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El enfermo imaginario

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Hoy el magazine del The New York Times trae páginas y más páginas sobre José Saramago.

Y, en medio, ese Harold Bloom que nunca equivoca el tiro. Los méritos literarios, viene a decir, los que sean. La miseria civil, en cambio, merece consideración bien distinta:

“It’s not much of a stretch to say that Saramago has since regarded his literary fame chiefly as a means of spreading his political convictions. A member since 1969 of Portugal’s notoriously hard-line Communist Party, Saramago spends much of his time at international forums, where he tends to deliver rather dull, pedantic speeches denouncing the European Union or the International Monetary Fund . Five years ago, however, he managed to create a worldwide scandal when, on a tour of the West Bank, he compared the situation in the Palestinian territories with “Auschwitz.”

To the literary critic Harold Bloom, the comparison with Auschwitz was “an unforgivable failure of imagination and humanity” on the part of a novelist he considers “second only to Philip Roth ” among living writers. “Saramago’s novels are endlessly inventive, endlessly good-natured, endlessly skillful,” Bloom told me, “but it baffles me why the man can’t grow up politically. In 2007, to be a Portuguese Stalinist means you’re simply not living in the real world.”

Tales enfermizas dualidades no se dan en J. M. Coetzee, cuyo Diary of a Bad Year sale a la venta la semana próxima en Inglaterra.

En lugar de esos Dr. Jekyll y Camarada Hyde en que se desdobla Saramago, Coetzee ha convertido a Elizabeth Costello en alter ego que ponga en escena, pero también en cuestión, sus propias certezas. Un sosias que lo lleve a espacios pantanosos, no a la abyecta coartada del neoestalinismo, en cuyas criminales certezas Saramago es enfermo recalcitrante y nada imaginario.

The Guardian trae suculento extracto del Diary... -On Machiavelli.

El TLS, cumplida reseña.

 

Lectura dominical:

El enfermo imaginario

Molière

Personajes:

ARGAN, enfermo de aprensión (Protagonizado en 1673 por Molière.)

BELISA, Segunda mujer de Argan.

ANGÉLICA, hija de Argan

LUISA, hermana de Angélica

BERALDo, hermano de Argan.

CLEONTE, enamorado de Angélica.

DIAFOIRUS, médico.

TOMÁS DIAFOIRUS, su hijo

PURGON, médico de Argan.

FLEURANT, boticario.

BONAFÉ, notario.

ANTONIA, criada

personajes de los intermedios:

Del Primer acto:

POLICHINELA.

UNA VIEJA.

VIOLINISTAS.

ALGUACILES

Del Segundo acto:

CUATRO GITANAS

GITANOS Y GITANAS

Del Tercer acto:

TAPICEROS

EL PRESIDENTE DE LA FACULTAD DE MEDICINA.

DOCTORES.

ARGAN, bachiller.

BOTICARIOS, armados de morteros y manos para majar.

LAVATIVEROS.

CIRUJANOS.

La acción, en París, en 1673.

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA

ARGAN, solo en su alcoba y sentado a una mesa, ajusta con guitones las cuentas del boticario. Conversando consigo mismo, platica de este modo:

ARGAN. -Tres y dos cinco, y cinco, diez, y diez más, veinte... Tres y dos cinco.
"ltem, el día 24, una ayuda estimulante, preparatoria y emoliente, para ablandar, humedecer y refrescar las entrañas del señor." Lo que más me agrada de Fleurant, mi boticario, es su cortesía:
"Las entrañas del señor, seis reales." Pero eso no basta, amigo mío: a más de correcto, es preciso ser razonable y no desplumar a los pacientes. ¡Seis reales por una lavativa!... Ya sabéis cuánto me satisface complaceros; pero como en ocasiones anteriores me las habéis cobrado a cuatro reales, y en lenguaje de boticario cuando se dice veinte hay que entender diez, pongamos dos reales...
"Item, en el mismo día, según prescripción, una buena ayuda detersiva, compuesta de catalicón doble, ruibarbo, miel rosada y otros, para barrer, lavar y dejar limpio el bajo vientre del señor, seis reales." Con su permiso, abonaremos sólo dos.
"Item, en el mismo día anochecido, un jarabe hepático, soporífero y soñoliento, destinado a dormir al señor, siete reales." De esta partida no me puedo quejar, porque, en efecto, dormí a pierna suelta...
"Item, el día 25, una excelente pócima purgante, corroborante, compuesta de oasis fresco, sen levantino y otros, según receta del señor Purgon, destinada a expulsar y evacuar, la bilis del señor, dieciocho reales." ¡Ah, mi señor Fleurant, esto es ya una burla! Hay que tener consideración con los enfermos, de los cuales vivís; y como el señor Purgon no os habrá ordenado que pongáis dieciocho reales, cargaremos tan sólo doce, si no os molesta.
"Item, en el mismo día, una poción anodina y astringente, para procurar reposo al señor, seis reales." Bien...
"Item, el día 26, una ayuda carminativa para expulsar las ventosidades del señor, siete reales." Tres, señor Fleurant.
"ltem, la misma ayuda, repetida por la tarde, siete reales." Tres...
"Item, el día 27, un preparado enérgico, para estimular la expulsión y limpiar de males humores al señor, doce reales." Doce... Celebro que hayáis razonado en esta ocasión.
"Item, en el día 28, una toma de suero clarificado y azucarado, para dulcificar, lenificar, atemperar y refrescar la sangre del señor, veinte." Diez...
"Item, una poción cordial y preservativa, compuesta de doce gramos de bezoar, jarabes de limón y granada y otras hierbas, según prescripción, veinte reales." ¡Poco a poco, señor Fleurant!... ¡Abusando de este modo, no habrá nadie que quiera estar enfermo!... Conformaos con doce reales... Tres y dos cinco, y cinco, diez, y diez, veinte... Doscientos veintitrés reales, cuarenta céntimos y treinta maravedises. Resulta, pues, que en el mes corriente he tomado... una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y nueve medicinas; más una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once y doce lavativas; mientras que en el mes anterior fueron doce medicinas y veinte ayudas. ¡Ahora me explico por qué no me encuentro este mes tan bien como el pasado! Se lo diré a Purgon para que me regularice el tratamiento... ¡A ver! Que se lleven todo esto de aquí... ¿No hay nadie?... ¡Por más que digo, siempre me han de dejar solo!... ¡No hay manera de conseguir que estén en su puesto! ( Toca una campanilla.) Ellos que no atienden, y esta campanilla que no suena bastante... (Vuelve a tocar.) ¡Nada! (Toca.) ¡Están sordos!... ¡Antonia! ( Toca.) ¡Como si no llamara!... ¡Perros! ¡Granujas! ( Toca de nuevo.) ¡Me da una rabia! (Deja la campanilla y grita.) ¡Tilín, tilín, tilín! ¡Pícaros de todos los diablos! ¿Es posible que abandonen de este modo a un pobre enfermo? ¡Tilín, tilín, tilín!... ¡Cabe nada más lastimoso! ¡Tilín, tilín, tilín! ¡Dios mío, me dejan morir solo! ¡Tilín, tilín, tilín!

