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Aleida Guevara y la blogosfera roja

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Toni Salado, buen blogger comunista, notable animador de la llamada rojosfera –la roig-esfera o blogosfera comunista, como la bautizó Sandro Maccarrone- alzó la voz hace unos días para denunciar la mendacidad de las afirmaciones de Aleida Guevara. Salado salía a reivindicar la memoria de la oposición comunista al franquismo y protestaba por que se diera por inexistente la democracia que tantos militantes comunistas ayudaron a fraguar. Una democracia, sostiene, que, aun cuando imperfecta, limitada y desigual –son sus palabras-, constituye una vía para conseguir los objetivos del partido en el que milita, a saber, la construcción del socialismo.

A mí que Toni Salado, o cualquier otro, imagine sociedad inspirada en Marx & Engels me da igual. Que persiga la tal por medio de las urnas me parece magnífico. Que se encuentre una y otra vez con el desdén de los votantes me sirve de testimonio de que la banalización reinante no ha conseguido eliminar por completo el sentido común y la memoria histórica. (No obstante, a diferencia de Salado, cuando vi en la tarde de ayer el clip que Televisión Española regaló a las Cortes con motivo del 30 Aniversario de la instauración de la democracia en España, y allí, cómo no, aparecía imagen de Dolores Ibarruri, no sentí enardecimiento alguno, sino más bien repugnancia ante la siniestra figura de esa consumada estalinista. Emocionarme, en esos menesteres, me emocionan las imágenes de María Zambrano regresando a Barajas.)

Pero Salado ha hecho algo más: abrió un debate en torno a la idealización del régimen de La Habana entre los camaradas catalanes. Y pronunció un contundente: “Castrismo: En mi nombre, no”.

Leo con interés el desarrollo de ese debate y sigo la aparición de la palabra “cuba” en los posts y comentarios que genera. Castro, Guevara, Cuba y las “conquistas sociales” irán desapareciendo poco a poco de esos discursos comunistas, como desaparecieron antes las palabras Kremlin, Moscú, Stalin o RDA. Su aparición estos días me recuerda a la de una vieja vedette a un paso del retiro.

Naturalmente, se trata de un debate entre camaradas en el que me abstengo de intervenir. Soy algunas cosas, pero ninguna de ellas responde al apelativo de “camarada”. De hecho, sólo una vez, y por fuerza mayor, me he avenido a discutir con comunistas catalanes. Fue en ocasión de un programa sobre Cuba en TV3, unas semanas después de los juicios a los 75, al que acudimos Juan Abreu, Ramón Fernández Larrea y yo mismo para debatir con Antoni Barberà, una muchachita enviada por el Consulado de Cuba y dos camaradas catalanas más. Es probable que Salado recuerde aquella emisión conducida por Josep Cuní, como sabrá también que ese mismo Antoni Barberà, que se desempeña, creo, como responsable de relaciones internacionales de EUiA fue quien trajo a Aleida Guevara a la Casa Amèrica Catalunya y a la fiesta del PCC. Tendrá debate, pues, para rato.

La absoluta incapacidad que mostraron aquella noche esos sujetos para reconocer lo que Salado denuncia con claridad prístina, a saber, que el régimen de La Habana es una dictadura, y su afán en esconder sus miserias tras el parapeto del llamado “bloqueo” –jamás he escuchado repetir tantas veces una palabra en tan corto espacio de tiempo- me produjeron una profunda sensación de asco. Porque se hablaba, insisto, de periodistas presos. El desquiciante espectáculo de ver a personas que defendían para mi país lo que jamás admitirían para el suyo –partido único, supresión de las libertades, ausencia de sindicatos libres, etc.- ponía en evidencia el absoluto menosprecio que sienten por los cubanos. Tanto como para avalar se nos oprima y envilezca, con tal de servir de coartada al rotundo fracaso histórico de las izquierdas comunistas europeas. Una circunstancia que, cómo no, ya se aprecia en comentarios a los posts de Salado.

Pero por mucho que no quiera intervenir, tampoco es cosa de dejar que Salado me regañe alegremente y junte en un mismo párrafo mi nombre y los “avances sociales” que le presume al régimen de los hermanos Castro.

Escribe Salado:

Per això, en el cas cubà, no es de rebut defensar les limitacions en drets civils i polítics individuals i col·lectius, en base als avenços innegables que en drets socials (educació i sanitat) s’han donat a la illa. Tampoc val el contrari, senyor Jorge Ferrer: no es poden negar els avenços socials, només en funció d’una estructura política que ha de canviar: això només ho fa la dreta cubana, no precisament coneguda pel seus ideals democràtics (veure el Padrino II) i amb la que no coincideixo amb res.

