Castro II en Argelia (con Jorge “Papito” Serguera)
Jorge Ferrer | 15/07/2009 2:51
Sobre esta visita de Castro II a Argel, poco que añadir a lo que escribí para El Nuevo Herald en ocasión de la visita anterior, hace unos meses.
Revísese ese “Réditos de ayer y de hoy”. La política cubana no da para muchas exégesis de gestos similares. La política cubana es más aburrida que mis tardes. Que es mucho decir.
Ay, esa tarde eterna de Cuba en la que, aunque it’s always five o’clock somewhere, para nosotros siempre son las 16:59 de los Castro.
Sirva, sin embargo, para recordar el pasado, mi reseña de las memorias argelinas de Jorge “Papito” Serguera que aparece en el número corriente de la revista Encuentro de la cultura cubana.
La estrategia de los aventureros
Por Jorge Ferrer
Jorge Serguera Riverí (Papito)
Che Guevara: la clave africana. Memorias de un comandante cubano, embajador en la Argelia postcolonial
Líberman, Jaén, 2008
492 pp.
ISBN: 978-84-936280-2-4
La historia de la revolución cubana de 1959 carece de un cuerpo orgánico de memorias de sus principales actores que sirva para conocer de primera mano y desde una perspectiva íntima el desarrollo de procesos históricos maltratados por una historiografía partidista. Unos pocos volúmenes de memorias se han publicado en los últimos años, entre los que resaltan Contra Batista de Julio García Oliveras (Ed. Ciencias sociales, 2006) o La secretaria de la República (Ciencias sociales, 2001), memorias de Teresita Fernández recogidas por Pedro Prada. También el volumen de cartas que publicó en España Alfredo Guevara, ¿Y si fuera una huella? (Ediciones Autor, 2008), como las memorias en las que ha anunciado trabaja, constituyen excepciones a ese silencio de la memoria cubana.
Una carencia esta que es particularmente notable respecto a la fase expansiva de la Revolución cubana en la década de los sesenta, cuando La Habana intentó exportar la revolución a África y América latina –crear “muchos Vietnam”- en el marco de una vasta operación de desgaste de los Estados Unidos. El volumen de memorias de Jorge “Papito” Serguera, fallecido pocos meses después de la aparición del libro, constituye una de las escasas aportaciones conocidas hasta el momento para el conocimiento de primera mano de los años de subversión internacional inspirada y apoyada por La Habana.
“Este libro no debió ser publicado”, escribe Serguera en el prólogo a la edición española, la única, porque él mismo se ocupa de anotar que sus memorias, a las que puso el punto final en febrero de 1997, no fueron publicadas en Cuba. “Probablemente no debió ser escrito”, continúa, “pues muchos de los eventos narrados formaban parte de los secretos del Estado cubano”. Una condición de inéditas que explican el tono de bravuconería no exenta de resentimiento con las que aborda su etapa como embajador de Cuba en Argel y su protagonismo –de la mano de Fidel Castro y Manuel Piñeiro- en los albores de la aventura africana de la revolución. “No podría decir cuántas veces escuché la idea de que había “embarcado” a la dirección política de la revolución con el asunto de Argel”, constata desde el primer capítulo, para volver a ello 400 páginas más adelante: “…hay quien no vacila en afirmar que (el fracaso de la política cubana en África) se debió a “la apreciación incorrecta de un diplomático cubano”” Y concluye: “Para mí todo el que use la palabra fracaso o deduzca, de lo ocurrido entonces, la derrota de las ideas y métodos del Che en África, en esta etapa, es un ingenuo, en el mejor de los casos, o un bastardo contrarrevolucionario disfrazado de revolucionario”. Si la lectura de todo libro de memorias requiere del lector una extremada cautela, la beligerancia con que el propio Serguera descubre los propósitos que lo animaron a tomar la pluma es aviso adicional.
Jorge Serguera formó parte de la guerrilla en la Sierra Maestra, fue jefe de los llamados tribunales revolucionarios y jefe militar de las provincias de Matanzas y Las Villas, donde tomó parte activa en el sofocamiento de las guerrillas anticastristas. En los últimos días de 1962, y sin previo aviso, recibió la orden de marchar a Argel. Llegó allá sin experiencia diplomática alguna y con un mensaje: no se acreditaba como embajador, sino como revolucionario.
No llegaba a capital cualquiera. Unos meses antes Argelia había alcanzado la independencia tras ocho años de feroz guerra con Francia. Ahmed Ben Bella, uno de los dirigentes del Frente de liberación nacional, fue elegido poco después presidente del país que pasaría a convertirse en vórtice de los movimientos de liberación nacional que agitaban África y Asia.
