Los papeles de la CIA
Jorge Ferrer | 27/06/2007 14:57
Bloggers United for Cuban Liberty, asociación virtual de blogs cubanoamericanos, lanza una nueva campaña. Ahora con motivo del anunciado viaje a La Habana de The Police. (Sí, más police pa’la Habana.) Antes, Sting estará en el sur de la Florida y los de BUCL le quieren aguar la fiesta preguntándole –preguntándose- cómo el cantante que no dudó en comprometerse contra la dictadura pinochetista coquetea con la de los hermanos Castro. ¿Por qué se rebelaba contra la invisibilidad de los presos chilenos y practica él mismo la ceguera cando se trata de presos cubanos?
Las noticias, con esa tiranía de la atención que les es propia, han arrastrado al lector cubano a bucear en las Family Jewels desclasificadas ayer por la CIA. (Buceo incómodo, por cierto.)
Allí, pelos, señales y precio: 150.000 dólares por la cabeza de Castro I, que entonces era el Dr. Fidel Castro. Por la mitad de esa suma en CUC, hoy le administrarían pastillas al Comité Central en pleno.
Nunca me han interesado demasiado esas historias gangsteriles. Como apenas me entretiene la llamada If-History, salvo en su expresión literaria. Nabokov en Ada o el ardor; Philip Roth en La conjura contra América.
¿Que qué habría sido de Cuba si el Dr. Castro se hubiera tomado la dichosa pastilla? ¡Vaya usted a saber! Las cosas podrían haber ido a mejor, pero también a peor. Hoy podríamos ser una Corea del Norte o un Puerto Rico. Haití o, con suerte, Chile. Podríamos haber padecido otra dictadura. O un par o tres distintas. Pero que nadie se imagine ni por un instante que la Tacita de Oro que se evoca con desmemoriada nostalgia habría sido algo más que un inodoro de loza.
Mucho, muchísimo más que los documentos que atañen a Cuba directamente, me desvelaron anoche los Caesar-Polo-Esau Papers . Once mil páginas que recogen la información que procesaban expertos contratados por la CIA acerca de la URSS y China, fundamentalmente. Ésos son los que interesan de veras a quien se pregunte por la relación entre las democracias y el totalitarismo, una cuestión moral del siglo XX que continúa marcando el XXI.
Entre esos papers un magnífico informe titulado “El escritor soviético y la política cultural soviética”. Un ensayo que supera en exhaustividad, concisión y estilo a casi todo lo que haya producido la literatura académica sobre el deshielo que siguió a la muerte de Stalin y al posterior proceso de corrección de la apertura cultural. Lástima que no le encargaran a su redactor llevarle las pastillas al Dr. Castro.
Hay más, mucho más. Pero también mucho trabajo sobre mi mesa. Volveré, seguramente, a esos informes.
De contra: Mauricio, ¿ya estás investigando la muerte de Manuel Acosta, la víctima más reciente del castrismo?
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 27/06/2007 15:00
Liberate Paris libérée
Jorge Ferrer | 26/06/2007 13:07
1944: Paris ! Paris outragée ! Paris brisée ! Paris martyrisée ! mais Paris libérée !
2007: Liberate Paris!
Pocos paralelos evidencian con mayor claridad la decadencia de Occidente que la suerte corrida por ese topónimo y su asociación con la libertad.
UPDATE:
Al teléfono:
–Oye, jorgillo, nos hemos quedado sin saber lo que crees tú del tal Lesnik.
–No quise enmarcar el magnífico texto de Ariana (Hernández-Reguant) con mis palabros gruesos…
–Ah, yo pensaba que era cosa de tus amores por el judaísmo…
–…eso también… Fíjate que Lesnik es parte de la galería de apóstatas judíos. Es el Shabbatai Zevi del castrismo. Igual que el sultán nombró al Mesías de Esmirna "Guardián de las Puertas", Lesnik es cancerbero del castrismo en tierra infiel.