( Por lo tanto, en el caso cubano no es de recibo defender las limitaciones en materia de derechos civiles y políticos, sean individuales o colectivos, en base a los avances innegables sociales en derechos sociales (educación y salud) que se han dado en la isla. Tampoco vale lo contrario, señor Jorge Ferrer: no se pueden negar los avances sociales sólo en función de una estructura política que ha de cambiar: eso sólo lo hace la derecha cubana, no precisamente conocida por sus ideales democráticos (véase el Padrino II), y con la que no tengo ningún punto de coincidencia.)

Tan sólo dos cosas, estimado amigo, que ya le digo, como aquel Martín Romaña de Bryce Echenique, que no me gusta molestar.

Una: Alfabetizar. Tal es el único “avance social” que le conozco al castrismo, entendidos los tales con la reverencia con que usted lo hace. La misma que ensalza los logros del nacionalsocialismo en materia deportiva o de locomoción popular, o los del franquismo en materia de subvenciones a la vivienda.

El resto es mera proyección de políticas que universalizan el goce de la miseria.

Dos: Pensar la “derecha cubana” –si usted supiera, por cierto, las ganas que tengo de verla- desde el Padrino II me demuestra que le queda, Salado, un largo camino por recorrer para entender qué es Cuba e, incluso, qué es la derecha.

 

De contra: Por cierto, la Casa Amèrica Catalunya se nutre de fondos públicos. No es una fundación privada. ¿Es aceptable que preste los ojos de mosca de sus micrófonos a una vocera de la satrapía castrista? (Veo, ay, que la lista de sus Patronos la encabeza el mismo Josep Bargalló que citaba aquí ayer. El que asegura que los escritores de habla española colaboraremos…)



Catalunya viaja a Frankfurt

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Y otra:

La desbordante alegría de esos periódicos nacionalistas ante la consumación del apartheid.

Y esta entradilla en El Punt, de donde resulta que los excluidos lo son por propia voluntad. Por expreso deseo.

"Se acabaron las incógnitas: Frankfurt se desarrollará forzosamente en catalán, no porque el nuevo gobierno de la Generalitat haya decidido que sea así; tampoco ha sido decisión de la dirección del Institut Ramon Llull (IRL), ahora en manos de ERC. La apuesta porque sean los autores que escriben en catalán los únicos que nos representen en la Feria Internacional del Libro se debe a la negativa de quienes escriben en castellano a asistir. El motivo: «Queremos ceder todo el protagonismo a los escritores que escriben en catalán», según afirmó ayer el director del Llull, Josep Bargalló, durante el acto de presentación del programa oficial."

Según la nota insertada en la web que el Ramon Llull dedica a la Feria: “Bargalló ha explicado que los autores catalanes que escriben en castellano fueron invitados, pero que todos ellos consideraban que "la literatura catalana debe ser la protagonista" de este año en Frankfurt. Muchos escritores en castellano, puntualizó Bargalló, manifestaron su "cansancio" por el debate sobre los autores invitados y le pidieron que "haga un milagro" para conseguir que "los escritores en castellano dejen de ser el centro" del debate. Josep Bargalló se entrevistó personalmente a lo largo de las últimas semanas con Juan Goytisolo, Javier Cercas, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, Ruiz Zafón, Enrique de Heriz y Núria Amat, y todos ellos manifestaron su disposición a continuar colaborando después de Frankfurt.”

“Su disposición a continuar colaborando después de Frankfurt”. De todo lo que se ha dicho contra los que escribimos en español en esta comarca del mundo, no había escuchado jamás frase tan humillante, a la vez que reveladora acerca de lo que Esquerra Republicana de Catalunya, partido que controla el Institut Ramon Llull, cree que hacemos. Y haremos.

 

“El presupuesto del programa catalán, cerca de 16 millones de euros, es el más caro de todos los programas de invitados especiales en la historia de la feria (de Frankfurt).”

