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    Política, literatura, medios

    Autor: Jorge Ferrer

    Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

    Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

    Foto: © Laura Ceccacci

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    Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

     
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    Bolivia: Gobierno y oposición desastrosos

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    Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz.

    La batalla porque prevalezca el imperio de la ley no se gana con ilegalidades, ni mucho menos a través de la promoción gratuita de la violencia. Hace unas semanas tenía la intención de comentar lo que sucede en Bolivia y, aunque los acontecimientos van de prisa, adelanto algunas ideas bajo la premisa de las primeras líneas.

    Evo Morales sabe bien lo que significa retar al poder desde posiciones abiertamente ilegales y poco civilizadas. Espero que los calificativos no ofendan a nadie. En su papel de opositor, Morales redactó el libro de estilo que ahora cumplen, al pie de la letra, los de la bancada de enfrente.

    No veo diferencias entre la promesa de quemar el Parlamento, que hizo el jefe aimará cuando se debatía la ley de hidrocarburos en la era de Carlos Mesa, y la toma por la fuerza de varias instituciones oficiales que hoy protagoniza la oposición a modo de protesta. Por ahí no es.

    La única salida para la oposición boliviana, ante los rasgos totalitarios del presidente, es de tipo política. Su mayor reto es convencer a una población harta de los políticos, pero seducida por el encantador de serpientes de turno. No vale convocar referendos no previstos en el ordenamiento jurídico, ni otros atajos de semejante índole. Sus resultados han demostrado un pulso sin sentido, además de constituir un derroche criminal en uno de los países más pobres del mundo.

    Frente a la "democracia de las estadísticas" de moda —esa que sólo aspira a contar votos a favor y en contra, que no conoce de consensos y se siente autorizada, mediante un sistema de consultas democráticas, a desmontar la democracia misma— , no funciona otra "democracia a la carta".

    Evo, Hugo y Rafael han aprovechado la insatisfacción crónica de Bolivia, Venezuela y Ecuador para gobernar a golpe de referendos, como si en el instrumento, por sí solo, la esencia del sistema estuviese garantizada. Pero ninguna de estas naciones, por desgracia, se parece a Suiza.

    La salida de Bolivia pasa por denunciar y explicar los peligros de aprobar la Constitución oficialista, y no por colapsar pueblos enteros, muchos de ellos ya desabastecidos de alimentos y combustibles.

    Un hombre inteligente como el ex presidente y ex candidato Jorge Quiroga lo tiene claro. Por eso no está en la calle detrás de neumáticos o sacos de piedras, sino donde debe: en el escenario político. Los prefectos opositores deberían hacer lo mismo.


    Paraguay: ¿Es peligroso Fernando Lugo?

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    Cuando se lo proponen, los cristianos de la izquierda radical pueden ser peores que los de la extrema derecha. De estos últimos, en definitiva, ya lo conocemos casi todo. Se presentan a las elecciones prometiendo mano dura y firmeza moral, y se vanaglorian de un discurso socialmente conservador. Ahora, ¿qué pasa con los radicales de izquierda? ¿Traen el conservadurismo y el autoritarismo propios de la Iglesia, pero sumados a los suyos? ¿Gobiernan con respuestas a los reclamos sociales del siglo XXI, que son, al mismo tiempo, satanizados por el clero? Una izquierda conservadora es, no me quedan dudas, de la misma calaña que la extrema derecha.

    Hugo Chávez y Rafael Correa, sobre todo el primero, cumplen brillantemente lo de "a Dios rogando y con el mazo dando". La invocación de Dios y de la Biblia en sus discursos políticos ha sido una actitud oportunista y bochornosa.

    Veamos cuáles son las probabilidades en Paraguay. El nuevo presidente Fernando Lugo, ex obispo de la Iglesia Católica, ha prometido el cambio como eje fundamental de su programa. Seis letras sobre las que ha construido un palacio de ilusiones, pero sin concreciones lo suficientemente creíbles.