ESCENA II

ANTONIA (Entrando). - ¡Ya va!

ARGAN. - ¡Ah, perra!

ANTONIA (Fingiendo haberse dado un golpe en la frente).- ¡Malhaya vuestras impaciencias!… De tal modo la aturrulláis a una, que a poco si me dejo los sesos en el quicio de un postigo.

ARGAN ( Furioso) -¡Traidora!

ANTONIA (Sin dejar de quejarse Para interrumpirle e impedir que grite). - ¡Ay!

ARGAN. - Hace…

ANTONIA. - ¡Ay!

ARGAN. - ¡Hace una hora…

ANTONIA. - ¡Ay, ay!

ARGAN. - …que me has abandonado!

ANTONIA. - ¡Ay!

ARGAN. - ¡Calla, granuja, y déjame que te reprenda!

ANTONIA. - ¡Eso es!... Encima de lo que me he hecho...

ARGAN.- ¡Tú me has hecho a mi desgañitarme, carroña!

ANTONIA. - Y yo me he roto la cabeza; váyase una cosa por la otra. Estamos en paz.

ARGAN. - ¡Cómo, infame!

ANTONIA. - Si continuáis regañándome, lloro.

ARGAN. - ¡Abandonarme así!

ANTONIA (Insistiendo en su propósito de no dejarle hablar). - ¡Ay, ay, ay!

ARGAN. - ¡Lo que tú pretendes, perra!…

ANTONIA. - ¡Ay, ay!

ARGAN. ¿Pero no he de tener ni la satisfacción de reñirte?

ANTONIA. - ¡Reñid, reñid hasta que os hartéis!

ARGAN. - ¡Si no me dejas, ladrona! ¡Si me interrumpes a cada palabra!

ANTONIA. - Si vos tenéis la satisfacción de reñir, ¿por qué no he de tener yo la de llorar? A cada uno lo suyo ¡Ay, ay!

ARGAN. - ¡Habrá que aguantarse!... Quítame esto, granuja, quítame esto. (Se levanta.) ¿Me ha hecho bastante operación la lavativa?

ANTONIA. - ¿La lavativa?

ARGAN. - Si . ¿He echado mucha bilis?

ANTONIA. - ¡A mí qué me importa! Eso no es cuenta mía; eso se queda para el señor Fleurant. Él es el que debe meter la nariz, ya que es él quien cobra las ganancias.

ARGAN. - Que me tengan preparada una taza de caldo para tomarla con la poción que me toca ahora.

ANTONIA. - ¡Bien se divierten a vuestra costa los señores Fleurant y Purgon! Han encontrado una vaca y la ordeñan a gusto. Quisiera yo saber qué enfermedad es la vuestra, que necesita de tantos remedios.

ARGAN. - ¡Calla, ignorante! ¿Quién eres tú para, criticar las prescripciones de la medicina?. . . Ve a llamar a mi hija Angélica, que tengo que hablarle.

ANTONIA.- Aquí viene. Parece que ha adivinado vuestros deseos.

Continúa aquí.

Cortesía de Bibliotecas Virtuales.



Resaca 2.3

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Aquietemos el espíritu. Es lo que corresponde a día de resaca. Resaca de las peores, porque sin fiesta.

De contra: en Babelia, crónica sobre el reencuentro de María Zambrano y Rosa Chacel, a la que asoman la cabeza Lezama y Rodríguez Feo.

Slate.com trae buen artículo sobre la Wikipedia y sus editores, ya no tan anónimos.

Y atiendan a estas útiles recomendaciones sobre cómo conservar el champagne. Lo más importante: que las botellas se mantengan siempre «tumbadas». He ahí la única ocasión en que conjugación del verbo «tumbar» afecta al dictador cubano.

De recontra: aportación a los archivos de fogonero emergente.

 

UPDATE:

Vía Kill Castro, el exilio cubano según Pat Oliphant, en el Washington Post. Me pregunto si es admisible que los votos de ciudadanos norteamericanos sean considerados una "interferencia" en el proceso electoral.

Si es admisible en términos judiciales, quiero decir.