AGBOTON, Agnes; ALZAMORA, Sebastià; BARBAL, Maria; BATLLE, Carles; BAULENAS, Lluís-Anton; BELBEL, Sergi; BERNECKER, Walther E.; BIRULÉS, Fina; BOSCH, Lolita; BRU DE SALA, Xavier; CABRÉ, Jaume;
CARDÚS, Salvador; CARRANZA, Maite; CASASSES, Enric; CASTELLS, Ada;
CASTILLO, David; CLIFF, WILLIAM; COMADIRA, Narcís; DE JÓDAR, Julià; DE PALOL, Miquel; DESCLOT, Miquel; DOMÍNGUEZ, Martí; DUARTE, Carles; EBMEYER, Michael; ESCRIVA, M. Josep; ESQUIROL, Josep Maria;
ESSER, Thorsten; FANER, Pau; FIOL, Bartomeu; FONALLERAS, Josep Maria;
FORMOSA, Feliu; FORCANO, Manuel; FRONTERA, Guillem; FURIÓ, Antoni;
GENDRAU, Lluís; GIMFERRER, Pere; GINER, Salvador; IBARZ, Mercè;
JANER MANILA, Gabriel; GYÖRGY, Konrad; LANGE-MÜLLER, Katja; LIENAS, Gemma; LLOVET, Jordi; LLUÍS LLUÍS, Joan; MARÍ, Antoni; MARGARIT, Joan;
MÁRQUEZ, Eduard; MARTÍN, Andreu; MESQUIDA, Biel; MIRA, Joan Francesc;
MIRALLES, Carles; MOLINER, Empar; MONSÓ, Imma; MONTERO, Anna;
MONZÓ, Quim; MORELL, Antoni; MUÑOZ, Gustau; OLIVER, Maria Antònia;
OLLER, Dolors; PARCERISAS, Francesc; PASCUAL, Teresa; PEREJAUME;
PESSARRODONA, Marta; PLA, Xavier; PLANAS, Maria Rosa; PONS, Arnau;
PONS, Damià; PONS, Margalida; PONS, Ponç; PONT, Jaume; PORCEL, Baltasar;
PORTA, Carles; PUNTÍ, Jordi; RIERA, Carme; ROCA, Maria Mercè; RODÉS, Montserrat; ROIG, Albert; ROSALES, Emili; ROVIRA, Pere; RUBERT DE VENTÓS, Xavier; SALA, Toni; SALVADÓ, Albert; SAMPERE, Màrius; SÁNCHEZ PIÑOL, Albert;
SERÉS, Francesc; SERRA, Màrius; SERRANO, Sebastià; ŠKRABEC, Simona;
SOLANA, Teresa; SÒRIA, Enric; STEGMANN, Tilbert; SUBIRANA, Jaume;
TEIXIDOR, Emili; TORRALBA, Francesc; TORRENTS, Ricard; TREE, Matthew;
VICENS, Antònia; VIDAL FERRANDO, Antoni; VILLARÓ, Albert; ZÁBALA, Júlia;
ZGUSTOVA, Monica.

 

De contra: El “para qué” del cable submarino entre Venezuela y Cuba, según Antonio Pasquali.

H/T: La Torre de Babel



Mujeres, o hijas, al poder

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También al norte del Estrecho de la Florida, las hijas echan una mano a sus castristas padres. Así, a la prieta fila formada por Mariela, Aleida, Laidi Fernández de Juan y Celia Hart aka la “trotskista free-lance”, se suma Vivien Lesnik, hija de Max Lesnik, uno de los hombres de Castro I en la llamada capital del exilio. Mujeres e hijas, todas ellas capitalizan una gestión filial de la memoria del castrismo y el anticastrismo con la que habrá que trasegar largo rato.

The Man of Two Havanas se proyectó hace unas semanas en el Tribeca Film Festival. Me cuentan que recibió cerrada ovación. No me sorprende. La perspectiva de que los cubanos de Miami –responsables, según la doxa liberal, de que George Bush se instalara en la Casa Blanca– sean terroristas aun más feroces que los barbados presos de GITMO produce auténticos orgasmos en ciertas audiencias. Y también orgasmos fingidos, claro.

Ahora, el documental se proyecta en pases privados. Uno en La Habana: unas treinta personas. Alfredo Guevara y Ricardo Alarcón, entre ellas. Se anuncian otros en los EE.UU.

 

UPDATE:

Esa Mariela aprendió a escribir en su casa. “Es absolutamente mentira”, dice. Y habla de “los valores más humanos… del proyecto revolucionario”, y del “serio y sistemático trabajo realizado por la Revolución”.

Serio y sistemático, sin duda. Mucha granja y mucha UMAP para los mismos gays a los que la sobrina de Castro I no quiere ni imaginar organizándose al margen de la institución que preside.

Por cierto, Walter Lippmann, figura señera de la galería de tontos útiles del castrismo, le ha abierto página a Mariela. Lesbian-Gay-Bi-Sexual-Transgender issues in Cuba se lee en la cabecera. Lo dicho, las hijas convocan atención creciente.

Estimadas amigas y amigos:

Hemos recibido mensajes preguntando sobre la veracidad de una información que, al parecer, se ha diseminado por Internet sobre la supuesta creación de una organización de “orgullo gay”, con el apoyo del Centro Nacional de Educación Sexual. En lo que a CENESEX corresponde, podemos confirmar que no conocemos de nada parecido y es absolutamente mentira lo que en ella se dice.

