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Yoani Sánchez sobre su detención: "Tenían miedo"

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Lo que menos me gustó de todo lo que me acaba de contar Yoani Sánchez al teléfono sobre la detención que sufrió hoy en La Habana es esto: «(los policías) tenían miedo».

Tenían miedo los tipos que la secuestraron a ella junto a otros blogueros cubanos que acudían a una manifestación pacífica en el Vedado. Tenían miedo los agentes que perpetraban el secuestro.

Les vio en los ojos el miedo cuando llamaron a sus jefes para decirles: «No se quiere montar», descolocados ante una resistencia y una entereza que no esperaban. Porque los blogueros se resistieron a subir al coche «negro y chino» de la DSE. En directo, Claudia Cadelo avisaba de ello en Facebook poniéndonos a todos en guardia: «A yoani la metieron arrastrada con olpl en un carro de la seguridad».

«Ya no vas a hacer más de las tuyas», le dijeron minutos después cuando, recibidas las expeditas instrucciones, la subieron al carro a empujones ―«tengo un ojo adolorido y huellas de los golpes aquí o allá», me dijo Yoani.

No es la primera vez que Yoani Sánchez sufre la violencia de los mamporreros. Ya sucedió antes, cuando el concierto de Pablo Milanés y la pancarta por la puesta en libertad de Gorki Águila. Pero entonces el régimen se excusó en que los golpes los daba el pueblo. Los de hoy ―las «llaves» de hoy― fueron administradas por agentes de la Seguridad del Estado, «profesionales de la intimidación».

Cuando esos esbirros tienen miedo, cuando saben que se enfrentan a algo que los sobrepasa, las consecuencias pueden ser tenebrosas.

«Difúndelo», me pidió Yoani.

¡Difundámoslo! Tanto el nada auspicioso miedo de los agentes como la extraordinaria valentía de sus víctimas.

 

De contra:

Mientras conversábamos, a Yoani le acercaban las imágenes en vídeo de la protesta. Difúndanse también en cuanto lleguen, que será pronto.



El triste olvido de los sitiados

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Desde hace trece días, la casa de Vladimiro Roca en La Habana es la sede de una protesta contra el régimen que apenas encuentra eco en periódicos e hilos de noticias.

Gracias a Teresa Cruz, amiga y lectora, he podido escuchar a lo largo de estos días las pistas de audio de algunas de sus conversaciones con Martha Beatriz Roque, una de las sitiadas. ¡Son estremecedoras, créanme!

Ambos compartimos el estupor y la indignación por la indiferencia que genera esa gente acosada, una vez más, por las hordas castristas, los soldaditos de la dictadura.

«Lo que pasa», me decía esta tarde un amigo desde La Habana al que preguntaba por ese silencio, «es que vivimos en un tiempo en el que tanto el discurso del régimen como el de la disidencia tradicional han quedado obsoletos. ¡Ya no les interesan a nadie!».

Ok. Discútase eso, discútase lo que sea, pero, oigan, ¿avala esa o cualquiera otra consideración que silenciemos el drama de los sitiados HOY, AHORA?

¡AHORA!

Decididamente,: ¡NO!

El sitio

Por Teresa Cruz, New Jersey

En la insularidad que crea el exilio, hace unos días un grupo de compatriotas escuchábamos el relato que hacía Israel Abreu de lo que decía Martha Beatriz Roque sobre el sitio a la casa de Vladimiro Roca en el barrio habanero de Nuevo Vedado. Comenté: «Los no sitiados». Lo hice pensando en nosotros. Craso error que rectifiqué enseguida: «Estamos sitiados», añadí. Más que percatarme de ello, lo sentí.

En conversación telefónica con Martha, ella pone el teléfono en la puerta de la casa para que oiga a la jauría rebajar el español para proferir gritos que he oído muchas veces pero no dejan de aterrarme por vulgares y aterrorizantes. Martha me dice: «¿Tú lo oyes?» Gritos que hace unas décadas obligaron a mi padre a plantarse, machete en mano, en el portal de su casa aunque el acto de repudio era en la otra cuadra. Son las mismas voces, otros improperios, la misma decadencia; decadencia añejada en los barriles de Havana Club.

