• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • > El Tono de la Voz

¿Dónde está la noticia?

4 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

-Socio, ¿cuándo le vas a meter a ese Raúl Castro alebrestado? Que si lo miran las jovencitas, que si no sé qué combate hace medio siglo, que si tiene a hermano recuperándose: campañita electoral, escuelita de música, pececé «el más democrático»…

-Pero meterle exactamente, ¿qué?

-Un post, ¡coño!

-¿De qué vale un post más o menos?

-Tú sabrás…

-¿Ya te leíste el Fighting Castro con la historia de Lino y Emy Fernández?

-No.

-Pues, cómpralo. Ahí verás con claridad prístina que lo único que vale con dictador que comienza, recomienza o acaba no es «meterle un post»…

-…

-¡Lo único, es meterle un tiro!

-Dilo entonces, viejo.

-Estamos en navidad, chico… Paz, amor, y amasar odios para enero…

-Después de Reyes, ¿no?

-Reyes, puah…

 

¿Dónde está la noticia?



Castro II en campaña, y Oscar Peterson

5 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Raúl Castro en campaña electoral. «Soy oriental», dijo a sus electores. Y les inauguró una escuela de bandas de música, «que forma parte de una estrategia del Comandante en Jefe Fidel Castro para dotar con una Banda a cada uno de los más de 160 municipios de Cuba».

Tratándose de emanación de tal estratega, no es de sorprender que la escuela tenga perfectamente diseñado su funcionamiento, según nos cuenta el periódico Sierra Maestra:

«La Escuela de Banda de Concierto formará, a partir del 3 de enero, a 120 varones y 30 hembras de municipios de Santiago de Cuba, en 10 de los principales instrumentos de este tipo de agrupación, procedentes de cinco municipios de la provincia, donde aún no existe este formato.

»Transcurrido un año de teoría y práctica, los alumnos irán a sus territorios a formar la Banda Municipal de Concierto, tocarán durante 15 días al mes, y la otra quincena continuarán clases de superación en la “Francisco Repilado”…»

¡Vaya campaña electoral! Y ¡vaya electores!

Les cuentan sin el menor rubor que los van a formar por orden del dictador y que sus vidas quedarán precisamente reglamentadas para satisfacer sus designios.

Y, sin embargo, sospecho que votarán en masa.

Hay algo decisivamente cándido en toda dictadura. Los discursos, sus recipientes, el tiempo…

 

Oscar Peterson, R.I.P.

Cubano Chant, en el célebre London Concert de 1964.

Es tip de mi estimada A.

 

UPDATE:

Dos perlas de lo que trae hoy el NYT sobre dizque horrible peligro que se cierne sobre Cuba:

Una:

Through accidents of geography and history, Cuba is a priceless ecological resource. That is why many scientists are so worried about what will become of it after Fidel Castro and his associates leave power and, as is widely anticipated, the American government relaxes or ends its trade embargo.

Otra:

By “some kind of cultural habit,” he said, people in Cuba rarely turn to the courts to challenge decisions they dislike.

“There’s no litigation, just a few cases here and there,” Mr. Rey said. “In most community situations if a citizen has a problem he writes a letter. That’s O.K., but it’s not all the possibilities.”

¿Qué tal si subimos a 31 el número de «hembras» de la escuela de bandas y mandamos a esa Cornelia Dean a tomar lecciones aceleradas de castrismo?

Así disfrutará del «accidente» en nuestra historia y conocerá de primera mano nuestros hábitos culturales.



Nochebuena, de Octavio Armand; y Machín...

8 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Octavio Armand recuerda su última noche en Guantánamo, Cuba, país de donde salió, para no volver, hace por estos días navideños cuarenta y ocho años.

Es cortesía especialísima con los lectores de El Tono de la Voz, que le agradezco.

 

Nochebuena

Por Octavio Armand

A la caída de la tarde salió a recorrer el pueblo. Una salida frecuente en el último par de meses, pues tenía una amiga, que aún no llegaba a novia quinceañera, a quien solía visitar a diario. Vivía en la calle Línea, así llamada por la vía del ferrocarril, que la surcaba como un río de dos corrientes paralelas, ambas convertidas por el brillo de la luna en agua centelleante y perfectamente inmóvil. En el acero se podía soñar hielo y burlar así el calor de tanto oriente multiplicado por tanto sur.

