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    Sobre este blog

    Política, literatura, medios

    Autor: Jorge Ferrer

    Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

    Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

    Foto: © Laura Ceccacci

    Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

     

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    Tristán de Jesús Medina

    Tristán de Jesús Medina

    Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

     
    Cubierta Minimal Bildung

    Minimal Bildung

    Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

     

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    Nochevieja

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    La fiebre, que llegó a rozar los cuarenta grados, se esfumó al alba.

    Doloroso estado, y también dichoso. Los hipocondríacos de mi estatura nos entregamos, cuando la cabeza arde con esos calores, a imaginar la muerte, a medirla y hasta a pedirla un poco.

    Salido ya del estado febril, aunque todavía desmadejado, pero ya capaz de arreglármelas con la laptop sin ayuda, tengo la certeza de que las larguísimas, tal vez demasiadas, horas ardiendo me ayudaron a encontrar respuestas a un buen puñado de preguntas para dar fin en 2008 a la Maximal Bildung que me ha ocupado intensamente estas últimas dos semanas.

    Es magnífica noticia para acabar el año.

    Ahora tan solo me falta aprovechar las próximas ocho horas para recuperarme y ser capaz de subir a un taxi que me lleve al encuentro de la prometedora cena que me espera esta Nochevieja.

    ¡Feliz 2008 para todos!

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    Un oso, y la fiebre

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    Mi muy estimado Mijaíl Kuráyev, anda por la lejana Murmansk, en busca de locaciones para el rodaje de película basada en la noveleta Petia camino al reino de los cielos, que aparecerá a principios de año en la editorial El Acantilado y mi traducción.

    Kuráyev me manda algunas fotos muy hermosas, y también esta con las huellas de un oso con el que estuvo a punto de cruzarse. Por suerte, el azar quiso que los separaran unos minutos de vagabundeo sobre la nieve fresca.

    Minutos, los largos que me mantienen hundido en la fiebre y la semiinconsciencia. Torpe como un oso, aunque alegrándome siempre de que el destino siga siendo propicio a mis amigos.

    Cortesía de Seaweed W., al dictado.


    Sábado corto

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    En sábado corto, porque transcurrido bajo un edredón con el que intento ahogar la fiebre, se me escapa de tanto en tanto una risa que acaba irremediablemente en ruido de toses. Sucede cada vez que viene a mi mente ese Castro I, uniformado ayer, envuelto en Adidas hoy, quien dijo anoche por boca de Alarcón que apenas había perseguido el poder durante unos pocos años de su juventud.

    Ja, ja, ja, cof, cof, cof, me revuelvo bajo las mantas. ¡Vaya tipo!

    Había un chiste que con ánimo de minimizar la importancia política de Fidel Castro aludía a que la entrada que iba a merecer en una enciclopedia futura rezaría algo así como: «Fidel Castro: Político cubano de la época de los Van Van».

    Imagino ahora –ja, ja, ja, cof, cof, cof– que habrá entrada que diga: «Los Van Van: Banda cubana que gozó de gran popularidad durante los 50 años de juventud de Fidel Castro».

    Cortesía de Seaweed W., al dictado.


    Secretismo en torno a la visita de Fidel Castro a El Rincón en la tarde de ayer

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    La visita que realizó ayer Fidel Castro a El Rincón, en las afueras de La Habana, ha vuelto a poner de manifiesto el secretismo con que el régimen pretende silenciar los meses de sobrevida del todavía presidente.

    Así, la retirada de la nota aparecida en la página oficial del Gobierno venezolano donde se daba cuenta de la peregrinación anotándola en la cuenta de Hugo Chávez, quien lo habría convencido para que visitara a San Lázaro, muestra a las claras que Castro II y Co. se niegan a difundir noticias sobre el verdadero estado de salud del «Comandante en jefe».

    También, y he ahí el dato preocupante, sobre su estado anímico y esta súbita vuelta a la silla de Pedro.

    En cualquier caso, ya es imposible mantener en secreto una visita que colapsó ayer todas las vías de acceso a El Rincón y de la que hubo numerosos testigos. Radio Martí ha transmitido esta mañana los testimonios de varios vendedores de los puestos de venta de flores e imágenes religiosas situados junto al templo y, aun cuando sus declaraciones son contradictorias, se constata que la visita se produjo hacia las 17:00 horas de ayer, que Castro llegó a la iglesia en la misma caravana de Mercedes Benz en la que solía desplazarse antes, a la que se sumaban ahora dos ambulancias medicalizadas, y que iba acompañado por importantes personalidades del clero y un sinfín de guardaespaldas y funcionarios.

