Elecciones de ayer, y mañana
Jorge Ferrer | 21/01/2008 15:00
Ayer votaron todos los que se esperaba votaran. Y votaron lo que se esperaba que votaran.
El éxito estaba asegurado. El mismo éxito que los hermanos Castro han cosechado desde que implementaron las farsas electorales en 1976, adueñados ya del país por medio del terror y ese subproducto del miedo que llaman «entusiasmo». Es decir, amparados en el estado policial, y su concomitante imposición de órdenes, «incentivos» y «sugerencias».
Ahora nos esperan cuatro semanas de arduas –y probablemente estériles- cábalas, hasta que sepamos, el 24 de febrero, si deciden -los tres o cuatro que deciden- que Castro I continúe presidiendo el Consejo de Estado.
Para darle más aliento a la espera, Raúl Castro declaró a la salida del Colegio electoral que con la próxima legislatura se abre «una etapa compleja, (…) una etapa (en la) que tenemos que enfrentarnos a diferentes situaciones y grandes decisiones, poco a poco».
Más allá de la tentación de dar sus palabras por nulas, de concederles –vista la temprana hora en que se pronunciaron- un interés meramente convocatorio, es evidente que el Interino no había llegado tan lejos en sus adelantos de noticias. Las que sean.
Como es evidente que saben que juegan con fuego cada vez que sugieren a gente desesperada -y cada vez más bocona- que algo va a cambiar en el régimen de pobreza y servidumbre que les han impuesto.
Las palabras de Castro II –que cuando escribo esta nota no aparecen recogidas aún por la prensa para consumo interno de los cubanos- apuntan a que habrá novedades a partir de esos finales de febrero, cumpliéndose el pronóstico una y otra vez adelantado de que el primer trimestre de 2008 nos enseñará la fotografía de la Cuba que diseñan los artífices del cambio-que-sea, o del PaP, el «poco a poco» que anunciaba y recortaba a la vez el pronunciamiento de ayer.
Para testimonio de la enfermedad que aqueja a esa gente, sígase esta secuencia que comienza con Ricardo Alarcón y termina con Silvio Rodríguez y Amaury Pérez, cantantes.
Hoy se celebra el Martin Luther King Day en los EE.UU. Un icono de la lucha a favor de los derechos civiles. Fe, tenacidad y desapego a la vida.
UPDATE:
Colaboración enviada por lector que dice escribir desde detrás de "la cortina de azúcar", es decir, en Cuba. Un Guillén tantas veces revisitado.
Tengo
Cuando me veo y toco
yo, Juan sin Nada no más ayer,
y hoy Juan con Menos,
y hoy con menos,
vuelvo los ojos, miro,
me veo y toco
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver,
que ya no puedo andar por mi país,
ver lo poco que hay en él,
importar de bien lejos lo que antes
hice o podía hacer.
De zafra, qué decir?
de monte, qué decir?
de ciudad, qué decir?
ejército -mejor no decir,
ya ajenos para siempre y suyos, de ellos,
y un eterno dolor
de humo, estela, loor.
Tengo, vamos a ver,
tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir
!a una cadeca!
a comprar c.u.c. con el pago de mi sudor
ni por uno
ni por diez
a uno por veinticinco -esto es tremenda explotación.
Tengo, vamos a ver,
que siendo un negro
siempre me pueden detener
y pedirme el carné de identidá.
O bien en la carpeta de un hotel
decirme que no hay pieza,
todas las piezas para el turismo internacional,
mi pieza está en la base de campismo popular.
Tengo, vamos a ver,
que la guardia de la capital
me agarra y me encierra en un cuartel,
y me sube a una rastra de regreso
a mi provincia oriental.
Tengo que como tengo la tierra tengo el mar,
con griffin,
con coastgar,
y escualos cantidá,
vamos de balsa en balsa y ola en ola,
gigante azul abierto democrático:
en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver,
que ya aprendí a leer,
a contar,
tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar
y a callar
y a mentir.
