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Guantánamo forever

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Leo que una saudí pide el divorcio a su marido al descubrir que la llamaba en secreto «Guantanamo». Lo supo cuando telefoneó al móvil que este se había dejado en casa. Y sí, la señora aparecía registrada allí no por su nombre, que desconozco, sino por el topónimo Guantánamo. Ella supone que con ello su marido la tildaba de tiránica, despótica y cruel. De pronto, como si de círculo que se cierra se tratara, la guantanamera que respondió con un desplante al músico que la piropeaba y que está en el origen de la canción más universalmente célebre salida de Cuba se da la mano, siglo más tarde, con la acomplejada musulmana de Jedah. Antes el piropo fue acompañado por un tres; ahora, la «guantanamera» remisa se rebota por culpa de tonadilla digital salida de un Blackberry. La «rumba musulmana» que cantaba Rita Montaner, se me ocurre, habría sido apropiado tono.

Extraordinaria la suerte que ha corrido la voz Guantánamo. Iván de la Nuez rastreaba en artículo del pasado enero sus múltiples avatares, que encontraron apoteosis a partir de la retención en la Base Naval de los «combatientes» traídos desde los multiplicados reinos del –tán.

La permanencia de la Base cobrará aún mayor resonancia ante un eventual levantamiento del embargo. Entonces, ya lo anuncian los discursos de la isla, se convertirá en el nuevo pero.

Decaída La Habana, devaluada la palabra «Cuba», Guantánamo podría ser nuestro nombre definitivo, nuestro destino, a medias entre la guitarrita folclórica, el encierro perpetuo y la bulla de los celulares.



Juventud Rebelde y la información secuestrada

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Juventud Rebelde subió ayer a su edición digital el artículo "Contra los demonios de la información secuestrada" firmado por José Alejandro Rodríguez. Apenas unas horas más tarde el artículo fue retirado del site del "Diario de la juventud cubana". Tampoco aparece en la edición impresa de hoy.

Lo reproduzco aquí por su extraordinario interés. Por el modus ponens y por la censura a que fue obligada la redacción de ese diario.

Contra los demonios de la información secuestrada

José Alejandro Rodríguez
pepe@juventudrebelde.cu
16 de Octubre del 2009 20:19:38 CDT

Voy a soñar, una vez más. Voy a imaginarme que nunca lo he meditado hasta el cansancio. Voy a creerme que vengo a estrenar un enfoque inusitado. Voy a convencerme de que vale la pena seguir bregando por esa preterida criatura llamada información, cautiva entre silencios y controles desmedidos.

La misión del periodista es informar; claro que también opinar, recrear la realidad, describir, narrar… pero antes que todo informar. Porque para desplegar todos los géneros, formas y discursos del periodismo, primero hay que estar informado… e informar.

La información es un deber del periodista y es un derecho del ciudadano, de ese sujeto histórico que ha sostenido esta Revolución, y que nunca como hoy necesita conocer el terreno que pisa y abona, en medio de múltiples complejidades. Nunca como hoy ese Liborio requiere definir y redefinir las coordenadas en que transita su vida. Nunca como hoy urge de la información para poder interactuar con la sociedad y participar en ella, como un sujeto activo, y no como un “pichón” –frase muy en boga por estos días- que espera le suministren su dosis exacta de la información desde arriba.

El problema, -y lo estamos viviendo en Juventud Rebelde- es que la información no escapa a la excesiva centralización de nuestra economía y de la sociedad en general, algo que para nada tiene que ser un fatídico componente genético del socialismo, como algunos creen; más bien lo entorpece en sus potencialidades democráticas. Bien arriba se decide muchas veces qué decir e informar, qué no decir de los grandes temas de la sociedad, aún cuando la terca vida transcurra allá abajo, con sus complejidades.

