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"Cuba", clínicas y chop suey

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Atravieso la ciudad de camino a una clínica. No es ruta que suela hacer, ni mucho menos. De hecho, apenas soy plenamente consciente del emplazamiento de una, Nostra Senyora del Remei, subiendo por la calle Escorial y casi topando con la Ronda. Tiene al frente dos negocios que me son muy gratos. En uno preparan el mejor chop suey de ternera que puedo comer en medio kilómetro a la redonda. El otro, una florería magnífica donde a los habituales nos descuentan lo que después gastamos en chop suey. Negocio redondo y dos veces perfumado, pues.

Pero hoy atravieso la ciudad de camino a una clínica y desde la ventanilla del taxi asomaban uno tras otro anuncios de clínicas y hospitales. Ya me lo había parecido en el viaje de ida. En el de vuelta la impresión fue sencillamente desmesurada. Señales y más señales llamando a girar para encontrarse en la rampa de acceso al hospital no sé qué o la clínica no sé cuántos. Flechas, saetas, rótulos y el santoral en pleno. ¡Toda esta ciudad es un inmenso dispensario!, me dije. Me aferré al asiento aterrado: ¡Dios mío! ¡Hay un quirófano en cada esquina!

¿Que exagero? Claro que exagero. Simplemente fui reo del mismo mal que aqueja a quienes nos pasamos los días de camino a eso etiquetado “Cuba”. Una tara de la imaginación que se traduce en la falsa certeza de que “Cuba” y los “cubanos” merecen algo más de tiempo que la cuidadosa selección del ramillete con el que salir, oloroso y orondo, de la florería de la calle Escorial.

O que alguna vez los "cubanos" nos darán alguna noticia que supere en intensidad a la justa presión que ejercer sobre los palillos que suben a la boca los trozos de ternera.

 

UPDATE:

¿Cómo, sin embargo, dominar la furia y la risa que produce la lectura de ESTO?

Pero no nos dejemos engañar: se trata de un episodio crónico de estupidez. Eso que se llama "Cuba" no es más que un asidero para manifestarla. "Cuba": si no existiera, muchos miserables querrían inventarla y acabarían haciéndolo.

 

UPDATE:

No obstante, la alegría -una de cal y otra de arena- de leer el demoledor rapapolvo que Advocate, revista de gays, lesbianas y transexuales, propina a Sean Penn, Sean Penndejo: A Friend to Gays and Antigays dictators Alike

¡Dale más duro, Chicho!

 

UPDATE:

Reason.tv se pregunta sobre el atractivo que Ernesto Guevara, también llamado "Che", ejerce sobre Hollywood. Buena idea la de preguntarle a Paquito D'Rivera. Un video que vale la pena ver.

 

UPDATE:

Esta noche se verá la luna más grande de los últimos quince años, leo en Soitu. Es día, noche, de perigeo. Disfrútela quien pueda.Es tan fácil como salir a la calle.



“¿Qué nos pasa a los cubanos?”, II

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Teresa Cruz, miembro de la Junta de Directores de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), reaccionó al texto de Hugo Cancio subido aquí hace unos días: ¿Qué nos pasa a los cubanos?

Aclaramos ambos que, como en otras ocasiones, se trata de un texto suscrito por ella y no necesariamente por la FNCA. Agradezco a mi muy estimada Teresa este texto escrito para los lectores de El Tono de la Voz.

(Más información sobre Teresa Cruz, aquí.)

También Enrique del Risco, y también desde New Jersey, ha reaccionado al texto de Hugo Cancio.

UPDATE:

Y Alfredo Pong reproduce la nota de Enrisco.

Sí, ¡ya es hora!

Por Teresa Cruz, New Jersey

Alemania es una, dice Hugo Cancio, y más tarde afirma que no comparte el dolor de algunos cubanos. Pues ahí está: eso es lo que nos pasa a los cubanos, que no ha habido sanación.

Nuestra nación es una, somos un sólo pueblo, pero hemos vivido por cincuenta años experiencias diferentes. Se comprende aunque sea muy duro aceptar el apoyo oportunista de algunos artistas a la razzia contra los disidentes en el 2003, pero duele aún más el apoyo al fusilamiento de tres ciudadanos negros tras juicio sumarísimo por el intento de salir del país, quizá sin tener ni ideas políticas determinadas sino -imagino- mucha, mucha necesidad.

El trauma que ha sufrido la generación del triunfo de ese fenómeno sociopolítico que llaman la Revolución Cubana y las venideras -apoyaran o se opusieran al sistema- requiere de una terapia nacional que no es posible pues el mayor territorio de la nación carece de libertad de expresión.