Tengo que ya tengo
donde trabajar
y luchar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver,
tengo lo que no quería tener.
Nicolas OnTheCage
UPDATE:
En la revista dominical del diario El Mercurio, pp. 10 a 15, una extensa entrevista con el nieto de Salvador Allende, Alejandro Salvador Fernández Allende: «De La Habana a Auckland, la singular historia de Salvador Allende».
Extensas referencias a su vida en Cuba, a la intervención de Castro I en su destino –a él le debe el nombre y, intervención ya subsanada, la alteración del orden de sus apellidos en el Registro civil-, al suicidio de su madre precisamente en La Habana, a la necesidad de ocultar allá su homosexualidad...
H/T: Marcial Godoy
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 21/01/2008 21:18
Sobre la tentación de la navaja
Jorge Ferrer | 20/01/2008 14:02
UPDATE:
Elecciones en Cuba. Modesto, aunque inusitado, despliegue de medios en las páginas digitales cubanas para cubrir la jornada. Los vídeos de Granma están incrustados en el propio portal. Los de Juventud Rebelde y otros medios van en cadena con Cubasi.cu
Hasta ahora, lo más relevante son las altas tasas de votación y las declaraciones de Raúl Castro a la salida del colegio electoral.
Dijo el Interino que transcurre la elección del "nuevo parlamento en una etapa compleja, en una etapa (en la) que tenemos que enfrentarnos a diferentes situaciones y grandes decisiones, poco a poco".
Arrastró la "s" final de la palabra "situaciones" con estudiado énfasis.
Se trata de la declaración más clara, por imprecisa que sea, de que en las próximas semanas se presentará un primer paquete de medidas que mostrará qué entiende por "Cambio" el gobierno de Castro II.
Más énfasis puso en ese "Poco a poco" que me regaló acrónimo para la llamada Transición: PaP. Así nos ahorramos letras aquí.
Será PaP. Me gusta.
Y me encanta ese mensaje del del Adidas al "pueblo de occidente", que dice el Granma, cual si se tratara de mensaje paulino o de recadito de Bin Laden. Él, nos dice, votó por todos.
Hoy, que hay «elecciones» en Cuba, les propongo cuento de Vladimir Nabokov. Un cuento muy apropiado para la ocasión, yo diría.
Ivanov, un exilado ruso, es barbero en Berlín. Y un buen día entra a su barbería el mismo policía comunista que lo interrogó –y torturó- alguna vez en la Unión Soviética.
Ivanov le coloca la navaja en la garganta y le revela quién es…
De paso, subo la aparición de Nabokov en el célebre programa de Bernard Pivot. Un monumento a eso que llamamos literatura, esa apoteosis del artificio. A quien no la haya visto, le recomiendo dedicarle un rato de la tarde.
Nabokov, por cierto, es noticia estos días, porque su hijo y legatario, Dmitri Nabokov, ha insinuado que acabará cumpliendo con la voluntad de su padre y destruirá el manuscrito de «El original de Laura», guardado en la bóveda de un banco suizo. La sugerencia de la destrucción apareció el miércoles en un magnífico texto de Ron Rosenbaum para Slate.
Sígase este enlace a Youtube para la continuación.
Lectura dominical:
El Navaja
Por Vladimir Nabokov
Sus compañeros de regimiento tenían sus buenas razones para llamarle El Navaja. El rostro de aquel hombre carecía de fachada. Cuando sus amigos pensaban en él sólo lograban imaginárselo de perfil, y ese perfil era extraordinario: la nariz afilada como el compás de un dibujante; la barbilla, prominente, como si fuera un codo; las pestañas, largas y suaves; características de un temperamento obstinado y también cruel. Se llamaba Ivanov.
Aquel apodo, conferido en sus años jóvenes, resultó ser extrañamente profético. No es extraño que un tipo que se llame Rubin o Rubi acabe siendo un gemólogo de prestigio. El capitán Ivanov, después de una fuga épica y tras una serie de peripecias insípidas, dio con sus huesos en Berlín, y escogió precisamente el oficio al que aludía su apodo, el de barbero.
