sumó al animado coro:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Me voy a trabajar. Balando, aunque a medias erecto. Es conato de lumbalgia, no encantamiento ovino.
UPDATE:
«Despatillado en un rincón del escaparate, los codos doblados contra el pecho y los brazos en rodajas, descansaba el Redentor, el sin pies ni cabeza. De las muñecas y los tobillos le salían garfios y del cuello, cortado a nivel de la nuez, un gran tornillo.
No tenía ni sexo ni rodilla. Lo cubría un barniz nacarado y por el vientre rosa viejo. Estaba carcomido. Olía a incienso y a naftalina. Por el costado herido se le veía una bisagra...
En un santiamén lo armaron. El Bruno le atornilló la cabeza, hasta que los dos hilillos de sangre que le corrían desde los ojos se continuaron con los del cuello. Rita le peinó la barba y con un buclero mojado de cerveza le retorció en la peluca de cáñamo varias conchas, que vino a sujetar una corona de alambre de púas. Auxilio lo perfumó con su «Atractivo y Vencedor». Sacó su sarta de imperdibles. Le pusieron un refajo de vuelos, crujiente de almidón, y sobre él, un poncho de rubíes y piedras del Cobre y caracoles ensartados. Se mantuvo en equilibrio, con su traje de luces, sobre sus pies planos, en medio de la sacristía.
Las Cristo's Fans se alejaron para contemplarlo. Cuando se volvieron, cayeron de rodillas.»
Severo Sarduy, «La entrada de Cristo en La Habana», en De donde son los cantantes.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 01/12/2007 1:53
¡No a la censura en el país!
Jorge Ferrer | 28/11/2007 14:44
El despliegue de La Jiribilla en relación con las pataletas de El País y Rebelión, que ya los movilizaba el sábado, alcanza cotas de franca desvergüenza, pero también da razón para carcajada.
«No a la censura en El País» escriben sobre esas bocas y ojos tapados, y mano sujeta por esposas.
¿Llegará así a la edición en papel?
Sería magnífico que la gente se paseara ante los quioscos una mañana, y como que los transeúntes habaneros no saben muy bien qué diario español es ése, lean rotundo «No a la censura en el país», es decir, pensarán, en Cuba.
¡No a la censura en el país!
Supondrán que se trata del periódico nuevo que anuncia creciente runrún y se activará sinapsis que les descubra que recuerdan una palabra en ruso: ¡Glasnost! Y hasta otra: ¡Perestroika!
«¡La glasnó! ¡Llegó la glasnó, caballeros!», vocearán los vendedores.
Ya en serio: ¿cómo pueden perpetrar tal cintillo y tamaño despliegue gente que vive censurada a diario, gente que censura ella misma? ¿Tan imbéciles son que no distinguen entre la censura que padecen/ejercen y un diferendo sobre el copyright? (Diferendo estúpido, por cierto. ¿Que Pascual Serrano, «mercenario a sueldo de la Oficina de Intereses de Cuba en Madrid», quiere citar in extenso a Vargas Llosa o a Corín Tellado? ¡Que lo haga!)
«A storm in a teacup», dicen. A Gillian Gibbons, maestra en Jartum, la van a azotar por llamarle Muhammad a un oso de peluche.
Ofensa al entrañable peluche: Mahoma era un ladrón de camellos que fundó la religión más estúpida de cuantas imaginar quepa, y mira que es apretada la justa.
Si el freak de Timothy Treadwell levantara la cabeza que le descueró el grizzly, le cantaría las cuarenta a esos cultores de la sharía.
Denis Simachev y sus modelitos nostálgicos del pasado soviético llegaron al New York Times. El tipo es abrumadoramente kitsch, pero no se le puede acusar de nada más.
Cuando Gorbachov dio el pistoletazo de salida a la democratización de Rusia, Simachev era un tierno pionerito de once años. Nada vio de la tiranía y la represión, así que la simbología de los años grises le parece buen motivo para lucrarse ahora vendiendo camisas con el escudo de la URSS estampado en la espalda, botones que remedan kópeks y medallas en la pechera.