–Te dejo, socio, que ya con lo de Paris Hilton y De Gaulle juntos tuve bastante...
–Adiós.
–...
De contra:
Magnífico, Ignacio Camacho, en ABC.
Soldados, no boy scouts
IGNACIO CAMACHO
ESTE Gobierno es muy libre de hacer pacifismo de salón, retórica buenista, flower power, alianza de civilizaciones, ansia infinita de pazzzzzzz y demás mantras de la ética indolora. Pero que no se lo crea cuando toma decisiones que afectan a las Fuerzas Armadas, porque en ellas hay gente que se juega la vida, y a veces la pierde, en una ruleta donde las apuestas ajenas se pagan con sangre propia.
Una cosa es engañarse a uno mismo, o intentarlo, y otra engañar a los demás. Cuando para reclutar soldados se ponen en la tele anuncios en los que no sale ni un fusil, todo sonrisas y ejercicios de boy scouts en la tirolina, se está tratando de engatusar al personal con una falacia que oculta y trivializa la verdadera condición de la milicia, sus riesgos, sus deberes y su compromiso de combate. Como estrategia publicitaria puede valer, pero como estrategia política es deshonesta. Y lo malo es que esa barata filosofía de abrazafarolas se aplica luego a la política real, obviando la responsabilidad de las decisiones bajo la cobertura fantástica del «pensamiento Alicia». Y se manda gente a guerras de verdad, donde se mata y se muere, bajo un discurso de buen rollito solidario, sonrisas contra las bombas y al paso alegre de la paz. Como si fueran misioneros combonianos, con el clavel en la punta del fusil y cajas de tiritas en vez de munición. Legionarios sin fronteras.
El resultado es que de vez en cuando vuelven en una caja cubierta con la bandera unos muchachos casi adolescentes reventados por unos cabrones muy aviesos a los que la alianza de civilizaciones les resbala por salva sea la parte, y entonces el discurso de las misiones de paz cruje por todas las costuras porque ha faltado coraje para explicar y aceptar que estaban en una guerra que el Gobierno no quiere admitir porque le estropea el discurso. Una misión digna, solidaria y constructiva, pero en una guerra a la que vamos como monjas de la madre Teresa, a pecho descubierto y con el talante como chaleco antibalas. Ahora hay que poner medallas sobre los féretros, que son muy merecidas pero que los chicos habrían cambiado sin duda por algún inhibidor de frecuencias en su carro blindado. Lo que pasa es que eso cuesta dinero, muchos euros, y sobre todo cuesta el coraje político de pedir pasta en el Congreso para pertrechar a unas Fuerzas Armadas a las que se pretende aliviar conceptualmente de su propia, intrínseca y honorable condición de organización militar para transformarlas en una especie de socorro de afligidos, como la Cruz Roja.
No es pintar como querer, dice la copla. Y no se puede gobernar sin un ejercicio de responsabilidad que empieza por aceptar las realidades sin disfrazarlas. Y entender que los terroristas son terroristas, no pacifistas; que los enemigos son enemigos, no hermanos separados; que las bombas son bombas, no accidentes; que los soldados son soldados, no enfermeros, y que la paz no es una flor que se riega con brindis de sonriente voluntarismo demagógico.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 26/06/2007 14:38
Los Lesnik viajan a Washington
Jorge Ferrer | 25/06/2007 12:13
Vivien Lesnik y su padre continúan paseando el hagiográfico The Man of Two Havanas, del que ponía el trailer aquí hace unos días, en ocasión de pase habanero ante autoridades y afines.
Ahora tocó pase en Washington. Ariana Hernández-Reguant conoce muy bien el cine de la one-and-a-half-generation y ha accedido a compartir con los lectores de El Tono de la Voz su visión de la película vista en Washington.