Trabajaba en una barbería pequeña pero limpia, compartiendo su oficio con otros dos empleados, que trataban al capitán ruso con un respeto no exento de jovialidad. El negocio incluía asimismo al propietario, una severa masa humana que hacía girar la manivela de la caja registradora con un sonido argentino, así como a una manicura, anémica y translúcida, que parecía haberse amojamado al contacto con los innumerables dedos que, en grupos de a cinco, habían posado ante sus artes en un pequeño cojín de terciopelo.
Ivanov hacía muy bien su trabajo, y eso que no había conseguido hablar bien alemán. Sin embargo, pronto ideó una forma de resolver el problema: colocar un nicht al final de la primera frase, un interrogativo was en la siguiente, y luego, de nuevo nicht, alternándolos de este modo al infinito. Y aunque hasta que no llegó a Berlín no aprendió a cortar el pelo, manejaba la navaja y las tijeras con extraordinaria destreza, casi como los peluqueros rusos, con su proverbial afición a hacer todo tipo de fiorituras con las tijeras cuyos chasquidos adoran -hay que verlos cuando se echan atrás para apuntar el próximo gesto, y cómo cortan un par de mechones para luego chascar indefinidamente las hojas de la tijera como si se vieran impelidos a ello por una especie de inercia. Precisamente, aquel ágil zumbido gratuito era lo que le había conseguido el respeto de sus colegas.
No cabe duda de que las tijeras y las navajas son armas y había algo en su zumbido metálico que gratificaba el alma guerrera de Ivanov. Era un hombre rencoroso y de agudo ingenio. Un bufón había arruinado su patria, noble, espléndida, grandiosa, por mor de una inteligente frase escarlata, y aquello era algo que no podía olvidar. La venganza, como un muelle apretado y contenido al máximo en su alma, acechaba expectante, esperando que llegara su hora.
Una azulada y cálida mañana de verano, aprovechando que apenas había clientes por el horario de las oficinas, los dos colegas de Ivanov se tomaron una hora de descanso. Su jefe, muerto de calor y de deseo insatisfecho, había escoltado en silencio a la pálida y complaciente manicura hasta el cuarto trastero. Solo en la peluquería, agobiado de calor, Ivanov empezó a hojear un periódico y luego encendió un pitillo, salió a la puerta y se dispuso a observar a los transeúntes.
La gente cruzaba deprisa, perseguida por las sombras azulencas de sus cuerpos, que se rompían en el filo de la acera para deslizarse intrépidas bajo las relucientes ruedas de los coches cuyas huellas dejaban sobre el asfalto recalentado unas cintas de seda que se asemejaban al florido encaje de la piel de las serpientes. De repente, un caballero de baja estatura, fornido, vestido con un terno negro y un sombrero hongo, dejó la acera y se dirigió derecho hacia donde estaba Ivanov. Cegado por el sol, Ivanov parpadeó un instante, luego se hizo a un lado para permitirle entrar en la peluquería.
El rostro del recién llegado se reflejó a un tiempo en todos los espejos: se veían tres cuartos de su rostro, de perfil, y también la calva cerúlea de la coronilla donde había reposado hasta ese momento el sombrero negro que ahora colgaba de una percha. Y cuando aquel hombre se volvió para enfrentar su cara a los espejos, que se reflejaban en superficies de mármol, brillantes todas ellas con el fulgor verde y dorado de los frascos de colonia, Ivanov reconoció al punto aquel rostro móvil y carnoso, con sus ojos penetrantes y el lunar junto al lóbulo derecho de la nariz.
El caballero tomó asiento delante del espejo en silencio. Luego, murmurando entre dientes, se palpó la mejilla sucia con un dedo rechoncho. Su gesto indicaba una orden: Aféiteme, por favor. Atónito, como en una nube, Ivanov desplegó una sábana sobre su regazo, batió un poco de espuma en un bol de porcelana, la extendió por las mejillas de aquel hombre, por su barbilla y labio superior, circunnavegó cautelosamente el lunar, y empezó a aplicar la espuma con el dedo índice. Pero todos sus movimientos eran mecánicos, tan conmocionado estaba de haber visto de nuevo a aquella persona.