¡Cómo se echa de menos a Jorge Mas Canosa! ¿Recuerdan qué dijo en ocasión de editorial del The New York Times con ánimo semejante al de esta viñeta?

Pues, lo único admisible: si a los americanos no les gusta el Miami de los cubanos: ¡qué se vayan!

UPDATE:

El Universal de México da noticia de mercado cibernético en Cuba. Trae graciosa erratilla el artículo que amenaza con reducir el trapicheo a juego de uno solo. Dice: "según cálculos extraoficiales menos de uno de los once millones de cubanos tienen acceso a internet".

El zoco en Clasificados.st. Ay de todo, señora, pase y pruebe...



Gimoteos precoces: parches contra la transición

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UPDATE:

Los rumores sobre la muerte de Fidel Castro se empiezan a convertir en griterío de júbilo.

Babalú Blog titula FIDEL CASTRO IS DEAD

Iré informando...

UPDATE:

Ahora mismo en Cubavisión, reportaje sobre el Museo del Tabaco. No es broma. Es exactamente lo que tengo en pantalla.

Aquí, en cambio, la alarma es manifiesta (copio tal cual; no es noche para cuidar demasiado las erratas ajenas):

La policia de Miami ha tomado medidas para evitar que los Miamenses se lanzen a la calle.Varios canales locales de Miami se aventuraran a dar la noticia como cierta en esta tarde del Viernes Agosto 24. Nuestras fuentes nos confirman la situacion en Miami.

UNA NOTA MAS:

Nuestra fuente en la policia Metro Dade Police Dept. ( policia del Condado Dade) confirma que en las anteriores ocasiones del rumor, NUNCA se puso en alerta a la policia ni de Miami ni del Condado . Tambien en esta ocasion, la policia ha avisado a sus familiares que trabajan, de que se vayan a la casa por razones de seguridad.

La pregunta es esta:

? Como la polciia fue avisada antes que el publico..y quien les aviso? Claramente la informacion de "alerta" debio venir de Washington. No hay otra respuesta.

UPDATE:

El embajador cubano en Guatemala lo niega. Pero ese embajador no puede decir otra cosa que la decía ayer su jefe en Brasil. No cuenta. Además, en destino diplomático como ése, es más que probable que se entere después que todos nosotros.

Algo peor es la información que consigna en update Babalú Blog de que lo niegan funcionarios de la Casa Blanca consultados por Fox News. Sin embargo, tampoco es concluyente: si Cuba informó a la Casa Blanca habrá exigido que la noticia se mantenga en exclusivo secreto hasta que ellos la anuncien. Y, en lances de esta índole, tales acuerdos se respetan.

Más relevante me parece lo que acaba de decir periodista cubana en Radio Rebelde. Cubría en directo un Homenaje al Trío Taicuba organizado por la UNEAC. Pues bien, dijo en antena que no habían dejado entrar a los perioduistas a la sala Rubén Martínez Villena para entrevistar a los asistentes... Lo dijo como sorprendida...

Antes, Silvio Rodríguez cantaba en la propia RR: "Hoy voy a hacer asamblea de flores marchitas..."

Malo también: en las llamadas que he hecho a La Habana no me confirman el rumor de que han permitido a la gente salir antes de hora de los centros de trabajo. Espero noticias desde allá, que iré anotando, según lleguen.

Ahora Pablo Milanés en RR, le pide a no sé quién que lo deje reparar sus accidentes...

Stay tuned...

UPDATE:

Perezhilton.com, uno que dicen que nunca se equivoca y ya anunciaba hace unos días la inminencia del desenlace, afirma que está muerto: We stand by our story 100%, dice.

Lo cierto es que en el boletín de noticias de las 6:00 pm no hubo anuncio oficial. Algo comprensible, por otra parte.

Lo ideal sería esperar a las 8:00 pm, hora en que la gente ya estará recogida en casa y no luchando una guagua.

UPDATE:

A las 6:30 pm Radio Rebelde comienza la emisión de Mesa Redonda sobre Eduardo Chibás. Ahora mismo, diserta Armando Hart, su voz gangosa. Mala señal: raro que no hayan suspendido ese homenaje a otro si la muerte del uno va a ser anunciada esta noche.

Por lo demás, los medios digitales comienzan a dar pábulo al rumor, aunque tímidamente. Véase aquí.

UPDATE:

Nada a las 8:00 pm. En Radio Rebelde, programa deportivo. Oscar Haza, inasequible desde Barcelona. Suelen repetir aquello de que están mejorando el servicio, pero es evidente que no interesan quienes no tengan necesidad de acudir a León Medical Center.

A. me dice que "tranquilo", que "los viejitos siempre mueren de madrugada". Lo malo es que en casos como el que nos ocupa nunca sabemos en qué madrugada.

El International Herald Tribune echa el jarro de agua definitivo:

Miami in a tizzy over unfounded rumors about Castro's health

Ese "to be in a tizzy" me suena a "en vilo". El Merriam-Webster, me avisan, dice: "a highly excited and distracted state of mind."

Eso: distracted. Es lo que tiene esperar la muerte de un dictador. Que uno desvaría, ansioso.

 

El fenómeno es inquietante, a la vez que tan ridículo como para alquilar balcones que nos permitan asistir al espectáculo cómodamente sentados en una mecedora.

Se trata del desasosiego que cunde entre los valedores de la revolución castrista en occidente. Se les acaba el castrismo. El paradisíaco enclave socialista cuyas virtudes han cantado escritores, antropólogos, cineastas, etc., se les va a convertir en país como cualquier otro. Peor: en país mejor que muchos otros. Peor aun: en país mucho mejor que el que ellos adoran. Y la revolución que los embelesa será puesta en discusión por los mismos cubanos residentes en la isla sobre quienes han cantado encendidas loas por su apoyo irrestricto al "proceso".