«Maricones», «Tarrúo’», «gusanos», «vendepatrias», «que te mato», «lo’ vamo’ a matar», «ustedes son unos singáo’», «te voy a singar». Eso gritan. Dudo al repetir esas palabras –aunque santa no soy- pero cómo relatar el horror, las gargantas desgarradas, amenazadoras, que tiran las palabras en el altavoz para que todo el cielo habanero y los niños que los acompañan, las escuchen, las repitan. Sí, cómo no, hay niños, hijos y nietos de los repudiadores. Están los adolescentes de la cercana secundaria básica dirigida por una mujer que aportó su grito civilizado: «Yo quiero tirarles la bomba de Hiroshima y Nagasaki.» Y después dirá: «la tiré, ¿y qué?»

Los niños acompañan sus gritos con gestos lujuriosos, los menos niños también. Enseñan los glúteos, se tocan las regiones púbicas, algunas despobladas ya, me imagino. Siempre que llamo por teléfono hay novedades circenses pero mortales: entraron, forcejearon, se golpeó el dedo Martha Beatriz, le tiraron una piedra en la cabeza a Vladimiro. El domingo pasado, un hombre con un cuchillo en la mano, desde la acera, le gritaba a Martha: «¡Te voy a matar!»

En inefable acto de la tiranía se le ha permitido a la prensa extranjera pasar el cerco para entrevistar a los participantes en el acto de repudio. A los sitiados no, claro. Hay un cordón de policías que rodean las cuadras aledañas a la casa de Vladimiro Roca. Acto inteligente para sitiar al resto de la población.

Los agresores son los agentes fascistas de esa entelequia que la Unión Europea y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) llaman gobierno, quizá por compromisos anteriores con los Castro y, seguro, por esperanzas de recuperar a la «siempre fiel», para exorcizar los complejos de 1898. Ellos refuerzan el sitio. Otros no se han enterado del sitio; la SINA permanece callada aunque se reunieron con opositores y adeptos a la entelequia, después del pregonado concierto que, tan pronto, se hizo desconcierto.

Estamos sitiados. Estamos sitiados y no respondemos con toda la fuerza que exige el cerco: unos andan rompiendo libros; algunos alegan cómo lo hubieran hecho ellos; otros pasan la vista por la pantalla del PC, se asombran y siguen, pasan faxes; todos dolidos pero paralizados ante el sitio.

Nos hemos acostumbrado. Pero son trece ahí y puede que el régimen les sirva la última cena.

La ilustración es de Guamá.

 

De contra:

Imágenes del sitio a la casa de Vladimiro Roca:



Juanita Castro, Weyler, Maceo y... Vigilia mambisa

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Esta noche repasaba las fotografías de la performance de Vigilia Mambisa con los libros de Juanita Castro. Ya sabrán: frente a una sucursal de Ocean Bank se reunieron los vigilantes mambises a trocear páginas de las memorias recién aparecidas. (Cuba, lo sabrán también, produce artistas con la misma munificencia con que se prodiga el marabú.)

El caso es que sin saber por qué razón exactamente, por qué súbita conexión, qué díscola sinapsis, entre las que se me ocurren:

1) que la vigilia de marras se apellida precisamente mambisa,

2) que imaginara a su líder, el inefable Miguel Saavedra, tengo para mí que licántropo, acudiendo a comprar el libro de la Castro a la Librería Universal,

3) que recordara, entonces, que la primera vez, hace años, que entré en esa librería y mientras buscaba no me acuerdo qué, se abrió de pronto la puerta, se asomó un anciano con guayabera y preguntó al librero con voz ronca, como quien viene de discutir: «¿Tienes algo de Maceo?», a lo que el librero, a la sazón Juan Carlos Castillón respondió que no y el viejo se fue dando un portazo, como si volviera a la discusión sin el dato que buscaba,

4) que hace pocos días, y sin que viniera a cuento, tomaba un café con Castillón y salió a relucir Valeriano Weyler…

5) o, más probablemente, por todas ellas juntas…

Sin saber por qué, decía, las instantáneas de la performance de Vigilia Mambisa me recordaron aquella proclama que Valeriano Weyler ―de execrable memoria para nosotros― atribuye a Antonio Maceo e inserta en sus muy atendibles Memorias de un general.

La busqué y releí. Y sí. El viejo Ramón y Cajal cuyo nombre lleva calle cercana a la mía y descubridor de la sinapsis se habría felicitado de mi suerte.

Porque, oye, Cuba y los cubanos muestran una continuidad en su proceder, al decir de Bajtín, que pa’ qué.

