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Otra fiesta vigilada

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En Criterios, las conferencias de Arturo Arango y Eduardo Heras León sobre el nadiedicecuántinquenio gris. Dos .pdf que Desiderio Navarro custodia cual Grial. “Son míos”, parece decir frotándose las manos.

En lo de Arango y Heras León, cuota de aciertos y cuota mayúscula de escamoteo. La ridícula fe en que este es nuestro “deshielo”, como el que, tras la muerte de Stalin, tomó nombre de la novela homónima de Ilya Ehrenburg.

La evidencia de que, como aquél, el nuestro padece de estrechos corsés. Corsés diseñados por El Bosco: también traen bozal. ¿Que por qué? Facilito: nuestro Stalin no ha muerto. Así que si también le daremos nombre de libro, habrá que usar el del último de A. J. Ponte: La fiesta vigilada.

Las notas a pie de página, de las que Walter Benjamín dijo que son lo que billetes de banco en las medias de las prostitutas, son lo mejor del texto de Arturo Arango. Una: “El lamentable fin de José Abrantes no debería quitar un ápice de validez a sus palabras en ese encuentro con intelectuales.”

Heras León sorprende poco. Ni siquiera cuando dice que se trata de “la historia que me he propuesto contar aquí, por primera y única vez…” Luego, lo anima el convencimiento de que con esta fiesta vigilada se zanja la cuestión.

 

Duanel Díaz me da aviso de paralela indagación en la grisura perpetrada desde el Instituto de Historia. Pero entrar ahí en día tan endiabladamente ocupado como tengo hoy requiere de novedosas herramientas pinareñas. Insisto: el modelo no es el chino, ni el vietnamita. La cosa pasa por Pinar del Río.

La fotografía es cortesía de E. Peison.



Lectura dominical

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A qué tanto preguntar, si nadie se atreve a decir la palabra clave: “desideologización”. Aquí sí la dicen: crímenes. Pero enseguida los apellidan. En cambio, quien corre certero peligro de muerte, no vacila en decirla: felonía.

 

Lectura dominical:

Juan Clemente Zenea

En días de esclavitud

My native land, good night!
(Byron)

I

Muéveme el buque y la apiñada gente
se apresura, se va, vuelve, se agita
monta el ancla en la proa el corvo diente,
y el opreso vapor se escapa y grita.

Se abrazan los amigos angustiados,
llega el instante del partir supremo,
sepáranse las barcas de los lados
y el agua surcan al compás del remo.

Al soplo de la brisa gemidora
colúmpase la nave y se adelanta,
rompe el mar con su cortante proa
y espuma hirviente en su redor levanta.

Pensando en el pasado y lo futuro,
tendida como un cisne sobre el llano,
quédase al pie del artillado muro
la señora del Golfo Mejicano.

Y ya la cabellera oscura ondea
del humo vago en la región vacía,
y sobre el tope el pabellón flamea,
y partimos... y ¡adiós, oh patria mía!

Vienen de la ciudad voces lejanas
que el desgraciado corazán oprimen,
y al toque de oración de las campanas
los ecos tristes de la tarde gimen.

Asoman solitarias las estrellas,
y engalanan las orlas del espacio
las tintas melancólicas y bellas
del ópalo, las perlas y el topacio.

Empieza a vacilar la incierta raya
que dibujan las costas y los montes,
húndese las palmeras de la playa
y se visten de azul los horizontes.

El sol, al ver la luna, corta el paso;
y se ven suspendidos, frente a frente,
un globo de oro y sangre en el Ocaso
y un globo de alabastro en el Oriente.

¿Y adónde vamos? ¡Ay!, mejor sería,
en vez de errar sobre volubles olas,
estar mirando fenecer el día
desde el umbral de nuestro albergue a solas.

Errante, silencioso y descuidado,
más me pluguiera, en el agreste asilo
de algún bosque secreto y apartado,
lejos del mundo suspirar tranquilo.

¿Qué nos fuerza a emigrar? Si yo quisiera
vivir del deshonor y la perfidia,
volver a Cuba y despertar pudiera
de viles gentes la rabiosa envidia.

