Lluvia, cuerpos y burkinis...
Jorge Ferrer | 26/08/2009 2:09
Hoy regresaba a casa tras mi ronda habitual por el barrio. Lloviznaba. Y la llovizna, que me obligaba a andar bajo las cornisas y mirando al suelo, reiteró la obviedad que mencionaba en el post de ayer –la amenaza, la evidencia, del fin del verano.
Por mucho que esta llovizna de hoy en Barcelona tenga poco de otoñal, algo había cambiado de pronto en el paisaje urbano. Y ese algo no es un detalle baladí.
Con la llovizna aparecieron chubasqueros y sombrillas que hurtan los cuerpos. Desapareció por un rato uno de los encantos cotidianos de Occidente: la desnudez, la exposición de los cuerpos, la libertad de ostentar que todos somos cuerpos deseantes.
Probablemente la lectura en días pasados de los escandalitos con las sumisas de Alá que se aparecieron en una playa francesa y una piscina italiana ataviadas con sus burkinis me llevara a lamentar el amago de otoño, a pensar que nos islamiza, porque nos resta el placer de gozar de una de las conquistas más apreciables de Occidente. Ni el sufragio universal, ni la jornada de trabajo de ocho horas: los escotes, mamita, los escotes… y las viejas minifaldas.
En Italia, las madres protestaron ante el burkini colado en piscina municipal: «Asusta a los niños», denunciaron. Sublime contestación. Manifiesto absoluto.
Alguno pensará que qué bobería, que en invierno el sexo se esconde en casa por un rato y nada más.
Pero yo creo firmemente que pasear los cuerpos por la calle, disfrutar de un buen y próximo culo mientras se viaja en el transporte público, encontrarse con dos hermosos pechos en la panadería o el bar de la esquina, coger un «filito» en la escalera mecánica de unos grandes almacenes, encuerarse en la playa sin más cortapisas que el castigo del sol, son testimonio adicional de la superioridad de hombres y mujeres cuyas siluetas no se borran en la arena, por mucho que lo hagan sus rostros según Foucault.
De contra:
Hoy se ha reabierto la estación de metro Kurskaya en Moscú. La cerraron unos meses por reformas. Para sorpresa de muchos la leyenda "Stalin nos educó en la fidelidad al pueblo..." fue restaurada con primor. Poco menos de un cuarto de los moscovitas pasa por ahí a diario.
Definitivamente, a Rusia no se la entiende desde la razón...
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 26/08/2009 2:29
La palabra precisa o ninguna
Jorge Ferrer | 24/08/2009 2:37
Se acaba el verano. Termino un trabajo que me ha llevado dos meses largos, los estivales, y salgo de él con el mismo placer que experimento siempre cuando pongo un punto final.
"Algo más", me digo, pensando en los lectores que encontrarán precisamente algo más que comprar en librerías abarrotadas como plazas en día de mercado. Traducir libros me ha parecido siempre uno de los empleos más felices a los que dedicarse, mientras se trabaja en la propia obra, se lucha con ella, por ella y, tantas veces, contra ella. Aún me debo un texto sobre ese oficio, prometido hace tiempo a una revista del otro lado del Atlántico que lo espera.
Hoy lo celebré, aunque a nadie se lo dije allí, era celebración íntima, en El Cubano, un restaurante ubicado en la calle Agricultura, 284, en Barcelona. Me lo descubrieron hace dos semanas A & A, que ¡gracias!
Humilde y bien sabrosa comida cubana, verbo relajado y amable, mesa de dominó al fondo de la que me despedí, ay, con «pollona» que me infligieron y cocinera que cuando fui la primera vez me descubrió es lectora cotidiana de El Tono de la Voz. Y ya se sabe, amigo de la cocinera: plato bien despachado y abundante cantinita con la que cargar a casa. ¡Gracias, M.!
Así me gustaría que fuera Cuba: humilde, relajada, sabrosa, amable, traducida y traducible. Un paisito como otro cualquiera. Algunos me dicen que ya lo es y yo no me he dado cuenta. Pero soy tozudo, una tara que conviene a quien se dedica a traducir libros o a recordar país al que no puede volver.
O la palabra precisa o ninguna. O libertad o nada. Cualquier otra cosa es una mala traducción de lo que quiero, aun cuando después nos quede traducir la palabra libertad una y mil veces. Ya nos ocuparemos de hacerlo.