A estas alturas, da tristeza constatarlo, una ministra puede permitirse rechazar una solicitud de una periodista y cercenar el derecho a más información, asumiendo que ya fue a la Mesa Redonda a desempacarlo todo. O más bien todo lo que se quiere decir. La hiperbolización de la Mesa Redonda como el escenario de la información suprema, es un atentado a la necesaria versatilidad y variedad que distingue al buen periodismo. Esa «mesaredondización» es un aporte redondo a la burocratización del periodismo, con el debido respeto para los colegas de ese espacio, que no son los responsables del fenómeno.

Alguien –juro que no imagino quién es ese alguien- puede decidir que determinadas medidas en el escenario socioeconómico se pongan en práctica, sin una estrategia informacional dirigida hacia el sujeto histórico que las asumirá. Ejemplos sobran de cambios que se han registrado sin la necesaria información en nuestros medios: del proceso de solicitud y entrega de tierras en usufructo, algo que supuestamente dinamizará nuestra agricultura, hubo un instante, dos, tres… ha habido ¿o habrá todavía?, en que no se podía hablar ni apenas mencionar. Se me dijo en esta redacción que venía de arriba.

No se reflejó en los medios el rico proceso de debate promovido por Raúl hace dos años, expresión cimera de nuestra democracia socialista. Tampoco se puede hoy mencionar este último, en el cual militantes del Partido y revolucionarios más allá del carnet, debaten los problemas que aquejan a sus colectivos.

Se convoca a la prensa para que acompañe gregariamente la promoción de la Resolución sobre el pago por resultados del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. Este redactor se emociona con acariciar un rescate de la Ley de Distribución Socialista, que tanto se nos ha alejado: Entrevista al viceministro del MTSS, crea expectativas con aquello de que los que trabajen más y mejor podrán ganar y vivir mejor.

Al final, la aplicación de la Resolución aborta, los burócratas se resisten a complicarse en las normas y las formas de pago móviles. Es más fácil el igualitarismo, lo que te toca. Y nadie explica por qué el pago por rendimiento está obstaculizado en Cuba.

Un reportero, por indicación de sus directivos, acude al Ministerio de Economía y Planificación para que, ante la avalancha de rumores sobre la desaparición de los comedores obreros en la prensa extranjera, con sus enfoques cismáticos y tendenciosos en ciertos casos, ese ministerio confirme si es verdad, y lo fundamente, y si no es verdad lo rebata. El ministro delega en la viceministra, la viceministra le dice al reportero que debe consultarlo con el ministro...Ahí empieza el peloteo, hasta que la viceministra le confiesa al periodista que hay una experiencia en estudio, pero no se desea informar de eso «por ahora». A la semana, aparece en Granma un trabajo al respecto, y el reportero se siente engañado. ¿Será el concepto de la «mesaredondización» o la «granmatitis»? ¿Será que en Granma adquiere majestad suprema la información?

Ejemplos sobrarían, de cuántos funcionarios se abrogan el derecho a decidir qué se puede informar, después de mirar hacia arriba para recibir la extremaunción de la noticia ya muerta. Casi nadie se atreve a informar a la prensa y desplegar relaciones horizontales sin la venia de sus superiores. Y muchas veces la genuflexa cadena transita por varios niveles e instancias…hasta que la noticia ya está sepultada por la propia vida.

Es cierto que la información es un arma de doble filo, porque revela las luces, pero también los hoyos oscuros de la realidad. Pero la información es un bien público, y no podemos sustituirla por la oportuna información permitida, por la información virtual, por la información-propaganda o la información conveniente, la información con pinzas, o como quiera llamársele. La información es información.

En todo caso la información, con todos sus matices, con sus claroscuros, siempre nos hará más eficaces y revolucionarios, más concientes del momento histórico; más preclaros para discernir lo posible de lo imposible, y más participativos; porque todo –incluida la información- no se puede cocinar desde cenáculos. El cubano necesita mirar hacia el futuro, saber qué sucede, y no andar a tientas y a ciegas, a merced del mendrugo de información. El cubano necesita participar activamente, proponer y ser tenido en cuenta, sopesar entre el bien y el mal, para fortalecer su Revolución.