Man of Two Havanas (Vivien Lesnik 2007, 93’)
Ariana Hernández-Reguant
El pasado miércoles se presentó en Washington DC el nuevo documental de Vivien Lesnik, Man of Two Havanas. El filme, sobre la vida y tribulaciones de su papá, la figura del exilio histórico cubano Max Lesnik, venía avalado por una exitosa presentación en el festival neoyorkino de Tribeca, así como por el premio del IFP a nuevos realizadores latinos. El pase, por invitación, tuvo lugar en uno de los cines de la calle E, fue patrocinado por la revista The Nation y contó con la comparecencia de la propia cineasta, su padre como protagonista de la cinta, y varios miembros del Congreso norteamericanos, así como personal de la Sección de Intereses de Cuba entre el más o menos centenar de invitados (con predominio de corbatas y pelos grises). En vísperas de una votación en el Congreso que hubiera limitado los fondos a la “democracia” en Cuba (y que fracasó) Bill Delahunt, representante demócrata por Massachussets y miembro del subcomité de política exterior, fue quien estuvo a cargo de las presentaciones, y aprovechó para denunciar el amparo norteamericano a Posada Carriles y expresar su oposición al embargo. Lamentablemente no hubo tiempo para preguntas ya que aguardaba el buffet de recepción en un cercano restaurante de la Pennsylvania Avenue (irónicamente situado en el edificio Ronald Reagan).
Desde un punto de vista formal, la película está dentro del género de los “one-and-a-half films” -documentales producidos a lo largo de los últimos quince años por cubano- americanos de la “one-and-a-half generation”, como Adió Kerida, 90 miles, El Regreso, Our House in Havana, etc., y contrapartida de numerosas obras literarias de índole similar. Producto tanto de la ideología del multiculturalismo en boga en los Estados Unidos en los noventas (con su etnicización de la sociedad, “we are all hyphenated Americans”, y una búsqueda generalizada de raíces genealógicas en otro lugar) como de las aperturas de la política cubana, por una parte, y del embargo en cuanto a intercambios culturales, por otro, estas películas comparten hilo narrativo y discurso ideológico-cultural. En todas ellas, un miembro de esta generación, integrante de la clase media norteamericana y que se desarrolla con mayor soltura en inglés que en español regresa a la isla en busca de la historia familiar. Típicamente lo hace a La Habana -aunque a veces haya excursiones a otros lugares- y típicamente también va acompañado por un familiar, que puede ser un padre, un hijo o la propia pareja. Ni turista ni nativo, como apunta Ruth Behar, la narrativa suele expresar la trayectoria entre uno y otro (en el sentido de “self” and “other’) que si en algunos casos es puramente metafísica, en otros requiere de validación social autoritativa -en Man of Two Havanas es el propio Alfredo Guevara quien le asegura a Lesnik que ella no es una turista a pesar de su falta de familiaridad con el entorno y su asombro ante la cotidianeidad cubana de la calle.
Todas estas películas son documentos autobiográficos en los que el autor es a la vez actor protagonista tanto de un viaje histórico-geográfico como de un viaje interior y de reconciliación con los progéneres. En esta ocasión se trata del acercamiento entre una hija y su padre - se pudiera leer un subtexto “eléctrico” en la actitud dócil, deferente y admirativa de esta última, en su búsqueda de la atención y aprobación de ese hombre que siempre antepuso sus compromisos políticos a la familia –por ejemplo Lesnik pasó su luna de miel mas pendiente de Fidel Castro que de su nueva esposa. Porque tal como se muestra en la película, Lesnik era un hombre dedicado a la causa revolucionaria que se casa no con una pobre necesitada de emancipación sino con una muchacha de ascendencia europea, rubia, de buena figura y familia bien. (Según declara la madre del propio Lesnik en la película, lo primero que éste le reportó tras atisbar a su futura esposa fueron sus medidas de busto, cintura y cadera). Así pues, Lesnik casóse con la hija de un empresario y de una dama de sociedad cuya principal ocupación era jugar a las cartas, cimentando así la alianza revolucionaria con la burguesía capitalina. Con ella tuvo dos hijas antes de exiliarse en Miami en enero de 1961 y continuar la lucha por sus ideales que no eran ni comunistas ni conservadores, ahora ya no como barbudo guerrillero sino como periodista; ya no con las armas sino con la pluma. Y en esos avatares es que crecen sus dos hijas, con guardaespaldas y persianas echadas, en el espacio privado de un hombre público. Y preguntándose por qué a su papá le importaba más Cuba que ellas.