Hay una nación extraterritorial que aún sufre injusticias aunque no les duela más que a las víctimas. Todavía el exiliado o el emigrado tiene la responsabilidad de apoyar económicamente a familiares y amigos en Cuba para lo que hacen -en algunos casos- sacrificios extraordinarios; deben mantener a sus familiares. Sin embargo, cuando han mantenido a un familiar durante estos cincuenta años, y si éste fallece, no tiene el exiliado o el emigrado la posibilidad de ir al velorio y no tiene derecho ni a una foto de recuerdo. Esto ocurre hoy, no hace cincuenta años, por mencionar sólo un ejemplo.

Hay una disparidad entre el dolor que la mayoría de los cubanos que viven en el exterior sienten por los sufrimientos de los cubanos intramuros y el que los cubanos intramuros sienten por los que viven en el exterior. Se ha creado el mito de que el que vive en el exterior de la isla tiene sus problemas resueltos. Lo único que tiene es la libertad de opciones para, quizás, resolver los problemas. No vivimos en el paraíso, pero el infierno que es Cuba pesa sobre los hombros de los cubanos de la Isla y los que viven en el exterior.

En cuanto a si el nivel de sufrimiento es menor, igual o superior al del holocausto, las guerras religiosas y la discriminación en Estados Unidos: sí, hay muchas similitudes y, claro, algunas diferencias. Dolor al fin, discriminación social, política, religiosa, de género y racial sin poder acceder a ningún tribunal. No hay en Cuba una legislación que propicie modificar las leyes y adecuarlas a los criterios y necesidades de la nación.

Es tarea de los académicos definir lo que es un exiliado a la luz de la vida moderna y después de sesenta años de haber sido promulgada la Declaración de los Derechos Humanos. Todos los ciudadanos que no tienen oportunidades de desarrollo intelectual, emocional o económico en su nación salen del país porque los políticos han sido incapaces de ofrecer lo que tiene que hacer todo gobierno: mejorar la vida material y espiritual de sus ciudadanos.

No entiendo por qué Hugo Cancio escribe la palabra libertad entre comillas, aunque puede que tenga razón: toda sociedad tiene restricciones, corrupción, elementos de falta de libertad. Pero cada día son más las sociedades que luchan por alcanzar mayores grados de libertad. En nuestro territorio nacional eso es tarea de Hércules y afecta a la libertad de los que vivimos en la nación extraterritorial. Ejercer la libertad en Cuba se paga con las rejas, la calumnia, la amenaza a la familia; vender pirulíes se paga con lo mismo.

En Miami se forma una algarabía -bastante vulgar, por cierto- a partir de las declaraciones como las que menciona en su artículo, pero el supuesto provocador canta. Y habla en los medios de comunicación: ¡qué dejen hablar a Martha Beatriz Roque en esos medios en Cuba!

No comparto las manifestaciones de alboroto por las declaraciones de tal o cual. Son irrelevantes y algunas personas albergan odio. He visto ejercerlo. Hay mucha sangre derramada y muchos hijos y nietos educados lejos de sus padres y sus abuelos.

También es cierto que hay un cierto olor a oportunismo en personas que sienten tanto apego por un régimen político y en cuanto pueden tratan de moverse en el ámbito político contrario en lugar de ir a Vietnam, Corea o China, donde no hay esta falta de comprensión. Aunque se entiende que se quiera compartir la forma de vida del único logro -no planeado, por cierto- que ha tenido el Régimen de La Habana: Miami y el resto de la diáspora.

Por otra parte, creernos únicos no es algo que pertenezca solamente al imaginario del exilio. En Cuba hasta los dirigentes expresan abiertamente una clara diferencia con el resto de la Humanidad. Un dirigente de la Isla se ha manifestado es esos términos en Cuba Confidencial sin el menor asomo de modestia.

Discrepo de la idea de que en Cuba alguien no pueda comer malanga por culpa del embargo. El pueblo cubano es extremadamente laborioso: qué se entreguen las tierras. A pesar del marabú, volverá a crecer la malanga. Debemos liberarnos de la creciente dependencia del exterior y comenzar a producir. Ahora mismo hay corporaciones estadounidenses pidiendo préstamos por las pérdidas y se está pidiendo que renuncien los ejecutivos que fracasaron. Eso es levantar el embargo, darle préstamos a un sistema ineficiente: se necesitan otros ejecutivos.

El diálogo ha sido intentado desde el exterior hasta por vecinos míos que ahora lo llaman circo porque la experiencia no fue fructífera. Pero algo se logró.