Aquella amistad teñida de deseos, o aquel deseo disfrazado por los ceremoniales del trato, era como una fruta cortada en mitades antes de que la pulpa cristalizara su primer azúcar. Una fruta a retazos, que para madurar tendría que juntarse. Tenía algo en común con la calle, como si las líneas hubieran salpicado la simetría de su metal al corredor donde esperaban al visitante como a la manecilla de un reloj y lo recibían con un beso; y a la acera que él recorría, acelerado el paso por extraños presagios, y donde luego compartiría unas horas con la muchacha, él de pie a un lado de la baranda, ella al otro lado en el balance que la ofrecía y la negaba a Tántalo.

Líneas paralelas que jamás se tocan, decía un bolero de aquellos años. Otro, igualmente profético, le pedía al reloj que no marcara las horas, que detuviera su camino. Un camino de dos líneas, como las del ferrocarril, pero diminutas en su sincronizado y convergente metal; y que a cada rato se cruzaban, montándose una sobre otra, hasta desaparecer la dualidad dos veces al día en las tres y cuarto y otras dos en la una y cinco y las seis y media o las doce en punto. Noche y día, cada día, en la lenta pero inalterable sucesión de los días.

Solo que esta vez no había salido por la noche, después de la cena. Tenía que hacer dos visitas antes de repetir a Euclides. Una en Calixto García, cerca del parque donde años atrás montaban el circo, cuyos leones asustaban mucho menos que los payasos, pues el miedo, el verdadero miedo, es hijo del espejo. Pese a la maestría con que saltaban sobre bancos escalonados y atravesaban aros llameantes, los leones eran tan ajenos al hombre que los domaba como al niño asombrado que quería imitar los crecientes rugidos, estentóreos, casi estereofónicos en las jaulas, para disimularlos entre los suyos.

La risa despertada por los payasos era más amenazadora, pues a pesar de las narices como bombillos encendidos, los rostros enmascarados por la pintura y las melenas como de estopa, resultaba inocultable lo humano; y en las cachetadas, los trompones y las caídas con que deleitaban al público se azogaba un vidrio para que el niño aprendiera a verse en lo ridículo y deforme.

En Calixto García no le abrió la criada. El llavín y el cerrojo respondieron a la aldaba sin demora, como para que los mundos separados por la puerta se encontraran cuanto antes en la sala, que solo entonces, cuando la madre del amigo lo invitó a pasar con un gesto que no precisaba alegría o tristeza, perdió la oscuridad que pronto la extendería en la noche, a pesar de las paredes y los ventanales cerrados. Las luces se prendieron apenas entreabierto el paso. De pie, casi parado sobre una sonrisa, lo esperaba el amigo. En el umbral, pero todavía contraído por el largo pasillo que llevaba a las habitaciones, el padre lo saludó.

–Quería despedirme. Como saben, parto mañana. Estaré en La Habana hasta el 24. Ese mismo día llegaré a Nueva York. Ojalá nos volvamos a ver muy pronto. No me atrevo a desearles un feliz año nuevo. Que sigan juntos por lo menos. Ya es algo.

Los jóvenes no le dieron al abrazo más que su pulpo, franco y repetido. Los padres, que habían conocido al visitante antes que la pila bautismal, no lograron ocultar su inquietud. Sumaron bendiciones al abrazo, como para que tras la inminente separación lo siguieran apretando sus tentáculos.

Él recordaría esas bendiciones, y las devolvería con creces, cuando en el transcurso de los años las cartas anunciaran la muerte de ambos. Primero la del padre, ocurrida allí mismo, en aquella casa donde desde siempre había estudiado en el comedor y en extraño equipo de turnante tres había jugado pelota en el traspatio. La madre murió en Kingston, Jamaica. Le había dicho al hijo que no se preocupara, que estaba bien, que se fuera al cine. Al regresar a casa el hijo único ya era huérfano, y como tal dio la noticia.

La noticia y el pésame por un instante reunieron en quien más nunca vería al compañero ni la casa de Calixto García al equipo del traspatio, que consistía de dos muchachos y la madre, ellos turnándose al bate y en el trajín del fildeo, ella de complaciente pitcher, tratando de acertar con la pelota al punto exacto que los bateadores le indicaban, como si inventara el centro para un círculo imposible.

