• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • > El Tono de la Voz

Un nuevo amanecer

7 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

El artículo “Un nuevo amanecer” aparece en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald, Miami.

Un nuevo amanecer

JORGE FERRER

En un artículo publicado el pasado mes de enero, Fidel Castro se refirió a la desaparición de la URSS en términos que evocaban, sin quererlo, la pasada condición satelital de Cuba en relación con Moscú: ''Fue para nosotros como si dejara de salir el sol'', escribió. Una expresión sorprendente, si se recuerdan los denodados esfuerzos del castrismo por blasonar de independencia ideológica respecto al Kremlin en los años de la Guerra Fría.

Por elíptica que fuera la órbita que trazaba el recorrido de Cuba en torno al centro de poder moscovita --hubo, de hecho, algún momento de afelio que vio a Cuba casi desorbitada, como fue el caso del envío de tropas a Angola--, lo cierto es que el nivel de dependencia económica y política que tuvo Cuba de la URSS marcó a la revolución cubana hasta la desaparición de la Unión Soviética, cuando se hizo de noche, Castro dixit, en la luna que los soviéticos tenían en el mar Caribe. Quienes recuerden los apagones de principios de los años noventa saben que se trata de algo más que de una mera analogía.

En estos últimos meses, tras noches de casi dos décadas en las que la URSS dejó de existir y Cuba, tras enviudar, se ha vuelto muchachita casquivana que coquetea lo mismo con galán chino que venezolano, Rusia vuelve a rondar el espacio del Caribe, y de la América Latina toda, así como a cortejar a Cuba y a Venezuela en lo que algunos han querido ver, ayudados por otros movimientos en la arena internacional, un regreso de la Guerra Fría.

La noticia, a la postre desmentida, de que Rusia podría instalar en Cuba una base para abastecer bombarderos capaces de portar munición nuclear, las maniobras navales conjuntas con Venezuela, los anuncios de cesión de tecnología nuclear a ese mismo país y otra larga serie de proyectos y encuentros de alto nivel entre rusos, venezolanos y cubanos han avivado los fantasmas de una Rusia expansionista, como la otrora URSS o el propio Imperio zarista. Festival caribeño que ha transcurrido en paralelo con el debate en torno a la reacción del Kremlin a la bravata de Mijail Saakashvili, presidente de Georgia, quien ordenó la entrada de tropas de su país en territorio de Osetia del Sur desatando una contundente respuesta de Moscú.

No obstante, lo que indican los movimientos de tropas y aparentes afectos rusos por el Caribe es la impaciencia del Kremlin ante un mundo que cambia a ojos vistas. Una impaciencia que es mala consejera y genera titulares que producen tensiones. En ese orden.

Tampoco, por cierto, fueron atinadas las referencias que escuchamos en el primer debate entre los candidatos a la presidencia de EEUU a ese último conflicto entre Rusia y Georgia, porque pusieron en evidencia que ni John McCain ni Barack Obama comprenden el dislate geopolítico que significaría dar la espalda a Rusia, o acosarla.

El reposicionamiento geopolítico al que están obligados tanto Rusia como los Estados Unidos pasa por una nueva gestión de prioridades, como pasa por el olvido de viejos conceptos. El de Guerra Fría, por ejemplo. Se trata de una danza que ensayada entre los peligrosos desfiladeros del Cáucaso o las estiradas playas del Caribe requiere de pasos cautelosos que eviten el pisotón.

Estados Unidos y Rusia, otrora grandes potencias que medraban en un mundo bipolar se ven contestados ahora por una miríada de potencias emergentes y, sobre todo, por su propia y venidera decadencia. Una mutación del paisaje geopolítico que las obliga a encontrar espacios comunes de actuación, en lugar de promover iniciativas que los distraigan de encarar prioridades verdaderamente esenciales. Continuar por la senda de los contenciosos podría colocarlos en una situación no por dramática menos peculiar, donde serían las potencias emergentes quienes dicten los discursos de las grandes potencias. Curiosamente, ha sido el presidente ruso Dmitri Medvédev quien ha apuntado lo que habría de ser el cemento de esa relación futura al sostener que no existen divergencias ideológicas entre EEUU y Rusia, de manera que tampoco razones para enzarzarse en otra Guerra Fría. Un distingo que apunta además, y a ello también se ha referido la Cancillería rusa, a que el acercamiento a Venezuela carece de cualquier empatía ideológica, algo que también manifestó el gobierno chino en ocasión de la reciente visita de Hugo Chávez a Pekín.

La ofensiva de la diplomacia rusa en relación con América Latina que vivimos en estos días es más un gesto al que corresponder con iniciativas parejas que un llamado de alerta; más un movimiento al que responder con políticas atentas y hábiles que nos sirvan a todos que una amenaza gélida y casi muda, como la guerra de antaño.

En cuanto a Cuba, este nuevo amanecer transcurre bajo estrella binaria, porque son dos los soles rusos que hay en el horizonte. Uno, opaco, el de la posibilidad de reaprovechar un pasado trunco. El otro, sol que más brilla, el de una Rusia dominada por el pragmatismo comercial y geopolítico que puede ofrecer variados réditos, aun cuando no todos loables, a una elite política y empresarial cubana que apueste por reformar el ineficaz y obsoleto sistema vigente en la isla. Habrá que seguir de cerca este nuevo amanecer.

 

De contra:

Hustler calienta la campaña en los EE.UU.

Absténganse ojos pudibundos o enemigos del porno cochinón.



Carlos Alberto Montaner: Las diez señas de la izquierda estatista

95 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Carlos Alberto Montaner interviene esta tarde en la conferencia El nuevo populismo totalitario. Consecuencia o causa del nuevo deterioro continental, que se celebra en Ciudad de Panamá.

Lo hace con la lectura del texto que sigue, que aparece simultáneamente en El Tono de la Voz por cortesía de Montaner, que le agradezco.

El evento está organizado por la Fundación Libertad y RELIAL, Red Liberal de América latina.

LAS DIEZ SEÑAS DE IDENTIDAD DE LA IZQUIERDA ESTATISTA, LAS DIEZ RAZONES POR LAS QUE MUCHOS LATINOAMERICANOS LA APOYAN, Y LOS DIEZ FACTORES QUE EXPLICAN POR QUÉ FRACASA CUANDO GOBIERNA

Por Carlos Alberto Montaner

La madre de Jorge Luis Borges murió de noventa y tantos años. Poco después del suceso, un compungido amigo del escritor le dio el pésame de una manera curiosa: “es una lástima que no hubiera llegado a los cien años”. “No crea -le contestó Borges-, ella nunca manifestó una preocupación excesiva por el sistema métrico decimal”.

No obstante, la observación de Borges no se compadece con la realidad. En nuestra cultura parece que sí hay una especial fascinación por agrupar las ideas, los mandamientos, los ejércitos -las decurias romanas-, y el dinero en decenas o en sus múltiplos: centenares, millares, millones, billones y así sucesivamente. Tal vez, no lo sé, eso tenga algo que ver con un mecanismo que facilita la comprensión racional de la realidad. En todo caso, he elegido esa fórmula para abordar el tema. Veamos si resulta.

Las diez señas de identidad de la izquierda estatista

“Populismo estatista” es una expresión demasiado vaga para definir cualquiera de las variantes de la izquierda latinoamericana actual. ¿Qué es eso? ¿De qué estamos hablando? Es un variopinto abanico que, en su extremo vegetariano, se abre con el matrimonio Kirchner-Fernández, Tabaré Vázquez y Lula da Silva, y en su extremo carnívoro se cierra con las guerrillas narcoterroristas de las FARC y el ELN. Muy cerca de ellas, prestándoles diversas formas de complicidad, yacen los hermanos Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega.

En general, en América Latina es muy fácil identificar los miembros de esta compleja familia: todo lo que hay que hacer es remitirse al Foro de Sao Paulo, esa internacional fundada por Fidel Castro y Lula da Silva en 1990, en la que coinciden los grupos y partidos que comparten una cierta cosmovisión, y anotar la lista de sus miembros. Entre ellos están los partidos comunistas de todos los países latinoamericanos (comenzando por el de Cuba, que fue el que convocó a la primera reunión junto al Partido del Trabajo de Brasil), y luego el resto de los sospechosos habituales: los sandinistas nicaragüenses, el FMLN de El Salvador, URNG de Guatemala, el MIR chileno, el PRD mexicano, los tupamaros uruguayos, diversas formaciones trotskistas, y un largo etcétera de grupos y líderes radicales, la mayoría de ellos con un truculento pasado lleno de asesinatos y secuestros (también de sufrimientos y persecuciones), por lo que todas las noches, antes de acostarse, le ponen velas y le rezan a san Che Guevara, patrón tutelar de esta corriente ideológica.