Sigue Antonio Maceo, según Weyler (Valeriano Weyler, Memorias de un general, Ediciones Altaya, 2008, p. 208):

«Compañeros de armas, destruir, destruir, destruir siempre, destruir a toda hora del día y de la noche, volar puentes, descarrilar puentes, quemar poblados, incendiar ingenios, arrasar siempre; aniquilar Cuba es vencer al enemigo. Es tenaz, es valeroso, ya lo sabemos y por eso apelamos a medios tan extraordinarios y supremos. No tenemos que dar cuenta a ningún poderoso de nuestra conducta. La diplomacia, la opinión y la historia, no tienen valor para nosotros. Sería insensato buscar gloria en el campo de batalla para pelear con su artillería y hacer la carrera a jefes del ejército español. La cuestión es convencer a España de que Cuba podrá llegar a ser un montón de ruinas y entonces ¿qué compensación a sus inmensos esfuerzos puede ofrecerle la campaña? Hay que quemar y destruir a toda costa. Es insensato pelear como si fuéramos un ejército europeo. A donde no alcanzan los rifles, llega la dinamita.»



«Che» + «Che» (+ «Che»)

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Magnífica esta camiseta a la venta en The Onion. Pulóver con imagen de Ernesto Guevara, llamado «Che», que lleva su propia imagen estampada en el pecho.

Un Guevara que es héroe porque nos habría redimido de la tiranía de la elección. Nos enseñó que la única camiseta que se debe llevar es la que lo muestra. Ni una más. Ni una menos. El Che libró de la che(aldad) a generaciones de Che(os). Las dotó de marca y uniforme. Los junto, los «cheó».

Ese pulóver metonímico, ese Guevara matrioshka, convertido en muñequita rusa quien se supone prosoviético remiso, sirve para explicar muchas otras cosas. También algo de esa Cuba convertida en sobada metáfora de sí misma. Una Cuba dentro de otra y todas con el mismo rostro de fondo.

Por $16.99 uno puede llevar una «Che wearing a Che T-shirt T-shirt». Como si nada. Como si paseara un espejo. O lo que devuelvan los espejos.

Deberían regalarlas en La Habana, Camagüey o Camajuaní. ¡Y en Bruselas, Estambul y la Conchinchina!

De hecho, deberían repartirlas a la entrada del mundo. Y a la salida, si bien entonces rematrioshquinizadas. Porque este placebo, como el célebre romerillo de Álvarez Guedes, sirve pa’ tó. ¿Hace falta detallarlo?



Presos españoles en Cuba: denuncia y testimonio

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Del drama del presidio político cubano leemos con frecuencia mucho, muchísimo, más escasa de la que quisiéramos, pero nos llegan testimonios. También, aunque en menor medida, y las más de las veces gracias a los presos políticos, recibimos informaciones acerca de la situación de la población penal en la isla y las penosas y humillantes condiciones que padecen los reclusos.

Mucho menos frecuentes son los testimonios acerca de los presos extranjeros en la isla. Se trata de un número marginal de reclusos si se lo compara con la enorme población penal de Cuba. Según datos de la Dirección General de Asuntos y Asistencia Consulares del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España fechados en marzo de 2009 hay nueve presos españoles en Cuba de los que siete cumplen condenas por tráfico de estupefacientes.

Pero las condiciones de sus procesos judiciales y las penas a que son condenados no constituyen una excepción a la injusticia que espera a todo aquel que comparezca ante un tribunal cubano. Sus condiciones de vida en la cárcel, aún cuando muy notablemente superiores a las de los reclusos cubanos ―los presos españoles, por ejemplo, reciben para su manutención 100 CUC mensuales que les abona el Consulado de España― distan de ser ideales.

En los últimos días he estado en contacto con la sobrina de uno de esos presos españoles en Cuba. También con uno de los presos que consiguió ser devuelto a España antes del cumplimiento íntegro de su condena.

El recluso es Juan Miguel Vives Cutillas, quien, me escribe su sobrina «viajó a Cuba por un negocio, iba con un compañero que llevaba 4 gramos de hachís (para su consumo propio) y fueron detenidos; mi tío no llevaba en posesión nada, sin embargo lo encerraron allí en la cárcel y lleva ya casi 2 años y el juicio salió en julio y lo han condenado a 18 años». En La Unidad Militar «La Condesa», donde cumple condena Vives Cutillas hay otros seis españoles.

Continúa A.: «el trato que reciben es penoso, es un maltrato físico y psicológico constante el que sufren los presos», «ni tan siquiera existe medicación, ni asistencia médica y apenas tienen comida; y la que tienen se la tienen que pagar ellos (como todo lo que allí les suministran)», «él está muy enfermo y todavía no se le ha tratado y sinceramente, dudo que se le vaya a tratar, ya que lo ha denunciado varias veces y han hecho la vista gorda».