El otro compromiso lo llevaría a Máximo Gómez, que en aquel pueblo de calles cuadriculadas también era paralela a Martí, su punto de partida. Tampoco adivinó que sería la última visita a esa casa. Allí nadie lo esperaba. Quería agradecer con su presencia un gesto de aquel compañero. La política, anticipo de la geografía, los había ido separando. Pero quedaría para siempre, como homenaje a esa amistad, la espontánea solidaridad de quien supo mantener algún sentimiento al margen del fanatismo.

La tarde anterior, en la esquina de Martí y Emilio Giro, conversaban varios jóvenes. La mayoría cursaba estudios en el mismo colegio. Uno, hijo de la maestra de segundo grado, estaba enterado de que pronto habría una ausencia en aquel grupo. Y decidió insinuarla, no para promover abrazos sino tropiezos y enfrentamientos, como para imponer la distancia de una vez. En lo político era impar el de Máximo Gómez, pues simpatizaba con el régimen rechazado unanimemente por los otros. Se decía, además, que ya se había integrado a los servicios de seguridad del estado. Que era soplón, echado, o como se hubiera dicho poco antes, chivato. Aquella tarde fue solo un amigo, punto.

–¿Sabes que se va pasado mañana para Estados Unidos?, le preguntó al supuesto espía, como para despertar con el dato una reacción que evidentemente él sabría disfrutar, pero sin medir otra consecuencia, ya no de su maldad sino de su torpeza, pues la pregunta, todos lo sintieron así, era como besar a Judas.

–¿Sí?, contestó a quien pretendía acorrararlo en la sorpresa. A ti pareciera que no te importa. A mí sí. Luego miró al viajero y con una emoción que apretó aún más a la esquina le dijo te extrañaré. Sabes que te extrañaré mucho. Que tengas un buen viaje.

La breve visita repitió los pormenores de la esquina, añadiendo detalles, no explicaciones. Un estrechón de manos que duraría décadas en la memoria de ambos fue la visible columna de aquella amistad, trunca en su apogeo, pero cautivante todavía, como una antigua ciudad al pie del volcán que la había arrasado.

Cuando atravesaba el pueblo para acercarse como una locomotora al corredor donde ya tenía ritual y hora fija, se prendieron las luces de los postes eléctricos, todos viejos y de madera. Parecían cruces donde apenas quedaba la repetida cabeza ensangrentada del ungido; la maraña de cables se perdía con su floja simetría en la distancia, pero allí, sobre el bombillo amarillento, rojizo casi, pudiera haber convencido a más de uno de que se trataba de una corona de espinas.

Sobre aquellos cables se colgaba un muñeco de trapo relleno de paja cada domingo de resurrección. Ya muy lejos en el tiempo y el espacio, él recordaría con asombro y no poca vergüenza que con la horca o la candela aquello no celebraba la muerte de Judas sino la del judío. En el colegio había algunos. Entre ellos un amiguito de la infancia, con quien intercambiaba estampillas de correos. Se llamaba Moisés, nada menos. ¿Qué haría Moisés, qué harían los padres de Moisés, durante aquellos domingos en que la resurrección de un judío se celebraba con la muerte del judío, como si aquel pueblo no se hubiera enterado de Auschwitz, Dachau o Treblinka; y muchos de sus vecinos pudieran repetir como buenos cristianos la gesta de Eichmann y Höss?

La memoria prefiere reconocer otra imagen en aquellos postes sonámbulos. Una versión verticalizada del vía crucis ferroviario, donde los travesaños que él a veces contaba para apresurar el encuentro con una muchacha, se levantaban cada noche, noche a noche, como agujas de una catedral invisible, para registrar en su ausencia una grata aspiración al cielo.

Le susurró, apenas besado, que partía al día siguiente. Hubo alguna lágrima. No de parte suya, por supuesto, pues entonces él soñaba que tenía madera de héroe. O de crucificado. La consoló insistiendo que se verían de nuevo. Quizá muy pronto. Cuestión de meses. Aprovechó para preguntarle, ay heroísmo, si quería ser su novia. La muchacha lo hizo esperar mientras entraba para buscar algo en su cuarto. Al cabo de unos minutos eternos regresó con un bolígrafo y se marcó la palma de la mano izquierda. Luego hizo un puño y se lo acercó.

–Toca ahí, le dijo señalando el monte de Venus.