De contra:
Por cierto, hablando de tozudez: el cónsul Castillo Calaña lleva diez días con protección policial ante el Consulado de Cuba en Barcelona. Dos uniformados y hasta furgoneta por si las moscas. Alguien le cayó a martillazos a su coche con saña. Parece que a algún cubano le parecieron excesivas las tarifas que cobra la oficina de extorsión de Cuba en la Ciudad Condal. ¡Digo yo que es un buen aviso para bajar esas tasas abusivas, ¿no?!
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 24/08/2009 11:34
Astana: Rostros del Poscomunismo
Jorge Ferrer | 22/08/2009 0:59
Rostros del poscomunismo
By JORGE FERRER
Hace unas semanas Alberto Contador y Lance Armstrong subieron al podio final del Tour de France, tras la última carrera por los Campos Elíseos. El espectacular corredor español y ese milagro del deporte que es Lance Armstrong vestían maillots con inscripción que ya se ha hecho familiar, aunque mucha gente desconozca a qué corresponde: ``Astana''.
Corriendo las principales carreras del ciclismo mundial, oronda ante las lentes de las cámaras que transmiten eventos como el Tour a cientos de millones de espectadores, la voz ``Astana'' se convirtió en palabra de uso común para nombrar un equipo de ensueño. Ya no por mucho tiempo, desde que Armstrong anunció el patrocinio de RadioShack a su nuevo equipo y Contador habló de fabricarse un comando a su medida.
He preguntado a mucha gente si sabe qué nombra exactamente la palabra ``Astana'' que da nombre al equipo que utilizó este año en la reina de las pruebas ciclísticas un slogan epatante: ``la nueva revolución francesa''. Me bastó el dedo meñique para contar al único acertante.
Astaná, que así debe acentuarse en español, vale en lengua kazaja por ``la capital''. Y Astaná es, vaya originalidad, la principal ciudad del Kazajstán poscomunista desde que se prescindió de Alma-Atá --o Almaty--, la urbe que pujó durante años por ser la metrópolis de Asia Central.
En uno de sus monumentales edificios Johan Bruyneel y Alberto Contador presentaron el pasado diciembre el programa de competencias del equipo para 2009. No lo hicieron en alguno de los lujosos hoteles de la ciudad, en el Ministerio de Deportes o en, pongamos por caso, la sede del Comité Olímpico nacional. La presentación tuvo lugar en la sede del Ministerio de Defensa de Kazajstán, un entorno marcial que cabe preguntarse qué relación guarda con el ciclismo, el deporte e, incluso, con la idea de popularizar en el mundo el nombre de la capital de un país a través de la noble ética del deporte de la que el Tour de France es, a pesar de los pesares, ejemplo mayor.
Que ``la nueva revolución francesa'' sea la marca con que se vende un régimen poscomunista pero neofeudal, el Kazajstán de Nursultán Nazarbáyev, resulta al menos incómodo. Un desasosiego que aumenta cuando los petrodólares kazajos compran a los mejores, los marcan como a reses con el nombre de una ciudad fantasma por pujante que sea su crecimiento y los pasean por las salas de estar de medio mundo.
Ninguno de los corredores se ha sentido cómodo con patronazgo problemático. ``Estos kazajos nunca contestan al teléfono'', dijo Armstrong cuando en mayo pasado no cobraban y los problemas financieros del equipo parecían dar al traste con la operación de marketing a favor de la antojadiza capital kazaja.
Insertarse en el poscomunismo con rostro renovado que borre la imagen del totalitarismo es tarea ardua. Rusia, a veinte años del cambio, aún no ha conseguido superar la marca ``mafia rusa'' y sus deficiencias en materia de derechos humanos unidas a las fundamentadas dudas acerca de la efectiva separación de poderes, continúan generando la impresión de un país anclado en el pasado. Recuérdese el roce diplomático que provocó Barack Obama cuando se refirió en esos términos a Putin en vísperas de su visita a Moscú. Otros países han sido más eficaces. La República Checa ha aunado su decidida política a favor de los derechos humanos y la recuperación de Praga como destino turístico de excepción para vender la imagen de país decididamente postotalitario. Hungría o Eslovaquia se han convertido en polos de atracción para la deslocalización de empresas gracias a políticas fiscales inteligentes y una paz social ejemplar.
Menos suerte han tenido Albania o Rumanía, cuyos emigrantes a los países vecinos las han dotado de una imagen delincuencial que hace poca justicia a los empeños democratizadores que han emprendido sus elites políticas con moderado éxito. La política ultraconservadora de Polonia tampoco ha ayudado a ese país a ofrecer una imagen postotalitaria, mientras la astuta bravuconería de Mijaíl Saakashvili ha conseguido el prodigio de hacernos creer en una Georgia democratizada. Aquí, la suerte a veces va reñida con la eficacia, porque en el imperio de la imagen del poscomunismo las fotografías valen la mitad o valen el doble, según la voluntad del destinatario.