En cuanto al embargo es algo que pertenece al ámbito de la soberanía de Estados Unidos, una soberanía bajo la que nos cobijamos por la falta de soberanía personal y nacional en Cuba. Todos podemos evolucionar, cambiar y dialogar si La Habana lo permite. En Cuba, muchos sectores de la emergente sociedad civil piden el diálogo. El Régimen responde con represión.

Agradezco al Sr. Cancio que reconozca también el odio que hay en las esferas del Gobierno en Cuba. Disfruto la dicha de no sentir odio, aunque no he podido despojarme del desprecio que siento por la Dictadura. Me duele la tragedia de allá y de acá. Padezco esos dolores.

Y sí, hace rato que es hora de escribir una nueva historia en la podamos sentir el dolor ajeno, sanar el odio evidente en las dos orillas y en muchos sectores. Conseguir que no haya odios, que haya tolerancia, convivencia y libertad para producir sin tener que mendigar un préstamo, unos dineritos.

Sí, ¡ya es hora!



Derechos humanos, Human Rights, Jiuman rai’

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Los “derechos humanos”. El “Día de los derechos humanos”.

Me doy la vuelta y agarro un libro que vino hace años de La Habana, uno de los muchos de la biblioteca de PAIDEIA que poco a poco me fueron trayendo manos generosas desde allá: Los derechos del hombre, Editorial Laia, Barcelona, 1973.

Se trata de la edición española de Human Rights. Comment and Interpretations. A Symposium. Introduction by Jacques Maritain, UNESCO, 1947. La nómina de autores es vasta y lustrosa: E. H. Carr, B. Croce, M. Gandhi, A. Huxley, S. de Madariaga, J. Maritain, P. Teilhard de Chardin et al.

¡Tremendo libro, narra! Los “human rights”, caballero’. ¡Jiuman rai’ en su máxima expresión!

Basta, sin embargo, que uno se llegue hasta la página 237 para que se encuentre con el texto de la ponencia “El concepto de los derechos del hombre en la URSS según los textos oficiales”. La presentó un cierto Boris Tchechko (sic), “profesor de derecho”. Contando de prisa, la ponencia contiene una docena de citas de Stalin y los “clásicos” del marxismo. Incluye acápites sobre los intelectuales, “el complejo ético soviético”, la constitución de 1936 (¡la constitución soviética del ’36!), etc. Vindica, en definitiva, la doctrina estalinista de los “derechos humanos”.

Fue así como nació toda esta mierda de los “jiuman rai’”. Desde el principio, se partió de la abyección, de la sumisión a las doctrinas represoras, de la hipocresía que favorece a las dictaduras. De que si el derecho a la educación y la salud. O que si el derecho a someterse a los dictadores.

Los malos siempre estuvieron allí, de manera que quien se sorprenda de la presencia y preeminencia de Libia o Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas hoy en día debe su estupor a la ignorancia o al olvido.

No son los gobiernos, ni siquiera los gobiernos occidentales, los que van a defender los derechos que se conculcan en medio mundo. Ni mucho menos los “intelectuales”. Los Carr, Teilhard de Chardin o Maritain de hoy.

Los derechos humanos, el elemental derecho a ser libre y vocear su verdad lo tiene que discutir cada hombre en la calle.

Eso es lo que hace hoy Darsi Ferrer en La Habana.

(La foto es de la marcha del año pasado. ¿Qué les deparará la de hoy?)

 

De contra:

Éufrates del Valle anota dieciocho razones para apoyar a Darsi Ferrer. Una a una.



La Meca, La Mojonera...

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En La Meca se entregan a la lapidación. Una fiesta, dicen. ¿O le llaman “festividad” nuestros periódicos como si subir una rama en imaginario árbol de la gramática hiciera perder fuerza a la pedrada?

Lanzan piedras al demonio, que es cualquier cosa que se parezca a la tentación. Por eso apedrean a mujeres que llaman adúlteras. Bárbaros sin naïveté, que ésa la ponemos siempre nosotros.

En España, en un pueblo de nombre La Mojonera, se pelean a muerte negros y árabes. A los negros de África les llaman aquí, prensa y políticos, subsaharianos. ¿Por qué no si en Cuba les llamaban "voluntarios" a los españolistas y hoy "revolucionarios" a los cubanos? Los periodistas tienen a De Saussure por un santo, ya se sabe.

En La Mojonera, un marroquí le metió un navajazo a un maliense. Y se fueron negros y árabes a la guerra. Riña de pobres. Un noble negrón dice que va contra “los moros” a muerte. A los árabes no los entrevistan en el noticiero. No se dejan. Recopilan piedras en La Mojonera como en La Meca. Se hieren los pobres, mientras policías a mil euritos el mes de faena, y a discutir las horas extras, tratan de poner paz. A palos.