Una ligera máscara de jabón blanca le cubría ya el rostro hasta los ojos, ojos minúsculos que relucían como las ruedecillas de la máquina de un reloj. Ivanov había abierto la navaja y cuando se disponía a afilarla en la correa, se recobró de su estupor y se dio cuenta de que aquel hombre estaba en su poder.
Entonces, inclinándose sobre la calva cerúlea, acercó la cuchilla azul junto a la máscara jabonosa y dijo con toda suavidad: Mis respetos, camarada. ¿Cuánto tiempo hace que abandonó nuestra querida patria? No, no se mueva por favor, no sea que le dé un corte antes de tiempo.
Las ruedecillas resplandecientes del reloj de sus ojos empezaron a moverse cada vez más deprisa, hasta quedarse fijas, detenidas, contemplando el perfil aquilino de Ivanov. Ivanov limpió la espuma que sobraba con el perfil romo de la navaja y siguió hablando: Lo recuerdo muy bien, camarada. Lo siento, pero me resulta desagradable pronunciar su nombre. Me acuerdo de que usted me interrogó hace seis años, en Kharkov, recuerdo su firma, querido amigo... Pero como ve, sigo vivo.
Y entonces ocurrió lo que sigue. Los ojillos empezaron a moverse de un lado al otro, luego se cerraron con fuerza, los párpados apretados como los de un salvaje que pensara que al cerrarlos se convertiría de inmediato en un ser invisible.
Ivanov movía con parsimonia la navaja a lo largo de la fría mejilla que parecía crujir con un susurro a su contacto.
-Estamos completamente solos, camarada. ¿Me entiende? Un mínimo desliz de la navaja y correrá la sangre -aquí, en este punto, noto el latir de la carótida-. Así que habrá mucha, muchísima sangre. Pero primero quiero que su cara esté decentemente afeitada; además, hay algo que tengo que contarle.
Cautelosamente, con dos dedos, Ivanov levantó la punta carnosa de su nariz y, con la misma ternura, empezó a afeitarle el labio superior.
-Sucede, camarada, que me acuerdo de todo. Me acuerdo perfectamente, y quiero que usted también recuerde... -y con un tono muy dulce de voz, Ivanov empezó su relato, mientras afeitaba sin apresurarse aquel rostro recostado, inmóvil. El relato que hizo debió de ser en verdad aterrador porque, de cuando en cuando, su mano se detenía y entonces se inclinaba hasta casi rozar al caballero que seguía sentado con los párpados cerrados, como un cadáver cubierto por el sudario de la sábana.
-Eso es todo -dijo Ivanov, con un suspiro-, ésa es la historia. Dígame: ¿qué reparación le parecería justa para todo esto? ¿Con qué puedo sustituir aquella espada afilada? Y, una vez más, recuerde que estamos completamente, absolutamente solos.
-Los cadáveres siempre están afeitados -siguió Ivanov deslizando la hoja de la navaja a lo largo de la piel estirada del cuello de aquel hombre-. También afeitan a los condenados a muerte. Y ahora soy yo el que le está afeitando. ¿Es consciente de lo que está a punto de suceder?
El hombre seguía sentado sin mover un músculo y sin abrir los ojos. La máscara enjabonada ya había desaparecido de su cara. Sólo quedaban unos restos de espuma en las mejillas y junto a las orejas. Aquel rostro grueso, tenso, sin ojos, estaba tan pálido que Ivanov se preguntó si no habría sufrido un ataque de parálisis. Pero cuando apretó la plana superficie de la navaja contra el cuello de aquel hombre, tembló con todo su cuerpo. Sin embargo, no abrió los ojos.
Ivanov secó con un gesto la cara de aquel hombre y le dispensó un poco de talco.