La búsqueda de esa respuesta guía la narrativa. ¿Por qué esa lealtad a Cuba por encima de todo? En Man of Two Havanas, como en todas las otras peliculas de su género, el espectador es testigo de un descubrimiento: el descubrimiento de las raíces en una tierra que ya no es lejana; una tierra que si antes fue mítica ahora es real, entrañablemente real. Es la «homeland», versión anglo-germánica de la patria, y la conexión con ella no es necesariamente política, ni lingüística, ni siquiera cultural si por cultura entendiéramos tradición intelectual y quehacer diario. La relación es emotiva, espiritual, afectiva, familiar, y, de hecho, ese tributo visual, la película, Lesnik la dedica a su familia en la isla, “a los once millones” y pico de cubanos.
Este detalle numérico tiene una importancia clave. Once millones y pico son los que viven en la isla y no fuera de ella. Los del exilio son otra cosa, y a excepción de familiares y amigos, aparecen en la película en calidad de energúmenos, terroristas, políticos corruptos y gritones radioescuchas. Ellos no son los verdaderos cubanos. Como se dice en el documental, los auténticos cubanos son los que están “allá”, en la isla. Y ¿por qué los protagonistas de esta historia, uno se preguntará, se marcharon de allá? Eso nunca queda claro. En una ocasión en que el propio Castro se lo pregunta a Lesnik, éste responde que porque no estuvo de acuerdo con la alianza con los soviéticos, pero a riesgo de parecer naïf yo diría que uno no se exilia por un desacuerdo de política exterior. En realidad uno no se exilia sino que lo exilian -tal y como explica Ponte en su última novela: hay ostracismos impuestos, “destierros” internos, que anteceden la decisión de exiliarse. Y, más obvio aún: uno no se imagina que a la pregunta del líder de una revolución con el que Lesnik está en gracia, la respuesta vaya a ser otra cosa que diplomática. Del mismo modo, no se acaba de entender que si por tan poco se fuera de Cuba, por mucho más no se fuera de Miami, donde, como él dice en la película, durante mucho tiempo estuvo sentenciado a muerte y sólo un milagro lo mantuvo entre los vivos.
En varias ocasiones Lesnik insiste en que no es ni nunca fue comunista, y en la película se le presenta como una suerte de llanero solitario que nunca define su pensamiento político y económico, más allá de su afinidad e histórica amistad con la cúpula revolucionaria, su repulsa de la derecha de Miami, y su defensa de la libertad de expresión, En un programa radial con llamadas en vivo, en el que denuncia el terrorismo hacia Cuba, un oyente le pregunta si el ataque al cuartel de Moncada no fue también un acto de terrorismo. Lesnik, sin paciencia para argumentar una respuesta, que tal vez pudiera haber argumentado la diferencia entre violencia arbitraria contra civiles, y acción guerrillera dirigida a una toma de poder político, lo despacha a cajas destempladas y le corta la comunicación. (Me pregunto que pensará Lesnik de la toma del poder por parte de Hamas en Gaza).
Así pues la película nos lleva por las tribulaciones de Lesnik padre en el exilio en Miami –sus esfuerzos por sacar adelante un periódico critico de la derecha cubano-americana, Réplica, y proponente de un dialogo político con el gobierno en La Habana, frente a amenazas, bombas, e incluso el asesinato de su íntimo amigo Luciano Nieves, y la paralela indiferencia de las fuerzas del orden y seguridad norteamericanas. Se incluyen interesantes escenas televisivas de archivo en las que Orlando Bosch y Posada Carriles racionalizan sus actos terroristas, conversaciones informales con amigos de la familia Lesnik como Maggie Alarcón y Alfredo Guevara, así como entrevistas originales con personajes como Bernardo Benes, Anne Louise Bardach, y un agente del FBI relacionado con las estériles investigaciones de los ataques a dicho periódico en los años setenta (Esta última entrevista una de las más logradas del documental, en la que el agente termina por mostrar su vergüenza ante tan mal trabajo).