    La llegada del ex obispo Lugo rompe, ¡al fin!, el período autoritario de 61 años protagonizado por el Partido Colorado. Paraguay ha puesto todas sus esperanzas en este hombre, en línea con lo que significó la llegada al poder de Tabaré Vázquez en Uruguay en 2005, tras liquidar otra larga etapa en manos de un solo partido. En Uruguay, el cambio ha funcionado, a pesar del conflictivo grupo político que sustenta al gobierno. La victoria de Vázquez sí representó un punto de inflexión en la higiene democrática del país. La de Lugo está por ver.

    De momento, el perfil ideológico del flamante presidente paraguayo chirría más que el de Vázquez. Se ha estrenado con un lamentable panegírico a Fidel Castro, expresiones poco felices en boca de un representante popular electo en las urnas. "Ciudadano latinoamericano y universal (…) Persona emblemática que simboliza la trayectoria, el proceso, el cambio real de esa isla". Así se ha referido Lugo al dictador cubano al recibir a la delegación de la Isla, encabezada por Machado Ventura.

    A pesar del mal pie, queda por ver si Lugo (a quien Chávez ya ha ofrecido toda su ayuda) es capaz de sostener una política exterior miserable (como Lula y Tabaré) con respecto a La Habana, Caracas y a otros regímenes peligrosos, pero al mismo tiempo actitudes internas pragmáticas, alejadas de los intentos de perpetuación en el poder, del revisionismo constitucional y de los ataques a la propiedad privada y a la libertad económica.

    A propósito de la "higiene democrática", nada más llegar Machado Ventura a Asunción, un periodista le dijo que en Paraguay se estaba produciendo un cambio de partido tras 61 años de gobiernos colorados y preguntó que para cuándo la alternancia en Cuba. Ni se molestó en responder.


    La Base de Lourdes y una perreta de Fidel

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    Se habla por estos días de la pertinencia de reanudar las actividades de la Base de Lourdes, sobre todo por la parte rusa. Esto me ha hecho recordar la última vez que vi al dictador personalmente. En 2001, unas semanas antes del cierre de la Base, tuve el "privilegio" de presenciar la perreta de Fidel Castro por la decisión adoptada por los rusos.

    Castro asistía al I Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en el Palacio de las Convenciones. A mi lado estaba Michael H., gran amigo de la Universidad y cómplice de nuestras batallas diarias.

    Entró Castro al Palacio, cogió el micrófono desde temprano en la tarde y lo soltó al filo de la una de la madrugada. ¿De qué habló? Sobre todo, aunque no tenía nada que ver con un congreso de jóvenes escritores y artistas, de la pretensión rusa de cerrar Lourdes. Hago un esfuerzo para recordar sus principales palabras.

    Castro informó al auditorio que los rusos querían llevarse la base. Despotricó contra ellos (quizás Michael H. pueda aportar algo más en este sentido) y entonces habló hasta de posibles represalias. Todavía él creía que podía abortar la decisión. Dijo que esa semana había convocado al embajador ruso para cenar, pero que, premeditadamente, le dejó plantado, le hizo esperar tres horas, para luego mandar a que le informaran que "el Comandante no lo podía atender". Fidel disfrutó relatando la historia de cómo dejó tirado al bolo en medio de la crisis.

    Luego dijo que la base no se iba, que incluso podría suceder cualquier cosa, desde un accidente o cualquier otra cosa, en franca insinuación de que, si era necesario, ellos estaban dispuestos a actuar. Muchos nos miramos a la cara, quizás por la sorpresa de ver al Comandante confesar ante un auditorio diverso —y en unas sesiones grabadas íntegramente en vídeo— que estaba dispuesto a utilizar cualquier método para impedir la retirada de Lourdes.

    Lástima que no recuerde más de aquella larga tarde-noche. No me atreví a tomar apuntes y los papelitos que nos pasamos Michael H. y yo, con apreciaciones sobre lo que estábamos oyendo, después no supimos qué hacer con ellos.

    Lo otro que recuerdo, ya sobre el Congreso en sí, es que algunos delegados hablaron del "problema de las guitarras, de la escasez de guitarras en Cuba". Castro zanjó el problema como mejor sabe, esta vez en plan dadivoso: "¿Cuánto hace falta para comprar guitarras?". Saltó el inefable Abel Prieto y puso precio: "80 mil dólares". Castro dijo: "Hecho".