¿Cuáles son las señas de identidad de esta tendencia política tan fuerte en América Latina? Anotemos diez rasgos, en mayor o menor medida compartidos por todos los miembros de ese vertiente. El orden de importancia, claro, variará de acuerdo con las características de cada sociedad en cuestión. No es lo mismo Brasil, un país capitalista, que Cuba, una de las naciones comunistas más estatizadas de la historia.

  • Primera, el estatismo. Creen en que le corresponde al Estado ser el principal agente económico del país. Según ellos, es el Estado quien debe controlar la economía, planificar la zona que no controla de manera expresa, y convertirse directamente en el gran productor de bienes y servicios.
  • Segunda, el asistencialismo. Creen que la principal función del Estado es redistribuir la renta, poniendo énfasis, naturalmente, en asignar distintas formas de dádivas o subsidios a las clases populares, masa cuyas simpatías políticas intentan concitar por este medio para convertirlas en la principal fuente de soporte y, en algunos casos, como sucede en Argentina, por ejemplo, en tropa de choque para defender violentamente las posiciones del gobierno.
  • Tercera, el antiempresarialismo. En general, es una corriente enemiga de la empresa privada, a la que le imputa la existencia de la pobreza y la desigualdad en nuestras sociedades. El ciudadano emprendedor no es un factor social apreciable sino despreciable, que suele buscar su provecho y no el de la comunidad.
  • Cuarta, el dirigismo antimercado. Suponen que les corresponde a los funcionarios y no al mercado decidir los precios y salarios, determinar qué y cuánto debe producirse, y quiénes y cuándo deben recibir esos bienes y servicios. Padecen, como sospechaba Hayek, de la fatal arrogancia de creer que conocen las necesidades de las personas y cómo satisfacerlas mejor que ellas mismas.
  • Quinta, el antiamericanismo. Estados Unidos es la cabeza del imperio, como suelen decir, y el principal causante de la pobreza en el tercer mundo por los injustos términos de intercambio que impone en sus relaciones comerciales internacionales, por su pérfido apoyo a los elementos antipatrióticos nacionales y por supuesta intención de controlar el mundo para explotar sus riquezas naturales.
  • Sexta, el nacionalismo cerrado. Siempre hay que sospechar de las intenciones del primer mundo desarrollado y capitalista. Sus gobiernos y sus empresas no tienen otra intención que el saqueo del tercer mundo. El desarrollo hay que hacerlo hacia dentro, con lo nuestro y para lo nuestro, apelando al proteccionismo.
  • Séptima, el antioccidentalismo. América Latina no es parte de Occidente, sino su víctima. España, Portugal y el resto de los poderes imperiales europeos le impusieron a sangre y fuego su religión, sus valores y su sistema económico y político. Hay que buscar un modo original de solucionar nuestros problemas y no imitar modelos extranjerizantes: de ahí las terceras vías, el socialismo del siglo XXI y otros engendros similares.
  • Octava, el indigenismo. Como consecuencia de lo anterior, América Latina debe reivindicar sus raíces precolombinas y retomar los valores de las civilizaciones indígenas liquidados por la influencia de los pueblos blancos europeos. Chávez ha llegado a defender la vuelta al trueque y la renuncia a la economía monetizada con gran regocijo de sus partidarios, especialmente de Evo Morales, que ve en esto una suerte de retorno al incanato.
  • Novena, el antirrepublicanismo. Se unen en el rechazo a la idea de un Estado con poderes limitados por la constitución y por el equilibrio entre instituciones que comparten la autoridad para proteger los derechos individuales. Ése (como suponía Marx) les parece un diseño concebido para que la clase capitalista mantenga las riendas. Pugnan por echar las bases de un gobierno centralista dominado por un ejecutivo que controla el proceso legislativo y el judicial.
  • Décima, el caudillismo. Rechazan la idea de la renovación democrática de las élites y la elección entre partidos de ideología variada. El poder ejecutivo lo ejerce, o debe ejercerlo, un líder iluminado que proteja los intereses de las grandes masas con el apoyo del ejército, mientras las instituciones del Estado son sólo una correa de transmisión de su voluntad omnímoda, y el método democrático una fórmula moldeable para legitimar la autoridad de un caudillo cuyo mandato no tiene fin porque así lo garantizan unas constituciones hechas adhoc.

Las diez razones por las que muchos latinoamericanos la apoyan

No hay duda de que un sector muy importante de las sociedades latinoamericanas respalda esta tendencia. A veces se ha impuesto por la violencia, pero también por medios electorales y con los votos de la mayoría. Con sus respectivos matices y mayor o menor grado de delirio, eso es y han sido el peronismo, el castrismo, el Frente Amplio de Uruguay, el sandinismo, el chavismo, el correísmo ecuatoriano, en su momento el PRI mexicano, y el resto de estos partidos y movimientos de la llamada izquierda progresista, adjetivo curioso, dado que, cuando logran gobernar, esos países son, precisamente, los que comparativamente menos progresan en el planeta.

Diría más: no hay corriente política más latinoamericana, más popular y más arraigada en la cultura de la región que esta expresión del estatismo-dirigista-antioccidental. Naturalmente, no se trata de que las grandes mayorías tengan una clara afinidad ideológica con esta tendencia, o que simpaticen con ella tras una reflexión profunda sobre las ideas que propone y defiende, o que hayan ponderado cuidadosamente las consecuencias de sus acciones de gobierno, sino que, de alguna manera, muchísimos individuos creen ver en ella una mejor defensa de sus intereses inmediatos, los únicos, por cierto, que logran precisar.

¿Por qué ocurre ese fenómeno? ¿Por qué decenas de millones de latinoamericanos no son capaces de advertir que los países que han conseguido despegar y alcanzar unos niveles de desarrollo y una calidad de vida aceptable (esos países -Estados Unidos, España, Italia, etc- a los que emigran los mismos latinoamericanos que en sus naciones apoyan un modo diferente de hacer las cosas). Sin duda, porque hay muchos elementos en nuestra historia y en nuestro modo de ser que encajan perfectamente bien con las señas de identidad del estatismo-dirigista-antioccidental. Anotemos, las diez razones principales que explican esta errática conducta. Hay otras, pero ciñámonos al decálogo.

· Primera, la tradición histórica. Nuestras repúblicas se formaron después de tres siglos de centralismo, dirigismo y ausencia de autogobierno. Los latinoamericanos nunca tuvieron el control local de sus vidas. Las grandes decisiones las tomaban la Corona, o la Iglesia, o las autoridades enviadas desde Europa. Esa relación generó, en gran medida, la aparición de una sociedad de súbditos, no de ciudadanos, que se prolongó cuando llegó la independencia y llega hasta nuestros días. Nunca hemos concebido o entendido que, dentro de las premisas republicanas está que en las relaciones de autoridad entre la sociedad y el Estado, los funcionarios son o deben ser servidores públicos. No hemos comprendido que el mandatario está ahí para cumplir el mandato del pueblo, no para mandar al pueblo.

· Segunda, el caudillismo. La independencia de América Latina surgió bajo la advocación de los caudillos: Bolívar, Sucre, Artigas, San Martín, Hidalgo. Esa tendencia ha seguido con nosotros a lo largo del siglo XX y XXI: Perón, Getulio Vargas, Arnulfo Arias, Fidel Castro, Velasco Alvarado, Hugo Chávez. Los partidos cuentan poco, y, cuando cuentan, incluso en los democráticos, dentro de ellos opera el mismo fenómeno caudillista. Nuestras sociedades no suelen seguir ideas, sino líderes. Admiran al hombre fuerte que impone su voluntad.

· Tercera, el clientelismo. En sociedades pobres, como las nuestras, para una parte sustancial de los individuos el mejor gobierno es el que le da algo: dinero, un poco de comida, vivienda si hay mucha suerte. El mejor gobierno es el que asigna un puesto de trabajo, aunque sea superfluo, y aunque las consecuencias generales sean dañinas, porque la familia necesita comer y no hay muchas oportunidades laborales. Es la lógica de los “descamisados”. Son los clientes de los poderosos, y los poderosos alimentan esa dependencia para sostener su autoridad.