Su índice apretó la muda aldaba, sintió que su yema entraba en aquel cuerpo como una llave. La cerradura se abrió. También el puño. Entre las líneas de la mano leyó una alegre sílaba. Un sí de carne. Eran novios.

Con esa alegría y un par de besos regresó a casa. El joven que tantos viernes por la tarde leyera su más reciente poema, cívico y malo, siempre al lado de la directora del plantel que lo presentaba ante el estudiantado en pleno y antes de que se cantara el himno que a todo pulmón aseguraba que morir por la patria es vivir, sintió que aquel sí escrito por la novia era en realidad su primer poema. Los otros, no por malos sino por cívicos, le habían costado caro. Reflejaban una peligrosa rebeldía. Mejor no leer más poemas, se le dijo un día en el colegio. Mejor sacarlo del país, decidieron sus padres como un eco ese mismo día. Y así fue.

Por eso regresaba a casa aquella noche, novio de quien nunca más volvería a ver. Se llevaría para siempre su imagen, baranda de por medio a pesar de los besos y el sí de carne y hueso. Pero a esa imagen, ya borrosa, se sumó otra que todavía retumba en el recuerdo. El no indeleble del odio y la exclusión.

A medio camino, a unas cuadras de las líneas aceradas que ahora se confundían con las líneas de una mano, un hombre vestido de miliciano capitaneaba una extraña tropa. Un grupo de niños, quince o veinte, esbozaban dos filas algo inquietas y retozonas. Un cuadro militar que aún no conocía el orden geométrico pero sí las órdenes del jefe. Tendrían entre ocho y diez o doce años. Cada uno llevaba al hombro un palo de escoba cortado en tercios o mitades, según el tamaño del futuro mártir o héroe que allí se estrenaba para la patria.

De repente oyó cómo la voz del amo arrancaba de aquel coro infantil las respuestas del odio. Se sabían de memoria la cuartilla que repetirían como un disco rayado para siempre. Eran como las vocales dibujadas en el abecedario, los misteriosos y enormes números del primer cuaderno de aritmética.

–¿Quién es el Tío Sam?

–Un hombre muy malo.

–¿Qué quiere Fidel?

–Batirse con él.

–¿Qué quiere Guevara?

–Partirle la cara.

–¿Qué quiere Menoyo?

–Meterlo en un hoyo.

–¿Que quiere Chomón?

–Pegarle un trompón.

–¿Qué quiere Sorí?

–Sacarlo de aquí.

Líneas de preguntas y respuestas. Líneas paralelas como las filas de aquellos diminutos soldados. Quietos para la primera pregunta, la respuesta automática levantó el pie derecho de cada niño. Como si fueran uno solo, los pies marcaron violentamente su estribillo en el asfalto. Se levantó el izquierdo para clavar el suyo. Dos, tres, cuatro veces taconearon los soldaditos de plomo. Pero permanecían inmóviles en su escasa rigidez. Solo a partir de la segunda pregunta se iniciaría la marcha. Entonces se contonearían los cuerpos de la cintura para arriba, como si los juguetes empezaran a perder el plomo.

El viajero se alejó escuchando aquellas preguntas retóricas pero respondidas como en un examen final de historia. El ritmo de la marcha iba quedando atrás. Era apenas un rumor cuando despertó cuero en el asfalto, como una conga que maquinalmente perdía su carnaval. De las consignas solo quedaba el compás.

Empezó a medir un tiempo fuera del tiempo. Una difícil sonrisa le alivió el camino que ya poco tenía que ver con la víspera y el norte. El solista y el coro le parecieron, en la distancia de unas pocas cuadras entonces y luego en la zanja de muchos años, las voces antifonales del viejo son de la Ma Teodora.

Caracas, 1 de noviembre 2007

 

Un Antonio Machín navideño.

Antonio Lugo Machín, quien fuera «embajador» de la música cubana en España, como lo fue Desi Arnaz en los EE.UU.

No conozco que se haya escrito la biografía que merece. Sus afanes en Nueva York, Londres y el París del que huyó para evitar el destino de Moisés Simons, a quien el gobierno de Vichy encerró en campo de concentración. «Simons», ese apellido que se sospechó judío y condenó al autor de El Manisero, muerto también en Madrid en 1945.

 

Imperial Madrid, caduco Barça

Un titular de esos que alimentan enconos…

Ni siquiera el equilibrio que implica la victoria, obsérvese a la derecha, del Espanyol sobre el Atlético de Madrid sirve para aquietar los ánimos.