    Tan sólo difieren las declaraciones de los testigos que hablaron para Radio Martí acerca de la ropa que vestía el dictador -uno sostuvo que iba cubierto con tela de saco; los otros dos, afirmaron que vestía un traje deportivo de color crema- y sobre si el último tramo lo hizo de rodillas o a rastras. Pero se trata, sin dudas, de cuestiones secundarias.

    ¿Qué hay de sorprendente en que un anciano enfermo acuda a pedir salud a San Lázaro, como cualquier otro cubano? ¿Por qué Raúl Castro se niega a hacer pública esa información que humaniza a su hermano?

    El tiempo lo dirá.

    Por lo pronto, la curiosa nota aparecida hace unas horas en la web del CENESEX, dirigido por Mariela Castro, ensalzando la diversidad de las familias cubanas en las que confluyen hermanos que profesan «el más ferviente catolicismo» con otros «que asumen, o asumirán en un futuro, su condición homosexual», permite adivinar la nueva espiral de recelos que se abre entre los hermanos Castro.


    «Princess», en Aguada de Pasajeros

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    «Princess» se lee en la camiseta que lleva esa mujer que acaba de enterrar a un hijo.

    «Princess» en caracteres góticos, sobre un amarillo lavado ya mil veces.

    La fotografía se tomó en Aguada de Pasajeros. La fatalidad de ese topónimo, que junta el agua donde murió ahogado el muchacho con su condición de pasajero de un viaje que se le convirtió en el último.

    La fotografía del hijo muerto. Una foto de pasaporte del tamaño de un pasaporte.

    La miseria que se adivina en las paredes manchadas. Las dos muchachas que miran fijamente a la lente del fotógrafo de EFE inclinado ante el sillón que ocupa la madre.

    Ella, en cambio, desviando la vista a un lado, ajena al súbito y postrer protagonismo de ese pobre Yosvani Vera a quien mataron la desesperación y tal vez también los guardafronteras cubanos.

    «Princess», lee uno, como quien asiste a un sarcasmo vomitado en el momento más inoportuno. Un título, rótulo o etiqueta que delata, como la foto y el cadáver ya enterrado, los viajes que esa pobre gente no hará jamás.

    Descansen en paz las últimas, y todas, las víctimas de la tragedia cubana.

     

    De contra:

    «En los primeros meses del triunfo de la revolución los aguadenses vieron que un helicóptero aterrizaba en el placer detrás del Paseo Valentín Menéndez, y en segundo, casi sin posar sus ruedas el aparato en la tierra, comenzaron algunos a gritar por los portales de los comercios de la calle Martí: -"Es Fidel, es Fidel"- , y ni corto ni perezosos un grupo se mandó a correr hacia el helicóptero, entre los que se encontraban algunas conocidas muchachas.

    »Cuando a Fidel Castro lo capturaron por lo del ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y lo condenaron debido a tal acción, comenzaron a regarse una serie de bolas (comentarios), y en una de esas bolas se decía que en las torturas que recibió lo habían capado, cosa que era incierta pues Castro vivía en la cárcel muy bien, y hasta recibía visitas de amistades que invitaba almorzar, y las fotos de su salida de la prisión mostraban lo bien que estaba él y su grupo, pero como dice el refrán, "en pueblo chiquito infierno grande", la bola de que estaba capado seguía entre algunos circulando.

    »Pues bien, cuando Castro bajó del helicóptero lo rodearon unos 20 o 30 aguadenses, y entre ellos las muchachas, y como se expresa popularmente, "que la curiosidad mató al gato", una de las jóvenes que al parecer tenia ese péndulo de capado en su cerebro, se le tiró al pantalón, y la que se formó fue de coger balcones, Castro la separó de un empujón y con la misma se montó en el aparato y mas nunca fue por Aguada. Mas tarde la joven que era muy conocida en el pueblo, le contaba en secreto a sus amigas: -"No esta capado".»

    Cortesía de Eloy Escagedo Lliraldi, autor de una página dedicada a la memoria de Aguada de Pasajeros.