    Chávez, el banquero mayor

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    La prensa española ha hecho un análisis prematuro y parcial sobre la decisión de Hugo Chávez de nacionalizar el Banco de Venezuela, perteneciente al Grupo Santander. Normal. Las tertulias radiofónicas y los periódicos se han encargado de evaluar los efectos para la empresa española, pero dejando de lado que aquí los más perjudicados serán los contribuyentes venezolanos.

    ¿Para qué necesita un gobierno tantos bancos en propiedad exclusiva? Los venezolanos lo saben: para controlar el crédito, esa suerte de piñata que Caracas reparte entre sus votantes, según dice, con el "compromiso" de pagar en muchos, muchísimos años.

    Según la prensa española, si Chávez termina comprando el Santander venezolano, el Estado de ese país pasará a liderar el sector bancario. Caracas ya posee participaciones en el Banco Industrial, Banfoandes, Banco del Tesoro y Banco Agrícola. Según el diario El Universal, el Banco Industrial, la institución bancaria más importante del Estado, registra pérdidas por el orden de 16 millones de bolívares fuertes en los primeros seis meses de este año.

    Si el precio que Santander y Caracas acuerdan es satisfactorio para ambas partes, aquí paz y en el cielo gloria. El banco español actúa con buenos reflejos ante una realidad que mañana puede pintar peor. Ahora se habla de "compra". Luego quién sabe.

    El problema, repito, lo tienen los venezolanos. Su economía se parapeta en las adquisiciones faraónicas y marcha hacia la total estatización. Ahora se habla de "sectores prioritarios". Luego quién sabe.

    Chávez ha utilizado los dividendos generados por el petróleo para responsabilizar más al gobierno en la actividad productiva cotidiana. Es decir, para poner más carga onerosa sobre los hombros del Estado. Cuando el proceso de nacionalizaciones llegue a las panaderías, entonces ya no habrá nada que hacer.

    Actualización: Reuters resume las nacionalizaciones en Venezuela durante Gobierno de Chávez

    * PETROLEO

    En cumplimiento de un decreto de nacionalización, el Gobierno tomó el 1 de mayo del 2007 las instalaciones de cuatro mejoradores de crudo pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco valorados en 30.000 millones de dólares, que eran operados por petroleras internacionales.

    Las negociaciones se concretaron meses después y culminaron con la salida de dos socias estadounidenses, Exxon Mobil y ConocoPhillips , que interpusieron sendos procesos de arbitraje internacional contra Caracas buscando una mayor compensación por sus activos.

    La estadounidense Chevron , la británica BP , la noruega Statoil y la francesa Total aceptaron los términos propuestos por el Ejecutivo y permanecieron como socias minoritarias en los proyectos.

    * SIDERURGIA

    Chávez ordenó en abril del 2008 renacionalizar la siderúrgica Ternium Sidor, filial en Venezuela del conglomerado internacional Ternium .

    El Gobierno asumió en junio el control operativo de la mayor acería de la región andina y el Caribe, y dio de plazo hasta septiembre para llegar a un acuerdo definitivo con Ternium sobre el precio que el Estado pagará por su 60 por ciento en la firma.

    * TELECOMUNICACIONES

    El Gobierno culminó en mayo del año pasado la estatización de CANTV, la mayor empresa de telecomunicaciones del país, tras pagar 1.300 millones de dólares por el 86 por ciento de las acciones.

    Venezuela llegó a un acuerdo con la estadounidense Verizon, que era el accionista de referencia, para comprar su 28,5 por ciento en la compañía por 572 millones de dólares.

    Además, lanzó una Oferta Pública de Toma de Control (OPTC) sobre los títulos en la Bolsa de Caracas y el mercado estadounidense que permanecían en manos de minoritarios.

    * ELECTRICIDAD

    Venezuela también concretó en mayo del 2007 la nacionalización de La Electricidad de Caracas tras comprar el paquete accionario del 82 por ciento de la estadounidense AES Corp. por 740 millones de dólares.

