Cambio, cambias, cambia...
Jorge Ferrer | 19/12/2008 17:39
Tags: "Transición" en Cuba
Como Jean-Paul Belmondo en aquella deliciosa El hombre de Río, Raúl Castro se fue a Brasil a iniciar la aventura de su vida. (No fue su amistad con Antonio Gades “la aventura de su vida”, breteros y mal pensados.)
Allá, suele pasar, la condición de viajero le ha soltado la lengua. Y va repitiendo que no tiene reparos a hablar con Barack Obama, diciendo que “se acabó la época de los gestos”, ofreciendo cambiar presos políticos por espías presos. ¿No era CHANGE el leitmotiv de la campaña del próximo presidente de los EEUU?
Pues, a cambiar, oye. (Modifíquese ligeramente el ejemplo en la acepción tercera. Sea: "Cambiar presos por dólares")
Raúl Castro juega con las cartas marcadas a un juego que aprendió de su hermano mayor. Propone y reta. Sabe que ofrece a sus rehenes para un canje imposible: unas son las leyes que juzgan en Cuba a quienes disienten y otras bien distintas las que sirvieron para condenar a los espías de la DSE en territorio norteamericano. Sabe también que en Cuba nadie le reprochará la existencia de presos políticos, porque los cubanos tienen asuntos más perentorios que atender. Sabe más: sabe que los cubanos no saldrán a la calle ni siquiera ante una catástrofe humanitaria y la negativa del gobierno cubano a aceptar la ayuda de los EEUU y el exilio. A Raúl le faltan muchas cosas, pero no cubanos sumisos. Él, el primero. Es consciente de que el castrismo ganó de calle “la madre de todas las batallas”: separó las nociones de historia y acción. Las sustituyó por espera y tedio.
Pero, ay, sumar ítems a la agenda de un encuentro que rebase el nivel de los que se suceden entre funcionarios del Departamento de estado y los cubanos acreditados en Washington, entraña ciertos peligros. “Cuídate de los que deseas, que a lo mejor lo consigues”, dice, poco más o menos, un proverbio chino. Tal vez asistamos algún día al desmontaje de la falacia mejor construida en los últimos años, esa que proclama que sólo a los “cubanos de la isla” corresponde resolver “el problema de Cuba”. Padecerlo sí; ¿resolverlo…?
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 19/12/2008 17:48
"Negros", emigrados y "cambios"
Jorge Ferrer | 21/11/2008 14:30
Tags: "Transición" en Cuba
Agárrense: ''Los negros dejan la política para los otros. Por eso en Cuba hay tantos profesionales negros''. Lo dijo ayer Pedro Pérez Sarduy aquí en Miami al ser preguntado sobre la escasa presencia de cubanos de raza negra en las altas esferas del poder cubano, que es blanco y burgués como los manteles victorianos.
Sobre Oscar Elías Biscet también tuvo palabras: “No recomiendo la cárcel, pero si el tipo está preso, al menos nadie le ha hecho un atentado contra su vida.”
“Cambios en Cuba”, decíamos hace unos meses y era como si abriéramos tablita en Excel para ir registrando los movimientos de los discursos en La Habana: levantábamos acta notarial del “poco a poco”, íbamos llenando –es un decir- las columnas de los haberes y los deberes. Lo que dijo fulano, lo que adelantó mengano, a lo que se atrevió zutano.
La cosa no pasó de la primera hoja. Adivinarle el rostro al poscastrismo desde los discursos que provienen de los intelectuales residentes en la isla se ha revelado ejercicio cuya hermenéutica carece aún de su piedra de Rosetta. Un atisbo aquí, otro indicio allá, un revelador silencio hoy, una clamorosa finta más allá…
Sin embargo, la manera en que los intelectuales y artistas emigrados y afines a la revolución –sea por convicción doctrinal, como en el caso de Pérez Sarduy, o por mera marca en la sangre y la lengua, como en Paulito FG- traen a Miami la voz de su apoyo a la dictadura con discursos que no son aquellos del intelectual oficial castrista de antaño, sino que se arman con esa suerte de espontaneidad que es propia de quien lleva años residiendo fuera de Cuba, es asunto digno de registrar. Porque no sabemos cuánto habrá que esperar para que un artista o escritor cubano con residencia en su país diga a las claras que allá se violan los derechos humanos, las cárceles encierran a largas decenas de presos de conciencia y que los hermanos Castro son los responsables del terror y el hambre de medio siglo, pero ya tenemos testimonios de sobra de que los emigrados disfrutan enjabonándole el lomo a la dictadura, disculpándola, agradeciéndole lo que le deben.