Como todos conocen, el CENESEX y su proyecto de Diversidad Sexual han trabajado en los últimos años con gran interés en la promoción de los valores mas humanos que ha defendido nuestro proyecto revolucionario, sobre todo en lo relacionado con el respeto a la diversidad sexual. Nuestro principal objetivo ha sido luchar por la comprensión más amplia de esta situación a nivel social, con el fin de derribar los tabúes y prejuicios que han subsistido contra homosexuales, bisexuales, travestis y transexuales, a pesar del serio y sistemático trabajo realizado por la Revolución cubana a favor de la igualdad social.

En ese sentido consideramos que, en el momento que vivimos, podemos y debemos luchar por esos objetivos con la participación de toda la sociedad en su conjunto, sin exclusión de nadie, para lograr una amplia y verdadera comprensión humana del respeto a la diversidad sexual; y no a través de organizaciones exclusivamente para “gays”, que pudieran no ser correctamente interpretadas, al repetir de cierta forma un esquema excluyente y discriminador para el resto de la sociedad y las otras varias formas de diversidad sexual.

Es una pena que personas inescrupulosas se dediquen a difundir noticias falsas, de dudoso origen, que pueden provocar reacciones negativas en algunos, en momentos que necesitamos del apoyo de todas y todos en un beneficio común: el respeto a las personas por sus valores y principios y no por su sexo o por su orientación sexual.

Mariela Castro Espín
Directora, CENESEX

La Habana, 8 de junio del 2007

 

En la Franja de Gaza, lo inevitable. Guerra fraticida. Se pelean por dinero. Y desde Qatar se apresuran a enviarles cheque.

Al lado, en Israel, los resultados de una encuesta nos dicen que el 83% de los judíos israelíes están satisfechos o muy satisfechos con su situación laboral. También, el 71% de los árabes que residen en Israel.

Entretanto, Human Rights Watch denuncia lo que no veremos en muchos de los periódicos que titulan con fervor cada vez que Israel vuela el coche o la casa de un terrorista:

Ejecuciones sumarias

La ONG Human Rights Watch (HRW) ha denunciado que milicianos de Al Fatah y Hamás han cometido crímenes de guerra, entre ellos la ejecución sumaria de detenidos, durante los enfrentamientos entre palestinos en Gaza. "En los combates entre palestinos en los tres últimos días, las fuerzas militares de Al Fatah y Hamás han practicado ejecuciones sumarias de detenidos, han asesinado a personas no implicadas en las hostilidades y se han enfrentado con armas cerca de los hospitales", asegura HRW en un comunicado difundido en su página web.

Entre las atrocidades mencionadas por HRW figuran los asesinatos de dos seguidores de uno y otro bando que fueron asesinados arrojándolos atados de pies y manos desde lo alto de sendos edificios. Además, denuncia HRW que se han producido combates "junto a dos hospitales de la Franja". Finalmente, la ONG denuncia que las facciones de "ponen en serio peligro" a los periodistas que trabajan en Gaza.



Guevara(s) y comunistas catalanes

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Desde París, Octavi Martí narra las cuitas de un enfermo terminal: el otrora boyante Partido Comunista francés. La venta o arriendo de su patrimonio, sede incluida, es más que una mera anécdota. El PCF era uno de los espolones del Kremlin en Occidente. Su virtual reducción a la nada es noticia que atañe al fin del imperio totalitario soviético, un desmontaje al que aun le quedan varios pilares por demoler.

 

Un imperio, por cierto, que continúa dominando las mentes de muchos autómatas.

Jordi Miralles, coordinador general de Esquerra Unida i Alternativa, amalgama de partidos comunistas y pericomunistas, presentó campaña a favor de la memoria de Ernesto Guevara, flanqueado por Aleida Guevara, hija del célebre argentino. Dijo Miralles:

El Che no es sólo una camiseta… significa valores, compromiso, internacionalismo, solidaridad, ideas de izquierda, lucha contra las injusticias. Unos elementos vigentes, 40 años después, ante una sociedad individualista, insolidaria y rebosante de desigualdades. Es por ello que los de EUiA asumimos estos valores, de la misma manera que están en muchas cabezas y muchos corazones de Cataluña”.

Ya recordaba aquí cuánto me hizo reír un cartel que encontré en la Universidad de Barcelona hace una década: “Che: los gays y las lesbianas estamos contigo”.

Cabezas y corazones, dice Miralles. Carne de UMAP.

La tal Aleida, repugnante criatura que ejemplifica el poder de los genes con fuerza apodíctica, ha sido paseada por los medios de comunicación catalanes, cual si se tratara de vedette.

Ayer, El Periódico de Cataluña traía entrevista. Léase, léase:

“A veces la gente piensa que yo soy el Che. Y no es cierto. Yo ni a la uña del dedo gordo, le llego a mi papá como ser humano.”