Claro que no hablaré de las culpas de los periodistas, unos más osados, otros más cansados y conformistas. En la medida en que persista este modelo de política informativa restrictivo y controlador, se fomentarán más los desencantos e hibernaciones entre nuestros profesionales.

Y sin información, sin participación del sujeto histórico, es imposible cimentar concientemente un socialismo más pleno y democrático.

Después de todo esto, no vamos a cortarnos las venas de la profesión. El periodista revolucionario tiene que seguir batallando aquí y allá. Si se te cierran las puertas, esa puede ser la noticia. Una alternativa ante la cerrazón es enfocar los fenómenos desde otras fuentes no tan institucionales y tan arriba, desde el pueblo que es el principal sostén de esta Revolución. Y hacerlo con compromiso y seriedad.

Juventud Rebelde ha ganado buen trecho y prestigio en esta pelea cubana contra los demonios de la información secuestrada. ¿Vamos a retroceder? Ese es el desafío mayor para la nueva dirección de este periódico que aún no se sabe, pero que, en definitiva somos todos.



Espera, vestigio y ausencia; updated

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A partir de la exposición que hace Hesíodo del mito de Pandora en Trabajos y días, se ha discutido sobre la naturaleza de la Espera, si es mal o es bien, don. La Espera, recuérdese, quedó atrapada en la «caja» que abrió Pandora: «Sólo permaneció allí dentro la Espera, aprisionada entre infrangibles muros bajo los bordes de la jarra y no pudo volar hacia la puerta; pues antes cayó la tapa de la jarra» (Trabajos y días, Gredos, 1982, tr. de A. Pérez Jiménez y A. Martínez Díaz, pp. 67-68).

Recordaba vagamente el pasaje y lo evocamos ayer almorzando con M. en el restaurante Versailles, despidiéndonos de unos días en el Sur de la Florida. Desfilaban entre las mesas los «viejitos cubanos» que acudían al restaurante en busca de su sopita de pollo, sus croqueticas, sus medialunas… Elegantes ellos, empolvadas ellas, renqueantes todos, son la imagen misma de una espera que ha sido su maldición desde que dejó hace tanto de ser aliento.

Un deambular el de todos esos cubanos que responde unívocamente a la pregunta por la naturaleza de la espera. Al menos, la suya. Que es también la nuestra.

 

No fue esa, por cierto, la única referencia que me trajo a la mente el Versailles, cuyos manteles frecuento cada vez que visito Miami. Por la «jama», sí, pero sobre todo por el paisa(na)je.

En sus Estampas de San Cristóbal, Jorge Mañach inserta una viñeta con el título «El parque nostálgico». Un parque que conoció el esplendor y la espontánea vivacidad de otros tiempos mientras se hunde, escribe, en una «tristeza de vestigio y de ausencia».

Vestigio y ausencia: las dos cifras del tiempo secuestrado que transcurre en torno a esos fogones. Asoma allí el pasado mientras se asiste, bocado a bocado, a la (difícil) digestión de un presente con jeta de futuro.

UPDATE:

Yoani Sánchez "cantando las cuarenta"...



Back to Cuba…

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Anoche nos divirtió mucho una idea que animó la sobremesa en una latitud que nos tenía casi tan cerca de Cuba como de Miami. La de que Barack Obama arreglara con Castro II la devolución a Cuba de todos los cubanoamericanos. Materia jocosa e impensable, evidentemente, pero que reedita la pesadilla que han tenido muchos exiliados cubanos: verse de pronto retornados a un país en el que no saben qué hacer, porque ya ni lo conocen.

Lo más divertido es la cuestión de por quiénes comenzar ese tráfico de vuelta. Si seguir escrupulosamente el orden de llegada y subir al ferry los primeros a los pioneros del llamado «exilio histórico» o si, por el contrario, bíblicamente, hacer que los últimos sean los primeros, los que todavía hace nada eran pioneros, pero de la UPC.