No le echemos mañana la culpa a aviesas fuerzas ocultas de que se fabrique una memoria positiva del medio siglo de castrismo que sirva para silenciar el horror totalitario. De eso se ocupan ya decenas de miles de emigrados, de quienes artistas y escritores con acceso a la prensa no son más que un botón de muestra. Definitivamente, hay gente aquí preparándose para los “cambios”.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 21/11/2008 14:38
Gustav en Pinar del Río: adiós al laboratorio
Jorge Ferrer | 02/09/2008 1:11
Tags: "Transición" en Cuba
Pinar del Río arrasado. (Desde aquí mi solidaridad con todos los pinareños.)
El hecho, cuya principal significación es por supuesto humana –más pobreza para gente que ya era pobre– irrumpe también en el ámbito de la política y afecta los «cambios» de Raúl Castro.
Porque Gustav, con la inconciencia propia de los elementos, arrasó con la niña bonita de la transformación en el sector agropecuario cubano tal como la imagina el gobierno. El «Poco a poco» en materia agrícola pasa, o pasaba –habrá que evaluar las afectaciones totales–, por esa provincia cercana a la capital. Gustav ha desmantelado el laboratorio.
La primera intervención publicitada de Castro II en materia agropecuaria desde que tomara el poder y se empezara a hablar de «cambios» fue su viaje a Pinar del Río para visitar la Unidad Básica de Producción Agropecuaria Los Mangos (120 hectáreas), a cinco kilómetros de Los Palacios. Fue en marzo de 2007 y viajó acompañado de Leopoldo Cintra Frías, jefe del Ejército occidental y responsable de velar por la marcha del hasta ahora laboratorio. (Repásese la crónica de ese viaje que escribió María Luisa Mayoral para Granma: no tiene desperdicio.)
También estuvo Pinar del Río en el discurso el 26 de julio de 2007, cuando Castro II se refirió a los «experimentos» para aumentar la producción de leche: mencionó expresamente los municipios de Mantua y San Cristóbal.
Más recientemente, las cooperativas de Pinar del Río volvieron a encaramarse a las noticias cuando algunos cooperativistas anunciaron que devolvían las libretas de abastecimientos. La noticia venía a confirmar lo que el anacrónico gobierno de Cuba parece dispuesto a ofrecer como descubrimiento que patenta. A saber, que un grupo de personas trabajando en común y beneficiándose de su trabajo son capaces de producir más que quienes sólo ven beneficio para un estado glotón y represor de la iniciativa individual.
Los caminos del gatopardista «Poco a poco» de Castro II son inescrutables. Pero sí son perceptibles la presión social y la evidencia de que producir y producir, que es lo que necesitan para paliar la miseria, y reclaman ellos mismos, pasa por una reforma a fondo del sistema económico. Al extenuante tiempo que se toman para impulsarla, Gustav le acaba de sumar cruel prórroga.
Generoso que soy por naturaleza, aquí va regalito para quienes de veras desean en el entourage de ese gobierno reformas pero no saben cómo justificarlas sin que se vea que fueron vencidos por la historia: agárrense a la incierta situación de la economía mundial o digan que Gustav es el totí.
Anuncien que desmontan el castrismo –llámenlo «sistema económico», si prefieren– porque así lo exigen las circunstancias, pero que la revolución esto y la revolución lo otro, y que viva…
¿Que el desecho en Adidas se queja? ¡Pero si ya lo hizo él mismo cuando despenalizó el dólar! ¡No va a ser por falta de imaginación para inventarse excusas, cuando llevan medio siglo pariendo una tras otra! Excusas es lo que más ha parido esa era revolucionaria, no corazones.