    Además, adquirió títulos adicionales de la empresa, la mayor eléctrica privada del país, a través de una Oferta Pública de Adquisición (OPA) en la Bolsa de Caracas, lo que le aseguró el control de más de un 90 por ciento de su capital.

    Venezuela suscribió en febrero un convenio para pagar 106 millones de dólares a la estadounidense CMS Energy por su paquete accionario del 88 por ciento en la eléctrica local Seneca.

    * CEMENTERAS

    El mandatario venezolano también ordenó este año nacionalizar la mayor parte del sector cementero con la compra de las unidades locales de la mexicana Cemex, de la suiza Holcin y una filial de la francesa Lafarge .

    Chávez decretó en junio la medida, en la que dio de plazo hasta diciembre para que las privadas transfieran sus activos.

    * ALIMENTOS Y TIERRAS

    En los últimos meses, el mandatario ha adquirido para el Estado algunas empresas menores en el sector de alimentos, como una planta lechera y una compañía de frigoríficos para carne, y ha declarado de utilidad pública algunas empresas que pasaron a ser propiedad de sus empleados.

    Desde hace algunos años, Chávez lleva adelante una batalla contra el latifundio y ha expropiado numerosas fincas agrarias en todo el país.


    Oppenheimer, el turismo y un informe del FMI

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    El periodista Andrés Oppenheimer ha dado a conocer en su columna semanal la investigación titulada El fin de las vacaciones: implicaciones para el Caribe de la apertura del turismo estadounidense a Cuba. Ésta fue realizada por el economista del FMI Rafael Romeu. Sus datos y valoraciones coinciden con un breve y modesto artículo que publiqué en 2005 y con el que llegué a conclusiones similares. Lo rescato del olvido porque, pese a que algunos de los líderes políticos que se mencionan ya son historia y las estadísticas se mueven según los años, el fenómeno no ha variado un ápice.

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    26 de enero de 2005

    La alevosía caribeña

    • ¿Qué se esconde tras la complicidad de los gobiernos insulares con el régimen de Castro?

    por MICHEL SUáREZ, Madrid

    Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y Las Granadinas, acaba de abandonar Cuba con la convicción de que Fidel Castro es "un hombre excepcional" y orgulloso de que él y su partido político hayan apoyado siempre a la revolución.

    El gobernante del pequeño Estado insular, al igual que en su momento Michael Manley, y más cercano en el tiempo, Percival Patterson, ambos líderes de Jamaica, no han ocultado sus afinidades con Castro, en un maridaje que raya lo absurdo. Sin embargo, sería inimaginable pensar que la "atracción fatal" entre ellos está condicionada por sentimientos ideológicos.

    Aparte de la indolencia con que la comunidad caribeña ha manejado el asunto cubano en los últimos 46 años, en las actitudes de los líderes regionales subyace algo más que simple indiferencia. Descartadas la sintonía ideológica y la inercia, habrá que apostar por la teoría de la premeditación y la alevosía para desentrañar por qué prácticamente el Caribe en pleno ha apoyado a la única dictadura del área.

    Además de San Vicente y Jamaica, los gobiernos de Barbados, Trinidad y Tobago, Santa Lucía y Granada, entre otros, han mantenido desde 1972 intercambios políticos de alto nivel con La Habana, a pesar de que para Castro el Caribe jamás fue una zona prioritaria, en tanto el CAME y su círculo de influencias políticas y económicas permanecían distantes. No fue hasta 1989 que Cuba volvió la vista para "darse cuenta" que el Caribe existía, más allá de episodios anteriores aislados.

    Sin embargo, y contando lo dicho, nada ha impactado más negativamente en la opinión pública que la lamentable posición de Bahamas. El gobierno de Nassau ha ido más allá que el resto de sus homólogos insulares. Las continuas denuncias de organizaciones internacionales de derechos humanos sobre las torturas y violaciones a las que son sometidos los balseros cubanos que llegan a las costas bahamesas, dejan pálida la complicidad del resto.