Salidos de la debacle, es natural que los poscomunistas quieran lavarse la cara. Que acudan al registro civil de las imágenes en busca de una identidad nueva. El Kazajstán del dictatorzuelo Nazarbáyev ha fracasado en su apuesta. ``Astana'' no ha conseguido que Astaná multiplique su valor simbólico. La moraleja clama a los cielos: no se inventa uno un presente cuando aún vive en el pasado.
El artículo "Rostros del poscomunismo" aparece publicado en la edición del 21 de agosto de El Nuevo Herald, Miami.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 23/08/2009 2:18
Juan Juan Almeida, en la Plaza y a Raúl Castro
Jorge Ferrer | 21/08/2009 0:33
Juan Juan Almeida, hijo del comandante de la revolución Juan Almeida Bosque, continúa luchando su permiso de salida de Cuba. Hoy, según reporta Wilfredo Cancio en El Nuevo Herald, se manifestó en la Plaza de la Revolución, la misma que espera al pacificador Juanes.
Almeida, recuérdese, padece una enfermedad degenerativa y fundamenta su solicitud, además de en la justa reclamación de un derecho, en la necesidad de recibir tratamiento médico en el extranjero. Ser hijo de comandante no le vale para abandonar la plataforma insular. Esos tipos que construyeron un régimen en el que no soportan vivir ni sus propios hijos, qué decir de los hijos de vecino, han topado con un tenaz buscador de la tarjeta blanca.
En las últimas semanas, antes de ir hoy a la plaza, Juan Juan Almeida ha continuado enviando cartas a Raúl Castro y los oficiales del MININT que «lo atienden».
Por cortesía suya, reproduzco aquí dos de ellas. Hace unos meses reproduje otras, una de ellas también dirigida a Castro II.
Además, hoy he tenido ocasión de echar un vistazo a Memorias de un guerrillero cubano desconocido, un libro de memorias de Juan Juan Almeida que saldrá a la venta en las próximas semanas publicado por Renacimiento, Sevilla. Por lo poco que he alcanzado a leer en día ajetreado, no carece de cierto interés. Al menos, apunta a tema que casi siempre atrae lectores: la descomposición de una elite despótica.
Carta a Raúl Castro
La Habana, 25 de julio de 2009
Raúl Castro Ruz.
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Republica de Cuba.
Señor General:
Hace sólo un par de días, mi suegra, la abuelita de mi hija, por quien mucho le pedí que me dejara viajar, murió de cáncer en Miami, La Florida. Y no pude enviar flores, y no pude leerle un cuento, y no pude entregarle un rosario que un buen amigo sacerdote me trajo desde ese lugar lejano al que llaman “Tierra Santa”. Pero tampoco pude estar junto al dolor de mi familia, y aunque mucho lo pedí, y disculpe usted si le soy reiterativo, tampoco puede consolar el llanto (sin comillas) de mi hija.
Nada de eso pude hacer porque usted me lo impidió.
“Tienes que venir ya, papá, te necesito…” Retumbó una y mil veces esa frase en mi cabeza y como usted comprenderá pensé escribir y ofenderlo. Pero el rencor hace mal a la salud, la rabia acaba con el hígado y la cólera me destroza el corazón. Entonces opté por contarle para que disfrute y ría el llanto de mi familia:
“Tienes que venir ya, papá, te necesito…”
Algunos amigos me han dicho que debería callar porque casos como este suceden con muchísima frecuencia entre La Habana y La Florida. Mas, yo no puedo, señor, no me puedo resignar. Pero deléitese usted que se dice familiar.
Y no se sienta ofendido porque en ninguna de las cartas que le escribí y publiqué perseguí ideales raros. Yo solo pedí, y de manera respetuosa, lo mismo que le pido ahora, poder visitar al doctor y estar junto a mi familia. Es muy fácil de entender pero usted me lo impidió.
Y si aun no le ha causado suficiente carcajada, se lo disparo otra vez al centro del corazón: “Tienes que venir ya, papá, te necesito…”
Señor, Padre, General, Presidente, hoy le estoy pidiendo AUXILIO, permita mi salida, por favor.
Juan Juan Almeida García.