Los griegos… y no aquellos griegos… los griegos de ahora también se revuelven contra la policía. En Euronews veo batalla campal. Y consulados de Grecia en Londres y Berlín tomados por eso que llaman “los anti-sistema”. Puños negros elevados al cielo… o la farola. El acabóse.

Pese a la evidencia, pese a La Meca, La Mojonera y la Atenas multiplicada, ayer El País, mansito en el buzón, me trajo artículo de Moisés Naím: “Turbas inteligentes”.

Hay algo tan vulgar en los periódicos y sus sucedáneos en la internet que me pregunto tantas veces por qué uno sigue leyéndolos o, peor, escribiendo en ellos.

 

De contra:

Una fotografía para ilustrar, a posteriori, el artículo de Naím. Fue tomada hoy en Indonesia.



¿Qué nos pasa a los cubanos?

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El artículo que sigue fue compartido por Hugo Cancio con sus contactos en la red Facebook. Al leerlo esta mañana, me llamó la atención la manera en que condensa una sensibilidad que vindican en forma más o menos precisa muchos cubanos con quienes converso: el cansancio que les provoca un diferendo que ya no los representa en tanto sujetos diaspóricos y globalizados.

Le he pedido autorización para reproducirlo en El Tono de la Voz, que me ha concedido de buena gana. Aun cuando los lectores asiduos de esta página conocen sobradamente lo que pienso sobre la “reconciliación” y las cuitas identitarias, Paulo FG o los cinco espías, entre otros asuntos que Cancio aborda, anoto para los que no la frecuentan que los artículos ajenos que subo aquí de cuando en vez no representan por fuerza lo que yo mismo defiendo.

Leer lo que piensan aquellos con quienes discrepo, sin embargo, es ejercicio muy saludable que practico. Y también compartirlo.

¿Qué nos pasa a los cubanos?

Por Hugo Cancio

Miami es conocida alrededor del mundo como la capital del sol, la puerta de Las Américas, y la ciudad que por tantos años le ha abierto las puertas a millones de emigrantes en su mayoría latinoamericanos que aquí se hospedan temporal o indefinidamente en busca del afamado sueño americano; otros, en busca de "libertad”.

Nosotros los cubanos hemos sido los más favorecidos por razones obvias. Con el favoritismo que hemos heredado ha llegado la falsa pretensión de que somos únicos y que son únicos los problemas que nos afectan. Esto donde más se refleja es en los medios de prensa locales, en específico los radiales y televisivos, donde independientemente de la identidad geográfica del locutor o presentador, el tema "Cuba" predomina a diario como un acto imprescindible para la aceptación personal en nuestra comunidad del presentador o la supervivencia económica del programa, los llamados ratings...

Sí, es verdad que nuestra historia a partir de 1959 y hasta la fecha no tiene comparación por un sin número de factores históricos, políticos, sociales, culturales, etc., pero en nada podemos compararnos a, por ejemplo, la guerra entre los moros y los cristianos o las injusticias raciales en Estados Unidos, la persecución de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial o la separación geográfica y por ende familiar de Alemania y los alemanes. Sin embargo, los judíos y los cristianos hoy viven y trabajan mancomunadamente por el bienestar del ser humano, Alemania es una, y un afroamericano llamado Barack Obama es el presidente electo de Estados Unidos. Entonces me pregunto, ¿qué pasa con nosotros los cubanos?

Hace unas semanas se presentó en Miami el popular y aclamado artista cubano Pablo FG, quien invitado a un programa local expresó una opinión contraria a muchos que en Miami vivimos, pero no del todo ajena o tan impopular como se dio a ver. La pregunta y la respuesta fueron inoportunas, pero ya, hasta aquí, las diferencias de opiniones son válidas y se respetan. No obstante, varios presentadores de radio y televisión locales se lanzaron como aves de rapiña a despellejar en tiras, no tan solo la imagen del afamado artista o la del efímero promotor, sino la imagen del pueblo cubano al irresponsablemente exhortar a la intolerancia y la apatía. Un paparazzi argentino y un periodista dominicano, todos en busca de ratings y acorde a lo que antes menciono, lideraron el penoso y mediocre episodio. En nada me opongo a la libertad de expresión o al respeto por la profesión periodística, nada tengo contra la nacionalidad de estos señores, todo lo contrario, más bien me siento preocupado por la falta de cobertura e interés que estos señores le dan a los serios problemas políticos: pobreza, corrupción y delincuencia que atraviesan sus respectivos países para enfocarse en los nuestros... Creo ya contamos con un argentino y un dominicano en nuestra historia; como bien expresaría otro presentador local, ¡¡¡por Dios!!!