Pero una de las mayores regalos de este documental para el aficionado cubanólogo y/o cinéfilo es el abundante footage de archivo de los tiempos inmediatamente anteriores y posteriores al triunfo de la revolución (incluyendo irónicamente unas escenas del decadente ambiente de los cabarets habaneros poblados de turistas americanos que proviene nada menos que de Yo Soy Cuba, donde los supuestos turistas son en realidad actores rusos). Aunque el material documental, en gran parte inédito en las pantallas norteamericanas, tiene como objetivo situar y legitimar la figura de Lesnik como revolucionario de bona fide junto a la plana mayor del régimen cubano, su interés para el espectador medio reside previsamente en su novedad histórica-documental. En su mayor parte, las imágenes proceden de archivos cubanos y fueron facilitadas por Alfredo Guevara a la realizadora de modo gratuito gracias a los lazos de amistad entre Lesnik padre y el director del ICAIC.
Al final de la película, la hija termina por conseguir la plena empatía con su padre, mientras Lesnik continúa entre dos aguas (es decir, entre dos Habanas). Ella ha comprendido que no hay contradicción entre Cuba y su padre, ya que ambos son lo mismo, pater-patria, y él se mantiene en la lucha por un diálogo entre el gobierno cubano y, con suerte, una izquierda norteamericana pro-business (no hay que hacerse ilusiones de otra cosa). En la última escena, ella aparece en una manifestación anti-embargo expresando sus ideas –que ya sí son las del padre- con fervor ante las cámaras de reporteros locales, dando lugar a una sonrisa cómplice compartida con su padre que la observa de lejos. Y así, ambos, padre e hija, convergen en la defensa de la unidad social, económica y nacional defendida por todos desde Friedrich Engels a George Bush hijo: la familia; la lucha por la unidad de la familia cubana dividida no por diferencias generacionales o ideológicas, y ni siquiera por la incruenta emigración sino por un embargo que actualmente restringe la visitas familiares a una vez cada tres años. (Imagino que la contrapartida de liberalizar las visitas en ambas direcciones sería la eliminación de la Ley del Ajuste Cubano, responsable precisamente de la copiosa emigración de Cuba hacia los EEUU. O sea, lo que se llama en inglés un catch 22).
Documento con ánimo de “verdad” y reflexión autobiográfica al mismo tiempo, uno se pregunta si lo segundo no será un cómodo marco para lo primero (algo así como un colchón que amortigüe las críticas que seguro le vendrán a la película desde la derecha). Como toda verdad, Man of Two Havanas no es exclusivamente el producto de la subjetividad individual, sino también el de una historia social. En cuanto a lo primero, sin embargo, la visión de la hija se funde con la convicción del padre, y es que la relación de una hija con su padre a menudo marca la vida entera y no hay psicoanalista que lo arregle. Supongo algo parecido suceda con la relación de cualquier hombre con su madre, y sin embargo pocos tienen la valentía de presentar sus autoritarivas ideas en el contexto del amor o desamor de su mamá. El espectador, por tanto, debe ver la película no sólo como documento social sino como revelación íntima. Al fin al cabo, en Cuba por lo menos, la posición de voyeur conjuga ambas miradas.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 25/06/2007 16:56
Dominicales
Jorge Ferrer | 24/06/2007 13:56
Chávez: “La revolución bolivariana no me sobreviviría”. Se lo dijo Castro I, magister ludi. A por un partido sólido, pues. A cimentar el totalitarismo. Uno de esos, como el de su mentor, que duran, al menos, medio siglo incólumes.