¿Qué buscaba Cuba allí? Serguera, quien convirtió la embajada en un “club tercermundista” sostiene que la “presencia (de Cuba) en Argelia formaba parte del sistema de acciones defensivas de la Revolución cubana frente a la potencia norteamericana”. Un afán trazado desde La Habana con astucia y que “Papito”, un diplomático que funcionaba en realidad como militar y oficial de inteligencia, describe en términos ajenos a la sobada retórica de la “solidaridad”.
Uno de los aspectos más interesantes del relato de Serguera es la aportación al debate acerca de la condición satelital de Cuba respecto a la URSS, al resaltar la independencia que guió las acciones emprendidas por Cuba en el Tercer mundo. No sería, en efecto, hasta pocos años más tarde que el alineamiento de Castro con el Kremlin convirtiera a la isla en una pieza obediente –si bien mantuvo siempre salidas díscolas- del entramado del socialismo mundial. A principios de los sesenta, en cambio, Cuba conseguía mantener importantes cuotas de autonomía a las que ayudaba el diferendo entre China y la URSS y las apetencias de ambos países por atraerse los favores de los países poscoloniales.
Che Guevara: la clave africana contiene abundante información acerca de ese triple juego que ocupó a las dos grandes potencias socialistas de entonces, a los movimientos de liberación en África y América latina y a las naciones poscoloniales. Una dinámica en la que el gobierno de Cuba jugó todas las cartas, con un afán participativo y a la vez equidistante que constituye uno de las claves de la centralidad que el país ganó en esa década, antes de hundirse en la grisura de los setenta. Tal equidistancia -en realidad, una bien calculada estrategia- explica que Cuba asumiera en tantas ocasiones ante la URSS un rol de intermediario entre los movimientos de liberación o las colonias recién liberadas. Así, Serguera narra varios episodios de intercesión de Cuba a favor de Argelia, a partir de solicitudes de Ben Bella. También alguna anécdota hilarante, como la ocasión en que Nikita Jruschóv comentó a Fidel Castro que los imperialistas querían involucrar a Cuba en el golpe de estado en Zanzíbar porque siempre creían ver la mano de los países socialistas detrás de levantamientos populares. Correspondió al propio Serguera, según testimonia, sacarlo de su error e informarle de que no había mentira alguna, pues los artífices del golpe habían sido entrenados en Cuba, razón que motivó que dieran la asonada al grito de “¡Patria o muerte! ¡Venceremos!”.
Además de los dirigentes argelinos, en quienes se centra la mayor parte del relato, numerosos líderes africanos se pasean por las páginas de estas memorias: Ahmed Sékou Touré, Amílcar Cabral, Massemba Debat, Modibo Keita… También asoman guerrilleros como Ricardo Masseti, que salió de Argel hacia Argentina donde murió, los dirigentes del Partido Comunista de Venezuela por quienes Cuba intercedió ante Ben Bella para que recibieran apoyo en armas y entrenamiento en Argelia cuando decidieron pasar a la lucha armada, Santiago Carrillo, el dirigente comunista español entonces exiliado, quien también se apoyaba en la Embajada de Cuba para la instalación de una sección del Partido Comunista de España en Argel. Por último, Serguera narra su visita a Juan Domingo Perón por encargo de Ernesto Guevara. Perón desoyó la sugerencia que le llegaba de La Habana en relación con el traslado de su residencia a Argel. Aceptó, sin embargo, la maleta enviada por Ernesto Guevara, de cuyo contenido nada dice Serguera.
Si bien la aventura africana de Ernesto “Che” Guevara da título al libro y le sirve de reclamo, las páginas dedicadas a los dos viajes que el guerrillero argentino realizó a Argelia poco aportan al desentrañamiento de la “clave africana” de Guevara más allá de lo ya conocido. De hecho, llama la atención que Serguera quien vivió tan de cerca aquellos acontecimientos, incluida la participación de Guevara en el Seminario Económico de Solidaridad Euroasiática celebrado en Argel en febrero de 1965, no sea capaz de aportar más que su propia interpretación del guevarismo. Alguna anécdota regala, sin embargo, como una ocurrida cuando llegaron ambos a Congo Brazzaville durante la gira africana de Guevara en diciembre de 1964 y se toparon con un conato de golpe de Estado. Sin pensárselo dos veces, el argentino ordenó a Serguera que buscara armas y éste se desplazó hasta la casa de unos opositores donde sabía podría encontrarlas. Media hora más tarde el motel donde se alojaban y la nave de Cubana de Aviación en la que realizaban el viaje estaban debidamente protegidos por improvisado arsenal de fabricación soviética.