La realidad es que son más las cosas que hoy nos unen que aquellas que nos separan. Hoy somos más los que emigramos por razones económicas y sociales que por asuntos políticos; hoy somos más los que abogamos por el levantamiento del embargo, las restricciones de vuelos, los envíos de remesas, el diálogo; hoy somos más los que ya comprendemos que no es correcta esa rígida y erecta postura que ha consumido irrecuperablemente a toda una generación, que el odio, el rencor y la prepotencia tienen que acabar aquí y en Cuba.

Creo ha llegado la hora de un rotundo cambio de estrategia, de enfoque, de dirección. Han pasado demasiados años y seguimos penosamente divididos. No apuntemos con el dedo porque todos hemos contribuido a ello. Además, ya no es importante o relevante atrapar a los culpables, lo importante debe y tendrá que ser buscar la fórmula para fomentar el cambio, la unificación familiar, la reconciliación de nuestro pueblo.

No pretendo con esta nota disgustar a nadie, respeto y admiro a los primeros emigrantes cubanos (el llamado exilio tradicional cubano) que a su llegada a Miami con su arduo esfuerzo, arrastrando el dolor y la decepción de haber tenido que abandonar su país, se abrieron paso y marcaron huellas que de una forma u otra han contribuido a que nuevas generaciones de emigrantes latinoamericanos hoy puedan disfrutar de la prosperidad de esta gran ciudad y la diversidad étnica de esta comunidad. Pero mi admiración y respeto no me hace partícipe de su dolor, y en muchos casos bastante evidentes, de su rencor. Esta postura ya es inaceptable, absurda, y contraproducente. Yo no dudo de que quienes aún promueven esta actitud y postura tanto aquí como allá amen a Cuba. El amor a veces es reflejado de distintas maneras y cuando duele, cuando frustra, en algunos casos se manifiesta a través del odio y nos sentimos incapaces de perdonar. Pero ¿hasta cuándo? Como diría un gran cantautor cubano en uno de sus mas populares temas: "El Tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos".

Alguien una vez me dijo que cuando cambiamos la percepción del objeto o asunto que observamos, eso que observas cambia.... Aquí va la mía... No somos cubanos comunistas o gusanos, escorias o vendepatrias: somos cubanos; no tenemos cubanos en el exilio y otros en la isla: tenemos al pueblo cubano; no tenemos a artistas de aquí o de allá (Celia, Willie, Juan Formell y los Van Van, y a Pablo FG): tenemos a nuestros artistas, nuestra cultura cubana; no tenemos a La Habana y La Pequeña Habana: tenemos La Habana.

Exhorto a todo cubano a que haga un llamado a su conciencia y se pregunte hasta cuándo. ¿Acaso podemos combatir el odio con el odio, la hostilidad con la hostilidad, y la incomprensión con incomprensión? Hagamos un llamado a nuestra identidad nacional (sólo existe una); nuestro amor por Cuba y su pueblo debe ser incondicional. Es imprescindible dejar de vivir en el pasado y perdonar. Nuestra gente necesita ayuda, hay cubanos encarcelados allá y aquí cumpliendo absurdas condenas y esto es doloroso, no sólo como cubano, sino como ser humano. El Malecón necesita pintura, la casa de mi tía necesitas tejas nuevas, una amiga está desesperada por comer malanga y no hay, la jefa del comité no tiene qué comer y el embargo a Cuba nos afecta a todos...

Siento que cuando dejemos de juzgar y apuntar con el dedo, cuando dejemos de preguntarnos qué pasó y cómo fue, entonces podremos comenzar a cicatrizar heridas. Después de todo, de una forma u otra todos hemos tenido en las manos el pincel que ha dibujado nuestra historia. Ya yo tengo mi nuevo pincel en la mano, toma tú el tuyo y comencemos a dibujar una nueva historia, es hora, ¿no?

Hugo M. Cancio
Empresario
Productor de Música y Cine

 

UPDATE:

Que si esto o lo otro, que si dijo esto o aquello, que si sabía o no sabía, que si le dijeron o no le dijeron.

Me ahorro los enlaces.

Esta foto de Benicio del Toro con un coronel uniformado del MININT, por mucho que sea superviviente de la guerrilla en Bolivia, lo dice todo. Porque el MININT es el MININT, y Benicio del Toro lo sabe.

Una suerte que me dispense de otras consideraciones. "Papelito habla lengua", que se decía, y foto ni te digo:



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Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
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Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

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