-Ya está listo -dijo-. Ya tengo bastante. Puede irse -con escrupulosa rapidez le quitó de un tirón la sábana de sus hombros. El otro se quedó sentado.
-Levántate, mentecato -gritó Ivanov, tirándole de la manga hasta ponerlo en pie. El hombre se quedó helado, con los ojos bien cerrados, en medio de la peluquería. Ivanov le encajó el hongo en la cabeza, le metió la cartera bajo el hombro e hizo girar su silla hasta la puerta. Sólo entonces el hombre recobró el movimiento, como en un espasmo. Su rostro, todavía con los ojos cerrados, resplandeció en todos los espejos. Atravesó como un autómata la puerta que Ivanov tenía abierta, y, con los mismos andares mecánicos, agarrando la cartera con mano petrificada, mirando la neblina soleada de la calle con los ojos vidriados de una estatua griega, desapareció.
Hoy la prensa se ve obligada a hablar de Cuba. Hay elecciones sin noticias, así que en las redacciones buscan algo a lo que amarrarse.
Buena parte de lo que leo son piezas emblemáticas de lo que puede hacer un redactor sin noticias. Un redactor que se ayuda apenas de sus prejuicios y lecturas. No de una realidad que no existe. Así el San Francisco Chronicle, por ejemplo.
The Guardian, en cambio, trae párrafos recomendables.
Lo mejor que leo, sin embargo, lo trae este domingo The Miami Herald, por mucho que fuera revelación hecha hace días: la de Hugo Chávez acerca de la «pasta de coca» que le envía Evo Morales y sus consumiciones matutinas de hoja de coca.
El tubo sirve las imágenes de la confesión.
UPDATE:
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 20/01/2008 18:56
Terroristas, voto único, Bobby Fischer
Jorge Ferrer | 19/01/2008 14:00
Es sábado. El cielo sobre Barcelona es de un azul sucio.
La prensa castrista prepara a los electores para el voto único y el The New York Times publica un obituario de Bobby Fischer que más parece un ejercicio de ardua materia de la ingeniería: «Resistencia de los materiales».
Leo en el Ahora, periódico de Holguín:
«El delirante cambio que espera la gusanera será convertido en el voto por Cuba. La “transición” proclamada por los mercenarios, asiduos visitantes de la Oficina de Intereses, se estrellará en los comicios del domingo. Seguirán añorando el regreso a la burlesca democracia de los Estrada Palma, Menocal, Prío o Batista, los tiempos de la Chambelona.»
Y leo en el NYT:
«Mr. Fischer was the most powerful American player in history, and the most enigmatic. After scaling the heights of fame, he all but dropped out of chess, losing money and friends and living under self-imposed exile in Budapest, Japan, possibly in the Philippines and Switzerland, and finally in Iceland, moving there in 2005 and becoming a citizen.»
Entretanto, bajo el cielo sucio detienen a comando islamista que se aprestaba a atentar, mientras un editor bielorruso es condenado a tres años de cárcel por reproducir aquellas caricaturas de Mahoma.
Los integrantes del comando de marras, paquistaníes en su mayoría, siguen la doctrina Tabligh, de la que decía hace unos días Mohammed Chaib, diputado del Partido Socialista de Cataluña al Parlamento, que se trata de un movimiento «pacífico y tranquilo». A Mohammed se le preguntó porque había alarma en torno a la fuerza que ha ido cobrando en Cataluña esa rama del Islam. Pero él disipó rápidamente todas las dudas.
Y ahora, leo en El País, «Rubalcaba ha confirmado que el grupo estaba en disposición de acumular "material suceptible de ser usado en la fabricación de explosivos". También ha confirmado que en los registros practicados la Guardia Civil en cinco domicilios se ha incautado de cuatro detonadores. "Estaban en la fase de actividad", ha concluido el ministro.»
Falto de otros dioses, y de las nuevas tranquilizadoras puntualizaciones del bueno de Chaib, me voy de inmediato, y teresiano, a buscar alguno entre pucheros. A adorar un fricasé.