--¿Puede un pueblo ser libre si no vive en democracia?
--Democracia viene del griego demos, que significa poder del pueblo. Y a mí los españoles no me pueden dar lecciones de democracia. Porque cuando el pueblo español salió a las calles contra la guerra en Irak, ¿qué hizo su Gobierno? Mandó soldados a Irak. ¿Eso es democracia? ¿Eso es el poder del pueblo? No chives, caramba. Tú no sabes lo que es democracia. Yo sí lo sé. Mi Gobierno manda las leyes a discutirse en las bases, en el pueblo. Y si no estamos de acuerdo, esa ley no sale. Democracia es que EEUU te amenace y tú no agaches la cabeza. Me da risa cuando en España me hablan de democracia. ¡Si ustedes nunca la han tenido!
--¿Sobrevivirá ese sistema a Fidel?
--Seguiremos el proceso revolucionario. Si decimos "no" a EEUU no es porque Fidel exista, sino porque como pueblo nos hemos ganado el derecho a hacerlo. Que Fidel es el guía y que quizá sea la mejor expresión de ese pueblo, esto no lo discuto. Pero sin ese pueblo, Fidel Castro no hubiera podido hacer una revolución socialista a 90 millas de EEUU.
--¿La democracia no serviría?
--Pero, muchacho, si te estoy diciendo que en España no tienen democracia, de qué me hablan. No me mortifiquen. A no ser que me digan que para ustedes democracia es tener cinco partidos. Nosotros tuvimos cinco partidos. ¿Sabe qué hacían? Gastarse el dinero del pueblo cubano en las elecciones, que además son carísimas. Ahora no tenemos partidos. El único es el Partido Comunista Cubano, y no va a las elecciones. Elige el pueblo desde las bases. Y con este método solucionamos muchos problemas."

La rotunda mendacidad de las palabras de Guevara alarmó al menos a una de esas “cabezas y corazones” que militan en EUiA. Tanto descaro tenía por fuerza que molestar aunque fuera a uno de los comunistas catalanes.

Así, Toni Salado, activo blogger comunista, escribe post en su blog con ánimo del tipo “En mi nombre, no”. Inmediatamente, ristra de comentarios adhiriéndose a su rechazo a las declaraciones de Aleida y al régimen castrista.

Escribió Salado:

"No discutiré con el oficialismo castrista qué quiere decir democracia, ni qué quiere decir poder del pueblo. Lo único que pido, como siempre hacen los dirigentes castristas, es respeto a los modelos que cada pueblo elija.

Por ello, no es de recibo que (Aleida Guevara) venga aquí y nos diga, con esa soberbia, que nosotros no sabemos lo que es la democracia. Alguien debería recordarle que en este país, los comunistas y las comunistas nos dejamos la vida y la libertad durante 40 años para conseguir esta democracia que ella menosprecia. Una democracia tal vez imperfecta, tal vez limitada, tal vez desigual, pero que deja las puertas abiertas a la lucha democrática de masas para alcanzar el socialismo."

 

De contra: el Granma está que se sale. Ayer, el “Aquí no se puede vivir”. Hoy la palabra “Tirano”, en masculino y femenino, amenaza desde la primera plana.

Uno se pregunta: ¿Cómo vocean el periódico los vendedores callejeros?

Barredo les está buscando la cárcel a esos pobres viejos.

De recontra: Rome Reborn. Un imperio que regresa en clave alfanumérica.



La suerte de Caín

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Mea Cuba, de Guillermo Cabrera Infante.

Anoche fui a buscar allí una frase que quería citar en un texto sobre el que trabajo, y me entretuve una larga media hora. Me ganó el proverbial embrujo de Caín.

Después, imaginé por un instante los artículos que habría escrito en estos meses. El que nos habríamos encontrado en El País inmediatamente después de aquella Proclama sur la hemorragia. Los que habría dedicado al viaje de Moratinos. A los ordenados dislates del Blogger en Jefe. La hilarante pieza que nos habría regalado tras la aparición televisiva de la semana pasada, que habríamos encontrado este domingo en el suplemento correspondiente del diario de PRISA.

Ante la gatopardesca y mimetizadora transición cubana, Guillermo estaría, cabe imaginar, ejerciendo esa ironía acompañada de dolor que marca todas sus apariciones en las planas de la prensa.

Estaría ajeno a la sorpresa ante la incapacidad de los cubanos para procurarse un destino que los redima de la indignidad del sometimiento, aunque el Führer se vista de Adidas y pierda el control sobre sus ideas, sus labios y sus súbditos.

Y, culpándome de la blasfemia, me alegré por un instante de que no tenga que asistir a esto.