Que allá, para morar como los brutos,
basta ser el oprobio indiferente,
llevar a Claudio César los tributos,
postrarse humilde y doblegar la frente.

Basta seguir de la lesonja el gremio
para gozar imperturbable calma,
por torpes vicios merecer un premio
y de una vez sacrificar el alma.

¿Por qué dejamos la mansión querida
donde vimos la luz? ¿Por qué la suerte
cambia estos campos de esplendor y vida
por otros, ¡ay! de oscuridad y muerte?

Porque buscamos libertad y vemos
la fe perdida y la existencia ajada,
y ya no más sobrellevar podemos
la esclavitud de nuestra tierra amada;

porque nos niega su favor el cielo,
y tú, ¡rudo opresor!, no nos cedistes
¡ni un solo palmo en nuestro mismo suelo
para aterrar a nuestros hijos tristes!

Continúa aquí.



La liga de "Papito" Serguera

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La que sigue es carta llegada en la noche de ayer a mi buzón de correo.

Carta privada, alegará alguno, pero cuyo tono, desprovisto de cualquier excesiva familiaridad, parece ensayado para llegar a un público más amplio.

No teniendo yo relación alguna con los parientes de Serguera, entiendo que al estar circulando, ellos -alguno de ellos-, han entendido que merece alcanzar un ámbito más amplio que el de sus destinatarios directos. También yo lo creo así.

Sobre todo, porque la carta pone de manifiesto circunstancia con la que habrá que lidiar pronto. La del represor que se considera víctima. Y que, en cierto sentido –y hasta en sentido pleno- lo sea. Esa vasta troupe que regresará a los micrófonos con el alibí, y la rabia, de su “plan piyama”.

Recuperar un espacio de acción social democrática exigirá también sumar todos esos nombres y sus reclamos, y ambiciones. Muchos de ellos, como este Serguera, aguardan con impaciencia cada vez mayor el momento de salir al ruedo a gestionar sus agravios. Cualquiera que haya atendido a los procesos de transición en la Europa del Este, sabe que las prensas cubanas tendrán trabajo mayúsculo imprimiendo esos "Yo acuso", que, en realidad, esconderán muchos "Yo me vindico".

Ciudad de La Habana, 18/1/07

Queridos hermanos C., R., Ch. y A.:

Las conversaciones que he tenido con Uds. en estos días y la preocupación que noto en sus preguntas, me llevan a escribirles este mensaje.

Se trata de la diatriba digital desatada por intelectuales cubanos de dentro y fuera, como resultado de la salida en televisión de tres personas, una de las cuales es nuestro padre.

Lo llamo diatriba, porque esto no es una polémica. Una polémica implica la participación de al menos dos partes y es evidente que aquí sólo hay una.

Las dos personas que acompañan al viejo en la parte fea de la diatriba, me son desconocidas. No soy un intelectual sindicado, como los que promueven la algaraza y tengo el valor de reconocer, a diferencia de algunos de los involucrados, que en la época en que se sitúan los hechos de que estos hombres son culpados, yo era, como algunos de ellos, punto menos que un imberbe adolescente, más interesado en cuestiones de, aquella, mi edad. Si son culpables o no, de lo que se les imputa, no lo sé. Probablemente lo sean. “Es un lío de ellos”, siguiendo la lapidaria frase de nuestro viejo, el que se defiendan o no y conviertan o no esta diatriba en una polémica.

Sobra decir, que al viejo de nosotros sí lo conozco y me resulta evidente que la mayor parte de los escribientes, simplemente, no lo conocen. No pretendo defender al viejo en este trance ante los ojos de Uds. ni de nadie. A nuestro padre le sobran las armas para defenderse por sí mismo.

La lectura de los comentarios de estos días, ha provocado en mi cabeza una pregunta recurrente: ¿Cuan conocido es realmente nuestro padre? Su singular apellido y su bien conocido y sonoro apodo nos conducen siempre a un engaño. Creemos que es muy conocido cuando no lo es. Ni para sus amigos, ni para sus detractores ni para sus compañeros o sus antiguos compañeros.