    Los hechos del pasado 7 de diciembre, en una cárcel donde estaban detenidos varios disidentes que habían huido en balsas, son sólo la punta del iceberg. Los balseros se plantaron en huelga de hambre por las pésimas condiciones y el maltrato de que estaban siendo objeto, a lo que los guardias reaccionaron disparándole balas de goma. En el grupo había varias mujeres y niños, algunos de los cuales también fueron golpeados.

    ¿Qué hilo une estos hechos violentos con las lamentables actuaciones políticas del resto de los gobiernos insulares? ¿Qué se esconde tras la represión visceral de Bahamas contra los disidentes que llegan a sus costas o tras la connivencia del resto de los gobiernos con la perpetuidad del régimen?

    Temor por el cambio

    Los indicios apuntan a una terrible conclusión, que el pueblo cubano no debe olvidar con el paso de la Historia: a las "hermanas" islas caribeñas, la República Dominicana incluida (aunque más disimuladamente, en dependencia de quien gobierne), les conviene el actual statu quo de Cuba.

    Antes de la llegada de Castro al poder, Cuba —la más grande isla de la región— era el escaparate o la vitrina del resto. Tanto la posición geográfica como la fluidez del intercambio comercial, tecnológico y cultural con Estados Unidos, la dotaron de una situación de privilegio. Con la irrupción de Castro sobrevinieron los cerrojos, el embargo económico y el aislamiento del régimen, lo que originó un nuevo reparto del pastel entre otros destinos de la zona, por sólo mencionar el trascendente tema de los flujos turísticos.

    La reversión de la actual situación política cubana podría resultar perjudicial para muchos países del área. De hecho, en las tres cumbres de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) —celebradas en Puerto España, Santo Domingo y Venezuela—, los documentos finales sólo pidieron el fin de la Ley Helms Burton y no del resto de la legislación relacionada con el embargo (verbigracia, la prohibición de los viajes de turistas norteamericanos a Cuba). Tampoco las declaraciones de las cumbres han exigido a Castro el cumplimiento de las cláusulas democráticas que supuestamente rigen el trabajo de la AEC.

    Un cambio en las condiciones actuales, con el regreso de la economía de mercado y la democracia a la Isla, y la puerta abierta al turismo norteamericano, no sólo sería un ruido en el sistema de las economías caribeñas, sino la vuelta del papel protagónico de Cuba en las relaciones con Estados Unidos.

    El reparto de la torta

    Sólo en 2004, el Caribe, según informes de la AEC, recibió 14,5 millones de turistas. De ellos, un poco más de dos millones tuvieron como destino a Cuba. Según el gobierno de Bahamas, este país registró 4 millones y medio, el 83% procedente de Estados Unidos, lo que representó el 60% de su Producto Interno Bruto. Esto último de acuerdo con informes del Departamento de Estado de EE UU.

    Una situación parecida ocurre en Jamaica, donde el 71% del total (un millón 278 mil 921 de visitantes en 2004), procedió de Norteamérica, al igual que la mayoría de los 2,9 millones que recibió República Dominicana.

    ¿Serán capaces estas plazas de afrontar de igual forma una apertura democrática en Cuba, con dos millones de cubanoamericanos y sus descendientes viajando cada año y ambiciosos cálculos numéricos que incluyen al resto de los norteamericanos?

    Sólo en el año 2000, y a pesar de las restricciones, viajaron a Cuba más de 76.000 norteños, una cifra que no llegó al 5% del total de las emisiones de EE UU hacia el Caribe, según datos de La Habana.

    A la perspectiva turística se suma un aspecto nada desdeñable: a las islas caribeñas —ex colonias o que mantienen algún estatus semicolonial (real o simbólico), del cual contradictoriamente no desean salir—, les place el enfrentamiento del "pequeño David" con Estados Unidos, en una lidia de toros que prefieren disfrutar desde la barrera.

    Ante un panorama así, en "una pelea de león contra mono, y con el mono amarrado", la comunidad caribeña duerme tranquila. Con Fidel Castro en la puerta de Cuba, llave en mano, y con la garantía de que mientras permanezca el régimen Estados Unidos no cederá, Bahamas, Jamaica y compañía hacen su agosto, aunque eso signifique el fin para la antes "iluminada" isla de Cuba.