 

Guillermo Cabrera Infante, In Memoriam

Jorge Ferrer

(Palabras en el “Homenaje a Guillermo Cabrera Infante”, celebrado en el mes de abril de 2005 en el Instituto Catalán de Cooperación Iberoamericana.)

Hasta la noche del 21 de febrero pasado, Guillermo Cabrera Infante llevaba el estigma de ser el más importante de los escritores cubanos vivos. Aun cuando ese, digamos, título, no le concedía más honra que la de ser el mascarón de proa de un barco literario muy desnortado, uno que lleva años surcando las procelosas aguas del provincianismo, amenazando con rendirse a las anclas del mercado y una tradición mal entendida, el título no era poca cosa. De la misma manera que Guillermo concedía una importancia muy relativa al hecho de detentarlo, e incluso ostentarlo, no creo que a nosotros nos deba preocupar tampoco en exceso el desalojo, por defunción, de ese trono.

Los titulares de prensa que siguieron al deceso en Londres de Guillermo Cabrera Infante, unían a la mezcla de generosidad, ditirambos y lugares comunes que convocan siempre las muertes de los grandes de la literatura en el afán de las rotativas, la mención a su estatura canónica –canon literario, claro. No sé si los anuncios que antecedieron a su muerte, el estúpido accidente doméstico que le fracturó la cadera y que algunos tomaron como avance de lo que a la postre terminaría efectiva y aún más estúpidamente sucediendo, animó a adelantar la redacción de los obituarios. Ya se sabe que la mayoría de obituarios se escriben de antemano, y se van después actualizando conforme el sujeto que los merece viva más o menos años. (Que es, por cierto, ejercicio que tiene algo de divertido, al margen de su grotesco utilitarismo. Conozco de un obituario que escribió un amigo hace quince años para la muerte de un escritor cubano residente en la Isla y cuya, digamos, afinidad con el castrismo se va acentuando con el paso de los lustros en forma a la vez cómica y pavorosa, mientras que su obra literaria, todavía creciente en número de folios, va deslizándose por el tobogán de una entusiasta senilidad revolucionaria hacia la pleitesía y el sonambulismo. Mi amigo actualiza cada año el obituario y el primero y el último de la serie ya parecen corresponder a dos escritores distintos.)

GCI, como saben sus lectores, consiguió evitar el riesgo de esas fracturas que alguna juguetona piqueta teleológica hubiera querido infligir a su biografía, sumando una obra, cuya coherencia temática y estilística es el testimonio de al menos dos obsesiones: La Habana, alias, “la ciudad perdida”, y un doble trabajo sobre el lenguaje: trasladar a la letra impresa la “música extremada” (son palabras de Guillermo) del habla habanera y recomponer las palabras (casi todas las palabras) en ejercicios a veces hilarantes, si bien, casi todo hay que decirlo, también, en ocasiones, extenuantes.

Durante aquellos dos o tres días que siguieron a la muerte de GCI, en la prensa y la televisión españolas se trasegó bastante con dos ideas: "el más grande de los escritores cubanos vivos" y la mecánica del trueque de sus libros por latas de leche condensada, entre los lectores cubanos que lo leen en Cuba; trueque al que el propio Guillermo se refirió con indisimulable orgullo en más de una ocasión. Seguramente con esto último los periodistas querían poner una nota, digamos, graciosa, conocedores de cuán redituable viene resultando la exposición de la estética de la pobreza que produce la Cuba de hoy (Recuérdese Buena Vista Social Club de Wim Wenders, que es al castrismo tardío, lo que El Triunfo de la Voluntad al primer nacional-socialismo).

Las contradictorias informaciones acerca del trueque de la letra por el dulce crearon, además de cierto empalago, algunas dudas sobre los mecanismos de compensación entre los mercados libre, verdeolivo y negro en el intercambio de libros por latas. ¿Cuánto costaba, por fin, la compra o alquiler de Tres Tristes Tigres?, terminaba uno por preguntarse, ante el baile bursátil de las cotizaciones. ¿Tres, precisamente, latas de leche? ¿Cinco? ¿Diez? (Yo jamás vi en Cuba diez latas de leche condensada juntas, y creo que de haberlas tenido y estar dispuesto a cambiarlas por materia escrita, habría pedido a cambio, al menos, algún "informe" sobre Guillermo de sus colegas escritores.) Más allá de lo en apariencia festivo y tribal del asunto, me confieso rendido ante esa ya largamente conocida anécdota del trueque de desayunos por capítulos. Y quien haya visto al propio Guillermo refiriéndose a ese asunto, sabe que el placer que le producía ser el objeto de tamaño homenaje, lo ayudaba a sobrellevar la para el atroz muralla que lo separaba de su ciudad y sus gentes.