Nuestro viejo no encaja en ninguna personalidad estereotípica, su extraordinario coeficiente intelectual no implica espejuelos de fondo de botella, distracción o mañas hurañas. Su alegría, entusiasmo, curiosidad quasi infantil, su amor por los placeres mundanos, marcados por una bien definida y activa tendencia heterosexual, encubren el bagaje intelectual, las largas horas de lectura, el amor por la música clásica, la fascinación por la cultura, de uno de los hombres más brillantes de su generación.

Decir que formó un “tandem” o fue “compinche” de otros en una “época gris”, es desconocerlo. Nuestro viejo no formó nunca parte de ningún “grupo” dentro de las interioridades de la política en Cuba. Tal vez es por eso que tiene detractores en todos los bandos.

Si tuviera que emitir un juicio sobre nuestro padre, diría que él es un individuo genuino.

En los tribunales de urgencia en la época de la dictadura batistiana, estaba solo. Defendió más de setenta casos y el que le sigue defendió seis.

A la Sierra, al alzarse, llegó solo. No fue formando parte de ningún refuerzo o grupo.

Sus aventuras africanas las ideó solo. Y son suyas las propuestas y acciones primarias que dieron lugar a lo que luego se llamaría Internacionalismo Proletario para gloria de otros estrategas.

De Africa volvió solo. Por su cuenta y riesgo. Y así siguió: solo. Cuando tributó para la desaparecida Revista el Pensamiento Crítico (cosa que los intelectuales de hoy seguramente ignoran). Cuando mantuvo el programa radial Nocturno de Radio Progreso contra la opinión abierta y expresa del poder de que era “marihuana ideológica”. Cuando mantuvo el apoyo irrestricto a Jorge Ibarra, en sus programas radiales polémicos de la época y que llevarían más tarde a la calificación de Jorge de Loco, Orate, etc.

Solo estaba y se quedó, cuando dejó de pertenecer a la clase política cubana a mediados de los años 70.

Solo estaba cuando escribió su libro sobre la Aventura Africana, que explica magistralmente de donde salieron todas las cosas que marcarían la historia cubana para los siguientes veinticinco años. Libro, que en mi humilde opinión, es el más brillante e intelectualmente profundo, testimonio-ensayo sobre episodio alguno de lo que se ha dado en llamar Revolución Cubana. Libro, que estoy seguro desconocen los intelectuales que le atacan. Libro que no ha sido publicado en Cuba, cosa que seguramente también ignoran los que alguna vez padecieron semejante trato en el “quinquenio gris” y han devenido hoy premios literarios en el país.

Hay gentes para las que el quinquenio gris no ha terminado. Para los que todavía estamos en el siglo XX. ¡Que nos hablen a nosotros, Papito y sus hijos, estos intelectuales cubanos, de época gris!

En relación con una polémica acerca de la cultura cubana, el viejo opina que es legítima y necesaria.

En relación con los hechos de los que lo hacen “compinche”, dice que no le conciernen, no tiene que ver con ellos. No peló a nadie ni cortó la saya de nadie. Ni inventó la UMAP, ni la alimentó con excomulgados de su organismo. Ni impidió publicar, ni juzgó jamás a nadie por sus preferencias sexuales. Y por tanto, no tiene que contestar a lo que hoy se dice. Sabe que esas cosas pasaron y por ella deben responder los verdaderos involucrados.

El viejo entiende que una respuesta suya puede ser tomada como una defensa en toda la línea de un status quo responsable. Y dice que “ese no es su lío”, ni tampoco su “liga”. Cualquier polémica en la que él esté dispuesto a participar, está “más arriba”, en otro nivel.

Esa postura, provocó en un intelectual amigo la consabida frase: “El que calla otorga”. A lo que el viejo, con la velocidad que sus neuronas suelen tener, respondió: “El que calla no otorga. El que calla no ha dicho nada.”

La diatriba de hoy está llena de calificativos. En algunos de los ponentes alcanza la categoría de insulto. Un calificativo o insulto no es más que eso y nunca es sustituto de una idea. Delata el resentimiento contenido, no contra nuestro viejo, sino contra el status quo de aquella época y el actual.

Pero tiene una faceta muy interesante, desde posiciones sociológicas: es un conato de parlamento virtual, en medio de una coyuntura inédita en los últimos 48 años de la historia de Cuba. Su ulterior desarrollo y la reacción del poder están por ver.