Carta al Teniente Coronel Nacer, Villa Marista
La Habana, 10 de agosto de 2009
Teniente Coronel Nacer
Villa marista
Cuando mi suegra entró en fase Terminal de su enfermedad, por quien, además de por mi salud, mucho también le pedí al señor Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros que me permitiera viajar para al menos consolar el llanto de mi familia. Fui a la oficina de inmigración de municipio Plaza, intenté hablar con la jefa del lugar para pedirle una orientación porque el permiso de mi esposa se vence en octubre de este año y necesita prorrogarlo y pedir una excepción de pago porque el cáncer, además de ser mortal, es también costoso en todos los sentidos. Pero en inmigración no me pudieron atender y por esas casualidades de la vida, mi suegra falleció justo ese día. Pero no importa, o mejor dicho, al jefe no le importa, entonces con mas razones aun mi esposa necesita un prorroga exenta de pago porque la casa donde vivieron hasta el deceso de su madre era de su ex esposo y ya sabe usted como son las cosas mundanas que suceden en cualquier lugar del mundo.
Al día siguiente fui a Villa Marista, hablé con usted y amablemente sugirió que fuera nuevamente a inmigración. Regresé y fui atendido por la mayor jefa pero me asombró bastante el total desconocimiento de esta porque, a ciencia cierta, no sabía a dónde me tenía yo que dirigir. Finalmente me dijo que fuera a las oficinas de Havana Tuor o que le extendiera una reclamación por escrito a la oficina de intereses de Cuba en Estados Unidos.
Mi esposa Consuelo escribió una carta a dicha sede diplomática o consular de donde sí le contestaron con premura indicándole dirigirse al MINREX, específicamente al Departamento de atención a cubanos residentes en el exterior - cosa rara teniendo en cuenta que mi esposa radica en La Habana Cuba, y que está de viaje porque su madre enfermó de cáncer – pero allí me dirigí, hablé con una persona igualmente amable que me recibió una carta, me dijo que gestionarían el caso; pero antes de terminar acarició mis oídos con una breve información: ella lo tramitará, dijo, pero el caso en cuestión es competencia del DIE (lugar por donde empecé mis gestiones).
Como usted comprenderá, ahora no sé que hacer y ya casi estoy seguro de que ni me van a permitir salir al médico, ni estar un tiempo junto a mi familia, ni le van a prorrogar la estancia a mi esposa, y además, la van a declarar quedada, desertora, traidora, etc, etc, etc.
Pero ahora surge una pregunta y se las dejo por escrito para que quede constancia: Ante la fuerza visible y evidente del Alto Mando ¿tengo razones suficientes para salir ilegalmente del país o no? ¿Estoy cumpliendo sanción o un capricho poderoso? No olvide usted, por favor, que estoy pidiendo el permiso para una salida legal, “y humanitaria”, desde hace más de 5 años sin nadie me conteste.
Con estos truenos, y se lo digo por escrito, no voy a pisar mas un hospital de este país aunque me reviente de dolor y de uveítis. No es huelga ni valentía, es miedo y desconfianza.
Juan Juan Almeida García.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 21/08/2009 0:48
Yanelis y Yusimí ante el concierto de Juanes en La Habana
Jorge Ferrer | 20/08/2009 0:20
(Dos advertencias: una, léanse los diálogos con acento muy habanero; dos, los diálogos incluyen palabras que a algunos oídos parecerán malsonantes.)
Se abre el telón
Yanelis y Yusimí se enteran de que Enrique Iglesias y Maná –ambas sueñan con el tatuado baterista de la banda– van a cantar en La Habana. También Fonsi, el que no se da por vencido, tan mono él.
Las muchachas están como locas. Salen de la reunión de la juventud que acaba con un viva a los cinco héroes y corren a Palco. Yanelis elige un bonito baja y chupa a rayas; Yusimí se empata con un set de tres blumers que pa’ qué. No son Calvin Klein ni Women’s Secret, pero le bastan.
Se gastan catorce y dieciocho CUCs, respectivamente.
Ahora se trata de prepararse para el asedio. No son jineteras, son groupies. Y las últimas asedian con más saña.
Yanelis imagina que su primo Ramoncito estará en las primeras filas en la Plaza. Es teniente del Minint y fanático de Maná. De hecho, fue él quien le «quemó» el Unplugged de los mexicanos en una computadora del DTI. Y las dos saben –todos lo saben menos Juanes– que los Ramoncitos del Minint estarán en las primeras filas. ¡Cómo no!
–No te preocupes que yo hablo con mi primo y vamos a estar alantico alantico –le asegura a Yusimí.