Con Guillermo Cabrera Infante ha muerto el único de los seis escritores cubanos incluidos en la nómina propuesta en El Canon Occidental de Harold Bloom que alcanzó a asomarse al nuevo milenio. También el único de los recogidos en la muy reciente propuesta de “canon cubensis” adelantada, también desde Yale, por Roberto González Echevarría. Puede parecer una cuestión baladí. Y lo es, de algún modo: de ese modo en que todo es baladí, incluido un listado de escritores.

No obstante, más allá de lo que tenga yo o cualquiera de los aquí presentes a favor de una “literatura nacional”, o lo que tengamos “en contra” de ella, e incluso de cuál sea nuestra idea de "canon literario", lo cierto es que estas nociones son perfecta, necesaria y dolorosamente aplicables a Guillermo Cabrera Infante, cuya obra está centrada en una ciudad, un idioma, una jerga y, en forma subsidiaria, en la historia del país donde está enclavada esa ciudad que mitificó y reedificó una y otra vez, hasta la muerte. No, ¡hasta después de su muerte! Y esto último no es una exageración. En unos meses se estrenará la película The Lost City, rodada sobre un guión suyo. Cierto es también, que con la muerte de Guillermo se cierra todo un largo capítulo de esa literatura, al que apenas podrán sumar unas pocas notas a pie de página los últimos supervivientes.

En ese sentido, GCI podría ser considerado como el último gran escritor de una literatura cubana que ya difícilmente pueda repetirse, una literatura del siglo XX, debida a ese siglo, que en Cuba, en su segunda mitad, fue marcada con el hierro, todavía hiriente, aunque ya apenas candente, de la revolución de 1959.

He visto o leído decenas de entrevistas a GCI. En ninguna le preguntan su opinión acerca de una "literatura nacional". Jamás aparece esa pregunta expuesta con claridad, quizás porque las luces de La Habana, esa cifra de su obra más conocida, esa metáfora de lo nacional o de la literatura escrita en Cuba, obnubilaban al entrevistador con la certeza de una respuesta aprobatoria. "La sentencia primero, luego el veredicto", como le dijo la Reina a Alicia, en ocasión que Guillermo recordaba una y otra vez.

La pertenencia, como los pasaportes, puede ser el resultado de un equívoco o, incluso, del azar o la volición. En la obra de Guillermo Cabrera Infante, quien vivió fuera de Cuba los últimos cuarenta y un años de su vida, escribió en inglés con un acierto estilístico que fue celebrado, como parejo a los de Conrad o Nabokov, y cuyo ámbito de influencias literarias apenas reconocía, entre autores cubanos, a Lino Novás Calvo, hay un segmento, digamos, marginal, por el que confieso sentir una predilección muy especial, y que lo ubica, ya canonizado, también como generador de canon, de “canon cubensis”.

Me refiero a Vidas para leerlas, donde nos dejó uno de los monumentos más importantes para una historia de la literatura cubana de la segunda mitad del s. XX (Uno tendría la tentación de redondear la frase e incluir a todo el siglo: pero no hay que pedir a Guillermo lo que no quiso darnos: la primera mitad del siglo de marras, en cuanto a Cuba se refiere, apenas le interesó o le interesó sólo a medias: Fritz Lang lo atrajo más que Jorge Mañach; Buster Keaton le ganó por knock out de mimo a Miguel de Marcos.)

Es un libro extraño, catálogo de desgracias, infamias, muertes y delaciones, pero también es una crónica del asiento de una literatura “nacional” de la que él mismo había sido protagonista durante el período breve, y a la vez definitivo, de los primerísimos años de la década de los sesenta y de la que se había apartado después, de la que, digamos mejor, había sido apartado después, cuando asumió aquel papel de “heraldo de las malas noticias”, que él mismo reivindicaba para sí, entre ufano y fatalista.

José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Calvert Casey, Carlos Montenegro, Lino Novás Calvo, Enrique Labrador Ruiz, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Lydia Cabrera, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy. Toda una literatura entrevista, denunciada, vindicada por uno de sus máximos protagonistas que, sin embargo, por el mero hecho de escribir ese libro que es compendio de su propia memoria de los escritores que reseña, queda incluido allí a modo del pintor que, en lugar de regodearse en un autorretrato, prefiere aparecer en un espejo cóncavo. Seguramente, entre los muchos empeños críticos a que será sometida su obra, ahora que Guillermo ya nos ha dejado para internarse definitivamente en el Panteón canónico, podamos leer esos textos soslayando su aliento militante, como una crónica de los años más brillantes de la literatura cubana.