Antes, reviso el correo y el azar de Google Ads me pone delante a un Fidel Castro viajero. Ay, me digo, ¡qué señal!
De contra:
Ayer murió Bobby Fischer.
Víctima de la Guerra fría, su genio y sus demonios, Fischer y la revolución cubana se cruzaron unas cuantas veces. En 1965, cuando jugó en el Cuarto Torneo Capablanca In Memoriam por telégrafo. Antes, él y Fidel Castro se cruzaron un par de telegramas nada amistosos.
Un año más tarde, en 1966, Fischer viaja a La Habana en ocasión de la 17 Olimpiada Mundial de Ajedrez. De esa visita y el testimonio fotográfico que generó surge el equívoco de que jugó una partida con Castro. En realidad, se trató de un curioso dos contra dos, del que da cuenta Filiberto Terrazas y que recogió la revista Jaque Mate.
Testimonio del Licenciado Filiberto Terrazas, de México, publicado en la revista "Jaque Mate", La Habana, Noviembre de 1966.
Para los participantes a la Olimpiada Mundial de Ajedrez de La Habana, el evento ha sido de inolvidables gratas sorpresas, sin embargo la ocurrida después del acto inaugural, el 25 de octubre de 1966, en el Salón de Embajadores donde se celebra el torneo, resulta un suceso imperecedero.
Hallábanse allí los participantes de cincuenta y dos países, de las más diversas razas, credos, lenguas y costumbres, unidos por un espíritu de fraternal solidaridad. Inopinadamente, precedido por un fuerte murmullo, hace su aparición Fidel. Y digo Fidel porque así lo llama el pueblo.
Lo observo de lejos, derrocha buen humor, conversa animadamente con italianos, franceses, yugoslavos, chilenos; repentinamente se encuentra junto a mí. Soy presentado por el Director de la Olimpiada, José Luís Barreras; observa mi distintivo de México.
Hablamos del desarrollo del ajedrez mexicano y sorpresivamente me invita a jugar una partida con él. Todo ha sucedido rápidamente; nos sentamos frente a frente en un tablero dispuesto para la Olimpiada cuya ronda inicial se celebraría al otro día, 26 de octubre.
Fidel con blancas, inicia una apertura Peón Rey. Al desconocer su calidad ajedrecística le planteo la Defensa Francesa, para sumergirnos en una línea de Nimzowitch... Luego observo que a su lado se encuentra Tigran Petrosian, campeón del mundo, y que este interviene en defensa de las piezas blancas contra mi ataque; y adquiere rápida ventaja.
A mi vez también busco ayuda y llamo a Bobby Fischer que se encuentra junto a mi compatriota Alfredo Iglesias, a mi lado. De esa fortuita manera nuestra partida se transforma en una partida de consulta: FIDEL CASTRO - TIGRAM PETROSIAN, conducen las piezas blancas y FILIBERTO TERRAZAS - ROBERT FISCHER, las piezas negras.
Nuestros contrincantes adquieren un Peón pasado en el flanco Rey, lo conducen hasta que decidimos rendirnos Fischer y yo.
No bien nos habíamos estrechado las manos, cuando Fidel rápidamente coloca de nuevo las piezas y me dice:
"Ahora vamos a jugar tú y yo solos"
Esta partida, si bien contiene indudables errores técnicos de apertura (como el desarrollo del alfil a 3D) refleja indudablemente el temperamento de su autor y tiene un genuino valor histórico que ser recogido por la posteridad, de la misma manera que se conservan partidas de Su Santidad León XIII, Martí o Napoleón Bonaparte, toda vez que fue una concepción ajedrecística realizada por Fidel Castro sin interferencias ajenas.
Al concluir su victoria, comentamos y charlamos de ajedrez. Interviene Fischer y le obsequia un ejemplar de su obra ajedrecística, que allí mismo le dedica...
Finalmente se despide afectuosamente de Petrosian, de Iglesias, de Fischer y de mí.