Nadie notará una más.
Y digo yo que muchos, pinareños incluidos, lo agradecerán.
De contra:
El Juventud Rebelde tiene maqueta que guardar. En el futuro, si es que nos viene propicio, apenas tendrá que cambiar un nombre.
De recontra:
En Kaosenlared continúan abrevando los revolucionarios en busca de cambio. Como que el agregador de noticias me los trae a puñados y son tantos, supongo que tendré que ocuparme aquí de ellos. Hoy la hija de Barbarroja dejó también lo suyo. ¡Tremendo!
No sé si me gusta ese trasiego de «revolucionarios» por la autopista de la desinformación. Me pasa lo que con las ardillas que cruzan las carreteras a la carrera. Son graciosas, pero, ay, del otro lado las espera bosque idéntico.
La foto es de Reuters.
UPDATE:
Se concreta la ayuda rusa a Cuba para paliar la destrucción dejada por Gustav: cuatro aviones de ayuda humanitaria.
Mañana salen los dos primeros con carpas, materiales de construcción, productos de primera necesidad y alimentos.
UPDATE:
De la Galería I-MEIL de Lázaro Saavedra:
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 21:58
Transición y militares en Cuba
Jorge Ferrer | 08/05/2008 15:38
La transición de uniforme
JORGE FERRER
Uno de los principales desafíos que enfrentan los procesos de democratización en países sometidos a largas dictaduras radica en la manera en que se consigue sumar al ejército a la nueva andadura reformista. A menudo, aunque es circunstancia que ha remitido en los últimos años, la posibilidad del golpismo ensombrece el panorama de las reformas institucionales.
Pocos conocen esos avatares mejor que Narcís Serra, quien acaba de publicar La transición militar. Reflexiones en torno a la reforma democrática de las fuerzas armadas (Barcelona: Debate, 2008), un libro de doctrina militar que basa en su experiencia como ministro de Defensa español entre 1982 y 1991, una década en la que España se despojó de la rémora del franquismo y consiguió una reforma de las relaciones entre poder político y ejército verdaderamente ejemplar. Las mismas que han permitido salto tan espectacular como el que va de aquellas piñas de generalotes con ojos ocultos tras gafas tintadas de negro a la oronda Carme Chacón, actual ministra de Defensa, pasando revista a las tropas con avanzado embarazo y ''¡Viva España!'' contenido.
Para la Cuba que vivirá más pronto que tarde su propia transición institucional hacia la democracia, la cuestión del acomodo del ejército a una sociedad donde los militares queden plenamente subordinados al poder civil es crucial. Y es evidente que conseguir la anuencia de la alta jerarquía castrense a que quienes presidan el gobierno y establezcan la función social y las misiones de las tropas sean cargos civiles --y no el comandante en jefe Fidel Castro o el general de ejército Raúl Castro-- implica mucho más que una mera cuestión de reordenamiento jurídico.
Una ''transición militar'' en Cuba deberá enfrentar obstáculos de enorme calado, como la radical militarización de la vida y la política cubanas en el último medio siglo. También, y sobre todo, la gestión militar de una economía vista tantas veces como ''economía de guerra''. No por gusto la célebre ecuación de Raúl Castro distinguía tanques de frijoles, una dupla que aun cuando apostara por los segundos, subraya el estrecho vínculo entre ejército y administración económica.
Así, no fue un mero accidente que la opción por los frijoles trajera consigo una estrategia de afianzamiento de la cúpula militar en sectores punteros de la economía, a medida que el otrora elefantiásico ejército cubano iba desmovilizando efectivos. A ello se suma el peso de Ramiro Valdés en la gestión de las nuevas tecnologías de la comunicación desde fecha tan temprana como los años '80, cuando presidía la corporación COPEXTEL. Todas esas premisas amenazan con colocar a la cúpula castrense al timón de la nave de la economía cubana del poscastrismo.