Si mañana se realizara encuesta, los favorables a la independencia de esta comarca del mundo que responde al nombre de Cataluña pasarían de ese sesenta y pico por ciento que anhelan los Mas y los Carod Rovira.

Patria y deporte, ¿hay peor conjunción?

Sergi Pàmies sobre el partido de anoche.

 

De contra:

Chegue Mbitiru, corresponsal de la Associated Press en Nairobi también sabe lo que estorba Castro I. Y pide «petroika».

Eso, estimado Chegue, aunque sea «petroika». Los cubanos piden el cambio que sea, aunque sea sin la «res», la cosa, pero para comer carne de ídem.



Chávez, Castro II y los policías de la CIA

9 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Acabo de ver en directo el acto de la firma de acuerdos entre Venezuela y Cuba en el -creo que dijeron- Salón Sierra Maestra del Hotel Meliá Santiago, en Santiago de Cuba.

Con él me he estrenado como televidente –muy ocasional, sin dudas- de Cubavisión Internacional, que contraté hace un par de semanas y todavía no me había enseñado nada.

El discurso de Carlos Lage –no recuerdo elegía tan pueril de vicepresidente del gobierno de un país a presidente de otro–, las gracias de Raúl Castro –me abstengo de testarlo con mi imbecilómetro, no sea que el mercurio me estalle en la cara–, el Chávez de siempre, el fusil de Fidel Castro, las manos de los tres mencionados juntas bajo la cara del espectro con Adidas como fin de acto…

Los «seremos consecuentes, como pide Fidel», que dijo Lage, los «somos una sola nación» de Chávez con la cabecita de Raúl Castro asintiendo… ¡Todo aquello!

Moraleja: el rostro del postcastrimo es más feo que ese polifémico engendro del Frómeta que regalaron al venezolano.

Y lo peor: parece que es un rostro que no habrá pintura que lo borre.

¡Qué clase de regalo de Navidad nos han hecho esos esbirros a los cubanos!

 

Cuando me dispongo a subir esta nota, salta pop-up para avisarme de que los listos de la CIA, los mismos que llevan cincuenta años disfrutando del dulce sabor de la catibía, suponen ahora que la cosa será juego entre «policía bueno» –Lage– y «policía malo» –Pérez Roque.

Ay, señor, en día previo a la Navidad, ¡qué cruz!

Lo trae el Telegraph de Londres.

'Good cop' and 'bad cop' will tussle for power

By Tim Shipman in Washington

Last Updated: 12:38am GMT 23/12/2007

Fidel Castro's successor could be one of two younger officials, dubbed "good cop" and "bad cop" by US intelligence analysts.

The Cuban dictator, 81, said in a letter read out on state television last week that he had a duty not to hold on to power nor to obstruct the rise of the "younger generation".

It was the first time he had conceded that he might never return to power after he was taken ill with intestinal bleeding last year.

Since then, his brother Raul, 76, has been in command of the Caribbean island.

American spy chiefs have now begun to rethink their previous assumption that Cuban communism will collapse after Castro's death, The Sunday Telegraph has learnt.

Instead, they expect the future of the nation to be decided by a power struggle between two younger men.

The "good cop" is Carlos Lage Davila, 56. As his country's economics tsar, the former doctor is credited with negotiating the favourable deal with Hugo Chavez, the Venezuelan president, to import oil to Cuba - an arrangement that has mitigated the effects of the US economic embargo against the island.

His rival is Felipe Perez Roque, 42, the foreign minister. He is the "bad cop", regarded as a firebrand more likely

Fidel Castro's successor could be one of two younger officials, dubbed "good cop" and "bad cop" by US intelligence analysts.

The Cuban dictator, 81, said in a letter read out on state television last week that he had a duty not to hold on to power nor to obstruct the rise of the "younger generation".

It was the first time he had conceded that he might never return to power after he was taken ill with intestinal bleeding last year.

Since then, his brother Raul, 76, has been in command of the Caribbean island.

American spy chiefs have now begun to rethink their previous assumption that Cuban communism will collapse after Castro's death, The Sunday Telegraph has learnt.

Instead, they expect the future of the nation to be decided by a power struggle between two younger men.

The "good cop" is Carlos Lage Davila, 56. As his country's economics tsar, the former doctor is credited with negotiating the favourable deal with Hugo Chavez, the Venezuelan president, to import oil to Cuba - an arrangement that has mitigated the effects of the US economic embargo against the island.