La prensa me pregunta si recuerdo la partida, y de memoria dictó al delegado norteamericano Robert Byrne, para el diario New York Times. Byrne y yo comentamos la maravillosa oportunidad de haber presenciado aquella escena en que la intelectualidad del orbe se reúne en alegre, fraternal Camaradería: "Gens una Sumus", es decir: Somos una familia".
PARTIDA JUGADA POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ EL DIA INAUGURAL Y DE CLAUSURA DE LA OLIMPIADA MUNDIAL DE AJEDREZ, EN OCTUBRE - NOVIEMBRE DE 1966.
Filiberto Terrazas (MEX) - Fidel Castro Ruz Partida 97
Salón de Embajadores, 25 /Oct/1966
1.e4 e5 2.f4 exf4 3.Cf3 Ad6 4.d4 h6 5.e5 Ab4+ 6.c3 Aa5 7.Axf4 g5 8.Ag3 De7 9.Ae2 d6 10.exd6 cxd6 11.Da4+ Cc6 12.d5 Ad8 13.dxc6 b5 14.Dxb5 a6 15.Da4 g4 16.c7+ Ad7 17.cxd8D+ Txd8 18.Dd4 gxf3 19.Dxh8 Dxe2# Mate !! 0-1
De recontra:
La célebre partida Robert Fischer - Jacek Bednarski jugada en La Habana en 1966.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 19/01/2008 14:26
Elecciones
Jorge Ferrer | 18/01/2008 15:23
Según los datos censales disponibles desde ayer en la página web del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de España, el número de personas nacidas en Cuba residentes en España aumentó en 2007 hasta las 83.121.
De ellas, 35.786 habían adoptado la nacionalidad española. El resto, 47.335, no lo ha hecho aún. O no lo hará.
De manera que cerca de 30.000 cubanos acudirán a las urnas el próximo 9 de marzo, en el entendido de que la cifra total recoge también a los nacidos en Cuba que no alcanzan la edad necesaria para ejercer el voto.
Se trata de suma despreciable en un censo electoral con 35.067.281 de votantes –algo menos del 0,1 por ciento-, especialmente si se piensa que el sistema D’Hondt privilegia el voto rural, siendo los cubanos reacios a convertirnos en guajiros en ejercicio, una vez exiliados. O emigrados.
En alguna otra ocasión, creo recordar que cuando las últimas elecciones catalanas, se me reprochó llamara a los cubanos a votar en tanto españoles, pero también en tanto cubanos. Fue reproche atendible y que más de uno me argumentó con apasionamiento.
Pero no voy a abstenerme de volver a incurrir en ese «error», en ocasión de las elecciones españolas que vienen. Continúo creyendo que la política exterior de un gobierno es asunto principalísimo para decidir el voto. Muy especialmente, cuando dicha política revela taras morales.
No veo por qué un español no nacido en Cuba puede tener en cuenta la ineficacia de la política exterior de Zapatero & Moratinos y su compadreo, o genuflexión, ante tiranías diversas, mientras que un cubano-español deba abstenerse de tales consideraciones por un equívoco prurito de asimilado, cosmopolita o descubanizado.
Y tengo para mí que muchos de esos 30.000 votantes pensarán, de camino al colegio electoral, en su bolsillo y en tantas otras cosas, pero también en Cuba.
La Finca de Sosa, blog de Manuel Sosa, cumplió ayer un año. El de Sosa es uno de los escasos blogs que reviso con frecuencia. Y no hay en ello más razón que la seducción de su estilo y el riesgo que corre escribiendo sin más bridas que las de su intuición y su conciencia, ajeno a intereses de partido.
Salvo que se cuente a la literatura como un partido. En La Finca…, un buen partido.
De contra:
La Associated Press entrevista a Jorge Alberto Bolaños Suárez, Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington.
La oferta de diálogo que hizo Raúl Castro, dice, no es para esta Administración. Por el contrario, Cuba está pendiente del resultado de las elecciones de noviembre para decidir entonces si quiere hablar con Washington o no, afirma.
