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Aleida Guevara y la blogosfera roja

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Toni Salado, buen blogger comunista, notable animador de la llamada rojosfera –la roig-esfera o blogosfera comunista, como la bautizó Sandro Maccarrone- alzó la voz hace unos días para denunciar la mendacidad de las afirmaciones de Aleida Guevara. Salado salía a reivindicar la memoria de la oposición comunista al franquismo y protestaba por que se diera por inexistente la democracia que tantos militantes comunistas ayudaron a fraguar. Una democracia, sostiene, que, aun cuando imperfecta, limitada y desigual –son sus palabras-, constituye una vía para conseguir los objetivos del partido en el que milita, a saber, la construcción del socialismo.

A mí que Toni Salado, o cualquier otro, imagine sociedad inspirada en Marx & Engels me da igual. Que persiga la tal por medio de las urnas me parece magnífico. Que se encuentre una y otra vez con el desdén de los votantes me sirve de testimonio de que la banalización reinante no ha conseguido eliminar por completo el sentido común y la memoria histórica. (No obstante, a diferencia de Salado, cuando vi en la tarde de ayer el clip que Televisión Española regaló a las Cortes con motivo del 30 Aniversario de la instauración de la democracia en España, y allí, cómo no, aparecía imagen de Dolores Ibarruri, no sentí enardecimiento alguno, sino más bien repugnancia ante la siniestra figura de esa consumada estalinista. Emocionarme, en esos menesteres, me emocionan las imágenes de María Zambrano regresando a Barajas.)

Pero Salado ha hecho algo más: abrió un debate en torno a la idealización del régimen de La Habana entre los camaradas catalanes. Y pronunció un contundente: “Castrismo: En mi nombre, no”.

Leo con interés el desarrollo de ese debate y sigo la aparición de la palabra “cuba” en los posts y comentarios que genera. Castro, Guevara, Cuba y las “conquistas sociales” irán desapareciendo poco a poco de esos discursos comunistas, como desaparecieron antes las palabras Kremlin, Moscú, Stalin o RDA. Su aparición estos días me recuerda a la de una vieja vedette a un paso del retiro.

Naturalmente, se trata de un debate entre camaradas en el que me abstengo de intervenir. Soy algunas cosas, pero ninguna de ellas responde al apelativo de “camarada”. De hecho, sólo una vez, y por fuerza mayor, me he avenido a discutir con comunistas catalanes. Fue en ocasión de un programa sobre Cuba en TV3, unas semanas después de los juicios a los 75, al que acudimos Juan Abreu, Ramón Fernández Larrea y yo mismo para debatir con Antoni Barberà, una muchachita enviada por el Consulado de Cuba y dos camaradas catalanas más. Es probable que Salado recuerde aquella emisión conducida por Josep Cuní, como sabrá también que ese mismo Antoni Barberà, que se desempeña, creo, como responsable de relaciones internacionales de EUiA fue quien trajo a Aleida Guevara a la Casa Amèrica Catalunya y a la fiesta del PCC. Tendrá debate, pues, para rato.

La absoluta incapacidad que mostraron aquella noche esos sujetos para reconocer lo que Salado denuncia con claridad prístina, a saber, que el régimen de La Habana es una dictadura, y su afán en esconder sus miserias tras el parapeto del llamado “bloqueo” –jamás he escuchado repetir tantas veces una palabra en tan corto espacio de tiempo- me produjeron una profunda sensación de asco. Porque se hablaba, insisto, de periodistas presos. El desquiciante espectáculo de ver a personas que defendían para mi país lo que jamás admitirían para el suyo –partido único, supresión de las libertades, ausencia de sindicatos libres, etc.- ponía en evidencia el absoluto menosprecio que sienten por los cubanos. Tanto como para avalar se nos oprima y envilezca, con tal de servir de coartada al rotundo fracaso histórico de las izquierdas comunistas europeas. Una circunstancia que, cómo no, ya se aprecia en comentarios a los posts de Salado.

Pero por mucho que no quiera intervenir, tampoco es cosa de dejar que Salado me regañe alegremente y junte en un mismo párrafo mi nombre y los “avances sociales” que le presume al régimen de los hermanos Castro.

Escribe Salado:

Per això, en el cas cubà, no es de rebut defensar les limitacions en drets civils i polítics individuals i col·lectius, en base als avenços innegables que en drets socials (educació i sanitat) s’han donat a la illa. Tampoc val el contrari, senyor Jorge Ferrer: no es poden negar els avenços socials, només en funció d’una estructura política que ha de canviar: això només ho fa la dreta cubana, no precisament coneguda pel seus ideals democràtics (veure el Padrino II) i amb la que no coincideixo amb res.

( Por lo tanto, en el caso cubano no es de recibo defender las limitaciones en materia de derechos civiles y políticos, sean individuales o colectivos, en base a los avances innegables sociales en derechos sociales (educación y salud) que se han dado en la isla. Tampoco vale lo contrario, señor Jorge Ferrer: no se pueden negar los avances sociales sólo en función de una estructura política que ha de cambiar: eso sólo lo hace la derecha cubana, no precisamente conocida por sus ideales democráticos (véase el Padrino II), y con la que no tengo ningún punto de coincidencia.)

Tan sólo dos cosas, estimado amigo, que ya le digo, como aquel Martín Romaña de Bryce Echenique, que no me gusta molestar.

Una: Alfabetizar. Tal es el único “avance social” que le conozco al castrismo, entendidos los tales con la reverencia con que usted lo hace. La misma que ensalza los logros del nacionalsocialismo en materia deportiva o de locomoción popular, o los del franquismo en materia de subvenciones a la vivienda.

El resto es mera proyección de políticas que universalizan el goce de la miseria.

Dos: Pensar la “derecha cubana” –si usted supiera, por cierto, las ganas que tengo de verla- desde el Padrino II me demuestra que le queda, Salado, un largo camino por recorrer para entender qué es Cuba e, incluso, qué es la derecha.

 

De contra: Por cierto, la Casa Amèrica Catalunya se nutre de fondos públicos. No es una fundación privada. ¿Es aceptable que preste los ojos de mosca de sus micrófonos a una vocera de la satrapía castrista? (Veo, ay, que la lista de sus Patronos la encabeza el mismo Josep Bargalló que citaba aquí ayer. El que asegura que los escritores de habla española colaboraremos…)



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Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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