Habrá diseñadores cubanos que se embarcarán en aventuras parecidas en el futuro. Propondrán estéticas «escuela al campo», harán desfiles con modelos barbudos vistiendo ropas con los colores del Movimiento 26 de julio, vestirán a despampanantes tops con las recatadas faldas de los uniformes de las becarias, convertirán a Elpidio Valdés y a Maria Silvia en emblemas del erotismo cubano…
Y aparecerán también en el New York Times, en cuyas sábanas cabe cualquier cosa.
UPDATE:
Buen artículo editorial de Roger Cohen sobre Venezuela en el International Herald Tribune.
Trae un dato curioso sobre ese país irremisiblemente perdido. El informe Doing Business 2008 del Banco Mundial, recién aparecido, colocó a Venezuela en el puesto 172 del ranking de países, según la facilidad para hacer negocios en ellos. Claro anuncio de la miseria generalizada que espera a los venezolanos.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 28/11/2007 21:07
La política y la vida
Jorge Ferrer | 27/11/2007 13:53
La política. Ese arte devenido mera técnica.
No hace falta alejarse demasiado en el tiempo para constatar la manera en que se vulgariza lo que nos vulgariza.
Buena parte del asunto radica en la manera en que los partidos se nutren de gente que no ha tenido más vida que la del propio partido, sus ramas juveniles, la movilización, la imbécil jerga de los informes internos.
En la política española, la decadencia es palmaria. También en la cubana, aunque tantos años de dictadura nos dibujen un paisaje homogéneo de mentira y represión.
En otros tiempos, antes de hacer política, se vivía. O se vivía, mientras se hacía política. A la última, entonces, quien la ejercía, podía insuflarle un aire de realidad, un algo de experiencia. Aquel élan vital.
Piénsese en Raúl Roa y Felipe Pérez Roque, por ejemplo. En Ricardo Alarcón de Quesada y Carlos Valenciaga.
En José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González. En María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón. En Trotsky y Brezhnev.
Por aquí, en Aleix Vidal-Cuadras y Daniel Sirera, en Pasqual Maragall y José Montilla, en Jordi Pujol y Oriol Pujol.
Cualquiera puede convertirse en tirano –y desde Platón a Isaiah Berlin, pasando por Montesquieu, se explica de sobras el proceso-, pero la política «corriente» ha generado una raza de imbéciles que gobierna sin contar con más biografía que la jalonada por la cotización mensual a una secta. Todos ellos traen una forma incruenta de tiranía.
Blasonan, por cierto, de cultura. Los periodistas -acaso, decía Nietzsche, la única raza de veras inferior- les preguntan por los libros que leen. Y Zapatero habla de sus poetas preferidos, como lo hacía antes José María Aznar.
A veces, blasonan estos autómatas de experiencia vital. Pero nunca han visto combates más allá de Orión, como no sea que tengan por constelaciones las listas de afiliados.
La vida de Carlos Lage o la de Leire Pajín. ¡Puah!
«Vidas», dicen.
Entretanto, dicen que Sarkozy se está beneficiando a una rubia oriunda de Bosnia. Hoy El País le dedica rendido editorial -a Sarko, no a Tinka Milinovic- con fundamentadas babas.
¿Cabe, lectores francófonos, usar la expresión «C’est la vie» sin su habitual poso de resignación?
Por si no fuera el caso, alternativa: ¡Eso sí es vida (política)!
De contra: Via Babalú Blog, la perfecta demostración de que hay vidas que se reinventan. La de este cubanoamericano que inaugura blog: La Primera Generación. Como también, de paso, demostración, bien sé que superflua, de lo que vale educarse al norte de las ESBEC: a este muchacho se lo lee con más gusto que a muchos de los más veteranos juntapalabras de la Isla. Como también a largo puñado de exiliados que se educaron en escuelitas con «matutino» y «pioneros por el comunismo…»
De recontra: Para vida, la de Kriuchkov: «Último presidente del KGB, golpista y hombre de letras», lo describe la Gazeta.ru. Toda una biografía…
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 27/11/2007 14:11
Izquierdas del poscastrismo
Jorge Ferrer | 26/11/2007 13:36
El discurso que pronunció Fernando Martínez Heredia en la velada por el 90 Aniversario de la revolución bolchevique celebrado hace un par de semanas en la Universidad de La Habana significó un interesante trasvase hacia el interior de una práctica concebida hasta ahora hacia el exterior. Un gesto de alcance mucho mayor que el que uno se sentiría tentado a concederle a fiesta con aquel Ilích Lenin aupado a pedestal.