Algunos nos vamos a divertir, claro. Pero ellos, los pobres, saben que se les acaba la coartada de la Cuba revolucionaria. Coartada a los fracasos de las izquierdas en Occidente. Token que se sacaban rápidamente de la boca para vindicar las bondades del régimen socialista. «Ahí está Cuba», espetaban a todo aquel que los colocara ante la evidencia del fracaso de los regímenes comunistas. Y soltaban la aprendida retahíla: natalidad infantil, educación, salud, deporte… Esa ristra de ajos, más que rosario.

Los más listos de entre tales valedores, se han ido callando últimamente. O han tomado camino al aeropuerto de Maiquetía.

Pero hoy me encuentro con la hilarante circunstancia de que uno de los más asiduos, James Petras, se apunta artículo donde critica al régimen cubano de no ser lo suficientemente celoso de los valores que significa… para el propio Petras y ese Club de los Hipnotizados del que Belén Gopegui iba adquiriendo mañas evocadoras de la Lady Eboshi, de Miyazaki.

No espera al hundimiento para criticar a posteriori la (supuesta) desidia de las elites que permitieron que el sistema se desmoronara. Petras pone el parche ya, ganándose galones de Adelantado. No espera a que en reunión del Club de marras se pronuncie un «Siempre nos quedará Caracas», a la manera de Rick en el aeródromo de Casablanca.

Él ya ve que las cosas no se están haciendo bien, por decirlo así, y sale a ofrecer el parche.

¡Y qué parche! Alecciona a los kubiches. Les dice a los intelectuales cubanos cómo han de comportarse. Y, sobre todo, cómo no han de comportarse. No le gustó a Petras, por ejemplo, el revuelo de los emails.

Ya digo que es de alquilar balcones para asistir al gimoteo de toda esta fauna procastrista. Pero aparte de la feliz circunstancia de que veamos a los oficiales del Minint convertidos en carteros, como en La vida de los otros, esos lloros serán de lo más divertido.

Les anoto los consejos de Petras a Abel Prieto y Alfredo Guevara. Si están leyendo El Tono de la Voz en la oficina, agárrense fuerte, que es difícil evitar la risotada. Los subrayados son míos. Y el encabronamiento con peligro de lesiones, de Desiderio, ese «nuevo crítico», que dice Petras. (La versión original en inglés, publicada en Axis of Logic, aquí. Robin Eastman-Abaya firma el artículo junto a James Petras.)

La amenaza cultural clara e inmediata para Cuba viene de dentro y está evidenciada en la disminución de las producciones culturales revolucionarias, en el cine, la literatura, el teatro y la música. En los años sesenta y setenta Cuba produjo magníficos documentales sobre las heroicas luchas del pueblo vietnamita, y los levantamientos negros en EEUU y el contraste entre intelectuales vacilantes y militantes revolucionarios. Durante las últimas dos décadas no ha habido un solo documental sobre las luchas de relieve histórico mundial de la resistencia iraquí, afgana o somalí contra las guerras imperiales dirigidas por EEUU, la lucha de la guerrilla colombiana contra la ‘democracia’ de los escuadrones de la muerte o la lucha de las masas negras de Nueva Orleans contra la erradicación capitalista de sus hogares, escuelas y hospitales.

Un destacado funcionario cubano de la industria cinematográfica me dijo que ésos eran “temas importantes”, pero que carecían de fondos y que frecuentemente tenían que trabajar en coproducción con productores españoles y otros europeos que no estaban interesados en luchas revolucionarias. El argumento financiero no es convincente [24]. Se han realizado documentales sobre guerras anticoloniales con presupuestos limitadísimos: dos pasajes de avión, una cámara vídeo, una grabadora, un saco de dormir y voluntad política, todo por menos de 5.000 dólares (menos que el precio de un solo anuncio turístico en un periódico europeo). No existe una necesidad financiera de ajustarse a los gustos de coproductores europeos liberales y posmodernos.

Muchos filmes y escritos denominados “críticos” caricaturizan a revolucionarios o a militantes o los excluyen por completo. Al ver, escuchar o leer las actuales producciones culturales cubanas se tiene la impresión de que ya no quedan revolucionarios honrados en Cuba.

La televisión cubana entrevistó recientemente a funcionarios literarios de los setenta, que defendieron posiciones culturales rígidas y dogmáticas en aquel período. Los “nuevos críticos” levantaron un revuelo, no sólo criticando justificadamente las políticas culturales de los antiguos funcionarios, sino atacando a las estaciones de televisión, la política cultural del gobierno y llamando a que haya despidos, investigaciones y censura [25]. En otras palabras, los “nuevos críticos” llamaban a introducir exactamente los mismos métodos autoritarios que sus antiguos perseguidores. Además, la vehemencia de su campaña en general adoptó el color de una caza de brujas contra todo esfuerzo literario o artístico que tratara de defender, proyectar o utilizar situaciones, valores revolucionarios o cualesquiera realidades o situaciones sociales positivas de la Cuba contemporánea.

Como parte del repertorio del “nuevo cine”, como contrapunto para la caricatura mecanicista, acartonada de revolucionarios, los exiliados cubanos son mostrados como individuos sensibles que tienen “sentimientos” hacia Cuba, pero están confortablemente situados en el extranjero. El nuevo cine no menciona que en EEUU los exiliados no gozan de atención sanitaria universal y de educación gratuita. En sus películas, los protagonistas exiliados carecen de toda conciencia sobre el régimen asesino de Bush, que mata a millones en Oriente Próximo. Ninguno de los crímenes contra la humanidad penetra en los sensitivos “argumentos personales” de los nuevos críticos.