¿Cómo le cae a uno una condena de dieciocho años de cárcel por tráfico de drogas si de veras no le encontraron nada punible en su equipaje?, se preguntará el lector incauto.

La respuesta es la misma que conocemos de tantos procesos judiciales en la Cuba de los hermanos Castro: «el día 24 de abril de 2009 recibimos una carta de mi tío diciéndonos que había sido la vista y le piden 18 años de prisión, cambiando sus testificaciones e implicándole, cuando él en el momento de la detención no tenía nada… Ni tan siquiera llegó a ver a su abogado, lo conoció cinco minutos antes del juicio… ¿Cómo te va a defender un abogado que tan sólo conoce tu nombre?»

«He estado leyendo», me dice A. por fin, «tu informe sobre Moratinos. Sobre él quiero decir que tiene conocimiento de todo esto, haciendo caso omiso».

De las condiciones que padecen los presos españoles en Cuba sabe mucho otro español, Jesús Vivas, quien fue condenado a 20 años de cárcel por tráfico de drogas en circunstancias similares a las descritas. Vivas, quien nunca dejó de protestar porque las autoridades carcelarias fueran sordas a sus problemas de salud, fue puesto en libertad después de tres años de reclusión. Hace un rato me leía al teléfono el Artículo Nº 1 de la Constitución de la República de Cuba que considera uno de los textos satíricos más hilarantes de la historia de la literatura política.

Vivas, quien conoció varias prisiones cubanas antes de acabar cumpliendo pena en la Unidad Militar "La Condesa", ha escrito un testimonio de su paso por allá que quiso compartir con los lectores de El Tono de la Voz, cortesía que le agradezco.

Ojalá sirva la lectura de su texto para ayudar a la liberación de presos como Juan Miguel Vives Cutillas.

Ojalá sirva también para que esa ventana abierta al drama del presidio cubano que padecen unos pocos ciudadanos españoles ayude a visibilizar la farsa del sistema judicial castrista que manda a la cárcel a tantos cubanos desprovistos de un juicio con garantías procesales.

Vivirlo para creerlo

Por Jesús Vivas (ex preso español en Cuba)

UNIDAD MILITAR “LA CONDESA”

Prisión para extranjeros

Ctra. Rio Seco, Km. 1,5

Güines

Provincia Habana

CUBA

Perdida entre campos de caña de azúcar, a unos setenta kilómetros de La Habana se encuentra la Unidad Militar La Condesa. Eran las instalaciones penitenciarias de un batallón de castigo para policías y militares, reconvertido el 11 de junio de 1997, en la prisión para extranjeros “La Condesa”, donde permanecen privados de los derechos más elementales unos 180 extranjeros, muchos culpables y no pocos inocentes de unas 40 nacionalidades, donde están recluidos en tres barracas de cemento condenados a largas condenas de prisión y sometidos a un proceso ordenado, sistemático y creciente de privación de todos los derechos de un ser humano, lo que produce graves problemas físicos y psíquicos.

En esta prisión se encuentran recluidos cinco españoles, pasando por una cuando poco, terrible experiencia. La siguiente exposición es para que nuestros compatriotas sepan cuáles son las condiciones con que los trata la “Justicia Cubana”, y como los tratan en la prisión, pues culpables o no, lo peor de este mundo es la desinformación, el desconocimiento, de lo cual al pueblo cubano le dan un hartón todos los días. Y cuando te enteras que en este país se aplica, aunque en teoría esta derogada, algo llamado “Convicción Moral”, con la cual la presunción de culpabilidad se convierte en condena, y en Cuba, los juicios dan como resultado un 99% de culpables. En esta prisión en los últimos cinco años, todos los juzgados han sido condenados, si exceptuamos el caso de un americano por cheques falsos, que los pagó y se fue, y el de un italiano que le encontraron más de 250 gramos de cocaína en el estómago, pero lo soltaron al cabo de dos o tres meses diciendo que eran para el consumo. Curiosamente su madre estaba bien situada políticamente en Italia, porque ¿250 gramos de cocaína son para consumo? Y un español de 18 años condenado a 10 años por 3 gramos de hachís, otro español condenado a 18 años sin encontrarle droga, otro español…

Esta es la realidad penal: Cuba es un país con unos 12.000.000 de habitantes y alrededor de 350.000 presos, un 3 % de su población; España es un país con unos 45 millones de habitantes y alrededor de 60.000 presos, un 0,13 %. Para llegar a la cifra de Cuba, en España la población penal debería ser de 1.350.000 presos. O Cuba es un país de delincuentes o en España somos unos santos. ¿O será que falla la justicia en Cuba? Ni Cuba es un país de delincuentes, ni en España somos unos santos, así que está clara la repuesta: falla la justicia.