· Cuarta, el descrédito del capitalismo mercantilista-prebendario. ¿Por qué admirar los méritos de los individuos emprendedores o de los empresarios, si muchas de las grandes fortunas latinoamericanas se han hecho al amparo de las relaciones con el poder político? Casi nadie ignora el peso de los sobornos, las coimas y el favoritismo en el éxito de numerosos empresarios. En América Latina, en general, no ha existido un verdadero capitalismo empresarial de mercado, basado en la competencia, la existencia de reglas neutrales y el respeto a la ley. Lo que ha existido ha sido capitalismo mercantilista y prebendario, permanentemente coludido con el poder político, lo que constituye, de alguna manera, otra expresión del clientelismo. Los políticos eligen a los empresarios ganadores, y los empresarios ganadores sostienen a los políticos que los favorecen.

· Quinta, las opiniones de las autoridades y la ignorancia. ¿De dónde surge lo que hoy llaman una “matriz de opinión” partidaria del estatismo-dirigista-antioccidental? ¿Cómo se legitima intelectualmente esa ideología? Ese discurso crece y se fortalece en la visión marxista de los grupos comunistas; en los ataques de la iglesia católica al afán de lucro y al consumismo; en la frecuente defensa en las universidades del colectivismo marxista y del antiamericanismo; en los embates de una buena parte de los medios de comunicación y del sindicalismo contra la economía de mercado y en defensa del igualitarismo.

Súmesele a todo esto el carácter contrario a la intuición de la economía capitalista. Es muy difícil, por ejemplo, explicarles a las personas poco instruidas (y aun a las que tienen estudios) que el mercado funciona mejor que la buena voluntad de los expertos; que la competencia nos conviene a todos, aunque haya perdedores y ganadores; que los subsidios y el gasto público excesivo nos perjudican; que las supuestas conquistas sociales pueden ahogar el crecimiento y generar desempleo. Sin duda, las propuestas socialistas, aunque acaben por ser contraproducentes, están mucho más cerca del entendimiento y del corazón de los mortales comunes y corrientes que los planteamientos, digamos, de los liberales.

· Sexta, la pobreza sin horizontes de un amplio sector. De acuerdo con las mediciones más acreditadas, casi la mitad de la población latinoamericana es pobre. Dentro de esa pobreza, como sucede en Brasil, en República Dominicana o en Honduras, hay un gran segmento que no tiene posibilidades de integrarse porque carece de la educación o de las destrezas laborales mínimas. Nacen en las favelas o arrabales, allí mueren, a veces violentamente, y no encuentran jamás formas decentes de ganarse la vida dentro del sistema. Suelen llamarles “los excluidos”, como si deliberadamente “los ricos” los hubiesen orillado. ¿Por qué esperar de este sector alguna forma de lealtad con un sistema al que no consiguen siquiera integrarse?

· Séptima, la ficción del Estado de derecho. En América Latina, desde la época colonial, nadie cumple las leyes. Ni los gobernantes ni los gobernados, y eso es muy grave porque la idea de la república -teóricamente nuestra forma de gobierno-, se sostiene sobre la suposición de que los ciudadanos acatan las reglas, y, cuando no lo hacen, son castigados por los tribunales. Mas esa premisa no es cierta en nuestras tierras: los gobernantes, con frecuencia, son corruptos o ignoran las leyes y no pagan por ello ni siquiera un costo moral: los electores los reeligen. Los ciudadanos, cuando pueden, también vulneran las leyes: los más ricos evaden los impuestos o pagan coimas; los más pobres se roban la electricidad, el agua, la señal de televisión, destrozan los bienes públicos, invaden terrenos ajenos y cometen otro sinfín de delitos contra la propiedad. Y casi nadie es castigado por ello porque la policía es un desastre, los tribunales no funcionan, o lo hacen muy lentamente, o son venales. En países como Colombia o Venezuela apenas el uno por ciento de los crímenes acaban en los juzgados. Eso genera un profundo desprecio de la sociedad hacia el gobierno, aunque éste sea producto de unas elecciones democráticas, lo que explica el apoyo que suelen recibir los golpistas (Torrijos, Velasco Alvarado, Chávez, Fujimori). Todos, o casi todos los ciudadanos, sienten que viven en medio de una farsa, muy bien ejemplificada recientemente, cuando Evo Morales, con total candidez, les dijo a sus ministros que él iba a hacer cosas ilegales y que ellos, los abogados, que para eso habían estudiado, debían encargarse de legalizarlas luego.

· Octava, el victimismo. Durante siglos, por lo menos los dos siglos supuestamente republicanos, las clases dirigentes siempre han buscado una buena excusa para explicar nuestro atraso relativo: la tradición española, el peso de los indígenas, la explotación de los poderes imperiales, unas veces los ingleses o los franceses, otras los norteamericanos. Un gran economista hispano-argentino, Carlos Rodríguez Brown, lo ha explicado con una frase estupenda: “el gran amigo del hombre latinoamericano no es el perro sino el chivo expiatorio”. Ese victimismo refleja una actitud que Hanna Arendt, en otro contexto, llamaba “el síndrome de indefensión”, actitud que genera una inmensa inseguridad en nuestra potencialidad creadora.

· Novena, la clausura al exterior. Entre el victimismo, el síndrome de indefensión, la inseguridad, y la paranoica visión de los países del primer mundo como unas potencias depredadoras, ¿cómo sorprenderse de que una parte sustancial de nuestros ciudadanos prefiera cerrar las fronteras a la influencia extranjera renunciando a cualquier forma de competencia?

· Décima, la cuasi inflexible estratificación clasista y racista. Por razones culturales e históricas, América Latina es una región profundamente racista y clasista, con los blancos económicamente poderosos instalados en la cúspide, en donde frecuentemente coinciden raza y desempeño económico. En general, los negros, los indios y los mestizos -dependiendo del país, claro- ocupan los lugares más bajos en la escala social y laboral: son los que menos ganan y los peor educados. Simultáneamente, para ellos, a veces maltratados y vejados por las clases dominantes, como suele suceder con el infinito ejército de sirvientes domésticos que existe en América Latina, es mucho más difícil el ascenso por la ladera económica y social. Esto explica el lógico resentimiento contra los grupos pertenecientes a la cúpula por parte de los sectores más oscuros y más pobres del espectro racial, y su adscripción emocional a los movimientos políticos que les prometen una suerte de igualdad a la que, teóricamente, hubieran debido tener acceso en las repúblicas democráticas, garantes, supuestamente, de una igualdad de derechos y oportunidades que, en la práctica, está muy lejos de existir.

Diez factores que explican por qué fracasan los gobernantes de esta cuerda

Este epígrafe final debe comenzar por definir el concepto de fracaso. Para ello es esencial conocer los objetivos que suelen proponerse los gobiernos, y muy concretamente los encuadrados dentro de la familia del socialismo estatista. Como regla general, todos prometen aumentar la riqueza general de la sociedad, modernizar las infraestructuras, terminar con la pobreza y crear un mayor nivel de igualdad entre las personas. También aseguran que les pondrán fin a la corrupción y al desorden anterior, defenderán los intereses nacionales y colocarán al país entre las naciones punteras del planeta.

Con frecuencia, lo que sucede es lo contrario: la herencia de Perón, de Velasco Alvarado, o del sandinismo fue desastrosa. Los frutos del chavismo, aun en medio de una imparable riada de petrodólares, que ha duplicado en los diez años de Hugo Chávez todos los ingresos de los cuarenta años de los precedentes gobiernos adecos y copeyanos, no ha servido para redimir a los pobres venezolanos, ni para aumentar las clases medias, sino para destruir a la mitad de las empresas y sumergir al país en un océano de violencia social que ya le ha costado a la población, sólo en ese periodo chavista, ciento diez mil asesinatos. Un fenómeno parecido al de Cuba, que hace cincuenta años, cuando comenzó la revolución, era uno de los tres países más ricos de América Latina, y hoy está entre los tres más pobres.

¿Por qué fracasan gentes, al menos en algunos casos, aparentemente bien intencionadas? Fracasan, fundamentalmente, porque no entienden cómo se crea la riqueza o cómo se destruye. Aciertan, con frecuencia, en la identificación de los males que aquejan al continente, pero confunden las causas y se equivocan en los métodos que proponen para erradicar los problemas. Concretemos las diez razones que explican estos estridentes fracasos.

