Todo incluido
Jorge Ferrer | 08/08/2009 3:32
«Yo antes era procubana, pero ahora cambié para Brasil», me dijo una mujer hace un rato. Nos acababan de presentar en una fiesta.
«Pero ¿procubana en el sentido de admiradora del régimen?», quise precisar. «Sí, claro», me dijo. «Cuando te gusta un país te gusta todo, desde Silvio Rodríguez, ¡cómo me gustaba Silvio!, hasta la política. Es como un "todo incluido"».
«¿Y qué tal el cambio?», le pregunté. «Oh, buenísimo. Los brasileños son más divertidos, viajas allá y te lo pasas fenomenal y no como en Cuba que cada vez que iba todos estaban llorando sus miserias», me respondió. Y añadió: «Pobre gente, pero la verdad es que una no está para pasar las vacaciones entre tanta depresión».
Me gustó el gesto: cambiar de afectos ideológicos, gustos musicales y culinarios, cocktelería -el mojito por la caipirinha-, como quien muda la camisa.
Una nada sofisticada economía del turismo y los afectos políticos.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 08/08/2009 23:42
Google Ads @ Cubaencuentro
Jorge Ferrer | 07/08/2009 2:02
Esos anuncios de Google que aparecen ahora bajo los artículos de este portal…
La odiosa tiranía del click para ganar dinero. ¿Que si me molestan? Más: me repugnan. Me asquea leer bajo artículo sobre la represión o bajo noticia que cuenta presos, invitaciones a viajar a Cuba a precio de saldo.
Pero ese es asco pequeño, es asquito. Una repugnancia que puedo evitar manejando el mouse. Amago de vómito esquivado con un golpe de muñeca.
Lo que de veras me asquea es que el proyecto editorial más importante que ha erigido el exilio cubano en los últimos tres lustros no goce del apoyo financiero necesario de ese mismo exilio y de los gobiernos de España, los Estados Unidos. Y otros, los que sean. Que tenga que recurrir a esas tretas. Ociosas, por cierto.
Arriba y a la derecha, la miro ahora mismo, tengo la colección (casi) completa de la revista Encuentro. Está accesible online. Que esa revista desaparezca por falta de subvenciones privadas, públicas e institucionales, las mismas que han de sostener una cultura cualquiera, pero sobre todo una cultura exiliada, me parece una vergüenza. Una vergüenza nuestra, porque de esa no podremos echarle la culpa a nadie. Y una vergüenza, por cierto, de la que tendrán que responder los gestores del proyecto, que no han sabido buscar suscriptores y compradores de esa revista magnífica.
Sí, ya sé: la crisis. Conozco del recorte de fondos que padecen todos y en todas partes. Importantes ONGs se van al garete. Madoff arrastró a algunas. Pero que Encuentro se pierda, ¿nos lo podemos permitir? ¿Satisfará a alguien aparte de a La Habana y a un par de cubanocómicos?
A mí Encuentro no me da de comer, ¡ni un taco de jamón!, y lo digo para poner el parche antes de que aparezca el descosido. Ni me da de comer el anticastrismo. El mío es a fondo perdido desde hace muchos años, desde que vivía en la Cuba a la que no puedo volver aprovechando esas ofertas suculentas de Air Comet que evito ahora en Cubaencuentro.com
Tampoco me importa que su portal digital acoja El Tono de la Voz, algo que parece tiene pronta fecha de caducidad.
Lo que me escandaliza, lo que me entristece, y algo sé de los esfuerzos editoriales del exilio cubano, es que parece me tocará asistir a otro silenciamiento. Será que ese es nuestro sino. Que tendremos lo que merecemos, es decir, nada.
¡Ojalá me equivoque!
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 07/08/2009 2:40
Un Clinton para Cuba...
Jorge Ferrer | 06/08/2009 1:08
Al teléfono:
–Ese Clinton es la candela, tú. ¿Viste cómo se trajo a las dos chinitas?