El preso extranjero en Cuba no está destinado a su rehabilitación. El extranjero capturado se convierte en una pieza de cambio que se negocia con el resto de países, pues los acuerdos de repatriación, la parte de pena que se cumple del total, las expulsiones del país dependen de las relaciones políticas de la República de Cuba con el país del preso.

De manera que la justicia es solo el conveniente y flexible disfraz de un sistema de gobierno, que convierte:

- a “las mulas” transportadoras de estupefacientes, en grandes traficantes internacionales.

- a incautos turistas consumidores, en rimbombantes narcotraficantes internacionales.

- a scouts de baseball, en tenebrosos agentes de la CIA.

- a honestos inversionistas que reclaman adeudos muy atrasados en mafiosos internacionales

- a humildes pescadores en potentados del tráfico de personas.

Porque los verdaderos pesos pesados de esos delitos, los verdaderos narcotraficantes internacionales, los verdaderos mafiosos del tráfico humano, los grandes criminales o no están en Cuba, o si fueron apresados, también fueron convenientemente liberados, solo Dios sabe a cambio de qué, de manera que ninguno estuvo más de uno o dos años preso en Cuba.

Pero la propaganda oficial necesita pregonar a los cuatro vientos cuán exitosos son sus planes de lucha contra el “crimen internacional”, intentando limpiar su presunta imagen de país puente para el tráfico internacional de drogas, paraíso sexual, de gente que quiere huir en pateras…

Desde el momento de su detención el individuo no tiene ningún derecho. El recluso extranjero permanece en total ignorancia o alcanza a percibir una muy parcial y mutilada información, que a la postre consigue el mismo fin. Ignorancia que se convierte en un estado permanente de indefensión frente al poder judicial y penitenciario, a esto colaboran las únicas cuatro fuentes de información a las que puede acceder:

a) Bufete Internacional de Abogados. Inaccesible a la casi totalidad de los detenidos por sus prohibitivas tarifas, porque obtener representación legal cuesta 6000 $ USA ó 5000 CUC (pesos cubanos convertibles), lo cual es algo inabordable para personas y familia que en su inmensa mayoría son pobres o de clase media baja. Por otro lado la capacidad de los que brindan estos servicios es cuando menos cuestionable, pues trabajan para una agencia gubernamental.

b) Abogados de Oficio. A los que el detenido no accede sino hasta cinco o diez minutos antes del juicio y que mal puede garantizarle sus derechos, mucho menos informarle, y que por su condición de Abogado de Estado, es aun más susceptible a la influencia oficial.

c) Autoridades penitenciarias. Nunca dan por escrito la información, apenas verbalmente y de manera incompleta y tergiversada. Ni siquiera se las facilitan a las autoridades consulares. Publican algunos elementos de un supuesto Reglamento Penitenciario, que ningún preso ha visto, ni mucho menos leído nunca. Los tales elementos son cuidadosamente escogidos por la autoridad penal.

d) Fiscalía C.L.E.P. (Control para la Legalidad en los Establecimientos Penitenciarios). Siendo la responsable de supervisar el cumplimiento de la legalidad en los establecimientos penitenciarios cubanos, tampoco ofrece información veraz y oportuna, sino que en general tergiversan, ocultan, callan, entresacan la información. En noviembre de dos mil seis, un especialista de esa entidad dio a conocer la existencia de unas “Normas para el Trabajo con Extranjeros”, pero en concordancia con la práctica, solo ofreció algunos artículos escogidos y el resto de la información permanecía oculta, como es típico allá. Solo hasta fines del dos mil ocho pudieron conocer los prisioneros de “La Condesa”, por ejemplo, las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos de la ONU., gracias al Consulado de España.

El tratamiento abiertamente discriminatorio del preso extranjero en Cuba está previsto y sancionado en el Código Penal cubano, que en su artículo 295.1 sanciona a todo aquel que discrimine a otra persona o promueva la discriminación para impedirle por motivos de origen nacional el ejercicio o disfrute de los derechos de igualdad establecidos en la Constitución.

Elche, 09 de Octubre de 2009

La imagen corresponde a la Unidad Militar "La Condesa" y es cortesía de Jesús Vivas.



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Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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