La nueva literatura en Cuba –en su ruptura con el socialismo realista– contiene estereotipos raciales y sexuales, entre los que destaca la sensual mulata con largas piernas y prominentes nalgas. Aventuras románticas con turistas u hombres de negocios europeos llevan a lacrimosas separaciones y a promesas de un futuro mejor en el extranjero.

Considerando las décadas de estrechas relaciones culturales y educaciones con la URSS y la Europa del Este, hay una ausencia total de descripción o relato novelesco de la catastrófica crisis que ha afectado a la sociedad postsoviética y el ascenso del neoliberalismo en Europa del Este. En ninguna parte registran los artistas cubanos las masivas crisis socioeconómicas resultantes de la adquisición extranjera de las economías de las antiguas sociedades comunistas. No hay documentales o producciones dramáticas del saqueo de los fondos de pensión, del crecimiento vertical de bandas criminales involucradas en la droga y la esclavitud sexual de pobres mujeres y niñas ni la disminución sin precedentes de la población debido a las drogas, el alcohol, los suicidios y enfermedades infecciosas que otrora habían sido vencidas, como la tuberculosis y la sífilis. Al describir la nostalgia del exilio cubano, no hay nada del otro lado del neoliberalismo, sólo una visión de la relativa afluencia de la clase media occidental, en sí misma una clase con niveles de vida en decadencia.

¿Será que los “nuevos críticos”, con sus propias visiones liberales, se niegan a describir las desastrosas consecuencias del “socialismo de mercado” o del “postsocialismo” por temor a debilitar su propia versión de una transición a una “Cuba nueva y abierta”? Al evitar las horrendas consecuencias de las transiciones al capitalismo, prefieren concentrarse en la tarea más fácil de contrastar los problemas y contradicciones inmediatos de la Cuba pasada y presenta con un Occidente idealizado. Pocos artistas e intelectuales expresan preocupación por los defectos y contradicciones de su postura liberal-democrática.

Existe la necesidad de una revolución cultural en Cuba, de sobrepasar la insuficiente representación de afrocubanos en la publicidad, en las posiciones de dirigencia y en la visibilidad oficial; y de profundizar y ampliar la formación profesional de afrocubanos para disminuir su sobrerrepresentación en el boxeo y en otros deportes perjudiciales."



Duanel Díaz: excepcionalidad y "palestinos"

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Duanel Díaz traza un arco que va desde la sempiterna pulsión de la excepcionalidad cubana, hasta los recientes, y crecientes, asentamientos de orientales en la periferia de La Habana.

Ciudadanos de un estado policial, los emigrantes internos padecen una represión feroz, que pone en flagrante evidencia la injusticia social del «paraíso» castrista. Son «ilegales» dentro de su propio país.

«Dalits», parias, sirven también para nutrir los batallones de la represión. La Constitución socialista nada puede ante las inescrutables Leyes de Manu del autoritarismo habanero.

Agradezco a Duanel que ofrezca este artículo a los lectores de El Tono de la Voz.

Cuba, otro laberinto de la soledad

Duanel Díaz

La cerrazón del mexicano, esa característica melancolía que Octavio Paz interpretara en su célebre ensayo, nada tienen que ver con el tipo del cubano alegre, extrovertido y jacarandoso, despreocupado habitante de una ligera y frívola isla de corcho. Los cubanos vivimos, sin embargo, también un laberinto de la soledad: la excepcionalidad de nuestra experiencia histórica, hace poco señalada por Jorge Castañeda en El País, es como un peso que fatalmente adquiriera su densidad máxima con el castrismo. Erigida desde el comienzo en modelo para el resto de las naciones del continente, la Revolución ha sido una marca indeleble que distingue a nuestra historia de las historias, más ordinarias aunque quizás no menos terribles, de otros países hispanoamericanos: nosotros hemos vivido en el Paraíso y estamos de vuelta.

En el umbral de la transición a la democracia, conviene ponderar el peso de esta diferencia, aun cuando para ello haya que remontarse a los orígenes. No para constatar allí, como Lezama, la cifra de un destino poético, sino el hecho de que al deslumbramiento inicial del Almirante siguió una decepción. Pobre y poco poblada, la isla fue relegada por los buscadores de oro y prodigios. Se convirtió en lugar de paso, simple factoría, hasta que a fines del siglo XVIII la revolución de Toussaint Louverture propició un boom de la industria azucarera que en pocas décadas la transformaría en una de las colonias más ricas del mundo. La Cuba grande de la plantación y las masas de esclavos fue desplazando a aquella otra de pequeños trapiches y esclavitud patriarcal, mientras La Habana, antigua ciudad de paso de las flotas españolas, se convertía en el “París de los trópicos”. La extraordinaria riqueza material amasada entonces está detrás del esplendor de la cultura cubana a lo largo de todo el siglo, así como del empeño de España en conservar a toda costa a la “siempre fiel”. Aislada del continente por su misma situación geográfica, Cuba no se independizó en la década de 1820; necesitó tres guerras y la intervención de los Estados Unidos para convertirse en República en los albores del siglo XX.