Con todo, Che Guevara: la clave africana constituye una magnífica herramienta para el historiador que quiera adentrarse en los primeros años de la relación de Cuba con el Tercer mundo y el estudioso interesado en las estrategias que convirtieron a la Cuba de los sesenta en vórtice de un mundo que asistía a la Guerra fría y a la eclosión de los movimientos de liberación del colonialismo.
Es una lástima, entonces, que no haya tenido la suerte de contar con un editor juicioso que podara el texto de las farragosas interpolaciones de un Serguera con ínfulas de filósofo de la historia que aparecen por todo el libro cortando el relato con un afán didáctico que se torna a veces insoportable.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 15/07/2009 3:02
Dalilah, Rayan, nosotros
Jorge Ferrer | 14/07/2009 3:24
Primero murió Dalilah. Y ahora mataron a Rayan.
Dalilah se paseó por los hospitales. Nadie vio que podía morirse. “I told you I was sick”, dice una lápida en el cementerio de Key West, en la Florida. Fue eso, no la creyeron y acabó muriendo. La primera víctima en España del virus que llaman ahora H1N1, como quien le da nombre a un asteroide, murió por la desidia de los médicos. A Dalilah le practicaron una cesárea para salvar la vida que llevaba dentro. El niño murió ayer cuando le inyectaron en vena lo que debió alimentarlo por sonda nosogástrica. Un error. Un mero error. La vía equivocada y adiós a ese bebé de dos semanas de vida…
Dos muertos de una misma familia en un mismo hospital por errores consecutivos… Anoche, en mi casa, vimos los periódicos y los telediarios como quien asistía a un crimen. A dos.
¿Pago yo mis impuestos para que esa familia de inmigrantes marroquíes, de inmigrantes como yo y los míos, pierda dos vidas, o siquiera una, en Madrid? ¿Qué digo yo? ¿Paga impuestos mi vecino nacido en Salamanca, en Sant Celoni o aquí en Barcelona para asistir todos juntos a la vergüenza de esas dos muertes consecutivas?
La ineficacia, el azar y la mala suerte –el jodido azar y la jodida mala suerte; la intolerable ineficacia- se cobraron dos vidas, una detrás de la otra, de la misma sangre, el mismo apellido.
Se aliaron las tres para mostrarnos un sistema que apenas funciona.
Y ese abuelo –huérfano al revés y dos veces- estalló ante las cámaras. “Un bárbaro”, dirán. “Un extranjero”, se excusarán.
Ese pobre tipo, ese tipo desgraciado, nos ha gritado a la cara la mitad de lo que somos. Lástima que no nos la haya roto.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/07/2009 3:32
Remolcador 13 de marzo: quince años después
Jorge Ferrer | 13/07/2009 2:23
El –me luce ahora- insoportable diálogo que uno de los sobrevivientes de la tragedia del remolcador «13 de marzo» testimonia mantuvieron víctimas y verdugos de la tragedia que hoy cumple 15 años.
Los últimos embisten una y otra vez el barco en el que viajaban 68 personas. Les gritan a los refugiados que abandonen el remolcador, porque hacía agua y amenazaba hundirse. Desde el remolcador se resisten y les replican «que eso no era así y que si querían llegaban a la China».
Que si querían llegaban a la China, dijeron. A la China.
Así de puerca es la historia. Así de tramposos los augurios.
Aquel día, hace hoy 15 años exactos, 37 (¡treinta y siete!) inocentes fueron asesinados por el régimen de Fidel Castro.
Conocemos los nombres y la edad de los muertos (Leonardo Notario Góngora (27), Marta Tacoronte Vega (36), Caridad Leyva Tacoronte (36), Yausel Eugenio Pérez Tacoronte (11), Mayulis Méndez Tacoronte (17), Odalys Muñoz García (21), Pilar Almanza Romero (30), Yaser Perodín Almanza (11), Manuel Sánchez Callol (58), Juliana Enriquez Carrasana (23), Helen Martínez Enríquez (6 meses), Reynaldo Marrero (45), Joel García Suárez (24), Juan Mario Gutiérrez García (10), Ernesto Alfonso Joureiro (25), Amado Gonzáles Raices (50), Lázaro Borges Priel (34), Liset Alvarez Guerra (24), Yisel Borges Alvarez (4), Guillermo Cruz Martínez (46), Fidelio Ramel Prieto-Hernández (51), Rosa María Alcalde Preig (47), Yaltamira Anaya Carrasco (22), José Carlos Nicole Anaya (3), María Carrasco Anaya (44), Julia Caridad Ruiz Blanco (35), Angel René Abreu Ruiz (3), Jorge Arquímides Lebrijio Flores (28), Eduardo Suárez Esquivel (39), Elicer Suárez Plascencia, Omar Rodríguez Suárez (33), Miralis Fernández Rodríguez (28), Cindy Rodríguez Fernández (2), José Gregorio Balmaceda Castillo (24), Rigoberto Feut Gonzáles (31), Midalis Sanabria Cabrera (19), y cuatro víctimas más que no pudieron ser identificadas); no hemos leído la sentencia dictada por un tribunal contra sus asesinos.