· Primera, la riqueza sólo se crea en las empresas. Parece una afirmación de Pero Grullo, algo que uno aprende en la adolescencia, pero la izquierda estatista-dirigista-antioccidental suele ignorarla. Una empresa es una entidad compuesta por una persona, o por cien mil personas, que produce un bien o un servicio y se lo ofrece al consumidor por un precio. Con los beneficios que obtiene la empresa, ésta invierte, crece, genera empleo y aumenta progresivamente el tamaño de la economía. Es así como crecen los países y se enriquecen todas las sociedades. El antiempresarialismo es una actitud suicida que conduce al empobrecimiento general.

· Segunda, las sociedades ricas son las que consiguen desarrollar un amplio tejido empresarial. No hay naciones ricas o pobres. Hay naciones que han logrado crear un amplio y diverso tejido empresarial, con gran valor agregado, lo que les ha permitido sustentar grandes sectores sociales medios, como sucede en Estados Unidos, Alemania, Holanda, Dinamarca y otros veinticinco países. Suiza, un país pequeño, sin salida al mar, con una población más o menos como la de Buenos Aires, dividido en etnias diferentes, que hasta hace muy poco ni siquiera pertenecía a la ONU, es la nación más rica del mundo. ¿Por qué? Por la riqueza creada por su tejido empresarial.

· Tercera, las sociedades menos desiguales son las que cuentan con ese rico tejido empresarial. La forma efectiva de combatir la pobreza y la desigualdad no es la redistribución de la riqueza creada, sino el fomento de empresas con gran valor agregado. Las sociedades menos desiguales del mundo, las escandinavas, no han alcanzado ese nivel de equidad por contar con una gran presión fiscal sobre las rentas, sino porque poseen un denso y sofisticado tejido empresarial que permite pagarles veinticinco dólares la hora a un trabajador porque el bien o el servicio que produce genera altísimos beneficios. Los trabajadores que recogen café, bananos, o cortan caña, no pueden alcanzar un alto nivel de prosperidad porque el rendimiento real de su trabajo es muy bajo. Es absurdo quejarse de que un campesino hondureño gana la vigésima parte de lo que gana un trabajador sueco. Lo que sucede es que lo que produce el trabajador sueco vale veinte veces más que lo que produce el hondureño.

· Cuarta, la apertura y las conexiones con el exterior son indispensables. En el mundo contemporáneo, y desde el siglo XIX, son esenciales las relaciones con el aparato productivo internacional para poder desarrollarse. Son necesarios el capital, la tecnología, el know-how gerencial, el mercadeo. Y se trata, además de un proceso progresivo de asimilación que no puede improvisarse. Bolivia o Paraguay no pueden decidir convertirse de la noche a la mañana en países productores de motores de avión o chips para computadoras. Después de la Segunda Guerra, Japón comenzó a hacer unas imitaciones baratas y defectuosas de objetos industriales americanos. Poco a poco el aparato productivo se fue refinando y los japoneses pasaron de la imitación mala a la buena, más tarde a la innovación y, por último, a la creación original. Pero para eso era esencial mantener lazos muy fuertes con los centros creativos del planeta.

¿Por qué Argentina pudo dar un salto hacia el primer mundo a principios del siglo XX? Porque Inglaterra llevó los ferrocarriles, la electricidad, los barcos frigoríficos y el financiamiento. De diversas maneras, y cada país con sus matices, esa es la historia de la prosperidad creciente de sociedades que eran más pobres que América Latina (por lo menos comparadas a los más ricos del continente) a mitad del siglo XX y hoy son mucho más ricos que nosotros: España, Corea del Sur, Irlanda o Taiwan, por ejemplo.

· Quinta, la empresa estatal es un fracaso. Podría alegarse que si el secreto del desarrollo y la equidad radica en la creación de empresas eficientes esa tarea podría desarrollarla el Estado, pero la nefasta experiencia del siglo XX demuestra que no es posible. Las empresas estatales han fracasado en la URSS y en Inglaterra, en Francia y en Cuba, en Corea del Norte y en Argentina: en todas partes. ¿Por qué? Primero, porque tienden a crear monopolios y al no existir competencia se anquilosan y atrasan. Se vuelven tecnológicamente obsoletas y los bienes o servicios que producen son progresivamente peores y más caros. Segundo, porque no se administran con criterios empresariales a la búsqueda de eficiencia y beneficios, sino con propósitos políticos. Tercero, porque se convierten en fuentes de clientelismo con plantillas sobredimensionadas y en focos de corrupción administrativa.

· Sexta, el dirigismo es contrario al desarrollo. La creatividad técnica, científica o empresarial es casi siempre el producto de la chispa individual y del surgimiento espontáneo de clusters o agrupaciones inmensamente productivas que se van juntando sin que nadie lo ordene. Los Bill Gates o los Sillicon Valley no surgen por orden de los funcionarios o de los comisarios. Hace menos de diez años los creadores de E-Bay y de Google eran unos jóvenes con buenas ideas en la cabeza y casi sin dinero. Hoy esas dos empresas les dan trabajo a miles de personas y, para bien de todos, agilizan las transacciones comerciales en todo el mundo. En todas las sociedades hay un veinte por ciento de personas que poseen el ímpetu, la energía creativa y la disciplina para plantearse metas difíciles y arriesgadas. Son ella las que persiguen con ahínco esas metas y en el proceso arrastran en la dirección adecuada al ochenta por ciento restante que carece de esos rasgos de personalidad o de ese nivel de inteligencia. En las sociedades dirigidas desde la cúpula por un grupo de funcionarios toda esa energía creativa, la savia del desarrollo y el progreso, se pierde irremisiblemente.

· Séptima, la libre competencia es el camino al desarrollo y la fórmula menos ineficiente de asignar recursos. Una de las razones por las que América Latina es la región más subdesarrollada de Occidente radica en la falta de una economía de mercado verdaderamente libre y competitiva. Lo que hasta ahora hemos tenido (y algunos países como Chile comienzan a abandonar) es capitalismo-mercantilista-prebendario, donde el poder político elige a ganadores y perdedores. Ese sistema, que es el que prevalece en el mundo subdesarrollado, pese a todo, es menos improductivo que el estado-empresario-planificador, dirigido por caudillos y administrados por funcionarios que manejan a su antojo los fondos públicos. Con frecuencia, los gobiernos que han elegido este último modelo de desarrollo hacen un gran esfuerzo en el terreno educativo o en el de la salud, como sucede con Cuba y todos los regímenes comunistas, creando un notable capital humano, pero luego se frustran cuando comprueban que persisten la miseria y el subdesarrollo. ¿Por qué ocurre este fenómeno? Sencillo: para que el capital humano dé sus frutos tiene que haber libertades económicas, capital cívico y mercado. Educar cien mil ingenieros para luego atarles las manos es un acto absurdo y cruel. Absurdo, porque les impide crear riquezas. Cruel, porque esos profesionales terminan por experimentar una enorme frustración.

· Octava, no hay prosperidad sostenida sin instituciones de derecho y sosiego político. La creación de riqueza exige el buen funcionamiento del Estado de derecho. Eso incluye una legislación razonable que proteja los derechos de propiedad, tribunales eficientes e imparciales que juzguen los conflictos y obliguen al cumplimiento de los contratos, y la certeza de que las reglas de juego no van a cambiar por el capricho o el criterio de quienes mandan en el país. La principal riqueza de los países opulentos del planeta está en ese capital intangible, y este clima de tranquilidad y predictibilidad está totalmente reñido con la atmósfera de desasosiego y ansiedad que generan los procesos revolucionarios, con la catarata de decisiones y decretos dictados desde la cúpula. Lo que se logra por esa revoltosa vía es ahuyentar a los inversionistas y provocar más pobreza. El principal error intelectual de los revolucionarios es no entender que el desarrollo de los pueblos está ligado a la justa aplicación del Código Civil y no del Manifiesto Comunista. Por eso, el noventa por ciento de las transacciones económicas del primer mundo se hacen dentro del primer mundo.

· Novena, las decisiones económicas no pueden subordinarse a las necesidades electorales o a los caprichos ideológicos. Varias de las medidas que los partidarios del estatismo-dirigista-antioccidental ponen en juego tan pronto toman el poder consisten en controlar el banco de emisión de moneda, aumentar el gasto público, subir la tasa de impuestos y endeudarse irresponsablemente, sin tener en cuenta la base productiva real del país, las necesidades de inversión y las consecuencias de esas medidas a medio y largo plazo. Como es natural, a corto plazo se produce el espejismo del desarrollo económico, pero tan pronto pasa el shock de esa inyección de dinero “inorgánico” en la economía, sobreviene la inevitable crisis: la inflación, el encarecimiento de la deuda, la falta de financiamiento exterior, el desabastecimiento y la quiebra en cadena de numerosas empresas.