El evento, a primera vista mero espectáculo con aire restauracionista y démodé, fue cubierto por la prensa cubana con el acostumbrado entusiasmo. Habituados a trabajar desde una lógica basada en la mera adición, no se le dio a aquella noche el valor de hito que en realidad tuvo. La trataron, pues, con el mismo patrón que a «marcha de las antorchas» o festival universitario con guitarras y estribillos de ilusión.
Pero la carga simbólica y la dimensión estratégica de ese acto van mucho más allá. En la Cuba de hoy, casi todo es anuncio de la Cuba del mañana. Porque, de hecho, no hay una Cuba de hoy. No la hay en país que es espera, anuncio, despedida y parto. Aunque sea por cesárea.
No son nuevos, por cierto, los empeños de recuperación de la experiencia soviética por las elites de La Habana. La Cátedra Antonio Gramsci del Centro Juan Marinello inició hace meses los trabajos del foro «Revolución bolchevique, historia de la URSS y Cuba. Análisis crítico socialista desde el siglo XXI». Las premisas del proyecto, que funciona, con trotskista guiño, a manera de «taller permanente», reproducen los elementos principales de la retórica del castrismo tardío. A saber, el reclamo a favor de una presunta originalidad de la revolución cubana, que, en tanto autóctona, estaría a salvo de la implosión socialista en la Europa del Este, a la vez que serviría de plasmación en la práctica de un socialismo adhocista y autorreferencial. El mismo que Cuba ofrece como modelo del llamado Socialismo del siglo XXI.
Hay, sin embargo, elementos que proyectan el Taller del Juan Marinello, coordinado por Julio César Guanche, a una dimensión que se encarama a los debates acerca de la posibilidad de una Transición en Cuba. A la ineludible presencia de los tales.
Así, en la sección «Estructura y visión del proyecto», el documento fundacional inserta dos puntos relevantes:
«4- El Taller busca, desde sus posibilidades específicas, contribuir a identificar, construir y desarrollar armas intelectuales de resistencia para la sociedad cubana en su lucha contra el capitalismo y por un socialismo revolucionario.
»5- El empeño del Taller se suma a lo que la Revolución viene haciendo en materia de instituir eficazmente la actitud crítica, pruebas recientes de lo cual son la creación del espacio "Palabras a los intelectuales", en la Biblioteca Nacional José Martí y el taller "El Quinquenio gris: revisitando un término", convocado por el Centro Teórico-Cultural Criterios, entre otros ejemplos.»
Ninguna revisitación, o restauración, es inocente. Y ninguna que se plantee en un escenario como el que vive Cuba puede dejar de ser urgente. Así, no es difícil adivinar que la «lucha contra el capitalismo» en la que se empeñan unos talleres en los que participan varias decenas de intelectuales cubanos no es la que se dirime en remotas ínsulas globalizadas, y ni siquiera la que marca el contencioso con Estados Unidos, sino la que se vive ya en Cuba –entre cubanos- y tenderá a recrudecerse cuando determinados segmentos de las elites aborden sin cortapisas la realidad de una Transición siquiera económica, lo hagan a partir de la iniciativa propia o empujados por movimientos sociales –una de cuyas formas crecientes es la apatía más absoluta hacia la revolución.
Fue esa misma Cátedra Antonio Gramsci, en colaboración con la FEU –la primera puso el ideario; la segunda, el público-, la responsable del tráeme-aquí a-ese-lenin. Y ella, la que trajo también a Fernando Martínez como ponente estelar. Un Fernando Martínez, devenido «instructor» del socialismo de marras, reciclado guevarismo y emblema del intelectual «de izquierdas» de la Cuba que vendrá. Un tipo ideal para tales afanes, porque su pasado disidente –en el ámbito intelectual, Pensamiento crítico fue disidencia tan o más palmaria que muchas que blasonan de tales- y las alianzas que ha sabido forjar con las ultraizquierdas latinoamericana y europea lo habilitan para oficiar de intelectual orgánico del mañana.