Tratándose del máximo representante de Cuba ante el gobierno norteamericano, se trata de declaración claramente injerencista, de manera que a ese funcionario se lo puede devolver a su país de origen sin más trámite que una carta con membrete y cuño.
UPDATE:
Danielle Mitterrand pone a la venta una serie de objetos suyos y de François Mitterrand para sufragar los gastos de acciones en favor de los derechos humanos. Eso dice, al menos. Y que espera recaudar unos 100.000 euros.
Entre los objetos que se rematarán para fin tan noble hay regalos que hizo Castro I a F. Mitterrand.
Curioso el destino de tales regalos. ¿Qué tal si Danielle le envía a Antúnez, por ejemplo, los 500 euros que sacará por esa cartera tan picúa?
El catálogo completo, para quienes deseen participar de la puja, aquí.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 18/01/2008 19:42
Para Mazorra, dos
Jorge Ferrer | 17/01/2008 16:44
La idea del Castro I ayer con Lula me trajo a la memoria este diálogo entre castro I y un guajiro que aparece en el célebre libro de Lee Lockwood Castro’s Cuba, Cuba’s Fidel (New York: The Macmillan Company, 1967, pp. 24-25).
La conversación se produjo cerca de El Uvero en 1965.
–Fidel, tú no te acuerdas de mí porque soy un viejo. ¡Pero yo sí me acuerdo de ti!
–Espera un momento… Yo me acuerdo de un viejo que vivía en un bohío al lado del río. Pero tú no puedes ser ése, porque ya debe de estar muerto.
–¡No, Fidel! ¡Soy yo! ¡Soy yo! Te acuerdas de todo. ¡Hasta de mi casa!
–¿De verdad que eres el mismo? Me alegro de verte vivo y lleno de energía, viejo. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
–Fidel, quiero cobrar una pensión.
–¿Cómo? A tu edad, ¿no tienes una pensión?
–No, Fidel. No me la dan.
–¡No me digas! Bueno –dijo Castro, sacando un cuaderno de notas y un lápiz–: Voy a ocuparme de esto personalmente. Dame tu nombre y todos los datos. (El hombre le dio la información. No sabe cómo deletrear su apellido.)
–Está bien, viejo. Pero, dime, veo que estás bien de salud y vives bastante bien, ¿para qué necesitas una pensión?
–Ay, Fidel. La quiero para montar un negocio de cacao. Crece muy bien en estas tierras.
–¡Qué? ¿A tu edad quieres montar un negocio de cacao? ¡Tú estás loco! ¿Cuántos años tu tienes, viejo?
–Ochenta y siete, nada más, Comandante.
–¡Ochenta y siete! ¡Pero esto es lo último! Viejo, ¿no sabes que a los ochenta y siete tendrías que estar pasando tranquilamente los años que te quedan, en vez de ponerte a abrir un negocio? Para eso es para lo que se te va a dar una pensión.
–Pero me quedan muchos años de vida, Fidel. Pero me siento muy fuerte y no tengo a nadie. Quiero tener algo que hacer, porque no creo que me vaya a buscar otara mujer.
–¡Esto ya es demasiado! ¡Para! ¡Para! Vas a cobrar tu pensión, viejo. Ay, estos campesinos que se ponen a hacer negocios casi con noventa años. ¡Nunca entenderán lo que es el socialismo! ¡Eso, seguro! (Risas)
(Más tarde subiré unas fotos de la charla.)
Trad. de Seaweed W.
Cortesía de Telebemba, canal online impulsado por Ricardo Vega y Zoé Valdés, el documental Vamos a Mazorra… ¡a jugar a la pelota!, un film de Ricardo Vega.
¿Que no habían visto un Road movie a pie? Pasen y vean.
Human Rights First lanza campaña a favor de José Luis García Paneque y Tony Díaz. Para adherirse, sígase este enlace.
De contra:
Dos blogs que anuncia Palabra cubana.
Los monjes de clausura «hablan» en la Internet: Amigos de Thomas Merton y Una mirada desde el Carmelo de Teresa.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 17/01/2008 16:50
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