· Décima, la paz y las buenas relaciones con las naciones desarrolladas del primer mundo son muy convenientes para el desarrollo. No es una casualidad que las treinta naciones más ricas y desarrolladas del planeta mantengan, en general, muy buenas relaciones entre ellas y se comporten de acuerdo con un patrón bastante uniforme: son Estados de derecho, organizados democráticamente, dotados de un sistema económico que podemos llamar capitalismo empresarial de mercado, y en los que prevalecen la tolerancia, el pluralismo político y las libertades cívicas. Esas sociedades son las que más aprecian las personas en el mundo. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos por el signo de las migraciones: hacia esas sociedades es que desean dirigirse la mayoría de los pobres del tercer mundo. No sólo hay un “sueño americano”, hay un “sueño” español, francés, alemán, etcétera, etcétera, ambicionado por millones de latinoamericanos, africanos y asiáticos que desean escapar de la durísima realidad de sus países. ¿Qué sentido tiene, pues, hostilizar ese mundo e identificarlo como “el enemigo” en lugar de tratar de formar parte de él? ¿Se han dado cuenta estos revolucionarios radicales de que el noventa y nueve por ciento de los hallazgos científicos y las innovaciones que le dan forma y sentido al mundo contemporáneo surgen de esa fuente? ¿Saben que al menos el cuarenta por ciento del crecimiento económico proviene de estos cambios en el saber y en el quehacer surgidos en el primer mundo, con Estados Unidos a la cabeza? ¿A quién se le puede ocurrir que es sensato golpear nuestro propio cerebro y el motor del que en gran medida depende nuestro bienestar?

Una breve reflexión final

Bien, si estos papeles no yerran excesivamente, ya sabemos quiénes forman parte de la vasta y truculenta familia estatista-dirigista-antioccidental, por qué conquistan las mentes y los votos de una parte enorme de los latinoamericanos, y por qué fracasan cuando alcanzan el gobierno. La pregunta lógica a que nos precipita este análisis es bastante obvia: ¿cómo impedir este fenómeno?

Lamentablemente, no creo probable que una intensa labor pedagógica pueda modificar esta dinámica política. Trate de convencer a un campesino hambreado de Guatemala o a una sirvienta humillada de Perú de las ventajas del capitalismo empresarial de mercado y lo mirarán como si fuera un marciano que habla una jerga incomprensible. Por otra parte, ¿dónde y cómo llevar a cabo esa intensa labor pedagógica si la mayor parte de las universidades, de los medios de comunicación y de los púlpitos religiosos suelen estar más cerca de la visión estatista-dirigista-antioccidental?

No debe esperarse, pues, un cambio de creencias y de actitudes que surja del pueblo y ascienda inconteniblemente hasta la cúpula y la obligue a cambiar sus formas de comportamiento. ¿Qué puede, entonces, hacerse? Tal vez la única esperanza real de modernización y desarrollo que tiene América Latina es que algunos grupos políticos, persuadidos de que lo que hay que hacer es lo que hace Holanda y no Evo Morales, consigan ganar el poder por vías democráticas y lleven a cabo esa revolución desde arriba, desde la cúspide, convenciendo a las multitudes y al resto de los cuadros dirigentes de las virtudes del modelo occidental por los resultados de su gestión y no por la armonía o la belleza de sus planteamientos ideológicos.

Algo de esto ocurrió en España y en Chile, donde la sociedad dejó de plantear y defender tonterías, reduciendo sustancialmente los niveles de pobreza y adentrándose en el camino del desarrollo, lo que ha traído el benéfico resultado de que, dentro de la clase política dirigente, apenas quedan defensores del estatismo-dirigista-antioccidental, y menos de un diez por ciento de los electores respalda esta tendencia en las urnas. Ya son muy pocos los que proclaman y respaldan locuras en estos países.

¿Y qué sucedería si esto no ocurre? Es fácil de predecir: paulatinamente, América Latina se irá distanciando de los niveles de desarrollo y modernidad de Occidente, haciéndose cada vez menos relevante en el mundo. Fenómeno, por otra parte, que no es desconocido en la historia. En torno a los siglos XVI y XVII Turquía era uno de los centros clave del planeta. En el XX ya sólo era una sombra de lo que había sido en el pasado. América Latina, si no cambia el rumbo, se seguirá hundiendo, pero con un agravante con respecto a Turquía: ni siquiera tiene en su pasado una época dorada de resplandor histórico a la cual referirse con orgullo. Nos habremos quedado en la eterna promesa. Y eso es triste.



Biografía de Elpidio (Valdés)

46 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

El escritor cubano José Prats Sariol participa esta tarde en el evento Cuba hoy: ¿Perspectivas de cambio?, que coordinan Beatriz Bernal Gómez y Manuel Becerra Ramírez en la Universidad de las Américas, en la Ciudad de México.

Prats Sariol ha querido compartir con los lectores de El Tono de la Voz el texto que está leyendo allá a estas mismas horas en que lo subo aquí. Digamos, pues, que se trata de una conexión en directo entre Barcelona y Ciudad de México.

El texto, magnífico, es también una impagable aportación a la sociología del castrismo.

NADIE PAGARÁ. (CUBA 1980-2010)

Por José Prats Sariol

El joven del que les voy a hablar nació un día como hoy de 1980, en dos años cumplirá treinta. Sus padres aún desconocen que Elpidio significa esperanza, tampoco han leído las Cartas a Elpidio del sacerdote católico Félix Varela, si acaso en la enseñanza media examinaron que fue un prominente patriota que luchó contra España.

Le pusieron Elpidio por un personaje muy popular entre los niños y cubanos: Elpidio Valdés, mambí aguerrido y travieso del siglo XIX, creado por Juan Padrón en 1970 ─en la revista Pionero─ y popularizado por él mismo en sus películas de animación. En su infancia, en la tele o en el cine Mara de su barrio de Santos Suárez, cuando la electricidad no le hacía trampas, mucho saltó entre emociones y risas ante las aventuras de su tocayo. Y aún recuerda cuando en 1989 asistió al estreno de Elpidio Valdés y Palmiche contra los lanceros.

Los recuerdos que Elpidio traerá consigo en el 2010 ─ ahora sí como emblema de la esperanza ─ involucran la hermenéutica de la microhistoria, la “reducción de escala” que leemos en Giovanni Levi y Carlo Ginzburg y que tanto se acerca a la novela histórica. Esta crónica intenta observar un ángulo que filósofos sociales e historiadores comienzan a profundizar, a observar con cierta perspicacia; aunque es de elemental rigor recordar unas palabras de Octavio Paz en su ensayo “Lectura y contemplación”, cuando advierte: “Nombrar y clasificar no equivalen a explicar y menos aún a comprender”.

Quizás el joven tenga una idea de los hitos históricos que experimentó el tan maltratado planeta y nuestro tan maltratado archipiélago en sus años de existencia. Aunque apenas enuncia sus consecuencias cubanas, como el desmerengamiento del mal llamado campo socialista y la crisis que le sobrevino a Cuba, al carecer de la muy interesada ayuda de la Unión Soviética. Elpidio tenía 14 años cuando los balseros y la despenalización del dólar, cuando se declara el hábil eufemismo del “Período Especial”. Sí vio cómo despedían a los García en la calle Estrada Palma, casi esquina a Heredia, entre ellos a una adolescente de su misma edad, Mireya, con la que ya empezaba a flirtear cuando aquel agosto rompió otra vez –como en Camarioca o en el Mariel del 80—la resignación y la abulia, cuando el infinitivo “escapar” le hizo los honores a su carácter infinito, sin tautología.

A Mireya la acaba de ver, cuando regresó a visitar a su abuela, a los amigos y vecinos; cuando desembarcó en Santos Suárez y una noche le visitó, pero no para hablar de cómo le va por Atlanta, donde trabaja cerca del Museo de la Coca-Cola, ni para declarar su simpatía por Obama o condenar el embargo. Tampoco para que Elpidio le contara de las vicisitudes tras los huracanes, o de que ahora Raúl Castro era el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y pareciera que las reformas se han archivado.

Para su generación, a diferencia de sus padres, lo que suceda en la Casa Blanca o en el apolillado Palacio de la Revolución, le cae como una lluvia ácida, ni cuenta parece darse de cuánto le perjudica. O ante la certeza de que poco importa cómo ellos piensen, prefieren, como el almirante japonés de que hablara José Lezama Lima, tapar la presencia de la flota enemiga desplegando un abanico.