–Leí en un comentario en el blog que las muchachas estaban más seguras en las mazmorras del enanito Kim que encerradas en un avión con Clinton. Es lo mejor que he visto en el día, por gracioso… Aparte del avance de la Paris Match de mañana, claro. Por prometedor.
–Pero, a ver ¿por qué no mandan a Clinton a Cuba? No sé… Va y sirve de algo…
–¿Quieres decir que el viaje a Pyongyang ha servido de algo?
–¡Coño! Liberaron a dos presas…
–Norteamericanas.
–Sí, pero esto hay que moverlo, bróder… Si Clinton y Sarkozy fueran juntos a La Habana, por ejemplo… ¿Te acuerdas de los presos aquellos que Sarkozy sacó de África?
–Franceses.
–Ya, pero, no sé… Y si fueran Clinton, Sarkozy y Ban Ki-Moon, por ejemplo… Ban Ki- Moon se ha peleado duro por la presa birmana…
–No serviría para nada más que para uno de esos chistes que reúnen a tres nacionales de países distintos para gloria de uno de ellos y escarnio de los otros dos. Algo del tipo «Un día llegaron a casa de Fidel un norteamericano, un francés y un coreano y se encontraron con que para poder entrar tenían primero que quitarse toda la ropa, etc., etc.»
–Hay que ser optimista y luchar por Cuba, Jorgito. No se puede aceptar la derrota.
–La derrota, ¿no?
–Mira, hoy [ayer] es [fue] el aniversario del Maleconazo. Ahí tienes un ejemplo de que eso se cae en cualquier momento si trabajamos para lograrlo.
–De aquello hace quince años. ¡Quince años! Y supongo te acordarás de cuánto duró y, sobre todo, de cómo acabó, ¿no?
–Eres un tipo de poca fe, asere. Tú imagínate que vayan Clinton, Sarkozy, Ban Ki-Moon y…
–¿Obama?
–No, ¡si va a Obama ese sí que arrastra al pueblo!
–Cuidado con el verbo «arrastrar»; es el verbo clave en muchas cuestiones de Cuba, pero hay que utilizarlo y conjugarlo siempre con mucha precisión…
–¡O que vaya el Papa!... Ah, no, si ya fue uno…
–Tú sigue montando esa caravana «Venceremos» y ya me avisas… No te olvides de incluir a Juanes y a Bill Murray, quien tuvo despertar tan divertido con la supertemba de Paris Match...
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 06/08/2009 3:12
No Castro, no problem
Jorge Ferrer | 05/08/2009 1:19
Comencé a trabajar a las once de la mañana, como cada día. En los meses duros de verano trabajo en el salón, porque el acondicionador de aire lo enfría mejor que a mi lugar de trabajo habitual. Ello me obliga a prescindir del ordenador de mesa y utilizar el portátil. No es algo que me moleste demasiado, pero me disgusta. Lo que sí me molesta es que hace unos tres días el acondicionador de aire sumó a su ronquido de siempre un silbido intermitente que me desquicia a ratos. Limpié los filtros esta mañana antes de sentarme a trabajar. No sirvió de nada y hacia las once y media el coro me estaba poniendo las cosas muy difíciles. Más tarde, poco después del mediodía, un nuevo instrumento se sumó a la orquesta. Algo chisporroteaba. «El aire de los cojones», pensé. Lo apagué, pero nada. El chisporroteo era cada vez más intenso y olía a plástico quemado. ¡El adaptador del ordenador portátil ardía! Lo desconecté. Quedaba un par de horas de batería. Trabajé durante hora y media a toda prisa. Después, salvé los documentos importantes y me los envié por Gmail. Continuaba oliendo a quemado y el ronquido y el silbido alcanzaron su apogeo. Apagué el acondicionador de aire y abrí las puertas. Ya no olía a quemado, pero hacía un calor del carajo.