Anótese y subráyese, año tras año, como una tarea pendiente. Una más de las muchas pendientes en una lista tan larga como nuestra espera, nuestra paciencia, nuestra desesperanza.
Separen hoy, se los ruego, un rato para escuchar los testimonios de los sobrevivientes recogidos en el documental Masacre en altamar.
Ya sé que es lunes, ya sé que hay asuntos más perentorios esperando por cada uno de nosotros. Pero, oigan, los muertos de hace 15 años merecen que los tengamos en la memoria. Ser memoria viva.
De contra:
Atiéndase a los exiliados en Canadá y su protesta hoy frente al Parlamento Federal en Ottawa. Construirán una balsa…
Ilustración: Luis Cruz Azaceta, The Crossing, 1991.
A Cruz Azaceta le debo también, además de su obra magnífica, la cubierta de L'Enriquiment de la pèrdua.
UPDATE:
Según Cubanet Carlos Lage habría salido del Plan Pijama y lo habrían recolocado en el Instituto Nacional de Salud de los Trabajadores (INSAT).
El nombre del instituto induce a pensar en organismo de poca monta. No es el caso: atiéndase al objeto social del INSAT, o repárese -basta googlear- en la presencia internacional del instituto. Qué le dure...
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/07/2009 2:10
Sofá power
Jorge Ferrer | 11/07/2009 23:08
Al teléfono:
–¿Viste el discurso de Obama en Ghana?
–Más o menos, sí…
–Histórico y pico.
–¿No me digas?
–Coño, dijo que a los Estados Unidos ya no le interesa qué gobierno tiene cada país, porque la democracia consiste en que los pueblos elijan cómo quieren que los gobiernen según las tradiciones de cada cual…
–Qué raros se han puesto los yumas, chico. Parecen islandeses…
–Islandia estuvo a punto de desaparecer hace poco.
–Por eso…
–Ven acá, bróder, pero si a los Estados Unidos ya no les interesa imponer gobiernos democráticos, como dijo Obama, entonces ¿por qué vamos a seguir regalando dólares?
–Charity, ¿no?
–A ver, se suponía que pagábamos para comprar lealtades y establecer gobiernos democráticos, ¿no?
–No; no siempre, al menos. Y ya todo eso se acabó: aquello era la Guerra fría.
–Esto no tiene nombre, tú.
–Sí. Le dicen Soft Power, que el corrector ortográfico del Word convierte en «sofá power», como convierte «Siberia» en «Liberia».
–Hmm… Liberia que está al ladito de Ghana y allá viajó después de unos días en Moscú... Ahí tiene que haber alguna pista, oye…
–Va y sí...
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 12/07/2009 2:59
Adulones, guatacones, chicharrones
Jorge Ferrer | 10/07/2009 21:15
La adulonería, la guataquería, la chicharronería. Todos los poderosos producen adulones, chicharrones, guatacas. Los dictadores los generan a montones. El miedo –un miedo básico, desnudo– o la búsqueda de dádivas y favores promueven el servilismo, la ilusión del culto.
La lista de célebres, tristemente célebres, guatacones de Fidel Castro sería de no acabar. En papel o celuloide, hay testimonios de sobra. La última, la de ese reguetonero, “Baby” Lores, dedicándole una canción y tatuándose su cara en el hombro.
Pero por mucho que se hayan esforzado los cubanos en esa materia, es difícil encontrar una prosa española más insoportablemente babosa –por adulona– que la del documental Franco, ese hombre, un panfleto propagandístico que ofreció José Luis Sáenz de Heredia al «Caudillo» en 1964.
Tengo para mí que, por apretada que sea la liza, esta es la pieza suprema de la chicharronería en español.
De contra:
Guamá, por cierto, ha estado cubriendo la guataquería nacional reciente con aciertos hilarantes.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 11/07/2009 1:16
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