La Enmienda Platt añadió a lo tardío de la independencia una importante limitación; Hugh Thomas sugiere que hubiera sido preferible la anexión a aquel condicionamiento que, incluso después de abolido en 1934, seguiría echando su sombra sobre la vida cubana: de la dependencia inicial, aliviada a partir de los años treinta gracias a la progresiva nacionalización de la economía, se pasaría, a partir de 1959, a la ruptura de relaciones y el constante enfrentamiento. El antiimperialismo militante ha sido bandera de un régimen tan desmesurado que en 1962 estuvo a punto de desencadenar una guerra atómica. La Revolución Cubana, esa extravagancia de un pueblo tan dado al juego, el relajo y el choteo sometido a la disciplina comunista, venía a rematar la excepcionalidad de una historia marcada por cierto delirio de grandeza, la fatal insularidad y la cercanía geográfica con Estados Unidos.

El cisma de 1959, que divide en dos la historia de Cuba como estado nacional, ha sido, desde luego, mucho mayor que aquel anterior que, con la caída de la primera tiranía, marcara el final de la República de “generales y doctores”. Como José Miguel Gómez, Machado había sido mambí; como él, era “liberal”, de aquellos de los que se decía que nada se parece más que uno de ellos a un conservador. Su dictadura, que combinaba el caciquismo heredado de la guerra del 95 con los aires fascistas y desarrollistas del momento, creó nuevas formas de represión estatal, como la temible porra, y revivió una violencia revolucionaria que pretendía completar por fin la revolución cubana. El sentimiento de la frustración republicana, heredado por los intelectuales de la generación de 1923 de sus maestros de la “generación de las tres banderas”, informaba la convocatoria a la regeneración total de una república que, mientras más caía por la pendiente del peculado y el choteo, más parecía alejarse de los ideales patrióticos del XIX y de los principios martianos.

En el año crítico y convulso de 1933 los hombres del 95 fueron desplazados por los revolucionarios; un sargento oriental, humilde taquígrafo y más listo que el hambre, se hizo con las riendas del país. Batista, convertido en “hombre fuerte”, presidiría en 1940 la redacción de una constitución que recogía un buen número de las reivindicaciones nacionalistas de las luchas sociales de los lustros anteriores. Presidente electo en 1944 y dictador desde 1952, el de Banes cerraría con su fuga esa segunda República llena de luces y sombras. Luego vino el Apocalipsis, no una tercera República sino la destrucción, la tabula rasa. El incruento golpe de estado del 10 de marzo, ese día funesto de nuestra historia, tendría consecuencias incalculables, pues desencadenó una espiral de violencia que culminó en el imposible de alinear al país más americanizado de Latinoamérica al bloque soviético, algo que no se comprende sin considerar cuánto Castro procedía de la familia republicana de los salvadores de la patria y en qué medida capitalizaba, junto a la tradición de la violencia revolucionaria, las decepciones de 1944, 1933 y 1901.

Si el madrugonazo de Batista y la caída de Machado eran formas de un “destino sudamericano”, Castro se alejaba rápidamente de él; se diría que lo superaba dialécticamente, diferenciando la nueva dictadura de las anteriores. El doctor que jamás se quitó su traje de guerrillero no ocupó nunca el Palacio Presidencial; primero se estableció en el Habana Libre, luego haría de su residencia secreto de estado. Al Palacio lo convirtió en Museo de la Revolución, mientras sentaba las bases de otro poder que no podía tener sede, porque estaba en todas partes, mucho más allá de donde pueden llegar los regímenes autoritarios: en cada casa, en cada mente, en cada cuerpo. La nueva dictadura hundió a la isla en tonos grises y verdosos, destruyó en pocos años la economía e implantó un régimen de terror desconocido por quienes habían vivido bajo Machado y bajo Batista.

Esa pax castrista que ha librado a Cuba de las convulsiones de otros países latinoamericanos traduce una violencia de otro tipo, fundada no ya en la autoridad del ejército sobre el pueblo, sino en la militarización de este. Entonces símbolo de liberación , la conversión de los cuarteles en escuelas que tanto impresionó a Sartre -que desconocía que lo mismo se había realizado durante la primera intervención norteamericana-, debe ser comprendida, a la luz de la historia posterior, como un anuncio de esa superación de los límites tradicionales que distingue al poder autoritario del totalitario: la educación, como la cultura, quedaría, al cabo, integrada en un dispositivo policíaco que, como el estado, no tenía ya afuera. Que la dictadura de Castro, a diferencia de las dictaduras militares del cono Sur, no haya dejado cadáveres en las cunetas, no significa menos violencia sino más poder. Luego de los fusilamientos de los primeros años y de la “limpieza” del Escambray, el régimen no dejó espacio alguno para la oposición, ni siquiera para la escapatoria, pues el intento de salida del país fue por muchos años considerado delito. Y cuando la tensión acumulada estalló en la crisis de la Embajada del Perú y la consiguiente estampida de Mariel, el castrismo no pudo más que enseñar su verdadera cara en los actos de repudio, retomados años después contra la oposición pacífica. ¿Dialéctica de la ilustración? ¿Cómo un pueblo tan culto cometiendo semejantes barbaridades? En todo caso, una violencia que poco tiene que ver con aquella reflejada en la más reciente literatura latinoamericana: escuadrones de la muerte en Centroamérica, torturas en el Cono Sur, narcotráfico en Colombia...

También la pobreza, ese otro rasgo definitorio de las sociedades latinoamericanas, ha asumido entre nosotros formas originales. Legitimada siempre en el contraste con las desigualdades sociales del resto de los países del área y de la República llamada neocolonial, la Revolución ciertamente ha erradicado la pobreza extrema. Pero al destruir la economía y limitar la iniciativa privada ha provocado otro tipo de pobreza típicamente socialista: la de la austeridad generalizada y las escaseces de todo tipo, esa “media hambre” que se hizo casi completa en los años más críticos de la década del 90, cuando la libreta de racionamiento, vigente desde 1962, a punto estuvo de ser eliminada, ya no por haber llegado a la abundancia que la hubiera vuelto innecesaria, sino porque apenas había qué distribuir. Una miseria, la del “período especial”, cuya carga de frustraciones y marginalidad revelan recientes documentales cubanos tan significativos como Suite Habana, De leones, buzos y tanqueros, y Buscándote Habana.