Recordemos aquella deliciosa salida de GCI ante la pregunta de un periodista acerca del por qué había abandonado Cuba, que recoge él mismo después en Mea Cuba: le replicó con la historia de aquel oficial del Titanic, que habiendo sobrevivido al naufragio, por haber bajado a uno de los botes de salvamento para aliviar el descenso de mujeres, ancianos y niños a éstos, es llevado ante un tribunal militar acusado del delito de abandono de navío, gravísimo delito tratándose de un oficial de la marina. El buen hombre, siguió su relato Guillermo, se defendió ante el tribunal explicando que encontrándose en el bote de salvamento, donde no hacía más que cumplir con su deber, se percató de que el trasatlántico se hundía y asistió impotente a ese hundimiento: “En definitiva, Señorías", terminó diciéndole al tribunal, "yo no abandoné el barco; fue el barco quien me abandonó a mí".

Con esas “vidas para leerlas” asistimos al testimonio de un oficial de las letras, que vio hundirse entre las brumas del siglo a su propia nave letrada, para verla reaparecer más adelante convertida en belicoso navío artillado. Él se había quedado afuera, flotando en el agua o en el aire. Su reacción a ese amputamiento ya fue un anuncio del estado de las literaturas en un ámbito postnacional: Guillermo rastrea las marcas de una literatura cubana que sufrió la desterritorialización desde principios del siglo XIX y a la que, por lo tanto, no es en absoluto ajeno el estado de permanente lejanía y radical dispersión. Hay un ensayo en Mea Cuba, “El nacimiento de una noción”, que debe leerse junto a las mencionadas Vidas para leerlas. Una lectura consecutiva o simultánea de esas piezas sueltas permite abstraerlas de la circunstancia particular de la literatura cubana para iluminar los nuevos modos en que se mueve ya la literatura en general, libre de cualquier sujeción, libre de cualquier tentación fronteriza, ajena al engañoso corsé del entusiasmo.

Guillermo, como él mismo contaba, trajo malas noticias a Occidente, cuando desertó de la pesadilla castrista a mediados de los años sesenta. Ser heraldo de aquellas malas noticias, como es sabido, le acarreó no pocas desazones y se volvió contra él y contra su obra, cuando muchos quisieron silenciar al mensajero. Con el paso de los años, la increíble y extenuante duración del castrismo fue dibujando en su rostro la severa mueca del adelantado, aquella que proclama en silencio un dolido “yo siempre tuve razón”, y se fue convirtiendo en un hombre, que a pesar de la amabilidad de su trato íntimo, en público se mostraba hosco y malhumorado. La desazón tan duradera y la amenaza, que ha terminado en certeza, de que jamás lograría regresar vivo a La Habana, animó rencores que respiran por sus entrevistas, marcó su relación con ciertos sectores del exilio cubano y, sobre todo, con los emisarios de las autoridades de Cuba que lo sondeaban para una eventual publicación de Tres Tristes Tigres en Cuba, y generó todo ese vasto anecdotario, que persigue siempre a los misántropos célebres. Hay, en efecto, toda una leyenda negra sobre el malhumor de Guillermo, que se han ocupado de desmontar algunos de los muchos escritores españoles que encontraron siempre abierta su casa de Londres. Bástenos, (y ya voy terminando) una cita del artículo que escribió desde Madrid Javier Marías con motivo de su muerte: "humorístico, afable, inteligente y delicado, acaso el escritor menos engreído, más pendiente de sus amigos, que yo haya tratado."

He leído que en sus últimos momentos de vida, Guillermo repetía la frase con que termina Tres Tristes Tigres: "ya no se puede más", decía, "ya no se puede más". Y en una carta que escribió a su editor Carlos Barral el 28 de noviembre de 1966, ¡hace cuarenta años!, Guillermo le informaba: "…el censor hizo un trabajo excelente cuando me obligó a dejar el epílogo truncado en esa frase que es una de las mejores para acabar el libro; ya no se puede más, y que todo el mundo pensará que es una oración muy pensada, redondeada hasta decir no más y significativa, cuando en realidad es obra de esa pobre loca que cogía el sol en el Malecón un día de 1950 y tantos y a quien copié, verbatim, el discurso patafísico".

Definitivamente, es difícil que podamos hacer homenaje nosotros a Guillermo que iguale el homenaje que hizo cada uno de los días de su último medio siglo de vida a La Habana, "la ciudad perdida", y los habaneros, los locos y los cuerdos.

 

De contra: El susto ante ese “Aquí ya no se puede vivir” que se les encaramaba a la primera plana del Granma, con el agravante de estar firmado por el dictador, los empujó a este malabarismo: “ Tituló su artículo: Aquí ya no se puede vivir”.

Doble título, pues, que no produce otro efecto que el de realzar el enunciado, rodeado ahora de hilarante passepartout.

Habrá que regalarle a Lázaro Barredo un ejemplar de El sistema de los objetos, de Jean Baudrillard.



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