Mireya y Elpidio se entretuvieron con la vez en que fueron de excursión a la playa de Santa María, gracias a que el papá de Andrés –pincho gordo-- dirigía por entonces un parque de guaguas y logró el milagro –desvío de recursos del Estado-- en pleno 1988, al empezar los fantasmas con sus travesuras de no hay, entre la Perestroika y la Glasnot. Rieron de los matutinos, cuando se entretenían en empujarse y en halarle la cola de caballo a Luisa, la que siempre lloraba, mientras Esther, la maestra de historia, les hablaba de un tal Lenin, de un tal Che Guevara, de cualquier efemérides luctuosa y lejana, sobre todo ajena.

De ahora sólo le contó que a veces se quedaba a dormir en casa de su novia, o ella aquí en su cuarto de niño, porque el matrimonio, como el de su hermano Mario, sólo conseguiría enmarañar las tardes de domingo con más no hay, con más hasta cuándo. Y una anécdota reciente, de otro vecino que apostó a un bote por unos manglares al sur de Pinar del Río, rumbo a Yucatán, hasta que la mala suerte de un temporal se tragó la aventura.

Se despidieron en la esquina, como alguna vez cuando ya en la Secundaria se escaparon hasta el Malecón, hacia los carnavales. Se despidieron mirándose a los ojos verdes y a los café, como si ese abrir sus baúles hubiera sido un pecado contra la patria, contra la propaganda amiga o enemiga, contra las leyes. Se despidieron con una sonrisa sin locación, detrás de algo que pudiera llamarse familia o azar, destino o truculencias de algo que llamaron historia, geopolítica, confrontación.

De regreso a casa, Elpidio vino a dormirse cuando el gallo del babalawo Quiñones ya comenzaba a desperezar sus cantíos. En esa rosca de tiempo, sin embargo, no buscó culpables, ni generalizó ni infirió. Apenas anduvo por su casa de portal y vigas descascaradas, la que su madre había heredado de jovencita cuando cuidó a una tía y se casó por primera vez, hasta que conoció al que sería su padre en un trabajo productivo, cuando la consigna era el café caturra y producir diez millones de toneladas de azúcar, según le contaba frente al plato de frijoles, las croquetas de truco, la noticia de que el pollo –que hace años viaja desde los Estados Unidos—pronto llegará a la carnicería de Luis Estévez, porque ya anda por Lawton como si fuera Alejandro de Humboldt.

Pero entre un beso a Mireya que ahora ninguno de los dos quiso remover y la noticia de que lo más seguro era que su madre no podría retirarse, pues alargarían la edad mínima de la jubilación, Elpidio recordaba cuando le dieron el carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas, como si tramitara una inscripción de nacimiento o un pase de abordaje. Antes de no entrar a la universidad porque gracias a su tío Conrado –ex oficial del Ministerio del Interior y ahora Jefe de Turno en el Meliá Cohíba— ganó la rifa de maletero en el hotel, pudo arañar desde adolescente la moneda real de las propinas que sumarían lo que ni en una alucinación esplendorosa obtendría como economista, la licenciatura que siempre deseó estudiar cuando desde niño los números le sonaron dúctiles, manipulables como ahora en Wall Street.

Lo que sí no le pasó por la mente fue la rutina de asambleas y marchas, de aplausos y asentimientos. Así había sido desde que –como se dice—tuvo uso de razón. Así y le daba igual, mientras los requisitos no aumentaran, mientras la “cosa” no se pusiera peor y sus queridos turistas canadienses o alemanes, gallegos o mexicanos, contribuyeran con un dolarito o dos, y a veces hasta con cinco, a su causa particular, privada, tan cubana como las palmas o José Martí.

Lo otro –de tanto oírlo y él mismo repetirlo—le había saturado tanto como los chícharos que cada día le pusieron en el comedor de la escuela, hasta que dejaron de llegar los barcos del Mar Negro y del Báltico, de los hermanos internacionalistas. A él ni le iba ni le venía que ahora se llamara Venezuela la sede de la hermandad. ¿Qué jugaba aquello con su entrenamiento pioneril de mirar para el cielo, cumplir sin entender? ¿Cuál trova –vieja o nueva— iba a cambiar su blindaje?

Sin embargo, en alguna fiestecita en la casa que los padres de su novia rentan en Guanabo, y a donde se aparece con dos botellas de añejo proporcionadas por las propinas, han surgido discusiones sobre la proporción entre lo mal que se vive y lo feliz que debe aparentarse, entre la realidad y el deseo que cubre a su generación en cualquier parte del mundo, con la minúscula diferencia de que en Cuba, además, tienes que mover el rabo como un perro al que le tiran un hueso.

Pero Elpidio ni entre tragos suelta prenda. Muy sencillo: no le interesa, sabe o cree que se trata de una perdedera de tiempo, para colmo peligrosa. Y así va viviendo. Siente que su verdadera angustia de vivir dobla por otra esquina. Una de aquellas noches en la playa, lo único que se atrevió a decir fue que los viejos apenas le daban chance a los jóvenes. Y enseguida se encogió de hombros, habló de su equipo de pelota, se enredó en una discusión, ahí sí que con el ánimo de Hernán Cortés, sobre cómo deslizarse en primera base cuando el bateador toca por tercera.

Lo otro para él es, además, ver que en su casa no falte nada, venga de donde venga, por la izquierda, el centro o la derecha. ¿Qué tiene que ver el mercado informal con la bolsa negra? “Absolutamente nada” –se dice. “¿Es delito robarle al Estado?” –nunca se lo ha preguntado. “¿Hay presos de conciencia?” –tampoco le ha distraído su mente esa manera de armar rompecabezas.

Ya sus padres y sus abuelos pagaron por él –y bien caro- la cuota de preocupaciones por la enseñanza y la salud gratuitas. Ya eso pasó, allá lejos, antes, cuando no se improvisaban profesores y había medicinas de última generación en los hospitales y farmacias. “¿Por qué yo –se dijo una vez—tengo que pagar una hipoteca que no contraté, un legado que no elegí?” ¿Por qué –murmuró con rabia— son tan egoístas que le pasan a sus hijos y nietos la eterna deuda de los que fracasan aquí o en Miami?”

¡Ah, Elpidio!... Casi al borde del 2009, cuando estés al caer bajo el friso de los treinta años, quizás asome en ti un gesto, un ademán que no vaya del Meliá Cohíba a Santos Suárez, de la cama a la mesa, de tu novia al beso de Mireya, de tu motocicleta china a la carne de res que compras por debajo de la mesa del hombre nuevo. ¿Quién sabe? ¡Quién sabe!

Si para el 2010 Cuba no está peor; es decir, si ha logrado insertarse en el mundo democrático que se anhela, paulatinamente libre de modelos económicos –comunismo o neoliberalismo- y manías fanáticas con olor a naftalina progresista; si enfrentamientos y egoísmos para entonces comienzan a desaparecer; si nos libramos del futuro hipotético o modo potencial, de condicionantes anquilosadas; lo mejor es que nadie pague las culpas de bisabuelos, abuelos, padres e hijos. Elpidio no merece pases de cuenta. ¿O acaso no simboliza la esperanza?



Príncipe Raúl Castro + Rusia con Obama

57 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

UPDATE:

Cadena Ser habría tenido acceso a informes "manejados por embajadas europeas en Cuba".

¿Qué dicen? Que Castro I está entero y al mando, y que los espías en el Sur de la Florida están siendo reubicados. ¡Ay, mamá!

 

Raúl Castro como Príncipe Daniel. Raúl Castro como Príncipe de la ortodoxia, aunque ya no se llame soviética y vuelva a ser la rusa.

El comunista Raúl, al sovietófilo Raúl, al estalinista Raúl, rodeado de popes, incienso y envuelto en esas letanías monasteriles.

El repugnante Raúl Castro condecorado con la misma orden que recibió en su día Alexandr Solzhenitsyn, la del Príncipe Daniil de Moscú, de primer grado.

Apenas unos meses después de la muerte del autor de Archipiélago GULAG y ya los popes de la Iglesia Ortodoxa rusa, una de las iglesias más miserables que Dios conoce –¡y mira que es dura la liza!–, ofenden su memoria igualándolo con un represor.

A Castro I, esos mismos popes le dieron orden de mayor entidad, «A la Gloria y al Honor», una que suelen conceder a jefes de estado. Por cierto, el Granma miente cuando afirma que el del Adidas «es la primera personalidad en recibirla». El inefable Putin también la tiene guardada en la gaveta.