–¡Ay, qué rico, Yane!
–¿Tú crees que tu papá nos pueda colar después en la piscina del Nacional?
–Chica, esa noche el Nacional va a estar en candela, pero yo se lo pido.
–Ablándalo primero, no sé –propone Yanelis–. Cómprale la espuma de afeitar esa que le gusta tanto.
–No te preocupes que yo me lo como –asegura la muchacha. Después, suspira y exclama–: ¡Al que me voy a comer es a Enrique Iglesias!
Ambas se carcajean y repasan blumers y baja y chupa. Buenas compras, concluyen
Se cierra el telón
Se abre el telón
–¡Yusi! ¡Yusi! –. Yanelis se acerca corriendo. Yusimí advierte que ha estado llorando. «Eso será por culpa del cabrón de Humbertico», piensa. «Seguro que le pegó los tarros otra vez.»
–¿Qué pasó, mamita?
–¡No vienen! ¡No vienen! –grita desconsolada la joven.
–¿Quiénes no vienen, muchacha?
–Ni Maná, ni Fonsi, snif, ¡ni Enrique Iglesias!
–¿Cómo que no vienen?
–Ramoncito lo vio en la internet. El exilio los intimidó y ya no vienen.
–¿El qué?
–El exilio.
–Y eso ¡qué e’?
–Chica, los que se fueron, vaya.
–Pero, ¿por qué?
–No sé, no sé –responde entre sollozos.
–Pero si esa gente que está allá afuera es como nosotros, son los mismos que se van todos los días. ¿Por qué nos hacen esto?
Se cierra el telón
Obra abierta, tiene tres finales posibles:
1) Apenas unas horas más tarde, Yusimí y Yanelis, recuperadas ya del susto inicial, conversan en un Rapidito.
–Es una suerte que el… ¿Cómo era?... ¿Flexilio?
–Exilio –la corrige Yanelis.
–El nexilio ese, sí. Es una suerte que nos haya abierto los ojos. Ahora hemos aprendido que vivimos bajo un régimen… ¿Cómo era? ¿Trontalitario?
–Trotalitario –la corrige Yanelis, algo insegura.
–Me alegro mucho de que no vengan Maná ni Enrique Iglesias. Ahora soy un poco más conciente de nuestra realidad.
–Yo también –la secunda Yanelis–. De ahora en adelante estaremos siempre vigilantes, como las mambisas.
2) Imposibilitadas de comerse un hot dog en el Rapidito de Línea y Malecón –baja y chupa y blumers se llevaron los pocos dólares llegados este mes desde Hialeah–, las amigas se sientan en el muro del Malecón.
–Toda esa gente son una partía de singáos, chica –dice Yusimí. Sus ojos brillan con un fulgor que los había abandonado desde que su último novio, el del pre, se fue con unos lancheros a Miami.
–Con el hambre que pasamos aquí, con lo rejodidos que estamos… Coño y por una vez que venían cantantes de verdad, nos joden la fiesta.
–Dice Ramoncito –chica, por cierto, Ramoncito está más gusano últimamente–, que lo que importa es la reconciliación, eso de querernos todos y olvidar el odio.
–Mira, loca, tú dile a Ramoncito que no coma tanta pinga. Al que nos jodió el concierto de Enrique Iglesias lo voy a odiar hasta que me muera. ¡Y pensar que son cubanos, carajo!
–Será que se tomaron la Coca Cola del olvido.
–Vamos a tomarnos un guarapo, dale.
–Dale – dice Yusimí y echan a andar hacia un carrito de granizado que avanza a paso de mula.
3) Yusimí y Yanelis cruzaron la frontera una tarde de noviembre.
«Ahora sí me voy a comer a Enrique Iglesias», bromeó Yusimí cuando se sintieron seguras.
Milagrosamente, atravesaron México sin mayores dificultades. Cuatro días retenidas y viaje a Miami. Ahora son dos exiliadas más. Saben que en cuanto se naturalicen votarán a los demócratas.
Ya no les gusta Enrique Iglesias. Bastó una entrevista del muchacho con María Elvira para que lo despreciaran.
Compran en Publix y desbarran de Winn-Dixie, envían dinero a Cuba todos los meses, aunque no han encontrado empleos estables.
Hace unos días, en El Palacio de los Jugos, coincidieron en que nos les gusta la Coca Cola. Se tomaron un batido de mamey. Desde los altavoces de un coche aparcado a unos metros les llegaba el anuncio del próximo disco de Juanes: «Cuba, bah».
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 20/08/2009 0:38
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