Nuestro padre está más interesado en el aspecto sociológico del problema que en los insultos. Por otra parte, no pueden Uds. imaginar la cantidad de llamadas de apoyo y aliento que está recibiendo en estos días.

Nuestro viejo, como todos los hombres, se parece más a su tiempo que a sus padres. Quizás esta, su hombría, y su compromiso con sus compañeros de lucha, sea su culpa suprema. Nosotros sus hijos, sus amigos más cercanos y los oyentes indiscretos nada cercanos, conocemos de sobra sus opiniones. Las razones de su ostracismo político, de la “impublicabilidad” de su libro.

Si los intelectuales cubanos que lo atacan no lo saben “es un lío de ellos.”

Un abrazo a todos,

J.

 
 

De contra: En El Yoyín del Vedado, Existen, un documental de Esteban Insausti. Absolutamente imprescindible.

H/T: Libros que traje de Cuba, un blog magnífico, que cuenta entre sus más modestas virtudes el reunir más de 150 comentarios en un mismo post sin una sola palabra malsonante.



Habeas Data

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Los cubanos deberíamos atender a lo que está sucediendo en Polonia. La Ley de Verificación, también llamada Ley de Lustración, que ha impulsado el gobierno de Kaczynski. Ley que obliga a profesionales y funcionarios a jurar que nunca colaboraron con los órganos represivos del régimen comunista.

En Polonia, a diferencia de Alemania, donde el habeas data se implantó con celeridad y absoluta transparencia, el acceso a los archivos de la seguridad del estado requiere enrevesado trámite.

Pero esa ley y su peligroso revanchismo. Ahora aquellos que jamás lucharon contra la dictadura comunista se convierten en celosos cancerberos de la memoria histórica. Y nos encontramos con que un Geremek o un Adam Michnik, esos que sí visitaron las prisiones comunistas y lucharon a favor de una transición hacia la democracia, son acusados de criptocomunistas.

Michnik ha dedicado innumerables artículos al asunto. En el último, y tras muchas dudas, propone la aplicación inmediata del habeas data: “I was always of the opinion that the spectacle of public rummaging around in the archives of the secret police would culminate in an atmosphere of suspicion and fear. And this is precisely what the leaders of the Institute for National Remembrance (who currently have control of the files) are doing today. We have to put a stop to this nightmarish memory policing. Today all files must be made accessible to everyone with all the dreadful consequences this entails. We have to make the files public, to put an end to their power over us. A terrible end is preferable to never-ending terror."

Magnífico. Y atendamos, insisto, los cubanos. El habeas data ha de ser instaurado en cuanto se produzca un cambio de gobierno. Temerle por las consecuencias que pueda acarrear, no haría más que posponer debates, y dramas, que volverán con mayor fuerza.

 

Mira que es difícil ganarse el papel del político más imbécil del Reino de España. Pues, hay tozudo hombrecito encaramándose a ese pedestal: Miguel Sebastián, candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid. He visto una entrevista suya esta mañana que supera, créaseme, todo lo visto antes.

Sería asunto baladí -porque este tipejo tiene las mismas posibilidades de ser alcalde de Madrid que yo de ser nombrado secretario del partido en Guantánamo- si no fuera porque José Luis Rodríguez Zapatero lo tiene por amigo y hombre de talento. Peor: lo nombró como candidato convencido de que era el hombre idóneo. Estos son los imbéciles de los que se rodea el Adolescente.



La seducción del mal

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Günter Grass entrevistado por Juan Cruz en El País. El autor de El rodaballo encuentra respuesta a su pasado nazi ayudándose de aquel “fascinante fascismo”, que decía Susan Sontag.

La seducción del mal… En El mal absoluto, libro imprescindible, Pietro Citati rastrea esa fascinación en los novelistas del siglo XIX. Debería añadir postfacio con el siglo que sigue, y allí este Grass y Saramago, y un largo et cetera.

En ABCD, J. M. Coetzee también se pregunta por esa seducción. Por el cómo Adolfito Hitler y Joseíto Dzhugashvili acabaron convirtiéndose en asesinos de largos millones de personas.