Alí “el Químico” no tendrá ocasión de comprobar si la vulgaridad bolivariana sobrevive a Chávez, Ramonet o Mariela. Puede que tampoco lo llegue a comprobar yo mismo.
Pero hoy domingo he de confesar que todo eso me importa muy poco. ¿Qué me importa a mí si avanzan los totalitarismos cubano y venezolano? ¿Qué me importa Cuba? ¿Qué, el poscomunismo? ¿Qué, el avance del Islam en Europa?
Un plácido domingo que dedicaré, por este orden, a preparar un arroz con pollo criollísimo, a charlar con músico cubano de paso por aquí que he invitado a almorzar, a ver, ya avanzada la tarde, una película de Kalatozov, La carta que no fue enviada, recién llegada a mi buzón desde Moscú, y a terminar la trepidante lectura de Mi vida, mi libertad, de Ayaan Irsi Ali.
Vaya, igual es que estamos atrapados.
UPDATE:
Música para el domingo, lunes...
Lucha tu yuca, Taíno, de Raymundo Fernández Moya
Lectura dominical:
Antón Chéjov
¡Chist!
Iván Krasnukin, periodista de no mucha importancia, vuelve muy tarde a su hogar, con talante desapacible, desaliñado y totalmente absorto. Tiene el aspecto de alguien a quien se espera para hacer una pesquisa o que medita suicidarse. Da unos paseos por su despacho, se detiene, se despeina de un manotazo y dice con tono de Laertes disponiéndose a vengar a su hermana:
—¡Estás molido, moralmente agotado, te entregas a la melancolía, y, a pesar de todo, enciérrate en tu despacho y escribe! ¿Y a ésto se llama vida? ¿Por qué no ha descrito nadie la disonancia dolorosa que se produce en el alma de un escritor que está triste y debe hacer reír a la gente o que está alegre y debe verter lágrimas de encargo? Yo debo ser festivo, matarlas callando, e ingenioso, pero imagínese que me entrego a la melancolía o, una suposición, ¡que estoy enfermo, que ha muerto mi niño, que mi mujer está de parto!... Dice todo esto agitando los brazos y moviendo los ojos desesperadamente... Luego entra en el dormitorio y despierta a su mujer.
—Nadia—le dice—, voy a escribir... Te ruego que no me molesten, me es imposible escribir si los niños chillan, si las cocineras roncan... Procura que tenga té y... un bistec, ¿eh?... Ya lo sabes, no puedo escribir sin té... El té es lo que me sostiene cuando trabajo.
Aquí nada es resultado del azar, del hábito, sino que todo, hasta la cosa más insignificante, denota una madura reflexión y un programa estricto. Unos pequeños bustos y retratos de grandes escritores, una montaña de borradores, un volumen de Belinski con una página doblada, una página de periódico, plegada negligentemente, pero de manera que se ve un pasaje encuadrado en lápiz azul, y al margen, con grandes letras, la palabra: "¡Vil!" También hay una docena de lápices con la punta recién sacada y unos cortaplumas con plumas nuevas, para que causas externas y accidentes del género de una pluma que se rompe no puedan interrumpir, ni siquiera un segundo, el libre impulso creador...
Krasnukin se recuesta contra el respaldo del sillón y, cerrando los ojos, se abisma en la meditación del tema. Oye a su mujer que anda arrastrando las zapatillas y parte unas astillas para calentar el samovar. Que no está aún despierta del todo se adivina por el ruido de la tapadera del samovar y del cuchillo que se le caen a cada instante de las manos. No se tarda en oír el ruido del agua hirviendo y el chirriar de la carne. La mujer no cesa de partir astillas y de hacer sonar las tapas redondas y las puertecillas de la estufa. De pronto, Krasnukin se estremece, abre unos ojos asustados y olfatea el aire.