A Castro I, tratamiento de jefe de estado, de Zar; a Castro II, el caso del delfín, del Príncipe. ¡Son la candela estos rusos!

El Príncipe Daniel de Raúl fue el hijo de Alejandro Nevski. Y Alejandro era nick que usaba Castro I cuando conspiraba de joven. La importancia de las medallas responde, pues, a la sucesión dinástica. Difícilmente a las características de los recipientes.

De Daniil de Moscú, sobre cuya efigie, bastante feucha por cierto, se podrán reflejar ahora los vasos de güisqui del general Raúl Castro, dicen las crónicas que manejan los ortodoxos: «Никогда не брался святой князь за оружие, чтобы захватить чужие земли, никогда не отнимал собственности у других князей ни насилием, ни коварством». Lo que podría traducirse así: «Jamás empuñó un arma el santo príncipe para apoderarse de tierras ajenas; jamás privó a otros príncipes de sus propiedades por medio de la violencia o la perfidia». ¡Han leído los popes esos quién es Raúl Castro Ruz?

 

De contra:

Hoy celebran en Cuba el Día de la Cultura nacional.

También se celebra el Día Internacional del Controlador Aéreo, conocido en forma apocopada como «Día del controlador».

Naturalmente, tal circunstancia hace que muchas veces se confundan ambas fiestas…

En cualquier caso, ya saben a quien prefiero si se trata de elegir entre cotizante de la UNEAC y cotizante de la IFATCA.

 

UPDATE:

La Misión de Rusia ante Naciones Unidas acaba de hacer pública la nota que sigue y la carta que recibieron de la campaña de John McCain. Un gesto que pone de manifiesto la apuesta de Rusia por Barack Hussein Obama, ya sabida, pero no evidenciada en forma tan diáfana.

Permanent Mission

of the Russian Federation

to the United Nations

136 East 67th Street

New York, NY 10065

Fax: (212) 628-0252

517-7427

STATEMENT

20 October 2008

ON FUNDRAISING LETTER FROM JOHN MCCAIN ELECTION CAMPAIGN

We have received a letter from Senator John McCain requesting financial contribution to his Presidential campaign.

In this connection we would like to reiterate that Russian officials, the Permanent Mission of the Russian Federation to the United Nations or the Russian Government do not finance political activity in foreign countries.

Letter can be view here

 

UPDATE:

En Pretoria, leo, despojarán a la calle Pretorius de tan histórico nombre para Sudáfrica y le llamarán... Fidel Castro Street. Sí, señor. Y, encima, Ernesto Guevara, a quien llaman "Che", también tendrá su calle en esas australes latitudes. La actual Schoeman pasará a llamarse Ernesto "Che" Guevara Street. Lo anuncia uno del partido Comunista de Sudáfrica.

Y no se crean que son callecitas cualquiera. No. Todo lo contrario.

Advierto, por cierto, que hay una Kerk Street que se ha quedado sin nombre nuevo. Tal vez podamos sugerir una "Camilo Cienfuegos Street"...



Obama, Palin... + Carta a Sandra Ceballos

16 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

1) Prefiero la Sarah Palin de Tina Fey a la Sarah Palin de John McCain. De hecho, prefiero casi cualquier cosa a la Sarah Palin de John McCain. Excepto para la cópula, claro.

2) Si a alguien beneficia la actual crisis de los mercados es a Barack Obama. Y no sólo porque lo ayudará a llevar a Michelle y a las niñas a la Casa Blanca. Imaginemos por un instante que la crisis se hubiera desatado después de la investidura del Hussein. Imaginemos por un instante que se hubiera desatado entonces esta fiebre salvabancos. Que fuera entonces que desde la Casa Blanca se hablara de intervenir en los mercados, regularlos, (per)seguirlos, etc. ¡Imagínenselo! Todos los temores del Obama socialista radical se habrían visto confirmados: «¡Es socialista! ¡Es comunista! ¡Ya lo habíamos avisado! ¡Horroooor!» Habría sido el acabóse. Pues bien, no. La intervención comenzó antes. Y eso nos dirá Obama una y otra vez cuando se dedique a «repartir la riqueza». ¿O era a diseminarla?

3) Que el furor socialista haya comenzado antes da una ventaja enorme al Obama radical, de haberlo, cuando llegue a la Casa Blanca, de llegar. Ahora podría acelerar su programa «secreto» y «radical», de tenerlo, con la pintoresca excusa del yo-no-fui. «Fue Bush», dirá. «Fue Sarkozy», dirá. Y entonces yo me voy a reír tanto como me río cuando escucho a la Sarah Palin de Tina Fey o a la Sarah Palin de John McCain.

4) «Te equivocas con Sarah Palin», me dijo un buen amigo y desenfrenado valedor de la muchacha. «Tiene principios firmes y es fiel a ellos. ¿Qué más se le puede pedir a un político?» «Que sepa defender sus principios pero también dudar de ellos», le dije. «Chico, tú puedes ser un sofista si te da la gana, pero quienes dirigen el Imperio no pueden comer tanta mierda.»

 

UPDATE:

Sin arredrarse ante la amenaza de galletón que deslizó Vincench al final de su mensaje, Rafael de la Osa, el director de Cubarte, replica a Sandra Ceballos para reafirmar sus convicciones revolucionarias.

Y ahí va: no hay como la prosa de un revolucionario para descubrir las claves de la imbecilidad humana.

A Sandra Ceballos

No acostumbro responder lo que no me han preguntado, por eso hasta ahora mi única respuesta la había dirigido a Jose Angel Vincenh que tuvo la amabilidad de dirigirse a mi directamente con sus preguntas y opiniones, en relación con la Nota del Consejo Nacional de las Artes Pláticas que yo circulara sobre la exposición a presentar en el Espacio Aglutinador.

Aprovecho entonces para responder el suyo, aunque al enviármelo decidiera hacer partícipe del mismo a un nutrido grupo de direcciones de correo electrónico.

Espero que la explicación circulada por el propio Consejo Nacional de las Artes Plásticas (por cierto que no es un ente etéreo e invisible, tiene sede, dirección postal, teléfono, funcionarios y dirigentes, con un presidente al frente que tampoco es un fantasma o un extraterrestre, tiene nombre propio y sabe leer y hablar español), haya sido suficientemente convincente, como para demostrar lo que en la primera Nota se dijo, desmintiendo así sus acusaciones y aseveraciones de DIFAMACION, CALUMNIA, TEXTOS PRETENCIOSOS, DECADENTES, INFUNDAMENTADOS y que pretenden DESTRUIR, TERGIVERSAR y DESORIENTAR. Me parece que más bien esto último es lo que se trataba de hacer con nuestros artistas.

Realmente sí, “Es una vergüenza para los artistas y para todas las personas” que, quienes deberían estar educando y elevando el nivel cultural de la población y sus valores éticos y estéticos, se confabulen con los que nos bloquean, atacan y hacen todo lo posible para que nuestra Revolución y nuestro país cambien el rumbo que desde hace casi ya 50 años nos ha permitido ser realmente libres e independientes, en una sociedad más justa, digna y solidaria.

Por tanto permítame hacer caso omiso a su acusación, y aunque mi responsabilidad en este caso, como funcionario del estado revolucionario cubano y comprometido totalmente con sus principios, política y acciones, fue solo la de enviar a un grupo de direcciones de correo electrónico de la Red CUBARTE (por eso lo hice personalmente desde mi correo), la Nota que nos hicieran llegar los compañeros del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, para nada me siento ajeno a lo que en ella se expresa, y como muchos otros artistas, intelectuales, personalidades de la cultura y funcionarios de este sector, me sumo a la crítica ante hechos de semejante naturaleza.

No creo que sea una casualidad que los espacios informativos en Internet caracterizados por su reaccionaria política editorial con respecto a Cuba, encargados habitualmente de tergiversar la realidad cubana y las acciones, medidas y decisiones que nuestro Partido y nuestro Estado toma, se hayan hecho eco de este tema. Incluso hay quien ya llama a la “Revolución de los Artistas” y a “destituir al Ministro de Cultura y su camarilla cómplice”, buscando apoyo para quienes en más de una ocasión han demostrado ser lacayos del imperio disfrazados con el ropaje de organizaciones no gubernamentales y “sociedad cívica”.

¿Si no hay ningún problema y ha sido una calumnia del Consejo Nacional de las Artes Plásticas que razón hay para suspender temporal o definitivamente la exposición? De eso no se habla.