Se trata de una situación que difiere en buena medida de la que enfrentó España y que muy probablemente obligue a seguir la senda de una transición pactada con una cúpula militar que parece buscar un billete a la Cuba futura por medio del control de las empresas. Podríamos encontrarnos, en definitiva, con que el modelo que preconiza la transition through transaction, sea, entre nosotros, un asunto de transacciones bancarias.
Otro elemento principalísimo a tener en cuenta y que diferencia a los ejércitos español y cubano a la hora de enfrentar una transición hacia la democracia es la historia del desempeño de los militares cubanos en Africa. Si bien el ejército español era heredero del que se alzó con la victoria en la guerra civil, como el cubano se proclama continuador del ejército rebelde, también lo es que la retirada del norte de Africa había minado la moral de los militares españoles involucrados en la transición. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en cambio, han salido victoriosas de tres guerras en aquel continente y reivindican con orgullo su rol en la supresión del apartheid.
Recientemente, Jorge I. Domínguez repasaba esas campañas africanas en Cuba en el siglo XXI. Ensayos sobre la transición (Madrid: Colibrí, 2006) y anotaba algunas de sus secuelas que afectarán a una transición futura, en particular ''las demandas que los veteranos de las FAR harán al Estado y la persistencia de elementos de prestigio social en las instituciones militares''. Se trata de escollos sorteables, ciertamente, pero que requerirán mucha imaginación política al poder civil de una Cuba que se embarque de veras en un cambio a favor de una sociedad abierta.
No son esas las únicas malas noticias, sin embargo. Otra es que la práctica de las transiciones en años recientes ha demostrado que éstas no llevan forzosamente al afianzamiento de un régimen plenamente democrático. Por el contrario, las llamadas ''democracias de baja intensidad'' son una opción al alza. Y la ''intensidad democrática'' de una Cuba futura pasa decididamente por los cuarteles y una oficialidad que sabe de guerra convencional tanto como de estrategias de mercado.
En ese sentido, el libro de Narcís Serra ofrece muchas claves atendibles. Las sugerencias normativas que desglosa, su visión de la democratización del ejército como elemento fundamental de una transición política global, o su insistencia en el óptimo manejo del ritmo y las formas con que se introdujeron los cambios en España son lectura provechosa para ''transitólogos'' ocupados en Cuba.
Publicado en El Nuevo Herald, edición del 08/05/2008
UPDATE:
El 13/05/08 apareció en El Nuevo Herald la siguiente carta de un lector a propósito del artículo:
Publicado el martes 13 de mayo del 2008
Cuba, ¿una transición a la española?
El artículo de Jorge Ferrer La transición en uniforme [Perspectiva, 8 de mayo] toma como base un libro de Narcís Serra, ex ministro de Defensa de España, sobre la experiencia de las fuerzas armadas españolas durante la transición a la democracia después del franquismo. Ferrer trata de establecer un paralelo del caso de España con una posible transición en Cuba. Los elementos de la ecuación planteada tienen premisas totalmente diferentes. Durante la dictadura franquista, a pesar del bloqueo internacional sufrido por España, la economía se mantuvo intacta bajo un sistema de libre empresa, el ejército mantuvo sus estructuras tradicionales, y la transición fue presidida por el rey Juan Carlos, educado bajo el sistema económico, social y político de Europa Occidental.
El caso de Cuba es totalmente diferente. La revolución destruyó los basamentos jurídicos, sociales y económicos de la antigua república, desmanteló el ejército tradicional, sustituyendo a su oficialidad y clases por una banda de rebeldes sin conocimientos militares. Es increíble que uno de los expertos citados en el referido artículo, el profesor Jorge Domínguez, se refiera a ese ejército como ''elementos de prestigio social en la estructura militar'' cuando esa cúpula castrense que hoy gobierna Cuba incluye a tres comandantes ''históricos'', Juan Almeida, Guillermo García y Ramiro Valdés, que no alcanzaron siquiera una educación de nivel secundario. Pero lo más importante de esa ecuación es que se implementó en el orden económico un sistema comunista llevado a niveles increíblemente incompetentes que destruyó totalmente la economía.