—¡Dios mío, el óxido de carbono!—gime con una mueca de mártir—. ¡El óxido de carbono! ¡Esta mujer insoportable se empeña en envenenarme! ¡Dime, en el nombre de Dios, si puedo escribir en semejantes condiciones!
Corre a la cocina y se extiende en lamentaciones caseras. Cuando, unos instantes después, su mujer le lleva, caminando con precaución sobre la punta de los pies, una taza de té, él se halla, como antes, sentado en su sillón, con los ojos cerrados, abismado en su tema. está inmóvil, tamborilea ligeramente en su frente con dos dedos y finge no advertir la presencia de su mujer... Su rostro tiene la expresión de inocencia ultrajada de hace un momento.
Igual que una jovencita a quien se le ofrece un hermoso abanico, antes de escribir el título coquetea un buen rato ante sí mismo, se pavonea, hace carantoñas... Se aprieta las sienes o bien se crispa y mete los pies bajo el sillón, como si se sintiese mal o entrecierra los ojos con aire lánguido, como un gato tumbado sobre un sofá... Por último, y no sin vacilaciones, adelanta la mano hacia el tintero y, como quien firma una sentencia de muerte, escribe el título...
—¡Mamá, agua!—grita la voz de su hijo.
—¡Chist!—dice la madre—. Papá escribe. Chist...
Papá escribe a toda velocidad, sin tachones ni pausas, sin tiempo apenas para volver las hojas. Los bustos y los retratos de los escritores famosos contemplan el correr de su pluma, inmóviles, y parecen pensar: “¡Muy bien, amigo mío! ¡Qué marcha!”
—¡Chist!—rasguea la pluma.
—¡Chist!—dicen los escritores cuando un rodillazo los sobresalta, al mismo tiempo que la mesa.
Bruscamente, Krasnukin se endereza, deja la pluma y aguza el oído... Oye un cuchicheo monótono... Es el inquilino de la habitación contigua, Tomás Nicolaievich, que está rezando sus oraciones.
—¡Oiga!—grita Krasnukin—. ¿Es que no puede rezar más bajo? No me deja escribir.
—Perdóneme—responde tímidamente Nicolaievich.
—¡Chist!
Continúa aquí.
Cortesía de Literatura.us
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 24/06/2007 18:29
Episcopales
Jorge Ferrer | 23/06/2007 13:06
¿Qué le pasó cuando a usted le comunicaron que había sido designada como Obispo de la Iglesia Episcopal aquí?
Obispo Nerva Cot Aguilera (OBI): Yo pienso que en ese momento sentí lo mismo que la Virgen María cuando le comunicaron que iba a ser la madre de El Salvador. Me sentí tan sorprendida que sencillamente mis palabras fueron: Bueno, he aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a su palabra en paz. Y pienso que es desde mis 69 años una oportunidad para ayudar a la Iglesia en Cuba sabiendo que es una oportunidad privilegiada para evidenciar los dones con los que Dios ha capacitado a la mujer y contribuir así al fortalecimiento de la comprensión, a las buenas relaciones entre los seres humanos, a hacer posible desde nuestra naturaleza misma de ser mujer la ternura, la compasión, la mediación para solucionar inclusive los conflictos o diferencias que puedan existir.
Es fundamental para lograr que la Iglesia Episcopal en Cuba en estos tres años se consolide, crezca y pueda prepararse para elegir en el futuro un líder que pueda conducir los destinos de nuestra Iglesia.
Tres años de consolidación… elegir un nuevo líder… conducir los destinos… Um, si esta sierva le regala esas palabras a Alarcón, los americanos suspenden el embargo en un par de semanas.
Las razones de Pomar.
Reflexión sobre las reflexiones.
Metaliteratura. Y gestión de medios. Nacionales y extranjeros. Y agente de su propia obra. Y la vana amenaza: “mientras dura mi rehabilitación”.
Y Anita Snow, qué deje de comer… como los cubanos y se ponga a difundir por todo el mundo las reflexiones. Para eso está en La Habana.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 23/06/2007 13:11





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