Basta visionar esta última película de la joven documentalista Alina Rodríguez para comprender cuán especial es la pobreza castrista: tan exclusiva de Cuba como nuestra libreta por antonomasia son las prohibiciones a la emigración interna que hacen aun más dura la vida a los orientales que en busca de una mejoría se trasladan a la capital. Atrás han quedado los tiempos en que el régimen, considerando a La Habana foco de debilidades burguesas y a Oriente cuna de valores revolucionarios, intentó superar el “capitalinismo habanero”; la capital sigue siendo el sitio donde, gracias al turismo y al invento, hay más oportunidades de “luchar”. Como, además, el peligro de rebelión popular es allí mayor, por la libreta “dan” más cosas que en las provincias del interior. Esta diferencia, señalada por una guantanamera residente en uno de los numerosos asentamientos más o menos insalubres de la periferia de la capital, ilustra ya toda la tragicomedia de la vida cubana. Es cierto que los habaneros son unos privilegiados porque reciben siete u ocho huevos mientras en Guantánamo “dan” solo tres o cuatro, pero también lo es que todos los cubanos, al depender del estado para subsistir, son unos míseros.

La de los “palestinos” es una tragedia dentro de otra mayor, versión extrema de una pesadilla kafkiana. La habanera que opina que ellos “son la roya” y atribuye al “bloqueo y esas cosas” el problema de la vivienda en la capital, señala que los “ilegales” reciben su cuota alimentaria en sus lugares de origen, así que tienen que depender de la “caja” que de vez en cuando les envíen sus familiares. Ilegales dentro de su propio país, están condenados a buscarse la vida en actividades al margen de la ley y viven en constante riesgo de ser deportados a sus provincias de origen. El estado supuestamente benefactor aparece aquí con su otra cara que pretende ocultar, la de las innumerables restricciones a las que nadie en Cuba puede escapar: no se puede estar legal en La Habana si no “permuta” uno para allí, operación que ha de hacerse con el visto bueno del estado, pues no ya comprar una casa, sino incluso alquilar una habitación son cosas prohibidas. En Cuba “todo” es ilegal; muchas leyes son tan arbitrarias como la que impide a la gente trasladarse libremente dentro del propio país.

Mientras la “cultura de la pobreza” que en los sesenta Oscar Lewis estudió en los suburbios de las urbes latinoamericanas se caracteriza por la desconfianza hacia el estado y las instituciones, esta otra cultura de la pobreza que ha producido el castrismo está condicionada por la omnipresencia del estado: la pobreza no es consecuencia de la negatividad de un estado que desatiende y margina a amplios sectores populares, sino de la positividad de un estado socialista que al tiempo que evita a la gente morir de hambre y enfermedades curables, reprime las fuerzas productivas para que los súbditos no se independicen de su tutela y pretendan convertirse en ciudadanos. Claro índice de la preeminencia del igualitarismo sobre la libertad en el régimen socialista, la libreta es el símbolo mismo de sujeción: somos iguales ante Castro, gracias a la Revolución que da y quita, que prohíbe y deporta. La pobreza castrista es en parte consecuencia de la ineficiencia económica del régimen y en parte dispositivo de control político: ocupados todo el tiempo en la lucha “cotidiana”, los cubanos apenas tienen tiempo ni energías para pensar en cambiar nada.

Constantemente acosados por la policía, discriminados por habaneros que injustamente los culpan de lo mala que está la cosa en La Habana, estos pobres “palestinos” están, como todos los cubanos, solos frente al estado. No les queda más que insistir, como el padre de familia que muestra su casucha de lata y cartón, en que la Revolución se hizo en Oriente y son los orientales quienes la sostienen, que todos los del barrio van a las marchas antiimperialistas y participan en la Batalla de Ideas. Su mujer, que entre lágrimas ha contado cómo por ser ilegal le han negado la cuota de leche correspondiente a su hija pequeña, afirma que está segura de que Fidel no sabe eso, porque él no lo permitiría. “Si hay alguien a quien Fidel protege es a los niños, a los ancianos y a las embarazadas”, dice la ingenua, y por un momento pareciera que viéramos imágenes del popular show de Laura Bozzo en Telemundo, donde, luego de mostrar las precarias condiciones de vida en que sobreviven los que acuden al programa, aparece la “señorita”, protectora de pobres y desamparados, para sacarlos de la miseria regalándoles un carrito sandwichero. ¿No es el documental mismo la única forma que tienen estos “palestinos”, marginados de la prensa y los telediarios, de “llegar” al padrecito verde olivo, enterándolo de la injusticia que con ellos se comete?

Fidel no desampara a nadie”, dice la señora camagüeyana que ha construido su “apartamento” en una piscina abandonada, pero la evidencia es justo la contraria; la conversión en “palestinos” de aquellos a los que la Revolución supuestamente redimió de la miseria y el olvido refleja un desamparo general. Cuando se pregunta, después de recordar que la valla a la entrada de la ciudad llama a La Habana la capital de todos los cubanos, si ellos, siempre en peligro de deportación a sus provincias, no son cubanos, el negrito guantanamero no refleja únicamente la soledad de los “palestinos”. Todos estamos determinados por el estado y al tiempo desamparados; todos somos más o menos “palestinos” en nuestro país.