His rival is Felipe Perez Roque, 42, the foreign minister. He is the "bad cop", regarded as a firebrand more likely to fight real reforms.

An intelligence source said: "It will come down to Lage or Roque. Whoever wins will determine the speed and nature of reforms in Cuba."

Dan Erikson, a Cuba specialist at Inter-American Dialogue, a Washington-based think-tank, said: "Lage is seen as being more sophisticated, mature and diplomatic. Perez Roque is younger and likely to play the role of attack dog.

"If you want someone to do a trade deal, you send Lage. If you want someone to deliver a tirade at the UN, you send Perez Roque."

The US government remains committed to the view that Cuban communism will disintegrate when Castro dies, but CIA analysts and the state department are now preparing plans to deal with slower political change.

Central to this is an assessment that Cuba's leaders have persuaded Castro that if he wants his revolution to survive his death, he needs to help the handover of power.

In his letter, Castro said: "My basic duty is not to cling to office, nor obstruct the rise of people much younger”.

 

De contra:

Iré subiendo las imágenes, en cuanto las sirvan al tubo.

 

UPDATE:

En Juventud Rebelde, prueba de delito, y unos cuantos entrevistados que saben lo mismo que los Lage y los Castros, pero a diferencia de estos, no tienen nada que perder.



Breves sabatinas

3 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

«…la agudeza, el ingenio y la perseverancia del compañero Fidel.»

Tal es la cadeneta de elogios a Castro I en el discurso que pronunció ayer el Interino.

Me repetí de carrerilla las tres cualidades y, como devuelto a mis estudios de primaria, pensé de inmediato en Carlos J. Finlay. (Y que me perdonen C., C., C. y C., biznietos de Finlay con cuya amistad me honro.)

 

El inefable Luis Sexto en JR. «Los Sextos serán los Primeros», se dice Luis cada mañana, mientras se enjuaga la boca. Quiere ser el Primero en materia de periodismo postrevolucionario. El Primero en periodismo precrítico. Para ello necesita que los lectores sepamos que su quehacer «lo controlan» y le ofrecen «tranquilidad básica».

«No estoy justificando la indisciplina, ni convirtiéndome en abogado del diablo. Simplemente hago mi trabajo, que me gusta, ayuda a sentirme socialmente útil, y quienes lo controlan saben facilitarme la tranquilidad básica para que yo escriba con honradez mis ideas.»

 

Atención a las manitas del padre de la del CENESEX.

Mirénselas bien para que a nadie se le ocurra escribir que el destino de Cuba está en manos de Raúl Castro.

Dijo Castro I que no se aferraría a cargos a favor de los jóvenes. ¿Califica este Raúl Castro?

 

El CENESEX, por cierto, que debería admitir que entre sus fines se cuenta el cubrir de oprobio a cuanto homosexual haya sido anticastrista y se haya atrevido a denunciar la represión.

A Reinaldo Arenas, por ejemplo, por quien profesan un odio cerril. Ya Mariela Castro dejó dicho que el autor de El mundo alucinante había hecho de su vida «una buena operación comercial».

Ahora, uno de sus empleados, alguien dedicado a vindicar la diversidad sexual, dice de Arenas que fue un «personaje retorcido, inadaptado y sociópata, que se ha hecho tristemente célebre desde la publicación de su autobiografía Antes que Anochezca… (un) bodrio panfletario y pseudoliterario ». Un poco más y pide que lo metan en la cárcel por maricón y por gusano .

 

No se trata de intervención de Kcho ante el pleno de la Asamblea del Poder Popular. En este caso, son discapacitados físicos.

El titular, sin embargo, guárdeselo para otras intervenciones de quien será diputado por la Isla de la Juventud.

 

De contra:

Un repaso a la historia de Los Zafiros.

Es cortesía de Baracutey cubano, quien lo subió al tubo.

Segunda parte

Tercera

Cuarta



Buscar en este blog

Sobre este blog

Política, literatura, medios

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

Donaciones

Enlaces Patrocinados

Advertise here / Anúnciese aquí


Archivo

Calendario

Libros

Tristán de Jesús Medina

Tristán de Jesús Medina

Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
Cubierta Minimal Bildung

Minimal Bildung

Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

ETDLV en Facebook