“Grass: Yo me preguntaba cómo un chico que no era precisamente tonto había creído hasta el final en la victoria final. Cómo fue posible que no lo pusiera en duda en ningún momento. Cómo es posible que no se haya preguntado por el profesor del colegio que había desaparecido, y que volvió después de cierto tiempo, cómo no me pregunté qué había pasado con él. Cómo no le preguntamos: ¿dónde ha estado usted? ¿En un campo de concentración? ¿Qué es un campo de concentración? ¡¿Cómo es posible no haberse hecho preguntas?! ¿Y qué había pasado con el compañero de clase que era testigo de Jehová y que no quería tocar su fusil? ¿Por qué desapareció? Son cosas muy importantes sobre las que no me pregunté, cómo es posible que no me las preguntara. Y de eso trata mi libro en su primera parte.

P. ¿Y hay alguna pregunta que no se haya hecho todavía?

R. Bueno, en cuanto a ese ámbito del que hablamos yo creo que con este libro he contestado a todas las preguntas. Hay una frase en Pelando la cebolla: "Mi generación se ha dejado seducir". Y yo digo: nosotros nos dejamos seducir, yo me he dejado seducir. No quiere ser una excusa sino una explicación. La organización juvenil de los nazis tuvo un atractivo tremendo y un poder de seducción impresionante. Y nosotros nos dejamos fascinar sin hacer preguntas. Ésa es la explicación que puedo dar hoy.”

 

Fernando Savater, en cambio, se ocupa del fascismo más cercano. El de la izquierda patriotera del País Vasco. Termina con “Casa tomada”, de Cortázar. A mí este asunto me recuerda también aquel “Subir hacia atrás”. Compruebo que la sección "Kultura" del diario Gara no contiene comentarios sobre literatura argentina.

“Uno de los mejores cuentos de fantasmas que conozco es “Casa tomada”, de Julio Cortázar. En él, una pareja de hermanos mayores y solteros vive en la casa de sus antepasados. Poco a poco, deben ir cerrando habitaciones y bloqueando puertas de las estancias “tomadas” por entidades que no se precisan pero se presienten… hasta que finalmente tienen que abandonar su hogar invadido por el Mal. En el País Vasco, muchos de quienes hemos luchado contra el expansionismo del nacionalismo obligatorio estamos en la misma tesitura. ETA y adláteres ocupan las localidades pequeñas, luego las medianas, luego barrios de las grandes y espacios públicos comunes: nosotros vamos cerrando puertas y retrocediendo. Cada vez con menos apoyos y más críticas de quienes se impacientan por nuestras quejas. Los socialistas vascos por ejemplo nos tienen por “miserables”, cuando no por extremistas de derechas (con el PSE pasa lo que con la Ertzaintza, aunque peor: en sus filas hay gente decente y combativa, pero con los mandos actuales no hay manera). Y aún eso es preferible a los que nos muestran su “solidaridad humana” por las amenazas que sufrimos, para acto seguido criticar la Ley de Partidos o recomendar el diálogo como solución de nuestros males. No, que quede claro: no queremos solidaridad “humana” sino política. La “humana” que se la guarden los simpáticos dónde mejor les encaje…

Y habrá que irse, claro. Ya no podemos hacer más. Ustedes, nuestros conciudadanos, tienen la palabra. Si refrendan electoralmente lo que hasta ahora se viene haciendo, sólo nos queda salir a la intemperie y buscar refugio dónde sea. “Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.”

H/T Emanaciones, de Juan Abreu.

 

También del fascismo cercano, inmediato, habla Loretta Napoleoni entrevistada en La Vanguardia. De Cataluña cono centro de reclutamiento yijadista. Termino de leer su entrevista y sintonizo Al-Jazeera, que he contratado anoche a la cadena de cable. Y enseguida se asoman al salón de mi casa las multitudes llorosas, dizque víctimas del sionismo y el imperialismo yanqui. No me seducen. Como tampoco lo harán las mujeres iraníes para las que el régimen de los ayatolas fabricará "bicicletas islámicas", en las que suerte de parapeto oculte de los transeúntes visión de nalgas y movimiento de caderas.



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Autor: Jorge Ferrer

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Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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