 

De contra: fragmentos de Buscándote Habana, de Alina Rodríguez.

 

De recontra: ¿se acuerdan de Xirinacs, el alienado patriota catalán que se quitó la vida hace un par de semanas con ínfulas de mártir?

Pues, como era de esperar, ya han encajado el óvalo de su rostro en el passepartout de Korda.

 

UPDATE:

La que sigue es carta al ministro español de exteriores, Miguel Ángel Moratinos, firmada por Vladimiro Roca y Martha Beatriz Roque. Fue entregada esta mañana en reunión que ambos mantuvieron con Carlos Pérez-Desoy y Juan López Herrera, Consejero y Primer Secretario, respectivamente, de la Embajada de España en La Habana. La reunión se celebró en la sede de la Cancillería y se prolongó por espacio de hora y media.

Abajo, inserto los seis últimos boletines de información elaborados por la Mesa de trabajo de Martha Beatriz Roque, Números 39 al 44.

¡Vaya si tenían recados que mandarle a Moratinos!



Celia Hart: trotskismo vs. transición

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Celia Hart se ha convertido, por obra de esa pertinaz manía que tienen las elites de perpetuarse, en una figura exportable de la (pre)post-revolución. Como Mariela Castro, a la que llamaban «future leader» la semana pasada en The Guardian. Como Aleida Guevara; como, en tono menor, Laidi Fernández de Juan.

He escrito ya aquí sobre fenómeno tan curioso: el de esas hijas que toman el testigo de sus padres, el de esa proyección femenina y filial del ideario castrista (Carlos Lage Codorniú sería la nota masculina de este elenco de herederos en funciones). Rostros que podrán ser parte de la política cubana del futuro. Rostros que atraerían votos continuistas, de estar respaldados por un discurso político atractivo.

No parece ser el caso de Celia Hart. Desde su caída del caballo en Berlín oriental allá por los ochenta y su conversión a la doctrina trotskista, la hija de Armando Hart y Haydée Santamaría, se ha dedicado a tropicalizar a Trotsky y a fusionarlo con Ernesto Guevara. La tesis que pasea por el continente es la de que la revolución cubana es ejemplo, aunque imperfecto, de ese cóctel trotstko-guevarista. Y la cosa parece gustar a trotskistas, ciertos comunistas, chavistas… y, según afirma Hart, a segmentos de las elites cubanas que se resisten con uñas y dientes a la posibilidad de una transición que siga el modelo chino. Modelo que, naturalmente, repugna a una trotskista.

«La revolución cubana pasa por las calles de Caracas», afirmó este lunes Celia Hart de visita en Venezuela. No es la primera vez que lo dice. Ni la primera que lo hace: los continuistas cubanos apelan cada vez más, y sin ambages, a la idea de que será Venezuela quien les ayude a frenar una transición en Cuba que impulsan los reformistas. Y Celia Hart parece ufanarse de poder ofrecerles una doctrina que valide esa dependencia: la revolución permanente. Es clavo ardiendo, pero es algo a lo que asirse.

De los apoyos que concita, hay pocas expresiones públicas. El más curioso el de Soledad Cruz, quien en aparición anterior al outing-(¡qué-no-es-outing-muchacho!), defendía a la trotskista Hart, enzarzada entonces en debate con estalinista sudamericano, reclamando respeto para «nuestra libertad de pensar, cuestionar, polemizar, criticar, reconocer nuestros errores» o «los que aspiramos a ser portadores de las mejores ideas para la humanidad estamos obligados a respetar la diferencia de enfoques, la diversidad de puntos de vista, la valentía de atreverse frente a lo establecido para no ser estandartes de un pensamiento único a la inversa, que fue la propuesta estalinista que fracasó».

Celia Hart es cada vez más clara respecto a sus valedores y la imperiosa necesidad de cortar el paso a los reformistas cubanos. Así, en reciente entrevista a revista de ultraizquierda, en ocasión de viaje a la Argentina, decía: «existe un sector Cuba que ahora defiende esta perspectiva (transición inspirada en el modelo chino) con más tranquilidad y confianza. Eso sí es un peligro, no reconocerlo sería infantilismo político. Si bien en Cuba no existe un Stalin, el peligro de que pueda haber una tendencia hacia la restauración capitalista, aunque sea lenta, sí existe.» Más: «a una transición estilo China, que es mi terror, se le contrapone de manera desafiante la Venezuela cada vez más radical. ¿Quién ganará? A los revolucionarios no nos gustan las apuestas. Mientras otros piensan entre lo uno y lo otro nosotros lucharemos sin descanso para que venza la única opción que merece la escandalosamente bella y coherente revolución de Fidel Castro.»

Por muy descabellado que nos pueda parecer ese discurso trotskista, conviene atenderlo. Vale de poco en sí mismo, cierto. Pero constituye uno de los pocos espacios que nos dibujan la correlación de fuerzas actual en las elites cubanas en asuntos tan fundamentales como la puesta en marcha de reformas de corte liberal, por pequeñas que sean, y la difícil situación que enfrentarían las relaciones de Cuba con Venezuela si se produce una apertura en la isla.

De contra:

Aquí, Celia Hart en entrevista concedida el pasado fin de semana a Telesur. Siempre es un alivio verla. Hija de su padre, la escasez de su talento es directamente proporcional al atractivo de sus propuestas.

Aparece en tres cortes: -18:28 a -15:30; -12:30 a -09:30; -3:04 a -1:50. Lo mejor: echarlo a andar, poner pausa y volver cuando se haya cargado íntegro.



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Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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