A buen entendedor, con pocas palabras bastan.

Sirva este mensaje también de respuesta a todos aquellos que utilizaron e incluso tergiversaron palabras mías o a mi persona para desvirtuar o desacreditar la esencia de la nota circulada por el Consejo Nacional de Artes Plásticas.

Revolucionariamente

Rafael de la Osa Díaz

Director

CUBARTE

 

UPDATE:

De las reacciones al affaire con Espacio Aglutinador, la carta que le envió el artista Alejandro López desde Nueva York me ha parecido particularmente interesante por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Aparece aquí con la autorización de Alejandro, que le agradezco.

En Los lirios del jardín, de Rafael López-Ramos, una buena colección de mensajes enviados a Sandra Ceballos.

Sandra:

te contaré una historia brevemente.

En mi último viaje a Cuba, hace ya un poco más de dos años, estuve preso en inmigración en territorio de Cuba. ¿Sorprendente? Te diré qué fue lo que sucedió.

Yo volé a Cuba desde Canadá, pues al Fidel de los Estados Unidos se le ocurrió que no viajáramos allá sino una vez cada tres años. Dado que los Estados Unidos siempre nos hizo saber que esta era una nación de gente libres, yo me sentí en libertad de ir a ver a mi familia y amistades sin tener que ponerme a merced de lo que este Fidel del lado de acá me exigía. (Aprovecho para hacer una breve comparación: entre los dos Fideles, ten la seguridad que el de acá es peor, aunque mi odio sea compartido.)

De modo que resolví ir a Cuba vía Canadá. Una vez allí, también resolví dejar mi pasaporte americano en Montreal, pues Cuba nos exige que entremos a Cuba como Cubanos, aunque nos trate como Caganos. Ese pasaporte Cubano nos sirve solo para ir a Cuba (esto lo digo refiriéndome a los que nos hemos nacionalizado en otros países). Tiene un costo aproximado de $800 cada seis años. Con ese pasaporte no podemos ir a ninguna otra nación del mundo, pues evidentemente tener pasaporte Cubano es como tener un ticket de lotería falso en las manos. Mi pasaporte americano, me costó algo más de $80 dólares y es, a diferencia del otro, como poseer el ticket ganador de la lotería. Pero, dado que somos perdedores, tomé mi ticket perdedor (mi pasaporte Cubano) para entrar a mi perdida nación. La cuenta que no saqué fue la de que, una vez dentro de Cuba, necesitaría el ticket ganador para poder salir una vez más.

Al llegar a la aduana en Cuba me pidieron ambos pasaportes, como lo hacen con todos los que nos fuimos. Al no poseer mi cédula de EE.UU., me pusieron en espera, para determinar si darme una patada en el culo y ponerme en un avión de vuelta o retenerme y hacer lo que luego hicieron. Mi verdadero ticket de salvación fue el hecho de que yo estaba viajando con mi esposa, que no solo no es cubana, sino que tiene además doble ciudadanía (Suiza-Americana), lo cual le complica a los compañeros de inmigración en Cuba su data, por lo cual tuvieron que dar un poco de agua a la mesa. Ya sabes el buen cuidado que se le da allí a las personas (entiéndase: extranjeros). Además de mi esposa viajaba yo con mi hija, que no tuvo la fortuna de nacer en "la tierra más bella que ojos humanos han visto", sino en una ruidosa metrópolis llamada NY.

La cuestión es que me montaron en un carro, un van, el cual cerraron por fuera con un candado, y así me trasladaron con otras dos personas a un Centro de retención de Inmigración localizado entre el Cerro y Nuevo Vedado. El delito cometido era el de entrar a Cuba con pasaporte Cubano, habiendo olvidado traer el otro pasaporte americano con el cual podría hacer alarde de ser "yuma". No, seriamente lo que sucede es esto: el gobierno de Cuba quiere estar seguro de que los Cubanos que estamos en otras partes del mundo, cortesía del compañero Castro, no se nos antoje volver a nuestro suelo natal de modo definitivo. Ya sabes que el plazo máximo de estadía para nosotros es de tres semanas, y esto tiene su lógica: después de ese plazo lo más seguro es que ya no nos queden dólares, de modo que ya nos convertimos una vez más en objetos inservibles y despreciables para nuestro querido comandante (o lo que sea que quede de este).

En Inmigración me hicieron un interrogatorio, el cual condujo un compañero que seguramente se sumó hace años atrás a la campaña por el sexto grado, pero que desafortunadamente ha quedado estancado en el primero. El proceso fue breve, me arriesgo a pensar. Yo entré a aduana en el aeropuerto a las 7:00 PM y salí de este centro de retención a las 2:00 AM. El compromiso fue: "te vamos a dejar entrar, dado que estás con tu esposa e hija, pero tenemos que tener garantía de que te irás en la fecha que te corresponde". Lo cual quería decir que en dicha fecha, el día de vuelo de regreso, yo tendría que volver a viajar al aeropuerto en el van cerrado con candado, y acompañado por un militar que me llevaría hasta la salida donde ya estaría en arena internacional (o dicho de otro modo: donde ya no hay regreso). Este servicio tendría un módico costo de 25 CUC.

Y aquí va lo que te quiero hacer saber a partir de esta experiencia. Una vez que obtuve mis papeles y que ya era evidente que "tenía lo que tenía que tener" para irme, le dije a este tipo algo así: "¿Sabes? Esto que están haciendo ustedes es completamente ilegal. Tú me estás botando de Cuba, país al que pertenezco y me pertenece. La persona que gobierna este país (no hice mención del nombre) les ha hecho creer a ustedes que son dueños de este país, y no lo son. Como todas las cosas, esto un día va a acabar, y entonces van a decir lo mismo que dijeron los del régimen represivo anterior: nos obligaban a hacerlo. Pero en verdad, nadie te obliga a ser cómplice de esto" (esto no es una cita textual, desde luego, pero está bien cerca de lo que fue).

Yo no sé el nombre de ese individuo, como tampoco recuerdo el nombre de aquel (y voy a usar una terminología altamente conceptual) "hijo de puta" que dirigía ese departamento ubicado en la calle 17 entre 8 y 10 en el Vedado, a donde había que llevar las obras que uno quería llevarse consigo, para que este individuo te interrogara y decidiera si podías o no salir del país con algo que te pertenecía, mas aún por el hecho de ser algo creado por ti. En mi caso, yo salí de Cuba con unas pocas obras en cartulina, y después de ser cuestionado por este "hijo de puta" (o, para no ser redundante) por este "cabeza de pinga" sobre el derecho que tenía o no de salir del país con las mismas, me dictó la siguiente sentencia: "tienes que regresar a Cuba con ellas o pagar una tarifa de $___(?).

Desafortunadamente para este individuo (y para mi familia también), mi previsto regreso a los seis meses se ha postergado, y siendo ya catorce años que estoy fuera de Cuba lo más probable es que se haya derrumbado esa linda casa del Vedado como se están derrumbando tantas otras. Lo jodido no es que se haya caído la casa, sino que se haya caído sin este tipo adentro.

"Compañeros" como ese, como el otro militar que me llevó al aeropuerto con el fin de asegurar mi destierro (primero voluntario de mi parte, después impuesto), y compañeros como los que continúan avinagrando la vida de otras tantas personas como tú allá en la Isla van a argumentar cuando la ocasión les llegue que hicieron lo que hicieron porque las circunstancias los obligaron, no porque ellos hubiesen querido que así fuera. Como en la frase de una canción romántica y melodramática: "Por amor a Cuba, mate a Cuba y a los Cubanos".

Espero que lo tuyo se resuelva satisfactoriamente. Y comentario aparte: te felicito por los quince años de existencia de Aglutinador. Queriéndolo o no, Aglutinador es un caso único dentro de la historia de la cultura cubana y tiene, valga la redundancia, un lugar ya en esa historia.

Etnemairanoiculover! (léelo al revés)

Alejandro López

Ilustración: Sandra Ceballos, Absolut José (1995)

 

UPDATE:

Coco Fusco ha abierto una Solicitud de firmas en apoyo de Espacio Aglutinador.



Buscar en este blog

Sobre este blog

Política, literatura, medios

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

Donaciones

Enlaces Patrocinados

Advertise here / Anúnciese aquí


Archivo

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Libros

Tristán de Jesús Medina

Tristán de Jesús Medina

Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
Cubierta Minimal Bildung

Minimal Bildung

Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

ETDLV en Facebook