Argumento y dilema –«el exilio traicionado por un presidente norteamericano», demócrata de preferencia, y la cuestión del merecimiento del exilio según el cronograma del arribo a la libertad– parecen tópicos que nos perseguirán siempre.

Y ambos son cosa de risa. La risa torcida de quienes saben, sabemos, que entre nosotros todo engolamiento merece trompetilla y todo augurio una carcajada.



Conversando y grabando en Miami (fragmentos)

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Yo me acuerdo del 31 de diciembre de 1958… Estábamos en Güira, la familia completa en un restaurante. Cuando dieron las doce un casquito sacó la pistola y se puso a tirar tiros… Era un pendejo, lo peor del pueblo, con su pistolita el cabrón. Yo dije: «¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar a esta gentuza de mierda?» Y mi padre, que era un militar retirado, bajó la cabeza. A la mañana siguiente mi abuela me dijo que Batista se había ido. ¡Qué alegría, chico!

…Oye, Jorge, esa gente era lo peor, aquellos asesinos… Le tenía un odio a Batista y sus secuaces que tú no vas a sentir nunca por nadie… Yo trabajaba en la calle Muralla y nunca me metí en política, pero no soportaba la impunidad de aquellos tipos, el descaro de aquellos tipos… Y claro que me acuerdo de lo de Humboldt 7… ¡Estuve allí una semana antes de que asesinaran a aquellos muchachos, porque tenía una tía que vivía en ese edificio…! ¡Fue horrible!

…Yo fui a la manifestación que tú me dices. A todos aquellos esbirros los fusilaron bien fusilados… Lo peor de Cuba entonces eran aquellos gángsteres, Batista incluido… Después me di cuenta de lo que venía. Fue en junio de 1959… Bastante pronto, sí… Pero eso no tiene nada que ver con los fusilados, que bien fusilados estaban los esbirros, como bien fusilados estarán los que vayan al paredón mañana… Todos los asesinos son iguales, ¿o no? ¿O es que vamos a olvidar a los hijeputas batistianos de ayer porque tengamos a los hijeputas castristas de hoy?

Pedí la salida… Empecé por la Embajada de Jamaica… Salí en mayo del ’62 y no he vuelto nunca a ese pobre país.

...Bueno, te cuento esto porque me han dicho que hay gente ahora glorificando a Batista… ¿Tú sabes algo de eso?... Y gente hablando mierda todavía en nombre del exilio histórico. ¡Yo soy de ese exilio histórico, coño! Y, te digo, Ventura se paseaba aquí por Miami y nunca le dieron un tiro. Hemos acumulado tanta mierda y tanta vergüenza…

Yo no leo lo que tú escribes en el blog ni en el herald… Tú sabes que lo mío no es leer cosas de Cuba… Llevo muchos años aquí y no leo nada en español… Pero me han dicho… Jorge, ¿de verdad hay gente hablando bien de Batista? ¡Hay que tener el culo en el medio de la espalda para ser tan comemierda! Hay que ser más imbécil que Obama, y fíjate que ahí el listón está bien alto…

Yo creo que lo peor de todo esto es que nadie ha sabido comprender nada, ni de aprender nada…

Oye, pero dejarme ponerte un disquito de Thelonious que tú no debes conocer muy bien... ¡Mira que ponernos a hablar de batistianos a esta hora! ¡Estamos del carajo tú y yo!... ¡Estamos algo jodidos, chico, pero lo arreglamos enseguida!

 

De contra:

Como cada año desde hace unos cuantos y después de fugaz y delicioso paso por Miami, ando por mis predilectos Cayos de la Florida.

No tengo conexión a internet en la casa que hemos alquilado M. y yo, pero andaré revisando y actualizando esta página gracias a generosos amigos en la zona, más algún que otro "truco". De haber silencios más largos de lo habitual, discúlpenlos. En cualquier caso, se avecinan cambios aquí... Pero eso queda para otro día...



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Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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