Si se analiza racionalmente la realidad presente, no puede haber ninguna conexión entre una transición en Cuba y la que ocurrió en España después del franquismo.
Daniel F. Calderín
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:43
La transición del «pez gato»
Jorge Ferrer | 25/02/2008 14:30
Tags: "Transición" en Cuba
Raúl Castro declaró abierto ayer oficialmente el proceso de cambios que espera a Cuba en los próximos meses. Tal vez, también en los próximos años.
Como en aquella célebre escalera del Château de Chambord por la que unos suben y otros bajan sin verse, la puerta que lleva a esta transición se abrió y cerró anoche para beneficio de ciegos.
Y si en el país de los ciegos, el tuerto es rey, que dice el dicho, en la «patria» que dibujó Raúl Castro en su discurso gris, ciegos habrán de ser todos por obligación, aunque tanto haya insistido en que no tienen que ser también mudos.
Sabíamos que nos esperaba continuismo. Contábamos con las loas al «jefe». Avisados estábamos de que asistiríamos a unanimidades y aplausos cerrados.
Hasta habíamos previsto el «¡Viva Fidel!» final lanzado por un espontáneo.
Pocos eran, sin embargo, en Cuba y el exilio, los que imaginaban que la tan cacareada transición, el tan previsto y anhelado cambio, iba a sufrir mentís tan rotundo desde los escasos labios del Segundón.
Cada uno habrá asistido a la lectura de ese discurso a su manera. O lo habrá leído, según su humor.
A lo que yo asistí fue a espectáculo urdido por un dictatorzuelo de tercera jugando a un Monopoly con las casillas en blanco y los dados trucados.
Raúl Castro, propóngase lo que se proponga, dijo ayer a los cubanos exactamente aquello que la mayor parte de ellos no quería escuchar. Llamó al Orden y la Disciplina –lo hizo una y otra vez- a quienes quieren escuchar las palabras Libertad y Cambio, a quienes anhelan desplegar su iniciativa individual y vivir en una sociedad que extienda sus límites. Aunque sea al ritmo del «Poco a Poco» que él mismo había alimentado.
Hizo más: convirtió a su hermano, Castro I, en árbitro de la transición. Lo llamó y buscó. Y pidió votación que lo consagrara como tal. Se votó, a instancias suyas, que Fidel Castro ostente derecho de veto sobre todo movimiento de envergadura. Quiso establecer la figura tutelar de un Ayatollah. Y se salió con la suya –cómo no, cuando Cuba sigue siendo Cuba- por unanimidad.
Raúl Castro ha dejado de ser el Interino para ser un ex-Interino por vocación propia. Puso tales límites a la transición que inauguró, que llamarla «transición» equivale a llamar sábado a un domingo cualquiera. Prometió lanzar migajas. Esa promesa fue la única que regaló anoche.
Hace pocos días, y a raíz de que la televisión de Miami transmitiera documental sobre el «pez gato» o «diablo», se hablaba de la voracidad incontenible y ciega de ese pez traído de Asia que se ha convertido en una amenaza para el ecosistema de Cuba. Un pez que se desplaza por la tierra, se zampa cuanto encuentra. Una ambivalente plaga: da de comer, a la vez que arrasa con todo lo comestible.
Eso fue lo que Raúl Castro mostró a los cubanos. La voracidad del castrismo se zampará lo que venga, aunque se llame historia. Aunque se llame Cuba. Ninguna carnada ha tentado de veras a esa bestia que es el Estado leninista de los hermanos Castro.
Amanezco hoy manoseando ejemplar de Moby Dick. Releyendo historias de arponeros.
La foto es de Enrique de la Osa para Reuters.
Zoé Valdés en La Repubblica: Da Castro I a Castro II. Il raulismo nella continuità
Una nota de humor de Simanca Osmani:
Cortesía de Yubanet.com
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:47
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