Llamé a un Beep que tengo a tiro de piedra de casa. «¿Qué cuesta un adaptador para ordenador portátil de la marca tal y el modelo mascual?», pregunté. «Le podemos hacer una réplica», me dijeron, como si habláramos de un Van Gogh. «Le saldrá sobre los sesenta euros». «¡Sesenta euros por una mierda de adaptador!», protesté. «Son réplicas muy buenas», se defendió el tipo como si de veras hablara de un Van Gogh. «¿Cuándo la tendréis?», pregunté. «Bueno, ahora en agosto, ya sabe. Calcule que sobre los diez días», me dijo el marchante. Miré en e-bay. Sobre los 12 euros más portes y los mismos diez días de espera. «¿Será que este tipo me quiere comprar un adaptador en e-bay?», me dije.
Pasé una hora de la tarde mejorando mi score en la Wii. Lo mejoré notablemente en baseball y tennis. Ya no puse más el acondicionador de aire. Sudé esos scores. Después desempolvé un viejo portátil IBM y en él trabaje el resto de la jornada.
Hace media hora llamé a un amigo a La Habana. «¡Qué tal, Yoyi?», me preguntó. «Jodido», le dije. «Un día cabrón. ¿Qué tal ustedes por allá». «Ay, viejo, si yo te contara…»
La cabrona relatividad.
Cuando suba este post volveré a e-bay a comprar el adaptador replicado. Mañana llamaré al técnico para que me mire el aire acondicionado. Definitivamente, si el «No Castro, no problem» dista de ser absoluto, al menos se aproxima bastante a la realidad.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 05/08/2009 1:33
Una lágrima por la libertad
Jorge Ferrer | 04/08/2009 0:01
En Tánger, hace unos diez años, nos disponíamos a regresar a España y mis dos acompañantes –españolas, aunque una de ellas de ascendencia marroquí– quisieron hacerlo con dibujos de henna en las manos. Los turistas, ya se sabe.
Habíamos pasado la tarde visitando a la familia de unos amigos de los padres de mi amiga marroquí y una de las muchachas de la casa era célebre en el barrio –un barrio muy humilde de Tánger, que creo se llamaba Al-Diwan, un dato que no tengo tiempo de verificar ahora–, por su arte en trazar filigranas de henna en las manos de las novias. Se lo pidieron y la muchacha, obsequiosa como casi todos en Marruecos, aceptó venir a la casa donde nos alojábamos y ejercer su oficio.
Era una joven de unos veinte años y de una belleza absolutamente celestial. Una belleza de esas que duelen cuando las admiras. Subimos a la casa, la marroquí preparó la henna y comenzó a dibujar las manos de mis amigas. Una artista en toda regla. Artista de un arte perecedero, qué lástima. De arte milenario, qué suerte.
Animado por llevarme también yo en el cuerpo una muestra de aquella maravilla, los turistas, ya se sabe, le pedí –mi amiga hispano-marroquí servía de traductora– que me dibujara algo en el brazo. «Eso es imposible», dijo la artista. Insistí durante la hora larga que trabajó sobre las muchachas. «Imposible», repetía. Pero se iba ablandando. Y yo aducía argumento tras argumento a favor de que me tatuara. No los recuerdo ahora. Seguramente eran disparatados, pero ingeniosos, algo a lo que ayudaban las Heineken que había comprado esa mañana en el mercado negro. Me vienen a la mente las risas; la recuerdo cediendo, cediendo y, al final, aceptando. Reticente, pero curiosa. Temerosa, pero excitada.
Me llegó el turno. Pasaron minutos antes de que la muchacha me tomara el brazo por fin. La tenía tan cerca que la olía por encima del ácido aroma de la henna.
Asió mi brazo, un estremecimiento la recorrió entera y se le aguaron los ojos.
«Qué pasa», pregunté.
«Dice que es la primera vez en su vida que toca la piel de un hombre que no sea de su familia», tradujo mi amiga.
Es lo que tiene encontrarse con la libertad después de años añorándola. Temor y temblor, y agua en los ojos, primero. Y después, a gozar. Quien pueda, claro.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 04/08/2009 0:10
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