Ese mañana que ya es hoy.
Y en ese espacio sin tiempo, ante muchachada cubana, Fernando Martínez ensayó las mismas artes que se practican en tierras por conquistar. Misionero del socialismo del siglo XXI, vino a predicar a la tierra que se supone depositaria de la fe, en franco reconocimiento de que quienes se presuponía eran fieles seguidores de la doctrina también requieren ser convertidos:
«Este encuentro» me hace recordar las dos semanas que pasé hace un mes en la Escuela de Formación Política “Florestán Fernández”, del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra de Brasil. Todas las mañanas hacíamos con los alumnos --que vienen de toda América Latina-- una actividad breve pero muy emotiva y profunda, de recordación a eventos de las luchas y a personas que todo lo entregaron en ellas… todos los días cantábamos –en portugués, español, guaraní, quichua, creole de Hatí-- la misma canción: La Internacional… En esta víspera de la Revolución de Octubre…, quisiera pedirles que al culminar la vigilia de la Plaza, a medianoche, cantemos todos dos canciones. La de letra tan humilde, la inspiración del jornalero negro que supo ir a pelear al Moncada, el Himno del 26 de Julio, que acompañó a los sacrificios y los heroísmos de los cuales salió la revolución socialista cubana. Y la canción del ferroviario convertido en comunero, La Internacional, que es el himno de la revolución mundial»
Y así se hizo.
La prédica del socialismo cubano como símbolo anticapitalista se transforma, ante los sujetos «revolucionarios» abocados a la recuperación capitalista –una recuperación a medias; reinserción, más bien– en un discurso político nuevo y alimentado desde un doble exterior: discurso protosoviético que alimente la resistencia en el plano interior y discurso del nuevo ecumenismo retardatario en Latinoamérica.
En cierta manera, la experiencia acumulada en años de propaganda hacia el exterior se convierte ahora en catecismo para forjar una izquierda anticapitalista en la Cuba del poscastrismo.
Devolver el país a la normalidad, decir adiós a medio siglo de dictadura, conlleva también esa paradoja, que lo es apenas, si atendemos a la espontánea pluralidad de cualquier espacio democrático. En el cubano, cómo no, cabrán también jóvenes con camisetas del «CH€» y nostálgicos evocadores del pasado soviético, la «pax castrista» o la libreta de abastecimientos. Que sectores de la intelectualidad comiencen a articular esos discursos del mañana es síntoma del fin de un mundo. Y ejemplo de alineamiento para hacer política en el futuro.
Fragmento del discurso de Fernando Luis Rojas, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), en el mencionado acto. La prédica, como se verá, cunde.
«…¿por qué el interés de la Federación Estudiantil Universitaria en compartir la convocatoria realizada por la Cátedra Gramsci y el Taller de la Revolución Bolchevique? ¿Por qué sumarnos a una convocatoria que califica a este acontecimiento como “Revolución Silenciada”?
»En la propia definición de nuestro posicionamiento la respuesta. Compartimos el deseo de construir un proyecto anticapitalista y socialista perfectible. A la claridad de no esperar nada del capitalismo debe sumarse, la certeza de que ningún proyecto se construye sin programa, sin agenda. El enfrentamiento a las corrientes liberales – tan a la moda – no debe realizarse teniendo un antiprograma como arma mejor, actuando solo a partir de la deconstrucción de lo que nos propone el Imperialismo. Se trata de lograr una simbiosis que comprenda el desmontaje del Capitalismo, enfatizando en la falsedad de algunos presupuestos que presenta como verdades hechas; y la definición de líneas esenciales básicas en la construcción de alternativas, necesarias en su generalización para su triunfo.»
De contra:
Hoy Granma contra El País, por lo de Pascual Serrano, «mercenario al servicio de la Oficina de Intereses de Cuba en Madrid».
Pero ¡sorpresa! ¡Esa primera plana corresponde a otro diario! A saber, El País ¡de Uruguay!
Mercenario, avísales, anda.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/11/2007 2:18



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